lunes, 2 de octubre de 2023
Editorial: sucesos de la semana 19
miércoles, 5 de abril de 2023
El título 42
Por: Coronel John Marulanda
Estampida humana en
el sur de Pakistán, el hundimiento de una losa en un templo de la India, pero
eso es por allá. Por acá en medio de tormentas y huracanes los norteamericanos
viven su propia tragedia.
Al Instituto
Nacional de Migración (INM) le echan la culpa de la incineración de cerca de 40
vagabundos entre los que se encontraban ecuatorianos, salvadoreños,
guatemaltecos, hondureños, venezolanos y un colombiano, en la Estancia
Provisional de Ciudad Juárez, Chihuahua, al frente de El Paso, Texas.
El director del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Fiscalía
General de la República (FGR) se estiman como implicados en actividades
ilícitas de acuerdo con el Protocolo de Minnesota. Los investigadores
habrían identificado a ocho sospechosos, entre ellos agentes federales y
estatales, que emitirán cuatro órdenes de detención el miércoles.
En la sede migratoria
estaban alojados 68 hombres en las condiciones infrahumanas.
El grupo de seguridad privada CAMSA, subcontratado por agente
diplomático de Ortega, se dice en medios, está bajo escrutinio.
La presencia de
migrantes en la zona se ha intensificado este año cuando los Estados Unidos
incluyó la deportación inmediata bajo el Título 42, la ley del
COVID-19, vigente hasta el 12 de septiembre de 2023. El
país tiene aproximadamente 500 mil colombianos, pero con la crisis climática
agravándose, nada aparece más claro.
Solo “el 10 por
ciento de la gente nueva quiere trabajar ¿Y el otro 90 por ciento? No sé qué
quieren” dijo un migrante del estado Barinas. Él y su esposa hacen arepas
para vender en las calles.
Por otra parte, más
de 9.700 niños, niñas y adolescentes cruzaron en enero y febrero de 2023 la
selva del Darién, un número récord siete veces superior al mismo 27 dic
2022 iodo del año anterior. “Es la más alta que se ha registrado
en un periodo de dos meses desde que se llevan estos registros”, tomando
como base los dos primeros meses de 2023. “Un promedio de 5 niños por día
llegan solos a Panamá o al menos 200 en lo corrido del año”, dice la UNICEF.
¿Están los
adolescentes que viajan solos y que son de otros países como Angola,
Somalia y Bangladesh “en solitario” de verdad?
De acuerdo con eso
¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro?
Lo del ELN sigue
dando que hablar. Resurgió de Arauquita, aunque nunca lo han abandonado pues la
Industria Petrolera desde la década de los 70´s y la censura a la cuenta de
alias Antonio García.
lunes, 27 de septiembre de 2021
Ciudadano
Por Antonio Montoya H.*
No es cualquiera. Recurriendo a la definición de la Real
Academia Española, debemos entender que ciudadano es “una persona
considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y
sometido a su vez a sus leyes”. Esto conlleva a que la sociedad comprenda
que vivir en un país, tener cédula de ciudadanía, tener derechos y obligaciones
no es cualquier cosa, y si no miremos alrededor del mundo y encontramos que por
causa de las guerras civiles, las dictaduras y los abusos de los gobernantes se
ven miles y miles de personas desplazadas, inmigrantes sin pasaportes, sin
identidad, deambulando por territorios vecinos como ánimas en pena, sufriendo,
subsistiendo y sin arraigo, sin empleo y dependiendo de la caridad. Esos eran
ciudadanos de un país, con derechos y obligaciones, y cayeron en la desgracia
social por causa de unos ilusionistas mentirosos y populistas que prometieron
el oro y el moro y solo salieron ganando ellos y su banda de criminales
aliados.
En Colombia, desde el nefasto día en que se retiraron del
pensum académico de los colegios las clases de ética, urbanidad, historia y
geografía, iniciamos el camino de la decadencia social. Ninguno o casi ninguno
de nuestros jóvenes sabe dónde está parado, no se ubica en el mundo, no conoce
nuestra historia y menos la de otras regiones; caímos en la inmediatez de las
redes sociales, que no educan, ni forman en valores, ni enriquecen con orden a
quienes están pegados de ellas.
Preguntémosle a cualquier persona qué entiende por
ciudadano y casi les puedo garantizar que no tienen precisión de su
significado, ni cercano están.
Aunque escribo esto con tristeza y desazón, quiero pensar
que aún es tiempo de corregir estos problemas, que volvamos al arraigo, al
conocimiento y al sentido de pertenencia que representa un verdadero ciudadano.
Propongo varios temas específicos que nos podrán ayudar a que
el término ciudadano, resurja de las cenizas y se convierta en un verdadero
sentido de la nacionalidad, a saber:
a. La
familia, como el núcleo principal de nuestro diario vivir. Entender
el papel del padre y la madre, las responsabilidades en el hogar y fuera de
ella como familia, es decir como parte de un grupo activo por el que hay que
responder, apoyar y superar las adversidades, es pues un sentimiento de
solidaridad hermandad y liderazgo.
b. Los valores, aquellos
que nos permitirán soportar el dolor, nos darán la fuerza para actuar
respetando al otro, y tendremos presente que la lealtad, el respeto, el amor y
el trabajo nos darán la posibilidad de ser mejores y superar las dificultades.
c. El
trabajo, si respetamos el trabajo que tenemos, aprovechando las
oportunidades laborales que se dan por la formación y la educación las empresas
sobrevivirán, mantendrán el ingreso de muchos ciudadanos y las nuevas
generaciones tendrán opciones de vida.
d. El
orden y la disciplina, sin estos dos, no existirá la posibilidad de
que un país, una ciudad o un grupo humano prospere. Si diariamente no actuamos
ordenadamente, hacemos que las leyes se cumplan, que los contratos se respeten,
que la palabra se honre, que se dignifique al semejante y se le dé valor a la
vida, el camino estará perdido, serán más las dificultades y tropiezos que el
éxito.
