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martes, 26 de noviembre de 2024

De cara al porvenir: visicitudes verdes

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

A quienes nacimos a finales de los 50 y posteriores, nos ha correspondido la alegría y el privilegio de celebrar cada uno de los títulos obtenidos en el ámbito nacional e internacional por nuestro amado “Rey de Copas”, el Atlético Nacional, a excepción del primer título por allá en 1954.

Pero teniendo en cuenta los recientes nefastos acontecimientos en el partido entre Nacional y Junior, con decisiones que como siempre atentan contra la integridad y los intereses de un Club que en 2016 fue declarado por la FIFA como el mejor equipo del mundo en cuanto al llamado juego limpio (Premio Fair Play de la FIFA  2016) y que por primera vez, un equipo no europeo conquistara el reconocimiento de mejor club del mundo en el ranking anual que elabora la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) desde 1991, me permito traer del pasado, la siguiente reflexión.

Haciendo un recorrido histórico y apelando a la memoria, a los hinchas del Atlético Nacional nos ha correspondido también sufrir con eventos deportivos y extradeportivos que en su momento fueron grandes tragedias para la verdadera hinchada verdolaga.

Hemos sido 12 veces subcampeones a nivel local: 1955, 1965, 1971, 1974, 1988, 1990, 1992, 2002-I, 2004-I, 2004-II, 2018-I y 2023-I, lo cual evitó que gritáramos a todo pulmón ¡Qué viva el Campeón!

En el campo internacional 1 vez subcampeón de la Copa Libertadores –perdimos la final con Gremio de Brasil– en Copa Sudamericana 3 veces: Subcampeón (2002, 2014 y 2016).

Fuimos testigos de la manera improcedente como fue acusado y luego siendo el primer extraditado en la historia del país al doctor Hernán Botero Moreno, artífice indiscutible de lo que hoy es Nacional. ¡No podemos ser ingratos!

Imborrable la imagen del gol olímpico que nos marcó Ángel María Torres del Deportivo Cali dirigido en ese momento por Bilardo, en el último minuto de un partido del cuadrangular final de 1978 que nos sacó de la participación en la Copa Libertadores del siguiente año.

El 17 de enero de 1982 y después de haber salido campeón en el torneo anterior, muere en Medellín, el maestro de los maestros, el inolvidable Oswaldo Juan Zubeldía, cuyas honras fúnebres antes de su último viaje a su país natal, se convirtieron en un verdadero duelo dentro de la fanaticada verde, quienes lo acompañamos para despedirlo en el Coliseo Cubierto.

Para 1990 aparece una figura insondable, la del presidente de la Confederación Suramericana de Fútbol, Nicolás Leoz, en cuyo período Atlético Nacional sufrió diferentes tipos de persecuciones, entre ellas la anulación de un partido de local por cuartos de final ante Vasco da Gama el cual quedó 2-0 a favor de Nacional. Luego vino la anulación del partido y su repetición el 13 de septiembre en el Estadio Santa Laura de Santiago de Chile que también ganó Nacional, esta vez 1-0 con gol de Niver Arboleda, pasando así a la siguiente ronda.

En 2016 como Flamante Campeón de la Copa Libertadores, Nacional compitió en Tokio en el Mundial de Clubes y en el primer partido semifinal ante Kashima Antlers, se estrenó en famoso VAR y como cosa rara, para evaluar una jugada que obviamente perjudicó a Nacional que finalmente cayó 3-0.

Historial aparte merece el recuerdo de aquellos jugadores que pasaron por Atlético Nacional y que fueron asesinados por diferentes circunstancias:

Omar “Torito” Cañas: febrero de 1993.

Andrés Escobar: julio de 1994.

Juan Guillermo Villa: enero de 2000.

Albeiro Uzurriaga: febrero de 2004.

Martín Zapata: abril de 2006.

Felipe Pérez: octubre de 2006.

También falleció de manera increíble nuestro “Varón” Herman “El Carepa” Gaviria, víctima de un rayo el 24 de octubre de 2002.

Recientemente nos ha entristecido el fallecimiento de Raúl Navarro Paviato, el primero de los grandes arqueros que ha pasado por nuestro equipo y el de Pedro Sarmiento, el polifuncional centrocampista del inolvidable y glorioso “Kínder de Zubeldía” y luego, un exitoso técnico.

El 28 de noviembre de 2016, en un accidente aéreo, pereció casi la totalidad del equipo Chapecoense que venía a jugar el primer partido de la final de la Copa Suramericana a la ciudad de Medellín, para la cual el Atlético Nacional era archifavorito.

Unas son de cal y otras son de arena.

Han sido muchas las alegrías, pero también muchos los tropiezos que hemos tenido que sobreponer quienes somos hinchas del mejor equipo del país y uno de los grandes de Suramérica: el Atlético Nacional.

¡Verdeeeeeeeeeeeeee¡

martes, 27 de febrero de 2024

De cara al porvenir: un equipo sin alma

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Qué pereza tener que insistir con el tema de nuestro muy amado equipo Atlético Nacional, pero lo malo de ser grande es que al colocar la vara muy en alto, sube obviamente el nivel de exigencia de los públicos de interés, y en este caso, de nosotros los hinchas de a pie.

Lamentablemente, en lo deportivo, fuera de querer ganarlo todo como es apenas obvio, el tema de sacar jugadores de la cantera para visibilizarlos y venderlos prontamente al mejor postor, pues beneficia el flujo de caja, pero impide desarrollar cualquier tipo de los mal llamados procesos que se invocan.

La estrategia de reenganchar veteranos que fueron referentes en años anteriores no deja de tener su lógica, siempre y cuando no lleguen ya muy pasados de años, pues lo que se genera es poco aporte en lo futbolístico y desgaste de su bien ganada imagen ante la fanaticada.

Otro aspecto recurrente es la pésima visión para contratar refuerzos extranjeros. De pronto desde la llegada de “Moralito”, hace ya casi 20 años, no ha habido ninguna figura deslumbrante y si una gran cantidad de jugadores mediocres y malos.

Hay que cambiar la forma de ubicar, contactar y contratar verdaderos refuerzos extranjeros.

Otro aspecto es el asunto de los técnicos: Hoy Bodmer, tiene 42 años. Pacho Maturana ganó la Copa Libertadores a sus 40 años. Bolillo Gómez, de 35 años, quedó campeón. Luis Fernando Suárez, a los 40 años, quedó campeón. El Sachi Escobar, a sus 41, quedó campeón, y Juan José Peláez lo hizo a sus  36 años.

El tema de la edad es importante pero el que es bueno es bueno.

También hemos tenido técnicos adultos y maduros que han dado excelentes resultados, como Curti, López Fretes, Zubeldía, Cubillas, Osorio y Rueda entre otros tantos.

De igual manera hemos tenido verdaderos líderes dentro de la cancha, jugadores que le ponen el alma al juego y contagian a sus compañeros. Y que hoy lamentablemente escasean.

Recordemos en los años 70 al “Zurdo” López, a Retat, a Sarmiento, a Maturana.

En los años 80 a Andrés, a Alexis, a “Barrabás” Gómez, a Leonel.

En los 90 a Aristi, a “Carepa” Gaviria, al “Chicho” Serna.

En los 00 al “Ringuito” Amaya.

En los 10 a Juan Pablo Ángel en su segunda etapa, a Mejía, a Henríquez, a Macnelly, a Sebastián Pérez.

En los 20, como único rescatable a Sebastián Gómez y hoy en día, pues estamos huérfanos de “Capo” dentro de la cancha, lo cual se evidencia cuando cada vez es más frecuente encontrar jugadores que tienen el balón y abren los brazos impotentes, al no encontrar con quien jugar.

Ni hablemos de los dirigentes: Un Hernán Botero, un Sergio Naranjo, un Juan Carlos de la Cuesta, hasta el momento han sido irreemplazables.

Tuvimos la fortuna de la llegada de la Organización Ardila, pero como todo en esta vida, en este momento de la historia, pareciera que el Club más grande de Colombia ya no es de su principal interés y estamos cayendo en la equivocada figura de que los hijos del dueño entren a los cargos directivos, lo cual no ha funcionado ni funcionará. En Colombia hoy tenemos varios penosos ejemplos.

