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jueves, 5 de febrero de 2026

Los nuevos "mejores amigos"

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

La reunión del martes 3 de febrero entre Petro y Trump no era, como se pensaba, con el fin de negociar, sino para rubricar los acuerdos "confidenciales" entre la Casa Blanca y la de Nariño, y notificar la normalización "a la venezolana" que nos espera.

La foto con Trump ("Es un gran honor") y la gorra de MAGA en la cabeza del visitante, no significan que ahora Petro haya dejado de ser un rufián ni que Trump esté reblandecido...

Lo que ha ocurrido, en realidad, es que el presidente de los EEUU ha logrado el manejo de nuestro subsuelo, donde abunda el coltán y quizás haya tantas tierras raras como oro e hidrocarburos, y el de acá conserva el poder político, cuyo ejercicio es indiferente para Washington, mientras aquí tengan un bastard, como consideraba Roosevelt a Somoza.

Nada, pues, más erróneo que pensar que Petro cumplirá con los buenos deseos de las ánimas candorosas, que creen que Trump lo ha domesticado y que los peligros para nuestra democracia son cosa del pasado, porque el deshonroso cambalache de esta semana enriquece a EE. UU., sin disminuir el riesgo mortal que nos amenaza.

Casi todos los colombianos creen que Petro, a partir de ayer, es dócil y manejable, y que no le hará pistola con los dedos de los pies al State Department, cuando llegue el momento crucial de las elecciones.

viernes, 9 de enero de 2026

Vene, una chica sexy

José Leonardo Rincón, SJ
José Leonardo Rincón, SJ

Nunca imaginó Américo Vespucio que la pequeña Venecia, con el correr de los siglos, por ser precisamente rica y hermosa, sería muy apetecida, no para admirar sus bellos encantos sino para sonsacarle todos sus haberes. Así lo ha confirmado la historia.

La ilusa Vene (así la llamaremos cariñosamente) cayó rendida ante amantes que le prometieron horizontes mejores, pero una y otra vez fue engañada y decepcionada. Los lobos vestidos de oveja le susurraban al oído discursos hermosos que a la postre siempre resultaron cuentos engañosos. La semana pasada sufrió el último de sus trágicos amoríos.

Cuando todos creíamos que el Tío Sam, alto y delgado, de cabellos rubios y ojos azules, en el barrio reconocido como seductor de chicas incautas, estaba preocupado por verla tan deteriorada después de su última relación nada madura, iba a correr presto a liberarla de tan infame consorte y le restauraría la dignidad perdida que hizo que muchos de sus hijos la abandonaran aspirando escenarios mejores, no. No hubo tal. Sam no vino a su rescate. Descaradamente le dijo que venía por sus riquezas y que si deseaba estar bien tendría que someterse a sus órdenes. Vene prorrumpió en llanto. No podía creer que la ilusión alimentada por años fuese un nuevo engaño de fugaz factura y efímera alegría.

Sus últimos parejos la habían obligado a hacerle mala cara a Sam, el vecino poderoso y capitalista insensible, para sonreírle tiernamente al oso siberiano, el viejo persa y el mandarín imperial, enemigos tradicionales de Sam. La cuba de la pandilla de sus vecinos le dijo que le daría salud, educación y protección. En realidad, a nadie le interesaba Vene como persona, sus ojos brillaban de codicia y a lo largo de décadas, con múltiples pretextos, le extrajeron sus bienes.

Vene y los amigos que la queremos por ser una buena vecina del barrio, estamos desalentados por no decir desconcertados. También fuimos ingenuos. Creímos que había llegado su liberación. Nunca imaginamos que Sam actuara así. Lo que sí nos quedó claro es que “por la plata baila el perro” y que los sexy-atributos económicos que tiene nuestra chica, hace que los otros la valoren no por lo que es sino por lo que tiene. “¡Amiga cuánto tienes, cuánto vales, principio de la actual filosofía!” ¡Qué tristeza tener que reconocerlo!

Esta historia de nuestra “veci”, nos deja lecciones tan serias como preocupantes. No es fácil encontrar relaciones sanas y desinteresadas. Siempre hay creados intereses de por medio: ya por tus atributos físicos, por las riquezas que tienes, por el poder que manejas, por los contactos que tienes, por tu forma de ser…. Pidamos a Dios por Vene pues se merece una suerte mucho mejor.

martes, 6 de enero de 2026

Se le abre una gran oportunidad a Colombia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Hoy a Colombia, ante la caída de Maduro, se le abre una gran oportunidad de trabajar con los Estados Unidos en la recuperación de la democracia venezolana y con ello volver al sendero del desarrollo. Tenemos un gran país lleno de agua que es vida, de minerales y lo más importante de gente buena y trabajadora, con una localización estratégica que tiene que servir para muchas más cosas que para cultivar, producir y exportar vicio.

“¿Qué clase de hombre es el que no lucha por un mundo mejor?”. “Es lo que decidimos hacer cada día, lo que nos hace hombres, o no”, y lo único que realmente cuenta son los hechos, así que “por sus frutos los conoceréis”, y este año se sabrá en Colombia quiénes están del lado del bien y quiénes del mal.

No es solo asunto de votar en una elección. El empresariado tiene el poder económico del sistema de libertades, somos todos los que pagamos el funcionamiento del Estado quienes tenemos la obligación de exigir y dar la batalla por la libertad, y no salir de huida como pasó en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde no les robaron el país, ellos mismos lo entregaron y permitieron que el Socialismo del Siglo XXI aniquilara la institucionalidad democrática y las esperanzas de un pueblo indefenso y laborioso que aún no cae en la trampa del odio de clases y el resentimiento social.

Todo en la vida tiene un costo y si queremos una nación con un propósito, quienes producimos valor agregado y generamos oportunidades, no podemos seguir manteniendo incondicionalmente a quienes se valen de la mediocridad, la hipocresía, la cobardía, el individualismo y la mentira al obrar, para llegar al poder y hacer solo lo que les da la gana.

De forma vehemente salen los progresistas a defender las premisas del derecho internacional cuando sacan de las mechas a un dictador, sea cual sea su ideología. Pero hay que ver lo cobardes que son para protestar contra las acciones violentas y los crímenes de lesa humanidad de las organizaciones criminales terroristas y narcotraficantes que sostienen las dictaduras disfrazadas de democracias en la región, y para criticar los sistemas totalitarios comunistas que tanta pobreza y tantas muertes han causado.

La ideología es un instrumento de engaño propio del populismo y de la social bacanería para acomodar argumentos según conveniencia. Ahora que no saquen pecho los políticos alcahuetas y ladrones que han ignorado al pueblo que gritó: “fuera Petro” y no han hecho nada para evitar la autocracia que está destruyendo el Estado de derecho.

Los principios y la ética de trabajo deben ser inamovibles, deben permitir los debates de ideas, pero dentro de la legalidad y si todos los actores la acatan, no cuando un bando se vale de la ilegalidad para operar y la normaliza o cuando se soporta en el terrorismo para lograr objetivos políticos y mantener el poder. Ahí es donde se rompe todo el discurso conciliatorio, de paz, de entendimiento y tolerancia y se descubre una infinita hipocresía; razón por la cual en la vida hay cosas que se pueden arreglar a las buenas, pero hay otras que se solo se pueden arreglar a las malas.

