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viernes, 13 de marzo de 2026

La alegría de la Cuaresma

José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón,S.J.

Quizás el color morado de los ornamentos de este tiempo litúrgico era lo que me hacía pensar desde niño que la cuaresma era un tiempo lúgubre, asociado a silencio, ayuno de carne, abstinencias exigentes y otras prácticas que nos iban preparando para la Semana Santa cuyo culmen era el viernes santo.

Por cierto, los viernes se rompía la dieta ordinaria y se nos obligaba a consumir pescado. El panorama metereológico de estos meses de marzo y abril (aguas mil) contribuía a la escenografía: poco sol, frío, muchos nubarrones negros, lluvias pertinaces cuando no aguaceros con truenos y rayos, mejor dicho, todo dado para inducir al arrepentimiento y la penitencia. ¿Y qué decir de la semana mayor?  La programación en las emisoras se alteraba, la música festiva se cambiaba por clásica, hasta el cine relanzaba las tradicionales cintas taquilleras de siempre: el mártir del calvario, Ben-hur, los 10 mandamientos…

Para colmos, ya jesuita, los ejercicios espirituales de la tercera semana retomaban el tema de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No había cabida para pensamientos alegres. Todo tenía una tonalidad grisácea y cuasi trágica.

 Esta manera de ver y de vivir la cuaresma tocó a su fin ya entrado en años. Cuando implementamos el sistema de gestión de calidad en nuestros colegios, ese andamiaje metodológico, sumado a la práctica pedagógica ignaciana, me ayudaron a hacer una analogía existencial: Dios nos quiere caminando en la senda de la mejora continua: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Y perfecto es reflejo de calidad. Claro, eso no se logra de la noche a la mañana, siempre nos encontramos con no conformidades mayores (pecados mortales), no conformidades menores (pecados veniales) y oportunidades de mejora.  El examen de conciencia no es otra cosa que un ejercicio de auditoría interna. La idea no es rajarse sino obtener la certificación, es decir, realizarse en la vida, alcanzando el propósito, ser felices. Los parámetros están dados y más que un cumplimiento (cumplo y miento) de requisitos de normas  hay que descubrir la razón y el sentido que lo inspira, es todo un espíritu, una manera de ser y de proceder.

 Después, cuando hice la tercera probacion, que es como un segundo noviciado, en la perezosa tercera semana que ya mencioné, nuestro instructor nos invitó a repetir no una sino hasta cuatro veces las oraciones que me sabían a cacho pero que, al final, me terminaron gustando. Si. Hubo un cambio de fondo en la mentalidad y comprensión del asunto. La cuaresma es otra cosa. La cuaresma es un tiempo privilegiado para entrar al taller y hacer una revisión (no ya tecno-mecánica) sino estructural y comprehensiva de la propia vida y el poder apretar tuercas, hacer ajustes, ordenar la casa interior, eso es motivo de alegría profunda y enorme satisfacción, porque ¿Quién no se alegra de poder crecer, evolucionar, madurar? Así las cosas, la cuaresma se transforma en antesala de la pascua, esto es, de ese paso triunfante de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la tristeza a la alegría.

lunes, 14 de abril de 2025

Editorial: sucesos de la semana No. 93

 


En su editorial semanal para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza el reciente fallo de tutela que prohíbe al presidente Gustavo Petro emitir los consejos de ministros en el horario tradicional. Así mismo, nos invita en esta Semana Santa a hacer una profunda reflexión sobre el proceso de la vida, nuestras relaciones familiares, el ámbito laboral y la situación del país. Recomienda también la lectura del artículo escrito por el padre José Leonardo Rincón, quien ofrece una valiosa reflexión sobre la Semana Mayor, y sugiere ver la entrevista con Antonini De Jiménez.



viernes, 11 de abril de 2025

Camino hacia la pascua

José Leonardo Rincón, S. J.

Estamos ad portas de la Semana Mayor, y aunque para la mayoría de los colombianos simplemente estos días son sinónimo de vacaciones, para los creyentes practicantes se convierten en una jornada de especial relevancia espiritual.

