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jueves, 19 de diciembre de 2024

La computación

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Respaldados en la información de Wikipedia, he aquí un breve brochazo de nuestra actualidad computacional.

“La historia de la computadora se remonta a hace miles de años, cuando los humanos comenzaron a utilizar herramientas manuales para realizar cálculos. El ábaco fue una de las primeras herramientas de este tipo, y se inventó alrededor del año 4000 a. C.

A continuación, algunos hitos importantes en la historia de la computadora:

* 1642: Blaise Pascal crea la Máquina de Pascal, una máquina de engranajes que permitía realizar operaciones aritméticas mecánicamente.

* 1802: Joseph Marie Jacquard inventa un sistema de tarjetas perforadas para automatizar sus telares.

* 1834: Charles Babbage inventa una máquina analítica y es considerado el "padre de la computadora".

* 1936: Se crea la primera computadora electromecánica, la Mark I, en Estados Unidos.

* 1945: En la Universidad de Pensilvania se construye la ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Calculator), la primera computadora electrónica de propósito general.

* 1949: Jay Forrester desarrolla la primera memoria, que reemplazó los tubos al vacío.

* 1951: La Univac I se convierte en la primera computadora ampliamente comercializada.

* 1953: Grace Hopper desarrolla el primer lenguaje de programación, Cobol.

* 1968: Douglas Engelbart presenta un prototipo de computadora moderna con ratón e interfaz gráfica de usuario (GUI).

* 1976: Steve Jobs y Steve Wozniak cofundan Apple Computer y presentan Apple I.

* 1984: Steve Jobs presenta la primera computadora Macintosh.

A partir de este momento la miniaturización, el aumento de la capacidad de procesamiento y de almacenamiento y la movilidad han dado resultados como:

* Popularización del celular y las APPs.

* La robótica.

* La nube.

* La big data.

* El blockchain.

* La inteligencia artificial -AI-.

Ramas de las ciencias de la computación

* Desarrollo de algoritmos.

* Inteligencia artificial.

* Ciencia de datos.

* Ingeniería de software.

* Teoría de la computación.

* Programación.

* Robótica.

* Tecnologías de la información (TIC).

Tipos de computadoras

* Computadora analógica.

* Computadora híbrida.

* Supercomputadora.

* Computadora central.

* Minicomputadora.

* Microcomputadora.

Las computadoras se clasifican en 4 grupos:

* Súper computadoras.

* Macrocomputadoras.

* Minicomputadoras.

* Microcomputadoras.

Hoy, la computación cuántica y la computación orgánica marcan el camino impulsado por la Inteligencia artificial.

La computación cuántica es una disciplina que se basa en la mecánica cuántica para realizar cálculos de manera más rápida y eficiente que las computadoras tradicionales:

* Se vale de propiedades de las partículas subatómicas, como la superposición, el entrelazamiento y la interferencia cuántica.

* Permite realizar muchas operaciones simultáneamente.

* Puede almacenar más estados por unidad de información.

* Puede operar con algoritmos más eficientes.

La computación cuántica tiene potencial para impactar en áreas como la criptografía, la investigación del ADN, el descubrimiento de medicamentos y el desarrollo de materiales sostenibles.

Los equipos cuánticos están compuestos por tres partes principales:

* Un área para los cúbits o qubits, la unidad básica de información.

* Un método para transferir señales a los cúbits o qubits.

* Un equipo clásico para ejecutar programas y enviar instrucciones.

Sin embargo, la computación cuántica enfrenta desafíos como la decoherencia, que es la tendencia de los cúbits o qubits a perder su estado cuántico. Los investigadores buscan diseñar sistemas para minimizar la decoherencia y mantener los cúbits o qubits en sus estados cuánticos el mayor tiempo posible.

El green computing (también conocido como TI ecológica o sustentable) es el diseño, la fabricación, el uso y la eliminación de computadoras, chips, otros componentes tecnológicos y periféricos de forma que se limite el impacto nocivo en el medio ambiente, lo que incluye la reducción de las emisiones de carbono y el consumo de energía por parte de los fabricantes, los centros de datos y los usuarios finales. El green computing también abarca la elección de materias primas de origen sustentable, la reducción de los residuos electrónicos y la promoción de la sustentabilidad mediante el uso de recursos renovables.

El potencial de que el green computing tenga un impacto positivo en el medio ambiente es considerable. El sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es responsable de entre el 1.8 % y el 3.9 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Además, los centros de datos representan el 3 % del consumo total anual de energía, un aumento del 100 % en la última década.

“La demanda energética y la emisión de carbono de la informática y de todo el sector de las TIC deben moderarse drásticamente si se quiere frenar el cambio climático a tiempo para evitar daños medioambientales catastróficos”, según un informe publicado por la Association for Computing Machinery (enlace externo a ibm.com).

Cada aspecto de la moderna tecnología de la información, desde el chip más pequeño hasta el mayor centro de datos, conlleva una etiqueta con el precio del carbono y el green computing trata precisamente de reducirlo. Los creadores de tecnología desempeñan una función importante en el green computing, al igual que las corporaciones, organizaciones, gobiernos y personas que utilizan la tecnología. Desde centros de datos masivos que instituyen políticas para reducir el consumo de energía hasta personas que eligen no usar protectores de pantalla, la TI ecológica es multifacética y conlleva innumerables decisiones en todos los niveles.

La biocomputación es un campo de estudio que busca reducir el poder de cómputo y aumentar su eficiencia. En este contexto, se han desarrollado organoides cerebrales funcionales, que son células cerebrales ensambladas en organoides que tienen un tamaño similar al sistema nervioso de una mosca de la fruta.