El desarrollo que experimentó el país del 2002 al 2010 fue producto del trabajo de toda Colombia liderada por Uribe trabajando por un propósito común verdaderamente democrático como reacción a los estragos de la violencia, pero luego permitimos que la ambición de poder, fama y dinero descarrilara la legalidad y desde entonces ni los políticos ni los gremios fueron capaces de devolver al país al sendero de la seguridad.

Ser bueno no es garantía de valor ante la adversidad, hoy las circunstancias demandan determinación para superar el miedo en que se encubren la comodidad y la cobardía. Si queremos una democracia moderna que nos lleve a gozar del infinito potencial que tiene Colombia, es el sector privado el que con audacia debe ponerle la agenda de desarrollo a los políticos, y dejar de pensar que quien recibe un mandato popular puede estar por encima de la ley y convertir a los criminales en ciudadanos de mejor derecho.

Se le abre a Colombia una gran oportunidad, no la dejemos pasar de largo, hay que actuar.

viernes, 10 de octubre de 2025

Estados Unidos, un imperio en decadencia

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Vladimir Gessen, politólogo y periodista venezolano, acaba de publicar en El Nacional de Caracas un interesante artículo donde analiza las causas de la decadencia del imperio norteamericano, situación ésta que marcará la geopolítica mundial durante el presente siglo[1]. A continuación, me propongo analizar aspectos del referido artículo de Gessen.

Desde el final de la Gran Depresión de los años treinta y la II Guerra Mundial, Estados Unidos no sólo emergió como potencia vencedora, sino como el eje del nuevo orden mundial. Con una economía en expansión, una gran capacidad militar y una estructura de valores basada en democracia y libre mercado, el país del norte se convirtió en el líder del mundo libre, frente al bloque soviético. Tras la caída del Muro de Berlín y el colapso de la URSS en la década de los 80 del siglo pasado, la hegemonía global estadounidense se consolidó.

En la actualidad Estados Unidos tiene un poder militar global sin precedentes. Posee más de 750 bases militares en 80 países, con presencia en todos los continentes. Su influencia económica y financiera es mundial. El dólar estadounidense es la principal moneda universal. La Reserva Federal y Wall Street influyen de forma determinante en los mercados globales. Las más grandes empresas multinacionales son estadounidenses. Su fortaleza cultural y tecnológica es definitiva y el estilo de vida estadounidense –The American Way of Life– se impuso globalmente. El dominio institucional y diplomático le permitió a Estados Unidos fundar la ONU, el FMI, el Banco Mundial, y la OTAN. Interviene política y militarmente en los países europeos, así como en Vietnam, Laos, Camboya, el Medio Oriente, Irak, Afganistán, Yemen, así como en varios países de Latinoamérica y África.

Por más de 75 años Estados Unidos ha ejercido un liderazgo global basado en una hegemonía consensuada. Es decir, su poder ha sido aceptado –y en muchos casos solicitado– por otras naciones debido a su prestigio, influencia, protección o capacidad inversora. Pero, por otro lado, ha sido cuestionado y resistido por quienes lo ven como un nuevo tipo de dominio a través de normas, instituciones, cultura y poder económico. Algunos lo llaman “imperio liberal”, otros “imperio de consentimiento”, o incluso “imperio hegemónico”. Como sea, ejerce una forma moderna de poder imperial y la historia dirá si logra mantenerse como tal, o si, como todos los imperios antes que él, comenzará una paulatina decadencia. Hoy, frente a las profundas transformaciones del siglo XXI, cabe preguntarse si estamos presenciando el inicio del declive del imperio norteamericano.

En los últimos años Estados Unidos ha estado enfrentando una serie de crisis interconectadas que han debilitado su poderosa estructura económica y social. El aumento de la pobreza, la epidemia de opioides, el colapso del sistema de salud pública, la violencia interna y el masivo endeudamiento, han significado que el país viva una etapa de creciente desigualdad y descontento social, el sustrato que explica el surgimiento de la actual polarización política e ideológico-cultural. Trump es un emergente de esa frustración y descontento y, paradójicamente, puede acentuar todos los problemas que atraviesa el tejido social estadounidense, que muestra indicadores más propios de un país en desarrollo que de una gran potencia.

El presente siglo ha traído nuevas dinámicas. La globalización, los avances tecnológicos, la revolución digital, el ascenso de Asia y las tensiones internas dentro de las democracias occidentales han transformado profundamente el tablero geopolítico. Ante este panorama, surgen interrogantes legítimos: ¿Está Estados Unidos en decadencia? ¿Será desplazado por potencias emergentes como China, India o incluso Brasil? ¿O será capaz de reinventarse, como lo ha hecho en el pasado, y reafirmar su liderazgo global?

A primera vista, los indicadores invitan a la cautela. Aunque Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo, China lo ha alcanzado en paridad de poder adquisitivo, y se proyecta que lo superará en PIB nominal antes de 2030. Y para 2049, centenario de la fundación de la República Popular China, aspira a ser la primera potencia mundial.

La polarización en EE. UU., preludio de su decadencia como potencia mundial

Durante décadas, la fortaleza institucional y política de los Estados Unidos no ha descansado únicamente en su poderío económico, militar o tecnológico, sino en su capacidad de alcanzar acuerdos bajo un sistema bipartidista funcional. Demócratas y republicanos, aun con diferencias ideológicas, habían sabido coincidir históricamente en asuntos fundamentales como la defensa de la Constitución, la política exterior, la economía de mercado y los valores cívicos compartidos. Esta cultura del consenso permitió el crecimiento sostenido del país y su consolidación como potencia global, tras la II Guerra Mundial.

Sin embargo, esta dinámica comenzó a erosionarse de forma acelerada tras la elección en 2008 de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. A partir de ese momento, ambos partidos comenzaron a radicalizarse y a distanciarse del centro político y social. El discurso político se endureció, los acuerdos se convirtieron en traiciones para las bases más ideologizadas, y el Congreso se transformó en un campo de batalla permanente. El poder judicial, históricamente visto como un árbitro imparcial, ha sido arrastrado al torbellino de la politización. Hoy, las decisiones de la Corte Suprema son interpretadas según la afiliación de sus jueces, y no por su apego al derecho.

Más preocupante aún es el efecto de esta polarización en la sociedad estadounidense. Ya no se trata de debates sobre políticas públicas, sino de narrativas antagónicas sobre la legitimidad del adversario político. Se acusa al otro no de estar equivocado, sino de ser inmoral, corrupto, traidor o incluso criminal. Cuando ambos bandos lanzan estas acusaciones con igual vehemencia, el ciudadano común –el soberano en una democracia– termina creyendo que todos son culpables. Este es, históricamente, uno de los síntomas de decadencia de los grandes imperios: la pérdida de fe en las instituciones, en la unidad nacional, y en la posibilidad de diálogo.

Los imperios no colapsan en un día

La larga agonía del imperio romano comenzó cuando el consenso político se fracturó, y las facciones comenzaron a disputarse el poder como enemigos irreconciliables. El imperio español, el británico, incluso el soviético, mostraron patrones similares: cuando las élites dejaron de dialogar y comenzaron a destruirse mutuamente, el declive fue inevitable.

Estados Unidos aún tiene los recursos y la vitalidad para evitar ese destino. Pero para lograrlo, sus líderes y ciudadanos deben reencontrarse con el espíritu que fundó esa gran nación, la cuna de la democracia liberal: la convivencia entre opuestos, el respeto mutuo, así como la construcción de acuerdos en el centro. Si esto no ocurre, la historia podría repetir su curso y seremos testigos no del colapso inmediato, sino del lento pero profundo desgaste del experimento democrático más influyente del mundo hasta el presente.

