José Leonardo Rincón, SJ
Nunca
imaginó Américo Vespucio que la pequeña Venecia, con el correr de los siglos,
por ser precisamente rica y hermosa, sería muy apetecida, no para admirar sus
bellos encantos sino para sonsacarle todos sus haberes. Así lo ha confirmado la
historia.
La
ilusa Vene (así la llamaremos cariñosamente) cayó rendida ante amantes que le
prometieron horizontes mejores, pero una y otra vez fue engañada y
decepcionada. Los lobos vestidos de oveja le susurraban al oído discursos
hermosos que a la postre siempre resultaron cuentos engañosos. La semana pasada
sufrió el último de sus trágicos amoríos.
Cuando
todos creíamos que el Tío Sam, alto y delgado, de cabellos rubios y ojos
azules, en el barrio reconocido como seductor de chicas incautas, estaba
preocupado por verla tan deteriorada después de su última relación nada madura,
iba a correr presto a liberarla de tan infame consorte y le restauraría la
dignidad perdida que hizo que muchos de sus hijos la abandonaran aspirando
escenarios mejores, no. No hubo tal. Sam no vino a su rescate. Descaradamente
le dijo que venía por sus riquezas y que si deseaba estar bien tendría que
someterse a sus órdenes. Vene prorrumpió en llanto. No podía creer que la
ilusión alimentada por años fuese un nuevo engaño de fugaz factura y efímera
alegría.
Sus
últimos parejos la habían obligado a hacerle mala cara a Sam, el vecino
poderoso y capitalista insensible, para sonreírle tiernamente al oso siberiano,
el viejo persa y el mandarín imperial, enemigos tradicionales de Sam. La cuba
de la pandilla de sus vecinos le dijo que le daría salud, educación y
protección. En realidad, a nadie le interesaba Vene como persona, sus ojos
brillaban de codicia y a lo largo de décadas, con múltiples pretextos, le
extrajeron sus bienes.
Vene
y los amigos que la queremos por ser una buena vecina del barrio, estamos
desalentados por no decir desconcertados. También fuimos ingenuos. Creímos que
había llegado su liberación. Nunca imaginamos que Sam actuara así. Lo que sí
nos quedó claro es que “por la plata baila el perro” y que los sexy-atributos
económicos que tiene nuestra chica, hace que los otros la valoren no por lo que
es sino por lo que tiene. “¡Amiga cuánto tienes, cuánto vales, principio de
la actual filosofía!” ¡Qué tristeza tener que reconocerlo!
Esta
historia de nuestra “veci”, nos deja lecciones tan serias como preocupantes. No
es fácil encontrar relaciones sanas y desinteresadas. Siempre hay creados
intereses de por medio: ya por tus atributos físicos, por las riquezas que
tienes, por el poder que manejas, por los contactos que tienes, por tu forma de
ser…. Pidamos a Dios por Vene pues se merece una suerte mucho mejor.
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