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lunes, 26 de enero de 2026

La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Quisiera descansar y dejar descansar a mis lectores sobre los riesgos para los ecosistemas relacionados con las amenazas del cambio climático y la necesidad de construir una transición energética adecuada para nuestro país, asunto este que ha copado mi interés durante los últimos años. Ante los pobres resultados de la reciente COP30 y el negativismo del actual gobierno estadounidense, solo confió en las acciones de los organismos multilaterales latinoamericanos y, sobre todo, en una nueva cultura individual y colectiva centrada en la conservación de los ricos y variados ecosistemas que caracterizan nuestro subcontinente latinoamericano y caribeño.

Ya en la última etapa de mi vida quisiera volver a reflexionar sobre motivaciones existenciales, que me ayuden a volver sobre mí mismo y prepararme para los tiempos de acelerado deterioro físico y mental, asociados con la vejez. Empezaré esta aproximación reflexionando sobre la anhelada felicidad, que todos lo humanos buscamos como objetivo central de nuestra vida terrenal, para lo cual me apoyaré en un texto de Pedro Cubi del Amo publicado recientemente en el portal Cuerpo Mente[1]. Muy posiblemente lo que me propongo sea un escrito para mí mismo.

Desde la época de Aristóteles se viene hablando de la ética de la virtud. Siglos repitiendo que la vida buena no se define como un estado que dependa de lo externo, sino de una actitud interior. Si alguien es honesto para evitar castigos, su conducta depende del miedo y así sigue atado a esta maligna pasión que puede paralizar o limitar, generando pensamientos negativos y desconfianza. Si alguien es honesto porque entiende que mentir le complica la vida y le roba paz mental, entonces la honestidad se convierte en una forma de libertad. La virtud (areté) para el estagirita es un hábito o disposición adquirida para actuar bien, encontrando un justo medio entre dos extremos viciosos, guiado por la recta razón y la prudencia, lo cual permite al ser humano realizar su función propia y alcanzar la felicidad (eudaimonía). Es una excelencia en la ejecución de cualquier actividad y se cultiva con la práctica y la educación, no se nace con ella.

Para Aristóteles, la felicidad no es un sentimiento pasajero, sino el fin último y bien supremo de la vida humana, que se alcanza viviendo de acuerdo con la razón y la virtud, realizando plenamente la propia naturaleza. Es una actividad excelente (no un estado) que implica actuar bien y buscar el bien, encontrando la autosuficiencia y la realización en la ejecución de las facultades humanas de manera virtuosa, especialmente la contemplación.

En el estoicismo, la felicidad no es placer ni fortuna, sino un estado de florecimiento y serenidad profunda que se logra viviendo en armonía con la razón y la virtud, aceptando lo inevitable y enfocándose en lo que se puede controlar: los propios juicios y acciones, cultivando sabiduría, justicia, coraje y moderación para alcanzar la paz interior (ataraxia).

Baruch

Spinosa, uno de los pensadores más importantes del siglo XVII, ya analizaba el sentido de la vida y la búsqueda de felicidad como si viviera en el XXI: una felicidad estable y sólida, no basada en caprichos del destino. En síntesis: “La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma”.

Estamos acostumbrados a pensar la vida como un sistema que premia: me esfuerzo, me porto bien… y algún día tendré la recompensa. Nos educan en este sistema. Eso da tranquilidad. Una sensación de que, si haces lo correcto tarde o temprano te llegará el reconocimiento. Con Spinoza, esa lógica se rompe. Este filósofo holandés planteaba allá por 1650 que el sentido de la vida y la búsqueda de la felicidad no hay que ir buscándolos al final de nuestra vida, como quien espera la paga de final de mes o el premio por buen comportamiento.

Si traemos a Spinoza aquí y ahora es porque se trata de uno de los autores más recomendables para estudiar y tratar de resistir, desde nuestra interioridad, los momentos de confusión y caos en que está entrando la civilización occidental. Nos devuelve la esperanza en el ser humano y en el amor. Nos habla de cómo ser felices, lo que va muy bien en un día triste de este incierto año que se está iniciando, con las tropelías de los poderosos trumps y demás personajes de su calaña que lideran la suerte del mundo, para no hablar de la polarización política de nuestro país.

