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martes, 3 de octubre de 2023

De cara al porvenir: y aprendimos de fútbol

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Para los hinchas del Nacional, su afición nos ha llevado a disfrutar de las emociones y los sinsabores del fútbol, pero también nos ha dado la oportunidad de conocer algo de la técnica, gracias a las vivencias cercanas con distintos personajes de nuestro equipo amado.

Para quienes nacimos como yo en 1957, hemos tenido la posibilidad de disfrutar de todos los títulos obtenidos, menos, obviamente el de 1954.

A punta de radio nos tocó imaginarnos el Estadio Atanasio Girardot y conocerlo a través de las narraciones de Jaime Tobón de la Roche, del “Espectacular” Jorge Eliécer Campuzano y de “El Paisita”, Múnera Eastman.

Pero ellos nos describían de manera vívida los sucesos y las jugadas que acontecían durante el partido mientras analistas excelsos como Weimar Muñoz Ceballos nos explicaban como se estaba jugando, cuáles eran los planteamientos que se estaban desarrollando y qué se podía esperar del juego, lo que hace que hoy los analistas de turno no nos descresten ni mucho menos.

También fuimos testigos de la evolución arquitectónica del estadio desde su construcción con una única tribuna alta, pasando por la “tribuna loca” de Oriental como la definió el inolvidable Guillermo Hinestroza Isaza, construida para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1978, hasta la integración completa del segundo nivel una vez ganamos la primera Copa Libertadores, ya que ante las limitaciones del estadio –que no cumplía con las exigencias de la FIFA–, tuvimos que jugar la final en Bogotá.

En nuestra lejana infancia oíamos hablar del Cobo Zuluaga, de Largacha, de Campillo, de Pepillo Marín, de Balasanian, de Romero, del Coco Rossi, de Gustavo Santa y de Tato González, de los refuerzos brasileros, entre otros tantos brillantes jugadores, entremezclados con otros vagos recuerdos, hasta que aparecen las figuras de Hernán Botero y José Curti y de jugadores como Navarro, Calics, Tito Gómez y Jorge Hugo Fernández que nos hicieron comenzar a soñar por allá en un histórico partido contra el Santos de Pelé, un domingo a medio día.

Se oía hablar de Millonarios como el mejor equipo del país con su cantidad de estrellas y el recuerdo mediano del otrora Ballet Azul.

Pero el colegio también era un centro de pensamiento futbolístico gracias a los campeonatos internos y a profesores como nuestro inolvidable Rubén López que nos ponía a jugar en serio, accediendo a buenos uniformes, jugando con buenos balones, hablando, entrenando y practicando aquello de las tácticas y de la estrategia, del River y de Boca, y se comenzaba a hablar de los míticos equipos Independiente de Avellaneda y de Estudiantes de la Plata, por sus éxitos continuados en la Copa Libertadores de América. Tuvimos la fortuna de crecer y jugar con Hernán Darío “Bolillo” Gómez, con su hermano Gabriel Jaime “Barrabás” Gómez, con el Polo Mondragón, quienes luego hicieron parte del futbol profesional y de la selección Colombia.

Así mismo, pudimos conocer de cerca jugadores extranjeros cuando por pura coincidencia los veíamos en el Salón Versalles, en pleno Junín, acogidos por don Leonardo Nieto y por el doctor Botero quien los alojaba en Residencias Nutibara.

Incluso a la salida de los partidos algunos jugadores salían a pie, mezclados con los hinchas para tomar transporte público. Eran épocas en que eran deportistas, no vedetes.

Comenzaron los buenos resultados, los subcampeonatos y los campeonatos, pero por encima de todo, la llegada, del maestro Oswaldo Juan Zubeldía, maestro de verdad, quien evidentemente “profesionalizó” el futbol en Colombia y quien en la cancha de juego, a modo de tablero o pizarrón, nos enseñó a todos que había que conocer el reglamento, que gracias a ese conocimiento podíamos jugar con el fuera de lugar a nuestro favor, que había que entrenar y practicar jugadas preconcebidas como los tiros de esquina, los tiros libres, los saques de banda, que había que saber defender, pero que ante todo había que ser profesionales del fútbol. Todo esto lo explicaba en amenas tertulias al finalizar las tardes en el segundo piso del Salón Versalles.

Aparece la figura de don Alex Gorayeb quien como presidente del Deportivo Cali contrata a Bilardo, –discípulo aventajado de Zubeldía–como técnico y ahí sí comenzamos a ver fútbol del bueno con la consolidación de técnicos como Gabriel Ochoa, Luis Cubillas, Pedro de León y otros tantos que comenzaron a darle cuerpo a nuestro fútbol.

Ante las restricciones económicas se recurre a las divisiones inferiores y aparece el “Kínder de Zubeldía” de donde nacen estrellas y algunos futuros técnicos como Herrera, Sarmiento, Luna, Peluffo, Porras, Maya, López y otros tantos que nos dieron alegrías inmensas y estrellas nuevas.

Llegaron las sombras y nos eliminan de una posible participación en una Copa Libertadores con gol olímpico de Ángel María Torres en el último minuto, lo que le dio la clasificación al Cali y la celebración enloquecida de Bilardo quien se retiraba del Cali, aspirando a la dirección técnica de la Selección Argentina.

Llegan Cueto y la Rosa y otra serie de refuerzos y de técnicos que le dan un nuevo envión a nuestro equipo enlutado por la muerte inesperada del maestro Zubeldía una mañana de domingo, pues había anticipado su regreso a Colombia luego del campeonato obtenido y del nacimiento de un posible nuevo ídolo, mi tocayo Pedro Juan Ibargüen que jamás llegó a ser lo que iba a ser ante la desaparición del maestro.

Llegan años de espera pues reemplazar a Zubeldía no era fácil.

Aparecen Maturana y Bolillo Gómez con la idea de los “puros criollos” y nos pusieron a soñar y llegamos a ganar la tan anhelada Copa Libertadores y a soportar la transformación del fútbol colombiano siendo la base de la selección Colombia que asistió a tres mundiales. Un hecho trascendental es la adquisición del equipo por parte de la organización Ardila Lulle, lo cual le da un gran peso administrativo y una contextura empresarial que lo diferencia de los otros equipos en Colombia y la tragedia que no falta, el asesinato de Andrés Escobar.

Cambia el formato del campeonato y ya no es un solo torneo anual, sino uno semestral y allí Nacional rompe todos los records de clasificaciones a finales y de títulos: primer bicampeón con Quintabani y primer tricampeón con Osorio.