Toda esta retaíla es un triste desfogue ante la impotencia de ver como un gran equipo, el más grande del país, a pesar de que recoge algunos triunfos, por miopía administrativa y deportiva, por falta de visión, de estrategia y de buena gerencia ha dejado de ganar todo lo que se quiera proponer.

Sigamos haciendo fuerza por nuestro equipo amado.

NOTA 1: Influenciados por los actuales patrocinadores del campeonato que hoy se denomina Liga, las grandes empresas de apuestas –con lo que no estoy en nada de acuerdo–, se ha magnificado, con la aquiescencia de los analistas y los narradores, aquello de la DATA, que sirve para justificar lo injustificable. Para mí, la única DATA que sirve son los goles y los puntos.

NOTA 2: Se ha dicho que la responsabilidad deportiva la tiene la comisión técnica, el cuerpo técnico y obviamente el director técnico.

Sin embargo, las contrataciones y los contratos pasan directamente por la Junta Directiva y el presidente, quienes ante los fracasos deportivos también deben aceptar y reconocer su responsabilidad.

Hay que reconocer que lo que está en juego en términos económicos no es de poca monta y que las continuas decisiones desacertadas de los dirigentes y la falta de resultados del director técnico hacen que un equipo como Atlético Nacional vea con alto riesgo e incertidumbre, el poder acceder a los premios establecidos por pasar a las diferentes fases, a los octavos de final, a los cuartos de final, a las semifinales, o llegar a la final y ser subcampeón o campeón.

Llegar a la final del torneo le da 7 millones de dólares al perdedor y 18 millones de dólares al ganador.

No estamos hablando de cifras de poca monta, por lo que quienes tienen la responsabilidad de conducir al equipo en lo administrativo, en lo económico y en lo deportivo deben tener la entereza de aceptar sus errores y proceder en consecuencia, renunciando, como lo hace cualquier ejecutivo de talla.

Adjunto la tabla de premios establecidos por la Conmebol para la Copa Conmebol Libertadores de 2023, torneo que es el premio al cual todos los equipos quieren acceder en esta parte del continente. Todavía no se han actualizado los valores para el 2024.




martes, 3 de octubre de 2023

De cara al porvenir: y aprendimos de fútbol

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Para los hinchas del Nacional, su afición nos ha llevado a disfrutar de las emociones y los sinsabores del fútbol, pero también nos ha dado la oportunidad de conocer algo de la técnica, gracias a las vivencias cercanas con distintos personajes de nuestro equipo amado.

Para quienes nacimos como yo en 1957, hemos tenido la posibilidad de disfrutar de todos los títulos obtenidos, menos, obviamente el de 1954.

A punta de radio nos tocó imaginarnos el Estadio Atanasio Girardot y conocerlo a través de las narraciones de Jaime Tobón de la Roche, del “Espectacular” Jorge Eliécer Campuzano y de “El Paisita”, Múnera Eastman.

Pero ellos nos describían de manera vívida los sucesos y las jugadas que acontecían durante el partido mientras analistas excelsos como Weimar Muñoz Ceballos nos explicaban como se estaba jugando, cuáles eran los planteamientos que se estaban desarrollando y qué se podía esperar del juego, lo que hace que hoy los analistas de turno no nos descresten ni mucho menos.

También fuimos testigos de la evolución arquitectónica del estadio desde su construcción con una única tribuna alta, pasando por la “tribuna loca” de Oriental como la definió el inolvidable Guillermo Hinestroza Isaza, construida para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1978, hasta la integración completa del segundo nivel una vez ganamos la primera Copa Libertadores, ya que ante las limitaciones del estadio –que no cumplía con las exigencias de la FIFA–, tuvimos que jugar la final en Bogotá.

En nuestra lejana infancia oíamos hablar del Cobo Zuluaga, de Largacha, de Campillo, de Pepillo Marín, de Balasanian, de Romero, del Coco Rossi, de Gustavo Santa y de Tato González, de los refuerzos brasileros, entre otros tantos brillantes jugadores, entremezclados con otros vagos recuerdos, hasta que aparecen las figuras de Hernán Botero y José Curti y de jugadores como Navarro, Calics, Tito Gómez y Jorge Hugo Fernández que nos hicieron comenzar a soñar por allá en un histórico partido contra el Santos de Pelé, un domingo a medio día.

Se oía hablar de Millonarios como el mejor equipo del país con su cantidad de estrellas y el recuerdo mediano del otrora Ballet Azul.

Pero el colegio también era un centro de pensamiento futbolístico gracias a los campeonatos internos y a profesores como nuestro inolvidable Rubén López que nos ponía a jugar en serio, accediendo a buenos uniformes, jugando con buenos balones, hablando, entrenando y practicando aquello de las tácticas y de la estrategia, del River y de Boca, y se comenzaba a hablar de los míticos equipos Independiente de Avellaneda y de Estudiantes de la Plata, por sus éxitos continuados en la Copa Libertadores de América. Tuvimos la fortuna de crecer y jugar con Hernán Darío “Bolillo” Gómez, con su hermano Gabriel Jaime “Barrabás” Gómez, con el Polo Mondragón, quienes luego hicieron parte del futbol profesional y de la selección Colombia.

Así mismo, pudimos conocer de cerca jugadores extranjeros cuando por pura coincidencia los veíamos en el Salón Versalles, en pleno Junín, acogidos por don Leonardo Nieto y por el doctor Botero quien los alojaba en Residencias Nutibara.

Incluso a la salida de los partidos algunos jugadores salían a pie, mezclados con los hinchas para tomar transporte público. Eran épocas en que eran deportistas, no vedetes.

Comenzaron los buenos resultados, los subcampeonatos y los campeonatos, pero por encima de todo, la llegada, del maestro Oswaldo Juan Zubeldía, maestro de verdad, quien evidentemente “profesionalizó” el futbol en Colombia y quien en la cancha de juego, a modo de tablero o pizarrón, nos enseñó a todos que había que conocer el reglamento, que gracias a ese conocimiento podíamos jugar con el fuera de lugar a nuestro favor, que había que entrenar y practicar jugadas preconcebidas como los tiros de esquina, los tiros libres, los saques de banda, que había que saber defender, pero que ante todo había que ser profesionales del fútbol. Todo esto lo explicaba en amenas tertulias al finalizar las tardes en el segundo piso del Salón Versalles.

Aparece la figura de don Alex Gorayeb quien como presidente del Deportivo Cali contrata a Bilardo, –discípulo aventajado de Zubeldía–como técnico y ahí sí comenzamos a ver fútbol del bueno con la consolidación de técnicos como Gabriel Ochoa, Luis Cubillas, Pedro de León y otros tantos que comenzaron a darle cuerpo a nuestro fútbol.

Ante las restricciones económicas se recurre a las divisiones inferiores y aparece el “Kínder de Zubeldía” de donde nacen estrellas y algunos futuros técnicos como Herrera, Sarmiento, Luna, Peluffo, Porras, Maya, López y otros tantos que nos dieron alegrías inmensas y estrellas nuevas.

Llegaron las sombras y nos eliminan de una posible participación en una Copa Libertadores con gol olímpico de Ángel María Torres en el último minuto, lo que le dio la clasificación al Cali y la celebración enloquecida de Bilardo quien se retiraba del Cali, aspirando a la dirección técnica de la Selección Argentina.

Llegan Cueto y la Rosa y otra serie de refuerzos y de técnicos que le dan un nuevo envión a nuestro equipo enlutado por la muerte inesperada del maestro Zubeldía una mañana de domingo, pues había anticipado su regreso a Colombia luego del campeonato obtenido y del nacimiento de un posible nuevo ídolo, mi tocayo Pedro Juan Ibargüen que jamás llegó a ser lo que iba a ser ante la desaparición del maestro.

Llegan años de espera pues reemplazar a Zubeldía no era fácil.

Aparecen Maturana y Bolillo Gómez con la idea de los “puros criollos” y nos pusieron a soñar y llegamos a ganar la tan anhelada Copa Libertadores y a soportar la transformación del fútbol colombiano siendo la base de la selección Colombia que asistió a tres mundiales. Un hecho trascendental es la adquisición del equipo por parte de la organización Ardila Lulle, lo cual le da un gran peso administrativo y una contextura empresarial que lo diferencia de los otros equipos en Colombia y la tragedia que no falta, el asesinato de Andrés Escobar.

