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viernes, 31 de mayo de 2024

Cambiar por cambiar

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Siempre he creído en el valor del cambio. Connota evolución, mejora, dinamismo. Nada más dañino que el estancamiento, el apoltronamiento, el dormirse en los laureles, vivir de la renta. Pero también he aprendido que no se trata de cambiar por cambiar. Hay asuntos en la vida que merecen también estabilidad, conservación, mantenimiento. Quizás requieran ajustes, mejoras, pero que no se pueden desechar sin más. También la vida me ha enseñado que las cosas no cambian de la noche a la mañana y que si se quieren cambios de fondo, que valgan la pena y que sean de largo aliento y duración hay que pensarlos muy bien, prepararlos con tiempo, verificar su real pertinencia, implementarlos juiciosamente y garantizar en lo posible su bondad y beneficio por el positivo impacto que tendrán. De entrada, se descarta que obedezcan a caprichos personales y satisfacción de egos.

Sin duda alguna, este país nuestro tiene muchas cosas para cambiar. Tiene, como todo, cosas maravillosas como su estratégica ubicación geográfica, sus tierras, cultivos y paisajes, su fauna y flora, el estar bañado por dos mares y contar con ricas fuentes hídricas, gente alegre, buena y acogedora, por mencionar algunas pocas de esos tesoros, pero también tenemos muchos asuntos realmente vergonzosos, todos ellos provenientes de nuestras taras, defectos, complejos y males que en lo individual y cultural poseemos. Como cantaba Piero en su canción “Yo soy”: somos “un montón de cosas santas mezcladas de cosas humanas, como te digo, cosas mundanas”.

Lamentablemente, el propósito del cambio en que nos han embarcado traumáticamente, porque los quieren hacer todos al tiempo, tiene errado el foco. La reingeniería social que ineludiblemente hay que hacer, no comienza cambiando de tajo y abruptamente las instituciones si no se ha previsto un cambio en las personas que están tras ellas, pues el resultado ya evidente es que con esa vuelta canela quedamos en el mismo sitio o peor. El giro de 360 grados, tan revolucionario como parece, simple y llanamente nos deja en el mismo lugar, solo que mareados y con náuseas.

El cambio debe comenzar en el ámbito personal y hecho a fondo. En tanto no cambien las personas, no van a cambiar las instituciones. Y el Estado, propiamente que digamos, no es modelo de virtudes éticas. Por eso se equivocan también buscando cambiar la educación para dejarla bajo el control del Estado. Ese es un modelo fallido que históricamente ha sido equívoco. La libertad de enseñanza ha sido una bandera de la escuela católica, precisamente porque se ama apasionadamente el ser libres y auténticos, bien diversos y plurales y no todos clonados bajo el mismo modelo. Un tema para seguir conversando, pero ya es hora de publicar estos pensamientos en voz alta. ¡Hasta pronto!

viernes, 24 de febrero de 2023

Cuaresma, cambio, conversión

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

De nuevo estamos en cuaresma, es decir, tiempo para entrar al taller de mantenimiento para una necesaria revisión que diagnostique cómo estamos y qué ajustes debemos realizar para quedar como nuevos.

Antes, cuando yo no entendía su significado, me parecía un tiempo lúgubre, cuasi tétrico, aburrido, donde tocaba dizque ayunar, dejar de comer carne y pasar a comer pescado todos los viernes. Esta hartera se extendía hasta Semana Santa que era para rezar, ir a ceremonias largas tres días seguidos, oír música clásica y también descansar un poco sin irse a los extremos de hoy día de total rumba ventiada.

Un compañero Jesuita con tono burlón decía: “¿te vas a convertir?, ¿convertir en qué?” Su ironía apuntaba a qué cambio puede haber, claro, pero no necesariamente todo cambio es para bien. Ahí está el quid del asunto. Porque se supone que el auténtico cambio es para mejorar, salir de la apoltronada zona de confort que nos vuelve mediocres y nos estanca. De hecho, la invitación que se hace es a vivir una “metanoia”, esto es, una transformación de la mente, diríamos también, del corazón, que repercuta en positivos cambios comportamentales.

Con razón, los antiguos sabios chinos decían, palabras más, palabras menos, ¿quieres cambiar el mundo? Entonces cambia primero tu país. ¿Quieres cambiar tu país? Entonces cambia primero tu ciudad. ¿Quieres cambiar tu ciudad? Entonces cambia primero tu barrio. ¿Quieres cambiar tu barrio? Entonces cambia primero tu cuadra. ¿Quieres cambiar tu cuadra? Entonces cambia primero tu familia. ¿Quieres cambiar tu familia? Entonces cambia primero tú. Si cambias tú, podrás llegar a cambiar el mundo. Genial.

Siempre reclamamos y exigimos con dureza que los otros cambien, pero qué laxos y permisivos somos con nosotros mismos a la hora de hacer mejoras. Dejémoslo para mañana, decimos con conchudez desfachatada, olvidando que el cambio verdadero comienza por casa, esto es, en nuestro interior.

