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viernes, 11 de abril de 2025

Camino hacia la pascua

José Leonardo Rincón, S. J.

Estamos ad portas de la Semana Mayor, y aunque para la mayoría de los colombianos simplemente estos días son sinónimo de vacaciones, para los creyentes practicantes se convierten en una jornada de especial relevancia espiritual.

La liturgia, es decir, esas acciones y oficios con los que el pueblo de Dios celebra su fe, tiene un itinerario muy bien estructurado y coherente que, pedagógica y procesualmente, nos va haciendo entender el misterio pascual, esto es, la pasión, muerte y resurrección del Señor. En realidad, no es solo una importante lección catequética, sino también toda una condensada lección de vida. Los colores de los ornamentos, la música, las oraciones y plegarias, los ritos y los símbolos, todos ellos conjugados, tienen un significado. La mayoría de la gente los ignora, y por eso se reducen casi que a una mera actuación teatral por parte de funcionarios eclesiásticos que mecánicamente repiten dichos y gestos, pero no comparten con su audiencia el delicioso sabor de eso que hacen.

Por eso es importante no solo ir a oír misa, como se dice, sino a participar y celebrar, pero sobre todo a entender y comprender lo que se celebra en cada uno de los rituales previstos. Fijarse en los actores principales y secundarios, lo que dicen y lo que hacen, por ejemplo, resulta muy aleccionador. Claro, entender el sentido profundo de cada ceremonia, su objetivo, lo que conmemora y el fruto que se espera alcanzar, más provechoso resulta todavía.

Para llegar a estos días santos se ha tenido una preparación de 40 días, conocidos como la Cuaresma, un tiempo que nos invitó a la reflexión, a la oración, el ayuno y la limosna. Tiempo propicio para tener una mirada interior autocrítica, pero cargada de esperanza y misericordia. Tiempo de crecimiento y de trascendencia. Tiempo de evolución y maduración.

El Domingo de Ramos evidencia la paradoja entre el éxito puesto sobre el efímero poder humano, azuzado por un pueblo voluble e interesado que hoy proclama rey a su líder y mañana pide que lo crucifiquen.

El Jueves Santo celebra la apoteosis del amor que se traduce en servicio ministerial; se ofrece como alimento que da vida eterna en eucaristía comunitaria que hace memoria de ese amor llevado al extremo.

Por su parte, el Viernes Santo exalta la cruz del holocausto, donde el justo es masacrado cual víctima de un poder humano que, sabiendo de su inocencia, prefiere lavarse las manos, condenando inicua y arbitrariamente al inocente, en tanto se libera al delincuente, recomponiendo relaciones políticas, lavando rating ante el emperador, aunque se pase por encima de la propia conciencia; amigos que huyen, el uno traiciona, el otro niega, todos se esconden...

Finalmente, la Palabra se cumple. Después de la noche viene el día, del pecado la gracia, de la muerte la vida, del fracaso la gloria. Cuestión de fe, cuestión de esperanza que no defrauda, cuestión de amor. El paso, la Pascua, se ha dado. Era cierto, está vivo, está en medio de nosotros. Había que recorrer el camino hacia la Pascua para poder entenderlo.

 

viernes, 22 de marzo de 2024

Vívela a plenitud

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

¿Cuántas semanas santas has vivido en tu vida?, ¿cuántas de ellas las has vivido plena y conscientemente? Pues hoy te invito a hacerlo. Vale la pena. Es verdad que para muchos este tiempo de receso en los estudios y en el ámbito laboral puede asociarse a vacaciones y paseo. En realidad, su intención original es otra: un tiempo fuerte, culmen de la cuaresma para, en tónica de reflexión espiritual, hacer memoria de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, eso que también se ha denominado el misterio pascual.

Claro que resulta legítimo tener unos días de merecido descanso, pero necesario es también cultivar nuestra dimensión espiritual. Le dedicamos mucho tiempo al cuidado de nuestra formación intelectual, nuestras relaciones afectivas, el cuerpo mismo, lo estético, lo social y político, eso está bien, pero ¿y nuestra vida interior qué?