Lo que siguen son una seguidilla de aciertos, frustraciones, campeonatos, posicionamiento internacional, campeonatos internacionales: la segunda Copa Libertadores (demostración de la importancia de respetar procesos como los hizo Rueda con lo que inició Sachi Escobar y continuó Osorio), la Recopa Sudamericana y la frustrada Copa Sudamericana debido al trágico accidente aéreo del equipo Chapecoense en el Oriente antioqueño que, como gratísima consolación en estos tiempos del todo vale, propició que la FIFA entregara al club el premio al juego limpio.

En fin, una serie de aciertos, desaciertos y frustraciones que han hecho posible que la historia del Rey de Copas se siga consolidando y que las nuevas generaciones sigan queriendo y apoyando a nuestro equipo del alma, el equipo que más fanaticada tiene en Colombia, el de mayor reconocimiento internacional y, le pique a quien le pique, el más ganador con sus 32 títulos que, seguramente, seguirán aumentando.

¡Qué viva el Atlético Nacional!

martes, 1 de agosto de 2023

De cara al porvenir: lenguaje seudocientífico

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Marcador de punta, back centro, volante de contención, volante mixto u “8”, volante de creación o “10”, puntero derecho o izquierdo (o wing, y si era puntero de raya: wing wing y si llegaba hasta el fondo y centraba: wing wing wing), centro delantero, volante llegador, salida limpia, entrenador, mánager y entreno, entre otros varios. Si recuerdan esos términos hacen parte de una generación privilegiada que disfrutó el fútbol como espectáculo, con estrategias bien diseñadas, pero sin tantos misterios como hoy.

Ahora, con el advenimiento de algunos directores técnicos (ya no entrenadores, porque ya ni entran a la cancha) y de los autodenominados “analistas”, sabios de micrófono que no han jugado y ni han dirigido jamás, se ha venido generando una carrera para tratar de elevar el fútbol a la categoría de ciencia. Ante la ausencia de un método propio se ha construido un lenguaje propio, cada vez más rebuscado: ya el marcador de punta es lateral o carrilero, los defensas centrales conforman el pivote defensivo, los volantes de contención, si son dos conforman un pivote y si son tres, un trivote. Aparece la figura de transición defensa ataque, acompañada de conceptos como ABP -Acción Balón Parado- y el concepto de canalizar. Los “10” son volantes llegadores, los punteros evolucionaron a extremos que casi siempre juegan con perfil cambiado y los centros delanteros ya van en puntas y media puntas y no se les mide por la cantidad de goles sino por su capacidad para jugar sin balón y hacer diagonales de ruptura, eso sí, que no se le ocurra moverse de la zona 14. ¿Perdón, de qué estamos hablando?

Esto por no mencionar el impacto de la tecnología con su gran contribución a aumentar la confusión y potencializar los errores: el VAR, el AVAR, la sala VOR, la mano en posición antinatural (lo único antinatural en el fútbol son ciertos analistas que son engendros contra natura); los GPS en las camisillas de los jugadores para medir cuántos kilómetros corre, en qué sentido, en cuáles zonas, cuántas veces tocó el valón, si lo hizo hacia adelante, hacia atrás, hacia los lados. Por supuesto, ninguno de los criterios anteriores define quién jugó bien o quién jugó mal. Todo lo anterior se resume en la DATA y los equipos contratan científicos de datos que permiten que los directores técnicos afirmen en sus ruedas de prensa que, a pesar de haber perdido los últimos veinte partidos uno a cero, son los mejores del campeonato porque tuvieron una posesión de balón del 65.4%, quince remates por partido, doce de ellos al arco y en todos los partidos sacaron figura al arquero contrario. Y lo grave es que hay quienes les creen. Y al pobre entrenador que simplemente trabaja y gana partidos y títulos, lo descalifican por desactualizado, por no entrar en la onda del lenguaje rebuscado. Hay que reconocer, eso sí, que las ruedas de prensa resultan más entretenidas que los partidos y que es admirable escuchar como un D.T. (un míster como los llaman ahora) justifica resultados describiendo un partido que solo él vio.

Y no es aversión al cambio. En mi generación fuimos testigos de verdaderas revoluciones estratégicas, nos tocó ver durante cinco años al Nacional de Zubeldía, con su fuera de lugar provocado y la “Zubeldiana” en los tiros de esquina, que todavía funciona y permite ganar títulos; vimos el paso de la defensa con líbero y stopper a la defensa en línea, fuimos testigos de la aparición del arquero líbero con jugadores como Quintabani para llegar a su máxima expresión con el gran René. Vimos los bailes de gala de los partidos entre el Nacional de Zubeldía y el Cali de su discípulo Bilardo: diez parejas danzando en una rigurosa marcación hombre a hombre y vimos un juego de ajedrez en la final de la Intercontinental de 1989 entre el Milán de Arrigo Sachi y el Nacional de Pacho Maturana (qué cátedra de táctica). Se trabajaba y se innovaba, pero no se pretendía quitar al fútbol su condición de deporte y de juego. No se pretendía convertirlo en una seudociencia.

Pero bueno, sigamos disfrutando del espectáculo de las ruedas de prensa de los D.T. y de sus intervenciones dignas de la mejor versión de Cantinflas.

martes, 25 de abril de 2023

De cara al porvenir: del hincha a la barra brava

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En una bonita película argentina de 1951 llamada “El hincha”, el protagonista -El Ñato- encarnado por el poeta Enrique Santos Discépolo, quien fue también guionista, en un sentido parlamento dice lo siguiente: “¿Y para qué trabaja uno si no es para ir los domingos y romperse los pulmones a las tribunas hinchando por un ideal? ¿O es que eso no vale nada?... ¿Qué sería del fútbol sin el hincha?... El hincha es todo en la vida..”

Soy hincha del fútbol o, mejor, soy hincha del Atlético Nacional y reconozco que, con todo e hipérbole, El Ñato tiene mucha razón al preguntarse qué sería del fútbol sin el hincha.

Pero una cosa es el hincha con su pasión y su ceguera que lo hace creer que el suyo es el mejor equipo del mundo (en mi caso, por fortuna, mi equipo sí lo es) y otra cosa es la masa de la barra y, más aún, la masa irracional de la barra brava.

El 27 de julio de 2016 tuve la fortuna de asistir a la final de la Copa Libertadores de América al estadio Atanasio Girardot entre Nacional e Independiente del Valle del Ecuador. La única boleta que pude conseguir fue en oriental baja y entré al estadio hacia las 3 de la tarde. Esa tarde-noche, las tribunas sur, oriental y norte estaban colmadas por la barra Los del Sur. Tengo que decir que la experiencia fue inolvidable: la organización de la barra para apoyar al equipo fue impecable, el comportamiento intachable y el apoyo extraordinario. Desde cuando ingresé a la tribuna no pararon (paramos) de cantar: “Vamos todos juntos, la hinchada y los jugadores, a ganar de nuevo la Copa Libertadores”. Y la ganamos, todos.

