sábado, 31 de agosto de 2019

Punto de Referencia: cadena de errores

Punto de Referencia: cadena de errores

Por José Gregorio Hernández Galindo*

Reproducimos el siguiente artículo con la autorización expresa del doctor José Gregorio Hernández Galindo.

http://lavozdelderecho.com/index.php/opinion/item/6694-punto-de-referencia-cadena-de-errores-jose-gregorio-hernandez-galindo

José Gregorio Hernández GalindoLa declaración de alias "Iván Márquez", "el Paisa", "Romaña", "Jesús Santrich" y los demás guerrilleros de las FARC, en la que anuncian su decisión de retomar las armas, no debe tomar a nadie por sorpresa. Es algo calculado desde hace tiempo.

Los errores cometidos por los órganos estatales y los incumplimientos han sido muchos y ostensibles, desde la firma del primer Acuerdo de Paz (Cartagena, 26 de septiembre de 2016). El primero de todos: la burla de la voluntad popular expresada en el plebiscito del 2 de octubre de ese año; el "Fast track"; la aprobación apresurada y sin discusión de los proyectos de reforma constitucional y legal; la debilidad del control de constitucionalidad y las confusas y contradictorias sentencias de la Corte Constitucional -que acaba de criticar el propio Iván Márquez; la creación de la JEP mediante normas oscuras e incoherentes en que no fueron adecuadamente delimitadas las competencias; la elección de los magistrados de la JEP por parte de extranjeros; la posesión de los magistrados de la JEP antes de expedir las normas procesales y estatutarias; la falta de previsión en materia presupuestal para cumplir lo pactado.

"Jesús Santrich", solicitado en extradición por Estados Unidos, estuvo preso durante un año a la espera de que se le definiera su situación jurídica; la JEP no decidía, y cuando decidió, lo hizo por fuera de su competencia, declarándolo no extraditable y dejándolo en libertad. Nuevamente detenido, no perdió su investidura porque se consideró que, si no se había posesionado, ello ocurrió por fuerza mayor; y la Corte Suprema de Justicia le reconoció el fuero de congresista sin posesión; no tramitó el proceso y ordenó su detención solamente tras la fuga. La JEP no resolvió a tiempo sobre el recurso presentado por la Procuraduría.

En cuanto a "Márquez", "el Paisa" y "Romaña", la JEP no les exigió su presentación; fue débil ante ellos; admitió cartas y abogados, sin presencia de los procesados, y ahora, tardíamente, inicia los trámites para despojarlos de los beneficios, y todavía sólo hay lamentos públicos de los funcionarios –diciendo que confiaron y que se traicionó su confianza–, pero no hay decisiones judiciales.

Y quienes proyectaron las equivocadas normas dicen que "no se debe armar una tormenta en un vaso de agua". Pero "Márquez" y sus amigos le han vuelto a declarar la guerra al Estado y han destrozado el Acuerdo de Paz.

José Gregorio Hernández Galindo es un jurista colombiano, exmagistrado, catedrático universitario y autor de los libros Poder y constitución: el actual constitucionalismo colombiano” (2001), “El concepto de inconstitucionalidad en el derecho contemporáneo” (2013), “Constitución política de Colombia: comentada” (2015), “La llama de la independencia: bicentenario y constitucionalismo” (2010) y “Las dos caras del proceso de paz: de la ilusión al caos” (2018).

viernes, 30 de agosto de 2019

Cuando el silencio no es una opción


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Estuve en Pasto para acompañar al nuevo rector del Colegio Javeriano en su posesión, en una sobria pero muy sentida ceremonia que resultó ser un excelente pretexto para volver al sur, donde subsisten tantos afectos. Coincidió mi estancia con un evento organizado por la Comisión para el esclarecimiento de la verdad y la Unidad de búsqueda de personas dadas por desaparecidas, jornada que se realizó en el bellísimo teatro del colegio del cual fui rector hace poco más de dos décadas.

El lugar se colmó para la hora de inicio. Había representantes de varias regiones de nuestro país, casi todas mujeres buscadoras de sus seres queridos, por supuesto, víctimas afectadas por el vergonzoso conflicto que padecimos por más de medio siglo. Pero también estaban presentes los comisionados con su presidente a la cabeza, la directora de la Unidad y su equipo, la presidenta de la JEP, representantes de la fiscalía, la directora del Instituto de Medicina Legal, líderes de ONGs de muy diversos temas, jóvenes estudiantes, en fin…

Quería estar solo un rato, pero resulté quedándome casi todo el tiempo. La consigna “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” resonaba como elemental y justa demanda. Las imágenes con los rostros de tantas personas de los que hoy no se sabe nada fueron impactantes, pero los testimonios de sus familiares, realmente conmovedores. Para uno, ciudadano citadino, lejos de nuestros campos y veredas de la periferia, el tema resulta ser de cultura general, estadístico (son decenas de miles) y a lo sumo político e ideológico (por algo sería). Otra cosa es la tragedia que viven estas personas, porque si bien una es la victima en cada caso, en realidad son sus seres queridos: papás, hermanos, familiares y amigos, quienes a su alrededor sufren todos los días la magnitud de esta desgracia.