P.S. La era Trump ha significado, entre otros, conflictos por imposición de aranceles de EE. UU a sus aliados tradicionales, lo que le puede agravar el proceso decadente. La reciente desertificación a Colombia por sus ejecuciones en la lucha contra el cultivo y tráfico de drogas ilícitas, sólo se entiende en el contexto de la política maniquea, que está imponiendo el presidente Trump en su política antidrogas: los malos son los otros, en nuestro caso desconociendo los ingentes esfuerzos de nuestras fuerzas armadas y las innumerables víctimas que ha puesto Colombia en esta larga y dolorosa guerra contra los grupos criminales vinculados al negocio de las drogas ilícitas.

jueves, 6 de marzo de 2025

De cara al porvenir: para bailar se necesitan dos

Pedro Juan González Carvajal

En un mundo cada vez más intolerante, aunque de dientes para afuera se hable de equidad, de inclusión y de democracia –lo cual contrastado con la realidad pues simplemente no se ve–, los ánimos se encuentran cada vez más exacerbados y quienes ejercen la autoridad temporal, suben permanentemente el tono de sus voces y cada vez se alejan más de la argumentación y recurren a la descalificación del otro o simplemente a la amenaza.

En lo interpersonal, las buenas maneras y el decoro hacen parte de una vida social civilizada. En un plano superior, el Derecho Internacional y la Diplomacia son las herramientas que permiten una coexistencia al menos pacífica entre los pueblos.

Sin embargo, el ejercicio de la autoridad finalmente recae en personas de carne y hueso que tienen su particular nivel de educación, su personalidad, su carácter, su temperamento y su capacidad de emplear la empatía a partir del conocimiento y el respeto interpersonal, en suma, de su buena o mala educación.

Es válido que uno no le caiga bien a todo el mundo y que no todas las personas me tengan que caer bien a mí. Pero ahí es donde está la ciencia, saber entablar diálogos inteligentes y desapasionados con la contraparte, sea cual sea su postura, sobre todo cuando estoy en representación de otros y debo actuar y comportarme responsablemente.

Para bailar, se necesitan dos. Para pelear, se necesitan dos. Para entablar un diálogo productivo, se necesitan dos. Para conversar se necesitan dos.

Es por ello por lo que tenemos que hacer los esfuerzos que sean necesarios para que sea por los canales del diálogo franco y abierto que se pueda tratar de resolver los problemas.

Otras posturas llevarán a la polarización, a la división, a la confrontación, a la coacción, al chantaje, al irrespeto del otro y al triunfo de la ley del más fuerte, como es el caso de los animales de pradera.

Mi formación profesional es de fundamentación técnica, pero eso no quiere decir que me deje embelesar por las crestas de olas tecnológicas, ni mucho menos de sufrir de una tecnofobia anacrónica.

En lo que sí estoy absolutamente en desacuerdo es que se empleen las redes sociales o se conjugue el infinitivo del nuevo verbo twitear para tomar decisiones en vivo y en caliente por parte de altos funcionarios públicos o altos ejecutivos empresariales, sin medir las consecuencias de corto, mediano y largo plazo, de lo que allí se expresa.

Lo escrito, escrito queda y el argumento pueblerino de la descontextualización de los contenidos o de lo que se quiso decir era otra cosa, entra definitivamente en un limbo lleno de justificaciones, contradicciones y excusas.

Definitivamente no me gusta que se ejerza el poder y nos manden por redes sociales o que se tomen decisiones que nos afecten por redes sociales.

Puede ser que ya me estén comenzando a pesar los años, pero siento una gran desazón ante la carencia de verdaderos líderes socio políticos, la ausencia y falta de compromiso de verdaderos filósofos, la ausencia de verdaderos guías espirituales que nos toquen desde pequeños como lo son los padres de familia, los maestros, los jueces, los policías, los sacerdotes, los alcaldes, los gobernadores y los presidentes, que ante todo deben servir de guías y de referentes para que con su ejemplo todos nos sintamos motivados a actuar de manera correcta.

Sin un faro claro y diáfano, pues seguiremos viendo pasar los días, consumiendo cosas y ensuciando el planeta, y finalmente, cuando llegue el anochecer definitivo, veremos que de pronto no hemos vivido y simplemente hemos dilapidado una única y exclusiva posibilidad de hacer parte del milagro de la creación.

Mientras tanto, retomando a Salinger, diremos: “Leeré mis libros, tomaré café, escucharé música y cerraré la puerta”.

Nota 1: muy en sintonía con lo expresado en el artículo anterior, “A negociar con el imperio”, se encuentra el reciente estudio publicado por Fedesarrollo titulado “Propuesta para el desarrollo de la Orinoquía colombiana”, el cual recomiendo ampliamente.

Nota 2: ha llegado el invierno y con él sus cosas buenas y sus cosas malas. Recuerdo aquel dicho popular que habla de que Valle es Valle y lo demás es Loma, al cual se replica con Loma es Loma y lo demás se inunda.

martes, 4 de marzo de 2025

De cara al porvenir: otros elementos para negociar con el imperio

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Dándole continuidad a lo expresado en el artículo anterior, a negociar con el imperio, me permito poner en consideración algunas acciones o estrategias que podríamos hacer, teniendo en cuenta un antecedente que no se nos puede pasar por alto: el presidente Trump es ante todo un negociante, un empresario y como tal actúa.

Mi muy dilecto amigo el doctor Jorge Alberto Velásquez llama la atención sobre un libro escrito a principios de los noventa por Donald Trump y el periodista Tony Schwartz titulado como El arte del trato”, donde expone sin ambages ni posturas melifluas cuál es su estrategia de negociación en 5 pasos, así:

1. Negociar.

2. Amenazar.

3. Negociar.

4. Sacar ventaja.

5. Ver que se puede conseguir.

Cómo dicen ahora algunos maleducados, ¿qué de lo anterior no le ha quedado claro?

Esta postura categórica se parece un poco a la estrategia de negociación paisa cuando decimos:

1. ¿Cuánto vale?

2. ¿Por qué tan caro?

3. Le ofrezco la mitad.

Cada quien opina del baile de acuerdo a cómo le fue en él.

Como elementos de negociación adicional, podríamos tener los siguientes:

Colombia posee un gran potencial energético con reservas de petróleo, gas natural, carbón, uranio y algunos minerales raros como el coltán en el Guainía.

Además, poseemos oro, platino y esmeraldas.

Colombia, con Chocó y Amazonas, participa en 2 de los 5 pulmones naturales del mundo.

Colombia tiene la octava extensión de corales del mundo, que son las selvas submarinas.

Colombia es potencia hídrica con un poco más de 4.000 microcuencas, 1.200 ríos, 1.600 lagos y 1.900 ciénagas.

Colombia posee el 57 % de la superficie mundial de Páramos que son las fábricas naturales de agua.

La Mojana es una de las 5 regiones más fértiles del planeta según la FAO.

Gracias a su enorme biodiversidad Colombia puede seguir aportando semillas al Depósito Mundial de SVALBARD en Noruega.

“En biodiversidad, Colombia posee la mayor concentración de especies por unidad de área en el mundo, lo que representa un banco de material genético que le permite participar con solvencia en un mercado en el que pocos países tienen posibilidades de competir. Es grande el potencial del país para avanzar en desarrollos biotecnológicos, en la producción de medicamentos de origen vegetal y en innovaciones agrícolas y pecuarias, entre otras. Se cuenta con condiciones físicas que, sumadas a la localización geográfica, posibilitan convertir una gran variedad de productos y servicios que representan ventajas comparativas, en altamente competitivos dentro de un contexto global en el que es posible prever el incremento en la demanda de bienes tropicales”.