Hasta ahí todo el respeto y admiración por los integrantes de la barra que apoyan con fervor a su equipo, pero…el problema aparece cuando el hincha y la barra quieren tener injerencia en el manejo y las decisiones del club. Los equipos de fútbol, en el mundo entero, tienen dueños, personas u organizaciones que invierten recursos con la intención de obtener resultados deportivos y económicos y para esto tienen claro que deben satisfacer al hincha con buenos planteles y ganando títulos. Y son los dueños los que toman las decisiones. Históricamente, Atlético Nacional ha logrado las dos cosas: desde Hernán Botero Moreno hasta la organización Ardila Lulle han contratado grandes técnicos, muy buenos jugadores y han hecho del equipo el más ganador de Colombia y uno de los grandes de Suramérica. Han cometido errores, han contratado técnicos que no han dado la talla, han contratado jugadores de alto costo que no han rendido, pero, indudablemente, han sido más los aciertos que los errores.

Lo sucedido el domingo 16 de abril en el Atanasio Girardot es lamentable y doloroso. Los actos de violencia no se presentaron entre barras de diferentes equipos -lo que tampoco tendría justificación- sino que los propició la barra para protestar contra decisiones institucionales. En situaciones como esas, lo racional es el apoyo a la institucionalidad. Los hinchas tenemos el derecho a renegar por una mala contratación, por una mala campaña, por la salida de un ídolo, pero de allí no hay por qué pasar y, mucho menos, acudir a la violencia.

Los directivos de Atlético Nacional asumieron una postura y seguramente deberán sostenerla. Si se quiere desatar el vínculo que alguna vez se generó con la barra mediante la financiación de algunas de sus actividades, debe hacerse. Esto traerá un período de crisis complejo, pero se superará, como se superó en otros países como Inglaterra donde una de las medidas para terminar con el azote de los hooligans fue la de no vender boletería a barras sino individual, con toda la silletería numerada y, lamentablemente, incrementando precios.

Lamentables resultaron también las declaraciones del secretario de gobierno atribuyendo la responsabilidad de lo sucedido al Atlético Nacional y, en un entrelíneas muy explícito, justificando las conductas de la barra.  Inmadurez, irresponsabilidad, cálculo político, idiotez o una mezcla de las anteriores.

Ha sido una época bonita la de Los del Sur, ejemplo de barra organizada con cobertura nacional, ejemplo de apoyo con sus cánticos, sus tifos, su humo verde y blanco, pero si esa época termina, Atlético Nacional seguirá existiendo y los hinchas seguiremos existiendo como existíamos antes de que aparecieran las barras bravas.

martes, 19 de abril de 2022

De cara al porvenir: personajes

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Lo que comienza mal, usualmente termina mal. El Registrador Nacional del Estado Civil, hablaba con tono amenazante y descalificador antes de las elecciones para Senado y Cámara, y ahora queda como un forro por la cantidad de problemas que se presentaron en el conteo de los votos y el alto nivel de desconfianza que se ha creado alrededor de su gestión y del importante procedimiento democrático que realiza la entidad a su cargo.

Ni qué decir de la Selección Colombiana de Fútbol y su fracaso anunciado. Lamentablemente la cúpula del fútbol colombiano, responsable directo de esta nueva frustración, supo realizar casi que al escondido su Asamblea General para hacerse reelegir por otros 4 años. Estos personajes que manejan el fútbol como cosa propia, están acabando con él y su atornillamiento en los cargos directivos semeja un comportamiento propio de sociedades oscuras.

Resulta imperdonable lo que viene sucediendo con el Inpec. Esto no es de ahora. Lleva muchísimo tiempo y ya sea por acción o por omisión, los altos funcionarios del gobierno son los responsables directos de lo que allí acontece.

Es un verdadero albur el resultado de la “gestión” de un presidente de Ecopetrol. Sin mover un dedo, su gestión puede ser calificada de brillante o de pésima, todo debido al comportamiento del precio internacional del petróleo, sobre el cual él no tiene ninguna posibilidad de intervención.

Se acabó este gobierno y finalmente Providencia no fue reconstruida como fue anunciado en su momento con bombos y platillos. Fuera del oso por el incumplimiento, les seguimos dando argumentos a nuestros hermanos raizales para que cada vez se desprendan más afectivamente de Colombia, que no solo los mantiene olvidados, sino que además no les cumple, en lo que parece una burla consuetudinaria.

Parece que el concepto de verano se embolató el último año. Llevamos un invierno continuado, con algunas intermitencias que los especialistas denominan como “veranillos” y cada vez el número de tragedias y de afectados aumenta. Un signo inequívoco de la magnitud del impacto invernal es que ya se comienza a hablar del riesgo que se tiene con el Canal del Dique y las catástrofes alrededor de La Mojana.

Muy complicada la dependencia que hoy se tiene y se pone en evidencia con respecto a países que hoy están en guerra para poder acceder a productos e insumos agroquímicos y combustibles fósiles.

La crisis de las EPS no para y cada mes están cerrando una. Hoy quedan 32 y hay 11 en riesgo Este es un ejemplo de la mala concepción y del mal funcionamiento de nuestro sistema de salud, a pesar de ciertos avances que son innegables.

La OCDE presenta una radiografía de la economía en Colombia y advierte de nuevo sobre la iniquidad pensional y del riesgo de llegar a un fenómeno de estanflación.

Mientras tanto se nombra al ministro de Hacienda como el mejor de Latinoamérica, lo cual, sin desconocer los atributos del ministro, está ligado al histórico estricto cumplimiento de Colombia a sus compromisos adquiridos con la banca multilateral.

Sigo insistiendo que el formato actual de los llamados “debates” con los precandidatos y luego con los candidatos a la presidencia, está mandado a recoger.

Habrá que esperar que en otras latitudes se inventen un formato nuevo para poder correr a copiarlo.

Nota final 1: reconoce el inepto y soberbio Registrador Nacional que en las pasadas elecciones no se contaron un millón de votos (El Colombiano, miércoles 13 de abril, páginas. 2-3), y no pasa nada. Obviamente a este personajillo no se le ocurre renunciar ni existe la voluntad política para sacarlo de su cargo. Sin embargo, yo como simple ciudadano y ante el reconocimiento pleno de que lo que voy a plantear es ingenuo, decretaría nulas las pasadas elecciones y las haría repetir. ¿Con cuál tranquilidad y confianza en la Registraduría vamos a participar todos, sin excepción, en las próximas elecciones?