La liturgia, es decir, esas acciones y oficios con los que el pueblo de Dios celebra su fe, tiene un itinerario muy bien estructurado y coherente que, pedagógica y procesualmente, nos va haciendo entender el misterio pascual, esto es, la pasión, muerte y resurrección del Señor. En realidad, no es solo una importante lección catequética, sino también toda una condensada lección de vida. Los colores de los ornamentos, la música, las oraciones y plegarias, los ritos y los símbolos, todos ellos conjugados, tienen un significado. La mayoría de la gente los ignora, y por eso se reducen casi que a una mera actuación teatral por parte de funcionarios eclesiásticos que mecánicamente repiten dichos y gestos, pero no comparten con su audiencia el delicioso sabor de eso que hacen.

Por eso es importante no solo ir a oír misa, como se dice, sino a participar y celebrar, pero sobre todo a entender y comprender lo que se celebra en cada uno de los rituales previstos. Fijarse en los actores principales y secundarios, lo que dicen y lo que hacen, por ejemplo, resulta muy aleccionador. Claro, entender el sentido profundo de cada ceremonia, su objetivo, lo que conmemora y el fruto que se espera alcanzar, más provechoso resulta todavía.

Para llegar a estos días santos se ha tenido una preparación de 40 días, conocidos como la Cuaresma, un tiempo que nos invitó a la reflexión, a la oración, el ayuno y la limosna. Tiempo propicio para tener una mirada interior autocrítica, pero cargada de esperanza y misericordia. Tiempo de crecimiento y de trascendencia. Tiempo de evolución y maduración.

El Domingo de Ramos evidencia la paradoja entre el éxito puesto sobre el efímero poder humano, azuzado por un pueblo voluble e interesado que hoy proclama rey a su líder y mañana pide que lo crucifiquen.

El Jueves Santo celebra la apoteosis del amor que se traduce en servicio ministerial; se ofrece como alimento que da vida eterna en eucaristía comunitaria que hace memoria de ese amor llevado al extremo.

Por su parte, el Viernes Santo exalta la cruz del holocausto, donde el justo es masacrado cual víctima de un poder humano que, sabiendo de su inocencia, prefiere lavarse las manos, condenando inicua y arbitrariamente al inocente, en tanto se libera al delincuente, recomponiendo relaciones políticas, lavando rating ante el emperador, aunque se pase por encima de la propia conciencia; amigos que huyen, el uno traiciona, el otro niega, todos se esconden...

Finalmente, la Palabra se cumple. Después de la noche viene el día, del pecado la gracia, de la muerte la vida, del fracaso la gloria. Cuestión de fe, cuestión de esperanza que no defrauda, cuestión de amor. El paso, la Pascua, se ha dado. Era cierto, está vivo, está en medio de nosotros. Había que recorrer el camino hacia la Pascua para poder entenderlo.

 

lunes, 1 de abril de 2024

En pleno Viernes Santo

Por: José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón Contreras

Celebrando como estamos la Semana Santa, no deja de impactarnos lo que le tocó vivir a Jesús de Nazaret. Después de un periodo exitoso que por poco culmina en asumir un liderazgo político que era lo que esperaban los judios del mesías, la decepción se exacerbó de modo que resultó ser incómodo para todos. Roma podría verlo como un zelote, pero Jerusalén lo veía también como un subversivo de sus preceptos y un blasfemo que se arrogaba palabras y obras que los desestabilizaba de su zona de confort en su apoltronado status-quo dogmático en el que estaban. Conocemos el trágico final producto de confabulaciones y complots, traiciones rastreras movidas por el dinero, negaciones y huidas, odios viscerales de quienes fueron sujeto de sus duras críticas y cuestionamientos directos.

Lo grave de hacer esta memoria es quedarse allí, en compunciones y lamentos, en lágrimas solidarias con la pobre víctima que ofrendó su vida por nosotros. Y resulta grave porque no se necesita esperar a esta semana mayor para decir que estamos en pleno viernes santo desde hace rato. Y si no que hablen los familiares de las víctimas de la violencia que ha azotado por más de 70 años nuestros campos y poblaciones. Que se pronuncien los que han tenido que huir como desplazados dejando atrás sus tierras y propiedades

El listado puede resultar interminable, cual tortura lacerante que agobia permanentemente. Amenazados de muerte que viven huyendo, adultos y mayores viviendo en la más desconsoladora soledad cuando no literalmente abandonados. Niños obligados a trabajar desde tierna edad, abusados y vulnerados; jóvenes carentes de afecto que buscan vías de escape en el alcoholismo y las drogas, sin sentido de la vida y con propensión al suicidio.