En la víspera del encuentro se desató una fuerte polémica por las declaraciones, por un lado, de la Fiscalía asegurando que en la retoma del Palacio de Justicia no hubo desaparición forzada, y por otro, de Medicina Legal afirmando que hubo fallas en las pruebas técnicas de reconocimiento de los restos humanos. Habría que distinguir las dos cosas, pues una cosa es la desaparición forzada y otra la ciencia forense. Que la ciencia y la tecnología de hoy supere la de los años 80, es una verdad de perogrullo y que, en aquella caótica tragedia de noviembre del 86, no hubo ningún protocolo para la recolección de pruebas pues todo fue confusión, nadie lo pone en duda. Pero lo que resulta inaceptable desde todo punto de vista es que nos quieran decir que no hubo desaparecidos, cuando las cámaras de televisión registraron la salida de muchas personas de las que después nunca se supo su paradero. Que es cierto que algunos ya aparecieron porque sus cadaveres fueron reconocidos, no niega el delito de la desaparición forzada que se dio allí. Que puede ser cierto que en algunos casos hubo equivocaciones al dar por reconocidos algunos que no era esa su identidad, no puede arrojar como conclusión que entonces no hubo desaparecidos, por el contrario, lo confirma. Insistir en el exabrupto de que no hubo tan tamaña barbarie revictimiza. Con razón, un joven paisa, hermano de un desaparecido en la Comuna 13, ofendido por esas declaraciones de la Fiscalía dijo: “seguiremos luchando, seguiremos buscándolos. El silencio para nosotros no es una opción”.

En la guerra, se ha dicho siempre, la primera víctima es la verdad. De manera que, para poder llegar al esclarecimiento de la verdad, un propósito que siempre se asume una vez se ha logrado la paz, es que los actores del conflicto armado sean invitados a contar “su” verdad, es decir, la versión libre y espontánea de por qué actuaron, cómo actuaron, cómo y cuándo lo hicieron, con quiénes, entre otros aspectos. En el complejo caso colombiano no son dos los grupos de protagonistas sino muchos más: los gobiernos de turno que estuvieron al frente de las instituciones del Estado, las fuerzas militares y de policía, los grupos guerrilleros y sus facciones, los grupos paramilitares y sus facciones, los carteles del narcotrafico, los grupos delincuenciales de todo orden y matiz que sirvieron por motivos económicos a unos y otros, las personas e instituciones de la sociedad civil… aquí el rompecabezas está lleno de fichas que muchas veces no cuadran ni encajan. Menuda tarea tienen los miembros de la Comisión de la Verdad para poder atender su encargo. Por ahí el señor Londoño Hoyos dice que no cree en la verdad del Padre De Roux, como si fuera él quien pontificara la suya. Ignora el recalcitrante señor que, al interior de la misma Comisión, como en todas las organizaciones, ninguno piensa igual, hay posturas no sólo diversas sino radicales desde su propia perspectiva. ¡Algunos negacionistas resultan diciendo ahora, como hace unos años, que no hubo conflicto, que no hubo desaparecidos, que no hubo torturas ni violaciones a los derechos humanos, mejor dicho, que esto siempre fue el país de las maravillas!

Y en ese contexto, cuando ya había concluido mis reflexiones de esta semana, nos sorprenden algunos de las FARC con su regreso a la opción armada. ¡Qué frustración, qué dolor de patria, qué retroceso! “Es ahí donde se sigue develando poco a poco la verdad”, me dijo el P De Roux a nuestro regreso a Bogotá. Y tiene razón, porque aquí es donde, como decimos, se pela el cobre: quiénes están de verdad con la paz y quiénes con la guerra. Qué aciertos y qué errores tuvo el proceso de La Habana. Qué grandeza o qué mezquindad tendremos con los desmovilizados que le apuestan a un país en paz. Si era cierto que el país se les había entregado, por qué diablos se vuelven para el monte. Quienes son los oportunistas que le sacan partido a la coyuntura para volver a la maldita guerra. Me preocupa que la polarización se radicalice. Por eso mismo, el silencio no es opción. Hay que seguir promoviendo un mejor país para todos y denunciando a viva voz todas las plagas que quieren acabarlo. No hay de otra.

jueves, 29 de agosto de 2019

Vigía: ¿Erosionada después de 200 años?



Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Semana a semana se ha ensamblado un ambiente de dudas sobre el mando militar colombiano. Gran parte de las informaciones y comentarios provienen del propio mando, en una lucha interna por el poder que está minando toda la estructura responsable de enfrentar con la fuerza del Estado, organizaciones delincuenciales que amenazan la viabilidad del país. ELN, FARC, EPL, clanes del golfo y de Sinaloa, caparrapos, puntilleros y otros carteles y bandas, incrementan su pie de fuerza, se arman y controlan territorios mientras indígenas mañosos y campesinos adoctrinados vituperan, apedrean y expelen de esas zonas a nuestros soldados y policías, mandos medios sufren de parálisis operacional y generales resultan involucrados en escándalos de corrupción. Los viejos comandantes, desde su retiro, lo expresan con dolor: “...lamentables, evidentes y desafortunados hechos que, aun siendo aislados, gravitan profundamente el alma institucional y afectan la integridad moral”.

La institución bicentenaria, la más querida por los colombianos, sufre los efectos mortales de un gobierno que la convirtió en un garito de chismorreos, deslealtades y conspiraciones, a lo cual llegamos porque, entre otras estupideces, el mejor soldado se fabricó en Palacio, el curso insignia de combate se degradó a un reality de tv, nuestra guerrita se empezó a pensar desde Bruselas, la doctrina Damasco se saborizó en Cuba y el mando se involucró en política. Errores garrafales de generales y políticos con perspectivas geopolíticas equívocas. Se rompió el acuerdo establecido por Alberto Lleras el 9 de mayo de 1958 en el Teatro Patria, el ejército se burocratizó y rápidamente estamos volviendo a tiempos de inseguridad e incertidumbre.

Semana a semana se corroe la solidez institucional y las recomendaciones para el manejo político de la delicada coyuntura las están dando “expertos en seguridad militar”, que no distinguen una trabilla de un afuste.

Ahora, la Corte Constitucional discute si los militares deben entregar “la propia vida” en cumplimiento de su misión. Pronto, algún desprestigiado togado decidirá que el delito de cobardía es una antigualla desechable. Entonces: ¿Quién va a pelear por Colombia?

