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viernes, 12 de diciembre de 2025

Se pasa volando

José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

Exactamente. Me refiero al tiempo, de quien decimos también que corre, que se pasa rápido. Y no. Las manecillas del reloj con su acompasado tic tac, tic tac, ahí van segundo tras segundo, minuto tras minuto, marcando la hora, midiendo el tiempo. No van despacio, no van rápido, simplemente van y van igualmente para todos, aquí y en la antípoda, para jóvenes o adultos mayores, ricos o pobres, ansiosos o relajados. Ni más, ni menos.

Sin embargo, la sensación o percepción que tenemos del tiempo, de ese mismo tiempo, es distinta. Creo no equivocarme si digo que de niño el tiempo rendía y que ahora de viejo, se agota. De niño uno no se preocupaba por el reloj, simplemente disfrutaba. En cambio, de adultos no alcanza para todo lo que hay que hacer y uno se estresa. Lo he dicho en otras ocasiones: el frenesí del fin de año es de locos, pareciera que se fuera acabar el mundo.

Cuando uno está aburrido y harto, va lento, es eterno. Cuando uno está feliz y bien concentrado y ocupado, se va en un abrir y cerrar de ojos. Recuerdo con gracia a un compañero jesuita que narraba su experiencia de una clase de teología con un profesor que sabía mucho pero no era buen pedagogo. Sus clases ciertamente eran muy pesadas y generaban somnolencia. Las dos horas eran de nunca acabar. Mi compañero decía que ya cansado desde el comienzo de la clase, que era a las ocho de la mañana, miraba el reloj y apenas eran las ocho y quince. Entonces, alternaba sentadera, miraba alrededor, se ponía a jugar triquis, ojeaba algún otro libro, bromeaba con el compañero de al lado, echaba una pequeña siesta y al buen rato miraba el reloj y oh sorpresa: eran las ocho y diez. ¡Increíble!  El tiempo no solo no había avanzado o detenido, sino que se había devuelto. ¡Plop!

Creo que eso nos ha pasado a todos. No es, sino que usted esté ansioso o nervioso y el reloj no le ayuda. El que espera desespera si es que quiere que pase rápido. Pero va retrasado, con afán temiendo llegar tarde y el reloj se la juega y usted llega más tarde de lo previsto. Y no. No ha ido más lento, no ha ido más rápido. Ahí va. Pero esa percepción está ahí. ¿A qué horas se acabó este 2025? Nunca el tiempo había corrido tanto. Se pasó volando. No me rindió el tiempo para nada. No hice todo lo que tenía que hacer.  

Y así la vida… es efímera, es corta. Uno de joven cree que va a ser eterno y que ya habrá tiempo para todo y cuando menos piensa, ya no hay mucho tiempo. Nos decían: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” y “el tiempo perdido los santos lo lloran”. Tenían razón. El tiempo pasa y no vuelve y si vuelve no es el mismo, también nos lo decían. Conclusión: vive tu día, ¡carpe diem!, hazlo consciente, disfruta cada minuto, es único, sea grato o sea harto, es tuyo, deja enseñanzas, genera aprendizajes, es valioso. Que al hacer el balance podamos decir como el apóstol Pablo: “he vivido bien la vida, he combatido mi combate, he cumplido mi misión, puedo irme en paz” y no con el arrepentimiento y la amargura de que había podido hacerlo y no lo hice, quise hacerlo y no lo alcancé a hacer, porque perdí el tiempo, me distraje con lo que no era importante.  ¡Ahí te dejo esta reflexión, piénsalo!

lunes, 14 de abril de 2025

Editorial: sucesos de la semana No. 93

 


En su editorial semanal para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza el reciente fallo de tutela que prohíbe al presidente Gustavo Petro emitir los consejos de ministros en el horario tradicional. Así mismo, nos invita en esta Semana Santa a hacer una profunda reflexión sobre el proceso de la vida, nuestras relaciones familiares, el ámbito laboral y la situación del país. Recomienda también la lectura del artículo escrito por el padre José Leonardo Rincón, quien ofrece una valiosa reflexión sobre la Semana Mayor, y sugiere ver la entrevista con Antonini De Jiménez.