En el aspecto turístico, siempre y cuando sepamos obtener la tan anhelada paz y con una legislación apropiada, podremos llegar a convertirnos en una verdadera potencia:

“Si usted quiere conocer el Caribe vaya a Cuba o República Dominicana.

Si quiere conocer el Océano Pacífico, vaya a Chile.

Si quiere conocer la Cordillera de Los Andes, vaya a Ecuador.

Si quiere conocer la selva amazónica, vaya a Brasil.

Si quiere conocer las culturas precolombinas, vaya a México o Perú.

Pero si quiere conocer todas estas cosas reunidas, vaya a Colombia”.

En cuanto al potencial hidroeléctrico, una de las formas más limpias de producir energía, las cifras son asombrosas:

Por último, siempre y cuando nuestro mal llamado sistema educativo nos ofrezca como uno de sus productos una adecuada conciencia geográfica e histórica, podremos entonces decir que tenemos una ciudadanía que sabe y puede valorar su territorio:

Colombia cuenta con ventajas comparativas geopolíticas de orden mundial

* Geocentro de la gran cuenca oceánica mundial.

* País bisagra de los grupos de integración.

* Vértice de la cuenca latina del gran Caribe.

* Vértice de la gran cuenca ecológica mundial.

* Dos de cinco pulmones del mundo.

* Primer lugar en variedad de ecosistemas.

* Vértice de la mayor cuenca de energía primaria del mundo.

* Posee la única cordillera intertropical del mundo (Potencia recursos hídricos).

* País esquina de la cuenca del gran Caribe (Golfo de México, Mar Caribe y Mar de las Antillas).

* Cuenca con vastas extensiones de aguas jurisdiccionales (mar económico) en los litorales Caribe y Pacífico.

Como lo ven, nos sobran recursos, pero nos falta educación, ciudadanía y líderes idóneos y probos.

martes, 25 de febrero de 2025

De cara al porvenir: a negociar con el imperio

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Un imperio es una nación que controla muchos territorios y está gobernada por una única figura de autoridad. Estas figuras suelen tener títulos como rey y reina o emperador y emperatriz. Algunos de los imperios más poderosos y conocidos fueron el Imperio romano, el Imperio británico, el Imperio persa, el Imperio mongol y los califatos islámicos.

La soberanía nacional es el poder supremo que tiene un pueblo o nación para tomar decisiones sobre sus asuntos internos y externos. Este poder se ejerce a través de la constitución y de los representantes que el pueblo elige.

Los objetivos nacionales son las metas que establece un país para asegurar sus intereses nacionales. Son propósitos que deben ser tangibles y ajustarse a las condiciones nacionales e internacionales.

El statu quo, es una frase latina que significa el estado actual de las cosas, en particular en lo que respecta a cuestiones sociales, económicas, jurídicas, medioambientales, políticas, religiosas, científicas o militares.

Comienzo esta reflexión con la precisión de un cuarteto de conceptos que muchas veces son manejados o respaldados por la emoción, por la ignorancia o por la desinformación.

Emplear la denominación de imperio no es una manera despectiva de reconocer que alguien está ostentando el poder, sino una manera clara de llamar las cosas por su nombre.

La soberanía nacional –en términos reales– es la capacidad que tiene una nación, compuesta por una población asociada conscientemente y que está ubicada en un territorio, que ha propiciado la creación de un Estado para que ejerza el poder a través de los gobiernos y saque adelante los objetivos nacionales y ejerza con plena autonomía sus funciones, libre de injerencias externas o internas.

Es claro que para la comprensión completa de estos conceptos debe tenerse una adecuada conciencia geográfica e histórica para poder valorar en su verdadera dimensión las riquezas de nuestro territorio.

De igual manera ratifico que no soy un pronorteamericano confeso ni un vendepatria. Simplemente soy un convencido de que a grandes males grandes remedios y que definitivamente el cáncer no se cura con alcohol.

Hoy ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos, el imperio vigente, un presidente que tiene la intención de comportarse y de manejar a su país, como un imperio, ya que es cierto que Estados Unidos es el imperio vigente de manera temporal, como lo han sido todos los imperios en el mundo a través de los siglos.

Esto no debe ni mucho menos asustarnos ni acobardarnos. Es más, es útil que sea de manera directa que se presente el imperio ante el mundo como lo que verdaderamente es.

Ahora bien, ¿Cómo hacer para que un país débil y subdesarrollado como el nuestro coexista y negocie con el imperio, manteniendo su dignidad y asegurando beneficios para las partes?

La geopolítica, la geoeconomía y la geoestrategia tienen elementos que nos pueden ayudar a formular la estrategia que se requiere y que simplemente se reduce a conocer y reconocer qué de Colombia es de interés para los Estados Unidos y cómo ofrecerles la posibilidad de usufructuarlos o adquirirlos sin violentar la soberanía nacional y ayudando a desarrollar al país con bienestar para los habitantes.

Propósitos superiores como la soberanía alimentaria, la soberanía energética y la soberanía de movilidad en el territorio son asuntos claves si algún día pensamos en serio en poder salir del subdesarrollo, obviamente garantizando la seguridad interna y externa.

Paso a enunciar algunos “productos geoestratégicos” que Colombia le puede ofrecer a Estados Unidos sin caer obviamente en los simplismos y en las posiciones fariseas que tratan de impedir cualquier negociación sobre estos asuntos alegando atentados contra la soberanía nacional o más bien falsos nacionalismos recalcitrantes que impiden pensar en grande.

Eso sí, para negociar se requieren negociadores idóneos, agresivos y pulcros que sepan defender los intereses nacionales, que es lo que yo personalmente no veo.

Primero: ha dicho el presidente Trump que le preocupa la incidencia de China, su gran competidor global, en el manejo y administración del Canal de Panamá. Lo que hay que decirle al presidente Trump es que no piense en invadir a Panamá, pues eso se vería muy feo, el grande pegándole al chiquito, y que además el Canal de Panamá ya se quedó pequeño y su operación está en riesgo por la falta de agua para llenar las esclusas. Que más bien construyamos el canal interoceánico Atrato – Truandó a través de una concesión a los años o decenios que se negocien, cuidando el tema ambiental, pagándonos un porcentaje anual por el enclave construido, empleando mano de obra colombiana, permitiendo la incorporación de tecnología, y asegurando que ellos se encarguen de irradiar desarrollo a las comunidades impactadas por la mega obra.

Segundo: ya que China con seguridad acelerará la construcción del Canal de Nicaragua, debemos establecer, vía concesión, un peaje marítimo para los barcos que entren o salgan del futuro Canal de Nicaragua en San Andrés, ya que, por su proximidad a Nicaragua, está ubicada a todo el frente de la futura salida del Canal de Nicaragua al Atlántico. Obviamente habrá que buscar un mecanismo de negociación atractivo para las partes.

Tercero: siguiendo con el tema de Panamá y su Canal, cuya propiedad no es objeto de discusión, cuando se iba a construir el aeropuerto José María Córdova, una de las alternativas era construirlo en San Pedro de los Milagros, y se dice que Estados Unidos ofrecía construirlo siempre y cuando se le autorizara realizar operaciones militares aéreas por su proximidad al Canal de Panamá –de 5 minutos con las tecnologías de hace 35 años–. Hoy nos hacen falta muchos aeropuertos y la ampliación de segundas y terceras pistas, lo cual puede plantear una solución conjunta.