Claro que hay que convertirse, ¿convertirse en qué? Pues en mejores personas, mejores seres humanos. Obvio, no es fácil, no se da de la noche a la mañana, es procesual, toma su tiempo. Pero hay que comenzar y hacerlo pronto. La vida es efímera y el tiempo se pasa volando. Sin dramas, pero la vida hay que tomársela en serio. Los que creen en la reencarnación se relajan porque tienen más vidas para ir evolucionando. Nosotros, los cristianos católicos, creemos en el aquí y el ahora. La cosa es pronto, es ya. “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

“El que quiere azul celeste, que le cueste”. No es fácil arrancar, se necesita fuerza de voluntad, convicción, esfuerzo, tenacidad. La recompensa es enormemente satisfactoria y quienes se lo han propuesto y lo han logrado son felices ahora. ¿Y usted, para cuándo lo va a dejar? Recuerde, la vida es corta y una vida bien vivida vale la pena vivirla.

martes, 13 de septiembre de 2022

De cara al porvenir: nuevos vientos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Recién ha pasado el primer mes del nuevo Gobierno y lo que no se puede negar es que se ha notado un cambio de dinámica.

Varios aciertos y algunos desaciertos han acompañado este período que ha marcado una línea clara de hacia dónde va el Gobierno autoproclamado como el del cambio, el mismo que entre otras curiosidades ha dado cátedra de inclusión, respeto y reconocimiento de nuestra multiculturalidad.

La experiencia como congresista le ha permitido al nuevo presidente saber que, en términos de calendario y fuerza política, proyectos de ley que no se tramiten durante el primer año de Gobierno, se puede aseverar que es muy remoto pensar en que luego se aprobarán.

Un gabinete ministerial, en un alto porcentaje con vasta experiencia, nombramientos abortados y algunos ministros un poco desubicados, dan muestra de que en términos de ejecutorias hay que dar un compás de espera.

Coincide por calendario que muchos de los congresos gremiales sectoriales y sub sectoriales se realizan durante estos meses, lo cual trae como novedad y capacidad de convocatoria que el nuevo presidente asista y de línea con respecto a los intereses propios de los asistentes, lo cual no pasa de ser un rito político - social, pues el nuevo presidente apenas está desempacando y organizando su equipo y lo que le corresponde hacer es tratar algunos datos y algunas propuestas de campaña y algunas ideas generales de futuro, salvo temas específicos y de impacto para todos como es el caso de la reforma tributaria.

Lamentablemente las transformaciones no se hacen de un día para otro y a pesar de los anuncios de paz total, el tema del orden público no mejora y los atentados contra miembros de la policía, las masacres, los asesinatos de líderes sociales, la inseguridad en las ciudades y las invasiones de predios no dan tregua. Se anuncia el reinicio de relaciones con Venezuela y se enuncian y promueven reformas y proyectos de ley alrededor de temas como la reforma rural integral, la participación política, el cese al fuego y de hostilidades, el replanteamiento de la estrategia contra las drogas, el acuerdo de víctimas, la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos de paz y obviamente la reforma tributaria, lo que permite establecer y lo que vemos como vector direccionador es un completo compromiso con el cumplimiento del acuerdo de paz, lo cual generará obviamente, apoyos y animadversiones.

Lo que sí queda claro es lo poco que avanzó el anterior Gobierno en el cumplimiento de la implementación del acuerdo de paz, lo cual solamente la historia sabrá juzgar.

Cabe resaltar el apoyo internacional a la gran mayoría de las iniciativas planteadas, y a la inusitada cercanía y proximidad en estas primeras semanas con el Gobierno de los Estados Unidos.

El haber armado una coalición de Gobierno en dos semanas, el haber aprobado el Acuerdo de Escazú, el haber hecho nombrar un contralor del Partido de Gobierno, el haber nombrado un Consejo Nacional Electoral empleando las mayorías, entre otras maniobras típicas de la política colombiana, da por pensar que puede que el cambio se dé en otros escenarios y en otras temáticas, pero no entre la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, como ha pasado en el último siglo, lamentablemente.

El cambio no debe ser mirado ni empleado como un simple slogan, ni tampoco es el anuncio del cambio por el cambio. El cambio es la superación de las costumbres y las prácticas políticas que nos han sumido en una corruptela generalizada acompañada de pobreza, injusticia, iniquidad y violencia generalizada.

Nueva oportunidad histórica ha tenido las diferentes fuerzas, partidos y movimientos políticos para repensarse y estructurar propuestas de futuro para el país y para ellos mismos como organizaciones.

En épocas recientes solamente el presidente Barco tuvo la grandeza, la osadía y la “fuerza testicular” suficientes para proponer un esquema real de Gobierno-Oposición verdaderamente democrática.

Durante este Gobierno esta posibilidad se desperdició por el apetito insaciable de estas fuerzas, partidos y movimientos políticos, y la necesidad de configurar un ambiente de gobernabilidad tranquilo por parte del actual Gobierno, que permita seguir consolidando nuestro presidencialismo consuetudinario.

Que después, entonces, no se quejen ni critiquen ni los unos ni los otros, pues no tendrán ninguna autoridad moral para hacerlo.