La computación natural es otra área científica que se enfoca en comprender los procesos computacionales de la naturaleza, en particular de la biología, y en desarrollar modelos computacionales inspirados en ella.

Por otro lado, la electrónica orgánica es una rama de la electrónica que se encarga de estudiar materiales orgánicos, como polímeros conductores o estructuras moleculares, para crear dispositivos y circuitos electrónicos”.

Actualmente se trabaja en el entendimiento y aprovechamiento de los micelios asociados a los hongos como posibles plataformas de manejo de datos en forma de red orgánica.

“El micelio es una estructura de los hongos de apariencia similar a una raíz, consistente en una masa de hifas ramificadas y de textura como de hilo, que forman la parte vegetativa de los hongos pluricelulares como las setas y los mohos.

Ante tal evolución, vertiginosa y de crecimiento exponencial, no cabe sino abrir la mente y tratar de intuir las implicaciones que para el hombre y la sociedad tendrá su implementación, uso y popularización”.

Estamos entrando consciente o inconscientemente a una nueva y desconocida dimensión.

martes, 12 de marzo de 2024

Entrevista con Pedro Juan González Carvajal, segunda parte


Antonio Montoya H.
En esta segunda entrega de la entrevista con Pedro Juan González Carvajal para El Pensamiento al Aire la educación sigue siendo protagonista, al igual que la geopolítica, la historia, los recursos y la posibilidades del país que mantienen el toque de interés. No te lo pierdas.

Ingeniero de Sistemas, especialista en Gerencia Logística, magíster en Ciencia Política, doctor en Filosofía, profesor de pregrado y postgrado, miembro de varias juntas directivas, columnista del periódico El Mundo, exsecretario de Hacienda del Municipio de Medellín, exdirector de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, exsecretario de productividad y competitividad, exdirector de planeación del Departamento de Antioquia, exrector de la Corporación Universitaria Remington, fue gerente general de Ilimitada y es autor de varios libros sobre el tema geopolítico. Fue rector de la Corporación Universitaria Lasalle y ahora goza de un merecido retiro.

miércoles, 10 de enero de 2024

Entrevista con Ramón Alberto Mejía


Antonio Montoya H.
El periodista, escritor, historiador y librero, Ramón Alberto Mejía Bohórquez, es el invitado de esta semana en la entrevista de El Pensamiento al Aire. En el desarrollo de la misma sus historias hacen de este encuentro inolvidable. No dejes de verla.

Ramón Alberto Mejía Bohórquez es un contador que trabajó para empresas como Simesa, Apolo y Almacén Británico. Al jubilarse aprovechó su tiempo libre para cumplir sus sueños de ser periodista, escritor, librero, historiador y comerciante. Estudió en el colegio San José y fue enviado al Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal, pero decidió abandonarlo y dedicarse a las ventas y conferencias empresariales durante dos décadas. Tiene una librería especializada en ética y valores. También continúa estudiando. Además, ha sido periodista empírico y colaboró con el periódico El Colombiano bajo la dirección de Ana Mercedes Gómez Martínez. Se preocupa por fomentar la lectura y solicita donaciones de libros a través de sus redes sociales personales. Luego los dona a zonas rurales o desprotegidas de diferentes municipios, como Montería, El Bagre o Caucasia, con el objetivo de combatir la ignorancia y llevar cultura y dignidad al pueblo colombiano.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

“Los Habsburgo”, de Martyn Rady

Por José Alvear Sanín

Deben ser deliciosas las clases de Martyn Rady, catedrático húngaro de Historia de Europa Central en University College de Londres, y en Budapest y Rumania, porque su libro “Los Habsburgo, soberanos del mundo”, es especialmente ameno.

La primera edición colombiana es de Taurus (Bogotá, 2020). A las 406 páginas del texto se suman 46 de bien escogidas notas y 11 de bibliografía, especialmente en inglés y alemán, para quienes quieran explorar la larga y fascinante historia a lo largo de diez siglos, de la familia que en cierta forma hizo honor a la divisa A.E.I.O.U. (Alles Erdreich ist Oesterreich Untertan, o Austria Est Imperare Omnium Universo, o Austria Erit In Orbe Ultima), bien conforme con un imperio que siempre fue una constelación inestable de países, pueblos, razas y lenguas.

Desde un pequeño feudo en Argovia, en 991, la familia se va haciendo a señoríos y títulos hasta llegar a la dignidad suprema del Sacro Imperio Romano Germánico, y bajo Felipe II su poder se extiende hasta las Indias, en América, y las Filipinas, en Asia. Tal vez este no haya sido el imperio más extenso, pero sí uno de ellos, sin rival, eso sí, durante su apogeo geográfico. Pero a partir de la muerte, en 1700, del rey de España Carlos II, el extraño Hechizado, los Habsburgo pierden la dimensión global y tienen que consolidarse en Europa Central y expandirse en la Oriental, siempre como campeones del catolicismo, centrando su poder en Austria, Bohemia y Hungría, hasta alcanzar, cuando despunta el siglo XX, 625.000 K2 y 51 millones de súbditos (no los 30 que se citan en la página 396).

Basta lo anterior para considerar la multitud de temas, personajes, conflictos y guerras en un milenio. Por tanto, aunque The Times Litterary Suplement lo catalogue como “probablemente el mejor libro jamás escrito sobre los Habsburgo” (como vemos en la segunda solapa), la obra que comento no alcanza, a mi juicio, a pesar de su gran calidad, a llegar a tales alturas. Pienso que Rady apenas logra invitarnos a seguir explorando el universo habsbúrgico, cuya pasmosa complejidad no puede agotarse en 500 páginas.

