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lunes, 27 de abril de 2026

En peligro nuestras pensiones

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Estimado compatriota:

El cúmulo de bestialidades cometidas por la banda criminal que rige los destinos de la Patria ha llegado al extremo de pretender dejar en la calle a los pensionados y a los trabajadores que ahorran para algún día disfrutar de su pensión de vejez.

Por medio del Decreto 0416 de 2026 ordena el tirano a los fondos de ahorro que transfieran a Colpensiones los ahorros que administran de los trabajadores y pensionados en un plazo máximo de 30 días, ya que Colpensiones necesita ese dinero para atender al pago de las pensiones. No tiene ningún fundamento en la realidad ni en la normatividad semejante esperpento jurídico, sólo en su demoníaco propósito de gastarse el ahorro de los colombianos para ganar unas elecciones que considera perdidas por su candidato Cepeda.

Colpensiones recibe los aportes de 2.969.700 trabajadores, lo cual debe ser suficiente para atender al pago cumplido de las pensiones. No necesita, en consecuencia, apoderase de los ahorros que los trabajadores han confiado a los fondos privados.

Medidas de esta naturaleza están prohibidas en nuestra Constitución. Vale la pena anotar que, de conformidad con el artículo 148 ibidem, “No se podrán destinar ni utilizar los recursos de las instituciones de la Seguridad Social para fines diferentes a ella.

Precisó el presidente de la Asociación de Fondos Privados que la reforma pensional está suspendida y que los ahorros solamente se podrán entregar a los pensionados, no al Estado, para que haga cualquier uso de tales recursos, que son de exclusiva propiedad de trabajadores y pensionados.

El asalto no termina allí. Según las declaraciones del presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, Juan Carlos Ramírez, el gasto exagerado de este Gobierno y la expansión nunca vista de la deuda pública, contratada con intereses impagables para un país como Colombia, nos llevará a un default o quiebra inminente del Estado. Quiere ello decir que el Estado no podrá atender en el futuro sus compromisos y entraremos en una crisis imparable.

* Ajuste histórico: el próximo gobierno deberá realizar un ajuste fiscal cercano al 4 % del Producto Interno Bruto (PIB).

* Insostenibilidad de la deuda: Ramírez señaló que, incluso cumpliendo estrictamente con la regla fiscal, la sostenibilidad de la deuda no está garantizada bajo las condiciones actuales.

* Déficit preocupante: el déficit fiscal se estima en un 6.7 % del PIB. Se critica que el Gobierno actual sobreestima los ingresos y subestima los gastos necesarios para el funcionamiento del Estado.

* Esfuerzo prolongado: este ajuste de 4 puntos del PIB no puede ser de un solo año; Ramírez advirtió que el esfuerzo debe sostenerse durante al menos cuatro años para estabilizar la trayectoria de la deuda y evitar una "senda explosiva" que comprometa el futuro financiero.

* Riesgo de default: de no materializarse estos ajustes, el país entraría en un camino de inestabilidad que conduce inevitablemente a una situación de impago de sus obligaciones.

Estas catastróficas conclusiones nos deben mover a todos los colombianos de bien a salir en las próximas elecciones a defender nuestros legítimos derechos de una manera efectiva. Si este Gobierno no puede o no quiere adoptar las drásticas medidas que se requieren para libranos de la quiebra y la miseria, votemos en masa para ganar en primera vuelta con Abelardo de la Espriella. Así lograremos conjurar la amenaza el próximo 8 de agosto cuando el nuevo presidente, por decreto, derogue todas las barrabasadas aprobadas por el régimen petrista. No es el momento para seguir atendiendo la crisis generalizada del país con tibieza, con la prolongación de inútiles diálogos, con la reunión de santistas, progresistas y expetristas en un amasijo de dispersas opiniones. No, mil veces no. La patria requiere un liderazgo fuerte, mano dura con el crimen, sabiduría a la hora de salir de esta monumental crisis y coraje para enfrentar toda clase de peligros que se ciernen sobre el pueblo colombiano.

martes, 17 de enero de 2023

Colombia: entre las tinieblas y la luz

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador*

La oscura noche que se ha apoderado del país desde el pasado 7 de agosto, llega a tal grado de cerrazón que hasta los llamados a encontrar una luz de esperanza se debaten en medio de la perplejidad y la incertidumbre.