¡Amanecerá y veremos!

miércoles, 7 de septiembre de 2022

¡No son descaches de Petro!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Es muy bueno viajar en el jet presidencial dos o tres veces por semana, ser recibido por numerosas gentes —unas entusiasmadas, otras esperanzadas y muchas ociosas—, discursos, micrófonos, periodistas, fotos, clima triunfal y eufórico propicio a la fácil palabrería del personaje…

En estas tres interminables semanas Petro ha hablado mucho. Desde luego, para él no existe aquello de que quien mucho habla, mucho yerra, porque sabemos que él todo lo sabe…

De su prodigiosa minerva, en cada viaje brotan pensamientos fulgurantes y frases deslumbrantes.

Aquí es lo de la negociación entre el ocupado y los ocupantes; allá, lo de la creación de la federación nacional de cocaleros y cocaleras; acullá, lo de la reforma agraria a través del impuesto de valorización; y poco más adelante, aquello de la supeditación de las Fuerzas Armadas a los caprichosos consejos de seguridad de las alcaldías, totalmente ignorantes de la ciencia militar y de su logística operacional.

Estas y muchas otras son las fórmulas verbales, inesperadas y efectistas, a que nos tiene acostumbrados el incontenible hablador.

Unas pocas veces se han oído en este país, declaraciones presidenciales discutibles, pero nunca esa incontenible catarata de sandeces. No todos los gobernantes tenían la estructura mental de los grandes presidentes, pero aun los mediocres medían sus palabras.

Ante la intemperancia verbal de Petro, los comentaristas han calificado sus efusiones como confusas, absurdas, erróneas, equivocadas, superficiales, impensadas, etc. En efecto lo son; y mucho más, porque son imprudentes, perjudiciales, agresivas y relacionadas con el inconsciente. Por tanto, anuncian políticas funestas, que no se disipan con las medio aclaraciones que a veces sus subalternos se ven obligados a ofrecer, sea para negar lo dicho, sea para minimizar el estupor causado.

Ante la expresión habitual de tonterías y delirios, los petristas callan y los demás manifiestan su esperanza de que rectifique o corrija. ¡Vana esperanza! Si Petro fuera un gobernante normal y responsable, dentro de un esquema constitucional y democrático, nunca hubiera dado lengua suelta a tantas insensateces. Pero él es un marxista y comunista radical, cuyo propósito inocultable ha sido siempre el de demoler todas las instituciones para edificar sobre sus ruinas un nuevo orden revolucionario de corte castro-chavista.

Cuando Petro emite lo que a nosotros nos parecen los planteamientos absurdos de alguien trastornado por el ambicionado poder al que finalmente ha accedido, estamos en presencia de la génesis de procesos infames que van a desembocar en la ansiada revolución.

No, lo de Petro no son descaches, definidos en el DRAE como “desaciertos o improvisaciones”. Esas palabras son la expresión verdadera de su pensamiento y su voluntad.

En esos mismos 22 días Francia, la mayoría de las ministras y algunos ministros, profieren a su turno también incontables babosadas, igualmente expresivas de sus pensamientos profundos y de la ignorancia, impreparación e incompetencia que los distinguen.

Con el correr de los días no van a ser desautorizados ni desmentidos, porque en los meses venideros ellos impondrán al país políticas erróneas y perversas, congruentes, eso sí, con el plan revolucionario continental.

También son vanas las esperanzas de corrección y contención puestas en el actual Congreso, formado en su mayoría por ignorantes, improvisados e ineptos, iguales a los ministros, y que han surgido de incontables tendencias disociadoras en las que se combina la ignorancia con la irresponsabilidad. Allá no habrá freno para ninguna locura política, financiera, económica, jurídica o moral.

martes, 9 de agosto de 2022

El futuro se nos vino encima

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Parece mentiras, pero iniciamos un nuevo gobierno en Colombia.

Pasaron como una exhalación los gobiernos anteriores y nuestro país sigue sumido en la injusticia, la iniquidad y la pobreza, acompañado por una corrupción que nos corroe en orden creciente. Así mismo vivimos en medio de una enorme agitación que se siente y se percibe en todo el planeta y que es un llamado de atención a que nos preparemos para enfrentar situaciones que nos impactarán de manera global: una pandemia no superada, el cambio climático, una posible pandemia en crecimiento, la guerra de Ucrania que pudiera expandirse fácilmente, las tensiones Usa-China por Taiwán, los efectos económicos de la pandemia, donde la inflación está acompañada por un des aceleramiento económico generalizado, el inicio temprano de la carrera electoral en USA con un Trump “cargado de tigre” y un presidente en ejercicio acorralado por las circunstancias, entre otros varios factores y acontecimientos.

En Colombia la incertidumbre y las esperanzas que genera un nuevo estilo de gobierno son las condiciones generalizadas. Se habla de “cambio” y la sola palabreja asusta, pues como decía Maquiavelo, “Nada hay más difícil de emprender que tratar de cambiar el orden de cosas, pues se tendrá como enemigos acérrimos a quienes han triunfado con las condiciones actuales, y como defensores tibios a quienes no tienen nada que perder”.