Esta nimia observación mía no debe desalentar a quienes estén considerando leer el libro, porque sin duda abre una amplia ventana sobre un gran paisaje histórico, que se inicia con un pequeño guerrero feudal y termina con el último emperador, Carlos (1916-18), que, agrego, ha ascendido como beato a los altares por su piadoso pero infructuoso esfuerzo por poner fin a la Gran Guerra. La derrota de Austria-Hungría en ella significó la disolución de ese Imperio para dar lugar a seis estados, más o menos integrados bajo parámetros de tipo primordialmente étnico, mientras muchos lamentan todavía la pérdida del factor de estabilidad y orden que reinó en Europa Central en el último siglo de esa dinastía, es decir, entre el Congreso de Viena y 1918.

miércoles, 13 de septiembre de 2023

La otra cara de España

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

No encontré mejor título que este para el apretado comentario sobre “la otra cara de la luna”, rótulo irónico, a mi parecer, del gran libro de Álvaro Uribe Rueda (1923-2007) sobre España, porque en Colombia, como en general en Hispanoamérica, la leyenda negra ha imperado, dejando —como ocurre con la luna— la otra cara en la oscuridad y el desconocimiento, cuando no en la tergiversación y hasta el desprecio.

No es este el espacio para discutir los méritos de los grandes historiadores —si los hay— en Colombia, ni para contrastar sus escritos sobre España desde el punto de vista de la objetividad. Al fin de cuentas, la historia es un inmenso terreno donde florecen toda clase de interpretaciones sobre infinidad de hechos, insuficientemente conocidos por la mayoría de las gentes.

En cambio, sí es el lugar para llamar la atención sobre un autor bien ignorado en el campo que fue de su predilección, Álvaro Uribe Rueda, quien, dedicado a la política, dejó apenas una fugaz estela como senador liberal, algo sectario, mientras sus trabajos históricos pasaron prácticamente desapercibidos. En 1997, el Instituto Caro y Cuervo publicó su “Bizancio, el dique iluminado: La concepción mística del universalismo, sus raíces judías y helénicas y su herencia cristiana”, que pasó largos años entre los libros que se acumulan en los rincones, hasta que en la pandemia le llegó su turno. En ese texto de 596 páginas encontré la superior calidad que uno asocia con los grandes historiadores alemanes, que iluminan la relación no siempre clara entre los acontecimientos y los fenómenos culturales, religiosos, artísticos, económicos y sociales, que determinan el desenvolvimiento de los pueblos y el destino de las civilizaciones.

Pocos han escrito en Colombia, entonces, con la erudición y la visión que distinguen tan excepcional obra. Parecería que Bizancio está muy lejos de nosotros, pero para Uribe Rueda su significación política e histórica a través de las influencias romano-bizantinas, continúa en la España medieval y se proyecta a lo largo de la conquista, hasta la separación de nuestros países de España.

Por esa razón, su segundo libro haría apenas parte de las mismas consideraciones. Desafortunadamente, a “La otra cara de la Luna” le quedaron faltando dos capítulos, el de la “Independencia”, y el del Siglo XIX, por el fallecimiento del autor. No obstante, el libro, de 280 páginas, finalmente se publicó ocho años después por la Universidad de los Andes.

Su autor arranca afirmando que no hubo independencia, sino separación de España, y que aquí no hubo colonias, sino distintas entidades dentro de la monarquía española, y así sucesivamente desmonta los lugares comunes que han llevado a tantas generaciones, a partir de 1820, a creer en el despotismo, oscurantismo, opresión de los criollos, atraso en relación con las colonias inglesas, ignorancia impuesta a los nativos y exterminación de los indígenas, obligada por España a los desventurados pobladores de su vastísimo imperio, cuando la realidad es que la leyenda negra fue una de las armas más eficaces en la confrontación entre España y el ascendente poderío británico, que tenía que ser creída para justificar la rebelión.

Por fortuna, desde muy joven pude alejarme de la historia imperada. Indalecio Liévano Aguirre, con su monumental “Historia de los grandes conflictos económicos y sociales de nuestra historia”, nos abrió a muchos los ojos sobre tantos aspectos favorables de nuestra vida antes de la ruptura con España; y la lectura, tan denostada, del “Bolívar” de Salvador de Madariaga, nos condujo a una consideración ecuánime de nuestros próceres y de su máximo líder.

Los temas suscitados por el libro que comento dan para escribir otro, o varios, que es la tarea que debe ser emprendida por la universidad, si alguna vez se libera de la leyenda negra comunista que planea sobre nuestra historia, tan distinta de los cinco siglos de genocidio, intolerancia, violencia, esclavismo y explotación rapaz, que se imparte a las nuevas generaciones. Esa versión va, además, unida a la exaltación del terrorismo y la violencia, y cuenta con los billones de pesos que el gobierno actual entrega a la infame Comisión de la Falacia para tergiversar los hechos e imponer una visión extremista y politizada del país. Colombia es diferente de la que se pinta, con los colores más sombríos, a una juventud ingenua, incapaz de dudar de la versión horrenda que se le ofrece del país.

La separación de España nos convirtió en apéndices del Imperio Británico. Empezamos la vida independiente debiendo inmensas sumas a la City, que tardamos un siglo en saldar. La deuda externa, en nuestro caso, representaba 25 veces los ingresos del nuevo Estado. El atraso económico en Hispanoamérica empezó por la “independencia”, hecho que acoto al margen del libro de Uribe Rueda, que no toca ese punto crucial, que sigue siendo ignorado por los historiadores nacionales.