Como lo ha planeado el Foro de San Pablo, la Comisión de la Verdad, del colectivo marxista del Cinep y la JEP, proclamarán la necesidad de acabar o reformar un ejército proyanqui, burgués, corrupto, causante principal de la violencia de la república y desprestigiado ante el pueblo. Morir por la patria dará paso a matar en defensa de un gobierno. Sicariato constitucional. Peor que en Venezuela.

miércoles, 28 de agosto de 2019

¿Corregir y recuperar, o impedir?


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Nadie puede negar que el desarrollo ha implicado daño ecológico considerable. Ahora, una de las labores fundamentales del Estado consiste en corregir los errores del pasado, recuperar los terrenos y cauces degradados, reforestar y evitar repetición de daños.

En Colombia viene imponiéndose un ecologismo politizado y extremista, cuya actitud consiste en impedir el desarrollo, en lugar de propugnar por una explotación técnica y adecuada de los recursos naturales, especialmente de los mineros. De esta manera se está sembrando odio hacia el petróleo y hacia toda explotación, sea ella antigua o nueva, en especial si se trata de hidrocarburos u oro.

Mientras se obstaculiza la gran minería, nada se hace contra una extracción depredadora de oro, con retroexcavadoras y aterradora contaminación de los ríos con mercurio y arsénico.

La gran minería de las transnacionales no es altruista, obviamente. Si se les permite actuar sin control puede ser tan destructora o peor aun que la otra. Pero esa actividad puede ser sometida a estrictas normas técnicas para minimizar o impedir el daño ambiental.

El deber de todo gobierno, en este campo, consiste precisamente en promover la correcta explotación minera y petrolera, y al mismo tiempo reprimir las actividades que convierten vastos territorios en eriales, y prodigiosos ríos llenos de vida, en inmundos albañales, sean “legales” o no quienes destruyen el entorno.

En Colombia no se está haciendo nada por detener, en primer lugar, y luego acabar las explotaciones ilegales de oro y la deforestación, tanto para la siembra de coca como para la obtención de maderas, muchas de cuyas especies están desapareciendo. Tampoco se está evaluando el tema del coltán, que al parecer es abundante en la Amazonia y está siendo explotado y exportado en cantidades crecientes, sin el menor respeto por el entorno.

Desde esta columna sigo pidiendo al gobierno, por la urgente gravedad de estos asuntos, adecuadas respuestas a las inquietudes expresadas.

En los últimos días empiezan a adquirir notoriedad ciertos asuntos de especial gravedad:

1. Nuestras reservas probadas de petróleo son exiguas. Si no se explora ni se encuentran nuevos yacimientos explotables, en cinco o seis años pasaremos de exportadores de hidrocarburos a importadores de combustible.

A pesar de tan grave predicamento —porque sin la exportación de petróleo Colombia quedaría sumida en la miseria— ciertos grupos ecologistas muy vocales están logrando pronunciamientos judiciales para impedir el fracking.

No sé si el fracking sea la única manera de incrementar las reservas, pero el país está urgido de explorar, respetando el entorno, sea con los medios tradicionales o con este nuevo sistema. En ambos casos se debe exigir responsabilidad ambiental. En cambio, impedir la exploración es suicida. Ya se sabe que con aguacates no vamos a sustituir 30.000 o más millones de dólares al año.

Es alarmante que Ecopetrol tenga que participar en exploración (vía fracking), asociada a otras compañías, en Texas, porque no puede hacerlo en Colombia. Esta compañía explica que, si no incrementa sus reservas, va inexorablemente a la quiebra.

2. La arremetida contra El Cerrejón es preocupante, porque los jueces que ahora nos gobiernan —ignorantes en economía, geología, ecología, y hasta en derecho— pueden acabar con la explotación del carbón, sin preocuparse por los efectos de tan absurdo pronunciamiento.

Ahora bien: Como todos los medios de lucha deben combinarse, el poder judicial se ha puesto en Colombia al servicio de la revolución, que llegaría con mayor rapidez si se impide el desarrollo económico.

El gobierno, que se ve obligado a acatar consultas locales y fallos absurdos, es incapaz entonces de promover el desarrollo minero-energético, y también se ve cohibido para eliminar la explotación ilegal y depredadora de aluviones, porque esta letal actividad goza del apoyo, encubierto pero eficaz, de las fuerzas del desorden que con el “acuerdo final” controlan el Estado.

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¿Cuándo ha visto el lector al Partido Verde o la Colombia Humana condenar la frecuente voladura de oleoductos en estos “tiempos de paz”?

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El poder judicial, que únicamente se muestra diligente si se trata de asuntos políticos, ¿cuándo se ocupará del costalado de dólares de Petro?

martes, 27 de agosto de 2019

De cara al porvenir: la fortuna


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Azar, suerte, buenos vientos, favorabilidad de ciertas condiciones, hado, sino, ventura, casualidad, signo, estrella, suceso, acaso, rueda, vicisitud, son todas aproximaciones a aquello que en lo cotidiano denominamos como buena suerte.

Para Maquiavelo, la fuerza, los recursos y la fortuna son la tríada que debe poseer el Príncipe para poder aspirar a salir triunfante, sin que el acceder a estos atributos, garantice la victoria.

En el mundo empresarial se habla de la acción empresarial como los esfuerzos conscientes que hace el equipo de trabajo con los recursos que tiene disponibles para vencer las dificultades y sacar adelante los resultados esperados, y otra cosa es el evento empresarial, que son aquellos acontecimientos sobre los cuales no se tiene control, pero que, de acontecer, pueden favorecer o perjudicar lo que la empresa está intentando conseguir por su propio esfuerzo.

En el mundo real hay humanos que cuentan con suerte desde su nacimiento, y otros a quienes las afugias los acompañan durante toda la vida, sin entrar en el análisis de si el uno será más feliz que el otro.