lunes, 1 de abril de 2024

En pleno Viernes Santo

Por: José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón Contreras

Celebrando como estamos la Semana Santa, no deja de impactarnos lo que le tocó vivir a Jesús de Nazaret. Después de un periodo exitoso que por poco culmina en asumir un liderazgo político que era lo que esperaban los judios del mesías, la decepción se exacerbó de modo que resultó ser incómodo para todos. Roma podría verlo como un zelote, pero Jerusalén lo veía también como un subversivo de sus preceptos y un blasfemo que se arrogaba palabras y obras que los desestabilizaba de su zona de confort en su apoltronado status-quo dogmático en el que estaban. Conocemos el trágico final producto de confabulaciones y complots, traiciones rastreras movidas por el dinero, negaciones y huidas, odios viscerales de quienes fueron sujeto de sus duras críticas y cuestionamientos directos.

Lo grave de hacer esta memoria es quedarse allí, en compunciones y lamentos, en lágrimas solidarias con la pobre víctima que ofrendó su vida por nosotros. Y resulta grave porque no se necesita esperar a esta semana mayor para decir que estamos en pleno viernes santo desde hace rato. Y si no que hablen los familiares de las víctimas de la violencia que ha azotado por más de 70 años nuestros campos y poblaciones. Que se pronuncien los que han tenido que huir como desplazados dejando atrás sus tierras y propiedades

El listado puede resultar interminable, cual tortura lacerante que agobia permanentemente. Amenazados de muerte que viven huyendo, adultos y mayores viviendo en la más desconsoladora soledad cuando no literalmente abandonados. Niños obligados a trabajar desde tierna edad, abusados y vulnerados; jóvenes carentes de afecto que buscan vías de escape en el alcoholismo y las drogas, sin sentido de la vida y con propensión al suicidio.

Viernes santo viven también los que padecen el desempleo, los que deambulan por las calles, duermen a la intemperie y escarban en la basura para comer de las sobras de los otros; los agobiados por las deudas y los que con un salario mínimo deben hacer milagros para sobrevivir. Mas esto acontece en medio nuestro y en todas las latitudes: Por los lados de Siria y Líbano padecen su viernes santo desde hace tiempos; Ucrania desde que Rusia la quiere suya; la franja de Gaza desde que, por culpa de terroristas de Hamas, Israel encontró el pretexto para eliminar a cuanto palestino existe, así sean mujeres y niños que poco o nada tienen por qué pagar por esta guerra de milenios. Dígase lo mismo de Sudán y de varios países en el África o de cualquier otra parte del mundo.

En tanto el egoísmo no nos permita salir de nosotros mismos, con la codicia y la voracidad de querer tenerlo todo, de ser dueños y señores absolutos navegando en dinero así alrededor mueran todos de hambre. En tanto el afán de poder exista se repetirá una y otra vez la historia trágica de la humanidad de querer avasallar y atropellar por doquier así sea a costa de pisotear la libertad y oprimir naciones enteras olvidando la sentencia evangélica: “de qué le sirve a uno ganar el mundo si se pierde a sí mismo?”

En este viernes santo no sé qué es más vergonzoso: si todo eso que sucede en este instante por esos afanes insaciables cargados de irracionalidad o si la estupidez humana reiteradamente certificada que demuestra que no se ha aprendido, ni se quiere aprender la lección.  Dicen que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Lo que no se ha caído en cuenta es que los males han durado toda la vida, en tanto los cuerpos solo resisten máximo 100 años. Por eso la memoria es frágil y la amnesia es un mal colectivo. Seguiremos así en Viernes Santo.

miércoles, 5 de abril de 2023

Examen de conciencia

Por Andrés de Bedout Jaramillo.

Andrés de Bedout Jaramillo

Nosotros los pecadores encontramos en esta Semana Santa una excelente oportunidad para hacer nuestro propio examen de conciencia, con miras a recordar nuestros errores y mejorar nuestros comportamientos. 

Tomémonos un ratico de nuestras vidas para leer este manual que adjunto, lo que redundara en hacernos mejores personas para esta sociedad y poder vivir para servir. 

Si te es de utilidad, no te de pena replicarlo y si te confiesas en la parroquia más cercana, vas a sentir un fresquito de paz y tranquilidad y mucha fuerza para continuar. 

*El examen de conciencia para una buena confesión. *

*A continuación las 30 preguntas propuestas por el papa Francisco para hacer una buena confesión: *

*En relación con Dios: *

1. ¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad?

2. ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta?

3. ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración?

4. ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos?

5. ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico?

6. ¿Qué hago para crecer espiritualmente?, ¿cómo lo hago?, ¿cuándo lo hago?

7. ¿Me revelo contra los designios de Dios?

8. ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

*En relación con el prójimo: *

9. ¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo?

10. ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras?

11. ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos?

12. ¿Soy envidioso, colérico, o parcial?

13. ¿Me avergüenzo de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

14. ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte?

15. ¿Incito a otros a hacer el mal?

16. ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio?

17. ¿Cómo cumplo mi responsabilidad en la educación de mis hijos?

18. ¿Honro a mis padres?

19. ¿He rechazado la vida recién concebida?

20. ¿He colaborado a hacerlo?

21. ¿Respeto el medio ambiente?

*En relación con nosotros mismos: *

22. ¿Soy un poco mundano y un poco creyente?

23. ¿Como, bebo, fumo o me divierto en exceso?

24. ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes?

25. ¿Cómo utilizo mi tiempo?

26. ¿Soy perezoso?

27. ¿Me gusta ser servido?

28. ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones?

29. ¿Nutro venganzas, alimento rencores?

30. ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

  

viernes, 24 de marzo de 2023

¿Y cómo va esa cuaresma?

Por José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

A una semana de la semana mayor, como la han denominado tradicionalmente, ¿Cómo va esa cuaresma?

Me imagino las caras… “hola, de veras que estamos en cuaresma, mmmm ¡se me había olvidado! Yo aquí viendo para dónde me voy a pasear, los tiquetes están tan caros, ha subido tanto todo, la comida está por las nubes, no sé. De pronto me quedo en casa descansando”.

Las cosas han cambiado. A duras penas algo se alude en las iglesias y templos con el color morado de los ornamentos y con prédicas alusivas al tema. Hasta el año pasado todavía alguna cuña radial hablaba de comer pescado. Ya ni eso. El cuento del ayuno y la abstinencia quedó atrás. La secularización es un hecho, la indiferencia religiosa crece. Los escándalos de algunos clérigos en muchas partes han contribuido al desencanto. Desde la pandemia y como uno de sus efectos, la gente va menos a misa de modo presencial, más cómoda verla por televisión acostado en casa. De los famosos sermones de las siete palabras con oradores eximios ya no se habla; hay series en Netflix con mejor rating de sintonía. Adiós, pues, a procesiones y otras manifestaciones.  Algo queda por ahí a nivel popular.

Claro, el asunto no es tanto de cuestiones externas, expresiones y signos que no dejan de ser importantes sino, sobre todo, de un trabajo interior que puede estar pendiente, que se sabe es relevante, que apunta más al fondo que a la forma y que requerimos con urgencia si se anhela que las cosas sean mejores en nuestro entorno. Ahí está el quid del asunto. Y, qué pena, pero eso no ha pasado de moda, es un asunto necesario, pertinente, si se quiere, urgente.

No es hora pues de echar por la borda lo esencial e importante. Mejor, es hora de resignificar el sentido de este tiempo y de lo que celebramos. Creo que lo dijimos ya. Así como anualmente le hacemos mantenimiento a muchas cosas en casa y en el lugar de trabajo, con mayor razón deberíamos atender nuestra propia persona, hacer un diagnóstico de nuestro actual estado espiritual y meterle mano a esos puntos que requieren especial atención y cuidado. La vida no se nos puede pasar haciendo buenos propósitos. Creo que la gente busca ahora más trabajar su interioridad que solo cumplir con preceptos.

A esas búsquedas y a esa sed de espiritualidad que muchos experimentan y sienten, deberíamos ponerle atención. Vale la pena. La vida se pasa muy rápido y podría ser mejor de lo que es actualmente si en vez de pasárnosla durmiendo o pegados del televisor y el celular, en la próxima Semana Santa nos regalamos un tiempo para la reflexión y oración encontrándonos con Jesús, como lo hizo la samaritana, para calmar esa sed que tenemos y encontrar la felicidad auténtica. Muy invitados a hacerlo.


jueves, 14 de abril de 2022

Oración y acción

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

Del 10 al 17 de abril celebramos la Semana Santa correspondiente al año 2022.