Contemplar el desenlace de la vida de Jesús de Nazaret resulta ser un itinerario provechosamente aleccionador para cualquier ser humano. Un hombre de extracción humilde y que se rodeó siempre de gente sencilla, que pasó haciendo el bien como la historia lo recuerda, que pedagógicamente hablaba clara y directamente con autoridad, seguido y amado hasta querer convertirlo en ícono político revolucionario, también resulta controvertido y odiado a punto de terminar siendo asesinado.

Reconocido y aplaudido, con un éxito evidente y un alto rating de popularidad, no sucumbe a la tentación del poder. Eso resulta decepcionante. No era lo que se esperaba y necesitaba. Y esos mismos que vitoreaban el Domingo de Ramos el culmen de su gloria, el viernes, enardecidos, vociferan su crucifixión. Interesante lección para ver cuán efímero es el cuarto de hora del éxito y cuán camaleónico es el populacho manipulado.

La cena con su grupo de amigos del alma, feliz ocasión para proclamar el mandamiento del amor como el más importante de cuanta normativa existe y el servicio como la expresión obvia de ese mandato, desemboca en codiciosa traición, en anunciada negación, en miedosa huida. El protagonista de la historia siente angustia y pavor. Su mentor eterno, silencioso, calla. Sentimiento profundo de soledad y abandono, de misión fracasada y estéril.

Sin embargo, la conciencia lúcida lo había advertido oportunamente: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto. Paradoja existencial profunda: morir para vivir, caer para levantarse, fracasar para triunfar. Misterio incomprensible, camino que no se quisiera repetir. Ineludible senda que hay que transitar. El revés se vuelve logro. La muerte se transforma en vida eterna. Es Pascua, es paso.

Las liturgias de estos días, exuberantes en textos y ritos, en palabras y símbolos, nos invitan a mirar con madurez nuestra propia vida a la luz de la fe y a comprender mejor nuestra personal historia de salvación. Te invito a que esta Semana Santa sea diferente. Te invito a vivirla a plenitud. ¡Vale la pena!

viernes, 15 de abril de 2022

Crucificado resucitado

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Cuando terminé mi servicio como rector del colegio Javeriano en Pasto, el entonces obispo y siempre amigo, Monseñor Enrique Prado, me hizo un regalo que anhelaba yo tener: una imagen de Jesucristo en la cruz, pero resucitado, es decir, no un crucifijo tradicional que exhibe a Jesús clavado en cruz, sino un Jesús que, sobre la cruz, con los brazos abiertos, se eleva al cielo en actitud alegre y triunfante. En otras palabras, una preciosa síntesis teológica del misterio pascual, esto es, de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.

Es una bella obra que no solo conservo cuidadosamente presidiendo la cabecera de mi cama, sino que, además, todos los días me recuerda ese misterio central de nuestra fe, esa realidad histórica y también teológica, ese devenir existencial e ineludible que nos toca a todos, no sólo como memoria de los días santos, sino como actualización cotidiana de una vida plena que pasa por el calvario. Porque, ¿qué simboliza esa imagen sino exactamente eso?

Nuestra vida está llena de agridulces. No todo es dulce, no todo es agrio. No todo es blanco, no todo es negro. No todo es triunfo, no todo es derrota. No todo es alegría, no todo es tristeza. No todo es vida, no todo es muerte. Nuestra existencia en una amalgama de todas esas realidades, por eso la vida toda hay que mirarla desde una perspectiva más amplia, más comprehensiva, para ser más realistas, más objetivos.

Jesús de Nazaret tuvo momentos exitosos como ese domingo de ramos en el que quisieron hacerlo rey. Su rating de popularidad estaba a tope, había sanado enfermos, había alimentado hambrientos, había resucitado muertos, había hablado y conmovido a muchos… pero ese mismo pueblo exaltado de alegría y emoción, a los pocos días, decepcionado porque Jesús no era el líder político que querían y cuando las cosas ya no salieron como antes, se transformó en un populacho enardecido que no tuvo reparo en gritar: ¡crucifícalo, crucifícalo! Y logró su cometido de llevarlo al cadalso de la cruz, un asesinato infame, después de un juicio ridículamente inicuo.

Es una lección de vida que debe ayudarnos a poner los pies sobre la tierra. Cuando estemos en los gloriosos, recordemos que hay dolorosos. Y viceversa. Al final, las cosas saldrán bien. No hay mal que por bien no venga. Es verdad que después del Domingo de Ramos viene el Viernes Santo, pero después de este, finalmente, llega el Domingo de Resurrección; esa es la alegría de la pascua.

