Luis Alfonso García Carmona
No se hicieron
esperar las reacciones del régimen petrista en contra de la magistral operación
estadounidense que culminó con la aprehensión del criminal de lesa humanidad,
Nicolás Maduro.
Y era de esperar
que así respondiera su principal aliado, que ahora debe estar recordando el
antiguo refrán español “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon
las tuyas a remojar”. No quedó a la obsoleta izquierda radical
otro camino distinto a seguir repitiendo las falacias de siempre. Que hay que
privilegiar el diálogo y los canales diplomáticos a sabiendas de que,
tanto en Colombia como en Venezuela, solo han servido para que se recrudezca la
violencia, se brinde protección a los capos de la mafia guerrillera y se
mantenga esclavizada a la población civil.
Vuelve y juega la
cantinela de que hay que proteger la vida y la dignidad humana, puestas
en peligro supuestamente por la captura del cabecilla del sucio negocio del
narcotráfico, el usurpador Maduro. ¿Por qué nunca han protestado los camaradas
que detentan ilegalmente el poder en Colombia por los miles de venezolanos
asesinados en 26 años de dictadura castrochavista? ¿Dónde están sus acciones en
defensa de la dignidad humana de los presos políticos, los torturados, los
perseguidos injustamente por la tiranía de Chávez y Maduro? Seamos coherentes,
por favor. No sigamos engañando con falacias trasnochadas en las cuales ya
nadie cree.
Para sustentar sus
estrambóticos planteamientos llegó el camarada Petro a hacer el oso, reforzando
la frontera dizque para prepararse para la crisis que sobrevendría por el
operativo estadounidense. Nada ocurrió. Se olvidó que la migración forzada de 9
000 000 venezolanos ha sido causada por la acción de los dictadores Chávez y
Maduro, no por la captura de un sanguinario delincuente. La prueba es que ninguna
migración se ha producido. Por el contrario, venezolanos radicados en todos
los confines del planeta salieron a celebrar la caída del sátrapa y esperan la
normalización que se ha iniciado, para retornar a su país.
Para
Colombia, el efecto, indudablemente, será beneficioso.
Con la caída de Maduro se ha iniciado un proceso de recuperación política y
económica de Venezuela, la cual volverá a ser el principal socio comercial
de Colombia como antaño lo fue. Lo ha vislumbrado el candidato de la Espriella:
“Sería la mejor reforma tributaria para Colombia”.
En las próximas
elecciones presidenciales, no podrá contar el candidato de las FARC, Iván
Cepeda, con las abultadas contribuciones de dineros sucios procedentes de
Venezuela que llevaron a Petro a la presidencia. Delcy Rodríguez,
recientemente posesionada como presidenta encargada, no podrá disponer de tales
ayudas, pues su mandato está sujeto a las obligaciones de cooperación
contraídas con los Estados Unidos. Esta circunstancia, unida al prudencial
retiro de aportes por parte del sector privado de Colombia que no querrá
comprometerse en tan dudosa aventura, afectará contundentemente las finanzas
del candidato apoyado por los amigos de Maduro.
Se ha notado cómo
la acción decidida de Donad Trump ha incidido en la conducta del camarada
Petro. Quien antes desafiaba al imperialismo yanqui y se negaba a seguir sus
demandas para combatir la cocaína, ahora pide su apoyo tecnológico y
estratégico para reducir los cultivos. Repetidamente sus ministros confirman
que mantienen las mejores relaciones de cooperación con las fuerzas militares
norteamericanas. No será fácil para el guerrillero camarada, en este
escenario, continuar impulsando sus locuras inconstitucionales para
mantenerse en el poder, aplazar las elecciones, o intentar la aprobación de una
nueva constitución de bolsillo, como lo acostumbran sus correligionarios de la
extrema izquierda en los países que han colocado bajo sus garras.
La polarización
entre la izquierda radical que representa Cepeda y la defensa del Estado de derecho,
la libertad, la justicia, la seguridad, la trasparencia en el manejo del Estado
y la recuperación de los valores fundacionales que promueve el candidato
mayoritario, Abelardo de la Espriella, generará un crecimiento del voto de
opinión, de quienes, sin compromiso con las vetustas castas políticas,
prefieren votar por quien tiene la capacidad y el entusiasmo para defender la
Patria, “el tigre” Abelardo de la Espriella. Cada vez más, los colombianos
comprendemos que al país no lo salva ni la abstención ni el voto por los tibios
candidatos de centro, enfocados más en derrotar a Abelardo que en combatir a
muerte contra nuestro enemigo común: la sanguinaria y corrupta izquierda
radical representada por Petro y Cepeda.
El camino a la
victoria está plagado de peligros de los cuales debemos ser conscientes. Cuenta
el sátrapa Petro con los millonarios recursos del presupuesto nacional,
alimentados ahora con el irregular crédito contratado por 23 billones de pesos,
los nuevos impuestos decretados bajo la emergencia económica, las
contribuciones de sus aliados, los grupos narcoguerrilleros, de los capos de la
mafia y de los corruptos beneficiados durante su régimen. Por otro lado, no podemos
minimizar la influencia electoral que conlleva el irracional aumento del
salario mínimo y la enorme contratación de nóminas paralelas compuestas por
vagos cuya única labor es apoyar al régimen. Serán instrumentos que
incrementará el régimen ante la pérdida de los aportes del narcomadurismo.
Se ha iniciado en
todo el espectro mediático, en el ámbito nacional e internacional, una tarea de
investigación y difusión de los crímenes del grupo criminal que ha gobernado
a Venezuela, con el soporte de abundantes testimonios de víctimas apresadas
y torturadas por sus discrepancias con el tirano. Influye notoriamente en el
debate electoral colombiano, pues aparecen comprometidos dirigentes del santismo,
enmascarados ahora como antipetristas de nuevo cuño, a la caza de votos para
sus aspiraciones a la Presidencia o al Congreso.
