José Alvear Sanín
La reunión del
martes 3 de febrero entre Petro y Trump no era, como se pensaba, con el fin de
negociar, sino para rubricar los acuerdos "confidenciales" entre la
Casa Blanca y la de Nariño, y notificar la normalización "a la venezolana"
que nos espera.
La foto con Trump
("Es un gran honor") y la gorra de MAGA en la cabeza del visitante,
no significan que ahora Petro haya dejado de ser un rufián ni que Trump esté
reblandecido...
Lo que ha ocurrido,
en realidad, es que el presidente de los EEUU ha logrado el manejo de nuestro
subsuelo, donde abunda el coltán y quizás haya tantas tierras raras como oro e
hidrocarburos, y el de acá conserva el poder político, cuyo ejercicio es
indiferente para Washington, mientras aquí tengan un bastard, como
consideraba Roosevelt a Somoza.
Nada, pues, más
erróneo que pensar que Petro cumplirá con los buenos deseos de las ánimas
candorosas, que creen que Trump lo ha domesticado y que los peligros para
nuestra democracia son cosa del pasado, porque el deshonroso cambalache de esta
semana enriquece a EE. UU., sin disminuir el riesgo mortal que nos amenaza.
Casi todos los
colombianos creen que Petro, a partir de ayer, es dócil y manejable, y que no
le hará pistola con los dedos de los pies al State Department, cuando llegue el
momento crucial de las elecciones.
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