El crucificado-resucitado que celebramos en estos días, es una actualización de ese misterio central de nuestra fe. No es una memoria nostálgica sino un constante llamado a darle sentido pleno a nuestra existencia. De este modo una vida plena es posible. ¡Felices Pascuas de resurrección!

viernes, 2 de abril de 2021

Lecciones de Viernes Santo

Por José Leonardo Rincón,  S. J.*

Pascua significa paso, una irreversible acción que se tiene que dar. No puede haber domingo de resurrección sin viernes santo. No puede haber vida sin muerte, gracia sin pecado, mañana sin noche, luz sin oscuridad. Es una realidad ineludible. El asunto es aprender de las lecciones que tan existencial coyuntura nos deja para la vida. 

Y la vida no es fácil, ¿quién dijo que todo era color de rosa, que todo iba sobre ruedas, dulce, tierno y romántico?  No. La vida  es lucha, es reto, es desafío, es crisis, son problemas. Quisiéramos quizás que las cosas fueran más fáciles y menos duras, pero paradójicamente la realidad de la vida es esa y eso precisamente es lo que le da color y sabor a la existencia y lo que le ayuda a dar sentido. Si esto ya fuera el paraíso, perdón por la franqueza, creo que la cosa sería monótona, tediosa y aburridora. 

 

Si eso hacen con el leño verde, qué no harán con el seco, advirtió Jesús en alguna ocasión. Conocedor como fue de la psicología humana, su sensatez y crudo realismo nos dejan ya esa gran lección. Pero hay más: ¡cuidado con las masas!  De un momento a otro pueden transformarse: el domingo de ramos vitorean, aplauden, echan flores y quieren proclamarte su rey, pero a los pocos días, esos mismos te insultan, te escupen y reclaman tu crucifixión. Sí, así de volubles, así de veletas, así de manipulables. 

 

Muchos de tu equipo, que jurabas te eran fieles y leales, es más, que te lo juraban para hacerte sentir seguro y tranquilo, pueden fallarte, pueden negarte, venderte y traicionarte. Amigos de palabra, muchos, pero pocos que en realidad te acompañan en las buenas y en las malas y están contigo hasta el final. Jesús experimentó la tragedia de la soledad y el abandono, incluso de su mismo Padre. 

 

Cuando menos pienses y de quien menos esperes, surgirán cirineos que te ayuden con tu cruz, mujeres solidarias que salgan a tu encuentro, centuriones que crean en ti, desconocidos que en plena crucifixión te reconozcan, nicodemos que te unjan y arimateas que pongan la cara por ti. 

 

Los poderes, de cualquier clase: civiles, políticos, religiosos, resultan siempre decepcionantes. Para conservar su rating de popularidad proceden erróneamente y eluden sus responsabilidades, se tiran unos a otros las tareas que le corresponden, cuidan su imagen para no perder el pedestal alcanzado, juzgan mal a sabiendas que condenan inocentes, baten cola ante poderes superiores para no perder puntajes, se lavan las manos para no aceptar sus equivocaciones, temen al pueblo y saben cómo manipularlo. 

 

Y finalmente, junto a la cruz, solo unos pocos. Tu madre quien como cualquier mujer que haga honor a este nombre, nunca falla, siempre está ahí, váyate bien, váyate mal, fracases o triunfes. Y tus amigos, dos o tres, no muchos, movidos por el auténtico valor de la amistad, desinteresados y sin esperar nada a cambio. No lo olvides: la verdad triunfará. ¡Resucitarás y tendrás vida para siempre!

viernes, 10 de abril de 2020

Después de la Cuaresma viene la Pascua


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Sí. Así como después de la oscura noche viene un resplandeciente día, después de las lágrimas, risas, de la enfermedad, la salud, de estar abajo, ir arriba, también, después de esta Cuaresma vendrá la Pascua. Es un ciclo existencial inexorable y es una realidad que alimenta nuestra esperanza.