El miedo a lo nuevo, el temor a propuestas distintas es apenas normal. Lo cierto es que lo que se viene es una prueba de fuego para nuestra estabilidad social, política y económica, pues estábamos mal acostumbrados a un leseferismo que nos ha sumido en la mediocridad. Hoy tenemos una sociedad mediocre y una economía y una democracia mediocres. ¿Es eso lo que nos gusta? ¿Eso es lo que queremos conservar? ¿Por qué el establecimiento no ha aprovechado los un poco más de 200 años que ha estado en el poder para hacer los ajustes que hoy se proponen y los cuales generan pánico? ¿Dónde están las propuestas de los casi inexistentes partidos políticos?

Varios políticos en diferentes fechas han expresado la siguiente afirmación: “O cambiamos o nos cambian”. Pues bien, los cambiaron, pero no del todo, sino más bien nominalmente, pues ante la avalancha de adhesiones que recibió el nuevo gobierno, considero que los vientos de cambio se quedarán en el camino y en “sus justas proporciones” como enunciaría un ilustre expresidente.

Se ha convertido en una frase de combate aquella que dice que: “No por hacer más de lo mismo vamos a obtener resultados distintos” y es hora de entenderla y aplicarla.

Se ha hablado desde antes de que tengo uso de razón, de las grandes reformas que requiere este país, y hasta el sol de hoy. Hemos sido muy buenos criticando y teorizando y no ejecutando, lo cual explica también nuestro actual estado de cosas.

Ahora bien, para que hablemos claro y no nos digamos mentiras y no nos imaginemos realidades artificiales, o metaversos criollos, sin que se resuelva el tema de la propiedad y la tenencia de la tierra, mientras no se asuma con seriedad y pragmatismo el manejo planetario del negocio del narcotráfico, mientras nuestra cultura criolla no respete la legalidad y la formalidad de las actividades y mientras no llevemos a cabo una cruzada hasta las últimas consecuencias contra la corrupción, pues lo único que podremos esperar es pañitos de agua tibia para tratar el cáncer que nos carcome.

Estaba dada la coyuntura histórica y conceptual para establecer un esquema real de gobierno - oposición, pero esto le queda grande a nuestros mediocres líderes y dirigentes actuales.

El temor de perder las cuotas burocráticas y el acceso al presupuesto nacional o a perder visibilidad personal en el concierto nacional, nos desnuda su verdadera dimensión, su verdadera talla, su verdadera altura.

Por ahora solo nos contentamos con sembrar el miedo y la zozobra que tantos resultados han dado hasta el presente y generar como rito ya habitual, el leer las desinformaciones provenientes de todos los extremos, distribuidas y divulgadas por las redes sociales y entretenernos con la cantidad asombrosa de memes que se generan por borbotones y que hacen que el humor, el cinismo, el importaculismo, las posturas ladinas, las posiciones egoístas, el respeto lastimero por algunos caudillos que van de salida en plena decadencia y la ignorancia disfrazada de asombro, hacen que todas las anteriores circunstancias sean el nefasto pan de cada día. ¡Qué cansancio!

Retomemos al gran filósofo Enrique Santos Discépolo y miremos nuestra realidad a la luz de su nunca adecuadamente bien ponderado y valorado tango “Cambalache”.

Solo los imbéciles le pueden desear mala suerte al conductor del vehículo donde viajan. Por mi parte le deseo éxitos al nuevo gobierno, y estaremos atentos para que los altos intereses nacionales estén por encima de cualquier consideración.

jueves, 9 de junio de 2022

¿Cambio para construir o cambio para destruir?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

1- Vivimos en la era del conocimiento, en la que todo cambio debería estar enmarcado en estricta legalidad, dirigido a fortalecer el sistema de libre emprendimiento y tener como objetivo una mayor equidad social.

La sociedad actual demanda transformaciones y líderes o agentes de cambio que sean positivos, visionarios, cada día más preparados, profesionales, sensatos y honorables. ¿Estamos cumpliendo con esto?

Precisamente cuando el fracasado socialismo se vale del terror, la tensión social y la violencia para tratar de ofrecer gratis lo imposible y luego imponer procesos revolucionarios sobre naciones pobres, de ingreso medio y en vía de desarrollo, es cuando con más cuidado debemos elegir a nuestros líderes en función del desarrollo y del crecimiento del país y no de nuestras conveniencias o insatisfacciones personales.

Pensando en lo anterior y en el momento crítico que vive Colombia, quiero compartir con el lector esta alegoría que encontré hace años en una herrería de la Provincia de Huelva:

Por un clavo se pierde una herradura,
por una herradura se pierde un caballo,
por un caballo se pierde un caballero,
por un caballero se pierde una batalla,
Por una batalla de pierde una guerra,
y por una guerra se pierde un imperio.

Atención Colombia, hay que votar bien, pues por un voto por un falso cambio, envuelto en el papel de los engaños demagógicos, podemos perder el imperio de la ley.

Ese imperio de la ley es lo que más debería custodiar hoy la desdibujada justicia. La cultura de la legalidad representa la única garantía de la equitativa medida necesaria entre libertad y orden que mantiene el pacto social en procura de la sana convivencia y que otorga seguridad jurídica a la confianza inversionista de la cual depende el crecimiento económico como única forma de mejorar la calidad de vida de toda la nación.

Y es que para saber si un cambio puede ser para bien y no para mal, hay que entender que no es el Estado ni son los políticos los que generan crecimiento económico y desarrollo social. Es el trabajo de los particulares y de las empresas la única verdadera fuente de riqueza de toda nación.