Nota final 2: El próximo jueves, 21 de abril, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dará a conocer su decisión sobre el litigio entre Colombia y Nicaragua por San Andrés en torno al no acatamiento del primer fallo, tal como lo decidió el gobierno Santos.

¡Amanecerá y veremos!

viernes, 25 de junio de 2021

Política, religión, fútbol

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Se ha vuelto una costumbre colectiva vetar tres temas si se quiere vivir en paz: no hablar de política, no hablar de religión, no hablar de equipos de fútbol. Se da por descontado que estos asuntos suscitan tantas pasiones que evidenciar los mutuos desacuerdos al respecto sólo genera discusiones interminables y acaloradas, enemistades de por vida, violencia verbal que desemboca en violencia física e, incluso, guerras y muerte. En realidad, no hay ganadores, todos pierden.

Me parece que esta constatación, más que evidenciar un fenómeno humano, en realidad pone al descubierto la inmadurez humana, entendida esta como la incapacidad de ser tolerantes o la contumaz renuencia a respetar la contundente realidad de que todos somos muy diferentes y de aceptarnos como tales. Lo hemos visto estos días, otra vez, en el candente y desconcertante mundo de la política criolla, en la agresividad verbal contra miembros de la iglesia católica y en la violencia y muerte que se dio después de la final del fútbol colombiano.

Ante esa realidad uno tiene varias opciones: entrar en el juego de las polarizaciones; adoptar la posición del avestruz y no querer hablar del asunto; negar la evidencia y decir que esto no es cierto y que esa realidad no existe o, lo que sería sensato: quitarle el tabú al cuento y maduramente dialogar sobre estos asuntos sin necesidad de precipitar nuestra extinción.

El tema político es ineludible para un ciudadano serio, de conciencia crítica bien formada y que quiere un mejor futuro para su país. Es un asunto personal, pero tiene implicaciones sociales y no puede depender de tradiciones familiares. Menos aún podría mutilarle a uno la posibilidad de disentir obligándolo a ser llevado de la nariguera por una cuestión que llaman “disciplina de partido”. En cabezas de un partido no entiendo el transfuguismo de los que le baten cola al poder de turno, pero tampoco entendería, repito, el no poder renunciar, en un determinado momento, a un partido que está desdibujado, no tiene norte claro o va en contravía de principios y valores en los que uno cree.

En religión, a lo largo de la historia hemos visto las barbaridades que se han cometido en nombre de Dios, o de Alá, o de cómo quieran llamarlo. Creer que los demás son infieles, anatemas o blasfemos sencillamente porque no profesan el propio credo, en realidad ha sido una estupidez manifiesta, propia de mentalidades atrofiadas y sin un horizonte humano y espiritual amplio. Fundamentalismos, integrísimos y conservadurismos solo le han hecho gran daño a muchos y han generado resentimientos, resquemores, odios viscerales y posturas irreconciliables.

Finalmente, en el fútbol, como en la política y la religión, pareciera que optar por un equipo, una camiseta de color, unas barras con sus himnos y consignas y unas cuantas estrellas que hay que ganar, se convierten en asunto de vida o muerte. Personalmente soy hincha de fútbol y recuerdo aterrado de cuando un día me puse el uniforme completo con chaqueta y gorra, orgulloso de mi divisa deportiva y alguien me gritó antes de salir a la calle: “¡quítese eso si no quiere que en la calle le peguen una puñalada!” Increíble, inaceptable, abominable. ¿Cómo así qué hay un muerto y muchos heridos entre hinchas de Millonarios al término de la última final?, ¿cómo así que las barras bogotanas de Nacional no aceptan las barras que vienen de Medellín? ¡Oye! Esto es de locura, es decir, esto ya es enfermizo y no sé si patológico.

Me imagino a los extraterrestres mirándonos y diciéndose entre ellos: esperemos un poquito más que ya casi esa raza humana, que paró de evolucionar, está a punto de extinguirse a sí misma, sola ella.

martes, 8 de diciembre de 2020

De cara al porvenir: futboleras

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Es justo tomarse un descanso de los temas globales y locales que saturan nuestra cotidianidad. Por hoy, olvidémonos del virus, de Trump, de la JEP, de movimientos revocatorios de mandatos y dediquemos un rato a un tema que, por cuenta de la pandemia, ha tenido un año totalmente atípico.

Iniciaron las eliminatorias a Qatar 2022, con un buen arranque de nuestra selección en la primera ronda, y un estrepitoso fracaso en la segunda, pero, con la triste sensación de ver los partidos con los estadios vacíos, de ver jugadores que no pueden ser convocados por estar afectados por el covid-19 o por estar preventivamente en cuarentena. Ojalá en el 2021, podamos ver de nuevo a los aficionados en las tribunas pues, como lo dijo alguna vez Enrique Santos Discépolo, en una película en la que fue guionista y actor, el hincha es una de las razones de ser del fútbol: “El hincha es el alma de los colores, el hincha no se ve, el hincha se da todo sin esperar nada, ese es el hincha, ese soy yo”.

Y hablando de hinchas…cómo no hablar de Nacional. Terminó la segunda y turbulenta era del profesor Osorio, gracias por los títulos de su primera etapa, y por el trabajo y profesionalismo de siempre. ¡Buen viento y buena mar!

En esta segunda etapa se mostró confundido, irascible, errático. Desde la misma confección de la nómina, tomó decisiones equivocadas al pedir la contratación de jugadores que no tienen nada que hacer en un equipo de la dimensión del Verde y al dejar zonas totalmente desequilibradas, la más notoria de ellas, la zona defensiva. En un equipo en el que el propio Osorio y el profesor Rueda  tuvieron como baluartes a Henríquez, Murillo, Nájera, Estefan Medina, Dávinson Sánchez, Daniel Bocanegra cuando fungió de central, Carlos Cuesta, Felipe Aguilar y en el que los hinchas de mi generación vimos a Óscar Calics, Teófilo Campaz, Pacho Maturana, el Zurdo López, el Polaco Zemenewics, José Luis Brown, Nolberto Molina, Andrés Escobar, Luis Carlos Perea, Iván Ramiro Córdoba, Aquivaldo Mosquera, entre otros, resulta desconcertante ver a los centrales que hoy tiene el equipo y resulta incomprensible que llegado el momento de escoger entre Nicolás Hernández y Segura, se haya optado por este último, privilegiando la talla sobre la técnica.

Hoy el equipo cuenta con algunos jugadores buenos, Andrade, por ejemplo, ninguno excepcional, y otros que no están a la altura de la camiseta bicampeona de América. Hay jugadores que no generan ni empatía, ni simpatía y mucho menos uno solo que pueda catalogarse como ídolo.