¿Qué hacer cuando todos los resortes del poder se encuentran bajo el control de una pandilla que antepone la defensa de los criminales, la plena garantía al narcotráfico y la protección de los terroristas a la seguridad y el bienestar de la población?

¿Cómo impedir que los recursos del Estado se dilapiden en el derroche presupuestal, en demenciales proyectos o en subsidios impagables por el fisco, mientras se planea suprimir los ingresos por venta de petróleo?

¿Quién va a garantizar la seguridad de las gentes, sus derechos fundamentales, su salud y bienestar, cuando el propio Estado deja en libertad a los vándalos, se hace el de la vista gorda frente a las invasiones ilegales, amenaza con desmontar el sistema de salud y se roba los ahorros de los trabajadores para sus pensiones de vejez?

¿Cuál es la alternativa a seguir frente a la suicida política de ahuyentar la inversión, aumentar la tributación, y generar una inflación que acaba con el aumento decretado para el salario mínimo?

Ante todo, comencemos por reconocer las verdaderas dimensiones de esta hecatombe. No se trata simplemente de la pérdida de unas elecciones: Es el enfrentamiento de dos visiones contrapuestas del mundo.

De un lado, quienes creemos en un país donde se respete el Estado de Derecho, donde exista una separación de los poderes públicos. Donde se garantice la seguridad, la salud, la propiedad y los derechos fundamentales de los habitantes. Donde impere una verdadera justicia libre de intereses politiqueros. Donde se cumpla con una justicia social que beneficie a las clases más vulnerables. Un país que tenga como guía los principios universales de la civilización judeocristiana y la defensa de la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Un país que respete el sistema democrático y, en vez de vulnerarlo, lo perfeccione, para que esté el pueblo representado por quienes comparten sus intereses y no por una clase política corrupta y venal que se vende al mejor postor.

De otro lado, están quienes tienen como credo la toma del poder por cualquier medio, sea por la violencia, el asalto a las urnas, el engaño al pueblo o el desconocimiento de la voluntad popular como se hizo en el plebiscito que rechazó el acuerdo de La Habana, y se repitió con el monumental fraude de las pasadas elecciones. Son los que propugnan por la destrucción de la familia a través de la ideología de género y el aborto. Los mismos que no han dudado en invadir desde el Gobierno la órbita del poder judicial para dejar en libertad a los vándalos que incendiaron al país y paralizaron el transporte en las tomas guerrilleras durante la administración Duque. Quienes vienen mutilando la institución militar y de Policía, mientras crean un ejército pagado de milicianos con el disfraz de “gestores de paz”. Los que persiguen el empobrecimiento de la población a través del aumento de impuestos, la desmedida inflación, la bancarrota del Estado y la persecución a los inversionistas, para que así todos dependamos de las limosnas estatales para subsistir. Quienes anuncian que radicalizarán el llamado “progresismo” para perpetuarse en el poder.

Una vez entendamos el tremendo conflicto al que nos enfrentamos, podremos encontrar, mediante el raciocinio y objetividad, las más efectivas formas para enfrentarlo.

Solamente me atrevería a dar unas sencillas recomendaciones a mis contertulios:

a) No pensemos en soluciones cómodas, fáciles o a corto plazo. Si la izquierda tardó 60 años en encontrar la fórmula para quedarse con el poder, su recuperación no podrá lograrse tan pronto como deseamos;

b) No se trata sólo de una batalla política, pues está implicado aquí un cambio cultural que los actuales gobernantes quieren imponer por la fuerza. Durante más de 50 años las distintas guerrillas intentaron conquistar mediante el terrorismo y la propaganda política al pueblo colombiano y fracasaron rotundamente. Pero cuando adoptaron una nueva estrategia, la de infiltrarse en la educación, la justicia, los medios de comunicación, los sindicatos, la Iglesia católica y los poderes públicos, se ganaron el premio gordo;