Para los cristianos de todo el mundo la también llamada Semana Mayor tiene una muy especial y trascendental significancia. Son muchos los sagrados misterios de la vida terrenal de nuestro Señor Jesucristo a los que nos unimos, vivimos y celebramos en estas fechas. Los principales de ellos son la última cena y la institución de la eucaristía, la oración en el Huerto de los Olivos, la flagelación, la coronación de espinas, la cruz a cuestas camino al calvario, la crucifixión y muerte, y la resurrección.

Jesús pasó por el mundo anunciándonos el Reino de Dios y llamándonos a la conversión. Jesús no se impuso ni se impone, la vivencia de su mensaje es voluntaria, cada uno es libre de aceptarlo o no.

Creo no ser atrevido si manifiesto que el mensaje central, la almendra, la médula del cristianismo es el mandamiento del amor.

Y ese amor es pleno, como lo dice Pablo en la Primera Carta a los Corintios:

“El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.”

La religión no es más que un estilo de vida con una visión de futuro. Para los cristianos ese estilo de vida es la imitación de Cristo. Y esa visión de futuro es la vida eterna. La vida terrena es pasajera y no tiene sentido sin la que viene después, cuando el espíritu se separa de la materia, que esa sí es para siempre.

Estamos llamados al amor. Al amor con obras. Y no solo a amar a quienes nos aman, eso es relativamente fácil, debemos amar a quienes no nos aman, a nuestros enemigos, a nuestros opuestos, a nuestros contrarios, a nuestro prójimo, he ahí el mayor reto. Tenemos que ver en cada ser humano a un hijo de Dios, a nuestro hermano. En esa línea de amor, la preferencia y la primacía tienen que ser hacia los más necesitados, los indefensos, los pobres, no solo en el aspecto económico sino en las múltiples facetas del ser humano.

Esta es una semana de recogimiento y reflexión. Cada uno, en ejercicio de su libertad, la vivirá a su manera. Algunos se dedicarán a la oración, otros participarán en las ceremonias religiosas, otros entrarán en una íntima conexión con Dios, otros serán indiferentes, otros se irán de paseo o descanso laboral, algunos tendrán que trabajar o seguirán absorbidos en sus actividades diarias, no faltará quienes se opongan y descalifiquen estas festividades. La vida nos da esta oportunidad, cada uno la toma o la deja, y la aprovecha o no a su manera, según su saber, entender y posibilidades.

Este año la Semana Santa transcurre en un escenario de cercanía con las elecciones presidenciales del próximo 29 de mayo.

Serán unas votaciones en las que el país se jugará su futuro. En el menú de opciones aparecen modelos políticos, sociales y económicos diferentes y opuestos.

Unos, emulando o imitando lo que ha pasado y pasa en hermanas naciones latinoamericanas, prometen y pretenden destruir, arrasar, quitar, barajar y volver a repartir amañadamente. Llama la atención el hecho de que siendo las cifras de nuestros vecinos desastrosas y que muestran palmariamente que la pobreza en vez de reducirse ha aumentado y que el acceso de la población a los servicios básicos cada vez es más limitado, quieran importar hacia Colombia esos modelos fallidos. Vale la pena preguntarse ¿por qué es que nuestras calles y caminos están llenos de hermanos venezolanos que buscan en Colombia la oportunidad que su patria les niega y no al contrario? Si el modelo correcto es el de allá, ¿por qué la migración es de allá para acá y no de aquí hacia allá? ¿Por qué Colombia está llena de venezolanos y no Venezuela de colombianos? Sofismas de distracción, cortinas de humo, son las salsas que adoban esas opciones del menú. No nos dejemos engañar. No comamos cuento. Ese modelo político, social y económico ¿si será el mejor para todos o al menos para la mayoría?

Otros de los modelos del menú de opciones buscan mejorar a partir de lo ya construido, de lo existente, fortalecer nuestras instituciones, corregir los errores, dejar las ineficiencias. Necesitamos superar tantas desigualdades e inequidades. Hay que acabar la corrupción, la delincuencia, la inseguridad. La situación económica de la mayoría de los colombianos debe y merece ser superior. La educación y la justicia requieren una reforma integral. Recordemos que el real y perdurable mejoramiento de la calidad de vida de la generalidad de la población solo es posible en libertad.

Los inaceptables escrutinios de las elecciones del Congreso realizadas el pasado 13 de marzo, de los cuales cada día se conocen situaciones irregulares, nos dejan llenos de dudas y añaden complicaciones adicionales a tan complejo horizonte.