Viendo los partidos que se han jugado desde la reanudación del torneo, con presentaciones lamentables, siento que lo mejor que le ha pasado a Nacional es estar jugando con el estadio vacío pues se ha ahorrado la rechifla de la hinchada que es tan exigente como la historia misma del equipo lo permite.

Aunque no tiene relación directa con el rendimiento deportivo y en el entendido de que cada quien puede “hacer de su capa un sayo”, qué feo se ve Déinner Quiñones con su exótico peinado. Como lo hizo alguna vez un director técnico de la selección brasilera, debería ser regla para presentarse a los entrenamientos y a la cancha, tener una presentación personal adecuada. El peinado de fuentecita se lo puede hacer para ir a una fiesta, pero no para estar en el lugar de trabajo. Ahora bien, el día que sea la figura del equipo, que se lo eche al hombro, que quede como goleador histórico y desbanque a Armani y a Henríquez como los más veces campeones, me comprometo a que yo mismo adoptaré el motilado estilo Quiñones.

En fin, a lo mejor normas como esas, pueden parecer más rígidas que la cintura de Braghieri.

En este año atípico Nacional ha quedado eliminado en la primera serie del torneo final, pero independientemente a que hubiera avanzado, en cualquier caso, es indispensable acertar en la designación del nuevo D.T. y en la confección de una nómina equilibrada y competitiva. Además, es necesario marcar diferencia con los recursos con los que se cuenta, como el centro de alto rendimiento el cual, hasta ahora, solo ha traído consecuencias nefastas pues fue el detonante de la salida del técnico campeón de la Copa Libertadores, Reinado Rueda.

Pidamos lucidez a nuestros directivos, pues más de tres años de sequía de títulos y de tumbos en las decisiones, no son lo normal para un equipo como Nacional.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Saber ganar, saber perder

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Los recientes acontecimientos, políticos y deportivos, que han copado la atención nacional e internacional, me han dado pie para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el saber ganar y el saber perder en la vida.

Lo que he aprendido con el tiempo es que hay que ser humildes en el triunfo y dignos en la derrota. Y la lección se aprende precisamente por contraste con lo que uno observa.

De hecho, la vida es eso: ganar y perder. No siempre se gana, no siempre se pierde. Mejor aún, no conviene siempre ganar, ni tampoco siempre perder. La primera situación puede generar un triunfalismo exacerbado haciéndole creer al que gana que es lo máximo, lo mejor, lo non-plus ultra. La segunda situación puede desembocar en un complejo de inferioridad, apocamiento y derrotismo. La realidad existencial, comentábamos el otro día, se mueve entre esas dos realidades. Unas veces se está arriba, otras abajo. Y uno no debe ser más porque lo alaben, ni menos porque lo vituperen. Uno, sencillamente, es. Claro, si gana, sepa que un día puede perder. Si pierde, sepa que puede ganar. De preclara sabiduría es estar preparados para saber vivir las dos realidades. Se ha demostrado que una persona que se ha mal acostumbrado a ganar, el día que pierde es terrible. Igual, el que siempre ha perdido y un día gana corre el riesgo de desaforarse en la celebración.

El grotesco espectáculo que nos ha dado el actual inquilino de la Casa Blanca con sus berrinches y sus pataletas, es solo comparable al de un mocoso malcriado e inmaduro. Ya lo dije en su momento: da pena ajena. En contraste, su contendor, ha estado discreto y bastante parco, sin alharacas, sin tanta bulla. Los hechos se imponen. El primero, no ha sabido perder, el segundo, ha sabido ganar.

A la par, también dice la sabiduría popular que “en la mesa y en el juego se conoce el caballero” y lo afirma así pues son dos espacios donde uno se muestra naturalmente, tal cual como es. Pues bien, las derrotas consecutivas de nuestra selección de fútbol, han evidenciado nuestro talante deportivo. Somos malos ganadores y malos perdedores. Cuando triunfamos, nos comemos el cuento de que somos lo mejor. Ganamos el primer partido y nos creímos ya clasificados a Qatar. En el segundo empatamos, el tercero perdimos y en el cuarto fue la debacle. Qué malos todos, hay que echar al técnico, hay que renovar a esa manada de troncos. Hace un mes, alabábamos en los gloriosos. Hoy denigramos en los dolorosos. 30 años vivimos ufanándonos del 4-4 con Rusia. No sé cuántos del empate con Alemania y del 5-0 a Argentina. Subimos como palmas y caemos como cocos. Nos sentimos campeones del mundo y terminamos como aguateros del equipo del barrio. No hay proporciones. No hay cultura deportiva. Pareciera que la vida no hubiese dejado lecciones.

Para colmo, los turiferarios de ambas realidades, azuzan, desorientan y distorsionan. Dan grima por su falta de objetividad y cabeza fría. Se dejan llevar de sus pasiones y no son capaces de tomar distancia crítica y crecer en sensatez. Son ciegos y sordos, no ven más allá de sus narices y no quieren oír nada distinto de zalamerías y lambetazos. Obsecados y tercos como mulas viven en su burbuja: ese es todo su universo.

Vamos a ver cómo evolucionan las cosas. Cada quien se devela frente a estas realidades. Tanto en la política como en el deporte nos falta todavía mucho pelo pal moño. En la primera, estoy plenamente convencido de que hay que buscar una alternativa de centro dado que los extremos, tan aparentemente distintos, finalmente son lo mismo. Y el segundo, hay que dar un compás de espera. Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre. En la vida hay que saber ganar y hay que saber perder.

martes, 5 de mayo de 2020

De cara al porvenir: divagaciones de cuarentena


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Treinta y tantos días de encierro, por fortuna en buenas condiciones –lo que millones de compatriotas no pueden decir–, van generando un manejo del tiempo muy diferente al que hemos acostumbrado. El teletrabajo y lo que estamos llamando como educación virtual, que realmente en un altísimo porcentaje son teleconferencias, permiten realizar la mayoría de nuestras actividades cotidianas muy eficientemente, y no tener que movilizarnos, hace que aparezcan tiempos ociosos que antes no teníamos. Estos tiempos pueden ser aprovechados para leer, disfrutar de la música, ver buenas películas, hacer algo de ejercicio, e incluso, para pensar (cosas para las que, en condiciones normales, casi nunca tenemos tiempo).

Y llegado el momento de pensar, aparecen pensamientos trascendentales y profundos (pocos más bien) y divagaciones sobre temas varios, como por ejemplo el torrente inagotable de información falsa o imprecisa en las redes sociales y el vacío que ha dejado el deporte en el planeta, en especial, para sus millones de seguidores, el fútbol.