c) El cambio cultural que propugna el socialismo se fundamenta en la destrucción de todo lo existente, para construir otro mundo basado únicamente en la fantasía de sus promotores, desconociendo las tradiciones, costumbres y vivencias que forman parte de nuestra milenaria cultura. Lo único que puede salvarnos de la total destrucción de nuestra civilización es una resistencia organizada;

d) No busquemos entre la clase política los nuevos líderes que la resistencia requiere. Ya fracasaron, unos por acción y otros por omisión. Esta avalancha popular que está a punto de estallar debe partir del liderazgo de cada colombiano de bien que, en la medida de sus capacidades, se sume a la resistencia; y,

e) Demanda un esfuerzo ciclópeo mas no imposible. Es connatural al hombre buscar la defensa de su bienestar y el de su familia. Recordemos esta máxima: “No pienses, si algo te resulta difícil y penoso, que eso sea imposible para el hombre, antes bien, si algo es posible y connatural al hombre, piensa que también está a tu alcance” (Marco Aurelio, Meditaciones, pag.118).

miércoles, 19 de octubre de 2022

¡El completo y escabroso destape de Caldono!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

En Caldono lo de menos fue el bien comentado asunto del “enemigo interno”, porque Petro aprovechó para un completo spogliarello, como dirían sus antepasados italianos, que él oculta en su reciente y destructora diatriba, revanchista y woke.

Después de dejar una considerable huella de carbono el jet oficial aterrizó en Popayán, y desde allí Petro y su comitiva se desplazaron por tierra, dejando una discreta estela de CO2, hasta Caldono, donde el gran incumplido exaltó el valor del tiempo, que no le alcanzará, al parecer, para cambiar, en cuatro años, todo lo malo que se ha hecho en los quinientos anteriores.

Dejando de lado las conjeturas sobre si el mensaje acerca de la fugacidad del tiempo es para ambientar la necesidad de prolongar su mandato por dos o tres períodos, lo indudable es que su discurso en esa localidad, el pasado 12 de octubre, es el más diciente salido de su irrefrenable locuacidad.

Exceptuando lo del “enemigo interior”, que tocaré antes de pasar a mayores, poco se ha comentado del resto de esa intervención de 39 minutos (que he seguido en la versión de la Presidencia, que puede estar editada), en la que Petro se expresó con el mayor desparpajo, revelador de su psicología e indicador del rumbo inexorable de su gobierno.

Acusó al “enemigo interior” de entorpecer la compra de los 3’000.000 de hectáreas, lo que se interpretó como advertencia dirigida al vetusto ministro de Hacienda, el único algo preparado de su gabinete, quien se había atrevido a decir que esa operación no puede hacerse con la emisión de TES.

Como la utilidad político-mediática de Ocampo no ha pasado todavía, de regreso a Bogotá Petro trinó:

“El enemigo interno es el acumulado de normas y efectos, todos en la Administración Nacional, durante décadas, para mantener intereses particulares poderosos e impedir los cambios en favor de la gente”.

Así que su “enemigo interno” no es una persona, sino un espíritu, obviamente mal intencionado, que —supongo— anima “normas y efectos”…

Dejando de lado lo abstruso y abscóndito del trino, da entonces la impresión de que el redomado materialista de su autor se acerca ahora al idealismo alemán o a un gaseoso espiritismo, para encontrar una manifestación vital que coordine esas “normas y efectos” en su contra.

A continuación, el orador defendió su plan de despojo de los cotizantes de pensión. Allí no ve expropiación. En cambio, sí acusa a los dos banqueros más ricos de haber “expropiado” —en favor propio, supongo— parte de los fondos pensionales.

La anterior es una acusación gravísima. Nadie ignora que el más rico de los banqueros es Luis Carlos Sarmiento, pero no sabemos quién es el segundo. No debe referirse al señor Vélez, quien opera en el Brasil, lo que nos conduce, quizás, a Gillinski.

Ahora bien, si a Petro le consta que esos banqueros han realizado esa expoliación, ¿cómo es que no los ha denunciado o expropiado? Si lo primero, es cómplice; si lo segundo, está en mora de hacerlo.

Más tarde volverá sobre la prensa de propiedad de los mismos dos banqueros. ¿Estará pensando en El Tiempo y Semana?