En oración pido a Dios nos dé sabiduría y discernimiento a los colombianos, de manera que sepamos elegir al mejor presidente, que de verdad trabaje arduamente en pro del bien común para todos, no solo para unos cuantos.

Además de orar, debemos actuar. Oración, prescindiendo de la ortografía, es ‘ora de acción’, y la presente es la hora de actuar para poder vivir en un país con democracia y libertad. En las manos de cada uno está que esto sea una realidad.

Necesitamos escoger el mejor candidato, hacer proselitismo, votar masivamente, vigilar las votaciones y los escrutinios, impedir el fraude, ser testigos electorales, pronunciarnos como ciudadanos, utilizar los mecanismos legales y cívicos que tenemos disponibles a nuestro alcance, cuestionar e impugnar el conteo de votos si hay lugar a ello, etcétera.

Faltan menos de 50 días para esa votación. Que no nos coja la noche. Que no nos lamentemos por no haber hecho lo que hubiéramos podido.

Oración y acción.

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viernes, 2 de abril de 2021

Lecciones de Viernes Santo

Por José Leonardo Rincón,  S. J.*

Pascua significa paso, una irreversible acción que se tiene que dar. No puede haber domingo de resurrección sin viernes santo. No puede haber vida sin muerte, gracia sin pecado, mañana sin noche, luz sin oscuridad. Es una realidad ineludible. El asunto es aprender de las lecciones que tan existencial coyuntura nos deja para la vida. 

Y la vida no es fácil, ¿quién dijo que todo era color de rosa, que todo iba sobre ruedas, dulce, tierno y romántico?  No. La vida  es lucha, es reto, es desafío, es crisis, son problemas. Quisiéramos quizás que las cosas fueran más fáciles y menos duras, pero paradójicamente la realidad de la vida es esa y eso precisamente es lo que le da color y sabor a la existencia y lo que le ayuda a dar sentido. Si esto ya fuera el paraíso, perdón por la franqueza, creo que la cosa sería monótona, tediosa y aburridora. 

 

Si eso hacen con el leño verde, qué no harán con el seco, advirtió Jesús en alguna ocasión. Conocedor como fue de la psicología humana, su sensatez y crudo realismo nos dejan ya esa gran lección. Pero hay más: ¡cuidado con las masas!  De un momento a otro pueden transformarse: el domingo de ramos vitorean, aplauden, echan flores y quieren proclamarte su rey, pero a los pocos días, esos mismos te insultan, te escupen y reclaman tu crucifixión. Sí, así de volubles, así de veletas, así de manipulables. 

 

Muchos de tu equipo, que jurabas te eran fieles y leales, es más, que te lo juraban para hacerte sentir seguro y tranquilo, pueden fallarte, pueden negarte, venderte y traicionarte. Amigos de palabra, muchos, pero pocos que en realidad te acompañan en las buenas y en las malas y están contigo hasta el final. Jesús experimentó la tragedia de la soledad y el abandono, incluso de su mismo Padre. 

 

Cuando menos pienses y de quien menos esperes, surgirán cirineos que te ayuden con tu cruz, mujeres solidarias que salgan a tu encuentro, centuriones que crean en ti, desconocidos que en plena crucifixión te reconozcan, nicodemos que te unjan y arimateas que pongan la cara por ti. 

 

Los poderes, de cualquier clase: civiles, políticos, religiosos, resultan siempre decepcionantes. Para conservar su rating de popularidad proceden erróneamente y eluden sus responsabilidades, se tiran unos a otros las tareas que le corresponden, cuidan su imagen para no perder el pedestal alcanzado, juzgan mal a sabiendas que condenan inocentes, baten cola ante poderes superiores para no perder puntajes, se lavan las manos para no aceptar sus equivocaciones, temen al pueblo y saben cómo manipularlo. 