Sin embargo, libros como este, que revelan la otra cara de nuestra relación histórica con nuestra madre patria, se requieren en la base de la historia verdadera de Colombia, que en buena parte está por escribir.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

De cara al porvenir: el multiverso real

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Algunos analistas críticos sostienen que la historia la escriben, la reescriben o la inventan los ganadores que han existido en todo tiempo y lugar, bajo cualquier circunstancia.

Sería esperanzador que la realidad haya coincidido y coincida con el lado bueno de la historia, con lo políticamente correcto y con lo moralmente edificante, obviamente teniendo como signo la verdad.

Pecando de ingenuo, esto sería un adecuado proceso de distinción entre la civilización y la barbarie y el reconocimiento de la existencia de un comportamiento ético en lo individual y en lo colectivo.

La existencia de caudillos, dictadores, fanáticos y revoltosos ha signado el acontecer humano de todas las épocas y de todos los lugares, volviendo subjetiva la aproximación a la realidad, donde lo verdadero y lo falso, lo correcto y lo incorrecto, ha dependido y depende en mucha medida de la actuación y de la voluntad de estos personajes.

La historia en su evolución recorre el camino, generalmente, del mito, de la superstición, del misticismo y del fanatismo.

Muchas veces lo que queremos describir como “realidad mágica” es el resultado del manejo tras bambalinas que personajes siniestros y a ratos malignos le han dado a la realidad.

Como reacción, por ejemplo, en el siglo XV proliferaron los santos, en el siglo XIX aparecieron los héroes y en el siglo XXI la preeminencia la tienen las víctimas.

Para salir adelante, fuera de tener el respaldo de relatos inteligentes, veraces y prácticos, debemos también aprender a enfrentar y a entender la realidad como lo es. Muchas veces nos estrellamos contra la realidad porque queremos que toda actuación sea pura, o porque no nos contentamos con reconocer la realidad si no que queremos es lo que no existe o porque, en un ejercicio explicable pero inaplicable hasta ahora, queremos redimir la injusticia y el dolor aspirando a lo imposible.

Es por ello, por ejemplo, que las víctimas merecen dejar de ser víctimas en este mundo, bajo la premisa de un comportamiento ético de la sociedad.

El manejo usufructuario de la explotación de sentimientos como el miedo, el odio y la esperanza, ha facilitado a través de la historia, la forma como se ha conducido a las masas a su condición de rebaño.

El ideario de la conjunción entre la ética y la estética muchas veces no logra superar su categoría utópica, privando a la sociedad de una posibilidad racional y trascendente de la integración entre los altos valores de la libertad, el orden, la belleza y la tolerancia, guiados por el vector de la verdad.

Mientras tanto en el día a día nos hemos infectado con la epidemia de la corrupción que nos vincula a todos sin excepción por acción o por omisión.

También hacen parte de la corrupción el mal cuidado del planeta, el despilfarro de los recursos, la no introspección y la no aplicación de conceptos como la igualdad, la equidad y la justicia, la creciente concentración de las riquezas y las oportunidades que muestran un panorama desolador y que, aunado al cambio climático, podría llegar a convertirse en un fenómeno verdaderamente devastador.

El asunto de la demografía, el tema de la salud mental como tema de salud pública, la creciente tendencia al escapismo a través de drogas alucinantes de cualquier tipo, la depresión que avanza de manera sostenida, el suicidio que crece galopante o el simple aburrimiento, son muestra del deterioro que hoy enfrentamos a nivel juvenil y que no reconocemos todavía en su verdadera dimensión.

Una infancia desprotegida y una juventud desorientada nos ilustran y dan luces acerca del tipo de futuro que nos espera.

No esperemos llegar a ese futuro incierto y problemático. Hay que comenzar a actuar con resultados concretos ya mismo, si no queremos ser testigos históricos de una debacle como especie.

viernes, 4 de agosto de 2023

Pasión por la historia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Dirían los cronistas: “corría el año de Gracia o año del Señor de 1973 y en un rincón de la vieja casona del barrio Santa Bárbara que prestaba sus servicios de aula de clase, un pequeño grupo de niños que no llegaban a los 12 años, absortos escuchaban a su maestra de historia. Netflix no existía, mucho menos el videobeam, tampoco el VHS o el Betamax. Deslumbrante resultaba tener un proyector de acetatos. Todavía la televisón a color era un sueño irrealizable. Pero esta mujer, que todavía vive y a quien quiero hoy rendir homenaje, Ileana Cifuentes de Sastre, nos tenia hipnotizados, léase empeliculados, pues con su exquisita narrativa nos hacía recrear en nuestra imaginación todo lo que nos contaba…

Creo que, si hubiese sido testigo ocular y directo de todos estos acontecimientos, no habría podido narrar tan fielmente los hechos. El grito de independencia del 20 de julio, o la Batalla del Pantano de Vargas el 25 de julio y la definitiva del 7 de agosto eran recreados al detalle. Don Antonio Villavicencio, el Virrey Amar y Borbón, Simón Bolívar, Juan José Rondón con su docena de lanceros, Barreiro capturado por el pequeño Pedro Pascacio Martínez, solo para mencionar algunos de los personajes que iban desfilando, captaban totalmente nuestra atención.

La profe Ileana no era una docente ni tampoco una profesora del común, era toda una maestra. La pasión con que nos contaba la historia era la mejor cátedra de todas. Allí nació mi pasión por la historia, por el gustar nuestra historia. Esas narraciones, junto con unos compañeros de entonces, las recordábamos hace poco con precisión después de medio siglo. Inédito.

Cuánto lamento que las clases de historia estén desapareciendo de nuestras escuelas y colegios. Razón tenían cuando nos decían: “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. La historia nos ubica en el tiempo, nos permite valorar con respeto el pasado, entender el presente y proyectar el futuro. Pero claro, se necesitan vocaciones de historiadores, gente que vibre y goce contando esos hechos que nos precedieron.