Pascua, de hecho, significa paso. El paso que vivió el pueblo de Israel en su éxodo por Egipto y que le significó transitar de la esclavitud a la libertad, como nos lo narran los textos veterotestamentarios. Para los cristianos creyentes, es el paso triunfante de nuestro Señor Jesucristo de la muerte a la vida, del estruendoso fracaso de la cruz, a la inmarcesible gloria de la resurrección. De modo análogo para este mundo, sin distingos de razas, credos o condiciones humanas diversas, una cuarentena cuaresmal inédita, como nunca antes en su historia la había vivido, augura después de meses enteros de pasión y muerte, unos días distintos, mejores.

En efecto, ese microscópico virus ha puesto en jaque la humanidad entera, confinándola en aislamiento y colapsando su economía. De nada ha servido poseer grandes capitales y contar con las mejores armas nucleares pues el Covid19 ha resultado más efectivo y más letal que aquellos dos juntos. La lección de obligada humildad quizás nos sirva de algo, quizás nos deje enseñanzas y aprendizajes valiosos, quizás nos haga mejores seres humanos, quizás nos haga comprender que estábamos deambulando por el camino equivocado.

Para llegar a las alegrías pascuales habrá sido necesario recorrer el tortuoso y nada fácil camino de la cuarentena cuaresmal. Una senda que habíamos comenzado a recorrer casi sin darnos cuenta, porque andábamos tan distraídos en lo que no era esencial, tan inmersos en nuestro estrés cotidiano, tan absortos en nuestros, dizque, razonables afanes, que no nos habíamos percatado de lo que estaba por venirse.

Hubo señales evidentes, contundentes, pero no supimos interpretarlas, menos entenderlas: 1) las protestas sociales crecientes en todas las latitudes nos estaban reclamando a grito herido que el sistema económico global era injusto, inequitativo, porque traía consigo ostentación y derroche para un 7% de la humanidad, en tanto hambre, miseria y muerte para el 70% del resto, por la ofensivamente desigual distribución de la riqueza; 2) reiterados terremotos, tsunamis, avalanchas, calentamiento global imparable, aire irrespirable… también la naturaleza se hacía sentir y protestaba. No les paramos bolas. Y ahora la naturaleza pasa su factura y hace sentir su fuerza, doblegando nuestra prepotencia y crecida soberbia, para obligarnos a reaccionar, para hacernos pensar.

El Papa Francisco lo dijo recientemente, palabras más, palabras menos: estamos juntos en la misma barca, mirándonos unos a otros en medio de la tormenta que parece hacernos zozobrar, sintiendo la incertidumbre frente al futuro, cayendo en cuenta que somos de los mismos, que no hay unos más iguales que otros, que habíamos abusado de la naturaleza y que hay que respetarla y cuidarla. Parecemos naufragar. Y como suele suceder, sólo cuando estamos en situaciones límite, entonces y sólo entonces caemos en cuenta, armamos el rompecabezas y entendemos. No estamos solos. El Señor va con nosotros hacia puerto seguro.

Vendrán días mejores, un mejor mañana, mejores seres humanos. En tanto concluimos la cuarentena cuaresmal y acabamos de vivir este Viernes Santo con su pasión y muerte, preparémonos para dar el paso, para vivir la Pascua, hacia la resurrección y la vida. Entonces, ya sin restricciones, podremos abrazarnos y decirnos: ¡felices Pascuas!

lunes, 23 de diciembre de 2019

Feliz Navidad y feliz 2020


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El Pensamiento al Aire, sus columnistas, el grupo humano de marketing digital, prensa, dirección de programas, colaboradores y productor general, les deseamos una feliz Navidad y un buen 2020, y además, agradecemos la buena acogida que nos han venido dando desde hace varios años.

Somos conscientes de que las actividades y el desarrollo de ideas, si se hacen con pasión, con respeto por los demás, y como una afición, tarde que temprano van dando resultado y consolidando todo un proyecto de vida.

Hoy vale la pena recordar cómo un simple deseo expresado en el año 2013 permitió desarrollar un blog, en el cual inicialmente escribía solo yo, y al que fui invitando personajes de relevancia en la vida nacional. Así se fueron uniendo valiosos seres humanos a los cuales les tengo reconocimiento y agradecimiento por acompañarme con el único interés de expresar sus ideas, preocupaciones, angustias e ilusiones sobre Colombia y su viabilidad futura.