Cuarto: quiere el presidente Trump consolidar a los Estados Unidos como gigante tecnológico, y no es sino ver las imágenes de su posesión para reconocer en primera fila a 4 de los grandes magnates del mundo tecnológico de hoy. Las telecomunicaciones requieren condiciones propicias y nosotros somos uno de los pocos países que contamos con acceso a la órbita geoestacionaria, lo cual nos permitiría un intercambio razonable para su utilización y nuestro beneficio.

Quinto: Colombia posee la bahía natural más profunda del mundo, Bahía Cupica, propicia para el establecimiento de una base de submarinos. ¿No será de interés para los norteamericanos esta gran posibilidad?

Sexto: la mayoría de los países europeos y varios asiáticos han autorizado el emplazamiento de bases militares norteamericanas en su territorio, sin prejuicios ni posturas maniqueas con respecto al posible “ultraje” a sus respectivas soberanías nacionales.

Ya que el nuestro es un “estado fallido” en términos de asegurar el control del territorio y el monopolio de las armas, ¿por qué no autorizamos la instalación de 2 bases militares norteamericanas, una en el Cauca y otra en el Catatumbo?

Séptimo: ¿por qué no formular un macroproyecto de aparcería entregando en comodato extensiones de tierra apta en departamentos como el Vaupés, Vichada, Guainía, Caquetá, Meta, Casanare, Arauca y Guaviare para que se desarrolle la industria agropecuaria con mano de obra local e incorporación de tecnología de punta? ¿No hacemos eso todos los días a nivel local?

Octavo: Tenemos grandes obras de infraestructura que, por los caminos regulares, nunca van a desarrollarse: hablo del manejo de La Mojana, del Canal de El Dique, del dragado permanente de nuestros puertos, de la implementación de un verdadero sistema férreo, del establecimiento de un verdadero sistema vial y aeronáutico, de la construcción de al menos 2 puertos sobre el Pacífico –Tribugá con el túnel entre Ciudad Bolívar y Carmen de Atrato–, entre otros varios.

Noveno: una explotación racional de nuestra riqueza minera, de nuestro potencial pesquero, la protección de bosques y selvas, y el cuidado de nuestras fuentes hídricas, son otros proyectos que deben ser realizados.

Décimo: aquellos proyectos que nos ayuden a consolidar el nuestro de país visto desde las regiones, como por ejemplo el Túnel entre Ciudad Bolívar y Carmen de Atrato para tener salida al Pacífico, por supuesto, retomando el proyecto del Puerto de Tribugá.

Obviamente, cada una de estas propuestas debe ser negociada atendiendo sin excepciones ni consideraciones distintas, la conveniencia para el país y el progreso y bienestar de sus habitantes.

Estas propuestas pueden llegar a ser consideradas como poco ortodoxas por algunos, o como heréticas por otros, sobre todo aquellos miembros de la clase dirigente pública y privada que se han convertido en completos expertos en el mantenimiento del status quo, privilegiando la conservación de sus beneficios y la salvaguardia de sus intereses, a propugnar por un verdadero modelo de desarrollo para Colombia.

Siguen insistiendo y esperando que, haciendo más de lo mismo, se van a obtener resultados distintos o que no resolviendo los problemas mantendrán las condiciones vigentes, las cuales obviamente los benefician.

Como ejemplo, una ciudad como Medellín tiene un presupuesto anual cercano a los 6 billones de pesos, de modo que, de manera simple, cuenta con 25 billones de pesos en el período de gobierno, lo cual no deja de ser una cifra respetable.

La pregunta sería: ¿cuál problema se va a solucionar, a erradicar con esos recursos? La respuesta es simple: ninguno. Aquí somos expertos en manejar los problemas, no en resolverlos.

Sin embargo, hay que tener en claro que la negociación de los puntos anteriores también se puede dar con otros países, buscando siempre el beneficio real para Colombia. Ahí el problema es cómo mira el imperio la llegada a sus solares, de países que son competidores directos.

Además, es bueno recordar la amarga experiencia que nos sucedió con Panamá.

Recordemos a Séneca cuando dice: “No te enojes con los pendejos. No son malos, sólo están pendejos, –Inhala, exhala, piensa–, pobrecito está pendejo”.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Conversatorio con Alona Omelianenko

Antonio Montoya H.
En el conversatorio de la semana para El Pensamiento al Aire, la invitada estrella es la actriz, periodista y lingüista Alona Omelianenko, quien en esta oportunidad nos comparte su opinión sobre el posible fin del conflicto entre Ucrania y Rusia, con la intermediación de Estados Unidos. No dejes de verla.

Alona Omelianenko es una actriz y lingüista nacida en Crimea, Sevastopol. Con más de 8 años de experiencia actoral, se formó durante 4 años en la Academia Resplandor Films de Medellín, Colombia, especializándose en los métodos de Stanislavsky y Lee Strasberg. Además de su carrera artística, es filóloga e intérprete profesional, dominando cinco idiomas: ruso, ucraniano, inglés, español y chino. Su trayectoria incluye participaciones en producciones como "Pedro el escamoso 2", "Betty la fea 2" y la película "The Whisper of Amazon", donde desempeñó un papel protagónico. Actualmente, reside en Medellín y está involucrada en proyectos tanto nacionales como internacionales. En 2024, expresó su entusiasmo por formar parte de "Descendentes", una serie original de Resplandor Films, destacando su guion cautivador y personajes complejos.

viernes, 24 de enero de 2025

Incómodas homilías

José Leonardo Rincón Contreras S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

El siempre expresivo rostro del posesionado presidente no podía ser sino de incomodidad y disgusto. Los festejos se amargaron a razón del servicio religioso al que se asistió como parte del protocolo de asunción al poder.

Cuando todo el mundo, amigos y antiguos detractores, hicieron fila para batir cola en el besamanos, una lánguida y diminuta mujer que contrastaba con el acuerpado y agigantado dueño de medio mundo, resultó diciéndole cosas de frente y sin pelos en la lengua que ningún macho envalentonado y cojonudo se hubiera atrevido decir.

Medio mundo afirma estar de fiesta y el otro medio está asustado. Todos tiemblan. La obispa, en cambio, agarrada firme de su báculo, con tono dulce y sonriente, sin gagueos, resultó con esta incómoda homilía que ahora les copio para que ustedes saquen sus conclusiones y me digan si no se necesita tener mucho carácter e inspiración divina para decirlo:

“Como país, nos hemos reunido esta mañana para rezar por la unidad, no por un acuerdo, político o de otro tipo, sino por el tipo de unidad que fomenta la comunidad por encima de la diversidad y la división. Una unidad que sirva al bien común. La unidad, en este sentido, es un requisito previo para que las personas vivan en libertad y juntas en una sociedad libre. Es la roca sólida, como dijo Jesús, sobre la que construir una nación.

No es conformidad. No es victoria. No es cansancio cortés ni pasividad nacida del agotamiento. La unidad no es partidista. Más bien, la unidad es una forma de estar con los demás que abarca y respeta nuestras diferencias. Nos enseña a considerar las múltiples perspectivas y experiencias vitales como válidas y dignas de respeto. Nos permite, en nuestras comunidades y en las esferas de poder, preocuparnos de verdad los unos por los otros, incluso cuando no estamos de acuerdo.