 

Y finalmente, junto a la cruz, solo unos pocos. Tu madre quien como cualquier mujer que haga honor a este nombre, nunca falla, siempre está ahí, váyate bien, váyate mal, fracases o triunfes. Y tus amigos, dos o tres, no muchos, movidos por el auténtico valor de la amistad, desinteresados y sin esperar nada a cambio. No lo olvides: la verdad triunfará. ¡Resucitarás y tendrás vida para siempre!

viernes, 8 de marzo de 2019

Cuaresma, vuelve y juega


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón
La liturgia católica tiene sus propios tiempos y ritmos. Desde el miércoles pasado o de ceniza, concluidos los carnavales y sepultado Joselito, entramos en un período de 40 días conocidos como Cuaresma. Para muchos, no es otra cosa sino que “el que peca y reza empata”, es decir, después de unos cuantos dias de desaforo hay que ajustarse y volver al orden. Para otros, pareciera ser,  hasta por el color morado de las vestiduras que se emplea para las ceremonias, un tiempo lúgubre, triste, apagado, sin sabor. Algunos otros asociarán estos días como un necesario cambio de dieta los viernes, porque dejan de comer carnes rojas y pasan a comer pescados y mariscos. No es justo, no es exacto, en realidad es mucho más que eso. Veamos.

Como seres humanos necesitamos tiempo para todo, así como nos lo describe bellamente el libro del Eclesiastés. De hecho, con sus diversos matices y peculiares características, otras religiones tienen señalados días o meses para el ayuno y la penitencia. Pienso en el Yom Kippur judío y en el Ramadán islámico.

En nuestro caso, el Papa Francisco, siguiendo el sentido pleno de este tiempo cuaresmal, nos está convocando a la reflexión, la oración, la penitencia, el ayuno y la limosna.

Poder dedicar en medio de nuestro estrés cotidiano un tiempo para hacer un alto y reflexionar, resultaría ser un ejercicio de lo más saludable. Vivimos agobiados por el corre-corre contra reloj, el afán de producir resultados con el máximo de eficiencia, no paramos, parecemos autómatas en ese frenesí consumista. De modo que hacer un alto,  frenar para pensar respecto de nuestra vida y lo que estamos haciendo, es algo necesario y conveniente. Es más, no debería ser únicamente porque ahora nos lo piden, sino que convendría fuese una práctica diaria que en mucho nos ayudaría a ser mejores seres humanos.

La invitación también es a orar. No simplemente rezar, esto es, repetir fórmulas preconcebidas, que también podrían ser, pero que esperarían ir más allá, es decir, dialogar natural y espontáneamente con el Señor de la vida para contarle nuestras cuitas con frescura y sin poses o amagos de apariencia alguna, para sentir su fuerza reparadora, para refrescar esa alma árida y reseca, para alimentar esa famélica dimensión espiritual y trascendente que todos poseemos pero que por vergüenza reprimimos o descuido olvidamos.

Se nos pide practicar la penitencia y el ayuno, dos expresiones que connotan claramente restricción y carencia. Pues bien, en medio de la abundancia y el boato que nuestra sociedad idoliza, la invitación es a sentir de vez en cuando los efectos de la pobreza de tantos que no necesitan de la Cuaresma para practicarlas pues las viven a diario. Abstenerse conscientemente de algo que a uno le gusta o quisiera y que pudiese tener y disfrutar, no sería mero estoicismo sino la capacidad de mostrarse a sí mismo que se puede renunciar libremente a algo que puede ser superfluo y baladí y, mejor aún, que quizás es importante y necesario. Dejar al menos temporalmente ciertas rutinas hedonistas tiene un efecto muy positivo y muchas veces inimaginado.

Finalmente, y no por ello menos relevante, aparece en escena la limosna, una práctica cenicienta que siempre alude a dar de lo que a uno le sobra, generalmente parcas chichiguas que se entregan con asimetría y desdén, para zafarse de lo que uno ya no usa o necesita, para tranquilizar conciencias o para obtener beneficios tributarios. Nada de eso. Estrechamente vinculada a la penitencia y el ayuno, precisamente la limosna sería la ocasión perfecta y feliz para compartir de lo que se posee y tiene, más todavía, para dar generosamente de lo que uno disfruta y requiere, sin remordimientos ni a regañadientes sino gustosa y alegremente.

Llegó la Cuaresma, vuelve y juega, ¿Cuántas hemos vivido que valgan la pena?, ¿por qué no ahora regalarse estos días para la reflexión, la oración, la penitencia, el ayuno y la limosna verdaderas? Los invito a hacerlo y experimentar la auténtica felicidad. Entonces y sólo entonces se comprenderá el auténtico y genuino sentido de este bello tiempo: ¡Cuaresma, vuelve y juega!