Los columnistas son de diferentes tendencias, unos de derecha, otros de centro, otros sin tendencia marcada; educadores, militares, empresarios, religiosos y sobre todo amigos que llevo en el alma, quienes, a pesar de las diferencias, nos respetamos, valoramos y tenemos la escritura como una forma de sacar a la luz pública mensajes, sueños y esperanzas.

También debo recordar en esta Navidad como esos mismos columnistas y colaboradores, que apoyan y me acompañan, sienten como una bendición el poder haber contribuido a que nosotros nos entendamos más, nos conozcamos con mayor profundidad y comprendamos que no tenemos otra ilusión que hacer mejor la convivencia ciudadana, construyendo un mejor país, desde nuestro pequeño mundo.

Con los años avanzamos y pasamos a tener el programa en televisión, gracias a una persona que creyó en mis posibilidades de conductor, insistió, persistió hasta que me convenció y así estuvimos en Tele Medellín, CNC, Eduvisión y luego, desde marzo de este 2019, iniciamos una aventura en el entorno digital… con canal propio enmarcamos un nuevo propósito y estamos felices de cumplir en diez meses objetivos que teníamos previstos cumplir en años posteriores. Todo ello, porque nos rodean bellas energías, sin egoísmo, sin envidia, todos caminando juntos por el sendero del humanismo, la alegría y el crecimiento individual y personal.

Por último, el espacio que nos faltaba copar fue la radio, al cual llegamos también por Próspero Posada, ese amigo persistente que creyó en estos proyectos. Llevamos dos programas que desarrollamos el mismo Próspero, Julio González Villa y yo. Hablamos de historia, de política y de temas sociales, pero sobre todo buscamos hablar de cómo mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, cuarenta y seis millones de personas que requieren ayuda, que tienen también ilusiones y que debemos buscar la forma de satisfacerlas.

Gracias a todos los entrevistados que facilitan nuestro objetivo porque sin ellos no tendríamos programa; nos enseñan y nos hacen ver el mundo desde cada trabajo que realizan. A mí personalmente el conocerlos y conversar con ellos me ha dado una inmensa alegría. La forma en que muestran su actividad, cómo se expresan, el conocimiento que irradian nos permite apreciar sin duda alguna el amor que cada uno despliega en su diario vivir. A ellos un abrazo de parte del Pensamiento al Aire.

Esta Navidad es para mí no solo la celebración del nacimiento de Jesús, sino la oportunidad magnifica de dar gracias a Dios por las inmensas bendiciones que nos da, por entender que el verdadero camino es el amar y servir sin esperar reciprocidad. Por ello, hoy 23 de diciembre, agradezco a todos aquellos que me han acompañado, y a ustedes que nos leen, ven y escuchan, cada día. Valoro el que por un momento nos dediquen tiempo y que les sirva para tener una buena vida familiar, un agradable espacio en el trabajo y buenos amigos que le acompañen en sus ilusiones y tristezas.

Feliz Navidad y un próspero 2020.

sábado, 20 de abril de 2019

Un retrato de lo que somos


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
¿Qué es el misterio pascual de Nuestro Señor Jesucristo, que celebramos en esta semana mayor sino el mejor y más auténtico retrato de lo que somos como seres humanos?

Más allá de las tradicionales ceremonias litúrgicas a las que estamos acostumbrados, bien vale la pena no quedarnos en su exuberancia ritual, que es pedagógicamente hermosa, y más bien fijarnos, al menos por una vez, en las actitudes de los personajes que protagonizan estas jornadas. Repito, hay allí un condensado de humanidad que ha dado ocasión, no lo dudo, a abundantes estudios de psicología.

El domingo de ramos se viste de rojo. Connota fiesta, alegría, pero también pasión y el comienzo del fin. Las multitudes, esas masas tan interesantes como peligrosas, reflejan su infinita capacidad camaleónica para adaptarse según las conveniencias y dejarse alienar y manipular por otros. En esta ocasión vitorean y aplauden, exaltan a Jesús y quieren hacerlo rey, pues el mesianismo que sueñan y esperan es eminentemente político. Mas Jesús les resulta decepcionante porque no aprovecha este cuarto de hora en su rating de popularidad para auto proclamarse el lider de la revuelta contra los asfixiantes opresores romano y judío. Por eso, este populacho enardecido que un día usufructuará la generosidad del Maestro, a los pocos días le volteará la espalda y pedirá su muerte. Sí. Los mismos que gritaban ¡hosanna!, gritarán: ¡crucifíquenlo!