Spinoza es famoso por varias razones, pero hay dos que lo colocan como una figura clave de la modernidad: su forma radical de entender a Dios y su apuesta por una libertad que no dependa de la suerte. Dios deja de ser un señor separado del mundo. Para nuestro filósofo, Dios es la propia naturaleza. La religión basada en el miedo y el castigo pierde sentido en su sistema.

La fórmula de la felicidad de Spinoza

Entremos a profundizar en la otra idea, la de que la libertad no depende de la suerte, porque eso está muy relacionado con la felicidad. Spinoza asegura que la libertad importante es la interior y tiene que ver con nuestras actitudes y comportamientos. Sus enseñanzas relacionadas se encuentran compiladas en su obra principal titulada “La ética demostrada según el orden geométrico”, donde Spinoza se propone explicar su filosofía con lógica matemática. Su manera de escribir es como si fuera geometría, con definiciones, axiomas y demostraciones.

En su obra Spinoza lo que busca es mostrarnos una manera de vivir que no dependa de las opiniones del momento. En su lugar propone algo que hoy nos resulta más actual que muchos de los escritos modernos: gran parte de nuestros sufrimientos no provienen de ser débiles, sino de no entendernos a nosotros mismos. Y es que el camino hacia una vida más estable pasa por conocer mejor cómo funcionan nuestros deseos y nuestras emociones. ¿Qué queremos de la vida? La mayoría diremos, ser felices, claro. ¿Y en qué consiste ser feliz?: Spinoza aclara que la felicidad no es estar alegre en todo momento, como si la tristeza fuera una falla del sistema. La felicidad (a menudo traducida del latín como beatitud) se parece más a una alegría sólida. Es una estabilidad interior.

Hacia el final del citado libro, Spinoza concluye: en lugar de decir sé virtuoso y entonces serás feliz, afirma que en el acto mismo de vivir virtuosamente (es decir, con más libertad y lucidez) ya hay felicidad. Si alguien hace “lo correcto” solo esperando una recompensa, en el fondo sigue atado: depende del resultado, de que el mundo le devuelva algo. Spinoza desconfía de esta idea moral basada en la recompensa, como si el universo llevara un registro y al final repartiera premios. Sabemos que eso no es así. A veces ganan los malos. A veces no se cumplen nuestras expectativas. La felicidad radica en la vida buena, que para mí es el servicio y la cooperación.

Para terminar, quisiera mencionar el filósofo chino Xun Zi, cuando afirma: "La naturaleza del hombre es mala; lo que es bueno en él proviene de la actividad deliberada", texto que en parte coincide con una de mis más firmes creencias, basada en el principio que la bondad del hombre es un constructo de la cultura y de la educación recibida.


[1] https://www.cuerpomente.com/psicologia/que-queria-decir-spinoza-afirmar-felicidad-no-es-premio-virtud-sino-virtud-misma_17785.

viernes, 17 de enero de 2025

Gracias, muchas gracias

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Imposible responderle a cada uno de quienes dieron like o escribieron un mensaje felicitando a mi mamá por su cumpleaños 97. Lo hago ahora con este escrito y para todos: ¡gracias, muchas gracias, muchísimas gracias!

Por estar de vacaciones con mi comunidad no pude estar con ella ese día, pero las personas que la cuidan y muchas otras, familiares y amigos, me suplieron con desbordado cariño y afecto, haciendo presencia, ya físicamente, ya por teléfono, de modo que ella pasó muy contenta, muy celebrada, si se quiere agobiada, por tantos detalles que, aunque eran muy merecidos para ella, los sentí como propios. Sólo Dios podrá compensarles esa bondad.