Sobre las noticias, y en general la información falsa, hay toda una colección de algunas cosas sin importancia y otras más delicadas. Entre las primeras una de las más usuales es la circulación de frases, discursos, poemas que se adjudican erróneamente a reconocidos personajes. Escritos de García Márquez, que nunca fueron creados por él, poemas de Benedetti que no surgieron de su pluma, frases de Einstein, Mandela, Luther King, etc., que nunca fueron pronunciadas ni escritas por ellos.

Hay un ejemplo emblemático: el impactante discurso del escritor de Tanzania, Abunda Lagula, al recibir el premio Nobel de literatura. Realmente es un emotivo discurso que tiene solo algunos pequeños problemas: no existe ningún Abunda Lagula de Tanzania que haya ganado el premio Nobel de literatura. Este discurso circuló, conmovió y fue leído y reenviado miles de veces porque, así como el ser humano tradicionalmente ha tenido problemas con los filtros entre su cerebro y su lengua, el hombre moderno también tiene un grave problema de filtro entre el cerebro y el dedo pulgar que utiliza para reenviar estupideces antes de verificar la fuente. Lo anterior simplemente demuestra que en internet Abunda Lacaca,

En esta época de pandemia el asunto se vuelve serio, pues circulan toda clase de imprecisiones sobre las medidas gubernamentales, los días de pico y cédula, los remedios contra el virus y otros asuntos sobre los cuales no se debería reenviar nada sin tener la certeza de su fuente.

La segunda divagación, más trivial, corresponde al más importante de los asuntos sin importancia: el fútbol. (A propósito, esta frase ha sido adjudicada a Juan Pablo II, a Andrés Calamaro y a Eduardo Galeano, entro otros. La versión más acertada es que la escribió Eduardo Galeano en su libro “Fútbol a sol y sombra” y si no es así, entonces fui yo quien la acabó de inventar).

Qué falta hace el fútbol, pero este receso también ha servido para pensar ciertas cosas: la crisis económica que necesariamente enfrentará el fútbol mundial ¿servirá para frenar en algo el fútbol negocio y volver al fútbol espectáculo? ¿Servirá para que los futbolistas dejen de ser personajes de farándula y vuelvan a ser deportistas y, sobre todo, “jugadores” de fútbol? ¿Servirá para que los entrenadores vuelvan a ser el DT y no “el míster”? ¿Servirá para que los periodistas deportivos vuelvan a ser comentaristas y no doctores-analistas dueños de la verdad revelada? ¿Servirá para que vuelva a valorarse más el talento que la talla física? ¿Servirá para que se redimensione la creatividad y la inteligencia para jugar de aquellos jugadores a los que hoy, despectivamente, llaman pechifríos o trotones? ¿Servirá para que se deje de dar tanto protagonismo a los jugadores de “ida y vuelta”, antes llamados carrolocos? ¿Servirá para entender que el fútbol no se juega para los analistas sino para los hinchas? ¿Servirá para entender que la cantidad de torneos que se han inventado satura y cansa aún a los más aficionados? ¿Servirá para reconocer que el error arbitral hace parte del juego y eliminen el adefesio del VAR? En fin… son muchas las preguntas que surgen en medio de una cuarentena.

Para finalizar no perdamos de vista la siguiente sugerencia, recibida en uno de tantos memes, que puede servirnos de norte: “No te creas todo lo que leas en internet solo porque haya una foto con una frase al lado”. Abraham Lincoln.

viernes, 4 de octubre de 2019

Argentina


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Hace 20 años vine por primera vez a este país austral con motivo de hacer mi Tercera Probación, última etapa de formación que tenemos los jesuitas. Ambas resultaron ser experiencias fascinantes: por un lado, porque tuve la oportunidad de consolidar mi amor por la Compañía y, por otro, corroborar mi afecto por este país maravilloso.

Y es que desde niño algo en mi vida tenía que ver con Argentina: la admiración por Gardel y sus tangos famosos que el tío Pedro colocaba a todo volumen en su radiola; el fútbol que semana a semana nos hacía vibrar con las importadas estrellas de ayer como Pedernera, de entonces, como Lóndero y Navarro y de hoy como Armani, por citar apenas estas cuatro, cuando en realidad fueron toda una constelación; la historia convertida en leyenda de Perón y su esposa Evita, las dictaduras nefastas, las madres, hoy abuelas, de la Plaza de Mayo, las Malvinas; tantos artistas… Quino con su proverbial Mafalda, cantantes como Sandro, Leonardo Favio, Palito Ortega, Piero, Mercedes Sosa; grupos como Le Luthiers, Los Chalchaleros, Soda Stereo, por citar estos pocos; sus icónicas construcciones: la Casa Rosada, el Obelisco, la Avenida 9 de julio, Caminito, la Bombonera y el Monumental, Recoleta, Palermo, el Luna Park; los escritores: Sarmiento, Lugones, Sábato o Borges. Además, como dato curioso, tres colombianos han sido provinciales jesuitas aquí: Moreno, Gaviña y Restrepo, y también futbolistas colombianos aquí han hecho historia con los bosteros de Boca y las gallinas de River. A propósito, fue Restrepo quien me regaló un libro de Félix Luna, “Historia de los argentinos”, que fue decisivo para consolidar mis afectos gauchos.

De manera que al partir, siempre he tenido la convicción de que volveré y así ha sido desde entonces una vez por año, en promedio. Siempre ha habido motivos. La vida me los ha presentado y yo, feliz, no los he rechazado. Buenos Aires tiene su seductor encanto: da gusto caminar largas horas por sus calles y avenidas construidas amplias y sin mezquindad, con andenes parejos y uniformes, con las mismas baldosas por doquier: Corrientes hasta encontrar “348, segundo piso ascensor”; Córdoba, Santafé, Callao, Florida o Costanera… y parar, mirar cada 100 metros hacia arriba y encantarse con esos viejos pero bien mantenidos edificios de los años 20, 30 del siglo pasado, con su derroche de buen gusto arquitectónico en sus fachadas, puertas gigantes y enormes ventanales, torres y cúpulas que los convierten en auténticos palacios. Pero también barrios y sectores: San Telmo, La Boca con su Caminito, Puerto Madero moderno y pujante, Chacarita, Flores o San Isidro. Eso, en capital, porque las provincias también tienen su encanto: Córdoba y sus estancias, Mendoza y sus vinos, Puerto Iguazú y sus cataratas, Posadas y el Paraná, Misiones y las Reducciones, Ushuaia y el Calafate, Bariloche con su chocolate en rama, el Tronador y sus lagos; el delta del Tigre y el viaje en catamarán por el Río de la Plata.