El jueves santo se viste de blanco. Es fiesta solemne. El recuerdo de la última cena de Jesús con sus más cercanos discípulos y amigos, es verdad que nos deja las profundas lecciones del mandamiento del amor, del servicio como actitud de vida, de la institución sacramental de la Eucaristía y del sacerdocio como ministerio eclesial que debe traslucir esas realidades. Pero es verdad también que nos evidencia, por contraste, nuestra humana finitud y labilidad. Pedro, el escogido como sucesor, el viejo siempre primario y efusivo, el roca firme y base para la construcción de la Iglesia, agallinado en el momento crítico, niega a su mentor y maestro. Judas, seducido por el afán del dinero fácil y su propia comodidad, literalmente traicionará al amigo que confió en él. Cuando hay que orar y velar, el resto se quedan dormidos y al momento de la captura de su líder huyen despavoridos: no quedó bocacalle sin apóstol.

El viernes santo vuelve a vestirse de rojo. Ahora, sólo connota pasión, tragedia, muerte, sangre derramada. Es día de luto por el inocente asesinado. Por eso, la liturgia resulta excesivamente sobria. Altar desmantelado, sin luces ni flores, no hay eucaristía. Solo silencio, desde el del Padre que se calla y hace sentir a su Hijo abandonado, hasta el del resto avergonzado por el crimen cometido. Los poderes religiosos y políticos se confabulan en torno al enemigo común que los ha desenmascarado por su hipocresía. Los rivales se hacen amigos de conveniencia. El sanedrín conspira, soborna, inventa causales, apela a falsos testigos y testimonios y condena. Las feroces fieras se tiran su presa unos a otros, hasta que va a parar frente al representante del derecho y la ley, quien en justicia no encuentra motivo y en tres ocasiones intenta liberarlo, pero vencido por la presión y el temor de perder su poder, se lava las manos, libera al criminal y condena al inocente. En tanto Pedro llora su cobardia, Judas se suicida. En el camino a la cruz emergen unos interesantes personajes: las mujeres, las débiles, las excluidas, son las que salen a su encuentro para expresar su solidaridad y prestar ayuda, serán las únicas valientes hasta el cadalso. Simón de Cirene o el que da la mano, a veces obligado, pero que alivia tan pesada carga. Los ladrones ajusticiados con dos actitudes divergentes aún en el mismo patibulo. El centurión incrédulo que reconoce lo que los otros no vieron. José de Arimatea que tiene el valor de pedir el cuerpo del considerado delincuente. Los que salen dándose golpes de pecho arrepentidos de haberse equivocado… Como ven, todo un álbum fotográfico para detenerse en cada uno de los actores y analizar su comportamiento.  Herodes, Anás y Caifás, Pilato y su esposa, Barrabás, los ausentes apóstoles, todos tienen algo qué dejarnos como lección de vida.

El domingo de resurrección vuelve a vestirse de blanco. Es la solemnidad por excelencia. Su vigilia se ha celebrado con un esplendor único. Si Jesucristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe, afirmó Pablo con toda la razón. ¡Es la Pascua! ¿Dónde está muerte tu victoria? La Vida siempre derrota la muerte. Es el paso triunfante del que todos dieron por derrotado y aniquilado. Pascua nos hablará siempre de esperanza cuando nuestra desazón haya llegado al tope. Entre los múltiples personajes en escena, casi nada para escoger, casi todos decepcionantes, fiel retrato de lo que somos como seres humanos: oportunistas, interesados, cobardes, perezosos, chismosos, conspiradores, masificados, traidores, hipócritas, cómplices… es la cruda realidad, injusta y aparentemente victoriosa, que resultará vencida a la postre por Aquel que desde su humillación kenótica fue pertinente, absolutamente libre, valiente, sincero, leal, directo, asertivo, diligente… La resurrección no es la reanimación de un cadáver, sino el triunfo del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la paz sobre la guerra, de la verdad sobre la mentira, de la honestidad sobre la corrupción.

Sin duda, un retrato lamentable de lo que somos, pero también de lo que podemos ser si Jesús, el Cristo, más que un icónico recuerdo de antaño, es la razón y sentido de nuestra vida presente. Esa es nuestra decisión.