Desagradecido, entonces, con ambos magnates, cuyos medios adoptaron en sus publicaciones “la neutralidad omisiva”, que durante tantos años le permitió a Petro avanzar hacia el poder, desde el cual ahora podrá atemorizarlos, o expropiarles tanto los medios como los bancos, cuando llegue el momento en el proceso revolucionario.

A continuación habló de la sangre derramada de Gaitán, de los diálogos regionales vinculantes, de “Colombia, potencia mundial de la vida” y de los oligarcas que viven en Miami y Madrid, (¡pero no de los que descansan en palacetes de la Toscana!), para ocuparse luego de la “paz rápida” porque para él, los que militan en organizaciones armadas no son hijos de oligarcas ni herederos de esclavistas, categorías que una y otra vez salen a relucir en la perorata.

Siguió entonces hablando de la urgencia de una organización popular, que presione al gobierno y al Estado, formada por el pueblo, millones en las plazas, los campos y las universidades, dispuestos a acompañarlo y organizados como un movimiento social. A ese gobierno de multitudes le pide no perder ni un segundo, porque el tiempo vuela. De no contar con ese pueblo organizado, puede pasar lo mismo que con “la sangre de Gaitán, corriendo hacia las alcantarillas”.

Aumenta la calentura: el pueblo unificado, las fuerzas populares, la acumulación de resistencias milenarias… el tiempo que no tiene… Hay que cambiar en cuatro años lo que no ha cambiado en quinientos… Las razas no existen (pero más de una vez habla de un comité interétnico para asegurar la paz entre negritudes e indígenas... la distribución de las tierras de la reforma agraria… La Fiesta de la Raza es fascista (¡), y él la cambia por la Fiesta de la Resistencia…

También nos habla de funcionarios que solo quieren el billete (¡pero no habla de ciertas bolsas negras repletas de ellos!), y vuelve con la sangre de Gaitán y las alcantarillas…

Hago este mini resumen del discurso de Petro, el 12 de octubre en Caldono, ante la minga, e invito a los lectores para que tengan la paciencia masoquista de escucharlo, porque allí está él verdaderamente, encendiendo la lucha de clases en un país de terratenientes blancos, oligarcas y herederos de esclavistas. Petro en cambio “tiene que vestirse de paño cuando debe recibir gringos”.

Falta mucho, pero lo peor que puede hacerse es destruir la base extractivista de la economía nacional para convertir al país en un narcoestado; sustituir la democracia representativa por la dictadura tumultuaria; decrecer para nivelar por lo bajo; cambiar la agricultura productiva por la minifundista estéril; cambiar un sistema de salud de cobertura universal por otro de corte burocrático y clientelista; premiar la violencia con la impunidad; sostener la población a base de subsidios exiguos, en lugar de fomentar el crecimiento y la generación de empleo; y llevarnos a la órbita castro-chavista…

¡Cuando escucho al demagogo Petro en la plaza pública, veo con claridad quién es el verdadero enemigo interno!

martes, 30 de marzo de 2021

De cara al porvenir: En desacuerdo

Por Pedro Juan González Carvajal*

Como este es un país conformado por colombianos y no por verdaderos ciudadanos, tradicionalmente se sabe que se van a tomar decisiones o se toman decisiones que nos afectan de manera directa, pero de manera folklórica, nadie expresa su legítimo derecho democrático a decir que no está de acuerdo, dando un ejemplo viviente y continuado de lo que es la indolencia que nos caracteriza.

Esta introducción sirve para expresar mi desacuerdo con una nueva reforma tributaria, por más angelical que sea el nombre que hoy se le coloque: “Proyecto de Ley de Solidaridad Sostenible”.

Es indudable que se requieren unos 30 billones de pesos adicionales para poder enfrentar los retos que nos ha presentado la pandemia y que la aplicación de los recursos está bien intencionada y bien dirigida por parte del Gobierno hacia la población más afectada y a la necesitad de tratar de evitar una hecatombe en términos de generación de desempleo si desaparecen más empresas y unidades económicas informales.