Cambia el formato del campeonato y ya no es un solo torneo anual, sino uno semestral y allí Nacional rompe todos los records de clasificaciones a finales y de títulos: primer bicampeón con Quintabani y primer tricampeón con Osorio.

Lo que siguen son una seguidilla de aciertos, frustraciones, campeonatos, posicionamiento internacional, campeonatos internacionales: la segunda Copa Libertadores (demostración de la importancia de respetar procesos como los hizo Rueda con lo que inició Sachi Escobar y continuó Osorio), la Recopa Sudamericana y la frustrada Copa Sudamericana debido al trágico accidente aéreo del equipo Chapecoense en el Oriente antioqueño que, como gratísima consolación en estos tiempos del todo vale, propició que la FIFA entregara al club el premio al juego limpio.

En fin, una serie de aciertos, desaciertos y frustraciones que han hecho posible que la historia del Rey de Copas se siga consolidando y que las nuevas generaciones sigan queriendo y apoyando a nuestro equipo del alma, el equipo que más fanaticada tiene en Colombia, el de mayor reconocimiento internacional y, le pique a quien le pique, el más ganador con sus 32 títulos que, seguramente, seguirán aumentando.

¡Qué viva el Atlético Nacional!

martes, 25 de abril de 2023

De cara al porvenir: del hincha a la barra brava

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En una bonita película argentina de 1951 llamada “El hincha”, el protagonista -El Ñato- encarnado por el poeta Enrique Santos Discépolo, quien fue también guionista, en un sentido parlamento dice lo siguiente: “¿Y para qué trabaja uno si no es para ir los domingos y romperse los pulmones a las tribunas hinchando por un ideal? ¿O es que eso no vale nada?... ¿Qué sería del fútbol sin el hincha?... El hincha es todo en la vida..”

Soy hincha del fútbol o, mejor, soy hincha del Atlético Nacional y reconozco que, con todo e hipérbole, El Ñato tiene mucha razón al preguntarse qué sería del fútbol sin el hincha.

Pero una cosa es el hincha con su pasión y su ceguera que lo hace creer que el suyo es el mejor equipo del mundo (en mi caso, por fortuna, mi equipo sí lo es) y otra cosa es la masa de la barra y, más aún, la masa irracional de la barra brava.

El 27 de julio de 2016 tuve la fortuna de asistir a la final de la Copa Libertadores de América al estadio Atanasio Girardot entre Nacional e Independiente del Valle del Ecuador. La única boleta que pude conseguir fue en oriental baja y entré al estadio hacia las 3 de la tarde. Esa tarde-noche, las tribunas sur, oriental y norte estaban colmadas por la barra Los del Sur. Tengo que decir que la experiencia fue inolvidable: la organización de la barra para apoyar al equipo fue impecable, el comportamiento intachable y el apoyo extraordinario. Desde cuando ingresé a la tribuna no pararon (paramos) de cantar: “Vamos todos juntos, la hinchada y los jugadores, a ganar de nuevo la Copa Libertadores”. Y la ganamos, todos.

Hasta ahí todo el respeto y admiración por los integrantes de la barra que apoyan con fervor a su equipo, pero…el problema aparece cuando el hincha y la barra quieren tener injerencia en el manejo y las decisiones del club. Los equipos de fútbol, en el mundo entero, tienen dueños, personas u organizaciones que invierten recursos con la intención de obtener resultados deportivos y económicos y para esto tienen claro que deben satisfacer al hincha con buenos planteles y ganando títulos. Y son los dueños los que toman las decisiones. Históricamente, Atlético Nacional ha logrado las dos cosas: desde Hernán Botero Moreno hasta la organización Ardila Lulle han contratado grandes técnicos, muy buenos jugadores y han hecho del equipo el más ganador de Colombia y uno de los grandes de Suramérica. Han cometido errores, han contratado técnicos que no han dado la talla, han contratado jugadores de alto costo que no han rendido, pero, indudablemente, han sido más los aciertos que los errores.

Lo sucedido el domingo 16 de abril en el Atanasio Girardot es lamentable y doloroso. Los actos de violencia no se presentaron entre barras de diferentes equipos -lo que tampoco tendría justificación- sino que los propició la barra para protestar contra decisiones institucionales. En situaciones como esas, lo racional es el apoyo a la institucionalidad. Los hinchas tenemos el derecho a renegar por una mala contratación, por una mala campaña, por la salida de un ídolo, pero de allí no hay por qué pasar y, mucho menos, acudir a la violencia.

Los directivos de Atlético Nacional asumieron una postura y seguramente deberán sostenerla. Si se quiere desatar el vínculo que alguna vez se generó con la barra mediante la financiación de algunas de sus actividades, debe hacerse. Esto traerá un período de crisis complejo, pero se superará, como se superó en otros países como Inglaterra donde una de las medidas para terminar con el azote de los hooligans fue la de no vender boletería a barras sino individual, con toda la silletería numerada y, lamentablemente, incrementando precios.

Lamentables resultaron también las declaraciones del secretario de gobierno atribuyendo la responsabilidad de lo sucedido al Atlético Nacional y, en un entrelíneas muy explícito, justificando las conductas de la barra.  Inmadurez, irresponsabilidad, cálculo político, idiotez o una mezcla de las anteriores.

Ha sido una época bonita la de Los del Sur, ejemplo de barra organizada con cobertura nacional, ejemplo de apoyo con sus cánticos, sus tifos, su humo verde y blanco, pero si esa época termina, Atlético Nacional seguirá existiendo y los hinchas seguiremos existiendo como existíamos antes de que aparecieran las barras bravas.

lunes, 24 de abril de 2023

Editorial: ¡Qué país!

En el editorial de la semana, Antonio Montoya H. inicia por hablarnos del encuentro en el Club Unión que tuvieron once candidatos a la alcaldía de Medellín presentando sus propuestas, también analizó lo bueno y lo malo la visita de Gustavo Petro a Estados Unidos, y de su intermediación para desenredar las conversaciones de Maduro con la oposición. Mencionó, además, los disturbios gestados por los hinchas en el fútbol colombiano, sobre la propuesta de ley de cero cachos, del informe de crecimiento de los países latinoamericanos de la Cepal, de la reforma a la salud, y finalmente sobre el incremento en los arrendamientos. No dejes de verlo.


jueves, 17 de noviembre de 2022

De cara al porvenir: desatinos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Y vuelve y juega. O mejor, vuelve y no juega. Ya son cinco años en los que Nacional no juega a nada, a pesar de dos títulos de copa y uno de liga, desde el final del exitoso ciclo Osorio – Rueda, de 2012 a 2017, con doce títulos, dos de ellos internacionales, dos clasificaciones a la final de la Copa Sudamericana, el desorden administrativo y deportivo se ha apoderado de la institución deportiva más grande de Colombia.

Y es que la cadena de desatinos ha sido larga. Desde la salida por la puerta de atrás del profesor Reinaldo Rueda, gestor de la segunda Copa Libertadores ganada por el club, hasta la ridícula gestión del 2022 con cuatro directores técnicos en un año, dos de ellos castigados por salir campeones.

Resulta por lo menos desconcertante que en un club que hace parte de una de las organizaciones empresariales más sólidas del país, que se caracterizan por la seriedad y el acierto en la toma de decisiones, se ajuste más de un lustro de tumbos y desaciertos.

Pero ¿qué pasa? ¿Será que Nacional ya no es importante para la organización? ¿Será que la pasantía diplomática del doctor Antonio José Ardila lo hizo desconectar del manejo del club y otros, entre ellos su hija, hicieron fiesta durante su ausencia?

Realmente no es consecuente con la gran historia verdolaga el desfile de directores técnicos desde la salida de Rueda. Juan Manuel Lillo, gran teórico y mal práctico; Jorge Almirón, quien lo mejor que tiene es el empresario que luego de sus fracasos en Colombia y Argentina, lo tiene dirigiendo en Europa; la primera etapa del Arriero Herrera con título de copa y su salida súbita para ser reemplazado por Paulo Autuori quien debutó y se despidió de la liga en un solo partido, y al año siguiente, en pocas semanas, eliminó el equipo de los Libertadores y de la Sudamericana. Luego, el mal regreso de Osorio con más pena que gloria, su salida, el paso fugaz e inaportante de Guimaraes, el encargo de Alejandro Restrepo con título en la Copa del 2021 y, ahora el traumático 2022, con la salida de Restrepo, el regreso de Herrera con título de Liga, su salida por el pésimo manejo de los directivos a lo sucedido con él y con Gio Moreno en una rueda de prensa, la interinidad de Pedro Sarmiento y, finalmente en un doloroso deja vu, el regreso de Autuori para mejorar su gesta del 2019, pues ya se demoró dos partidos para eliminar al equipo.