Iniciar la vida en “cuna de oro” da cierta ventaja indiscutible, que algunos sabrán aprovechar mejor que otros. Por su parte, existen personas capaces de sobreponerse a todas las condiciones desfavorables posibles y alcanzan el éxito.

El destino puede ser entendido como el entramado de acontecimientos que rodean el devenir de la existencia y es posible que cada persona sea consciente total o parcialmente de esta compañía y sepa responder, reaccionar o proaccionar ante estas circunstancias.

Nuestro gran Egan Bernal se fracturó la clavícula y no pudo asistir al Giro de Italia. Froome tuvo un accidente y no pudo asistir al Tour de Francia. Egan se recuperó y participó en el Tour de Francia, en el cual no estaba previsto que participara y se lo ganó brillantemente. Ahí están las circunstancias y uno las aprovecha o no.

Bajo otra perspectiva, eso sucede a nivel de las sociedades humanas. Colombia es un país riquísimo en recursos naturales, tiene una privilegiada ubicación geográfica, la mayoría de su gente es buena y trabajadora, pero unos pocos se han encargado de administrarla mal, de robársela y de mirarla como botín personal.

Sin embargo, la pasividad de la gente buena se convierte fácilmente en complicidad. Una cosa es que yo no robe y otra que no me duela ni me interese que saqueen a Colombia, mi mal querido y mal administrado país.

Se peca por acción y por omisión y aquí hay pecadores en todos los bandos.

Mientras no tengamos una justicia que funcione, que tenga dientes, que sea operativa y oportuna, no será suficiente que pensemos en una justicia reformada que incluya cadenas perpetuas o penas de muerte, pues ante la consuetudinaria impunidad, aquí no pasará nada.

Pasando a otro aspecto, importante noticia mediante la cual se informa que, a junio 8 de este año, las utilidades de Ecopetrol ascienden a 6.2 billones de pesos. Hay que tener en cuenta que estos buenos resultados, así como si fueran malos, no corresponden a una buena o mala gestión, sino al vaivén de los precios internacionales, debido a factores geopolíticos y geoeconómicos sobre los cuales un país como Colombia no tiene injerencia.

Como en sus mejores épocas expansionistas, el presidente Trump anuncia que quisiera comprar a Groenlandia, tal como sucedió con Alaska en 1867, cuando por 7 millones de dólares se la compraron a los Zares Rusos. Recordemos que, en 1946, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos le ofrecieron 100 millones de dólares a Dinamarca por este territorio, de importancia geoestratégica capital si se llegara a derretir el Ártico.

domingo, 25 de agosto de 2019

Me pregunto



Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El por qué nuestra sociedad, la colombiana, debe y tiene que estar sufriendo, por causa de la falta de acción del Congreso colombiano, que impávido ve pasar el tiempo y no reacciona frente al clamor ciudadano, al dolor y a la angustia de miles de familias víctimas de varios flagelos abominables que atentan contra la convivencia ciudadana, la moralidad, las buenas costumbres y al sufrimiento de la víctima. Ellos guardan su dolor, la infamia, ocultan su humillación toda una vida hasta que agobiados no aguantan y sacan a la luz pública su tragedia como una forma de liberación.

Varias mujeres en el Congreso de la República han propuesto desde la pena de muerte hasta la cadena perpetua para algunos delitos atroces.

Hoy quisiera manifestar que un alto porcentaje del pueblo colombiano quiere la pena de muerte para delitos como el secuestro, el homicidio, la violación a menores de edad, la violencia contra la mujer y la violencia familiar que son delitos que afectan de manera grave y directa a las víctimas.

Qué importante sería mirar a la luz del derecho, de la disciplina y el orden social, si esos delitos que violentan la dignidad del ser humano deberían ser objeto de condena y pena de muerte para que entiendan que el delito tiene consecuencias, que la sociedad no está abstraída simplemente viendo el delito, sino que clama por la justicia verdadera, la que genera consecuencias, que castiga, condena y saca de la sociedad a aquellos que en forma permanente atentan contra la dignidad, el honor y el respeto por las normas legales.

Quisiéramos que entendiéramos que hoy estamos aportas de que estén en la calle más de diez y siete mil violadores (17.000), y unos dos mil quinientos (2.500) que están próximos a salir de la cárcel, no propiamente para contribuir al desarrollo y a la convivencia. Saldrán como aves de rapiña, serán como depredadores listos a cometer actos delictivos contra el primero que se les atraviese y entonces volverán a la cárcel, pero después de reincidir, de iniciar nuevamente el camino de la ofensa y del delito.

Debemos recordar que los Garavitos, este conocido asesino y violador, y otros muchos, sin vergüenza, ni verdadero arrepentimiento, con innumerables delitos a cuestas, tarde que temprano saldrán a recorrer los pueblos y veredas para violar y matar niños.

Desde el año pasado 2018, el presidente ha solicitado acción para aprobar la cadena perpetua para estos delitos de violación, pero el Congreso ha sido impávido a esta petición, dilatan hasta que se hunden por término de legislación y ahora no asisten a la plenaria. Son unos absolutos y totales irresponsables, dan grima y no podemos esperar nada de ellos.

La historia de la humanidad ha tenido que ir controlando la delincuencia y la violencia de muchas formas. Legislar fuertemente, aun con pena de muerte, sobre estos temas no es volver al pasado, es simplemente analizar la realidad y tomar decisiones, de lo contrario los niños y niñas de Colombia, las mujeres, los ciudadanos de bien, no tendremos seguridad, ni tranquilidad, las violaciones aumentarán, el feminicidio se multiplicará, los secuestros continuarán y la ausencia de ley, de justicia será más evidente.

Evitemos a toda costa que volvamos a épocas pasadas de aplicar sentencia por la propia mano porque entonces vendrá el caos.

