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lunes, 7 de abril de 2025

Propuesta para solucionar la crisis nacional

Luis Alfonso García Carmona

Me permito presentarles estas reflexiones sobre la crisis del país y la estrategia adecuada para su solución.

Reflexiones previas

  1. Debemos tomar conciencia de que la hecatombe que nos afecta no se soluciona solamente con la separación del guerrillero-presidente del poder, pues sería reemplazada por su vicepresidente. Se requiere ponerle fin a la profunda descomposición que afecta todos los aspectos de la vida en sociedad. Hay que devolverle a Colombia la ética y transparencia en la gestión pública, la vigencia de los principios democráticos y el respeto al Estado de Derecho, la seguridad para sus pobladores, la sustitución de quienes acceden al poder sin tener las condiciones morales y profesionales para ejercerlo, el respeto por las normas universales de comportamiento y convivencia.
  2. Después de dos años y medio de régimen de orientación castro-chavista, es necesario, además, trabajar eficazmente en la erradicación del narcotráfico, eliminación de la corrupción rampante, detener la recesión económica y el déficit fiscal, revertir las reformas que afectan a la salud y la seguridad social, reformar a fondo la administración de justicia contaminada de venalidad y politiquería, crear riqueza para atender adecuadamente a la generación de empleo y a las necesidades de los más vulnerables, proteger a la institución de la familia, reorientar la educación para la formación de honestos ciudadanos, corregir las falencias de nuestra débil democracia y cuidar del medio ambiente sin que ello se convierta en obstáculo para nuestro desarrollo.
  3. Todo lo anterior requiere no solo de un candidato a la presidencia, sino de un equipo comprometido con el bien común y no meramente con ganar en una confrontación electoral. Las reformas constitucionales y legales que se necesitan para este mínimo programa de recuperación del país requieren la unión de la mayoría del pueblo colombiano.
  4. Este tremendo desafío no es posible desarrollarlo en el corto período de 4 años. Por eso, hay que procurar el mantenimiento de las riendas del poder en manos de “los buenos” al menos durante 4 períodos presidenciales, es decir, 16 años. Vemos el ejemplo de Bolsonaro, Uribe y otros que lograron acceder al poder derrotando a la extrema izquierda, hasta que los derrotados recuperaron el mando y cambiaron la sana orientación por el regreso a las anquilosadas tesis del marxismo.
  5. La llegada de la izquierda radical al poder en Colombia tiene unas causas muy claras: el humillante y espurio Acuerdo de La Habana, los gobiernos transaccionales de Santos y Duque, la cobardía o complicidad de los desacreditados líderes políticos que se han negado a liderar una contundente oposición contra el petrismo y el fraude monumental auspiciado por las autoridades electorales. De allí que la solución esperada no puede provenir de esos sectores. Tendremos que apelar a los colombianos independientes, no contaminados de la vieja politiquería ni esclavizados por la dialéctica castro-chavista. Esos colombianos que ganaron el plebiscito en contra de todos los grupos de presión, los mismos que en forma espontánea salen a marchar en contra de Petro y gritan “¡Fuera, Petro!” en los estadios y coliseos.

La estrategia: conformar una gran fuerza de oposición y reconquistar el poder

Como consecuencia de las reflexiones anteriores, propongo que trabajemos en la conformación de una gran fuerza de oposición y reconquista del poder con las siguientes características:

  1. Convocar a los colombianos, sin distingo de credo, ideología política, etnia, clase social, etc., a que trabajemos por un solo objetivo, sin necesidad de que tengan que afiliarse a un nuevo partido. Basta que se comprometan con la recuperación del país en todos los aspectos.
  2. Esa gran fuerza, independiente de los viejos caudillos políticos, deberá comprometerse con la separación de la camarilla petrista del poder y con la reconstrucción del país en un período de 16 años, o sea, 4 períodos presidenciales. Sería una especie de Frente Nacional para la Salvación de Colombia, no elevada a norma constitucional, pero sí pactada por los colectivos que representan a las grandes mayorías involucradas: personal de la salud y pacientes convertidos en dolientes, veteranos de la Fuerza Pública, cotizantes al riesgo de vejez preocupados por la suerte de sus futuras pensiones, pensionados de los sectores público y privado, transportadores, empresarios grandes, medianos y pequeños, sectores afectados con la mala gestión petrista.
  3. Hay que convertir a cada colombiano en un activista. Como en las legiones romanas, si tú empiezas con tus seres más allegados, ya eres un decurión (con menos de 100 contactos) y avanzas hasta convertirte en un centurión (con más de 100 contactos). Tus armas serán el celular y el PC para mantener contacto con tus seguidores. Puedes, por ejemplo, entrar al portal www.alianzareconstruccioncolombia.org y compartirles los textos y noticias que más te gusten y establecer un diálogo virtual con tu grupo. No te exigiremos cuotas ni asistencia a reuniones. Basta con tu trabajo virtual para multiplicar hasta el infinito nuestra fuerza opositora y de resistencia.
  4. No debemos adelantarnos a elegir candidatos a la presidencia cuando ni siquiera sabemos si habrá elecciones, según las pistas que ha dado el guerrillero-presidente que aspira a perpetuarse en el poder. En caso de que las hubiere, debemos preparar nuestras fuerzas desde ahora y, en su momento, tomar libremente la decisión de elegir un aspirante que encarne nuestros principios e ideales. No podemos entregarnos prematuramente a cualquier político que demande nuestros votos.
  5. Creemos firmemente que el candidato, en representación de esta fuerza patriótica, debe conquistar la adhesión de millones de buenos colombianos, convocándolos a participar activamente en una sola tarea: “el milagro económico” para convertir a Colombia en una potencia económica y en el mejor país del mundo para vivir.
  6. La implementación del “milagro económico” incluye propuestas sectoriales en múltiples aspectos como los siguientes:
  • Protección del derecho a la vida y de la institución de la familia.
  • Profunda reforma de la administración de justicia.
  • Restablecimiento del orden y la paz pública:
  • Pena de muerte para crímenes atroces y de lesa humanidad.
  • Seguridad física y jurídica de las personas y sus bienes.
  • Guerra al narcotráfico.
  • Gran revolcón carcelario: castigo, reeducación y reinserción.
  • Erradicación de la corrupción y el despilfarro.
  • Desarrollo acelerado del capitalismo sabio y del "milagro económico":
  • La cultura de la concordia, fraternidad y equidad cristianas.
  • Crecimiento económico y generación de empleo.
  • Agro industrialización estratégica y puertos.
  • Plan decadal inmobiliario Singapur: ciudades integrales reemplazarán los vergonzosos cinturones de miseria.
  • Colombia, la esquina latinoamericana del software, la IA y la banca.
  • Avanzada red de vías fluviales.
  • Derogatoria del pacto de La Habana, no solo por su espurio origen, sino porque incluye obstáculos que impiden el desarrollo del programa del “milagro económico”.
  • Revuelta a la educación.
  • Recuperación de la seguridad social, con la inversa de las reformas pensionales y de salud.
  • Cuidado del medio ambiente, sin que se convierta en freno para el desarrollo.
  • Fortalecimiento de nuestro débil sistema democrático.

viernes, 15 de diciembre de 2023

Queremos ver a los congresistas padecer lo que están aprobando y a Petro en el juicio

Por: Andrés de Bedout Jaramillo

Andrés de Bedout Jaramillo

Los colombianos nos estamos preguntando si la reforma a la salud afecta en algo a los congresistas de Colombia, que por lo general nunca son afectados por las normas que expiden, siempre están cobijados por regímenes especiales que les permite gozar de las prerrogativas que los hace diferentes, superiores a los demás colombianos. 

Tienen un jugoso salario, muchas prestaciones sociales, tratamiento diferencial en materias laborales, de salud y pensión, vehículos blindados, escoltas, policías con moto, tiquetes aéreos en primera clase, unidades de trabajo legislativo, además de la mermelada del gobierno Petro. 