Miremos las realidades de las últimas décadas en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y no traguemos entero.

No nos neguemos a ver y reconocer los cambios positivos de Colombia en los últimos años y los avances logrados como nación, como país y como sociedad. Algo que a los medios y a los analistas les cuesta tanto reconocer, pues hablar de lo positivo ya no vende. Pero hay que darle tiempo al tiempo y entender que el cambiar por cambiar solo genera la destrucción del país que necesitamos para poder trabajar y vivir con tranquilidad y esperanza.

2. ¡El derecho al progreso de una nación no es propiedad intelectual ni exclusiva de ningún tipo de ideología, menos en la era del conocimiento que vivimos!

El progreso verdadero se llama desarrollo socio-económico. Y solo se genera sobre la utilidad que produce el trabajo de los capitales privados, que con la creación de emprendimientos le imprimen movilidad y velocidad a la economía generando así crecimiento, empleos e ingresos, de los cuales se descuenta la pesada carga de una Estado fundado para mantener un orden justo y unas libertades de mercado dentro de un marco cívico de cumplimiento del deber.

Ningún sistema de conducción del Estado produce por sí mismo utilidades suficientes para mantener una sociedad entera.

Y menos aún, le dan las cuentas a socialismo alguno en medio de una cultura mafiosa impuesta por el interés anárquico del narcotráfico representado por toda suerte de organizaciones criminales que se valen del terror y del miedo, la inconformidad y la zozobra de una sociedad que les ha permitido estar inmiscuidos en el acontecer tradicional de la política compuesta de una colección de gavillas clientelistas y de corruptos y de figuras anacrónicas adictas al poder burocrático, una cómoda burguesía que habita hoy en entidades secuestradas ideológicamente, como es el caso de gran parte de las Cortes y entidades de control, y como Fecode, organización que solo genera hordas de jóvenes “NiNis” o jóvenes que ni estudian ni trabajan y creen que es el Estado o son sus padres y no su propio esfuerzo y trabajo el que tiene que mantenerlos.

3. Hablemos claro: ¿Cuál cambio? ¿Qué cambio? ¿Qué debe cambiar y qué no?

En toda campaña política siempre hablan convenientemente de cambiar. Pero cuando los candidatos no están preparados para hacer un buen gobierno dentro del marco legal establecido, sino que sus propuestas están coartadas por la demagogia ideológica populista, siempre la embarran cuando empiezan a dar explicaciones.

Convengamos en que el cambio en el mundo actual es constante e inevitable. Somos una civilización mutante en la cual hay cambios transformacionales por lo general lógicos, constructivos, positivos, y también los hay destructivos. Hay cambios incontrolables cuando provienen de la fuerza y las evoluciones de la naturaleza, pero que cuando provienen de procesos sociales revolucionarios son controlables por medio de la legalidad. Y es que en el mundo actual muchos cambios, aunque disfrazados de falsas democracias, están realmente asociados a narcotráfico, violencia y corrupción.

Como sociedad informada, ya deberíamos haber entendido que al cambio no lo encarna un solo individuo dentro de una democracia representativa en la cual el 85% de las personas no cree en ninguno de los partidos ni de los políticos, sean ellos de izquierda, centro o derecha, y que el cambio por cambiar, evocado por la dialéctica demagógica y enarbolado por los candidatos populistas, está compuesto de embustes y premisas falsas completamente verificables.

Las culturas de las naciones son solo la suma de las conductas de los individuos que las constituyen. Entonces hay que entender qué es lo que realmente se debe cambiar, cómo cambiarlo, y cómo podemos todos contribuir dentro de una sociedad a un cambio positivo. Lo cual requiere una cultura política enmarcada en la unidad de propósito nacional de desarrollo colectivo y colaborativo, sin odios ni individualismos, y una convivencia social y económica seguras.

Entendamos que es cada individuo en relación con su formación cultural, cada institución y cada empresa, el que tiene que pensar en cómo cambiar todo un país para bien, y darse cuenta de que en esta era del conocimiento, en primer lugar, uno cambia para bien, o en segundo lo cambian para mal.

Lo anterior supone entender qué es lo que realmente quieren y pretenden los que nos están vendiendo un cambio en medio de un proceso electoral: o generar caos para luego controlar, hacerse al poder para imponer un control estatal que cercena libertades; o ser agentes del cambio positivo que nos ofrece la era de transformación digital–tecnológica y científica que vive nuestra civilización.

4. ¡Hay que cambiar porque este es un país de corruptos!

¡Ah, pero qué fácil se dice! Y si todos somos corruptos, “que tire la primera piedra el que esté libre de pecado”. Alguien que me explique: ¿Cómo es que los corruptos van a cambiar una nación?

El hoy tan extraviado deber ser, asociado al interés general, indica que siempre hay que luchar contra la corrupción. Pero convengamos también en que aquí no todos somos corruptos, y que la gran mayoría de la gente no es corrupta y, por el contrario, la mayoría labora y vive honradamente.

Aquí, como en todas partes, hay niveles altos de corrupción que involucran tanto lo público como lo privado, pero lo grave no es solo eso, lo más grave es la cultura embustera, tramposa y mafiosa de esas minorías que han sido corruptas siempre y que ahora quieren reclamar el poder dándoselas de transparentes, acusando a las personas honorables de lo que impulsa su propio mal proceder.