Es fácil hablar con el retrovisor y sobre hechos cumplidos, pero me consta que hinchas, periodistas y personas del fútbol sensatas advirtieron sobre el grave error que implicaba prescindir de manera tan inoportuna de Pedro Sarmiento quien tenía al equipo entre los ocho, y dejar los últimos partidos en manos de quien apenas llegaba. Error directivo y torpeza del DT a quien ya habían castrado y se dejó castrar de nuevo.

Pero finalmente el penal fallado por Duque y la eliminación son solo una anécdota que se borra con el título de junio y la clasificación a la Copa Libertadores del 2023. Lo realmente preocupante son los palos de ciego en contratación de jugadores, la mala confección de las nóminas de los últimos torneos en los que son evidentes las fallas y desequilibrios en líneas como el arco, bien cubierto por Mier pero con una alternativa poco confiable; los centrales, pues ya son varios años en los que cada semestre se venden los que surgen y no se reemplazan; los volantes, ya que ni amasando a Jarlan, Andrade y Guzmán y haciendo uno solo de los tres, se lograrían tener a alguien de la jerarquía de un Macnelly Torres o un Lobo Guerra y por supuesto el “nueve” pues ya Duque siente el peso de los años y aunque sigue haciendo goles tampoco es ya el goleador confiable que aparecía en los momentos decisivos.

Y si vamos más al fondo, es notoria la falta de claridad en todos los estamentos sobre cuál es el propósito de la institución: ¿coleccionar títulos nacionales, ligas, copas, superligas para adornar más las vitrinas? ¿Sacar jugadores de la cantera para venderlos sin dejarlos consolidar (Cuesta, Reyes, Mosquera, Cabal, etc.)? ¿Reenganchar veteranos que nos dieron glorias en otras épocas pero que ya no son los mismos? ¿Apuntarle a un proyecto ganador como el de 2012 a 2017, sosteniendo una idea, un técnico, unos jugadores para apuntarle a nuevos logros internacionales?

El cielo que se tocó cuando en 2016 Nacional fue considerado como el mejor equipo del mundo por la Federación Internacional de Fútbol y estadísticas (reconocimiento que se obtiene por datos objetivos como títulos y puntos) quedó muy lejos, luego de llegar a lo más alto el descenso fue vertiginoso, pero se pueden recuperar buenas prácticas probadamente exitosas para no dejar de ser el más grande de Colombia y uno de los más grandes del continente.

martes, 30 de agosto de 2022

De cara al povenir: hitos de ciudad

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Medellín ha sido una ciudad resistente, enjundiosa, testaruda y resiliente como dicen ahora. Hemos superado dificultades de todo tipo y nos debemos sentir orgullosos por ello. La historia no debe dejarse a un costado, sino que debe servir como plataforma para la realización y concreción de nuevos ideales y proyectos.

Es por ello por lo que quiero traer del recuerdo algunos hechos que en su tiempo fueron significativos y detonantes para la superación de las circunstancias adversas del momento.

Cuando el Metro, nuestro proyecto de infraestructura insignia en medio del narcoterrorismo que nos agobiaba, suspendió obras, el entonces Banco Industrial Colombiano -BIC- se echó al hombro la frustración, la desazón y el miedo generalizado y comenzó a realizar ejercicios divulgativos y pedagógicos alrededor de cómo sería la interacción del ciudadano común, el futuro usuario, con el Metro y nació lo que hoy se reconoce como “Cultura Metro”.

A esta iniciativa lo acompañó de cerca la Fundación “Amor por Medellín” y su pegajoso jingle musical, así como la coincidencia de la obtención de la primera Copa Libertadores para Colombia por parte del Atlético Nacional.

Paralelamente se comenzaron a desarrollar varias iniciativas de todo tipo y alcance. Se comenzó a jugar fútbol sin árbitros en los barrios para estimular la convivencia pacífica y se incrementó el número de espacios deportivos. Se impulsó el desarrollo de la Red de Escuelas de Música en los barrios para invitar a que en vez de un arma el joven accediera a un instrumento musical. Se inició la gesta de Inexmoda y Colombia Moda. Se incrementó la inversión en espacios públicos, y apareció la Red de Bibliotecas de Medellín y el aprovechamiento de infraestructuras existentes complementándolas con las denominadas UVAS –Unidades de Vida Articuladas–.

Se instaló “La Gorda” en el Parque de Berrío y se desarrolló el proyecto estrella alrededor del Museo Botero como homenaje al gran Maestro con su enorme impacto urbanístico alrededor de la Plaza Botero.

Lo anterior es solo una pequeña muestra de realizaciones, hechos que fueron posibles gracias a la iniciativa y al respaldo de los alcaldes, los concejales, las instituciones de todo tipo, los empresarios de cada momento y la participación ciudadana.

Es en medio de las dificultades que se conoce el valor, el carácter, la fortaleza, el compromiso y la voluntad de los líderes del momento.

Es por eso por lo que no podemos ser desagradecidos y no podemos olvidar ni dejar de reconocer los enormes aportes de los grandes hombres y mujeres de la época que no fueron inferiores a sus retos y supieron mantener la calma en medio de la zozobra y nunca soltaron el timón.

Una invitación a no cejar en el empeño de hacer de nuestra ciudad, de nuestro departamento y de nuestro país, un mejor vividero para las generaciones presentes y futuras.

Recordemos a Gustav Malher cuando dice: “La tradición es mantener vivo el fuego, no adorar las cenizas”.

viernes, 1 de julio de 2022

Tres satisfacciones

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Después de un tiempo de ansiedad e incertidumbre, tres alegrías diversas he experimentado esta semana: la 17ª estrella de Atlético Nacional, el informe final de la Comisión para el esclarecimiento de la verdad y el acuerdo nacional que el presidente electo quiere construir con los diferentes sectores políticos.

La estrella. Hincha del verde he sido desde cuando tenía siete años y era un equipo que solo tenía una estrella (la de 1954) y estaba de 12 entre 14 en la tabla de posiciones. Me ha tocado vivir su segundo campeonato en 1976, época en la que descollaban figuras como Raúl Ramón Navarro, Carlos Miguel Diz, Gerardo «el Mono» Moncada, los hermanos Campaz (Víctor y Teófilo), Francisco Maturana y el inolvidable goleador Hugo Horacio Londero, entre otros. No fui, pues, un hincha producto de la primera Copa Libertadores ni de la buena racha del Rey de copas. He padecido los tiempos difíciles en los que los carteles se infiltraron descaradamente en el fútbol y aquellos en los que su jugar mediocre nos puso a sufrir. Mi mayor orgullo fue haber hecho parte del comité asesor del comité ejecutivo del equipo, conocer personalmente a mis ídolos de niño cuando el equipo cumplió 60 años y disfrutar en el Atanasio la conquista de varias estrellas. Después de 5 años de obligados y traumáticos ayunos, por fin la 17 y frente a un gran rival que nos tenía acomplejados. Falta pelo pal moño para evidenciar nuevamente el talante y jerarquía como la que se alcanzó con Oswaldo Juan Zubeldía o Óscar Héctor Quintabani, para citar solo dos de sus mejores directores técnicos. Primera gran satisfacción de esta semana.