Pero la profe Ileana, directora también del Liceo Nuevo Mundo, era genial: en sus clases de geografía nos aprendíamos de memoria, por ejemplo, los accidentes de las dos costas; en religión cada una de las partes de la misa; eso para citar dos clases más, porque lo realmente importante que aprendimos a su lado fueron los valores de la verdad, la rectitud, la responsabilidad y la puntualidad, entre muchos. Era exigente y bien templada, pero a la par justa. Esa era la única manera de formar carácter. Tantas generaciones pasamos por sus manos y todas, sin excepción, las recordamos con total gratitud. Eso no se da con todos los educadores, solo con aquellos que son verdaderos maestros, porque nos aman, quieren lo mejor para nosotros y no solo les interesa transferir conocimientos. En estas semanas que con tantas fiestas patrias recordamos nuestra historia, qué mejor que revivirla con quienes nos enseñaron a valorarla con pasión.

martes, 6 de junio de 2023

De cara al porvenir: la identidad de Latinoamérica

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Si nos detenemos a analizar el cómo los pueblos de América Latina han transitado desde la época precolombina, la conquista, la colonia, la independencia y su organización como países independientes, encontraremos algunas líneas comunes y un verdadero mosaico de acciones y eventos particulares que hacen parte de su propia historia.

Al aproximarse a estos asuntos, puede caerse en la tentación de reforzar el lado bueno de la historia, hablar de lo políticamente correcto y por qué no, de potenciar lo moralmente edificante, tratando de suavizar un poco la realidad real.

Hemos pasado por aborígenes y conquistadores, mestizos, siervos, esclavos, oidores, hacendados, virreyes, libertadores y ciudadanos de a pie. El poder lo han ejercido dictadores, caudillos, guerrilleros y han aparecidos mafiosos y sicarios.

Hemos vivido en medio del mito, de las supersticiones y de los fanatismos, donde el odio, el miedo y la esperanza han sido los vectores que han guiado a nuestros dirigentes en diferentes épocas y circunstancias.

Este despelote latinoamericano ha tratado de ser explicado desde los ritmos particulares, las condiciones geográficas, las riquezas naturales y la victimización.

Algunos intelectuales han hablado del realismo mágico y algunos otros de lo gótico siniestro, donde personajes verdaderamente siniestros y malignos nos han gobernado.

El tema de nuestra identidad ha sido un constante devenir de posturas, creencias, discusiones, alegatos y guerras.

En el siglo XV proliferaron los santos, en el siglo XIX los héroes y en el siglo XX, las víctimas.

En el mundo actual, al campesino, al gaucho, al andino, al tipú, al negro, al montuno y al indio, le han quitado espacio y visibilidad los enfermos, los migrantes, los ecosistemas y las minorías raciales y sexuales, entre otros varios actores.

¿Qué ha dificultado encontrar nuestra verdadera identidad? Sin pontificar podríamos decir que la idea que querer alcanzar la pureza ante cualquier tipo de dinámicas, el pretender ser y alcanzar lo que no existe y el querer redimir la injusticia y el dolor aspirando a realidades imposibles, ha hecho que este camino hasta la fecha haya sido tortuoso y falto de resultados.

Diría alguien que “lo óptimo es enemigo de lo mejor”.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Ciudadano

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

No es cualquiera. Recurriendo a la definición de la Real Academia Española, debemos entender que ciudadano es “una persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a su vez a sus leyes”. Esto conlleva a que la sociedad comprenda que vivir en un país, tener cédula de ciudadanía, tener derechos y obligaciones no es cualquier cosa, y si no miremos alrededor del mundo y encontramos que por causa de las guerras civiles, las dictaduras y los abusos de los gobernantes se ven miles y miles de personas desplazadas, inmigrantes sin pasaportes, sin identidad, deambulando por territorios vecinos como ánimas en pena, sufriendo, subsistiendo y sin arraigo, sin empleo y dependiendo de la caridad. Esos eran ciudadanos de un país, con derechos y obligaciones, y cayeron en la desgracia social por causa de unos ilusionistas mentirosos y populistas que prometieron el oro y el moro y solo salieron ganando ellos y su banda de criminales aliados.

En Colombia, desde el nefasto día en que se retiraron del pensum académico de los colegios las clases de ética, urbanidad, historia y geografía, iniciamos el camino de la decadencia social. Ninguno o casi ninguno de nuestros jóvenes sabe dónde está parado, no se ubica en el mundo, no conoce nuestra historia y menos la de otras regiones; caímos en la inmediatez de las redes sociales, que no educan, ni forman en valores, ni enriquecen con orden a quienes están pegados de ellas.

Preguntémosle a cualquier persona qué entiende por ciudadano y casi les puedo garantizar que no tienen precisión de su significado, ni cercano están.

Aunque escribo esto con tristeza y desazón, quiero pensar que aún es tiempo de corregir estos problemas, que volvamos al arraigo, al conocimiento y al sentido de pertenencia que representa un verdadero ciudadano.