La señora Blanquita, le dicen algunos, doña Cecilia, le dicen otros, efectivamente era la niña cachetona de la foto que les compartí, la menor de siete hermanos, seguramente la más consentida. La negrita, como les conté también, que se volvió así de tanto comer chocolate, tiene su historia: la abuela estaba sentada cosiendo y la niña Cexi, como yo le digo, en su regazo boca abajo y absolutamente juiciosa, actitud que no le pasó desapercibida, la dejó realizar sus costuras sin contratiempos y vaya sorpresa la que se llevó cuando al voltearla descubrió la explicación a tanto juicio: la chiquita esta encontró en el cajón de la máquina una libra de chocolate en pastillas y se la empacó todita. Embadurnada de cacao quedó así, negrita para siempre.

Con esa lucidez de memoria remota que tienen nuestros adultos mayores ella misma me ha referido historias graciosas, como la de su frustración y lágrimas porque en vez de darle más chocolate mi abuela le daba el chocolisto de la época que era en realidad fosfatina. O cuando el abuelo se quedaba dormido después de almuerzo y ella en un arranque de estilista le hacía cachumbos a su ondulada cabellera.

Amiga de animales, goza contándome cómo el capitán la tumbó al suelo en plena calle y su vestido quedó empolvado y mi abuela sufriendo, pensando que ese oficial atrevido no había tenido cuidado con una niña y resultó ser un perro negro, gordo y paticortico que a la chiquita esa le puso sus patas en el pecho para saludarla y resultó revolcándola en el piso.

O cuando Morona, un can pequeño, pero más grande que ella, le robaba uno de sus zapatos y salía a correr por la acera del frente de su casa donde finalmente se lo dejaba tirado. O Madroño, un caballo marrón que montaba cuando trabajaba con Cemento Samper por los lados de Siberia.

Me ha dado por pensar que esta niña era hiperactiva e inquieta, porque los viejos se vuelven como niños y también hoy día no hay manera, en su caso, de que se esté quieta. Siempre ocupada y con agenda llena, jajajajajaja ¿Qué tal?

Pata de perro y andariega de joven por Colombia, en particular la Guajira y Antioquia, o de irse sola en un barco a Europa y África. Laboralmente explorando oportunidades mejores al comienzo y al final de su vida laboral como educadora, en el medio trabajando en secretariado comercial en empresas multinacionales con alemanes, suecos, italianos. Imparable. Aunque ya a estas alturas de la vida duerme más horas y refiere estar "como un burro cansado", todavía tiene energías para rato. Esta semana estuvo dos días con esa virosis que anda por ahí suelta, pero ella, al tercer día, no aceptaba que estuvo enferma, sino que más bien no le dieron de comer. ¿Cómo les parece?

Todos los días ve televisión, lee periódico y está más y mejor enterada que yo. Cuando tiene visita y habla de lo humano y lo divino, me sorprende su lucidez y claridad. Aunque 97 son 97 y ya no es lo mismo, pero ¡qué polvorita! Así que muchas gracias a todos por contribuirle a dar vida y hacerla feliz con tanto amor y tanto detalle. De seguro ella reza por ustedes.

martes, 6 de agosto de 2024

De cara al porvenir: el mundo de las emociones

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Gracias a un dilecto amigo ha llegado a mis manos el libro Homo Emoticus de Richard Firth-Godbehere, que trata de la historia de la humanidad contada a través de las emociones predominantes en ciertos períodos de tiempo y que impactaban e influían en ciertas sociedades imperiales particulares.

Aun cuando hay una gran cantidad y variedad de emociones, se pueden rescatar al menos 6 que permanentemente están presentes en nuestras vidas: la felicidad, la tristeza, la sorpresa, la ira, la repugnancia y el temor.

Bajo otra perspectiva, autores como Maquiavelo se concentran en el miedo, el odio y la esperanza.

Lo cierto es que estas emociones hacen parte de nuestro equipaje como seres humanos. Alguien dirá que pertenecen al espíritu, a la interacción de las ondas cerebrales, a los órganos de los sentidos y a las reacciones que generan en su interacción con la realidad.

Lo cierto es que las emociones y su impacto moldean el carácter, la personalidad, la forma de ver y de enfrentar el mundo y la manera de disfrutar o no el llamado “milagro de la vida”.