Quienes en todo el país dedican su vida o se ofrecen como voluntarios para ayudar a los demás en situaciones de catástrofe natural, a menudo con gran riesgo para ellos mismos, nunca preguntan a quienes ayudan por quién votaron en las pasadas elecciones o qué postura mantienen sobre un tema concreto. Lo mejor que podemos hacer es seguir su ejemplo, porque la unidad a veces es sacrificada, como lo es el amor: darnos a nosotros mismos por el bien de los demás.

En su Sermón de la Montaña, Jesús de Nazaret nos exhorta a amar no solo a nuestro prójimo, sino también a nuestros enemigos, a rezar por quienes nos persiguen, a ser misericordiosos como nuestro Dios es misericordioso, a perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros. Jesús se desvivió por acoger a quienes su sociedad consideraba parias.

Ahora bien, reconozco que la unidad, en este sentido amplio y expansivo, es una aspiración, y es mucho por lo que rezar. Es una gran petición a nuestro Dios, digna de lo mejor de lo que somos y de lo que podemos ser. Pero nuestras oraciones no servirán de mucho si actuamos de forma que ahondemos aún más las divisiones entre nosotros. Las Escrituras son muy claras al respecto: Dios nunca se impresiona con las oraciones cuando las acciones no están informadas por ellas. Dios tampoco nos libra de las consecuencias de nuestros actos, que siempre, al final, importan más que las palabras que rezamos.

Los que estamos aquí reunidos en la catedral no somos ingenuos ante las realidades de la política: cuando están en juego el poder, la riqueza y los intereses contrapuestos, cuando las visiones de lo que debería ser Estados Unidos están en conflicto, cuando hay opiniones firmes en todo un espectro de posibilidades y comprensiones marcadamente diferentes de cuál es el curso de acción correcto. Habrá ganadores y perdedores cuando se emitan votos o se tomen decisiones que marquen el rumbo de la política pública y la priorización de los recursos.

Ni qué decir tiene que, en una democracia, no todas las esperanzas y sueños particulares de todo el mundo pueden hacerse realidad en una determinada sesión legislativa o en un mandato presidencial, ni siquiera en una generación. Es decir, no todas las plegarias específicas de todo el mundo tendrán la respuesta que desearíamos. Pero para algunos, la pérdida de sus esperanzas y sueños será mucho más que una derrota política: será una pérdida de igualdad y dignidad, y de sus medios de vida.

Teniendo esto en cuenta, ¿es posible la verdadera unidad entre nosotros? ¿Y por qué debería importarnos? Bueno, espero que nos importe. Espero que nos importe porque la cultura del desprecio que se ha normalizado en este país amenaza con destruirnos. Todos somos bombardeados a diario con mensajes de lo que los sociólogos llaman ahora el “complejo industrial de la indignación”, algunos de ellos impulsados por fuerzas externas cuyos intereses se ven favorecidos por un Estados Unidos polarizado. El desprecio alimenta las campañas políticas y las redes sociales, y muchos se benefician de ello, pero es una forma preocupante y peligrosa de dirigir un país.

Soy una persona de fe, rodeada de personas de fe, y con la ayuda de Dios, creo que la unidad en este país es posible –no perfectamente, porque somos personas imperfectas, y una unión imperfecta–, pero sí lo suficiente como para que todos sigamos creyendo en los ideales de los Estados Unidos de América y trabajando para hacerlos realidad. Ideales expresados en la Declaración de Independencia, con su afirmación de la igualdad y la dignidad humanas innatas. Y tenemos razón al pedir la ayuda de Dios en nuestra búsqueda de la unidad, porque necesitamos la ayuda de Dios, pero solo si nosotros mismos estamos dispuestos a cuidar los cimientos de los que depende la unidad. Al igual que la analogía de Jesús de construir una casa de fe sobre la roca de sus enseñanzas, en contraposición a construir una casa sobre arena, los cimientos que necesitamos para la unidad deben ser lo suficientemente sólidos como para resistir las muchas tormentas que la amenazan.

¿Cuáles son los fundamentos de la unidad? Basándome en nuestras tradiciones y textos sagrados, permítanme sugerir que hay al menos tres. El primer fundamento de la unidad es honrar la dignidad inherente a todo ser humano, que, como afirman todas las religiones aquí representadas, es el derecho de nacimiento de todas las personas como hijos de nuestro único Dios. En el discurso público, honrar la dignidad de los demás significa negarse a burlarse, descartar o demonizar a aquellos con los que discrepamos, optando en su lugar por debatir respetuosamente nuestras diferencias y, siempre que sea posible, buscar un terreno común. Y cuando el terreno común no es posible, la dignidad exige que nos mantengamos fieles a nuestras convicciones sin despreciar a quienes tienen convicciones propias.

El segundo fundamento de la unidad es la honestidad, tanto en las conversaciones privadas como en el discurso público. Si no estamos dispuestos a ser sinceros, no sirve de nada rezar por la unidad, porque nuestras acciones van en contra de las propias oraciones. Puede que, durante un tiempo, experimentemos un falso sentimiento de unidad entre algunos, pero no la unidad más sólida y amplia que necesitamos para abordar los retos a los que nos enfrentamos. Ahora bien, para ser justos, no siempre sabemos dónde está la verdad, y ahora hay muchas cosas que van en contra de la verdad. Pero cuando sabemos lo que es cierto, nos corresponde decir la verdad, incluso cuando, especialmente cuando nos cuesta.

El tercer y último fundamento de la unidad que mencionaré hoy es la humildad, que todos necesitamos porque todos somos seres humanos falibles. Cometemos errores, decimos y hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, tenemos nuestros puntos ciegos y nuestros prejuicios, y quizá seamos más peligrosos para nosotros mismos y para los demás cuando estamos convencidos, sin lugar a dudas, de que tenemos toda la razón y de que los demás están totalmente equivocados. Porque entonces estamos a un paso de etiquetarnos como las buenas personas frente a las malas. Y la verdad es que todos somos personas: ambos somos capaces de lo bueno y de lo malo. Como observó astutamente Alexander Solzhenitsyn: ‘La línea que separa el bien del mal no pasa a través de los Estados, ni entre las clases, ni entre los partidos políticos, sino justo a través de cada corazón humano, a través de todos los corazones humanos’.

Y cuanto más nos demos cuenta de ello, más espacio tendremos en nuestro interior para la humildad y la apertura mutua por encima de nuestras diferencias. Porque, de hecho, nos parecemos más de lo que creemos y nos necesitamos.

Es relativamente fácil rezar por la unidad en ocasiones de gran solemnidad. Es mucho más difícil de conseguir cuando nos enfrentamos a diferencias reales en nuestra vida privada y en el ámbito público. Pero sin unidad, estamos construyendo la casa de nuestra nación sobre arena. Y con un compromiso con la unidad que incorpore la diversidad y trascienda el desacuerdo, y con los sólidos cimientos de dignidad, honestidad y humildad que esa unidad requiere, podemos hacer nuestra parte, en nuestro tiempo, para hacer realidad los ideales y el sueño de América.

Permítanme un último ruego. Señor presidente, millones de personas han depositado su confianza en usted y, como dijo ayer a la nación, ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso. En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gays, lesbianas y transexuales en familias demócratas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas. Y las personas que recogen nuestras cosechas, limpian nuestros edificios de oficinas, trabajan en granjas avícolas y plantas de envasado de carne, lavan los platos después de comer en los restaurantes y trabajan en los turnos de noche en los hospitales: puede que no sean ciudadanos o no tengan la documentación adecuada, pero la gran mayoría de los inmigrantes no son delincuentes. Pagan impuestos y son buenos vecinos. Son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas, viharas y templos.