Todo esto para buscar que entendamos que equivocamos el
camino, que en el hogar no hay orden, ni disciplina; cada uno de los miembros
de la familia tira por su lado, no existe una comunión de intereses y eso lleva
a que los jóvenes caigan fácilmente en las garras de los astutos y hábiles
promeseros, que no creen en la familia, el orden, la tradición y el respeto por
los demás; ellos acabarán con el país y se reirán de los que los apoyaron; no
cumplirán ni darán nada a cambio, es el resultado de la falta de identidad, por
no saber que tienen, perderán todo.
Los ciudadanos, los que acatan la ley y creen en el orden,
están llevados, son violentados, no los dejan trabajar, ni disfrutar en un
restaurante, ni caminar con tranquilidad, ni asistir a tiempo al trabajo, en
fin, ellos que soportan la economía, la salud y la prosperidad de un pueblo,
son hoy los marginados porque las autoridades no existen, son alcahuetas,
irresponsables y corrompidas.
Tenemos que dar el brinco, responder con solidaridad,
liderar nuevas estrategias encaminadas a recuperar la tranquilidad ciudadana,
invocando primero a las administraciones municipales y a la justicia. Solo lo
lograremos actuando con severidad, unidos en defensa de la institucionalidad y
la democracia.
Démosle fuerza y sentido a la palabra ciudadano.
viernes, 27 de agosto de 2021
Con la desgracia no se hacen chistes
Por José Leonardo Rincón, S. J.*
Pululan
en estos días por las redes sociales memes, videos y toda clase de chistes para
referirse a los 4 000 afganos que llegarán al país, en calidad de refugiados, según
anunció el gobierno nacional. En un contexto distinto al actual tal jocosidad
sería realmente graciosa. Hoy la encuentro desafortunada y de mal gusto.
Que
la gente de cualquier pueblo o nación tenga que huir de su tierra no es ningún
chiste. Es una tragedia. A lo largo de la historia de la humanidad estas
dramáticas situaciones se han repetido reiteradamente ante la mirada
indiferente, si no cómplice e indolente, de otros pueblos que quizás no saben
lo que significa dejar literalmente todo para poder salvar el propio pellejo y
el de los suyos.
Recientemente
hemos sido testigos de la migración venezolana en nuestra patria que bien puede
superar los dos millones de personas. El infeliz régimen castro-chavista ha
puesto contra la pared a millones de patriotas y los ha obligado a huir de su
tierra, de su cultura y de su gente, abandonando por doquier sus pocas o muchas
posesiones con tal de encontrar mejores oportunidades y condiciones para
sobrevivir.
Ahora
vemos por las imágenes que nos comparten los diversos medios, que la escena se
repite en otra latitud muy lejana, otra cultura, otra religión, otras
condiciones. Los talibanes se han tomado el poder en Afganistán y victoriosos,
sin ganar la guerra, observan delirantes como el ejército del tío Sam ha salido
con el rabo entre las patas después de gastar infructuosamente billones de
dólares en una confrontación de nunca acabar. Las imágenes de la gente
queriendo huir de Kabul, su capital, son espantosamente aterradoras. A como dé lugar,
sin nada más de lo que llevan puesto, esperanzados, se hacinan en los grandes aviones
con tal de salir de ese infierno. Los que no logran entrar se aferran
desesperados a alas y alerones del avión para caer al vacío a los pocos
segundos del despegue y matarse contra el piso. Eso, no me parece nada gracioso.
No
sabemos nosotros qué es esto de quedarse sin tierra, sin casa, sin nada. Por
eso resultamos tan excluyentes como xenófobos, tan crueles como payasos de baja
estopa. No pareciera afectarnos para nada el dolor ajeno. Creemos jocositos que
aquellos la pasan delicioso en su obligado turismo de pasar hambres y
desprecios. ¿Qué tiene de chistoso recorrerse a pie cientos de kilómetros de una
carretera solo o con su familia a expensas de alguien que generosamente les
tire una moneda o les de una botella de agua?, ¿los afganos que llegan traen su
pasaporte diplomático y pagarán cómodamente un hotel?, ¿vendrán en mejores
condiciones que los vecinos de al lado? Excúsenme ser aguafiestas de esos
chistes, pero la crisis humanitaria que vivimos es grave, con ellos como
emigrantes y con los millones de nuestros propios que ya teníamos. La inequidad
se acumula y todo seguirá igual si nuestra clase política dirigente sigue
siendo la misma con los mismos, repartiéndose el erario, en tanto el pueblo
sigue literalmente jodido.
Con
la desgracia no se hacen chistes, porque estoy descubriendo que con el solapado
argumento de que somos un pueblo resiliente y de buen humor, estamos peor que
antes.
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