5. ¡Hay que cambiar, pues no podemos seguir en manos de los mismos de siempre!

El que diga eso, simplemente miente. No conoce, no ha estudiado y no entendió la verdadera historia política de nuestro país, ni la naturaleza de las elecciones presidenciales de lo que va corrido de este siglo, ni comprende los fundamentos y los valores éticos de quienes han apostado auténticamente por un mejor país para todos.

Hoy el populismo se vale de una dialéctica y una retórica negativa que no solucionan los problemas que presentan las democracias representativas y los gobiernos populistas de la región.

Los que van al Congreso son elegidos por nosotros, pero tristemente por lo general no trabajan por sus electores ni para el país, sino para ellos mismos o sus causas personales. Ese es el problema de tener tantas personas cuya única vocación es ser de profesión político, como forma única de ganarse la vida.

Que no digan los que llevan veinte años en el Congreso que no son ellos los mismos de siempre. Eso y la falta de procesos de selección profesional, es lo que ha permitido que los poderes del Estado, especialmente el legislativo, las cortes y algunos mandos medios burocráticos de entidades de control, y el poder administrativo que responde al caciquismo clientelista congresional, se hayan permeado de una cultura mafiosa y una carga ideológica que representa una implosión del deber ser estatal.

6. ¡Hay que cambiar porque hay muerte, violencia, pobreza, desigualdad e injusticias!

Claro que hay conductas inhumanas y deleznables que hay que cambiar en Colombia. Aquí y en todas partes la seguridad ciudadana es el supuesto esencial que debe garantizar el Estado. La pregunta que hay que hacer es si esa problemática debe cambiarla un violento con prontuario, o toda la institucionalidad.

Aquí el problema es la institucionalización de la convivencia con el delito. Lo más fácil en medio del inmediatismo es convivir con la delincuencia. Y lo usual es culpar al Estado para así hacerse al poder, sin reconocer que en todos esos aspectos negativos que ha generado el crimen organizado, venimos mejorando cada año, cada lustro, cada década, y que no son asuntos tan simples ni tan fáciles de solucionar como cambiarse de camisa.

Decir que no queremos más violencia y que hay que perdonar ante las acciones del sanguinario narco-terrorismo comunista entreverado en los poderes del Estado, no es un cambio. Hay que comprender que la solución no es entregarle el poder del cambio a cualquiera, y menos a quienes representan las organizaciones criminales amancebadas con la política tradicional.

7. ¡No son los mismos políticos y guerrilleros de siempre los que pueden cambiar este país!

Si queremos un cambio transformacional positivo, no es un presidente y su gobierno, es toda la sociedad y sus instituciones democráticas la que tiene que cambiar y defender el país y sus valores fundacionales.

Decía mi padre en una de sus intervenciones al frente del sector industrial colombiano sobre la importancia del debido y responsable manejo de la economía y el poder: “Si el balance del país no es bueno, el balance de las empresas no puede ser bueno, y por tanto el de las familias y las personas no puede ser bueno”.

No votes en blanco, pues con eso le estás haciendo trampa a tu país. No apoyes con tu voto a los mismos de siempre, lo peor de la politiquería colombiana asociado a la narco-guerrilla terrorista que aboga por un cambio para controlar a Colombia y destruir la libertad de empresa, los mercados y los verdaderos valores democráticos que representan las condiciones en las cuales se genera la confianza inversionista y con ella el crecimiento económico. Además, la casilla del voto en blanco en el tarjetón de la segunda vuelta de la elección para presidente, es abiertamente inconstitucional.

martes, 15 de febrero de 2022

De cara al porvenir: cambio de formato

Pedro Juan González Carvajal

Por Pedro Juan González Carvajal*

Ante una campaña electoral por la Presidencia de la República completamente desabrida, sin propuestas sobre ningún tema y enfocada solo a tirarle piedra al candidato que puntea en las encuestas, pues nada más acorde que insistir con el formato obsoleto, trasnochado, anacrónico y farandulero de los llamados “debates presidenciales”, donde los candidatos sufren pánico escénico pues no saben y no tienen nada que decir, cayendo todos en una retórica bobalicona, llena de lugares comunes, sin comprometerse con nada y en medio de un estrafalario ambiente propio de un reality.

Hago la precisión que esto es a nivel planetario, no solamente colombiano. Recordemos los grandes osos peludos de Trump y Biden en esos cuadriláteros anodinos y, luego, iguales situaciones con sus respectivos candidatos a la vicepresidencia.

Es por eso por lo que me permito proponer un nuevo formato: el de SÍ o NO, en el cual los candidatos, una vez decantado el abundantísimo número de precandidatos, sean invitados a participar, advertidos de que las preguntas que se harán solo tienen la posibilidad de ser respondidas con un SÍ o con un NO, y que a quien se salga del formato, le será retirado el sonido de manera inmediata.

Se me ocurren de manera preliminar, las siguientes preguntas:

¿SÍ o NO se compromete con los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS-?

¿SÍ o NO tendrá en cuenta el mapa de riesgos planteado por el Foro Económico Mundial para los próximos 10 años?