Le pido que tenga piedad, señor presidente, de aquellos en nuestras comunidades cuyos hijos temen que sus padres sean llevados, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí. Nuestro Dios nos enseña que debemos ser misericordiosos con el extranjero, porque todos fuimos extranjeros en esta tierra.

Que Dios nos conceda la fuerza y el valor para honrar la dignidad de todo ser humano, para decirnos la verdad unos a otros con amor, y para caminar humildemente unos con otros y con nuestro Dios por el bien de todas las personas de esta nación y del mundo. Amén”.

¿Creen ustedes que deba retractarse y presentar disculpas por lo que dijo?

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Trump

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

No recuerdo que alguien, después de 1945, haya sido tantas veces, tan frecuente como injustamente, comparado con el infame Führer, como Mr. Donald J. Trump.

Su crimen imperdonable es haberse opuesto a este nuevo orden mundial de la ideología de género, al aborto como medio masivo de control natal; a la mutilación de niños dentro del cambio de sexo como derecho fundamental; a la eliminación de la familia; a la persecución de la raza blanca; al movimiento woke —con la expurgación de la literatura y la música, denigradas en el altar del mal gusto, la fealdad y el odio—; al feminismo delirante y al pseudoecologismo fanático, que conduce al decrecimiento económico y el empobrecimiento colectivo...

Por eso, durante la larga campaña, Mr. Trump fue demonizado; condenado varias veces como delincuente; multadas sus empresas con millones y millones; difamado por los grandes medios; minimizado por encuestas sesgadas, víctima de tres intentos de asesinato, y un larguísimo etcétera de acusaciones, desde acoso sexual hasta traición a la patria.

Los antecedentes de fraude masivo hace 4 años; votación anticipada y por correo; cómputo y máquinas de sufragio electrónico en varios estados, indican que la acción de prevención del fraude por los republicanos —con multitud de testigos bien entrenados y abogados vigilantes— fue eficaz hasta cierto punto, aunque la enorme votación por Kamala deja profundos interrogantes.

Los 50 sistemas electorales en USA van desde los confiables hasta los más viciados, y, por la estructura federal del país, una reforma electoral que recupere la limpidez para los resultados no parece posible.

Los Estados Unidos de Clinton, Obama y Biden dan la impresión de un imperio moral, político militar y económicamente en acentuada decadencia. ¿Hasta dónde podrá Trump reversar esa lamentable tendencia?

El odio de los perdedores, aferrados al globalismo marxista-cultural y woke, no cederá, y como afirma Eric Sammons (Crisis, noviembre 6). después de las elecciones no desaparecerá, y, por lo contrario, crecerá más y más, a medida que el nuevo presidente trate de hacer realidad su MAGA.

martes, 5 de noviembre de 2024

Por qué en 2024 sigo pensando que es mejor que gane Trump a que lo haga Kamala

Cristina Isaza

Sí, a pesar de lo sucedido en el capitolio en enero de 2021 y que me pareció mala idea que volviera a lanzarse (yo hubiera preferido cualquier otro candidato, como por ejemplo el gobernador de Florida, De Santis) sigo pensando que, entre una candidata demócrata como Harris y un Donald Trump, es preferible el segundo.

Sobre esta campaña no había querido escribir, porque la verdad, estoy cansada del populismo, de lo flojo de los argumentos, de los ataques de lado y lado, de la manipulación mediática, de los apoyos multimillonarios en dinero (de personajes como Soros a los demócratas y las rifas de Elon Musk, en apoyo a Trump… grotesco) ¡qué circo!

Debido a esto, escribí mejor mi pasado artículo en el que hablaba en general de la crisis de las democracias en el mundo, que se ve evidenciada en esta campaña presidencial.

La campaña presidencial 2024 en los USA me recuerda a nuestra campaña presidencial 2022… los colombianos teniendo que escoger entre un Rodolfo Hernández o un Gustavo Petro. Y sin gustarme Rodolfo, sí lo prefería sobre Petro.

Veo a Trump como el Rodolfo gringo: sin filtro, pedante, controversial.

A Kamala, no la puedo comparar en el contenido de su carácter y carrera con un sujeto como Gustavo Petro, pero resulta que muchas de las políticas y narrativas que promueve, sí son las mismas que él suscita.

Siempre que se habla de populismo, tienden a señalar de populista a Trump (con lo que estoy de acuerdo), pero nunca tildan a Kamala de serlo, y en mi concepto el populismo de Kamala y los demócratas ¡es muchísimo más peligroso!

No hay nada más populista que el progresismo (woke), las políticas identitarias y el nuevo marxismo cultural, que socava los propios cimientos de nuestra cultura, que relativiza todo y ha trastocado los valores; escondiéndose tras dulces palabras como “igualdad” y “justicia social”. Esto sí es peligroso para la democracia y la institucionalidad.

Además, ¿qué hay más populista que tratar a los votantes de “pobrecitos, ustedes no son capaces, ustedes necesitan que el ´papá Estado´ les solucione sus vidas y les resuelva sus problemas” para así crearles una mentalidad de incapacidad y dependencia? Esto es lo que logran con las políticas subsidiarias y paternalistas que hoy promueven los demócratas. Además, las políticas identitarias que generan división y odio: los demócratas son los que están tras la Teoría Crítica de la Raza, la Queer, Black Lives Matter (Y dicen que usar la expresión All Lives Matters, es de extrema derecha), quieren cambiar la historia (Proyecto 1649), Defund the Police, Free Palestine, Aborto, Feminismo, narrativas ambientalistas apocalípticas. Ahora en redes se impone el “eat the rich”. Además, están tras la cultura de cancelación, bajo la excusa de que todo lo que contradiga su narrativa es “discurso de odio”.

Profundizaré en algunas:

*Tal vez la más peligrosa, el promover el defund the police: Una sociedad sin orden no es viable, el orden es una condición necesaria para la libertad. Kamala ha abogado por la reforma policial. Cada vez se ve más la degradación de estados demócratas donde se permite la dosis mínima y en las que se aplican políticas como dar agujas y drogas a los adictos (al estilo Petro en Bogotá). También es alarmante el aumento de robo a comercios, debido a políticas como que los empleados no intervengan durante los robos, por el riesgo de violencia y posibles demandas (Sí, demandas por parte de los ladrones). Debido a esto, en algunas zonas, cadenas como Walgreens y Target, han preferido cerrar.

*La política migratoria de los demócratas, sí que es un riesgo para la democracia. Los demócratas, al igual que los partidos de izquierda en Europa, como Podemos; quieren promover políticas migratorias laxas, lo que se manifiesta en aumento de pobreza e inseguridad. Acogen a los inmigrantes ilegales, les dan todo tipo de ayudas y subsidios y los legalizan para que estos les voten.

¡Inmigración sí, pero no así! La inmigración debe ser ordenada y que quienes lleguen lo hagan para ser productivos, no para vivir de paguitas y subvenciones, o peor aún, para delinquir.