Propongo varios temas específicos que nos podrán ayudar a que el término ciudadano, resurja de las cenizas y se convierta en un verdadero sentido de la nacionalidad, a saber:

a.    La familia, como el núcleo principal de nuestro diario vivir. Entender el papel del padre y la madre, las responsabilidades en el hogar y fuera de ella como familia, es decir como parte de un grupo activo por el que hay que responder, apoyar y superar las adversidades, es pues un sentimiento de solidaridad hermandad y liderazgo.

b.    Los valores, aquellos que nos permitirán soportar el dolor, nos darán la fuerza para actuar respetando al otro, y tendremos presente que la lealtad, el respeto, el amor y el trabajo nos darán la posibilidad de ser mejores y superar las dificultades.

c.    El trabajo, si respetamos el trabajo que tenemos, aprovechando las oportunidades laborales que se dan por la formación y la educación las empresas sobrevivirán, mantendrán el ingreso de muchos ciudadanos y las nuevas generaciones tendrán opciones de vida.

d.    El orden y la disciplina, sin estos dos, no existirá la posibilidad de que un país, una ciudad o un grupo humano prospere. Si diariamente no actuamos ordenadamente, hacemos que las leyes se cumplan, que los contratos se respeten, que la palabra se honre, que se dignifique al semejante y se le dé valor a la vida, el camino estará perdido, serán más las dificultades y tropiezos que el éxito.

Todo esto para buscar que entendamos que equivocamos el camino, que en el hogar no hay orden, ni disciplina; cada uno de los miembros de la familia tira por su lado, no existe una comunión de intereses y eso lleva a que los jóvenes caigan fácilmente en las garras de los astutos y hábiles promeseros, que no creen en la familia, el orden, la tradición y el respeto por los demás; ellos acabarán con el país y se reirán de los que los apoyaron; no cumplirán ni darán nada a cambio, es el resultado de la falta de identidad, por no saber que tienen, perderán todo.

Los ciudadanos, los que acatan la ley y creen en el orden, están llevados, son violentados, no los dejan trabajar, ni disfrutar en un restaurante, ni caminar con tranquilidad, ni asistir a tiempo al trabajo, en fin, ellos que soportan la economía, la salud y la prosperidad de un pueblo, son hoy los marginados porque las autoridades no existen, son alcahuetas, irresponsables y corrompidas.

Tenemos que dar el brinco, responder con solidaridad, liderar nuevas estrategias encaminadas a recuperar la tranquilidad ciudadana, invocando primero a las administraciones municipales y a la justicia. Solo lo lograremos actuando con severidad, unidos en defensa de la institucionalidad y la democracia.

Démosle fuerza y sentido a la palabra ciudadano.

lunes, 30 de noviembre de 2020

La educación en Colombia

Por Antonio Montoya H.*

Escribir sobre educación en Colombia es bastante exótico, porque la que tenemos no sé si se podrá llamar educación. El pénsum y sus profesores son un desastre, específicamente los de Fecode, ya que de todo enseñan, menos de educación. Saben de paros, marxismo, cobrar y no trabajar, y es poco lo que aportan a la formación en valores de nuestros estudiantes.

Si hacemos una estadística sobre los días efectivamente trabajados por los profesores en el último año contando de noviembre del 2019 hasta este noviembre 28 de 2020, el resultado será lamentable, porque además de la virtualidad por causa de la pandemia y la falta de computadores para los estudiantes en las regiones, se aúna las marchas que hacen los docentes por todas partes apoyando a Petro y sus mensajes de desobediencia civil en forma permanente.

Considero que la labor del Ministerio de Educación es buena, pero no tiene las herramientas jurídicas que permitan realizar una verdadera revolución educativa en nuestro país. Son muchos los obstáculos que impiden tomar el efectivo control de la educación, de la formación en valores, de ética, en conocimientos prácticos que realmente sirvan a los miles de estudiantes que año a año avanzan en su formación, con mucha ilusión, pero sin reales resultados que les posibiliten afrontar el duro camino de la vida laboral.

En cada región la educación y formación debe tener variables de acuerdo con las características propias de esa región, de sus necesidades y la preparación de esas juventudes para el trabajo, así cuando algunos de ellos logren el ingreso a la educación superior tendrán bases suficientes para concluir su ciclo académico y podrán aportarle realmente a su región.

Debe volver a las aulas las clases de castellano, geografía, historia y sobre todo la de Carreño con sus elementales y profundas normas de comportamiento, que a nosotros los adultos nos sirvió para respetar a los mayores, el trabajo, la familia. En general versan sobre el comportamiento diario, enseñanzas que hoy se miran como cosas extrañas y no se acatan por quienes están iniciando su vida.

Se emiten al aire eslóganes sobre la educación, que tal ciudad es la más educada, sobre el cubrimiento de la educación, y que no hay niños sin cupos en los colegios, y los resultados en ves de mejorar decaen y decaen en forma estrepitosa, volviendo esas publicidades polvo, ridiculizando a esos genios educadores que buscan con ello más votos y no mejoramiento de nuestros ciudadanos.

Si damos una mirada critica y preguntamos al azar a cualquier estudiante que nos den una pequeña descripción de los ríos, mares, montañas y cordilleras que tiene nuestro vasto territorio, o mejor aún, pedirles que dibujen el mapa de Colombia y que indiquen con quienes lindamos, en ese momento veremos la cruda realidad. No saben. Pero que no sepan es una cosa, lo que realmente preocupa es que no les interesa y en ese momento comprendemos que nuestra educación falla. Si continuamos con el ejemplo y revisamos la historia peor aún será el resultado por que no saben del esfuerzo de miles de familias que recorrieron el territorio creando pueblos, abriendo trochas y carreteras, con historias políticas y sociales que tiene como norte las diferencias entre los dos partidos tradicionales. Existe una gran historia olvidada, maltratada y vilipendiada por estas generaciones; por ello, tenemos la consecuencia actual, una muchedumbre que no reconoce el trabajo de sus padres, sus familias y el esfuerzo que grandes personajes de la historia de Colombia gestaron para darle vida a la democracia.