La capacidad para “administrar” las emociones y no dejarnos apabullar por ellas, generarían nuestra templanza y la fortaleza para enfrentar los retos, las vicisitudes, las oportunidades y las amenazas que se nos presentan en el día a día y el reconocimiento de este conjunto de realidades estaría soportado en la conciencia.

La racionalidad, la razón, la objetividad la ecuanimidad, podrían servir de herramientas para poder sobrevivir con y a pesar de las emociones, sin dejarnos arrastrar por ellas.

La interrelación con otros humanos genera intersecciones emocionales que determinan nuestro comportamiento con los otros, con el grupo o con la sociedad en su conjunto.

La historia la han constituido las ideas, las instituciones y la geopolítica de acuerdo con una de las tantas aristas con las cuales podemos aproximarnos a ella.

Sin embargo, quienes tiran los dados son las personas y estas constituyen, cada una, un universo particular lleno de singularidades e interpretaciones, signados por sus aptitudes físicas y mentales y sobre todo por sus intereses individuales.

Se habla del estado fiscal, del estado militar y del estado emocional para poder justificar el uso de la fuerza y el establecimiento de normas y reglas con las cuales se puedan controlar los desvíos emocionales de sus miembros de manera individual y colectiva.

Es prudente entonces saber reconocer en las emociones los detonantes de los distintos comportamientos que tenemos nosotros los humanos y que expresamos de diferentes formas.

Muchas veces no existe control sobre las reacciones que se tienen ante ciertos sucesos que estimulan emociones y generan toda una descarga de energía sobre nuestro comportamiento.

De ahí el esfuerzo necesario por tratar de conocernos a nosotros mismos, para tratar de minimizar las sorpresas que nosotros mismos nos damos.

Dice algún pensamiento que “La ignorancia atrevida, insulta”.

NOTA 1: Está en cartelera la película Intensamente 2 que puede dar una perspectiva distinta y amable sobre el tema de las emociones.

NOTA 2: Generaciones anteriores hablaban coloquialmente del dicho: “Mas duro que la plata al 20” ... dicho que lamentablemente estamos viviendo hoy en la realidad.

viernes, 5 de abril de 2024

Ser Cura… con la gente

José Leonardo Rincón
Por: José Leonardo Rincón, S. J. 

En esta tribuna semanal les he contado entre finales del año pasado y lo que va corrido de este que he celebrado dos efemérides realmente significativas en mi vida: los 50 años de haber entrado en contacto con los jesuitas y los 30 de mi servicio ministerial como presbítero. Dos vocaciones que le han dado sentido a mi vida y que han contribuido indudablemente a mi felicidad y realización como persona y como profesional, si cabe este término.

Y es que aunque dos terceras partes de mi vida he estado trabajando en el mundo de la educación y de liderazgos de orden administrativo, misiones apostólicas donde también me he sentido muy contento y pleno y donde se han obtenido logros importantes, en realidad lo que me hace sentir muy jesuita y muy sacerdote son dos experiencias de estar con la gente: dar Ejercicios Espirituales y celebrar los sacramentos, porque no hay nada más bello que ver cómo el Espíritu Santo actúa en las personas y como la fe se celebra en comunidad.

De los primeros, razón tenia San Ignacio cuando alguna vez dijo, palabras más, palabras menos, que “todo lo mejor que yo puedo dar son los Ejercicios Espirituales” porque ah experiencia para maravillosa y fuera de serie, una vivencia profundamente existencial que uno quisiera viviera la gente. ¡Cuánto bien ha hecho, cuantas transformaciones, cuán positivos efectos!  Después puedo contarles más en detalle porqué la fascinación por ellos.

Y de mi trabajo pastoral me fascina, les decía, la celebración de los sacramentos que gracias a haber recibido el del orden sacerdotal puedo dispensar y en concreto:

El bautismo, cuando padres y padrinos saben a qué se comprometen con sus hijos e ideal cuando el niño, joven o adulto es consciente de lo que está haciendo.

-       La eucaristía como celebración de la común-unión en común-unidad, fiesta, memorial, Palabra de vida, banquete, oración en todas sus expresiones.

-       La reconciliación, porque en medio de la propia fragilidad ser puente para la misericordia es motivo de profundo consuelo.