Viernes santo viven también los que padecen el desempleo, los que deambulan por las calles, duermen a la intemperie y escarban en la basura para comer de las sobras de los otros; los agobiados por las deudas y los que con un salario mínimo deben hacer milagros para sobrevivir. Mas esto acontece en medio nuestro y en todas las latitudes: Por los lados de Siria y Líbano padecen su viernes santo desde hace tiempos; Ucrania desde que Rusia la quiere suya; la franja de Gaza desde que, por culpa de terroristas de Hamas, Israel encontró el pretexto para eliminar a cuanto palestino existe, así sean mujeres y niños que poco o nada tienen por qué pagar por esta guerra de milenios. Dígase lo mismo de Sudán y de varios países en el África o de cualquier otra parte del mundo.

En tanto el egoísmo no nos permita salir de nosotros mismos, con la codicia y la voracidad de querer tenerlo todo, de ser dueños y señores absolutos navegando en dinero así alrededor mueran todos de hambre. En tanto el afán de poder exista se repetirá una y otra vez la historia trágica de la humanidad de querer avasallar y atropellar por doquier así sea a costa de pisotear la libertad y oprimir naciones enteras olvidando la sentencia evangélica: “de qué le sirve a uno ganar el mundo si se pierde a sí mismo?”

En este viernes santo no sé qué es más vergonzoso: si todo eso que sucede en este instante por esos afanes insaciables cargados de irracionalidad o si la estupidez humana reiteradamente certificada que demuestra que no se ha aprendido, ni se quiere aprender la lección.  Dicen que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Lo que no se ha caído en cuenta es que los males han durado toda la vida, en tanto los cuerpos solo resisten máximo 100 años. Por eso la memoria es frágil y la amnesia es un mal colectivo. Seguiremos así en Viernes Santo.

viernes, 22 de marzo de 2024

Vívela a plenitud

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

¿Cuántas semanas santas has vivido en tu vida?, ¿cuántas de ellas las has vivido plena y conscientemente? Pues hoy te invito a hacerlo. Vale la pena. Es verdad que para muchos este tiempo de receso en los estudios y en el ámbito laboral puede asociarse a vacaciones y paseo. En realidad, su intención original es otra: un tiempo fuerte, culmen de la cuaresma para, en tónica de reflexión espiritual, hacer memoria de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, eso que también se ha denominado el misterio pascual.

Claro que resulta legítimo tener unos días de merecido descanso, pero necesario es también cultivar nuestra dimensión espiritual. Le dedicamos mucho tiempo al cuidado de nuestra formación intelectual, nuestras relaciones afectivas, el cuerpo mismo, lo estético, lo social y político, eso está bien, pero ¿y nuestra vida interior qué?

Contemplar el desenlace de la vida de Jesús de Nazaret resulta ser un itinerario provechosamente aleccionador para cualquier ser humano. Un hombre de extracción humilde y que se rodeó siempre de gente sencilla, que pasó haciendo el bien como la historia lo recuerda, que pedagógicamente hablaba clara y directamente con autoridad, seguido y amado hasta querer convertirlo en ícono político revolucionario, también resulta controvertido y odiado a punto de terminar siendo asesinado.

Reconocido y aplaudido, con un éxito evidente y un alto rating de popularidad, no sucumbe a la tentación del poder. Eso resulta decepcionante. No era lo que se esperaba y necesitaba. Y esos mismos que vitoreaban el Domingo de Ramos el culmen de su gloria, el viernes, enardecidos, vociferan su crucifixión. Interesante lección para ver cuán efímero es el cuarto de hora del éxito y cuán camaleónico es el populacho manipulado.

La cena con su grupo de amigos del alma, feliz ocasión para proclamar el mandamiento del amor como el más importante de cuanta normativa existe y el servicio como la expresión obvia de ese mandato, desemboca en codiciosa traición, en anunciada negación, en miedosa huida. El protagonista de la historia siente angustia y pavor. Su mentor eterno, silencioso, calla. Sentimiento profundo de soledad y abandono, de misión fracasada y estéril.

