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viernes, 13 de diciembre de 2024

La suerte del marrano

José Leonardo Rincón, S.J.
José Leonardo Rincón, S.J.

Por estos días de Navidad, el cerdo ocupa un primerísimo lugar en las apetencias gastronómicas. Llamado también chancho, lechón, cocho, puerco, marrano, cochino, entre otros, denigrado por unos, rechazado por otros, apreciado y saboreado por el resto, se ha movido entre el triste anonimato y el exitoso protagonismo.

Sé que los judíos lo tienen proscrito y por eso mismo yo no entendía qué infame gentil o extranjero los tenía por allí y por qué el expulsado mal espíritu del endemoniado va a parar a una piara cercana y los robustos y posesos personajes terminan tirándose por un acantilado. Auténtica hecatombe económica para el dueño.

Pero en España, de quienes heredamos tantos gustos culinarios, es otra su suerte: sabemos de su cotizado jamón de bellota, ese sin igual jamón serrano, las morcillas de Burgos, el chorizo y otros embutidos en diversas presentaciones. Y aquí en Colombia, ¡ni se diga! Su suerte es total, pues hace presencia triunfal en diversidad de platos que hacen alborotar los jugos gástricos: la recién premiada lechona, catalogada como el mejor plato de cerdo a nivel global, la rellena, las salchichas, butifarras, longanizas, tamales, crujientes chicharrones, en fin... sale muy bien librado porque se le come todo: desde la cabeza, orejas incluidas, hasta las pezuñas que dan un toque sin igual a los frijoles.

Con razón mi amigo Mario Mejía, un jesuita salamineño que presumía de su origen paisa, pues por sus venas no corría sangre sino aguadepanela, con solemne acento regional decía: "A mí no me den cerdo, que eso es muy fino, a mí sírvanme marrano, que eso sí sabe bueno". Murió cargado de colesterol, pero contento de saborear tamañas exquisiteces.

Sin embargo, en el vocabulario cotidiano, a veces se le trata despectivamente: "No sea cochino, no sea puerco", "ese es mucho cerdo"... y a lo que veníamos: la suerte que le espera: "A todo marrano le llega su hora", para sentenciar el final que siempre tendrá, trágico para sí, pero motivo de fiesta y celebración para quienes están a su alrededor.

Y aquí el salto lírico con tinte político, que sirve de colofón, a modo de cierre de nuestro escrito de hoy: el mal proceder de todos los líderes políticos que se han transformado en dictadores y tiranos termina mal para ellos y felizmente para el pueblo. Nerón, Hitler, Mussolini, Gadafi, Hussein, Al Assad esta semana... todos ellos... nos recuerdan la sentencia popular: "A todo marrano le llega su hora". Un cordial mensaje para Ortega, Maduro, entre otros, de los que les caiga el guante para que se los chante... y de todos aquellos que siguen sus equivocados pasos, ya saben cuál es su suerte. No se diga más.

 

viernes, 27 de diciembre de 2019

Del agüero al augurio


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Pasa todos los años. Ya próximos a acabar el año, se apodera de todos, una ansiedad particular. Lo digo por los lugares donde he trabajado y por las empresas que conozco. Hay un afán nervioso por hacer cierres, balances, inventarios, informes, dejar todo al día. Como si se fuera acabar el mundo. Como si al otro día las cosas fueran a ser completamente diferentes. Es un fenómeno muy particular. Es una noche como cualquiera y al otro día, una mañana común y corriente, otro día cualquiera, pero no. Es distinto: anoche era 2019, hoy es 2020. Adiós al año viejo y bienvenido el nuevo con todas sus sorpresas y retos. Es un ritual que se repite y que para muchos tiene su propia liturgIa. Es la cena especial con pavo a bordo, pero es también la noche para los agüeros y los buenos augurios.

A decir verdad, agüero y augurio parecieran tener la misma raíz etimológica porque en los diccionarios aparecen ambos como procedimiento para predecir o interpretar el futuro. Sin embargo, entre nosotros sí que muestran diferencias, pues eso de creer en agüeros tiene su connotación negativa, ya que colinda con lo exótico, esotérico, excéntrico, medio mágico. Los agüeros no son de la dimensión racional y menos trascendente, sino que son creencias que solemos tener y que al ponerlas en práctica, suerte y buenos resultados nos van a traer: Que si ponerse los calzones amarillos, o no ponérselos, nos dará suerte; que las papas debajo de la cama nos darán plata abundante;  que las velas  multicolores traen cada una su buena vibra; que correr con las maletas por el barrio será garantía de asegurados viajes; que comerse las 12 uvas al compás de las 12 campanadas, cada una con su respectivo deseo; que estrenar una prenda nos vaticina un ropero abundante; que quemar calendarios de un año maluco nos libera de esas perversas ondas; que barrer la casa es sacar las malas energías; que romper platos nos da suerte… ¡mejor dicho! Yo, para ser sincero, no creo en esas supersticiones.

