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viernes, 12 de diciembre de 2025

Se pasa volando

José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

Exactamente. Me refiero al tiempo, de quien decimos también que corre, que se pasa rápido. Y no. Las manecillas del reloj con su acompasado tic tac, tic tac, ahí van segundo tras segundo, minuto tras minuto, marcando la hora, midiendo el tiempo. No van despacio, no van rápido, simplemente van y van igualmente para todos, aquí y en la antípoda, para jóvenes o adultos mayores, ricos o pobres, ansiosos o relajados. Ni más, ni menos.

Sin embargo, la sensación o percepción que tenemos del tiempo, de ese mismo tiempo, es distinta. Creo no equivocarme si digo que de niño el tiempo rendía y que ahora de viejo, se agota. De niño uno no se preocupaba por el reloj, simplemente disfrutaba. En cambio, de adultos no alcanza para todo lo que hay que hacer y uno se estresa. Lo he dicho en otras ocasiones: el frenesí del fin de año es de locos, pareciera que se fuera acabar el mundo.

Cuando uno está aburrido y harto, va lento, es eterno. Cuando uno está feliz y bien concentrado y ocupado, se va en un abrir y cerrar de ojos. Recuerdo con gracia a un compañero jesuita que narraba su experiencia de una clase de teología con un profesor que sabía mucho pero no era buen pedagogo. Sus clases ciertamente eran muy pesadas y generaban somnolencia. Las dos horas eran de nunca acabar. Mi compañero decía que ya cansado desde el comienzo de la clase, que era a las ocho de la mañana, miraba el reloj y apenas eran las ocho y quince. Entonces, alternaba sentadera, miraba alrededor, se ponía a jugar triquis, ojeaba algún otro libro, bromeaba con el compañero de al lado, echaba una pequeña siesta y al buen rato miraba el reloj y oh sorpresa: eran las ocho y diez. ¡Increíble!  El tiempo no solo no había avanzado o detenido, sino que se había devuelto. ¡Plop!

Creo que eso nos ha pasado a todos. No es, sino que usted esté ansioso o nervioso y el reloj no le ayuda. El que espera desespera si es que quiere que pase rápido. Pero va retrasado, con afán temiendo llegar tarde y el reloj se la juega y usted llega más tarde de lo previsto. Y no. No ha ido más lento, no ha ido más rápido. Ahí va. Pero esa percepción está ahí. ¿A qué horas se acabó este 2025? Nunca el tiempo había corrido tanto. Se pasó volando. No me rindió el tiempo para nada. No hice todo lo que tenía que hacer.  

Y así la vida… es efímera, es corta. Uno de joven cree que va a ser eterno y que ya habrá tiempo para todo y cuando menos piensa, ya no hay mucho tiempo. Nos decían: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” y “el tiempo perdido los santos lo lloran”. Tenían razón. El tiempo pasa y no vuelve y si vuelve no es el mismo, también nos lo decían. Conclusión: vive tu día, ¡carpe diem!, hazlo consciente, disfruta cada minuto, es único, sea grato o sea harto, es tuyo, deja enseñanzas, genera aprendizajes, es valioso. Que al hacer el balance podamos decir como el apóstol Pablo: “he vivido bien la vida, he combatido mi combate, he cumplido mi misión, puedo irme en paz” y no con el arrepentimiento y la amargura de que había podido hacerlo y no lo hice, quise hacerlo y no lo alcancé a hacer, porque perdí el tiempo, me distraje con lo que no era importante.  ¡Ahí te dejo esta reflexión, piénsalo!

viernes, 28 de octubre de 2022

Sobre la puntualidad

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

“Cuando a uno le interesa algo, es puntual. Puntualidad es sinónimo de interés”. Esta era la sentencia lapidaria con la que mi inolvidable amigo Julio Jiménez nos motivaba en las actividades que orientaba, de manera que, llegado el momento de la cita, el evento iniciaba a la hora en punto. Así se hicieron famosas entre nosotros la “hora javeriana”, la “hora ignaciana”, para aludir que era a la hora exacta. Y no faltaba quien jocosamente preguntaba para distinguir: “¿hora colombiana u hora javeriana?”

El tema de hoy va a que si algo nos caracteriza en nuestra idiosincrasia es ser impuntuales. Y es que hay frases como: “más puntual que novia fea” que parecieran estimularla y con las cuales se rididiculiza ser exactos. No extraña entonces que, efectivamente, novia que se respete se haga esperar. Y uno de cura o de feligrés ya sabe que de afán no puede estar si hay boda de por medio.

Se sabe de antaño que la hora judicial tenía la flexibilidad de 60 minutos y que ser puntuales es una virtud exótica. Sin embargo, hay citas para las que corremos, un partido de fútbol, un cine, un concierto. Y no nos interesa madrugar a hacer fila y esperar lo que sea necesario. ¿Por qué ahí sí funciona? Simple. Porque nos interesa. Tenía razón entonces mi finado amigo.

Llegar tarde porque nos cogió la noche, siempre encuentra excusas: había mucho tráfico, hubo un accidente, cualquier cosa para excusar que no calculamos bien el tiempo y no salimos oportunamente. Nuestro tiempo es valioso, el de los demás no importa. Las aerolíneas fingen ser puntuales llamando abordo, pero una vez adentro del avión, los pasajeros tienen que soportar tiempos interminables. Me pasó en estos días: en el vuelo de ida, 50 minutos en pista esperando y en el vuelo de regreso, dos horas en sala. Las explicaciones resultan ridículas porque las versiones de los funcionarios no coinciden: mal tiempo, congestión de tráfico aéreo, cambio de tripulación a última hora, falla técnica…, lo que sea, mentiras e irrespeto por doquier.

Ya es proverbial la impuntualidad del jefe de Estado. No es cuento, no es calumnia, no es oposición. Uno sabe que hay asuntos muy importantes de por medio, pero hacer esperar más de una hora no tiene ninguna presentación. Que pasó una vez, vaya y venga, pero que sea costumbre, habla muy mal del equipo que maneja la agenda y del funcionario por no tenerla bajo control. Es cierto que es muy importante el personaje, pero también es cierto que hay que dar ejemplo y marcar pauta.

Personalmente me encanta la puntualidad. Es sinónimo de interés y de respeto, como ya se dijo. Nada mejor que comenzar una reunión a tiempo y concluirla, igualmente, a la hora convenida. Todos tenemos labores que realizar, otros compromisos qué atender, personas esperando en la oficina o en la casa. La puntualidad en otras culturas es un valor: el tren sale a las 10:38 y a esa hora sale. El autobús pasa a las 5:57 y a esa hora pasa. El concierto comienza a las 9:00 y a esa hora comienza. En eso se diferencian bastante latinos de anglosajones. Me quedo con estos. Macondo es maravilloso, pero podemos hacerlo todavía mejor.