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jueves, 5 de junio de 2025

Vivimos en fila

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Nacemos y morimos haciendo fila. Esa frase me la expresó un amigo una vez, y desde entonces no se me borra. Hoy en día estamos rodeados de influencers y sus cuentas en TikTok, Instagram, YouTube, etcétera.

A principios de año, El Espectador publicó un artículo sobre los más virales del momento: los que más seguidores tienen, los más vistos, los más consumidos por nosotros.

Porque, seamos honestos, los que no somos influencers somos quienes hacemos que ellos lo sean. El listado estaba dividido por categorías de contenido: humor, estilo de vida, moda, recomendaciones, retos, bromas. Y, aunque me pese admitirlo, muchas veces he criticado sin filtro, a esos personajes.

Los he tildado de famosos sin sustancia, millonarios por decir bobadas, por hacer bromas de mal gusto o por recomendar cosas que ni ellos mismos creen. He juzgado a quienes los siguen, sobre todo cuando los veo en buses, en filas eternas, completamente absorbidos por sus pantallas. Pero hoy, después de revisar algunas noticias, siento que tengo que retractarme.

En El Colombiano leí que el promedio de los trayectos en bus en Medellín aumentó en 50 minutos. Lo que antes tomaba una hora, ahora puede tardar casi dos. Los mismos conductores lo confirman: más tráfico, más demoras, más tiempo muerto.

Y luego, El Espectador citó un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): “En Colombia, dedicamos en promedio 7 horas y media a hacer trámites. Sí, siete horas y media, muy por encima del promedio latinoamericano de 5 horas. Y eso incluye desde lo administrativo hasta lo cotidiano: salud, supermercados, transporte, restaurantes. Entonces me puse a pensar, con tanto tiempo perdido en filas, en trancones, en salas de espera, ¿quién soy yo para juzgar a quien decide entretenerse en redes sociales durante esos lapsos?

No me gusta ese contenido, no lo comparto, no me representa, pero entiendo. Y eso cambia todo. Por eso, hoy no vengo a criticar. Vengo a invitar. Si vas a pasar una, dos, tres horas esperando, busca una forma de hacer de ese tiempo algo que valga la pena. Lee. Escucha un podcast. Mira un buen documental. Habla con alguien.

Y si no encuentras otra forma, si el día está muy pesado y lo único que te sostiene es un video tonto, entonces dale. Que el celular también puede ser compañía. Lo importante no es juzgar el entretenimiento de los otros, lo importante es entender por qué lo necesitamos tanto.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Vigía: elucubraciones de fin de año

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

Lo evidente para un “muchacho” de mi edad, es que la tecnología ha cambiado no solo el mundo en general, sino la manera en que nos comunicamos, en particular. En mi infancia había que coordinar una cita por el ya viejo teléfono de disco numerado y estar atento a la hora y el lugar, si se trataba de una llamada de larga distancia. Larga distancia que ya no existe, pues la llevamos en nuestra mano, en nuestro celular. Lo mismo sucede con las videollamadas que, en esos lejanos años de mi infancia, solo existían en el reloj de Dick Tracy, el del sombrero detectivesco.

Primero fue el Telégrafo, luego el Walkie-talkie, el Trunking y el Beeper, después llegó el teléfono inalámbrico y finalmente (aunque reconozco que me faltan datos), para finales de este 2022, las redes sociales se han convertido en las reinas de la intercomunicación personal. Facebook, Twitter, WhatsApp, Telegram, Instagram, LinkedIn, Twich, Be real y cientos de breves procesos de información instantánea y real que están dejando una marejada de jóvenes analfabetas funcionales, mediocres y sin sentido crítico, digo, aunque muy enterados de todo lo que sucede en el mundo, en su mundo. Nuevos ritmos, nuevas modas, decrecimiento en el interés sexual aparejado con porno vintage, mascotas en vez de hijos. Todo lo anterior con un Messi engrandecido, aunque firme en sus “románticas” creencias y un Qatar con serias dudas sobre la honestidad en su competencia para ser la sede del mundial de futbol. Y resulta que Ronaldo es un antisemita y que un millonario ruso murió de un ataque cardiaco mientras se lanzaba de un quinto piso en un hotel de la India.

Narro todo lo anterior para presentar el mapa de la realidad actual, signada por la crisis climática, como que el ciclón invernal azota a los Estados Unidos, el deterioro de muchas monedas locales y la superproducción de cocaína en Colombia, algo que tiene entre los palos a las autoridades venezolanas, eficientes intermediarias del ese comercio y a los norteamericanos, principales consumidores del estupefaciente.  Nihil novum sub sole.

Es decir, no mucho ha servido el avance tecnológico si aún tenemos antisemitismo, drogas, clima, corrupción y muchas otras “perversiones” humanas que nos han caracterizado desde épocas remotas. A pesar de la tecnología y de las afortunadas coincidencias físicas que plantea S. Hawking, seguimos siendo humanos, tan humanos, tan homo sapiens, como el vecino no importa en cuál entorno nos encontremos.