Sin embargo, la conciencia lúcida lo había advertido oportunamente: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto. Paradoja existencial profunda: morir para vivir, caer para levantarse, fracasar para triunfar. Misterio incomprensible, camino que no se quisiera repetir. Ineludible senda que hay que transitar. El revés se vuelve logro. La muerte se transforma en vida eterna. Es Pascua, es paso.

Las liturgias de estos días, exuberantes en textos y ritos, en palabras y símbolos, nos invitan a mirar con madurez nuestra propia vida a la luz de la fe y a comprender mejor nuestra personal historia de salvación. Te invito a que esta Semana Santa sea diferente. Te invito a vivirla a plenitud. ¡Vale la pena!

viernes, 15 de marzo de 2024

Pecados no confesados

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

En ocho días estaremos en la recta final de la cuaresma y a las puertas mismas de Semana Santa. Indudablemente, el entorno ha cambiado y lo que era antes de modo generalizado un tiempo fuerte de prácticas religiosas: ayuno, oración, limosnas, liturgias largas, procesiones, sermones, ahora son solo, para muchos, tiempo de vacaciones.

Sin embargo, las muchedumbres fervorosas siguen existiendo y la efervescencia religiosa de temporada no ha desaparecido. Las ceremonias gozan de alta concurrencia y no deja de haber largas filas para buscar el sacramento de la reconciliación. En el colectivo existe la convicción de que son días santos que ayudan a ponerse en paz consigo mismo y con Dios.

En el acto de contrición, esa oración pública en la que uno se reconoce pecador, se dice que hemos fallado de cuatro maneras posibles: de pensamiento, palabra, obra y omisión. La del pensamiento es muy personal y totalmente inédita en tanto no se haga explícita. Uno puede pensar muchas cosas, imaginarse otras tantas, darle vueltas y vueltas a algo. Solo uno lo sabe y en su conciencia valora qué tan complejo o delicado es eso que ha pensado. Eso que realmente se piensa puede estar muy distante del decir y el hacer: uno piensa algo, pero no dice lo que piensa. Uno puede pensar muchas cosas, pero no hacerlas, es decir, no materializarlo en acciones concretas.

Otra cosa es la palabra pronunciada. Lo dicho, dicho está. Se lo tenía que decir y se lo dijo. Ya salió, ya se expresó. Una cosa es qué dijo y otra es cómo se lo dijo. La palabra expresada ya no tiene vuelta, es como la flecha disparada, la piedra lanzada. Por eso es tan importante lo que se dice, como la forma como se dice. Y muchas veces fallamos porque decimos cosas que no debíamos decir y lo decimos de mal modo. La lengua se vuelve incontrolable en algunos y peligrosa arma que divide y destruye.

Ahora bien, del dicho al hecho hay mucho trecho. Se puede hablar mucho, decir las cosas elocuentemente, predicar muy bonito, pero quedarse allí. Dicen, pero no hacen, es la crítica de Jesús a los fariseos. Predican, pero no aplican, es lo que nos critica la gente al clero. Prometen, pero no cumplen, el reproche del pueblo a la clase política. Ahora bien, se puede pensar algo, no decirlo y menos hacerlo. O se puede pensar y decir, pero no hacer. Cuando se pasa a la acción el calibre del asunto está en su tope. Lo hecho, hecho está. En derecho se dice que las cosas se deshacen como se hacen, y es verdad que hay cosas que se pueden cambiar, mejorar o enmendar, otras no. Son irreversibles. Ese impacto es el que evaluamos. El alcance o efectos de nuestro proceder.

Pero se nos olvida que también se puede pecar por no hacer cuando se debía hacer. Generalmente, de estos pecados pocos, casi ninguno, se confiesa. Y pueden ser pecados recurrentes. La gente omite hacer el bien por pereza, por descuido o dejadez. Pudo ayudar en los oficios de la casa, pudo haber ayudado al anciano a pasar la calle, pudo ayudarle a esa persona a cargar pesados paquetes, pudo haber ido a visitar el familiar enfermo, pudo haberle dicho muchas gracias o que lo amaba, pudo haberlo defendido, pudo, pudo, pudo… y no lo hizo. En todos los ámbitos de la vida se peca por omisión. Es un pecado delicado, sensible, que puede tornarse grave. No hacer lo que se sabe se debe hacer. Hacerse el tonto, el de la vista gorda, eludir responsabilidades, sacarle el cu… erpo a ciertas obligaciones. Pecados no confesados que pueden tener consecuencias impredecibles.