Exijamos a través de redes sociales, artículos, prensa, radio, tv y todas las formas de difusión que la justicia debe prevalecer y que los delincuentes, actores de los delitos mencionados, deben o ser condenados a la pena de muerte o condenados a cadena perpetua.

Nosotros los abogados


Por Andrés de Bedout Jaramilllo*

Andrés de Bedout Jaramillo
El papel que desempeñamos los abogados en la sociedad es de vital importancia y si la sociedad colombiana esta en crisis, muy buena parte de la culpa la tenemos nosotros.

Si miramos las profesiones de quienes nos gobiernan en las tres ramas del poder público: legislativo, ejecutivo y judicial; más los órganos de control: contralorías, procuraduría, personerías, superintendencias, inclusive las emprases del sector privado, entre otras organizaciones, los responsables somos de profesión abogados ya que nuestra formación es tan amplia, que servimos en todos los campos.

Es que a nosotros los abogados nos formaron para manejar el estado en su sector público y privado, nos formaron para dar ejemplo de honradez, de pulcritud, de humildad, de equidad, porque se supone que conocemos las leyes y todas las motivaciones que las originaron, donde básicamente la distinción entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, son su fundamento.

Queridos colegas qué nos está pasando, no le estamos cumpliendo a la sociedad, la estamos perjudicando, estamos haciendo quedar mal a las universidades que nos formaron, unos delinquiendo y otros no denunciando a los abogados que se comportan mal, pecando por acción y por omisión.

La cantidad de manzanas podridas en el gremio de los abogados es bien numerosa y esas manzanas podridas hay que separarlas, quitarles la tarjeta profesional, para que no puedan ejercer la profesión, ni ocupar cargos ni de elección popular ni de nombramiento, ni en el sector público ni en el sector privado, donde dentro de los requisitos exigidos está el de ser abogado.

La mayoría de congresistas, diputados y concejales, son abogados, la mayoría de alcaldes, gobernadores y presidentes, son abogados, todos los jueces, magistrados, procuradores, personeros, contralores, fiscales, superintendentes, defensores públicos y privados, etc., son abogados. Y si nos ponemos a mirar los niveles de aceptación que en las últimas encuestas tienen las entidades donde la mayoría son abogados, son muy bajos, mejor dicho, dan pena y la consecuencia directa la paga la sociedad colombiana, no hay justicia oportuna y lo peor, no todos los colombianos tienen acceso a la justicia. Sin justicia no hay democracia, no hay equidad, no hay Estado.

Las facultades de derecho de las múltiples universidades que hay en el país y que seguramente tienen súper estudiado el tema, tendrán que ponerse de acuerdo en los ajustes, sobre todo éticos y morales, que deben incluir en su pensum.

Los colegios de abogados, deben aglutinarlo a todos y contar con una especie de tribunales de honor que permitan recomendar, al Consejo Nacional de la Judicatura y a las entidades que sean competentes, los listados de los colegas a los que se les debe retirar la tarjeta profesional.

Yo no sé que estamos esperando para que la reforma a la justicia sea materia de urgente atención en la Presidencia y en el Congreso de la República, al igual que la unificación de normas en los códigos correspondientes. Entiendo por ejemplo que los códigos civil y de comercio, están listos, para que los congresistas y el gobierno nacional se pongan de acuerdo y los saquen adelante. Inclusive entiendo que los códigos penal y de procedimiento penal, también están prácticamente listos para el estudio de los congresistas. Es como si en el ejecutivo, en el legislativo y en el judicial, la mayoría de los que de eso viven, y muy bien pagados, no fueran abogados responsables, capacitados y educados para sacar adelante estos fundamentales temas para el funcionamiento del Estado.

Yo no sé cuántos abogados somos, pero nos debían de someter a todos al polígrafo; no más dilaciones, el Estado se está acabando en nuestras manos, qué irresponsabilidad.

viernes, 23 de agosto de 2019

El rancho ardiendo


José Leonardo Rincón,S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Jerónimo Nadal, en los primeros años de existencia de la Compañía de Jesús, fue un hombre clave que contribuyó en mucho a la expansión del carisma y obra ignacianos. A él se le atribuye la frase: “el mundo es nuestra casa”, una muy diciente afirmación que cobra cada día mayor validez. Solo concibiendo así el planeta tierra, entenderemos que el universo va mucho más allá de nuestras propias narices y que el cuidado de la casa común, como invita el Papa Francisco en su encíclica Laudato Sí, es una tarea apremiante e imperativa y no un capricho de temporada.

Con dolor observo las imágenes que nos muestran una porción de la Amazonia ardiendo, al parecer por un incendio provocado y difícilmente controlable. Con elemental preocupación veo que el presidente galo, Macron, invita a que el G7 aborde el tema, pues la selva amazónica es el pulmón del mundo. Con indignación estupefacta que supera todo desconcierto, no puedo creer que Bolsonaro, brasileño presidente, reconocido por su deseo de talar la selva, rechace la propuesta francesa y la califique de intrusión colonialista. Oye: ¿en manos de quiénes estamos? Porque Trump se salió del pacto global sobre el calentamiento climático dizque porque ese fenómeno no existe y ahora este otro señor le vale huevo su selva en llamas. A esta gente solo le importa lo suyo, su plata, su confort… los demás que se frieguen. Inaudito.

Recientemente, las noticias informaron sobre el desprendimiento de parte del casquete polar nórdico y advirtieron lo que esto implicaría de elevación del nivel del mar y consiguientes inundaciones en varios puntos del globo. Alertaron, igualmente, sobre la necesidad de tomar medidas de choque para frenar una debacle que ya se avizora. Si no se para la tala de árboles, si no se cuidan las fuentes de agua, si no se deja de botar tanta basura a ríos y mares, entre otras muchas medidas, caminamos con paso firme hacia el abismo.

