Luis Guillermo Echeverri Vélez
Se
avecina el 8 de marzo, día de elecciones al Congreso. El potencial de Colombia
es infinito, pero como un mal padre de familia tahúr empedernido, todo indica
que estamos emperrados en apostar la casa y todos los haberes en unas
elecciones bajo claro asedio terrorista.
Ningún
presidente democrático se ha elegido, ni ha conducido bien al país sin apoyo
del Congreso. Si queremos evitar el caos, Uribe debe liderar el congreso y
necesitamos una buena relación con los Estados Unidos que es nuestro principal
socio comercial.
El
Gobierno y su candidato, revolucionarios comunistas disfrazados de progresistas
y humanistas, expertos en mentir y engañar, no tienen otra alternativa que
llevar al país a una encerrona electoral que garantice su continuidad en el
poder, y están respaldados por las armas y el cabildeo de quienes manejan los
dineros ilegales del narcoterrorismo internacional.
Es
necesario entender que la verdadera usurpación de la soberanía nacional es la
ocupación territorial y las agresiones al pueblo de las organizaciones
criminales subversivas narcoterroristas, que vienen actuando en complicidad con
el gobierno y están acompañadas de la proliferación urbana de bandas milicianas
de alquiler asociadas al microtráfico.
Los
dirigentes empresariales y políticos no deben ignorar las declaraciones que
hablan de unir las FARC-EP y el ELN para defender la “patria grande”, ni el
anuncio de Cepeda de integrar las FARC-EP a las fuerzas armadas
constitucionales.
Deben
nuestros gremios y Uribe como líder de la oposición, buscar un diálogo
inmediato con Trump y Rubio, pues corremos el riesgo de que el proyecto
bolivariano Castro-Chavista se convierta en un nuevo Vietnam o de terminar en
una guerra civil entre diversas organizaciones criminales respaldadas por el
narcotráfico y la minería ilegal, dos negocios que no están en venta.
El
país perdió la seguridad democrática y el crecimiento económico formal de dos
dígitos logrado en el rebote del 2021 al quedar en manos de un gobierno
irresponsable, cleptócrata e intencionalmente destructor que ya tomó las
acciones necesarias para arruinar la hacienda pública, la salud, el ahorro
pensional y consolidar un sistema de empobrecimiento colectivo mientras las
actividades ilícitas y el crecimiento de la informalidad sobrepasan una
decadente economía formal, y el Estado ya no controla las fronteras ni 2/3 del
territorio nacional.
Nos
tambaleamos en la cuerda floja sobre un foso de tiburones, esperanzados en el
próximo paso del impredecible y audaz presidente Trump y sin saber qué va a
pasar en Venezuela, y estamos distraídos con el furor de las apuestas
electorales, mientras sufrimos los efectos de un dólar subvaluado, una alta
tasa de intereses, un salario mínimo inflacionario cuatro veces más alto que el
IPC, y la pérdida de competitividad del sector exportador y de todo el aparato
productivo real.
Este
país en términos políticos es: café con leche, monta en moto y se comunica por
Facebook; pues la mayor concentración ciudadana está en zonas cafeteras y en la
costa Atlántica, el 75 % de los votos está en los estratos 1, 2 y 3, y son 50 a
100 municipios de la zona Andina, sus valles y la costa, los que definen las
elecciones; porque en todas las zonas suburbanas y rurales de este trópico
infernal, cientos de miles de familias complementan sus ingresos de
supervivencia ordeñando una vaquita o en la economía del rebusque que atienden
la canasta familiar; porque hoy más de la mitad de la población se moviliza en
moto, y porque hasta un ordeñador tiene un teléfono inteligente y está
influenciado por la información populista que recibe continuamente.
El
país se juega su libertad, su tradición democrática y su economía en un mercado
electoral donde llega con más potencia la narrativa mentirosa y populista del
aparato propagandístico del Estado que controla la conversación en redes, la
pauta en medios e impulsa a fondo la campaña comunista de Cepeda, por si Petro
no logra postergar su mandato.
Por
lo tanto, la prioridad del país debe ser otorgar un mandato democrático claro y
confundente a partir de las elecciones parlamentarias, pues si el Congreso y la
justicia siguen comiendo nube y no se ocupan de destituir a un presidente
promotor de la ilegalidad, asociado al Castro-Chavismo y totalmente indigno de
su cargo, y si las fuerzas armadas y los gremios del sector productivo siguen
obrando como “elegantes eunucos”, nos van a capar parados a todos los que damos
empleo y pagamos los impuestos, y podemos terminar dominados por las FARC-EP,
sin libertades y oprimidos por la miseria que sabemos que genera el
narco-comunismo terrorista modelo SSXXI.
El
8 de marzo hay que votar bien para poder devolver el país al redil de la
democracia.
.jpg)