En cambio, prefiero creer en los augurios, esas aspiraciones que inspiran, jalonan, movilizan, dinamizan, brotan del corazón para desear las mejores cosas a las personas que queremos y para quienes pedimos lo mejor de lo mejor: buenas ondas, bendiciones, salud, bienestar, que sea un año excepcional en el trabajo, que abunde el amor con los seres queridos, etc. Los augurios son siempre buenos y muy positivos deseos, pero se pueden quedar allí si no se aporta la propia cuota de esfuerzo y actitud constructiva, propositiva y proactiva para llevarlos a término y hacerlos realidad.

Los agüeros juegan al azar y con actitud pasiva nos ponen a esperar los golpes de la buena suerte. Los augurios hacen una apuesta que invita activamente a ser los artífices protagonistas de trabajar para alcanzar los nobles objetivos. Así que: ¡menos agüeros y más augurios para la noche de Año Nuevo! El Niño de Belén, que es La Luz que disipa las tinieblas, nos trajo los mejores augurios: paz, amor y felicidad. Así que ¡Feliz 2020 para todos!

martes, 27 de agosto de 2019

De cara al porvenir: la fortuna


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Azar, suerte, buenos vientos, favorabilidad de ciertas condiciones, hado, sino, ventura, casualidad, signo, estrella, suceso, acaso, rueda, vicisitud, son todas aproximaciones a aquello que en lo cotidiano denominamos como buena suerte.

Para Maquiavelo, la fuerza, los recursos y la fortuna son la tríada que debe poseer el Príncipe para poder aspirar a salir triunfante, sin que el acceder a estos atributos, garantice la victoria.

En el mundo empresarial se habla de la acción empresarial como los esfuerzos conscientes que hace el equipo de trabajo con los recursos que tiene disponibles para vencer las dificultades y sacar adelante los resultados esperados, y otra cosa es el evento empresarial, que son aquellos acontecimientos sobre los cuales no se tiene control, pero que, de acontecer, pueden favorecer o perjudicar lo que la empresa está intentando conseguir por su propio esfuerzo.

En el mundo real hay humanos que cuentan con suerte desde su nacimiento, y otros a quienes las afugias los acompañan durante toda la vida, sin entrar en el análisis de si el uno será más feliz que el otro.

Iniciar la vida en “cuna de oro” da cierta ventaja indiscutible, que algunos sabrán aprovechar mejor que otros. Por su parte, existen personas capaces de sobreponerse a todas las condiciones desfavorables posibles y alcanzan el éxito.

El destino puede ser entendido como el entramado de acontecimientos que rodean el devenir de la existencia y es posible que cada persona sea consciente total o parcialmente de esta compañía y sepa responder, reaccionar o proaccionar ante estas circunstancias.

Nuestro gran Egan Bernal se fracturó la clavícula y no pudo asistir al Giro de Italia. Froome tuvo un accidente y no pudo asistir al Tour de Francia. Egan se recuperó y participó en el Tour de Francia, en el cual no estaba previsto que participara y se lo ganó brillantemente. Ahí están las circunstancias y uno las aprovecha o no.

Bajo otra perspectiva, eso sucede a nivel de las sociedades humanas. Colombia es un país riquísimo en recursos naturales, tiene una privilegiada ubicación geográfica, la mayoría de su gente es buena y trabajadora, pero unos pocos se han encargado de administrarla mal, de robársela y de mirarla como botín personal.

Sin embargo, la pasividad de la gente buena se convierte fácilmente en complicidad. Una cosa es que yo no robe y otra que no me duela ni me interese que saqueen a Colombia, mi mal querido y mal administrado país.

Se peca por acción y por omisión y aquí hay pecadores en todos los bandos.

Mientras no tengamos una justicia que funcione, que tenga dientes, que sea operativa y oportuna, no será suficiente que pensemos en una justicia reformada que incluya cadenas perpetuas o penas de muerte, pues ante la consuetudinaria impunidad, aquí no pasará nada.

Pasando a otro aspecto, importante noticia mediante la cual se informa que, a junio 8 de este año, las utilidades de Ecopetrol ascienden a 6.2 billones de pesos. Hay que tener en cuenta que estos buenos resultados, así como si fueran malos, no corresponden a una buena o mala gestión, sino al vaivén de los precios internacionales, debido a factores geopolíticos y geoeconómicos sobre los cuales un país como Colombia no tiene injerencia.

Como en sus mejores épocas expansionistas, el presidente Trump anuncia que quisiera comprar a Groenlandia, tal como sucedió con Alaska en 1867, cuando por 7 millones de dólares se la compraron a los Zares Rusos. Recordemos que, en 1946, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos le ofrecieron 100 millones de dólares a Dinamarca por este territorio, de importancia geoestratégica capital si se llegara a derretir el Ártico.