Con alegría y esperanza veo una especial sensibilidad en las jóvenes generaciones sobre el tema. Parecieran tener claro que no tendrán futuro si no se frena el abuso al que sometemos a diario nuestro planeta tierra. Recuerdo también hace décadas a los de Greenpeace alertándonos sobre la catástrofe que veían venir y cómo se les miraba con desdén, por no decir desprecio, a esos locos romanticones de la ecología. Literalmente hoy día nuestro rancho está ardiendo, por otro se está inundando, a la par se está muriendo de sed por la aridez. El cambio climático es una realidad. Lo sentimos a diario: de calores infernales a fríos espantosos. En un mismo día llueve y hace sol varias veces. El verano registra temperaturas inéditas y el invierno unos termómetros increíblemente bajos.

Para no ir tan lejos, tenemos que cuidar lo nuestro. Las denuncias sobre los inminentes daños en el Páramo de Santurbán por la minería extractiva; la voracidad tras el afán del fracking para sacar petróleo con agua a presión; el daño ecológico por la fumigación con glifosato; la creciente contaminación, casi irreversible de nuestros ríos; los incendios forestales provocados por perversas manos criminales; las toneladas de desechos plásticos que inundan nuestros mares… algo tiene qué cuestionarnos. Pedir cuidar nuestra casa común no es discurso político colonialista, no es fiebre pasajera de poetas románticos, no es postura ideológica de moda, no es exageración alarmista de unos cuantos. Pedir cuidar nuestra casa cuando el rancho está ardiendo es quizás ya una voz tardía que grita en el desierto. Quizás, de pronto, alguien la escuche. Quizás estemos aún a tiempo.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Vigía: de resistencias y bocones


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
“Resistencia” es la remozada piedra filosofal de los alquimistas comunistas castristas. En “resistencia”, cubanos entrenan a agricultores en Saravena, Arauquita, Arauca, Tame y regiones fronterizas con Venezuela. Las FARC apertrechan una “resistencia campesina” con pobladores de Magüi Payán en la frontera con Ecuador. Y allí, el gobernador de Nariño amenaza con declararse en “resistencia”, cuando el gobierno reinicie la fumigación de cultivos ilícitos.

Los resguardos indígenas del suroccidente colombiano, rebosantes en coca y marihuana, son territorios independientes de donde la fuerza pública fue echada a escupitajos. Tienen autonomía administrativa, corrupta por supuesto; justicia propia, a punta de fuetazos y cepos; economía autógena basada en narcotráfico y en minería ilegal, y seguridad autonómica a cargo de las guardias indígenas y estructuras paramilitares garroteras, legalizadas en los acuerdos habaneros, reclutadoras de niños a quienes disciplinan a punta de formaciones y de gritos y entrenan para odiar a la policía y al ejército.

Estos resguardos son soberanías de la ilicitud habitados por tribus en mingas con explosivistas de dotación y que tratan de darle valor político a sus desmanes ritualistas con el mismo argumento del gobernador Romero: “$450.000 pesos recibe una familia que siembra coca. Esa es la oferta de la criminalidad. ¿Y cuál es la del Estado? Ninguna”. Principio explicativo y justificativo de la prostitución y el mercenarismo mafioso. Y de la “resistencia”. La región Cauca-Nariño, con más cultivos de coca que el Perú, amenaza con convertirse en una narcoautonomía si el Estado con la legitimidad que posee, bajo parámetros legales y con severidad, no somete al imperio de la ley a todos los colombianos y extranjeros que delinquen allí.

En la esquina nororiental, en Santander, el procaz alcalde de Bucaramanga ridiculizó la legitimidad pensional de quienes tienen que, 24/7, sacrificar la propia vida si fuere necesario en defensa del país, además de ser los únicos que incurren en el delito de cobardía “en presencia del enemigo o delincuentes”, dice la ley. Hernández, no acomete con igual saña a los educadores, miembros del otro régimen pensional especial. ¿Ese descomedido embate forma parte de la andanada que con oscuros intereses, soporta nuestra institución bicentenaria?

La posterior reunión del burgomaestre con algunos simpáticos reservistas sin representación alguna no resarce su maltrato a nuestros soldados y policías. Ojalá en su frenesí, a ese folclórico personaje no se le ocurra darle un cocotazo a ningún suboficial u oficial. Podría encontrar la horma de su zapato.

Imperofobia y leyenda


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Con ese título apareció el libro de María Elvira Roca Barea (Madrid: Siruela; oct. 2016), que alcanzó su 20a edición, dos años después. Explicable éxito por la calidad y originalidad de esa amplia indagación histórica, de 483 páginas.

Comenzando la obra, la autora afirma su agnosticismo, conveniente declaración, porque tanto España como la Iglesia Católica han sufrido sendas e interconectadas leyendas negras que María Elvira Roca desmonta, llegando a conclusiones muy similares a las de los historiadores católicos y a las de muchos hispanistas contemporáneos, especialmente gringos, que han reivindicado la trayectoria histórica de España, como Charles Gibson, Lewis Hanke y Philip Powell.

El tema de la leyenda negra hispanofóbica es vastísimo, pero, a mi juicio, el libro no se ocupa directamente del hecho de que todo imperio genera una leyenda dorada y que sus detractores fabrican otra, negra, contraria y virulenta, que se convierte en el arma más eficaz para demoler un odiado poder. La suma de las propagandas antiespañolas de signo protestante, de Holanda e Inglaterra, y la de Francia, dan lugar a una leyenda negra aterradora contra el Imperio español, sobre cuyas ruinas se asentará el predominio comercial y financiero de Londres y el intelectual de Francia, desde México hasta la Patagonia.