La verdad. Sabemos todos que nadie la tiene completa y por eso había que escuchar las verdades parciales de los actores de la guerra y de las víctimas. Nunca se conocerá la verdad completa, pero nos hemos aproximado bastante. Hay quienes han colaborado para su esclarecimiento y otros que, obcecadamente, se han opuesto a que se conozca. Debe ser porque la verdad duele, la verdad es incómoda, pero como decía el filósofo, la verdad es la realidad de las cosas. Por eso la doctora de Ávila hablaba de que la humildad es verdad, porque se trata de ver las cosas como sucedieron, como son, sin exagerar por exceso o por defecto, ni más ni menos. Mi hermano Francisco de Roux, con quien vivo en la misma comunidad, ha liderado un trabajo titánico junto con los otros miembros de la comisión. De felicitar no solo por la seriedad que han querido imprimirle a tan delicada tarea, sino por la fortaleza moral para aguantar tantas calumnias y tantos insultos. Para que este país madure democráticamente, tendremos que aprender a escucharnos con respeto, a debatir con argumentos, a superar la visceralidad con la razón, a tolerar la diferencia, a reconocer las propias limitaciones, a superar los dogmatismos que no es lo mismo que claudicar en los principios. Tarde que temprano la verdad saldrá a flote y ojalá no sea muy tarde pues hay que construir país por encima de nuestras propias mezquindades.

El acuerdo nacional. Tengo que decirlo honestamente. Me ha sorprendido la talla de estadista del presidente electo. Me resulta grato, ya lo dije en mi anterior escrito, su llamado a la reconciliación. Ya no estamos en campaña, ya no es cuestión de populismo. Una lección de democracia ha sido su encuentro con el expresidente Uribe y el tono de la conversación que deja abierto un canal de diálogo. Me ha admirado gratamente el reconocimiento unánime de su mandato. En un país polarizado por años en el que se esperaría un malestar indescriptible por su elección, veo que la gente quiere apostarle a una nueva etapa de país, soñar algo que no sea más de lo mismo. Quisiera creer que lo que he visto esta semana no es un colinchamiento oportunista en el bus de la victoria, sino el deseo sincero de darnos una nueva oportunidad como país. Ni Petro ha sido arrogante con su triunfo, ni sus detractores han dado muestra de ser ciegos obtusos, salvo vergonzosas excepciones de odios recalcitrantes que el expresidente enmarca en la pluralidad de su partido y de ese uribismo del que él mismo se declara curado. Creo que todos estaremos atentos a apoyar lo que nos haga avanzar como país, lo que busque equidad y justicia social, lo que construya patria, estado y nación, lo que nos permita a todos buscar “vivir sabroso” porque estamos en paz superando males perversos que tanto daño nos han hecho como el narcotráfico y sus secuelas, la corrupción con sus tentáculos destructores; la pobreza y el hambre que agobian a millones. Ojalá lo logremos.

martes, 15 de marzo de 2022

De cara al porvenir: se perdió el rumbo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Tuvieron que pasar 27 años para que mi club del alma, el Atlético Nacional, ganara su segunda Copa Libertadores, penúltimo peldaño antes de ser Campeón Mundial de Clubes, que en el 2016 nos fue esquivo, siendo conejillos de indias del todavía hoy controvertido VAR.

En 1989 la desbandada de jugadores fue completa, lo cual impidió tratar de lograr el bicampeonato, oscurecido proceso y enturbiado además por el mal recordado señor Leoz, hoy fallecido.

Para 2016 la tragedia del Chapecoense impidió ganar la Copa Suramericana, único trofeo regional que nos falta por conquistar.

Pero como sucedió en 1989, también en 2016 la desbandada de jugadores fue grande, perdiendo el ritmo, la competitividad y la posibilidad de revalidar los títulos al año siguiente como lo han hecho los equipos verdaderamente grandes.

De lo que hemos sido testigos desde el 2017 es de un verdadero sainete, con llegadas y salidas de varios presidentes, gerentes deportivos, técnicos y jugadores.

Parece que la lejanía del dueño del Club, por motivos del ejercicio diplomático, ha dejado al garete a los encargados de tomar decisiones, la mayoría de las veces equivocadas.

También nos han acompañado algunas sombras ante decisiones, renuncias y retiros de directivos que dejan más interrogantes que respuestas.

Presidentes o muy expresivos o totalmente retraídos. Gerentes deportivos en cabeza de exbuenos jugadores del Club, pero sin experiencia administrativa. Técnicos con recorrido y renombre internacional a quienes los ha matado la falta de paciencia de todos los públicos, interesados por el Club, y jugadores, algunos pocos de jerarquía y la gran mayoría del montón, que al ser presentados como refuerzos no aportan ningún factor diferencial real, lo cual lo demuestra su posterior desempeño y los malos resultados alcanzados.

Han pasado últimamente sin pena ni gloria, entrenadores de renombre como Lillo, Almirón, Autuori, Osorio y Guimaraes. ¿Son malos técnicos? ¡No!

La contratación de jugadores ha sido equívoca y controvertida. Para los hinchas del equipo que hemos sido aprendices de Curti, de López Fretes, de Zubeldía, de Luis Cubillas, de Maturana, del Bolillo Gómez, de J.J. Peláez, de Merlo, de Luis Fernando Suárez, del Sachi Escobar, de Quintabani, de Juan Carlos Osorio, de Rueda y de otros con menos suerte, es fácil detectar las falencias, desbalances y las necesidades de la nómina: Al terminar el año 2021 todos sabíamos que requeríamos un arquero y un back centro y ojalá un verdadero 10 pues ni Jarlan, ni Andrade han dado la talla para echarse el equipo a sus espaldas.

Sucedió lo que tenía que suceder y hoy tenemos los problemas que los hinchas veíamos venir y los directivos no. Entonces ¿para qué los directivos?

Como dice adecuadamente Farid Díaz, “No es que los arqueros de Nacional sean malos. Lo que pasa es que necesitamos uno bueno”.

Y ese arquero bueno ya no va a ser Armani con su prometido e incumplido regreso. Miremos más bien por el lado de Ospina que con sus 33 años nos podría acompañar el resto del decenio.

Siendo respetuoso del libre desarrollo de la personalidad, está bien que los jugadores estén pendientes del corte y el color de su cabello y de los tatuajes hoy tan de moda, siempre y cuando se obtengan resultados deportivos. Como sucede con los vendedores a nivel empresarial, se les pasa y tolera casi todo si cumplen la cuota, si no, pues tienen que retirarse.

Como entramos de carambola a la Copa Libertadores, pues nos corresponde jugar unos partidos iniciales antes de pasar a la ronda de grupos, que es la instancia donde verdaderamente comienza el certamen.

El no llegar a la instancia de grupos, implica haber fracasado en los partidos iniciales para llegar a formar parte de los equipos que entrarán en la verdadera competencia.

Se improvisan técnicos y se anuncian procesos. Ya es sabido que no hay tiempo de procesos. Se requieren técnicos manejadores de grupo, efectivos y ganadores.

Lo que si tiene que ser un imperativo es tener una buena estrategia para formar jugadores desde las divisiones infantiles y juveniles para que se nutra al equipo profesional o para que sean vendidos muy jóvenes a equipos del exterior.

Da envidia ver como el Envigado, el Deportivo Cali, el Atlético Junior y el Millonarios de Gamero sacan jugadores a dos manos de sus respectivas canteras.

La estrategia de recuperar y repatriar jugadores o exjugadores de gran calidad, pero con muchos años encima, puede que dé resultado una que otra vez, pero no puede ser la única apuesta al buscar refuerzos y finalmente lo que se hace es deteriorar la imagen del ídolo.

Esperemos que la alta dirección acierte con el nombramiento de un buen técnico en propiedad y que la política y la estrategia para vincular jugadores sea seria, oportuna, pertinente y ganadora.

El Atlético Nacional, merece muchísimo más de lo que últimamente y hoy, estamos viendo.

viernes, 17 de diciembre de 2021

En la puerta del horno

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Todavía me gusta el fútbol (verlo, más que jugarlo) y todavía como hincha me ilusiono con el desempeño de mi equipo aspirando a una nueva estrella. Todavía no me he desencantado como tantos al ver las anormales cosas que pasan y prefiero creer que son desventuras pasajeras y de coyuntura, lo cual no quiere decir que me haga el de la vista gorda o me resulten indiferentes ciertas vergüenzas que acontecen: partidos arreglados, compra de árbitros o árbitros descaradamente sesgados en favor de un equipo, jugadores excelentes venidos de la nada que de pronto resultan ricachones prepotentes y ostentosos, juegos amañados que cambian resultados en los minutos finales, etc.