No es hora de complejos, pero Buenos Aires tiene metro, o Subte, como aquí le dicen, desde 1913 y no una línea o dos sino seis. No tiene un estadio, tiene una docena (cada club con el suyo). Dos aeropuertos (Ezeiza y Aeroparque). Las calles, todas señalizadas, bien pavimentadas y sin huecos. La cultura ciudadana da gusto: ni los autos se te tiran encima, ni los peatones a los autos, ante todo respeto. La ciudad es bastante limpia y su gente la cuida. Hay pobreza creciente dados los altibajos de su economía, por cierto, la más inestable de la región, pero así como se deprime, así se recupera. Hay cultura y educación y en ellas se invierte: las librerías y las bibliotecas, los colegios y las escuelas, las universidades públicas y privadas, los teatros, la música en shows o conciertos ofrecen un panorama esperanzador.

¿Como olvidar un buen asado en Siga la Vaca con sus chinchulines, morcilla y chorizo, matambre, costilla y colita de cuadril, acompañado de un buen malbec? ¿O un choripan con una Quilmes? ¿Y cerrar con un buen helado de frutilla o una porción de dulce de leche? ¡Ay, mi querida Argentina! En modesto lunfardo, espero que los políticos y los chorros no te hagan un quilombo y se afanen tus dineros, que haya guita para todos, y que tus bellas minas sigan tan hermosas como siempre. Finalmente, una palabra de gratitud para mis amigos de estas tierras, jesuitas y laicos, a quienes llevo en el corazón por ser siempre tan especiales. “Mi Buenos Aires querido, ¿cuándo yo te vuelvo a ver?”.

martes, 16 de julio de 2019

De cara al porvenir: asuntos varios


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad, en información reciente sobre el mundo, el 75% de la superficie cultivable del planeta está alterada. El 66% de los sistemas marinos sufre impactos acumulativos, y el 85% de la superficie mundial de humedales ha desaparecido. La mitad de los arrecifes coralinos ha desaparecido en los últimos 100 años. Entre 2010 y 2015 se perdieron 32 millones de hectáreas de bosques primarios en ecosistemas tropicales biodiversos. Desde 1970 la producción agrícola, la pesca y la deforestación han aumentado y el aporte de la biósfera para mantener esa producción en el futuro ha disminuido, lo cual implica que no es sostenible. Estos resultados están relacionados directamente con el crecimiento de la población y la expansión de la economía mundial.

El problema de la escasez de agua y de alimentos se nos vino encima. Recordemos que Colombia posee el 57% de la extensión mundial de páramos que son las fábricas de agua, y que  en este momento existe una disputa legal entre los que queremos preservar dicho patrimonio y quienes consideran necesario realizar las explotaciones mineras vinculadas con esas zonas. De manera semejante, Colombia posee 40 millones de hectáreas cultivables mal utilizadas, puesto que importamos un poco más del 50% de los alimentos que consumimos regularmente.

El resultado del censo nos habla de una población de 48.3 millones de habitantes, cifra inferior a las estimaciones preliminares. ¡Enhorabuena!

Pasó sin pena ni gloria, tal como nos tiene acostumbrados, el período de sesiones del Congreso Nacional. ¡Otro año perdido!

A pesar de la buena presentación de Colombia en el reciente campeonato de la Copa América y tal como se los reprochamos en su momento al profesor Pekerman por haber sido tan timoratos contra Inglaterra en el último Mundial, donde no salimos a ganar, lo mismo debemos advertirle hoy al profesor Queiroz, por la forma también timorata y por qué no miedosa, como salimos a jugar contra Chile. Si no aprendemos a reconocer y a actuar en consecuencia, de que hay partidos que hay que salir a ganar o a ganar, pues seguiremos, entonces, siendo unos eternos segundones.

Dentro de los programas de ornato y mejora del espacio público en lo referente a andenes que adelanta la Administración Municipal, se debe resaltar la necesidad, para complementar el trabajo y mejorar en términos de visibilidad las funciones de los conductores, el limpiar o el despejar ciertos cruces en esquinas donde la maleza, los montículos o la basura impiden anticipar el paso de otros vehículos. Una acción acertada es la que se acaba de realizar en el cruce de la Transversal Superior con la Avenida las Palmas, justo sobre el parqueadero trasero del Restaurante Hatoviejo ¡Felicidades!

Vuelven las grandes congestiones vehiculares con el reinicio de la jornada escolar. Es evidente que esta es una de las variables que con prioridad deben tenerse en cuenta para plantear e implementar estrategias contra la congestión vehicular, partiendo del apoyo ciudadano. No tiene presentación que exista una gran cantidad de vehículos privados llevando o recogiendo del colegio a un solo niño, con la congestión que generan mientras se desplazan, más la congestión que generan cuando se parquean para que se bajen o para recogerlos ¡Pilas pues!

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Medellín sigue recibiendo reconocimientos internacionales en diferentes frentes, lo cual nos compromete aún más en el esfuerzo continuado por mejorar las condiciones de vida de todos los medellinenses.

NOTA: Nefasta, bajo cualquier punto de vista, la enredada presencia y la complicada actuación del señor Santrich. Es lamentable que un solo individuo ponga en jaque el esfuerzo descomunal de un proceso de paz y que dé argumentos a sus enemigos para aprovechar y arreciar sus críticas.

martes, 25 de junio de 2019

De cara al porvenir: aire fresco


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Yo no sé si “el man será Germán” o sí efectivamente “Betty es la más fea”, pero lo que sí siento y percibo, sin ser un televidente consumado, es que al menos en este momento coyuntural, uno prende la televisión en horario nocturno y puede verse que en uno de los grandes canales nacionales no están dando películas ni telenovelas alrededor de la historia y de los personajes del narcotráfico en nuestro país. ¡Bravo! Ojalá el “rating” sea generoso y demuestre que con producciones livianas que hacen reír o al menos sonreír, se logra estimular una catarsis colectiva, en medio de un país cuya realidad cotidiana es francamente nociva y tóxica también en el hoy, realidad que no merece la pena ni siquiera ser seguida a través de los noticieros.

Una cosa es que el fútbol sea hoy complemento del “opio del pueblo”, masificado cada vez más con torneos y transmisiones permanentes, y otra es que, con creatividad, podamos emplear los medios de comunicación para entretener, educar, informar, hacer reír, esperanzar, analizar y colaborar en la construcción de una base social al menos respetuosa y tolerante.

Efecto de la globalización, también son las modas en temas y formatos de programas que, sobretodo, la televisión, replica y reproduce a lo largo y ancho del planeta. Siendo respetuoso con los gustos de cada quien, pues cada persona se entretiene a su manera, ya sea durmiendo, haciendo deporte, rascándose las glándulas, viendo televisión, comiendo mocos, o viendo realities, entre otros variados conjuntos de posibilidades.

El producto reality está desgastado y no genera mayor atracción. Se anuncia inicialmente como una competencia y termina siendo una gran cocina donde las intimidades de todos con todos parecieran ser la razón del ser del programa. ¡Guácala!