No conocen, no les interesa a los estudiantes todas estas pequeñas cosas que al final hacen un mundo, porque no entienden que su vida se desarrollara en un ámbito global y que lo vital es el conocimiento que los diferencia de los jóvenes de otros países por el grado de formación que tengan. No es un cuento, la competencia no es hoy por un puesto, es por sobrevivir, conquista que se logra con base en los saberes y nuestra juventud no es la más preparada de América o del mundo, estamos en los últimos lugares y eso hay que, revertirlo.

No obstante lo anterior, no podemos desistir, hay que persistir y buscar que el país y cualquier gobierno que nos dirija, le ponga orden y disciplina a la educación. Perderemos tiempo y distancia en competencias con otros países del mundo y al interior esos jóvenes no ayudarán a desarrollar sus regiones por no tener las habilidades e interés suficiente de cambiar sus vidas, no vivirán del populismo, tendrán que trabajar o morir de hambre o deambulando por los países victimas de gobiernos populistas que pretenden acabar con el orden tradicional de Colombia.

Nosotros, en el canal de Youtube de El Pensamiento al Aire, conscientes de esas falencias, contamos con dos grandes profesionales conocedores de la historia, uno enfocado en la de Colombia y el otro en la historia militar, programas que merecen ser vistos por todos los ciudadanos sin tener en cuenta la edad. Ahí comprenderán todo lo que hemos tenido que trasegar para llegar a esta Colombia democrática, que busca justicia social, trabajo, salud y empleo. Ellos son el doctor Julio Enrique González Villa y el coronel John Marulanda (RA). Ellos allí están realizando lo que no hacen en Colombia los educadores, formar a partir de la historia, con sus cosas buenas y malas.

En fin, se puede, lograremos educar con un objetivo claro, conocimiento, respeto por la ley, valores y principios y enseñanza práctica. No más a educadores que están en contra de la democracia ya que con ellos estamos perdidos.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Sobre una cierta manera de hacer historia


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Conviene hablar sobre una cierta manera de escribir y enseñar la historia, que se ha puesto de moda en las últimas décadas.

En Colombia falta mucho por hacer y hay tanto qué corregir, como en todas partes, pero a las nuevas generaciones se les ha enseñado a considerar su patria como un país paupérrimo, explotado por el imperialismo, dominado por una clase opresora (oligarquía), que chupa la sangre del pueblo, mientras el “aparato represivo” mata, atropella y persigue. En esa óptica, la conquista española fue atroz, la religión católica, una imposición odiosa; la democracia representativa, una farsa; la historia patria, una mentira, y nuestros estadistas, unos asesinos.

También hay una escuela teológica que en el seminario ha sustituido, la teología por la sociología, la filosofía por la dialéctica, la ascética por la sexología y la liturgia por la música pop.

En una serie de “facultades” de historia se gradúan anualmente centenares de jóvenes cuya profesión será la enseñanza de la asignatura bajo los postulados anteriores.

Una docena de catedráticos nacionales y una caterva de “investigadores” extranjeros, producen regularmente libros cortados por la misma tijera. Con acopio de citas de pie de página se remiten unos a otros para repetir las mismas monsergas, en un lenguaje cargado de terminología abstrusa. Esa producción copiosa deja un sedimento de frustración en la juventud, de rechazo por las instituciones, generando un clima donde se justifica y exalta la violencia guerrillera, el terrorismo político, el secuestro extorsivo y todas las modalidades delictuales que se ponen al servicio de la “revolución”.

Desde luego, excluyo a escritores sin prejuicios políticos, como Roger Brew, Frank Safford y James Parsons, que han hecho contribuciones fundamentales para la debida comprensión de nuestra historia.

El triunfo, en dos palabras, de Gramsci, porque no sirve el poder si no se domina el pensamiento de las personas y la cultura de las naciones. En Colombia toda la enseñanza está confiscada por un profesorado inculturado en el marxismo, que sigue transmitiendo una ideología ya sepultada en los países que la padecieron por larguísimos años.

Cada día se sabe más de los increíbles extremos de violencia y terror que impusieron a sus pueblos Lenin y Stalin, de los incontables millones de muertos que exigió la creación del “hombre nuevo”, de la indecible miseria de la vida en los países donde desapareció el estado de derecho para ser sustituido por los abusos de una burocracia tan tiránica e incapaz como corrupta.

Sin embargo, en nuestra patria seguimos avanzando hacia las soluciones populistas que encontraron en el marxismoleninismo su más acabada realización.

De todas las falacias, repetidas mil veces por ignorancia o deliberadamente, la más perniciosa resulta ser la de que Colombia es un país violento. Los intelectuales marxistas han acuñado una expresión incongruente, “Cultura de la violencia”, para caracterizar al país, y se ha organizado una especialidad profesional, los “violentólogos”, para orientar a los colombianos.

Durante 500 años América del Sur ha sido el área más pacífica de la humanidad. Aquí no han sucedido guerras de religión como las que azotaron a Europa dos siglos. Nunca una discusión política originó el terror y la muerte que asolaron a Francia con su Revolución. Ningún Napoleón dejó el país sin juventud, llevando a los muchachos a morir por todo un continente. Ninguna revolución exterminó a los granjeros y mató de hambre un diezmo de la población. Ningún Hitler ha gobernado en nuestro continente.

Pero vienen los profesores extranjeros a dolerse de nuestra “violencia”, a magnificarla en sus cifras, analizándola en doctos estudios para que sintamos perpetua vergüenza.

No puede tolerarse la falsedad que pretende que nuestra historia ha sido solamente un baño de sangre. Al contrario, nuestra laboriosa gente ha realizado, apenas en cien años, una de las transformaciones económicas más grandes en la historia, con mínima violencia.