Recuerdo tiempos de bárbaras naciones en los que los principales equipos estaban a merced de los carteles del narcotráfico del momento, los apostadores se jugaban sus fortunas y al perder mandaban asesinar a futbolistas o árbitros. Por eso me resulta difícil excusar hoy día actitudes como las de esos jugadores que literalmente se paran en los últimos minutos para que los contrarios metan goles, sorprendentemente cambien los marcadores finales y trastoquen la clasificación a finales de terceros. Y no solo me refiero al recientemente bochornoso espectáculo que nos dieron con un equipo de segunda división sino, también, a otros juegos donde los contrincantes indignamente no juegan a nada porque ambos están clasificados si empatan y con ello se quitan de paso un rival incómodo para los dos.

Nuestro torneo, a diferencia de otros, como el español o el argentino, donde el que más puntos logra es el campeón, aquí no, después de dejar exhaustos a los equipos para alcanzar un cupo dentro de los ocho mejores, supuestamente para hacerlo más emocionante, se inventa un octogonal final donde los primeros pueden resultar siendo los últimos y estos terminar siendo los primeros. Acaba de pasar con Nacional y Millonarios que tendrán ahora que sentarse a ver la final entre el tercero y el séptimo de la tabla. No sé si eso es justo, porque me parece que cambia la dinámica del juego invitando a la mediocridad: bastaría obtener un puntaje mínimo para estar en ese torneo final, como igual nos pasa con nuestra selección: haciendo cálculos, no para ser los mejores o primeros, sino para no quedar por fuera de los clasificados básicos.

En tanto esas sean las condiciones, la lección que nos queda es que no hay que dormirse sobre los laureles, que los partidos hay que jugarlos hasta el minuto 90, que no se puede bajar la guardia en la regularidad que se lleva y que en la puerta del horno se puede quemar el pan si uno se descuida.

Todavía creo que el fútbol apasiona multitudes, que es un espectáculo cuando se juega con gallardía y pundonor, cuando se suda la camiseta y los restos se juegan hasta el último minuto. Todavía creo en el “fair-play” y todavía aspiro a que mi equipo gane una nueva estrella, así sea el que más tenga, y así mis amigos detractores, hinchas de otro color me hagan “burling”. Oe, oe, oe oé…

martes, 14 de septiembre de 2021

De cara al porvenir: el fútbol, ¿un supra Estado?

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En diferentes ámbitos de la vida diaria existen una serie de normas absurdas y arbitrarias que se convierten en parte del paisaje y se asumen como normales, hasta cuando tales normas nos impactan negativamente. En esta oportunidad es el Atlético Nacional, ya que algunos de sus jugadores y sus hinchas quienes padecemos en carne propia tal situación.

A lo largo de la historia la organización que rige el fútbol en el planeta, la FIFA, ha generado un marco normativo propio con el que pretendieron blindarse frente a las normas de los diferentes países afiliados. Por ejemplo, durante muchos años se burlaron de las normas laborales y generaron una nueva modalidad de esclavismo. En Colombia es emblemático el caso de Nelson Gallego a quien el dueño de un equipo, el señor Gabriel Camargo Salamanca, bloqueó para el deporte: no lo dejaba jugar en el Tolima ni permitía su transferencia a otro club, truncando así la carrera de un buen jugador. Frente a esto, no existían caminos legales a los que se pudiera acudir.

Por fortuna, en Europa, en un caso similar, la justicia ordinaria, a través del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, profirió en el año de 1995 una célebre sentencia en favor del futbolista belga Jean-Marc Bosman; reconoció la libertad deportiva de este jugador y, como consecuencia, obligó al cambio de las normas de la UEFA y de la FIFA. Es importante tener en cuenta que frente a la decisión de la justicia ordinaria ninguna federación y ningún club fueron desafiliados de la FIFA y, a las autoridades futboleras, no les quedó más camino que acatar la decisión.

En estos momentos Atlético Nacional recorre un tortuoso camino que, finalmente, lo más seguro es que se resuelva con dinero, pero hay un grupo de futbolistas a quienes no se les está permitiendo desempeñar su oficio, se les impide hacer lo que saben hacer. Aunque se les pague su quincena, se les está cercenando su derecho al ejercicio de una profesión.

Y es allí donde aparecen las normas arbitrarias. Si Atlético Nacional firmó un contrato con Cortuluá y se dejó incluir una cláusula leonina, pues que asuma las consecuencias y que ataque la validez de dicha cláusula o que pague. Así como en el juego del fútbol los errores se pagan con goles, en el mundo de los negocios los errores se pagan con plata. Pero otra cosa es que unos futbolistas debidamente contratados no puedan ser inscritos y por lo tanto no puedan ejercer su profesión de manera digna. Allí es donde aparece la arbitrariedad al vincular a terceros en el problema entre dos instituciones. Es injusto que se señale a Fernando Uribe como culpable de lo que pasa, él no tiene nada que ver, pero Dorlan Pabón, Felipe Aguilar y sus compañeros bloqueados, tampoco tienen nada que ver.

Se dirá que esas son las normas internas de la Federación Colombiana de Fútbol y de la Dimayor, y que todos los clubes que las aprobaron deben acatarlas. Eso suena bien, pero no es verdad: la normativa interna de una institución puede ir más allá de la ley, pero nunca en contra de ella y, mucho menos, en contra de normas constitucionales.

Esas normas internas arbitrarias que han sido tradicionales en el mundo del fútbol, prohijadas por la FIFA, han tenido un trasfondo perverso: generar una pretendida inmunidad, pero no la han logrado: Blatter y Platiní fueron condenados penalmente, como lo fue en nuestro medio el señor Luis Bedoya y, quién sabe, el señor Ramón Jesurum puede correr la misma suerte pues está sub judice por el ilegítimo manejo de la boletería para el mundial de Rusia, en otras palabras por ser un vulgar revendedor de boletas.

Hasta ahora todos los fallos en las acciones judiciales intentadas por los jugadores y por Nacional han sido adversos, pero aún quedan por resolver apelaciones y eventuales revisiones ante la Corte Constitucional. Qué bueno que la rama judicial colombiana marcara un hito, como lo hizo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en 1995, para promover el cambio de normas arbitrarias en el mundo del fútbol.

Por ahora, una propuesta: si definitivamente las decisiones son negativas, Nacional podría darse la pela durante un semestre, afrontando lo que resta del campeonato con juveniles y, con su nómina básica, incluidos los refuerzos contratados, emprender una gran gira internacional para mostrar a sus jugadores internacionalmente y, de paso, conseguir los recursos para pagar al Cortuluá. Ah, y, además, no prestar jugadores a la selección Colombia. Qué pena con el profesor Rueda, pero, a veces, toca.

NOTA: Afortunadamente esta situación, ya fue superada.

martes, 5 de enero de 2021

De cara al porvenir: economía, política e inconsecuencia

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

La gran mayoría de los economistas serios coinciden en que para poder reactivar o activar la economía en un mundo capitalista, la fórmula a emplear es sencilla: mejorar las condiciones para que se incremente la demanda, lo cual servirá como detonante para generar el momentum del círculo virtuoso donde si hay ingresos hay demanda, si hay demanda hay producción, si hay producción hay utilidades y empleo, si hay utilidades mejora la reinversión o la inversión, si hay empleo mejoran los ingresos por salarios o la capacidad de crédito para seguir consumiendo, y así sucesivamente.

Hasta este punto, casi todos vemos la descripción anterior como más o menos lógica y sobre todo coherente.

Sin embargo, cuando llega el momento de fijar el salario mínimo, parece que a los empresarios se les olvida este esquema y aparece de nuevo el “coco” de que si se suben los salarios, se merma la real capacidad de mantener y generar empleo, lo cual se ha convertido en “un verdadero mito político-académico”, por no decir que en un “mito urbano”.

Con este cuentecito nos traen desde el Frente Nacional, y la capacidad de generar el empleo que se requiere no se ve por ninguna parte, a pesar de tener también a su favor un sistema tributario lleno de excepciones y gobiernos timoratos generosos en subsidios.

Luego discutiremos argumentaciones con respecto a la productividad y la eficiencia.

Si seguimos haciendo más de lo mismo, pues jamás vamos a encontrar resultados distintos.

Ojalá los altos intereses nacionales sean alguna vez considerados como prioritarios y de verdad lleguemos a tener gobernantes con el conocimiento, la voluntad, la capacidad y el carácter para tomar las decisiones que se deben tomar y no aquellas que benefician el sostenimiento de una falsa gobernabilidad.