¿SÍ o NO sacará adelante los compromisos con la OCDE?

¿SÍ o NO está usted de acuerdo con el aborto bajo cualquier circunstancia?

¿Sí o NO está usted de acuerdo con la pena de muerte?

¿SÍ o No está usted de acuerdo con la libre elección de la opción de la eutanasia?

¿SÍ o No, restablecería inmediatamente las relaciones diplomáticas con Venezuela?

¿SÍ o NO restablecería las relaciones diplomáticas con Cuba?

¿SÍ o NO aplicará la paridad de género en su gabinete?

¿SÍ o NO lideraría una campaña mundial por la legalización de las drogas?

¿SÍ o NO está dispuesto a impulsar el Acuerdo de Paz con las FARC?

¿SÍ o NO tendería puentes de diálogo con el ELN?

¿SÍ o NO autorizaría el uso de fumigaciones con glifosato?

¿Sí o NO autorizaría la explotación minera en los páramos?

¿SÍ o NO apoyaría el uso del fracking?

¿SÍ o NO impulsaría una reforma estructural al Congreso de la República?

¿SÍ o NO apoyaría la idea de tener un Congreso unicameral?

¿SÍ o NO impulsaría una reforma estructural a la justicia?

¿SÍ o NO impulsaría un cambio estructural de los impuestos en Colombia?

¿SÍ o NO promoverá las alianzas y coaliciones necesarias en el Congreso con sujetos de comprobada mala conducta?

¿SÍ o NO destituirá inmediatamente a los funcionarios de su gobierno que realicen actos ilegales?

¿SÍ o NO va a vender los pocos activos que le quedan al Estado?

¿SÍ o NO le mentirá al país como lo han hecho los candidatos en períodos anteriores anunciando que durante su gobierno no habrá reformas tributarias?

¿SÍ o NO impulsará el tránsito de las Fuerzas Militares y de Policía de un concepto de Seguridad Nacional -donde los enemigos son internos- a un estado de Defensa Nacional -defensa de la Soberanía Nacional-?

¿SÍ o NO sacará de la pobreza y del atraso al Departamento del Chocó?

¿SÍ o NO se compromete a cuidar y proteger nuestro territorio insular, llevando presencia del Estado en todos los campos?

¿SÍ o NO se compromete a impulsar una verdadera reforma agraria?

¿SÍ o NO se compromete a respaldar la aplicación de la Ley de restitución de tierras?

¿SÍ o NO dejará sin terminar los miles de obras inconclusas que hay en el país?

¿SÍ o NO se compromete a financiar la educación pública en todos los niveles para todos los colombianos?

¿SÍ o NO utilizará los cargos diplomáticos para pagar favores políticos?

¿SÍ o NO se compromete a promover e instrumentar el mandato constitucional de la descentralización con autonomía fiscal?

¿SÍ o NO se compromete a que durante su gobierno no morirá un solo niño de hambre?

¿SÍ O NO presentará al Congreso un proyecto de reforma al sistema de salud eliminando las EPS?

¿SÍ o NO garantizará la independencia de los órganos de control?

¿SÍ o NO, respetará las decisiones de las altas cortes sin utilizar la gastada frase: “la respeto y la acato, pero no la comparto”?

¿SÍ o NO liderará una reforma pensional sin importar el desgaste político?

¿SÍ o NO gobernará a nombre propio y no de sus padrinos y patrocinadores?

¿SÍ o NO respetará y hará respetar los estatutos de la oposición sin acolitar “jugaditas”?

¿SÍ o NO respetará y hará respetar la libertad de prensa sin ejercer ninguna forma de censura directa o indirecta?

¿SÍ o NO, expedirá otros nuevos e inútiles estatutos anticorrupción y estatutos antitrámites?

¿SÍ o NO utilizará los canales públicos para promover su imagen a costa del presupuesto nacional?

A partir de aquí amable lector, precise usted sus propias preguntas e inquietudes.

 

NOTA: recordemos a Alejandro Magno cuando decía: “De la conducta de cada uno depende el destino de todos”.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Uno más, uno menos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Confieso que en la medida que han venido pasando los años, simultáneamente he ido perdiendo esa ansiedad contagiosa que se generaba alrededor del último día del año y primero del siguiente, con la típica canción de “faltan 5 pa’ las doce y el año va a terminar” y las pintorescas escenas de quienes se lo tomaban (¿siguen tomando?) muy a pecho el asunto, y se comen 12 uvas, se ponen cucos amarillos, salen con maletas a darle la vuelta a la cuadra, tiran papas debajo de la cama, beben champaña, cuentan los segundos acompañados de un locutor en éxtasis y cuando suena la sirena lloran a moco tendido, se abrazan, aúllan de emoción, felices de enterrar el año viejo y saludar el nuevo, en un verdadero show tragicómico que pareciera partir en dos el ayer y el mañana.

Lo dije el año pasado: ¿qué diferencia hay entre esta noche y cualquier otra noche?, cualitativamente hablando ¿hay alguna diferencia relevante, más allá de pasar el calendario y saberse uno más viejo? ¿Un nuevo año supone evolución y mejora continua, o es más de lo mismo?