-       El matrimonio, cuando no es mero protocolo de tradición, sino cuando es dejar que el Dios Amor permee y nutra el amor de pareja para siempre.

-       La extremaunción, como consuelo que tonifica y fortifica en horas difíciles, cuando todo pareciera el final pero que puede tornarse en remedio que sana y genera paz profunda.

No hablo del sacramento de la confirmación porque está reservado, como el del orden sacerdotal, para el obispo y nunca he sido delegado para ello, pero me encanta como sacramento de madurez cristiana porque al recibirlo, como nos decían de niños, nos hace soldados de Cristo, esto es, cristianos militantes

y no solo de carnet. Por lo pronto sólo decir que, si uno es cura, es con la gente y para la gente.

 

martes, 27 de junio de 2023

De cara al porvenir: salud, dinero y amor

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Una de las tantas aproximaciones a la definición del concepto de felicidad se asocia al estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno.

Dice el estribillo de alguna canción española que la felicidad está asociada a la obtención de tres condiciones: la salud, el dinero y el amor.

Para Menandro, “La salud y la inteligencia son las bendiciones de esta vida” y para Sófocles “El saber es la parte más considerable de la felicidad”.

Black dirá que “Sin el trabajo es imposible la felicidad”, Saavedra Fajardo sostendrá que “La felicidad nace, como la rosa, de las espinas y trabajos”, Astron dirá que “Los que carecen de felicidad buscan las fiestas” y Platón sentenciará que “No puede ser nadie feliz sin que sea sabio y bueno”.

Para algunos otros, la felicidad podría estar asociada a la satisfacción impúdica de sus pasiones, asociadas a algunos de los llamados pecados capitales como la lujuria, la gula y la pereza, que devienen en vicios.

Así mismo, el desarrollo pleno de los sentidos alrededor de la belleza, la estética, el arte, en cualquiera de sus expresiones, podría generar situaciones de felicidad.

Podríamos seguir buscando aproximaciones y con seguridad serían múltiples, de pronto tantas como humanos estemos en el planeta.

Sin embargo, en nuestro interior, consciente o inconscientemente, es posible que guardemos deseos, anhelos, antojos o propósitos que quisiéramos cumplir o que serían aquellas cosas que le pediríamos a Aladino en caso de presentarse la ocasión.

En mi caso, ante Aladino, Merlín o un buen taumaturgo, tengo claro que le pediría salud, pues como dicen las mamás, “Sin salud no hay nada”. Le pediría ser políglota, pues como sostenía Francisco de Quevedo, “Por tantos hombres vales, según las lenguas que hablares”. Y, por último, mi gran antojo sería poder viajar en el tiempo, obviamente solo como observador.

El concepto de felicidad ha venido escalando visibilidad e importancia en todos los ámbitos. Como derecho humano en la ONU, Bután o Brasil, como estrategia gerencial desde lo académico –cátedra en Harvard–, como reivindicación al tiempo libre y al ocio –al estilo romano imperial–.

Desde la filosofía, grandes interrogantes se siguen planteando entre otros, la justificación de la existencia o la reflexión acerca de qué es la vida.

¿Vivimos para qué? ¿Qué justifica la existencia?

El buen vivir, el vivir bien, es un propósito superior desde lo individual y desde lo colectivo. Este hecho debe ser concientizado y debe ser un vector directriz que encauce nuestra existencia.

Debemos dejar de mirar la felicidad como algo utópico, algo que solo se habrá de alcanzar al final de la existencia. El día a día, cada nuevo amanecer trae su propio afán y sus propias circunstancias, algo con lo cual el individuo deberá interactuar de manera casi que espontánea.

¡Salud!

viernes, 19 de agosto de 2022

"El príncipe" y "El principito"

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio

Dos libros que han influido en el pensamiento de millones de personas.