Pasando a otro tema no menos importante, surge de nuevo la discusión si para la competencia futbolera con resultados positivos se requiere el desarrollo o no de procesos con continuidad.

Para los hinchas del Atlético Nacional es fácil hablar de la bondad de procesos que han sido exitosos como los vividos inicialmente de la mano de Zubeldía y posteriormente de la mano de Maturana y mi muy querido Bolillo Gómez, proceso último que se llevó a la Selección de Mayores también con resultados muy positivos.

Incluso, la obtención de la Copa Libertadores de 2016 fue el resultado de un proceso iniciado en 2011 por el Sachi Escobar, continuado con convicción por los directivos y el profesor Osorio, quienes no sucumbieron a la tentación de hacernos caso a los hinchas y barrer con la nómina que fracasó en la Libertadores de 2012. Y, así, llegaron los seis títulos y la final de la Sudamericana. Finalmente, cuando llegó Reinado Rueda, muy inteligente y pragmáticamente se apoya en la base existente y consolidada, la refuerza con algunos jugadores y elemento de su idea de juego y el resultado fue una Libertadores, una Supercopa Sudamericana y una final de Copa Sudamericana malograda por el triste suceso del Chapecoense.

Sin embargo, la exigencia de la competencia actual no da espera. Llega Guimaraes al América y en un semestre lo saca campeón y renuncia. Llega Juan Cruz Real, también al América y en un semestre lo saca otra vez campeón y anuncia su renuncia. Llega un técnico idóneo, querido por la hinchada, aportante de varios títulos locales, parte del patrimonio nacionalista como el profesor Juan Carlos Osorio y por falta de resultados debe hacerse a un costado.

¿Cuál proceso desarrollaron Guimaraes y Cruz? ¡Pues ninguno! Y así y todo salieron campeones.

Hoy mi muy querido Bolillo llega a dirigir al otro equipo de plaza y en su primera rueda de prensa dice palabra, más palabra menos: “quiero iniciar un proceso a 5 años. Espero que no me echen dentro de un año para poder darle continuidad al proceso”. Lo anterior suena lógico bajo la perspectiva de los procesos, pero irreal e iluso a la luz de la lógica de los resultados.

Los grandes equipos del mundo tienen altibajos y muchas veces son debidos a la salida de técnicos y cuerpos técnicos que trabajan mucho pero no entregan títulos ni campeonatos. Ejemplos como el de Sir Alex Ferguson sirven para confirmar que la excepción hace la regla.

En el caso colombiano, parecería haber una constante: para ser campeón de Colombia no es necesario ningún proceso, basta con una nómina decente y una buena racha en la instancia final, pero los fracasos rotundos de nuestros clubes en los torneos internacionales de los últimos años, sugiere que para ser competitivo en tales torneos hace falta algo más y, posiblemente ese algo sea un proyecto serio y coherente.

martes, 22 de diciembre de 2020

De cara al porvenir: proposiciones y varios

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Primer “vario”. Dice Fernando Savater que no es cierto aquello de que haya que respetar todas las opiniones ajenas. Afirma que: no todas las opiniones son respetables, ni mucho menos. Lo que son respetables son las personas, pero no las creencias en sí mismas. No merece el mismo respeto una opinión que afirma que dos y dos son cinco que la que dice que son cuatro”.

No sé por qué se me vino a la mente esta reflexión del filósofo español, escuchando y leyendo las desmesuradas críticas contra el alumbrado navideño de cuenta de un muñeco con forma de diablo, que evoca las fiestas de Riosucio, Caldas. Qué pobreza de razonamientos, qué bajo nivel de argumentación, qué deseo irrefrenable de armar un debate de la nada, en otras palabras ¡qué ganas de joder!

Proposición: dejemos que los gobernantes gobiernen, dejemos que a quienes les corresponde tomar decisiones las tomen y entendamos que no siempre lo que hacen tiene que corresponder a nuestro gusto. Y si vamos a ejercer el derecho a opinar, pues por lo menos soportémoslo en un mínimo de racionalidad.

Segundo “vario”. Como todos los años, se hacen campañas para intentar lo imposible: frenar la alborada. Y se atribuye a coletazos de la cultura traqueta el gusto de nuestra sociedad por la pólvora y resulta que esto no es cierto. Desde hace muchos decenios, casi siglos, las fiestas pueblerinas y de las ciudades han estado acompañadas de pólvora. En nuestra infancia no solo en las casas se compraban chorrillos, buscaniguas, papeletas, totes, globos en diciembre, sino que se fabricaban. Yo todavía tengo rastras de engrudo en mis manos que dan fe de mi habilidad para pegar el papel de globo, aunque esa habilidad nunca fue igual a la de elevarlos.

Proposición: la prohibición fracasó con el alcohol, ha fracasado estruendosamente con los estupefacientes y, por supuesto, ha fracasado y seguirá fracasando con la pólvora.

Por qué no pensar en que las autoridades del Área Metropolitana organicen los primeros de diciembre, a las 00.01, espectáculos de juegos pirotécnicos manejados por profesionales, estratégicamente ubicados en las diferentes comunas. Se le compra su producto a los polvoreros que tienen derecho a trabajar y se ofrece un espectáculo seguro y organizado.

¿O será que los espectáculos del 31 de diciembre en Sidney, París, Auckland, Pekin, Tokio, son manifestaciones traquetas y de indisciplina social?

Valga recordar que el único año en el que no hubo alborada fue por una razón de solidaridad social digna de destacarse: el primero de diciembre de 2016 se guardó silencio como muestra de respeto por la tragedia del Chapecoense.

Tercer “vario”. Y quedó eliminado Nacional. Circunstancias adversas como once jugadores con covid-19, tres lesionados y lo peor: los que pudieron jugar no quisieron hacerlo. La sensación fue triste, pues si hubieran puesto un mínimo de pundonor, amor y respeto por la gloriosa camiseta verde, hoy estaríamos en semifinales y por qué no en finales. En nuestra historia, aún en tiempos recientes, se superaron peores adversidades: jugar de locales fuera de Colombia, por caprichos de la Conmebol, remontadas históricas con jugadores de menos, futbolistas que se echaban el equipo al hombro con coraje y valentía, goles agónicos.

Dentro de las adversidades, es imposible no mencionar el incomprensible VAR y las absurdas decisiones de quienes lo manejan y de árbitros sin el más elemental sentido común. Qué expulsión tan absurda la del juvenil de Nacional, pues ni siquiera hubo falta. Como dijo el Tino Asprilla, los futbolistas no van a poder volver a patear el balón porque de pronto se atraviesa un rival y los expulsan.

Además, es increíble cómo en los partidos se volvió más protagónico el VAR que los futbolistas. Resulta ridículo escuchar a un mediocre comentarista de WIN, decir cada diez minutos: “esa jugada la debería revisar el VAR”. Ya los comentarios no son sobre lo futbolístico sino sobre lo que pasa o no pasa con ese engendro (el VAR, no el comentarista).

Proposición: Ojalá los directivos y nuevo técnico del verde tengan un mejor criterio para confeccionar la nómina, dejen de lado el prurito del jugador fuerte, grande y torpe como la mayoría de defensores que tuvimos este año y privilegien, de nuevo, la técnica y la jerarquía. Hay jugadores por recuperar como Nicolás Hernández que es más futbolista que Braghieri, Perea y Segura juntos.

Y por favor, hagamos una rogativa a Diego Armando, para que, desde su Olimpo, ilumine a los dirigentes del fútbol y terminen con el embeleco del VAR que, estoy seguro, si se hace el balance a nivel mundial, ha traído más sinsabores que aciertos.

Se da por terminada la sesión.

NOTA: Unas felices navidades para todos, en medio de las presentes circunstancias.

martes, 8 de diciembre de 2020

De cara al porvenir: futboleras

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Es justo tomarse un descanso de los temas globales y locales que saturan nuestra cotidianidad. Por hoy, olvidémonos del virus, de Trump, de la JEP, de movimientos revocatorios de mandatos y dediquemos un rato a un tema que, por cuenta de la pandemia, ha tenido un año totalmente atípico.

