A partir del 1 de enero, el candidato mayoritario de los colombianos a la
Presidencia de la República, el abogado Abelardo de la Espriella, ha venido
lanzando diariamente un propósito que mueva a los colombianos a defender la patria
en las horas más oscuras de su historia. He aquí los primeros:
1. Dejar a un lado las vanidades para pensar primero en Colombia. Si así pensáramos todos,
no estaríamos presenciando el vergonzoso espectáculo de un grupo de aspirantes
a tan señalado honor que, sin contar con el favor popular, se empecinan en
atravesarse en el camino para derrotar a la izquierda, movidos por sus inflados
egos y olvidan que el enemigo de los colombianos es la extrema radical plasmada
en la candidatura de Iván Cepeda. Todos sus esfuerzos se concentran en criticar
a De la Espriella sólo por la circunstancia de que encabeza las encuestas y
llena todos los escenarios.
2. Nos regimos por la extrema coherencia. Respetar la ley,
combatir el crimen, proteger a la gente buena y tender la mano a quienes más la
necesitan. A falta de argumentos para oponerse a esta noble conducta, nuestros
contradictores nos califican como “de extrema derecha”. Si algo requiere
Colombia en este aciago momento es que todos practiquemos la extrema coherencia
y luchemos por el bien común.
3. La lucha contra el narcotráfico debe darse sin ambigüedades, con toda la fuerza de la
Constitución, la ley y la democracia. El presidente Trump nos ha dado un
ejemplo histórico, desafiando las maledicencias de la mamertería internacional.
No podemos nosotros ser inferiores a nuestra propia responsabilidad de salvar a
Colombia de este maldito cáncer.
4. La verdad es una garantía para proteger la democracia. Ya está bien de proferir
hipócritas discursos para engañar al pueblo y a las demás naciones mientras en
el interior se protege a las mafias del narco y a los cabecillas del
terrorismo. El país necesita saber si una narcodictadura intenta abrirse paso en
nuestro territorio.
Seguiremos comentando aquí las “cabañuelas” que nos propone “el tigre” que
el Señor nos envió para encabezar esta patriótica gesta.
