Luis Guillermo Echeverri Vélez
Hoy
a Colombia, ante la caída de Maduro, se le abre una gran oportunidad de
trabajar con los Estados Unidos en la recuperación de la democracia venezolana
y con ello volver al sendero del desarrollo. Tenemos un gran país lleno de agua
que es vida, de minerales y lo más importante de gente buena y trabajadora, con
una localización estratégica que tiene que servir para muchas más cosas que
para cultivar, producir y exportar vicio.
“¿Qué
clase de hombre es el que no lucha por un mundo mejor?”. “Es lo que decidimos
hacer cada día, lo que nos hace hombres, o no”, y lo único que realmente cuenta
son los hechos, así que “por sus frutos los conoceréis”, y este año se sabrá en
Colombia quiénes están del lado del bien y quiénes del mal.
No
es solo asunto de votar en una elección. El empresariado tiene el poder
económico del sistema de libertades, somos todos los que pagamos el
funcionamiento del Estado quienes tenemos la obligación de exigir y dar la
batalla por la libertad, y no salir de huida como pasó en Cuba, Nicaragua y
Venezuela, donde no les robaron el país, ellos mismos lo entregaron y
permitieron que el Socialismo del Siglo XXI aniquilara la institucionalidad
democrática y las esperanzas de un pueblo indefenso y laborioso que aún no cae
en la trampa del odio de clases y el resentimiento social.
Todo
en la vida tiene un costo y si queremos una nación con un propósito, quienes
producimos valor agregado y generamos oportunidades, no podemos seguir
manteniendo incondicionalmente a quienes se valen de la mediocridad, la
hipocresía, la cobardía, el individualismo y la mentira al obrar, para llegar
al poder y hacer solo lo que les da la gana.
De
forma vehemente salen los progresistas a defender las premisas del derecho
internacional cuando sacan de las mechas a un dictador, sea cual sea su
ideología. Pero hay que ver lo cobardes que son para protestar contra las
acciones violentas y los crímenes de lesa humanidad de las organizaciones
criminales terroristas y narcotraficantes que sostienen las dictaduras disfrazadas
de democracias en la región, y para criticar los sistemas totalitarios
comunistas que tanta pobreza y tantas muertes han causado.
La
ideología es un instrumento de engaño propio del populismo y de la social
bacanería para acomodar argumentos según conveniencia. Ahora que no saquen
pecho los políticos alcahuetas y ladrones que han ignorado al pueblo que gritó:
“fuera Petro” y no han hecho nada para evitar la autocracia que está
destruyendo el Estado de derecho.
Los
principios y la ética de trabajo deben ser inamovibles, deben permitir los
debates de ideas, pero dentro de la legalidad y si todos los actores la acatan,
no cuando un bando se vale de la ilegalidad para operar y la normaliza o cuando
se soporta en el terrorismo para lograr objetivos políticos y mantener el
poder. Ahí es donde se rompe todo el discurso conciliatorio, de paz, de
entendimiento y tolerancia y se descubre una infinita hipocresía; razón por la
cual en la vida hay cosas que se pueden arreglar a las buenas, pero hay otras
que se solo se pueden arreglar a las malas.
El
desarrollo que experimentó el país del 2002 al 2010 fue producto del trabajo de
toda Colombia liderada por Uribe trabajando por un propósito común
verdaderamente democrático como reacción a los estragos de la violencia, pero
luego permitimos que la ambición de poder, fama y dinero descarrilara la
legalidad y desde entonces ni los políticos ni los gremios fueron capaces de
devolver al país al sendero de la seguridad.
Ser
bueno no es garantía de valor ante la adversidad, hoy las circunstancias
demandan determinación para superar el miedo en que se encubren la comodidad y
la cobardía. Si queremos una democracia moderna que nos lleve a gozar del
infinito potencial que tiene Colombia, es el sector privado el que con audacia
debe ponerle la agenda de desarrollo a los políticos, y dejar de pensar que
quien recibe un mandato popular puede estar por encima de la ley y convertir a
los criminales en ciudadanos de mejor derecho.
Se
le abre a Colombia una gran oportunidad, no la dejemos pasar de largo, hay que
actuar.
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