Iniciaron las eliminatorias a Qatar 2022, con un buen arranque de nuestra selección en la primera ronda, y un estrepitoso fracaso en la segunda, pero, con la triste sensación de ver los partidos con los estadios vacíos, de ver jugadores que no pueden ser convocados por estar afectados por el covid-19 o por estar preventivamente en cuarentena. Ojalá en el 2021, podamos ver de nuevo a los aficionados en las tribunas pues, como lo dijo alguna vez Enrique Santos Discépolo, en una película en la que fue guionista y actor, el hincha es una de las razones de ser del fútbol: “El hincha es el alma de los colores, el hincha no se ve, el hincha se da todo sin esperar nada, ese es el hincha, ese soy yo”.

Y hablando de hinchas…cómo no hablar de Nacional. Terminó la segunda y turbulenta era del profesor Osorio, gracias por los títulos de su primera etapa, y por el trabajo y profesionalismo de siempre. ¡Buen viento y buena mar!

En esta segunda etapa se mostró confundido, irascible, errático. Desde la misma confección de la nómina, tomó decisiones equivocadas al pedir la contratación de jugadores que no tienen nada que hacer en un equipo de la dimensión del Verde y al dejar zonas totalmente desequilibradas, la más notoria de ellas, la zona defensiva. En un equipo en el que el propio Osorio y el profesor Rueda  tuvieron como baluartes a Henríquez, Murillo, Nájera, Estefan Medina, Dávinson Sánchez, Daniel Bocanegra cuando fungió de central, Carlos Cuesta, Felipe Aguilar y en el que los hinchas de mi generación vimos a Óscar Calics, Teófilo Campaz, Pacho Maturana, el Zurdo López, el Polaco Zemenewics, José Luis Brown, Nolberto Molina, Andrés Escobar, Luis Carlos Perea, Iván Ramiro Córdoba, Aquivaldo Mosquera, entre otros, resulta desconcertante ver a los centrales que hoy tiene el equipo y resulta incomprensible que llegado el momento de escoger entre Nicolás Hernández y Segura, se haya optado por este último, privilegiando la talla sobre la técnica.

Hoy el equipo cuenta con algunos jugadores buenos, Andrade, por ejemplo, ninguno excepcional, y otros que no están a la altura de la camiseta bicampeona de América. Hay jugadores que no generan ni empatía, ni simpatía y mucho menos uno solo que pueda catalogarse como ídolo.

Viendo los partidos que se han jugado desde la reanudación del torneo, con presentaciones lamentables, siento que lo mejor que le ha pasado a Nacional es estar jugando con el estadio vacío pues se ha ahorrado la rechifla de la hinchada que es tan exigente como la historia misma del equipo lo permite.

Aunque no tiene relación directa con el rendimiento deportivo y en el entendido de que cada quien puede “hacer de su capa un sayo”, qué feo se ve Déinner Quiñones con su exótico peinado. Como lo hizo alguna vez un director técnico de la selección brasilera, debería ser regla para presentarse a los entrenamientos y a la cancha, tener una presentación personal adecuada. El peinado de fuentecita se lo puede hacer para ir a una fiesta, pero no para estar en el lugar de trabajo. Ahora bien, el día que sea la figura del equipo, que se lo eche al hombro, que quede como goleador histórico y desbanque a Armani y a Henríquez como los más veces campeones, me comprometo a que yo mismo adoptaré el motilado estilo Quiñones.

En fin, a lo mejor normas como esas, pueden parecer más rígidas que la cintura de Braghieri.

En este año atípico Nacional ha quedado eliminado en la primera serie del torneo final, pero independientemente a que hubiera avanzado, en cualquier caso, es indispensable acertar en la designación del nuevo D.T. y en la confección de una nómina equilibrada y competitiva. Además, es necesario marcar diferencia con los recursos con los que se cuenta, como el centro de alto rendimiento el cual, hasta ahora, solo ha traído consecuencias nefastas pues fue el detonante de la salida del técnico campeón de la Copa Libertadores, Reinado Rueda.

Pidamos lucidez a nuestros directivos, pues más de tres años de sequía de títulos y de tumbos en las decisiones, no son lo normal para un equipo como Nacional.

viernes, 14 de junio de 2019

El fútbol y sus lecciones


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Terminó el campeonato local y nos aprestamos a la Copa América. No hubo mucho tiempo de tregua en esa pasión que congrega a cientos de miles, millones, de qué llamar: ¿espectadores?, ¿hinchas?, ¿fanaticada? ¡Todo eso! Puede ser en la calle del barrio, en una modesta e improvisada cancha, o puede ser en un estadio monumental. En cualquier caso, hay que sudar la camiseta, hay afán de ganar, por eso las ganas, los sufridos amores, las sorpresas inesperadas, las decepciones, la dificultad de ser objetivos, los que nunca han sido técnicos, pero saben muy bien lo que hay que hacer… el fútbol es vida, es un fiel y aleccionador retrato de la vida.

Mi equipo, el rey de Copas, viene viviendo de la renta. Se ha adormilado en sus laureles, se ha comido el cuento de que es el mejor y desde hace rato se me asimila a un electrocardiograma: con subidas y bajadas, gana con tenacidad los partidos más complicados y pierde los fáciles. Por suerte regresa el técnico con el que ha ganado más copas, porque los tres últimos figurones no han podido.

El equipo que ganó todo durante el semestre, el primero de la tabla, el cantado campeón, subió como palma y cayó como coco. Aguó su fiesta y en la puerta del horno se le quemó el pan. ¿Se le acabó la gasolina o le pasó lo de la liebre con la tortuga? Para sorpresa de todos, quedó tirado en la recta final.

En la final, final apoyamos a los cuyigans y vimos en pocos minutos la misma película que acabamos de describir: de la gloria a la tragedia. Porque cuando se está arriba, así sea temporalmente, hay que ser humildes. Pero la soberbia pudo más y en un pestañeo se retornó al abismo. Ese postrer gol hizo renacer la esperanza. Se logró aprovechando un descuido del defensa que nunca debió descuidarse (¿vieron la cara de amargura del pobre muchacho que estuvo a punto de ver morir a su tiburón?). Todo iba parejo en los tiros desde el punto penal, hasta que el viejo zorro del arquero desestabiliza emocionalmente, en el momento crucial, al fugaz héroe de la noche, quien convencido de que como él no hay otro, lo manda callar y es quien termina mudo para siempre al ver como su balón va a parar a los cuernos de la luna.

Al técnico ganador que como jugador ganó su primera estrella y como técnico lleva tres, le han prometido en Curramba la bella, que le van a hacer una estatua. Creo que se la merece, pero no tengo claro si por todas estas conquistadas estrellas obtenidas a última hora o si porque los Char lo han hecho ver estrellas en ocho oportunidades que lo han sacado echado por la puerta de atrás y cuando los escualos están a punto de naufragar vuelven a llamar al viejo lobo de mar. No he podido entender ese jueguito.

Y en las canchas, por aquí y por allá, vimos de todo. Al mediocre parado que se gana el sueldo sin sudar la camiseta, un verdadero petardo en tres velocidades: lento, más lento y parado. Juega en el equipo de las estatuas pero podría ya jubilarse antes de los 30. También hemos visto al mañoso artista que no logró llegar a Hollywood pero que es merecedor candidato a un Oscar: ese que vive tirándose al suelo, retorciéndose de dolor, que si no hace echar al contrincante al menos lo hace premiar con amarilla y, de pronto, en un instante, cuál Lázaro resucitado, se levanta sano y sonriente. Descarado. Por ahí mismo andan el que le gusta colgarse de las camisetas de sus contrarios, pega el codazo o el puntapié cuando nadie lo ve (solo los millones de televidentes) y el marcador que contratan para dar pata ventiada y lesionar “accidentalmente” a los otros.

Estamos ad-portas de la Copa América. Se supone que con tantos años de aprendizaje hemos aprovechado todas esas lecciones. Se supone. Vamos a ver. Con Queiroz nos está yendo bien. Llegamos como uno de los favoritos, pero eso no garantiza nada en tanto no se muestren resultados. No hay rivales pequeños y tampoco equipos chicos. La vida te da sorpresas y no hay que confiarse demasiado. El fútbol es un reflejo de la vida. Lo que hemos visto y vivido nos deja enseñanzas que bien vale la pena aprovechar.