Me atrevo a asegurar que los congresistas y muchos altos funcionarios del estado, tienen salud prepagada, con el plan más súper top que existe, seguramente pagada por el congreso, por el estado, con nuestros impuestos, como otra gabela adicional.  

Algún mecanismo nos debemos inventar, para que los congresistas (Senadores y representantes) padezcan lo que aprueban, por ejemplo, que solo puedan estar afiliados ellos y sus familias al sistema que terminen aprobando en el congreso, para que les toque sufrir lo mismo que al común de los colombianos, inclusive, se prohíba que el congreso les dé planes especiales prepagados de salud y que mientras sean congresistas no puedan acceder a un plan diferente del contributivo que están aprobando. Deben quitarles expresamente la prima de salud que entiendo les pagan. Esta sería la única forma en que de pronto estudien lo que están aprobando y midan las consecuencias del daño que nos están causando y lo puedan sufrir en carne propia. 

Me parece súper importante, que los congresistas cuenten públicamente, no solo el tratamiento especial que tienen en materia de salud y las diferencias con lo que están aprobando, para satisfacer el ánimo destructivo del pacto histórico o lo que queda de él y que piensen que más temprano que tarde, van a regresar al mundo de los común y corrientes, porque los vamos a castigar en las próximas elecciones y muchos no regresarán al congreso, perdiendo las jugosas prerrogativas que hoy tienen. 


Lo más triste, es que la decisión de exterminar el sistema de salud que hoy tenemos más del 90% de los colombianos, es definitiva, Petro, lo acaba por que lo acaba, con reforma o sin reforma, como está acabando con todo, “hasta con el tendido de la perra”, su afán de ponernos en condiciones peores a las de Venezuela, avanzan rápidamente, urgentemente debemos buscar los mecanismos que obliguen a la comisión de acusaciones de la cámara a concentrarse en la denuncia concreta de violación de topes o límites de gastos en las campañas, denuncia presentada desde mayo de 2023, van 8 meses y nada de nada, como que no han valido ni tutelas, ni denuncias penales, ni firmas, ni marchas, para que la comisión de acusaciones, en cumplimiento de su deber político y jurídico, determine pasar el proceso a la plenaria de la cámara, para que ésta acometa de frente al país, el obligatorio juicio político a las elecciones de Petro y de Francia, juicio que debe terminar en el senado, con la destitución del presidente y de su vicepresidenta, por la comisión del delito de violación de topes o límites de gastos de campaña. Si esto sucediera rápidamente, Colombia evitaría no solamente, la muy desafortunada reforma a la salud además frenaría el acelerado proceso de destrucción al que Petro y su pacto histórico, nos está sometiendo. 

Si logramos encontrar la forma de que los congresistas entiendan que ellos y sus familias también van a ser perjudicados con la reforma a la salud propuesta y muy adelantada en cámara y, además, se dé de frente al país el juicio político contra Petro y Francia, empezaremos a respirar otro aire de esperanza. 

Lo único claro es que como vamos muy mal y esto no puede seguir así. No más Petro. 

Le pedimos a nuestro Señor Jesucristo, mucha fuerza y capacidad de aguante, en el futuro próximo esto tiene que mejorar, si no, pailas. 

martes, 31 de agosto de 2021

De cara al porvenir: administrando el país

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Para aquellos que quieren ser presidente de Colombia en el próximo período y de verdad quieren hacer algo, sugiero algunas acciones, de manera respetuosa.

Sea lo primero, que todos los candidatos acepten que hay algunos temas que son comunes y requieren solución inmediata: no interesa que los enuncien, pues todos sabemos cuáles son, sino que presenten propuestas concretas para enfrentarlos. Las cacareadas reformas tributaria, de la salud, de la educación, de la justicia, de las pensiones, de la propiedad y tenencia de la tierra, del cambio climático, de la reforestación, de la explotación minera, entre otras, que no dan más espera.