En realidad, es un año más de vida y uno menos qué vivir. Por eso debería ser una buena ocasión para mirar atrás y evaluar, y, simultáneamente, mirar adelante y proyectar. Está bien cerrar ciclos y abrir nuevos, poner punto final a muchos asuntos y abrir nuevos caminos y horizontes. Y pareciera que un día propicio es el 31 diciembre, por eso el estrés, por eso el afán de hacer o concluir ciertas cosas porque si se deja para el otro año, que es al otro día, todo pareciera haber fallado. ¡Me parece una tontería!

El año nuevo no comienza mañana. El año nuevo comienza cualquier día del año cuando decides partir tu vida en dos, cuando comienzas un nuevo proyecto, cuando optas por cambiar la rutina y exploras nuevas maneras de hacer las cosas, cuando perdonas a alguien de corazón, cuando reorientas el camino en la dirección correcta, cuando dejas atrás vicios y defectos, cuando rompes una relación dañina, cuando celebras un acontecimiento inolvidable, empiezas un nuevo trabajo o emprendes una nueva empresa… El que mañana sea primero de enero no significa que haya un nuevo año, solo que ha comenzado otro mes, uno más de tu vida. Tú decides en verdad cuando es año nuevo. A veces no lo decides, sino que es la vida quien se encarga de determinarlo. Hay que estar alerta.

De todas maneras, para seguir con lo convencional, recibe mi saludo de año nuevo. Es hora y día de desearnos cosas buenas, de pedir la bendición de Dios para ti y los tuyos, de concluir una nueva etapa en la carrera de la vida y de retomar fuerzas para la siguiente. Que 2022 sea un año de muchos logros y realizaciones, que haya paz y felicidad, que los problemas no falten pero que tengas la sabiduría para saberlos sortear. Que sea un año de crecimiento y de muchos aprendizajes para que realmente valga la pena. Que el buen Dios anide en tu corazón y desde allí solo fluyan cosas buenas. Recibe un fuerte abrazo si es que no nos lo hemos podido dar por esta pandemia y espero que a ti sí te haya servido este tiempo adverso y difícil y a la vez también muy aleccionador.

viernes, 26 de febrero de 2021

Una Cuaresma de verdad

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El título despista. No es que haya Cuaresma de mentiras, lo que pasa es que esta puede ser la mejor Cuaresma de nuestras vidas. Me explico. Para muchos, este tiempo litúrgico en nuestra Iglesia es un tiempo lúgubre y medio harto que corta de tajo los carnavales y desde el miércoles con ceniza en la cabeza y un color morado bastante funerario nos invita a que hay que rezar más, dar limosna y hacer ayunos y abstinencias: los viernes reemplazamos las carnes rojas, que tanto ácido úrico producen, para comer resignadamente pescados y mariscos.

Paréntesis anecdótico: recién iniciados mis estudios teológicos pasé por Bucaramanga camino a Barranca para celebrar la Semana Santa. Era viernes de dolores, es decir, el viernes previo al domingo de ramos y mi entrañable amiga Nubia Carrillo me invitó a almorzar a una pescadería reconocida en la ciudad, pero resultó estar completamente colmada de clientes. Frustrada me dijo: ¿qué hacemos? Y sin titubear le respondí: ¡Pues ir a La Puerta del Sol! Yo no vine a Bucaramanga a comer pescado, quiero cabro, pepitoria, carne oreada y una buena yuca. Entre aterrada e incrédula me dio gusto, solo que, a mitad del almuerzo, cuando me relamía con tan rica culinaria santandereana, me preguntó respetuosamente si las normas eclesiásticas habían cambiado. No entendí la pregunta. “¡Es que hoy es viernes!”, me dijo con preocupación. ¡Ah pingos, esta señorita se tiró el almuerzo! Caí en cuenta de mi delito. Pero no era hora de arrepentimientos hipócritas. Estaba dichoso del reencuentro con ella y de estar en la ciudad donde pasé feliz mis dos años de magisterio, de modo que como no me confesé de aquel pecadillo en ese momento, ahora lo hago aquí, convencido, con el Salmo 50 de que no hubo tal falla, sino que precisamente la Cuaresma es para devolver la alegría, la auténtica alegría de la salvación.

En consonancia con esto, razón tiene el evangelio de Mateo cuando dice: “Y cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas que van con el rostro demudado para que todo el mundo vea que están ayunando… tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no se entere la gente de que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo escondido. Y tú Padre, que ve lo que se hace en secreto, te lo premiará” (Cfr. 6,16-18).

O sea, la invitación es que hay que cambiar el chip. La Cuaresma de verdad es un tiempo para estar alegres, es una temporada privilegiada para la renovación y el cambio, para hacer ajustes y mejoras en la dinámica de nuestras vidas. Si esa posibilidad de ser mejores seres humanos no es motivo suficiente de sincera alegría, estamos llevados. No es, pues, tiempo de lutos y de caras largas y aburridas. Hay que darle otro sentido a este tiempo litúrgico. Es oportunidad de mejora, superación de esas no-conformidades mayores y menores; permítanme la comparación, de hacer auditoría interna para optimizar nuestra vida de modo que sea una vida de calidad. Una Cuaresma así, una Cuaresma de verdad, vale la pena, ¿o no?