*El creciente antisemitismo: el activismo tipo “Free Palestina”, “From the river to the sea, Palestine wil be free” o “Queers for Palestine” (estos últimos son más giles que los gays que visten camisetas del Che), proviene de votantes demócratas y muchas veces es aupado por políticos demócratas y por las universidades (que en general son lideradas por demócratas y la proporción de profesores es de 9 demócratas por 1 republicano) Por ejemplo el senador Chuck Schumer aconsejó a los líderes de la Universidad de Columbia, hacer caso omiso a las críticas republicanas por los casos de antisemitismo en el campus. La Universidad de Harvard también evitó abordar la hostilidad hacia estudiantes judíos, priorizando la imagen de la U, las relaciones públicas y la corrección política. Una investigación de la periodista Abigail Shrier encontró en colegios públicos propaganda antiisraelí, suministrada por ONG antisemitas e impulsada por los sindicatos de profesores, que radicaliza a los estudiantes.

*Las políticas demócratas proaborto, de las cuales Kamala es una férrea defensora, son cada vez más amplias (en varios estados demócratas como California, NY, New Jersey; el aborto es sin restricción hasta la semana 24. En Oregón no hay límites en el tiempo de gestación) e imponen su narrativa en la cual solo importa la opinión de la madre: “mi cuerpo, mi decisión” y “abortion is healthcare” ¿Quién vela por la vida del ser en estado de indefensión?

*La aberrante ideología de género que confunde a los niños en la formación de su identidad. Esta ideología tiene un propio lenguaje, gran cantidad de “orientaciones sexuales e identidades de género”, que fomenta confusión en niños y jóvenes que creen que nacieron en el “cuerpo equivocado” y se someten a intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales con consecuencias para su salud y vida sexual de por vida (Kamala apoya abiertamente los procedimientos de “afirmación de género). No protegen los deportes femeninos, al permitir la participación de atletas transgénero en competencias femeninas.

Por otro lado, Trump, tiene ideas “tan locas” como: una ley que reconozca que solo hay dos sexos, prohibir la participación de transgéneros en deportes femeninos, investigar a las farmacéuticas que han ocultado los efectos secundarios de los bloqueadores hormonales, multar a hospitales que castren niños, consecuencias legales a profesores que sugieran a niños narrativas de que están en un “cuerpo equivocado”.

*Si algo se ve, es una gran disparidad. Mientras el Partido Demócrata tiene cooptados los medios de comunicación, los grandes fundaciones y ONG´s, la academia, Hollywood y la cultura en general, las Big Tech como Google, Apple, Amazon, Meta (sus directivos se inclinan por el apoyo a demócratas y más del 80% de las donaciones a campañas de sus empleados son para este partido), la preocupación es que si llega Trump, se acaba la democracia, cuando hoy hay un discurso y partido claramente dominante.

*Prefiero el enfoque de la campaña Trump que busca dar más poder al individuo y un gran recorte al Estado, que la de Kamala que se enfoca en políticas más redistributivas para promover la “justicia social”, subir taxes a los ricos, controles de precios, etcétera. La campaña Trump sumó el apoyo del gran congresista Ron Paul, quien se ha distinguido por sus posiciones de gobierno limitado y reducción de impuestos. Ron Paul ha sido invitado para trabajar junto con Elon Musk en una gran propuesta de eficiencia gubernamental, para recortar gastos y burocracia inútil del Gobierno.

*También me gustaría que gane Trump porque ya llega Navidad y estoy cansada de que los progresistas y demócratas quieran imponer el “Happy Holidays” sobre el “Merry Christmas” ¡En Navidad celebramos el nacimiento de Cristo y Trump lo tiene claro!

*Por último, Kamala al igual que Petro, es apoyada por la gran mayoría de artistas. Es respaldada por voces tan “claras y sensatas” como las de Bud Bunny, Cardie B y J Lo.

martes, 13 de diciembre de 2022

De cara al porvenir: ¿futuro previsible?

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Como decía Mafalda, “el futuro ya no es lo que era antes”, refiriéndose a que el ritmo muchas veces casi lineal de los acontecimientos, hacía que las cosas, en términos generales, fueran más o menos previsibles.

La vertiginosidad, la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad de los acontecimientos hoy en día implica que el futuro sea más difícil de otear, aun cuando existen circunstancias y personajes que hacen que existan sucesos más o menos previsibles.

Veamos, por ejemplo, lo que acaba de suceder con el anuncio del expresidente Trump que quiere volver a ser presidente de Norteamérica, lo cual es legítimo, pero también pone en evidencia ciertos antecedentes que podrían repetirse.

Es el caso del fomento de la extrema polarización política en la cual se encuentra sumida la sociedad estadounidense y el ánimo revanchista de un candidato republicano que insiste que le robaron las elecciones anteriores.

El posible candidato demócrata, el presidente actual, Biden, que se ve más envejecido de la cuenta, tratará de conservar el poder a pesar de ciertas variables que por ahora están al límite de favorabilidad. Hablamos de la tasa de empleo, del crecimiento económico, de la guerra comercial frontal con China y de la inestabilidad planetaria afectada por la guerra entre Rusia y Ucrania y las pruebas militares de lanzamiento de misiles por parte del Corea del Norte.

La primera imagen del presidente Biden en el Salón Oval el día de su posesión, mostraba varias carpetas con órdenes presidenciales a ser firmadas para derogar órdenes presidenciales de su antecesor. En caso de ganar Trump, no hay que ser brujos para saber que su primer acto de Gobierno será derogar a su vez, las órdenes presidenciales de Biden lo cual llevará a la repetición de la repetidera. Volverán los Estados Unidos a perder preeminencia con Europa y el Golfo Pérsico, el tema ambiental pasará a segundo plano, volverá a tomar aire la industria de los hidrocarburos, se debilitará la OTAN y quién sabe qué rumbo tomará la guerra entre Rusia y Ucrania, en caso de que no se haya resuelto a esa fecha.

La agenda actual ya no incluye por ahora la pandemia, pero sigue flotando en el aire la posibilidad de que las investigaciones que hoy se adelantan en contra de Trump tomen algún giro, en cualquier dirección, lo cual convulsionaría aún más a dicho país.

Mientras tanto el fantasma de una recesión mundial, con todos los impactos que este fenómeno conlleva, cada vez es más probable.

Los mercados financieros y bursátiles están en alerta, los gobiernos locales tratan de medio manejar inflaciones galopantes y tasas de interés elevadas de acuerdo con el recetario ortodoxo que se está aplicando y que llevará a pérdidas intensivas de puestos de trabajo y mayores exigencias asistencialistas a los gobiernos.

A lo anterior se suman los síntomas inequívocos de que algo anormal está pasando con el clima, lo que en el momento está causando enormes estragos invernales en muchas partes del planeta, y terribles sequías en otras.

Estamos en un momento del tiempo en el cual la incredulidad, el escepticismo, el cansancio, el agotamiento, la frustración, la intolerancia y el desasosiego se evidencian a lo largo y ancho del planeta.

Es el momento en el cual nuevos líderes deben aparecer y echarse el planeta al hombro. Lamentablemente no se ven, o tienen una dimensión muy local o regional, lo que no se compadece con un mundo completamente globalizado.

Es el momento en que los humanistas todos, los filósofos, los sociólogos, los sicólogos, entre otros profesionales variopintos, deben aportar para que el hombre, lo humano, la humanidad y el humanismo salgan adelante.

Ya como humanidad hemos vivido momentos difíciles en diferentes épocas. Del caos, pasamos a la civilización y de la civilización al deterioro, para volver a reiniciar el ciclo.

Miremos el futuro con un prudente optimismo.