Los debates, si los hay, deben ser para escuchar las propuestas de solución integrales para cada uno de estos temas.

Hacer un pacto de caballeros para que congresista que cometa delito y sea declarado culpable, no será reemplazado, y se pierde la curul, para castigar también a quien dio el aval.

Tener como punto de partida un axioma gerencial: “No por hacer más de lo mismo se van a obtener resultados distintos”.

Sea lo primero, partir del principio de la legalidad por encima de cualquier consideración. Lo que esté por fuera de la ley no tiene cabida ni interés alguno.

Al estructurar las listas de los partidos que avalarán a los candidatos, exigirles a los candidatos al Congreso, que una vez definidas las líneas programáticas que serán soporte al programa de gobierno, cada aspirante deba aportar para conseguir el aval, un proyecto de ley debidamente elaborado para que el 20 de julio de 2022, cuando se instale el Congreso de la República, el Gobierno entrante radique los 100 proyectos de Ley que aspira a potenciar en los primeros años de su mandato: eso es comenzar a gobernar desde el primer día y no botar el primer año de gobierno dizque conociendo y entendiendo qué dejó el Gobierno anterior.

Importante no desgastarse poniendo retrovisor: si no le gusta lo que encontró, pues entonces ¿para qué se propuso ser presidente? Además, comenzó mal, pues eso implica que no estudió la realidad que le correspondería enfrentar y que las llamadas “comisiones de empalme” resultan siendo un fracaso.

Formalizar la economía informal y crecer el segmento poblacional de la clase media.

Promover el ahorro. Preparar una verdadera reforma tributaria.

Evitar el ejercicio del gobierno como un “gobierno mediático y farandulero”: Aquí se gobierna es trabajando y no haciendo ruedas de prensa por parte de cada entidad de manera permanente.

Reconstruir el andamiaje diplomático de la República, manejándolo como “Asunto y política de Estado”.

Garantizar la soberanía alimentaria y energética.

Garantizar plena independencia del Banco de la República.

Garantizar un equilibrio de poderes verdaderamente democrático. No se deben alinear al gobierno de turno ni la Contraloría General de la Nación, ni la Fiscalía, ni la Procuraduría, ni la Defensoría del Pueblo.

Darle el nivel que merecen a la Auditoría General de la Nación y a la figura de la Contaduría General de la Nación y ponerlas a funcionar de manera efectiva.

Cambiar de estrategia para el manejo de los bienes provenientes de la Extinción de Dominio.

¿Por qué no pensar finalmente en un verdadero modelo de desarrollo?

Definir una estrategia integral para el campo y la realidad rural.

Siendo coherentes con los Acuerdos de Paz, plantear la posibilidad de aplicar el concepto de Defensa Nacional, en el cual, las Fuerzas Militares se adscriben al Ministerio de Defensa y la Policía Nacional al Ministerio del Interior.

Aun cuando sea ingenuo, plantear una agenda de trabajo seria con los Estados Unidos sin que se afecte el concepto de autonomía y de soberanía nacional.

NOTA: las imágenes de un Edificio alto que compite con el Castillo de San Felipe en Cartagena y la pintura de una sección de sus murallas históricas, le dejan a uno “un sinsabor agridulce” y ciertas ganas de matar y comer del muerto. ¡No hay derecho!

¡Y nosotros criticando la barbarie cultural de los talibanes!

sábado, 15 de mayo de 2021

¿Se puede la democracia representativa?

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Según lo establecido en nuestra Constitución del 91, en Colombia tenemos un sistema de democracia representativa, lo que significa, que supuestamente, son el presidente, los gobernadores, los alcaldes, las juntas de acción comunal y las juntas administradoras locales, además de senadores, representantes, diputados y concejales, los que deben representar los diferentes estamentos de la sociedad, que votó por ellos. Estas personas, elegidas con nuestros votos, se supone deberían estar en contacto permanente con el pueblo (indígenas, negritudes, desempleados, centrales obreras, estudiantes, comerciantes, industriales, gremios, ambientalistas, etcétera, pero desafortunadamente este mecanismo de representación democrática, de participación ciudadana, no está funcionando correctamente, por haberse perdido el norte de lo que significa la prevalencia del interés general sobre el interés particular. Es que el estatus económico, social y político de nuestros presuntos representantes esta tan elevado, que los aísla en una burbuja que les impide vivir, sentir y compartir, con y como el común de los colombianos.

