viernes, 9 de enero de 2026

Efectos de la caída de Maduro en la política colombiana

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

No se hicieron esperar las reacciones del régimen petrista en contra de la magistral operación estadounidense que culminó con la aprehensión del criminal de lesa humanidad, Nicolás Maduro.

Y era de esperar que así respondiera su principal aliado, que ahora debe estar recordando el antiguo refrán español Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. No quedó a la obsoleta izquierda radical otro camino distinto a seguir repitiendo las falacias de siempre. Que hay que privilegiar el diálogo y los canales diplomáticos a sabiendas de que, tanto en Colombia como en Venezuela, solo han servido para que se recrudezca la violencia, se brinde protección a los capos de la mafia guerrillera y se mantenga esclavizada a la población civil.

Vuelve y juega la cantinela de que hay que proteger la vida y la dignidad humana, puestas en peligro supuestamente por la captura del cabecilla del sucio negocio del narcotráfico, el usurpador Maduro. ¿Por qué nunca han protestado los camaradas que detentan ilegalmente el poder en Colombia por los miles de venezolanos asesinados en 26 años de dictadura castrochavista? ¿Dónde están sus acciones en defensa de la dignidad humana de los presos políticos, los torturados, los perseguidos injustamente por la tiranía de Chávez y Maduro? Seamos coherentes, por favor. No sigamos engañando con falacias trasnochadas en las cuales ya nadie cree.

Para sustentar sus estrambóticos planteamientos llegó el camarada Petro a hacer el oso, reforzando la frontera dizque para prepararse para la crisis que sobrevendría por el operativo estadounidense. Nada ocurrió. Se olvidó que la migración forzada de 9 000 000 venezolanos ha sido causada por la acción de los dictadores Chávez y Maduro, no por la captura de un sanguinario delincuente. La prueba es que ninguna migración se ha producido. Por el contrario, venezolanos radicados en todos los confines del planeta salieron a celebrar la caída del sátrapa y esperan la normalización que se ha iniciado, para retornar a su país.

Para Colombia, el efecto, indudablemente, será beneficioso. Con la caída de Maduro se ha iniciado un proceso de recuperación política y económica de Venezuela, la cual volverá a ser el principal socio comercial de Colombia como antaño lo fue. Lo ha vislumbrado el candidato de la Espriella: “Sería la mejor reforma tributaria para Colombia”.

En las próximas elecciones presidenciales, no podrá contar el candidato de las FARC, Iván Cepeda, con las abultadas contribuciones de dineros sucios procedentes de Venezuela que llevaron a Petro a la presidencia. Delcy Rodríguez, recientemente posesionada como presidenta encargada, no podrá disponer de tales ayudas, pues su mandato está sujeto a las obligaciones de cooperación contraídas con los Estados Unidos. Esta circunstancia, unida al prudencial retiro de aportes por parte del sector privado de Colombia que no querrá comprometerse en tan dudosa aventura, afectará contundentemente las finanzas del candidato apoyado por los amigos de Maduro.

Se ha notado cómo la acción decidida de Donad Trump ha incidido en la conducta del camarada Petro. Quien antes desafiaba al imperialismo yanqui y se negaba a seguir sus demandas para combatir la cocaína, ahora pide su apoyo tecnológico y estratégico para reducir los cultivos. Repetidamente sus ministros confirman que mantienen las mejores relaciones de cooperación con las fuerzas militares norteamericanas. No será fácil para el guerrillero camarada, en este escenario, continuar impulsando sus locuras inconstitucionales para mantenerse en el poder, aplazar las elecciones, o intentar la aprobación de una nueva constitución de bolsillo, como lo acostumbran sus correligionarios de la extrema izquierda en los países que han colocado bajo sus garras.

La polarización entre la izquierda radical que representa Cepeda y la defensa del Estado de derecho, la libertad, la justicia, la seguridad, la trasparencia en el manejo del Estado y la recuperación de los valores fundacionales que promueve el candidato mayoritario, Abelardo de la Espriella, generará un crecimiento del voto de opinión, de quienes, sin compromiso con las vetustas castas políticas, prefieren votar por quien tiene la capacidad y el entusiasmo para defender la Patria, “el tigre” Abelardo de la Espriella. Cada vez más, los colombianos comprendemos que al país no lo salva ni la abstención ni el voto por los tibios candidatos de centro, enfocados más en derrotar a Abelardo que en combatir a muerte contra nuestro enemigo común: la sanguinaria y corrupta izquierda radical representada por Petro y Cepeda.

El camino a la victoria está plagado de peligros de los cuales debemos ser conscientes. Cuenta el sátrapa Petro con los millonarios recursos del presupuesto nacional, alimentados ahora con el irregular crédito contratado por 23 billones de pesos, los nuevos impuestos decretados bajo la emergencia económica, las contribuciones de sus aliados, los grupos narcoguerrilleros, de los capos de la mafia y de los corruptos beneficiados durante su régimen. Por otro lado, no podemos minimizar la influencia electoral que conlleva el irracional aumento del salario mínimo y la enorme contratación de nóminas paralelas compuestas por vagos cuya única labor es apoyar al régimen. Serán instrumentos que incrementará el régimen ante la pérdida de los aportes del narcomadurismo.

Se ha iniciado en todo el espectro mediático, en el ámbito nacional e internacional, una tarea de investigación y difusión de los crímenes del grupo criminal que ha gobernado a Venezuela, con el soporte de abundantes testimonios de víctimas apresadas y torturadas por sus discrepancias con el tirano. Influye notoriamente en el debate electoral colombiano, pues aparecen comprometidos dirigentes del santismo, enmascarados ahora como antipetristas de nuevo cuño, a la caza de votos para sus aspiraciones a la Presidencia o al Congreso.