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viernes, 19 de agosto de 2022

"El príncipe" y "El principito"

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio

Dos libros que han influido en el pensamiento de millones de personas.

“El príncipe”. obra maestra de Nicolás Maquiavelo, nacido en Florencia, Italia, (1469-1527). Escritor y estadista. Nicolás Maquiavelo vivió en la Florencia de los Médicis, en el seno de una familia noble empobrecida, en tiempos de Lorenzo el Magnífico y Pedro II de Médicis. Fue nombrado secretario de la segunda cancillería encargada de los Asuntos Exteriores y de la Guerra de la ciudad, esto le llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el emperador Maximiliano I de Habsburgo.

En el año 1530 publicó el libro “El príncipe” como un tratado de política con influencias hasta nuestros días. Veamos algunas frases de “El príncipe”:

"Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen".

"Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse".

"Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres".

"Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos".

"En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”.

"El fin justifica los medios", atribuida erróneamente a Maquiavelo, es original de Napoleón Bonaparte escrito de puño y letra, frase encontrada al final de un ejemplar del libro “El príncipe” en su biblioteca.

El libro de Maquiavelo ha sido constantemente sujeto de apreciaciones en su mayoría erróneas. Obviamente en la Edad Media la política, cultura y sociedad de la época estaban en una construcción permanente. 

“El principito”. Obra maestra de Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry, conocido como Antoine de Saint-Exupéry. Fue un aviador y escritor francés nacido en 1900 en Lyon, Francia. Fue gerente de Aéropostale en Argentina. En el año 1935 se accidentó en su avión en el desierto del Sahara dónde sobrevivió sin comida ni agua y finalmente fue rescatado por beduinos. En 1943 se publicó “El principito”, hoy con más de 145 millones de copias vendidas. Aparentemente es un libro para niños, pero sus enseñanzas de vida lo convierten en un texto para adultos. Varias de las ilustraciones del libro fueron hechas por el mismo Exupéry. Desapareció en 1944 en un accidente aéreo en el mar Mediterráneo, lo que generó una sombra de misterio. Veamos algunas frases del principito:

"No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo"

"Sólo se conocen bien las cosas que se domestican"

"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya"

"Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió"

"Los hombres compran las cosas ya hechas, pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos"

"Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos"

Una vida bien vívida debe llevar la tenacidad de un príncipe donde la virtud y entereza hagan parte del pensamiento y un corazón de principito donde el amor, la felicidad y la empatía hagan parte de la vida.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Dos libros y una pregunta


José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
En mayo de 2011 Iván Duque Escobar, con su habitual y generoso autógrafo, puso en mis manos el que sería su último libro, “Nicolás Maquiavelo, semblanza documental”. Acabo de releer ese ágil volumen de 143 páginas, que traza la trayectoria vital del personaje; analiza el contenido, el método de “El príncipe” y su estilo literario; se detiene en la llamada “razón de Estado” (aquello de que el fin justifica los medios); no olvida los otros y numerosos escritos del florentino; y en fin, recoge sus máximas y reglas para el gobierno y la guerra.

Este excelente libro, digno de reedición, se cierra con las opiniones de algunos grandes escritores que a lo largo de los siglos se han ocupado de ese controvertido pensador, cuya resonancia nunca ha decaído.

Como alumno de los jesuitas, cuando la Compañía era católica, floreciente, ortodoxa y por lo tanto enemiga de Maquiavelo, siempre me pareció abominable su amoral pragmatismo. Sin embargo, a escondidas leí “El príncipe”, obra incluida en el “Índice”, en una edición con las cínicas anotaciones y comentarios del cadete Buonaparte, quien pondría en práctica todos los perversos consejos del secretario de César Borgia, quien luego superaría al magnate florentino, porque su imperio fue incomparablemente mayor, aunque deleznable y efímero, porque la política, liberada de la moral, sin duda alguna permite el rápido ascenso de los audaces, pero no les asegura su permanente éxito, como lo indica la aterradora caída que habría de experimentar el propio Napoleón; y recientemente, Alan García, a quien el autor, como amigo, le dedica el libro. Extraña simpatía entre él y el peruano, porque Iván Duque, habilísimo operador, sin embargo, fue pulquérrimo servidor del Estado.

Ahora bien, nadie puede negar la permanente influencia de “El príncipe” sobre tantos actores políticos en todo el mundo y en todos los tiempos, y en Colombia, especialmente en la izquierda, aunque alguien me advierte que los políticos no siempre necesitan leer ese libro para seguir la sinuosa senda de la picardía, el engaño, el disimulo, la hipocresía y la traición, en pos del poder y de su disfrute personal…

A pesar de lo que acabo de decir, mi rechazo visceral del maquiavelismo no me impide reconocer los elementos ambiguos en sus escritos, que, leídos aisladamente, parecen hasta las reflexiones de un moralista, además de reflejar imprescriptibles observaciones sobre la Realpolitik.

Volviendo a Colombia, pienso que “El príncipe” es el manual favorito del elenco político, pero en la práctica hay muchos tratando de contrarrestar sus perversos efectos con la influencia de otro libro, “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, de Dale Carnegie, manual sobre las actitudes corteses y hábiles que hacen simpática a la gente. Como método de relaciones públicas, este último no ha sido superado y es la más conveniente y efectiva lectura para todo adolescente, pero escasamente puede conducir al establecimiento de amistades profundas y duraderas, porque es bien dudoso que, con amabilidad, generosidad y buenos modales, se pueda transformar a chacales en corderos, o que, con gestos cordiales, los peores enemigos se conviertan en amigos verdaderos y confiables o en opositores objetivos y respetuosos.

La política colombiana está polarizada actualmente entre los partidarios de esos dos libros. ¿Hasta dónde la respuesta a las aviesas sugerencias del primero puede darse eficazmente con buenas maneras y elevados principios?

A finales de 1916, un ministro del zar cavilaba sobre cuál sería el resultado de la confrontación entre los incansables y fanáticos revolucionarios y los paralíticos ministros del gobierno, pregunta que no quiero hacerme en la Colombia actual.