Cada época trae su afán, pero ya en Colombia no vemos personajes de la talla de Gloria Valencia, Pacheco, J. Mario Valencia, Alfonso Lizarazo, entre los grandes presentadores y Antonio Panesso Robledo, José de Recasens, Alberto Dangond Uribe, entre algunos pocos, como divulgadores de la ciencia la cultura y el arte.

Hace ya 24 años la Corte Constitucional legalizó el uso de la dosis mínima. Como este país es un país cangrejo, que avanza un paso y retrocede tres, un país retrógrado con mentalidad del paleozoico y cerebro de protozoario (con el perdón de los protozoarios), hoy, casi un cuarto de siglo después, tuvo la Corte Constitucional que volver a pronunciarse a favor de lo ya aprobado, pero las mentes retardatarias aprovechan para alborotar el avispero como si fuera cosa novedosa. Definitivamente Colombia puede ser vista como el reality más ridículo de todos.

Nos encanta desgastarnos con temas ya superados. Obviamente la gran mayoría de nuestros jóvenes, por no haber tenido la oportunidad de estudiar historia por las decisiones estúpidas de nuestros gobernantes, no saben lo que quiere decir tener “una discusión Bizantina”, lo cual es lamentable. Lo malo es que los adultos, que en teoría sí estudiaron historia, o no fueron a clase, o no entendieron, o no les importa.

A principios del presente siglo el Puerto de Tribugá era considerado como estratégico y viable ambiental, comercial y económicamente. Ahora resulta que no lo es. ¿En qué quedamos?

Al sartal de estupideces recientes agreguemos la autorización para la explotación minera en Salento y dizque la solicitud de una nueva comisión de expertos para evaluar la alternativa del uso del fracking. Siendo coherentes, pronto nombraremos una nueva comisión para evaluar la factibilidad del Metro de Bogotá, otra para estudiar si el glifosato es perjudicial para los humanos, otra para evaluar los perjuicios para la salud del asbesto, y por último, una comisión con apoyo internacional para investigar a profundidad si el agua moja.

Pobre nuestra exuberante y riquísima Colombia, tan mal querida y tan mal gobernada.

NOTA: Ojalá los precandidatos a la Alcaldía continúen con los esfuerzos de la actual administración para mejorar el espacio público, continúen con la recuperación de aceras y separadores, aumenten el número de bahías donde sea posible y sean generosos con la señalización en el pavimento y a nivel general.

viernes, 14 de junio de 2019

El fútbol y sus lecciones


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Terminó el campeonato local y nos aprestamos a la Copa América. No hubo mucho tiempo de tregua en esa pasión que congrega a cientos de miles, millones, de qué llamar: ¿espectadores?, ¿hinchas?, ¿fanaticada? ¡Todo eso! Puede ser en la calle del barrio, en una modesta e improvisada cancha, o puede ser en un estadio monumental. En cualquier caso, hay que sudar la camiseta, hay afán de ganar, por eso las ganas, los sufridos amores, las sorpresas inesperadas, las decepciones, la dificultad de ser objetivos, los que nunca han sido técnicos, pero saben muy bien lo que hay que hacer… el fútbol es vida, es un fiel y aleccionador retrato de la vida.

Mi equipo, el rey de Copas, viene viviendo de la renta. Se ha adormilado en sus laureles, se ha comido el cuento de que es el mejor y desde hace rato se me asimila a un electrocardiograma: con subidas y bajadas, gana con tenacidad los partidos más complicados y pierde los fáciles. Por suerte regresa el técnico con el que ha ganado más copas, porque los tres últimos figurones no han podido.

El equipo que ganó todo durante el semestre, el primero de la tabla, el cantado campeón, subió como palma y cayó como coco. Aguó su fiesta y en la puerta del horno se le quemó el pan. ¿Se le acabó la gasolina o le pasó lo de la liebre con la tortuga? Para sorpresa de todos, quedó tirado en la recta final.

En la final, final apoyamos a los cuyigans y vimos en pocos minutos la misma película que acabamos de describir: de la gloria a la tragedia. Porque cuando se está arriba, así sea temporalmente, hay que ser humildes. Pero la soberbia pudo más y en un pestañeo se retornó al abismo. Ese postrer gol hizo renacer la esperanza. Se logró aprovechando un descuido del defensa que nunca debió descuidarse (¿vieron la cara de amargura del pobre muchacho que estuvo a punto de ver morir a su tiburón?). Todo iba parejo en los tiros desde el punto penal, hasta que el viejo zorro del arquero desestabiliza emocionalmente, en el momento crucial, al fugaz héroe de la noche, quien convencido de que como él no hay otro, lo manda callar y es quien termina mudo para siempre al ver como su balón va a parar a los cuernos de la luna.

Al técnico ganador que como jugador ganó su primera estrella y como técnico lleva tres, le han prometido en Curramba la bella, que le van a hacer una estatua. Creo que se la merece, pero no tengo claro si por todas estas conquistadas estrellas obtenidas a última hora o si porque los Char lo han hecho ver estrellas en ocho oportunidades que lo han sacado echado por la puerta de atrás y cuando los escualos están a punto de naufragar vuelven a llamar al viejo lobo de mar. No he podido entender ese jueguito.

Y en las canchas, por aquí y por allá, vimos de todo. Al mediocre parado que se gana el sueldo sin sudar la camiseta, un verdadero petardo en tres velocidades: lento, más lento y parado. Juega en el equipo de las estatuas pero podría ya jubilarse antes de los 30. También hemos visto al mañoso artista que no logró llegar a Hollywood pero que es merecedor candidato a un Oscar: ese que vive tirándose al suelo, retorciéndose de dolor, que si no hace echar al contrincante al menos lo hace premiar con amarilla y, de pronto, en un instante, cuál Lázaro resucitado, se levanta sano y sonriente. Descarado. Por ahí mismo andan el que le gusta colgarse de las camisetas de sus contrarios, pega el codazo o el puntapié cuando nadie lo ve (solo los millones de televidentes) y el marcador que contratan para dar pata ventiada y lesionar “accidentalmente” a los otros.

Estamos ad-portas de la Copa América. Se supone que con tantos años de aprendizaje hemos aprovechado todas esas lecciones. Se supone. Vamos a ver. Con Queiroz nos está yendo bien. Llegamos como uno de los favoritos, pero eso no garantiza nada en tanto no se muestren resultados. No hay rivales pequeños y tampoco equipos chicos. La vida te da sorpresas y no hay que confiarse demasiado. El fútbol es un reflejo de la vida. Lo que hemos visto y vivido nos deja enseñanzas que bien vale la pena aprovechar.