Rafael Uribe Uribe
El
concepto citado en la rueda de prensa de Trump en Mar-A-Lago al anunciar la
captura de Nicolás Maduro y su esposa, debería generar verdadera esperanza de
apertura democrática, restablecimiento institucional y garantías efectivas para
una ciudadanía exhausta. En realidad, se ha convertido en un recurso retórico y
vacío de contenido político ante la posible designación de Delcy Rodríguez como
figura central en este periodo, lejos de disipar incertidumbres, incrementa las
sospechas y plantea un debate sobre lo aceptable.
Una
transición dirigida por quienes han sido pilares del aparato responsable de la
crisis actual difícilmente inspira confianza. La presencia de Delcy Rodríguez
al mando del proceso, mientras Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López permanezcan
allí, envía un mensaje contradictorio, (a no ser que antes los capturen) pues
se mantendrían intactos los principales símbolos del desastre que han sufrido
nuestros vecinos. A mi parecer, en este caso Trump y Rubio se equivocan si conservan
su pensamiento de que Delcy les será útil y se doblegará ante las amenazas de
Trump. El Cartel de los Soles, del que ella hace parte, jamás cumplió los
compromisos que anteriormente había adquirido con los Estados Unidos.
Una
transición genuina exige mucho más que gestos administrativos, requiere señales
firmes e inequívocas de ruptura con las prácticas que han minado la
institucionalidad venezolana durante décadas. Mientras no exista un compromiso
real con la justicia, incluyendo la captura y enjuiciamiento de quienes han
sido señalados por graves responsabilidades políticas y operativas, no genera
credibilidad. Permitir que el proceso se lidere por quienes han sido parte
estructural del problema equivale a exigir a la ciudadanía un acto de fe
desmesurado.
Entendemos
que, en las constancias actuales, la incorporación de Edmundo González Urrutia
y de la incansable luchadora María Corina Machado puede implicar riesgos. Sin
embargo, resulta igualmente evidente que Estados Unidos cuenta con los
mecanismos y la influencia necesarios para garantizarles protección durante su
estancia, así como para asesorarlos y colaborar en la aplicación de medidas que
permitan recuperar la democracia perdida.
En
definitiva, el futuro de Venezuela depende de la capacidad colectiva para
exigir y construir una transición auténtica, basada en la transparencia, el
diálogo y el compromiso real con la justicia. Solo así será posible abrir las
puertas a una nueva etapa de esperanza y reconciliación nacional.
El
Rincón de Dios
“Aprended
a hacer el bien; buscad la justicia, socorred al oprimido; defended el derecho
del huérfano, abogad por la causa de la viuda.”
Isaías 1:17