“El príncipe”. obra maestra de Nicolás Maquiavelo, nacido en Florencia, Italia, (1469-1527). Escritor y estadista. Nicolás Maquiavelo vivió en la Florencia de los Médicis, en el seno de una familia noble empobrecida, en tiempos de Lorenzo el Magnífico y Pedro II de Médicis. Fue nombrado secretario de la segunda cancillería encargada de los Asuntos Exteriores y de la Guerra de la ciudad, esto le llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el emperador Maximiliano I de Habsburgo.

En el año 1530 publicó el libro “El príncipe” como un tratado de política con influencias hasta nuestros días. Veamos algunas frases de “El príncipe”:

"Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen".

"Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse".

"Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres".

"Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos".

"En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”.

"El fin justifica los medios", atribuida erróneamente a Maquiavelo, es original de Napoleón Bonaparte escrito de puño y letra, frase encontrada al final de un ejemplar del libro “El príncipe” en su biblioteca.

El libro de Maquiavelo ha sido constantemente sujeto de apreciaciones en su mayoría erróneas. Obviamente en la Edad Media la política, cultura y sociedad de la época estaban en una construcción permanente. 

“El principito”. Obra maestra de Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, conocido como Antoine de Saint-Exupéry. Fue un aviador y escritor francés nacido en 1900 en Lyon, Francia. Fue gerente de Aéropostale en Argentina. En el año 1935 se accidentó en su avión en el desierto del Sahara dónde sobrevivió sin comida ni agua y finalmente fue rescatado por beduinos. En 1943 se publicó “El principito”, hoy con más de 145 millones de copias vendidas. Aparentemente es un libro para niños, pero sus enseñanzas de vida lo convierten en un texto para adultos. Varias de las ilustraciones del libro fueron hechas por el mismo Exupéry. Desapareció en 1944 en un accidente aéreo en el mar Mediterráneo, lo que generó una sombra de misterio. Veamos algunas frases del principito:

"No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo"

"Sólo se conocen bien las cosas que se domestican"

"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya"

"Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió"

"Los hombres compran las cosas ya hechas, pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos"

"Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos"

Una vida bien vívida debe llevar la tenacidad de un príncipe donde la virtud y entereza hagan parte del pensamiento y un corazón de principito donde el amor, la felicidad y la empatía hagan parte de la vida.

viernes, 16 de julio de 2021

Vivir con lo esencial

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Llegan muchos mensajes todos los días, algunos chistosos, otros que ponen a pensar y otros que son realmente basura. Una amiga nariñense me envió uno esta semana que, como se dice, me hizo el día: “nacemos sin traer nada, morimos sin llevarnos nada. Pero, en ese intervalo peleamos por lo que no trajimos y por lo que no nos llevaremos”. Cortas frases, gran sabiduría.

Es verdad cuando se dice en la declaración universal de los derechos humanos que todos nacemos libres e iguales; no se está hablando de una utopía sino de la mera y pura realidad. Vinimos al mundo empeloticos, esto es, desnudos, sin nada… sin embargo, el problema ya ha comenzado, porque si la cigüeña te dejó en la quinta avenida de New York, de seguro que te va a ir mucho mejor que si te dejó en un suburbio latinoamericano. Uno y otro van a estar preocupados en su vida, el uno para no perder todo lo que tiene y el otro para alcanzar lo que no tiene. Creerán que la felicidad consiste en llenarse de cosas y si acaso, muy tarde, descubrirán que el sentido auténtico de la vida era otra cosa y que por andar MFT, la desgastaron tontamente.

Debería entonces redactarse un acapite en la tal declaración que diga: y todos morimos por igual, sin distingos ni clases y peor aún, sin llevarnos nada… De pronto eso nos ayudaría a ser más cuerdos y sensatos, y nos animaría a llevar una vida más simple y austera, sin tanto boato baladí, sin tanta alharaca, sin tanta apariencia. Caeríamos en cuenta que los títulos académicos te dan conocimiento, pero no necesariamente sabiduría; que los aplausos y vanos honores son flor de un día; que el poder obtenido ciertamente fue por un cuarto de hora; que el dinero habido te satura de cosas, pero no garantiza que seas feliz; que muchos bienes materiales hubiese sido mejor no tenerlos. ¿Qué nos llevamos de todo esto? ¡Nada!