Todos nuestros supuestos representantes, están de acuerdo con el paro, pero dicen no representarlo, porque por lo general siempre está acompañado de hechos vandálicos y violentos, que por supuesto rayan en el código penal y afectan la paz y tranquilidad que nos merecemos la gran mayoría de los colombianos. Es como si el país estuviese en manos de un poco de bandas de delincuentes dispuestos a, por la violencia, destruir todo lo construido para el bienestar de toda la sociedad. Y nuestros supuestos representantes nada pueden hacer, ni siquiera se les ocurre nada.

Este tipo de actitudes, obedecen a que la democracia representativa no está funcionando por estar dedicada a la búsqueda de intereses personales, tanto de quienes nos representan, como de los vándalos violentos que nos quieren exterminar, para poder perpetuar a sus anchas, el caos y el desorden, del que solo se pueden aprovechar unos pocos. Es muy raro que sean los sectores que tienen sus senadores, sus representantes, sus concejales, sus diputados, sus alcaldes, sus gobernadores, sus JAC y sus JAL, los que están marchando. La mayoría lo hace pacíficamente y unos pocos ejercen la violencia, aprovechan las marchas, apoyadas por todos, rechazadas por todos y que nos afectan a todos. Mejor dicho, se trastocaron los valores, el interés general es el de mantener el caos, amparados en una actitud, débil e hipócrita de nuestros supuestos representantes, bien pagados, dotados de camionetas blindadas, escoltas y equipos de asesores.

Hemos acostumbrado tan mal a nuestros supuestos representantes con sueldos, camionetas y escoltas, que el mejor negocio es el de buscar por todos los medios una elección popular en un supuesto cargo, que los coloque en prelación frente a los demás colombianos; prueba de ello son los miles de candidatos que participan en la contienda de la supuesta representación popular.

La señal que están dejando es la de representar sectores y no representar a nadie, para que, ingenuamente, el pueblo crea que va a ser tenido en cuenta, haciéndose sentir, perjudicando y perturbando el interés general, como quien dice: el cambio social se logra incomodando y destruyendo a la sociedad, pero resulta que la sociedad no se va a dejar, la paciencia se está acabando.

Ante tanta violencia, desorden y confusión, no puede ser posible que ahora la fuerza pública no pueda cumplir con su función constitucional de defender la vida y los bienes de la sociedad, defensa que tienen que hacer buscando a los vándalos, a los violentos dentro de los pacíficos marchantes, quienes terminan sirviendo de idiotas útiles de los que se quieren quedar con el botín del Estado.

Cuando hay una emergencia sanitaria, acompañada de una emergencia social y política, es la oportunidad para que nuestros dirigentes de las ramas legislativa, ejecutiva y judicial, además de los organismos de vigilancia y control, se pongan a tono con la situación que vivimos, mostrando que son colombianos, como lo somos todos, iguales ante Dios, la patria y la ley; ya no vale la pena seguir obrando en contravía del grito enfurecido e interminable de todos los colombianos, que reclaman un comportamiento más acorde con la realidad, que permita recuperar confianza en las instituciones, para que estas funcionen en pro del interés general.

Yo no sé si en las reuniones del presidente con los congresistas, los partidos políticos, los magistrados de las diferentes cortes y organismos de control, han tratado el tema de sus altos salarios y beneficios, para plantearle a los colombianos algo más racional, más acorde con la situación real que vivimos. Cómo sería de bien recibido y cómo ayudaría en la búsqueda de recuperación de confianza en las instituciones, una decisión de autorreducción de salarios y prestaciones de congresistas, magistrados, diplomáticos y de todos los funcionarios del Estado, cuyas ganancias rayan en la exageración, aun en épocas de bonanza, y que ya los colombianos no somos capaces de seguirles pagando.