Nos viene bien hacer un buen examen de conciencia que, a modo de auditoría interna, nos ayude a evidenciar lo que hay que mejorar. Para eso es es este tiempo cuaresmal. ¡Aprovechémoslo!

miércoles, 5 de abril de 2023

Examen de conciencia

Por Andrés de Bedout Jaramillo.

Andrés de Bedout Jaramillo

Nosotros los pecadores encontramos en esta Semana Santa una excelente oportunidad para hacer nuestro propio examen de conciencia, con miras a recordar nuestros errores y mejorar nuestros comportamientos. 

Tomémonos un ratico de nuestras vidas para leer este manual que adjunto, lo que redundara en hacernos mejores personas para esta sociedad y poder vivir para servir. 

Si te es de utilidad, no te de pena replicarlo y si te confiesas en la parroquia más cercana, vas a sentir un fresquito de paz y tranquilidad y mucha fuerza para continuar. 

*El examen de conciencia para una buena confesión. *

*A continuación las 30 preguntas propuestas por el papa Francisco para hacer una buena confesión: *

*En relación con Dios: *

1. ¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad?

2. ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta?

3. ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración?

4. ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos?

5. ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico?

6. ¿Qué hago para crecer espiritualmente?, ¿cómo lo hago?, ¿cuándo lo hago?

7. ¿Me revelo contra los designios de Dios?

8. ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

*En relación con el prójimo: *

9. ¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo?

10. ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras?

11. ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos?

12. ¿Soy envidioso, colérico, o parcial?

13. ¿Me avergüenzo de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

14. ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte?

15. ¿Incito a otros a hacer el mal?

16. ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio?

17. ¿Cómo cumplo mi responsabilidad en la educación de mis hijos?

18. ¿Honro a mis padres?

19. ¿He rechazado la vida recién concebida?

20. ¿He colaborado a hacerlo?

21. ¿Respeto el medio ambiente?

*En relación con nosotros mismos: *

22. ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

23. ¿Como, bebo, fumo o me divierto en exceso?

24. ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes?

25. ¿Cómo utilizo mi tiempo?

26. ¿Soy perezoso?

27. ¿Me gusta ser servido?

28. ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones?

29. ¿Nutro venganzas, alimento rencores?

30. ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

  

viernes, 15 de abril de 2022

Crucificado resucitado

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Cuando terminé mi servicio como rector del colegio Javeriano en Pasto, el entonces obispo y siempre amigo, Monseñor Enrique Prado, me hizo un regalo que anhelaba yo tener: una imagen de Jesucristo en la cruz, pero resucitado, es decir, no un crucifijo tradicional que exhibe a Jesús clavado en cruz, sino un Jesús que, sobre la cruz, con los brazos abiertos, se eleva al cielo en actitud alegre y triunfante. En otras palabras, una preciosa síntesis teológica del misterio pascual, esto es, de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.

Es una bella obra que no solo conservo cuidadosamente presidiendo la cabecera de mi cama, sino que, además, todos los días me recuerda ese misterio central de nuestra fe, esa realidad histórica y también teológica, ese devenir existencial e ineludible que nos toca a todos, no sólo como memoria de los días santos, sino como actualización cotidiana de una vida plena que pasa por el calvario. Porque, ¿qué simboliza esa imagen sino exactamente eso?

Nuestra vida está llena de agridulces. No todo es dulce, no todo es agrio. No todo es blanco, no todo es negro. No todo es triunfo, no todo es derrota. No todo es alegría, no todo es tristeza. No todo es vida, no todo es muerte. Nuestra existencia en una amalgama de todas esas realidades, por eso la vida toda hay que mirarla desde una perspectiva más amplia, más comprehensiva, para ser más realistas, más objetivos.