¿Qué es entonces lo esencial? Saint-Exupéry pondría en boca del zorro tan simple secreto: “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. ¡Háganme el favor!  Entonces, lo fundamental, lo que vale la pena, a lo que hay que apostarle la vida, ¿no es una cosa, no es una persona? Con razón no somos felices, porque nada nos llena, nada nos satisface, insaciables de lo accesorio y carentes de lo realmente importante. ¡Cuán pifiados estamos en la vida!

Si en nuestra jerarquía de valores, nos ponemos en la tarea de ordenar nuestra existencia, creo que la suerte del mundo sería otra. Definidas sincera y honestamente nuestras principales apuestas, descubriríamos el tesoro maravilloso que se encierra detrás de lo simple y lo sencillo, y dejaríamos a un lado el estresante frenesí que cotidianamente nos desgasta, efímeramente nos ilusiona y, finalmente, nos deja vacíos. Entonces y solo entonces andaríamos con firmeza por la senda de la auténtica felicidad y no sufriríamos tanto por lo que no vale la pena. Sí, amigos, así de simple, así de fácil, así de asequible. Creo que todavía estamos a tiempo de tomar la mejor decisión. Recuerden: somos libres de hacer con nuestra vida lo que queramos, pero a la hora de nacer y morir somos igualitos, de modo que no perdamos tiempo en el intervalo por lo que no vale la pena. Vayamos a lo esencial y vivamos con ello, así seremos felices y Dios nos bendice.

viernes, 12 de febrero de 2021

Alegrías compartidas

José Leonardo Rincón Contreras

José Leonardo Rincón, S. J.*

Mi finado amigo Julio solía decir que “pena compartida es media pena y alegría compartida es doble alegría”, sabia verdad que he comprobado con ustedes mis lectores y amigos, pues con su dolorosa partida me sentí muy acompañado y eso sirvió para mitigar el natural luto que se experimenta cuando muere un ser querido. Y recientemente con la celebración de mi cumpleaños que, aunque sobria en celebraciones por obvias razones, de todas maneras, fue apoteósica por la masiva presencia a través de mensajes y llamadas.

En las alegrías y en las tristezas, en los buenos y malos momentos, siempre hay que darle gracias a Dios. Como cantaba Mercedes Sosa, cómo no darle gracias a esa vida que nos ha dado tanto, comenzando por la vida misma, es decir, poder estar vivos cuando a nuestro alrededor muchos se nos van, incluso prematuramente. Agradecer, en mi caso, por mi madre anciana y limitada pero que dio lo mejor de su vida para sacarme adelante. Darle gracias por el gratuito don de la amistad que nos hace sentir reconocidos y queridos por otros. Agradecer también por tantos educadores y maestros que a lo largo de la existencia han dejado su impronta. Reconocer el regalo de esta vocación de servicio a través del ministerio presbiteral. Poder contar en general con buena salud. Tener un trabajo que agota, pero apasiona, en fin…

Este próximo domingo tendré, Dios mediante, otras dos alegrías inmensas. Se trata de dos reencuentros con amigos con quienes he compartido por décadas, en dos espacios muy diferentes, pero igualmente saludables, uno para el cuerpo y otro para el espíritu. Me refiero, por un lado, a mis compañeros de juego de baloncesto con quienes cada ocho días, en las mañanas, nos encontramos en San Bartolomé para compartir dos horas intensas de ejercicio físico. Y, por otro, a mi gente, con quienes celebro la fe, durante una hora intensa de ejercicio espiritual en las noches dominicales en el Templo de La Soledad. 

Podrán ustedes imaginar lo oxigenantes que resultan estos espacios, el reencauche periódico que representan y la falta que me han hecho durante este año de pandemia. Hay encuentros en la vida que son irreemplazables y estos dos son especialmente únicos. No me vengan con cuentos de que se puede jugar básquet a través de Zoom u otra de estas herramientas, experimentar la adrenalina de la competencia y sudar copiosamente. O que uno va a un banquete a mirar por televisión como comen los otros, por más tiempo real, satélites y virtualidad que existan. Lindas las comuniones espirituales, pero pretender alimentarse remotamente es un exabrupto.