Con lo que no estoy de acuerdo es con la fuente de donde saldrán los recursos, lo cual demuestra el facilismo y la falta de creatividad de este y de todos los gobiernos anteriores que han recurrido a este mecanismo, el de las mal llamadas reformas tributarias, para generar ingresos adicionales y aliviar la caja.   

Sea lo primero resaltar la falta de carácter y de compromiso de todos aquellos gobiernos que en todos los escenarios han reconocido que hace falta una reforma tributaria estructural y no la acometen ni la lideran por falta de gobernabilidad, o dicho en palabras parroquiales, porque no tienen la fuerza política suficiente, o si la tienen, la emplean para sacar adelante otro tipo de intereses.

Lo segundo, es la pasividad cómplice de los gobiernos al no enfrentar de manera frontal el flagelo de la corrupción, enraizada hasta los tuétanos en esta sociedad y en este sistema político nuestro.

Se habla, en órdenes de magnitud, de que la corrupción anual en el país ronda la cifra de los 50 billones de pesos, y en vez de ir a buscarlos, pues más bien nos meten la mano a los bolsillos y lo peor, nos dejamos violar plácidamente.

Es allí donde deben centrarse los esfuerzos, ya que evitando y controlando esa vena rota, generaríamos unos “ahorros” de casi dos reformas tributarias anuales, lo cual, ahí sí, podría apalancar la reactivación de la economía y la atención, primero subsidiada y luego promovida, de la calidad de vida de la mayoría de los colombianos.

Gravar las pensiones es un despropósito, una burla y un atraco para aquellos que hemos ahorrado y aportado nuestros recursos con esfuerzos durante la vida laboral. Las pensiones no son un regalo ni una dádiva del Estado, sino el producto de nuestro trabajo: ¡Respeten!

Otra cosa es que tampoco se ha acometido la gran empresa de garantizar pensiones para todos los ciudadanos, como debe ser: Ahí está la plata de la Corrupción y ahí están los recursos consuetudinariamente mal manejados  por parte de las entidades que han dizque administrado los bienes provenientes de las extinciones de dominio a narcotraficantes, recursos que no se han visto en la proporción esperada y que han sido otra fuente de malos manejos y de corruptelas.

Mientras tanto, seguimos de fiesta. Ya llega la Semana Santa, que para muchos es una “Parranda Santa” y veremos y seremos testigos impávidos de cómo se agudiza la crisis por el COVID ante los contagios que se generarán y que se sabe con anticipación, generarán un tercer y un cuarto pico.

¡Qué bendita especie la nuestra!

Quisiera, finalmente compartir uno de los pocos mensajes inteligentes que he recibido últimamente, que hace parte de Cuentos para Monstruos de Santiago Pedraza: “El hombre lobo viajó por el mundo, buscando algún procedimiento médico que pudiera evitar su horrenda transformación. Después de unos años, encontró a un grupo de doctores capaces de hacer su sueño posible. Estaba harto de convertirse en una criatura grotesca, violenta, e inconsciente. Al despertar del procedimiento, se sintió satisfecho con el resultado, así que se fue a vivir tranquilo al bosque. Estaba feliz, nunca más volvería a convertirse en hombre”.

lunes, 11 de febrero de 2019

El tema pensional en Colombia


Por Antonio Montoya H.*


Antonio Montoya H.
El tema pensional es un asunto de vital importancia para los trabajadores colombianos y sus familias, porque de ello depende el cómo sobrevivir cuando los años lleguen y se pensione el trabajador. También es necesario conocer el valor de lo que será posiblemente el valor mensual de la mesada pensional.

Siempre se ha dicho que nosotros, tarde que temprano, llegamos a la edad de jubilación, porque es obvio los años van pasando y para unos es un sueño por el que ha trabajado toda la vida. Así podrá descansar, viajar o estar tranquilo sin tener que depender de nadie, lo que para otros es un suplicio porque no alcanza el monto de la pensión para vivir dignamente.

Son pocos los que hoy pueden decir que logran vivir con dignidad con la pensión y tal vez, los que sí lo logran, son los que están afiliados a Colpensiones, que está bajo el control del estado colombiano. Ese sistema difiere en mucho del que tienen los fondos privados de pensiones, que se basa en el ahorro individual; en estos últimos no existe la solidaridad, requiere de unas determinadas sumas para obtener más que una pensión mínima y no requieren la edad mínima.

