Mostrando las entradas con la etiqueta Dinastía de los Habsburgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Dinastía de los Habsburgo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de noviembre de 2023

“Los Habsburgo”, de Martyn Rady

Por José Alvear Sanín

Deben ser deliciosas las clases de Martyn Rady, catedrático húngaro de Historia de Europa Central en University College de Londres, y en Budapest y Rumania, porque su libro “Los Habsburgo, soberanos del mundo”, es especialmente ameno.

La primera edición colombiana es de Taurus (Bogotá, 2020). A las 406 páginas del texto se suman 46 de bien escogidas notas y 11 de bibliografía, especialmente en inglés y alemán, para quienes quieran explorar la larga y fascinante historia a lo largo de diez siglos, de la familia que en cierta forma hizo honor a la divisa A.E.I.O.U. (Alles Erdreich ist Oesterreich Untertan, o Austria Est Imperare Omnium Universo, o Austria Erit In Orbe Ultima), bien conforme con un imperio que siempre fue una constelación inestable de países, pueblos, razas y lenguas.

Desde un pequeño feudo en Argovia, en 991, la familia se va haciendo a señoríos y títulos hasta llegar a la dignidad suprema del Sacro Imperio Romano Germánico, y bajo Felipe II su poder se extiende hasta las Indias, en América, y las Filipinas, en Asia. Tal vez este no haya sido el imperio más extenso, pero sí uno de ellos, sin rival, eso sí, durante su apogeo geográfico. Pero a partir de la muerte, en 1700, del rey de España Carlos II, el extraño Hechizado, los Habsburgo pierden la dimensión global y tienen que consolidarse en Europa Central y expandirse en la Oriental, siempre como campeones del catolicismo, centrando su poder en Austria, Bohemia y Hungría, hasta alcanzar, cuando despunta el siglo XX, 625.000 K2 y 51 millones de súbditos (no los 30 que se citan en la página 396).

Basta lo anterior para considerar la multitud de temas, personajes, conflictos y guerras en un milenio. Por tanto, aunque The Times Litterary Suplement lo catalogue como “probablemente el mejor libro jamás escrito sobre los Habsburgo” (como vemos en la segunda solapa), la obra que comento no alcanza, a mi juicio, a pesar de su gran calidad, a llegar a tales alturas. Pienso que Rady apenas logra invitarnos a seguir explorando el universo habsbúrgico, cuya pasmosa complejidad no puede agotarse en 500 páginas.

Esta nimia observación mía no debe desalentar a quienes estén considerando leer el libro, porque sin duda abre una amplia ventana sobre un gran paisaje histórico, que se inicia con un pequeño guerrero feudal y termina con el último emperador, Carlos (1916-18), que, agrego, ha ascendido como beato a los altares por su piadoso pero infructuoso esfuerzo por poner fin a la Gran Guerra. La derrota de Austria-Hungría en ella significó la disolución de ese Imperio para dar lugar a seis estados, más o menos integrados bajo parámetros de tipo primordialmente étnico, mientras muchos lamentan todavía la pérdida del factor de estabilidad y orden que reinó en Europa Central en el último siglo de esa dinastía, es decir, entre el Congreso de Viena y 1918.

jueves, 7 de julio de 2022

¿Quién habla de victorias? Sobrevivir lo es todo

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Lo que se conoce como la dinastía de los Habsburgo ha sido, ni más ni menos, que la primera empresa global de la historia, con una enorme influencia en Europa durante quinientos años, entre los siglos XV y XX.

Pero sus orígenes están plagados de continuas luchas y algunas derrotas, superadas gracias a la perseverancia de varias generaciones y a su indeclinable propósito: convertirse en los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico.

El antepasado más remoto de esta familia fue un tal Kanzelin que murió hacia el año 990. Uno de sus hijos, Radbot, y su esposa Ida, eran dueños de la aldea de Muri, cerca de la fortaleza de Attenburg y de la ciudad de Brugg, en el cantón suizo de Argovia. Fundaron allí una abadía que luego llegó a acumular tierras en más de cuarenta localidades, que los descendientes asumieron como suyas, ya que habían asumido el rol de protectores de la abadía.

El hijo de Radbot, Werner, acudió a la falsificación de unas constituciones que atribuían a un pariente suyo, el obispo Werner de Estrasburgo, la fundación de la abadía y la concesión a perpetuidad del cargo de Vogt (protector) a un miembro de su familia. Enrique V, titular del Sacro Imperio Romano Germánico, introdujo la salvedad de que los protectores no podían interferir en el funcionamiento del monasterio, lo que significó la pérdida de los derechos de los herederos de Werner.

Radbot construyó una fortaleza a la que bautizó Habsburgo (Castillo del Azor), nombre que acabó identificando a la familia.

En la mitad del siglo XIII los Habsburgo se trasladaron a Lenzburg y ejercieron dominio en la meseta de Argovia. Atrajeron a otros terratenientes que les servían como vasallos y llegaron a tener hasta treinta castillos.

Apoyaron al emperador Lotario III, frente a sus rivales, los Staufen, y obtuvieron posesiones en la Alta Alsacia. Posteriormente, pasaron a aliarse con los Staufen y financiaron la campaña de Federico II para hacerse con el poder, de lo cual derivaron nuevas ganancias territoriales. Se estilaba desde entonces la traición como método para obtener réditos patrimoniales.

Hábilmente, establecieron vínculos matrimoniales con nobles familias de Suiza y del sudoeste de Alemania. Cuando esos linajes se fueron extinguiendo, los Habsburgo reclamaron viejos derechos sobre las posesiones de las casas de Lenzburg, Pfulledndorf y Homburg, que vinieron aparejadas con el título de conde. Por la misma vía, extinguidos los linajes de Kiburgo y Zahringen, sus extensos patrimonios pasaron a manos de los Habsburgo.

A mediados del siglo XIII, sus posesiones se extendían desde el este de Francia hasta la frontera occidental de Austria, incluyendo parte del norte de Suiza. Generación tras generación, desde Rodolfo el Viejo hasta su nieto el conde Rodolfo, los Habsburgo lograron sobrevivir hasta que el destino les deparara una oportunidad para conquistar el Sacro Imperio. Fueron unos sobrevivientes. Como escribió el poeta austríaco Rainer Maria Rilke (1875-1926): “¿Quién habla de victorias? Sobrevivir lo es todo”[1].



[1] RADY, Martin, Los Habsburgo, Penguin Random House, 2020, pag. 43