Bendito Dios que estamos en la recta final de la pandemia, que en el horizonte se otean las vacunas y que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Así que les comparto mis alegrías para que se alegren conmigo y todos juntos gocemos más intensamente esta vida que el buen Dios nos ha regalado.

domingo, 27 de octubre de 2019

La confianza y la felicidad


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
El pueblo está acostumbrado a pedir soluciones para sus principales carencias:  salud, educación, seguridad y empleo son problemas de nunca acabar. Hace décadas que en época de elecciones llegan los políticos a prometer las mismas soluciones y nada que resolvemos nuestros problemas colectivos. Posiblemente estamos buscando soluciones donde no es.

Proponer e innovar en políticas públicas ya de por sí es algo arriesgado y complejo. Quién pensaría que un Metrocable a una montaña podía ser una solución al transporte público. Así mismo deben existir soluciones impensadas que solo los científicos sociales y visionarios innovadores pueden ver. La felicidad es una propuesta innovadora que debe ser tenida en cuenta.

La inseguridad ha azotado al país y todos los días se ven ejemplos de atraso cultural. En investigaciones sociales se encuentra que la violencia nace de la infelicidad. Esa violencia termina generando atraso económico y social dándole rueda al círculo vicioso de la pobreza. (Pobreza que genera más violencia, violencia que genera más pobreza). Para salir de este gran problema de violencia que ha sumido al país en el atraso al desarrollo, debemos pensar en que la felicidad sería una gran solución. La felicidad es el camino que todos debemos elegir.

Las manifestaciones artísticas son educación para la felicidad. El humor, la danza, la música, el teatro etcétera, cuando se hacen con responsabilidad cultural se convierten en herramientas de educación social para la felicidad.

La confianza es construcción de tejido social, desde la interpersonal hasta la confianza en el gobierno público. La desconfianza ha sido uno de los generadores de disturbios e indisciplina social aumentando las marchas y protestas que llevan a más atraso económico y social. En el sector privado la desconfianza y falta de identidad en nuestros productos y empresas ha llevado al aumento de importaciones, falta de demanda agregada y al consecuente desempleo.

La confianza interpersonal es hoy una necesidad, donde el ego ha bloqueado el progreso. Si vemos las empresas que cotizan en la bolsa de valores de Colombia son sociedades anónimas con cantidades de accionistas que buscan además de un dividendo individual, la sostenibilidad para el progreso colectivo. Debemos fomentar nuevamente la conformación de sociedades, empresas B y el cooperativismo.

Hablando de otras soluciones en políticas públicas tenemos que para el problema de la educación puede ser más de investigación, formación de formadores y contenidos de la educación, que de infraestructura. La clave de la salud, podría estar en la prevención, nutrición y el deporte. Para el empleo, más que empleos temporales, debemos buscar soluciones estructurales. La inseguridad se debe atacar con cultura, empleo, confianza, educación y felicidad.

La justicia no se hace con castigos o multas. Se hace con educación en leyes y en valores sociales y culturales. Los valores humanos que se están proponiendo como la confianza y la felicidad son tema de debate, Pero debemos abrirnos a explorar estas propuestas sociales y apoyarlas. Otros valores como el respeto, la identidad y la responsabilidad deben ser tenidos en cuenta para la educación y formación social del ser humano.

En ninguna facultad de economía enseñan que el mayor determinante del desarrollo económico es el comportamiento individual y social. De nada sirve tener petróleo, tierras, agua, oro, o esmeraldas si no sabemos vivir y convivir de manera individual y colectiva.

Hoy de nuestra educación superior salen buenos profesionales, pero personas con una escasa formación humanística lo que agrava el comportamiento social generando falta de ética, moral, cívica y urbanidad, desconfianza e infelicidad; todo esto trayendo más atraso.

Valores culturales como la confianza, la felicidad, la identidad, el respeto y la responsabilidad son el camino que la sociedad debe conocer, reconocer y apoyar como innovación en las políticas públicas. Creo que el camino real del progreso, está en el desarrollo económico, la confianza y la felicidad.