Es bueno manifestar que desde la entrada en vigencia de la ley 100 de 1993, responsable del actual modelo pensional, en su artículo 14, se promovió por el sector privado la afiliación a los fondos de pensiones y nunca explicaron con suficiente claridad a los usuarios las diferencias entre un sistema u otro, y al final de su vida laboral están pagando las consecuencias de su decisión de trasladarse a un fondo privado porque les decían que el seguro social se iba a quebrar y no tendrían pensión. Los que no comieron el cuento siguieron allí y terminaron su ciclo laboral con el monto de una pensión más alta que la que hubieran recibido en los fondos de pensiones si se hubieran trasladado. Lo más grave es que nadie asume semejante responsabilidad social y estos siguen campantes atrayendo más afiliados.

Es también preocupante que año tras año los pensionados reciben como incremento de la pensión el valor del índice de precios al consumidor (IPC), que es certificado por el DANE, valor que este año fue del 3.18%. Y si miramos los últimos cinco (5) o seis (6) años, es inferior al incremento de los salarios mínimos mensuales de los trabajadores colombianos, que este año 2019 fue del 6%. Así se presenta un desfase tremendo entre unos y otros, que hace más difícil la vida para el pensionado y la posibilidad de que pueda sobrevivir en condiciones dignas como se promulga.

Este es un tema que se ha discutido mucho, pero, nadie presenta un proyecto de ley serio que permita que las pensiones se incrementen en igual porcentaje al del salario mínimo en Colombia. Ello conlleva a que 2.200.00 pensionados pierdan capacidad adquisitiva. Por ende, lo justo y equitativo es que el ingreso de los pensionados este sobre la misma base del mínimo legal, ahí sí posiblemente sería real el sueño de obtener tranquilidad.

Agravado a esta situación pensional, nos encontramos con otro asunto que es de mayor complejidad y es el del incremento de la edad para jubilarse tanto para mujeres como para hombres, proyecto que no se presentará este año, pero sí en el 2020. Preocupa a todos los trabajadores colombianos porque no se podrá analizar este asunto sin estudiar otro que va relacionado y es cómo mantener el trabajo más años, cuando las empresas renuevan cada instante su planta, retirando a los mayores y vinculando jóvenes. Si no estudiamos este asunto solo llevaremos a que menos personas se pensionen.

Otro asunto que es vital, es el que se haga realidad la promesa presidencial de Santos de bajar el aporte en salud de los pensionados, que se aprobó en el congreso y fue vetado por el entonces mandatario. Creo que esa promesa fue solo para conseguir votos, que eran más de 2 millones, y que votaron por él para lograr mejorar el ingreso de la mesada pensional. Se envolató la vuelta, como decimos coloquialmente y se perdió el mejoramiento de la mesada.

Por último, les cuento que de acuerdo con lo previsto en el decreto 959 del 2018, los trabajadores vinculados a cualquiera de los cuatro fondos privados de pensiones, tiene hasta el próximo 5 de marzo para que, de manera individual, informen al respectivo fondo la forma de invertir sus ahorros, si desea un riesgo conservador, uno moderado u otro de mayor riesgo. Me parece horrible que un trabajador, que no está enterado de finanzas, ni de bolsa, tenga que decidir dónde invierten su dinero, a lo cual no hay derecho. Los fondos deben garantizar una rentabilidad mínima adecuada y justa a los que confían sus ahorros del mañana, no juguemos con ellos, no los pongamos a decidir sobre algo que no saben; los fondos deben preocuparse porque generen lo suficiente para que esos dineros no pierdan valor en el tiempo.

Estas son todas preocupaciones sobre un tema social de incidencia alta en Colombia cuando únicamente el 26% de las personas mayores de 57 si son mujeres o de 62 si son hombres reciben el beneficio de una pensión. Por ello los gobernantes deben ser cuidadosos y estudiar con detenimiento las incidencias de los cambios que se requieran en el tema pensional.