En esa metódica labor de zapa, el papel de las logias de ambas obediencias ha sido insuficientemente estudiado, y la señora Roca Barea nada nos dice al respecto, aunque su libro siempre es políticamente incorrecto. No deja rey ni roque. A su turno caen Lutero, el protestantismo, Las Casas, Guillermo de Orange, la Ilustración francesa con Reynel, Voltaire y Diderot; Humboldt y demás enemigos de España. No olvida tratar el genocidio de los indios norteamericanos, la prensa amarilla hispanofóbica de Hearst y Pulitzer, la BBC, y muchas otras y distintas manifestaciones de racismo y supremacismo, como el de Alemania dentro de la Unión Europea.

Es grande la cantidad de temas apasionantes, pero no conviene alargarse. Me basta con recomendar vivamente ese gran libro, porque nada hay más conveniente que desmitificar la historia, si esta labor se realiza con ánimo honesto y sólida sustentación, alejándose de prejuicios políticos y de nacionalismo ríspido. Por eso, quiero recordar aquí obras fundamentales como “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”, de Indalecio Liévano Aguirre, o el “Bolívar”, de Salvador de Madariaga, indispensables para comprender nuestra historia, Con esas obras y con esta que comento caen muchas de las vendas intelectuales que han aprisionado el pensamiento colombiano, aun antes de la invasión marxista-leninista, que ha empeorado todo, como genitora de un nuevo colonialismo ideológico, ahora con el brazo compulsivo de la fementida "Comisión de la verdad".

Aunque escrito para España, este libro también sirve en nuestra Hispanoamérica para sacudirnos el complejo de inferioridad frente a la afluencia económica, mediática y tecnológica del norte europeo y de los EE UU.

Tanto en la Península como en nuestros países perduran inconvenientes clichés mentales, que debemos descartar porque muchas veces solo son imposiciones ideológicas y lugares comunes.

Las 717 minuciosas citas indican los centenares de escritores, libros y estudios que sustentan este polémico volumen, que desafortunadamente carece de índices analítico y onomástico, que le hacen falta para la fácil consulta.

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Y como estamos hablando de libros, “El Imperio británico: cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial”, de Niall Ferguson, cuya 5a edición española (Barcelona; Debate - Pinguin Random House; 2016) he leído por estos mismos días, es monótono y mediocre.

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Sobre el origen de leyendas negras, nada más diciente que la que se teje día a día en los medios contra Álvaro Uribe, donde no faltan fotos trucadas de abrazos con Pablo Escobar, y señalamientos como el de ser uno de los grandes genocidas de la historia, ¡con 15 millones de víctimas nada menos!


martes, 20 de agosto de 2019

De cara al porvenir: manejo simbólico del Derecho


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
El rimbombante título de esta columna, quiere decir, en términos parroquiales, que a ratos se toman medidas legales con el único fin de dejar constancia, pues aun cuando dicen los letrados, el espíritu de la ley es buena, su implementación no es posible o no se dan los suficientes dientes a los aparatos encargados de hacerla cumplir, reforzando aquel viejo dicho que sostiene que “en Colombia se respeta la ley, pero no se cumple”.

Recientemente ha sucedido, a partir de la buena intención de las altas instancias judiciales, que se ha declarado al Río Cauca como sujeto de derechos, asunto de la máxima importancia, como lo fue en su momento el declarar al Río Atrato también como sujeto de derechos, pero ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Eso cómo se come? ¿Quién defiende a los ríos?

Recientemente la Corte Suprema de Justicia ordenó “contener la deforestación en la Amazonía”, como si el asunto fuera solamente de pronunciamientos. ¿Si tiene el Estado la capacidad de cumplir y hacer cumplir semejante orden? Pareciera que este tipo de decisiones situaran a los tribunales en un mundo ubicado en la estratosfera, mientras en lo local, ¿quién ronda a los infractores?

Bien desprestigiado que anda el poder judicial para que ahora sea objeto de burla por la trascendencia, pero la gran ingenuidad de algunas de sus decisiones, como en los ejemplos anteriormente enunciados.

Pasando a otro tema, advierte la Organización Mundial de la Salud acerca del resurgimiento del Ébola y anuncia medidas preventivas y restrictivas para tratar de evitar que se convierta en epidemia y genere una gran catástrofe.

La variedad y tipología de los riesgos que amenazan hoy en día al planeta y a la humanidad, hacen que cada vez se imponga más la sentencia de que “no hay nada más riesgoso que estar vivo”.

Impacto de meteoros, erupciones volcánicas, tsunamis, accidentes o detonaciones nucleares conscientes, aire enrarecido, agua contaminada, alimentos saturados de químicos, inestabilidades sociales, políticas y económicas, guerras, pandemias, entre algunos, son apenas un muestreo del peligro latente que nos acecha.

Mientras tanto, la humanidad continúa en su carnaval. Nada pasa mientras todo se está deteriorando. Cuesta encontrar una noticia o una acción humana positiva. La idea de no volver a ver noticieros no cambia en nada el panorama. Nuestro entorno local y planetario se enrarece, nos toca y nos afecta, aun cuando tratemos de semejar a los avestruces y enterremos la cabeza para no ver la realidad y poder entonces imaginarnos que el orden de cosas es manejable.

Crímenes siniestros, feminicidios, abuso de niños, corrupción rampante, falta de gobernabilidad y ausencia de verdaderos líderes por todos lados, migraciones forzadas, desempleo creciendo de forma galopante, crisis de institucionalidad, personalismos estúpidos y dañinos, son la realidad del día a día.

Medios de comunicación insertados entre la espada y la pared, en medio de conflictos éticos complicados. Cortoplacismo ciego, inmediatez temeraria, agotamiento de recursos y de plazos temporales para corregir el rumbo… y no pasa nada.

En Puerto Rico el gobernador Roselló cae porque a la gente se le llenó la taza y sale a la calle y protesta, y hace presión política de manera democrática. En Colombia, la indolencia nos mantiene adormecidos, a pesar de las irregularidades en que caen algunos altos funcionarios, pero tranquilos, que aquí no pasa nada.