Sería muy saludable para Colombia, altos funcionarios que se conecten y compartan, que se comporten como colombianos comunes y corrientes, saliendo de la burbuja que los tiene atrapados para alcanzar un posible contacto con la realidad, acercándolos al pueblo. Ellos no escuchan, porque ni siquiera lo ven y las necesidades de los colombianos no dan tregua, como para seguir aguantando la ineficiencia e ineficacia de nuestros supuestos representantes, lo que ha quedado al desnudo durante esta crisis económica, política y social. El descrédito de los partidos y movimientos políticos y por ende de las instituciones del Estado, es total, los sentimos muy lejos de nosotros, al común de los colombianos. No nos están prestando los servicios y menos la representación para la que fueron establecidos. La desconexión es total, lo que hace más difícil la recuperación de confianza en las instituciones.

No puede ser que la Unidad de Protección tenga más de 3.000 carros, en su mayoría de alta gama, blindados y yo no sé cuántos escoltas, ni cuántos conductores, sin ningún aparente control eficaz. Lo único claro es que eso es una sinvergüenzura que se debe acabar. Todos debemos estar en igualdad de condiciones frente a los innumerables riesgos que a diario tenemos que enfrentar los colombianos, a excepción de los protegidos, nuestros supuestos representantes. Si se hace un estudio de costo beneficio, pierden el año, hasta delinquen en los carros suministrados por el Estado. El que quiera carro que lo compre o que lo rente y si quiere escoltas, que los contrate de su propio bolsillo.

El pueblo no quiere más protegidos, a costas de los desprotegidos y más cuando esos protegidos, como que no son los que nos representan.

Que el Espíritu Santo, toque los corazones de nuestros políticos, los ilumine para que tomen rápidamente las medidas de autocontrol que les permita ser y sentir como cualquier colombiano, sacándolos de la burbuja que ellos mismos crearon para beneficio propio y de sus cercanos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Cínicos

José Leonardo Rincón,S.J.

José Leonardo Rincón Contreras
Consultado el Dr. Google para corroborar la noción que de la palabra tenía, me encontré en designificados.com: “Cínico es un término, que deriva de la palabra griega kynós, que significa perro. El concepto cínico es un adjetivo que se le atribuye a una persona que miente, realiza actos con descaro o sin ocultar ni sentir vergüenza. También se aplica a personas que actúan con falsedad en sus acciones o dichos.”  

Perfecto. Ese es el adjetivo que en este convulsionado país se merecen unos cuantos, desde hace mucho rato, pues hablan y se comportan con un descaro inimaginablemente proverbial. Se podrían escribir varios tomos, dada la recurrente y desvergonzada práctica, pero me voy a fijar sólo en algunos como:

  • El presidente aquel que inspirara tantos chistes, pero que buscando gobernar con los más capaces y honestos en realidad dijo, frente al fenómeno de la corrupción, que habría “que llevarla a sus justas proporciones”.
  • El otro presidente que en pleno apogeo del paro nacional exclamó: “ese tal paro no existe”. Ya había prometido, tallado en piedra, no subir impuestos. 
  • El otro presidente que nos ilusionó tanto porque dizque iba a disolver el congreso corrupto y terminó llenándolo de prebendas, esas mismas que hoy critica como mermelada, pero que repartió a montones para obtener sus propósitos. El mismo que consideraba terrorista cualquier marcha pero desde la oposición las alentaba con entusiasmo.
  • El expresidente caído en desgracia desde la famosa silla vacía que le frustró su show mediático, entregó físicamente un buen pedazo de país a la guerrilla, la fortaleció como nunca lo había logrado en su historia, pero luego se ha dedicado a bombardear la paz y a inventarse que el que sí logró firmar los acuerdos sea quien esté buscando dar golpe de estado.
  • El senador que se cree dueño de ocho millones de colombianos que dizque votaron por él, olvidando que muchos no lo hicieron por él, sino contra el otro candidato.
  • El presidente que se cree dueño de diez millones de colombianos que dizque votaron por él, olvidando que muchos no lo hicieron por él, sino contra el otro candidato. 
  • Los que en esta semana, en la más desvergonzada por la casi inmediata amnesia de que se tenga noticia, aseguran que el paro nacional fracasó, porque la mayoría de las marchas se hicieron en paz, olvidando la diarrea que tuvieron días atrás cuando el pueblo enardecido mostró lo que es capaz de hacer. 
  • El congreso que tenemos, que aprovecha la caótica coyuntura para aprobar a las carreras una serie de leyes ofensivas por lo lesivas, después de que a los que un día se declaraban en oposición, les recordaron que ellos eran de los mismos y que tenían que apoyarse en aras de la institucionalidad. Veremos pronto a cambio de qué, fue el acuerdo.
  • El congreso que tenemos, tan eficiente para aprobar lo que les conviene y tan morrongo para aprobar la ley anticorrupción, para bajarse los sueldos, dar cabida a las víctimas del conflicto o sacar adelante iniciativas de beneficio social y político.
  • El informe que dice que el arma usada por el ESMAD era convencional, no letal, aprobada por la ONU pero, igual, tan de malas, lo mató.
  • La tal Epa, muchachita perturbada y vándala infame que destruyó ante nuestros aterrados ojos una estación de Transmilenio pero que con su vocecita melcochuda ahora se ríe porque no le pasó nada.
  • La tal jueza de la República que no judicializa a la Epa, dizque porque con su pequeño tamaño no representa un peligro para la sociedad. Parece que es la misma que con él mismo rasero ha dicho que declara inocentes a virus y bacterias pues su insignificante tamaño no representan peligro alguno para nadie.
  • Este país, el segundo más desigual del continente, pero dizque poderoso económicamente y creciendo como ningún otro en la región: una inverosímil paradoja!
  • La clase política que cuál veleta llevada a su antojo por el viento, hoy proclama defender con enardecida pasión unas posiciones y mañana hace exactamente lo contrario.
  • Los que no han entendido que es ofensivo que unos se ganen pensiones mensuales millonarias no siempre obtenidas por su justo esfuerzo, en tanto la gran mayoría apenas deba sobrevivir con el mínimo o algo más.
  • Y para dejar ahí, por hoy, los que sacan pecho porque económicamente estamos bien, así socialmente estemos mal, son ciegos, sordos y mudos que siguen creyendo que los que protestan son unos desocupados que no los dejan trabajar y se olvidan que sí, que efectivamente son desocupados por desempleados, muertos de hambre, sin salud, sin educación, reclamando justicia, protestando contra la corrupción. Sí, esos mismos.


Acepto llamados de atención por no haber expuesto una mayor y más contundente información. Si me dicen mamerto e izquierdista por eso, lo que me están confirmando es que son del mismo grupo que hoy hemos criticado. 


lunes, 1 de julio de 2019

Dejemos trabajar



Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El presidente Iván Duque, fue elegido presidente en una larga y dura campaña política que, como nunca en la historia, mostró un país dividido casi al 50 – 50, con posiciones totalmente opuestas, sin casi, podría asegurarlo, una sola idea en común. Por ello no se puede pretender que la confianza y la armonía se dé por el solo hecho de asumir la banda presidencial, es más complejo que el acto en sí de una posesión solemne, en donde los enfoques también tuvieron diferentes lenguajes, unos de división y el del presidente, de unidad.