Jesús de Nazaret tuvo momentos exitosos como ese domingo de ramos en el que quisieron hacerlo rey. Su rating de popularidad estaba a tope, había sanado enfermos, había alimentado hambrientos, había resucitado muertos, había hablado y conmovido a muchos… pero ese mismo pueblo exaltado de alegría y emoción, a los pocos días, decepcionado porque Jesús no era el líder político que querían y cuando las cosas ya no salieron como antes, se transformó en un populacho enardecido que no tuvo reparo en gritar: ¡crucifícalo, crucifícalo! Y logró su cometido de llevarlo al cadalso de la cruz, un asesinato infame, después de un juicio ridículamente inicuo.

Es una lección de vida que debe ayudarnos a poner los pies sobre la tierra. Cuando estemos en los gloriosos, recordemos que hay dolorosos. Y viceversa. Al final, las cosas saldrán bien. No hay mal que por bien no venga. Es verdad que después del Domingo de Ramos viene el Viernes Santo, pero después de este, finalmente, llega el Domingo de Resurrección; esa es la alegría de la pascua.

El crucificado-resucitado que celebramos en estos días, es una actualización de ese misterio central de nuestra fe. No es una memoria nostálgica sino un constante llamado a darle sentido pleno a nuestra existencia. De este modo una vida plena es posible. ¡Felices Pascuas de resurrección!

viernes, 2 de abril de 2021

Lecciones de Viernes Santo

Por José Leonardo Rincón,  S. J.*

Pascua significa paso, una irreversible acción que se tiene que dar. No puede haber domingo de resurrección sin viernes santo. No puede haber vida sin muerte, gracia sin pecado, mañana sin noche, luz sin oscuridad. Es una realidad ineludible. El asunto es aprender de las lecciones que tan existencial coyuntura nos deja para la vida. 

Y la vida no es fácil, ¿quién dijo que todo era color de rosa, que todo iba sobre ruedas, dulce, tierno y romántico?  No. La vida  es lucha, es reto, es desafío, es crisis, son problemas. Quisiéramos quizás que las cosas fueran más fáciles y menos duras, pero paradójicamente la realidad de la vida es esa y eso precisamente es lo que le da color y sabor a la existencia y lo que le ayuda a dar sentido. Si esto ya fuera el paraíso, perdón por la franqueza, creo que la cosa sería monótona, tediosa y aburridora. 

 

Si eso hacen con el leño verde, qué no harán con el seco, advirtió Jesús en alguna ocasión. Conocedor como fue de la psicología humana, su sensatez y crudo realismo nos dejan ya esa gran lección. Pero hay más: ¡cuidado con las masas!  De un momento a otro pueden transformarse: el domingo de ramos vitorean, aplauden, echan flores y quieren proclamarte su rey, pero a los pocos días, esos mismos te insultan, te escupen y reclaman tu crucifixión. Sí, así de volubles, así de veletas, así de manipulables. 

 

Muchos de tu equipo, que jurabas te eran fieles y leales, es más, que te lo juraban para hacerte sentir seguro y tranquilo, pueden fallarte, pueden negarte, venderte y traicionarte. Amigos de palabra, muchos, pero pocos que en realidad te acompañan en las buenas y en las malas y están contigo hasta el final. Jesús experimentó la tragedia de la soledad y el abandono, incluso de su mismo Padre. 

 

Cuando menos pienses y de quien menos esperes, surgirán cirineos que te ayuden con tu cruz, mujeres solidarias que salgan a tu encuentro, centuriones que crean en ti, desconocidos que en plena crucifixión te reconozcan, nicodemos que te unjan y arimateas que pongan la cara por ti. 

 

Los poderes, de cualquier clase: civiles, políticos, religiosos, resultan siempre decepcionantes. Para conservar su rating de popularidad proceden erróneamente y eluden sus responsabilidades, se tiran unos a otros las tareas que le corresponden, cuidan su imagen para no perder el pedestal alcanzado, juzgan mal a sabiendas que condenan inocentes, baten cola ante poderes superiores para no perder puntajes, se lavan las manos para no aceptar sus equivocaciones, temen al pueblo y saben cómo manipularlo. 