Por desgracia, los movimientos guerrilleros comunistas y los grupos terroristas urbanos, con la simpatía y la solidaridad de los nuevos historiadores de la inteligentsia criolla, son los agentes de una creciente violencia, que ha hecho mella pero no ha logrado detener nuestro progreso. La paz auténtica no se conseguirá doblegando el país para entregarlo a minorías fanáticas.

La componenda con la subversión jamás será paz, ni la verdadera historia podrá ser escrita por la fletada “comisión de la verdad”.

viernes, 26 de julio de 2019

Hace 200 años


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Un error garrafal en la educación colombiana ha sido ir suprimiendo las asignaturas de corte humanístico. Hemos perdido en los pensum, entre otras: geografía, educación cívica, urbanidad, religión y, en la práctica, ética y valores y hasta la misma historia. Pareciera, en un contexto global pragmático neoliberal capitalista, que son las ciencias “duras” las prevalentes pues, al fin de cuentas, son las que resultan económicamente rentables. Las otras, las ciencias sociales y las ciencias humanas han pasado a ser cenicientas venidas a menos pues: ¡no dan réditos! Sobre esto, hace un par de años, se pronunció Martha Nussbaum en su “Lectio inauguralis” en la Universidad de Antioquia, de modo que no es una queja personal de coyuntura.

Con todo, sí que me producen cierta nostalgia las clases de historia que nos diera la profe Ileana Cifuentes en el colegio. Había que verla con qué conocimiento, con qué erudición, pero, sobre todo, con qué pasión nos narraba aquellas gestas libertarias que tuvieron su culmen entre el 25 de julio y el 7 de agosto de 1819. Rondón con su docena de famélicos pero valientes lanceros aniquilando a Barreiro, Bolívar ayudado por el pequeño Pedro Pascasio Martínez unos días después en el emblemático puente donde se selló nuestra causa, firme como estuvo, para no caer seducido ante el soborno propuesto. Vibrábamos de emoción al oírla. No existían los medios audiovisuales, sólo su voz que realmente nos “enpeliculaba”.

En estos días en los que estamos celebrando los 200 años de nuestra independencia de España, nada más destemplado precisamente que su celebración. ¿Quién habla de ello con entusiasmo? Algunos pocos, porque el gobierno prácticamente nada, ocupado como ha estado todo este año en seguir mirando miopemente el retrovisor, sólo para alcanzar a ver que todo lo malo que le pasa a este país es culpa de Santos.

¡Celebraciones las de hace 50 años con ocasión del sesquicentenario! Gobernaba Lleras Restrepo y sí que le dio la importancia y la trascendencia que merecía la ocasión. Yo era muy niño, pero recuerdo haberlo vivido muy cercana y emocionadamente en el taller de escultura del maestro Gerardo Benítez, quien le ayudó a Rodrigo Arenas Betancur en la elaboración en bronce de dos de los caballos con sus respectivos lanceros que hacen parte de la monumental obra que se yergue majestuosa en el Pantano de Vargas. Bustos y estatuas, medallones, monedas y estampillas, actos conmemorativos de toda especie, conferencias, publicaciones, programas radiales y televisivos, la remodelación del monumento en el así llamado Puente de Boyacá, mejor dicho, qué contraste con las desmirriadas pichurrias de estos días.

Algunos columnistas y también periodistas irónica y ácidamente podrán decir que nos liberamos de España para caer en la dependencia de los Estados Unidos y que, por eso, celebrar qué y para qué, si nuevamente no somos libres. No les falta razón. La patria boba no fue solamente la de 1810-1816. Hoy día se repite. Otrora, fue la incapacidad de ser auténticamente libres: ¡independencia! gritamos desde el pintoresco balcón esquinero, pero las luchas por el poder y los celos intestinos, abrieron las puertas para que Sámano y Morillo volvieran a tomar posesión, aprovechando el río revuelto. Hoy, la incapacidad de vivir en paz: ¡firmamos los acuerdos de paz!, gritamos entre exhaustos por la guerra e incrédulos de que fuera realmente posible, pero nuevamente los celos y las envidias y las luchas por el poder, abren sus puertas para que otros se aprovechen del río revuelto.

¡Por eso tan grave suprimir la historia y las humanidades en nuestras aulas! Porque ignorar la historia es condenarse a repetirla. No lo duden un solo instante. Y eso es lo que los nuevos traidores de la patria quieren. Que no conozcamos nuestra historia. Que no pensemos críticamente. Que acabemos la memoria. Entre más torpes políticamente seamos, mejor, así pueden manejarnos a su antojo. Todo el que piense distinto será condenado como mamerto comunista y vasallo del desastroso castrochavismo, De esta manera, un escaso bachiller puede acceder a la presidencia del congreso, para hacer sus sucias jugaditas, desde tirarse el acto de posesión presidencial, los trámites de las leyes anticorrupción y de la implementación de la JEP, hasta sabotear el derecho a la réplica de la oposición.

Quisiera yo celebrar los 200 años de aquella primera libertad, pero no le dan mucha importancia. Es que Bolívar, como era venezolano, seguramente fue una versión anticipada de Chávez y es mejor no recordarlo, no sea que sea el precursor de la revolución bolivariana y, por ende, peligroso insurgente. Y no se evoque a Santander, su cómplice local. Ni a Sucre, ni a Páez, ni a Córdova, ni a Girardot, ni a Maza, ni a Padilla… todos esos y sus secuaces que los precedieron como Torres, Caldas o Nariño, eran comandantes de frentes subversivos. Mejor olvidarlos. Al establecimiento criollo, obsecuente y sumiso del reyezuelo extranjero, no le conviene que el pueblo piense y sea libre, que conozca su historia, no vaya a ser que nos convirtamos en una nación poderosa, grande y soberana. ¿Será que habrá que esperar otros 200 años?