Iniciando el período presidencial los columnistas de prensa empezaron a juzgarlo, que era lento, que no decidía, que quien mandaba era otro, en fin, toda una serie de calificativos que no eran, ni son de buena fe. Casi todos ellos venían de columnistas de prensa, revistas y periodistas de radio de Bogotá, quienes no sé por qué motivo se fueron lanza en ristre contra el nuevo presidente, sin darle espacio para gobernar. Aún hoy, 1° de julio, continúan dándole garrote sin cesar y generan con ello serios problemas de imagen en la comunidad; no se dan cuenta que, si al presidente le va mal, le va mal a ellos, a sus noticieros, programas de radio, en fin a todos los informativos. En el caso nuestro, el de El Pensamiento al Aire, creemos que tenemos grandes problemas de institucionalidad, nadie lo puede negar, que el Congreso no funciona, la justicia menos y que el ejecutivo tiene que tomar medidas para generar confianza y estabilizar el país, y por ende a la economía.

Juzgan al presidente porque no se logró un escaño en el CIDH, en la reunión de la OEA, celebrada en la ciudad de Medellín, y entonces resulta que es una derrota, lo cual, no es cierto, es simplemente el resultado de la democracia, una simple votación que en otra ocasión se podrá ganar. El resultado hubiese sido contrario si el representante uruguayo se queda presente en el foro.

Debemos entender que el país se dividió por una jugada audaz, astuta y lamentable del presidente anterior, que perdiendo en una votación que impedía fuera efectivo el acuerdo de paz, lo convirtió en un acuerdo de la noche a la mañana, como un mago que saca del sombrero el conejo. Porque fue eso, un artilugio que nos genera y seguirá generando problemas, eso sí, debo precisar que voté por el sí, pero una vez perdido entendí que la mayoría del pueblo colombiano votó por él no, y se debió haber aceptado de pleno esa decisión.

Desde ese momento, los ciudadanos entendieron que los habían engañado, que a pesar de lo que dijeran, el camino del acuerdo se consumaba, no había vuelta atrás. Por eso, no más que por eso se dividió el país. No lo dividió la izquierda, lo dividió el presidente anterior, quien nos tiró a la jaula de los leones para ver qué hacíamos para solucionar el embrollo.

El presidente Duque, expresó desde el inicio de su mandato que el proceso de paz continuaría, pero con razón manifestó que habría que tener modificaciones, y por ello, en su momento efectúo seis objeciones por inconveniencia que fueron rechazadas por la Honorable Corte. Los enemigos del gobierno consideran que fue una derrota del presidente, lo que no es cierto; actuó cumpliendo el mandato, objetando por inconveniencia, no por inconstitucionalidad algunos artículos de la jurisdicción especial, y no puso obstáculo adicional al asunto.

Ningún ciudadano del común entiende cómo hombres que mataron, secuestraron, violaron, extorsionaron y cometieron delitos de lesa humanidad están en el Congreso de la República, sin haber tenido previamente un juicio o una sanción, y luego permiten posesionar a otro que sigue delinquiendo. Así se está blandiendo la espada de la injusticia.

Dicen que el presidente quiere acabar con el proceso, pero ya expresamos que no lo desea. Quiere corregir errores que hoy lamentamos, no se puede negociar lo fundamental, y por ello se debe juzgar a quienes tanto mal le han hecho a Colombia y a su gente, arrojando muerte y violencia por todo el territorio, y además deben contar la verdad, repararla y pagar por ello. Si eso es una pequeñez, entonces por qué no cuentan la verdad, llevan dos años largos hablando paja y no hay verdad, reparación, ni justicia. Por eso y por honrar a los muertos, a los deudos, a las víctimas, desplazados y dolientes de la guerra debemos buscar como centro de la reconciliación a la justicia.

Colombia, debe apoyar al presidente Duque, lo elegimos y debemos aportarle para asegurar la continuidad de la democracia, trabajar, ser disciplinados, cumplir las leyes, mejorar la convivencia, bajarles el tono a las diferencias, respetar al prójimo, sancionar al delincuente, castigar a los corruptos, penas sin beneficios para violadores, asesinos, maltratadores de la familia y así, de esta forma, le ayudamos a construir un mejor país. No esperemos que él haga la tarea por nosotros, hagámosla uno a uno por Colombia.