Por ahora, y por lo que pueda suceder, mantengámonos confesados.

lunes, 19 de agosto de 2019

Acuso


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Desde el inicio del blog del pensamiento he venido hablando, escribiendo e insistiendo en que la disciplina, el orden y el respeto por la norma son vitales para lograr una convivencia organizada en la sociedad. Por ello, los columnistas y yo, expresamos las ideas, de forma respetuosa y cuando tenemos quejas concretas que formular lo hacemos con el único objetivo de que los funcionarios públicos corrijan sus errores y que quienes ejercen en un momento determinado funciones de control, de administración y de vigilancia ciudadana, realmente controlen.

Como antes de formular una acusación es conveniente tener pruebas de lo ocurrido, de manera que una sola parte no tergiverse los hechos y lo haga incurrir a uno en falsedades o en historias contrarias a la verdad, solicité la prueba de lo que me estaba contando una señora y así es que me envió la copia de la denuncia penal presentada en la Fiscalía General de la nación en la que narra los hechos que a continuación describo de una manera sucinta:

Una noche del mes de mayo, viernes a las 12.30 p.m., va la señora en mención con su hija menor de edad, de 17 años, para la clínica por cuanto tenía un dolor abdominal que parecía ser apendicitis. En el camino fueron detenidas por un retén de tránsito y procedieron a efectuarle la prueba de alcoholemia, la cual inicialmente dio positiva. Le indicaron que tenían que hacerle otra prueba más técnica y la encerraron en un bus, alejada de su hija, quien afuera lloraba del desespero y del dolor. Qué tragedia, un policía de tránsito insensible, investido de autoridad, se negaba a oír el llanto, los ruegos de la madre y su hija, nadie más intervenía y había más funcionarios, todos ajenos a ese dolor humano. Para ellos era más importante la prueba que el acompañar a la señora con su hija a la clínica, porque también le dijeron que fueran, pero ella se tenía que devolver a la prueba lejos de la clínica y dejando sin protección a la menor.

Al fin de cuentas la prueba no dio positiva, dejaron el carro detenido, y para acaba de ajustar, cuando días después fueron a recogerlo a los patios del tránsito estaba chocado y su arreglo tuvo un valor cuantioso, de lo cual existe prueba.

¿Qué tenemos entonces? un abuso de autoridad, un funcionario plenamente identificado y denunciado con nombre y número de placa, un procedimiento arbitrario e ilegal, y más que todo inhumano. Una niña menor de edad, una madre desvalida por causa del abuso, un carro chocado y un funcionario infame, creyendo que el poder es una placa y que puede hacer lo que quiera.

Este y muchos otros casos se presentan a diario en la ciudad de Medellín y en otros muchos lugares de nuestro país. Es necesario que los funcionarios públicos que tienen a cargo a estos personajes les hagan entender que una cosa es el orden, la disciplina y el respeto por la ley, y otra es la forma y manera en que ellos deben aplicar las normas. Es necesario sensibilizarlos y hacerles entender que hacen más bien a la sociedad respetando al ciudadano y no abusando del poder y la autoridad; un buen ejercicio de autoridad hace bien.

Tengo en mi poder la denuncia, el nombre del oficial de tránsito, su número de identificación, para que no vengan a decir después que es una denuncia temeraria. La verdad es una y a ella me someto, no acepto que una sociedad permita funcionarios abusivos, llenos de prepotencia y poder. Requerimos hombres con humanismo, que ayuden y que eviten el dolor, y que sean cumplidores de la norma, pero respetando la dignidad.

domingo, 18 de agosto de 2019

La indagatoria a Uribe


Por Julio González Villa*

Julio González Villa
“La magistrada de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, Cristina Lombana, compulsó copias a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes para que se investigue al magistrado Eyder Patiño por el denominado 'Cartel de la Toga'”.

“En este proceso también están investigados los exmagistrados Francisco Ricaurte y Leonidas Bustos sobre quienes se adelantan procesos judiciales. Del mismo modo, está en etapa de juicio ante el alto tribunal el jurista suspendido Gustavo Malo a quien la Comisión lo acusó por conocer de las acciones que se llevaban a cabo al interior de la corporación. El denominado 'Cartel de la Toga' se destapó luego que cayerá ante los estrados judiciales el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno dado que estuvo inmerso en el cobro de dinero a cambio de favores judiciales”.


Ya lo había anunciado el presidente Uribe, cuando denunció públicamente que el anterior presidente de la Corte Suprema de Justicia, José Luis Barceló, había advertido que no habría reforma a la justicia si Uribe no iba primero a la cárcel.

El ahora exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla Paucar, había afirmado:

“No es cierto que el alto tribunal no quiera elegir un nuevo fiscal antes de que acabe el Gobierno” y argumentó que “la dilación en las votaciones obedece a un examen exhaustivo de cada uno de los tres perfiles propuestos por la administración Uribe” y advirtió que “hasta tanto haya un candidato con la votación mínima que exige la constitución será elegido alguno de propuestos en la terna propuesta por la Casa de Nariño”. https://www.minuto30.com/el-magistrado-jaime-arrubla-le-respondio-al-presidente-uribe-no-hay-componente-politico-en-las-decisiones-de-la-corte/772/

¿Fue elegido el Fiscal General de la Nación de la terna que presentó el Presidente Uribe? No lo fue.

Esta es la “justicia” que acaba de llamar a indagatoria al presidente Álvaro Uribe Vélez.

Después de verificar lo que está pasando en la justicia, debo repetir como Ángel Ossorio en su libro “El alma de la toga”: “La toga, pues, no es por sí sola ninguna calidad, y cuando no hay calidades verdaderas debajo de ella, se reduce a un disfraz irrisorio”.