 

Y finalmente, junto a la cruz, solo unos pocos. Tu madre quien como cualquier mujer que haga honor a este nombre, nunca falla, siempre está ahí, váyate bien, váyate mal, fracases o triunfes. Y tus amigos, dos o tres, no muchos, movidos por el auténtico valor de la amistad, desinteresados y sin esperar nada a cambio. No lo olvides: la verdad triunfará. ¡Resucitarás y tendrás vida para siempre!

martes, 30 de marzo de 2021

De cara al porvenir: En desacuerdo

Por Pedro Juan González Carvajal*

Como este es un país conformado por colombianos y no por verdaderos ciudadanos, tradicionalmente se sabe que se van a tomar decisiones o se toman decisiones que nos afectan de manera directa, pero de manera folklórica, nadie expresa su legítimo derecho democrático a decir que no está de acuerdo, dando un ejemplo viviente y continuado de lo que es la indolencia que nos caracteriza.

Esta introducción sirve para expresar mi desacuerdo con una nueva reforma tributaria, por más angelical que sea el nombre que hoy se le coloque: “Proyecto de Ley de Solidaridad Sostenible”.

Es indudable que se requieren unos 30 billones de pesos adicionales para poder enfrentar los retos que nos ha presentado la pandemia y que la aplicación de los recursos está bien intencionada y bien dirigida por parte del Gobierno hacia la población más afectada y a la necesitad de tratar de evitar una hecatombe en términos de generación de desempleo si desaparecen más empresas y unidades económicas informales.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la fuente de donde saldrán los recursos, lo cual demuestra el facilismo y la falta de creatividad de este y de todos los gobiernos anteriores que han recurrido a este mecanismo, el de las mal llamadas reformas tributarias, para generar ingresos adicionales y aliviar la caja.   

Sea lo primero resaltar la falta de carácter y de compromiso de todos aquellos gobiernos que en todos los escenarios han reconocido que hace falta una reforma tributaria estructural y no la acometen ni la lideran por falta de gobernabilidad, o dicho en palabras parroquiales, porque no tienen la fuerza política suficiente, o si la tienen, la emplean para sacar adelante otro tipo de intereses.

Lo segundo, es la pasividad cómplice de los gobiernos al no enfrentar de manera frontal el flagelo de la corrupción, enraizada hasta los tuétanos en esta sociedad y en este sistema político nuestro.

Se habla, en órdenes de magnitud, de que la corrupción anual en el país ronda la cifra de los 50 billones de pesos, y en vez de ir a buscarlos, pues más bien nos meten la mano a los bolsillos y lo peor, nos dejamos violar plácidamente.

Es allí donde deben centrarse los esfuerzos, ya que evitando y controlando esa vena rota, generaríamos unos “ahorros” de casi dos reformas tributarias anuales, lo cual, ahí sí, podría apalancar la reactivación de la economía y la atención, primero subsidiada y luego promovida, de la calidad de vida de la mayoría de los colombianos.

Gravar las pensiones es un despropósito, una burla y un atraco para aquellos que hemos ahorrado y aportado nuestros recursos con esfuerzos durante la vida laboral. Las pensiones no son un regalo ni una dádiva del Estado, sino el producto de nuestro trabajo: ¡Respeten!

Otra cosa es que tampoco se ha acometido la gran empresa de garantizar pensiones para todos los ciudadanos, como debe ser: Ahí está la plata de la Corrupción y ahí están los recursos consuetudinariamente mal manejados  por parte de las entidades que han dizque administrado los bienes provenientes de las extinciones de dominio a narcotraficantes, recursos que no se han visto en la proporción esperada y que han sido otra fuente de malos manejos y de corruptelas.

Mientras tanto, seguimos de fiesta. Ya llega la Semana Santa, que para muchos es una “Parranda Santa” y veremos y seremos testigos impávidos de cómo se agudiza la crisis por el COVID ante los contagios que se generarán y que se sabe con anticipación, generarán un tercer y un cuarto pico.

¡Qué bendita especie la nuestra!

Quisiera, finalmente compartir uno de los pocos mensajes inteligentes que he recibido últimamente, que hace parte de Cuentos para Monstruos de Santiago Pedraza: “El hombre lobo viajó por el mundo, buscando algún procedimiento médico que pudiera evitar su horrenda transformación. Después de unos años, encontró a un grupo de doctores capaces de hacer su sueño posible. Estaba harto de convertirse en una criatura grotesca, violenta, e inconsciente. Al despertar del procedimiento, se sintió satisfecho con el resultado, así que se fue a vivir tranquilo al bosque. Estaba feliz, nunca más volvería a convertirse en hombre”.

viernes, 26 de marzo de 2021

Por una Semana Santa más provechosa

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Estamos ad-portas de la Semana Santa culmen de lo que conocemos como cuaresma, cuarenta días, se supone, de cuarentena espiritual.

Mirada desde otra óptica, la cuaresma se me ha vuelto más interesante. Me ha servido mucho hacer una respetuosa analogía con los sistemas de gestión de calidad que hoy día empleamos en muchas organizaciones. Si Dios es el certificador oficial de nuestra existencia, apenas razonable será que tengamos nuestra plataforma estratégica muy clara y definida en su norte con una visión de futuro, es decir, esos sueños a realizar en el mediano plazo. Dígase lo propio de la misión, es decir, el core u objetivo central de nuestra vida, los valores y los grandes objetivos de nuestra existencia. Ahora bien, esto no basta. El deber ser se puede quedar en eso, en sueños, planes, propósitos, objetivos, buenas intenciones. No es suficiente.

Es necesario revisar en la plataforma diagnóstica qué tan lejos o qué tan cerca estamos de realizar esas estrategias. Contamos con diversas herramientas: medición de nuestro clima organizacional (cómo estamos con los otros); la matriz DOFA que cual examen de conciencia ayudaría a evaluar nuestra propia vida viendo esas debilidades y fortalezas, oportunidades y amenazas. Encuestas de satisfacción que sería lo que la gente piensa de uno y que serviría para ver qué nos critican y por qué nos felicitan. Esa auditoría interna realmente evalúa cómo estamos. Ahí van a aparecer oportunidades de mejora y también las no conformidades que yo asemejo las menores a pecados veniales y las mayores a los pecados mortales.

Lo más importante de este ejercicio es poder hacerlo con sincera honestidad. Uno podrá engañar a los auditores externos, pero no lo podrá hacer consigo mismo. Aquí no se valen las excusas y las justificaciones, la carreta y el discurso. Tener claro el diagnóstico ayuda mucho para ser realistas y poder, si se quiere, caminar por la senda del mejoramiento continuo hacia la excelencia, eso que los jesuitas llamamos Magis, una dinámica del superlativo que no nos permite apoltronarnos en la mediocridad y sí responder a la llamada evangélica a ser perfectos y no solamente de calidad.

Ahora bien, donde uno se juega el todo por el todo es en la gestión. Se podrá tener muy claro el deber ser, se podrá esclarecer la realidad de nuestro ser, pero lo que finalmente cuenta es el hacer, la gestión, con resultados concretos, con evidencias. En el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, hablando del examen que nos van a hacer en el juicio final nos dan los parámetros: qué hiciste por ellos, por los demás, por los pobres. No lo que pensé, no lo que quise, no lo que dije. No. Lo que cuenta es lo que hice. San Ignacio la tenía clara: el amor hay que ponerlo en las obras, no en las palabras. Que es lo mismo que decir con el adagio popular: obras son amores que no buenas razones.

Así las cosas, ser cristiano entonces es algo más que ir a misa los domingos, rezar de vez en cuando o ser juiciosos yendo a las ceremonias de Semana Santa. La vida que Dios nos regaló, una única, sin esperanzas de reencarnación, es para encontrarle sentido, ser feliz, realizarse cumpliendo los propósitos, en últimas ser mejores personas, mejores seres humanos que no solo se preocupan por sí mismos, sino que buscan ayudar y ser solidarios con otros, venciendo “su propio amor, querer e interés”, es decir, superando el solipsismo egoísta al que nos han acostumbrado.

A las puertas de la Semana Santa, la invitación es a hacerla más provechosa. Rico hacer un paréntesis laboral, descansar, pero mejor todavía hacer provechosos estos días realizando un escaneo a nuestra propia vida. Es un ejercicio saludable y reconfortante hacer ese check-list y verificar cómo estamos. Si al final evidenciamos satisfactorios progresos, habrá valido la pena.