La rueda, el fuego, el cine, y toda una cadena de artilugios ingenieriles y etcéteras, han hecho de este un mundo más acelerado, interconectado e hiperinformado. No importa. Únicamente la creencia en un Dios sobrenatural, rector de rectores, es lo que ha guiado a esta humanidad, como un pastor que lleva a su manada por el camino ¿del castigo? o de la redención.

Desde la escasa altura de mis siete décadas, no puedo dejar pasar este fin de año, sin repensar la dinámica social que nos ha puesto en la antigualla talibán y en la realidad de Ucrania-Rusia, mientras Colombia lidera la amenaza bélica aérea regional y Venezuela usufructúa los beneficios propagandísticos de El Súper Bigotes. Así terminamos el 2022 y nos abrimos a un 23 ojalá con mejores perspectivas, si el Becerro de Oro no nos envenena.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Vigía: entre encantamientos y engañifas

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda

La ciencia, entendida como un cuerpo organizado de conocimiento, con leyes fijas y con capacidad de predictibilidad, ha ayudado a desvirtuar algunos de los mitos propios de la evolución humana. Pero irónicamente la tecnología, hija directa de la ciencia aplicada, nos ha traído hasta las redes sociales que son ahora el instrumento preferencial de los mistificadores de siempre, que existen desde antes de los egipcios.

De Santa a micro drones

La Navidad es propicia para hablar de encantamientos, de fantasías. El pesebre, el niño Dios, el árbol de Navidad, Papá Noel, Santa Claus viajando desde el Polo Norte en un trineo aéreo tirado por renos, Rudolf entre ellos, y entrando por una chimenea, etc… son mitos de esperanza y de fe religiosos a los cuales la NASA, que le sigue el plan de vuelo a Santa desde su iglú, aún no logra erradicar de nuestra cultura occidental judeocristiana. Y si bien los adultos sonreímos con esas narrativas, las mismas formaron parte de nuestro mundo infantil.

La doctrina de la conspiración reina hoy más que antes. Ahora se llama posverdad y su cadena de trasmisión son las redes sociales. Un ejemplo del encantamiento que manejan las redes sociales es la web de un joven que en 2017 creó “Los pájaros no son reales”, teoría conspiranóica según la cual las aves son mini drones diseñados para espiarnos y su popó es tecnología de rastreo en forma coloidal. Unos 350 mil seguidores están registrados en la página de esta gran broma. Y no mencionaremos aquí el caso de la pandemia del serial covid y su correspondiente sistema de vacunas. Cualquier papanatas difunde una especie por las redes y más de uno le da credibilidad como si fuera un nuevo sol que ilumina la historia. Aprendices de brujos o magos auto preparados en las artes del sofisma, convierten la realidad en una colcha de dudas, de incertidumbres. La verdad, entonces, descienda a un nivel de improbabilidad o por lo menos de sospecha y empieza a perderse en la oscuridad de alguna secta secreta que chupa la sangre de los niños, como se decía de los cristianos en los años de las catacumbas. Así de atávico es el entramado cerebral que facilita el implante de la maquinación.

Navidad izquierda

Pero el hechizo propio de diciembre es permanente en el mundo de la política por cuenta del comunismo, socialismo, progresismo, transhumanismo o como se quiera llamar. La fabricación del encantamiento es sencilla, conocida y efectiva: uno o varios mentirosos propalan ciertas “realidades” y convierten la verdad en duda. De ahí en adelante el proceso se desenvuelve auto dinámicamente. La izquierda política ofrece una permanente “Navidad” de paz, amor, miel, leche y felicidad. Sus voceros repiten fantasías de gratuidad e igualdad. Estas campañas fantasiosas calan especialmente entre jóvenes en búsqueda de novedades o entre personas incapaces o perezosas para razonar y argumentar. Coros de caras felices estilo Mao, se publicitan aplaudiendo el arribo del paraíso.

La Navidad pasa. Los pastores y el árbol vuelven a sus cajas y al depósito. La cuesta de enero nos aterriza y la brega en el mundo real, reinicia. En el caso del socialismo, el asunto no es diferente, solo que, en medio de los renovados hambre, violencia y desplazamiento forzado, los magos oportunistas siguen resonando en las redes anunciando estrellas salvadoras, posverdades irrebatibles, mientras los imbéciles, los ingenuos y los perversos de siempre caen en la reciclada miseria humana. Duro es entrar en la realidad de la cuaresma, pero más duro es continuar en el engaño, con el amargor de la realidad golpeándonos. Y así ha sido desde antes de las pirámides, repito.

El mundo y la vida humana se mueven entre ciclos litúrgicos e hipnosis políticas masivas, como las de Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Aquellos nos permiten soñar por un rato; estas nos condenan a décadas de tinieblas, frustraciones y propaganda mentirosa. Feliz y larga Navidad para mis amigos en Chile. Ho, ho, ho.

Y feliz Navidad para mis lectores a ambos lados de la frontera.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Vigía: septiembre, de primavera a otoño

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Mientras el adusto bombero neoyorquino tañía la campana en el aniversario del abatimiento de las Torres Gemelas, mi memoria voló rauda a septiembre de 1972, cuando, como aprendiz de periodista en Radio Manizales, bajo la tutela de Javier Giraldo Neira y las enseñanzas de Néstor Gardner, oíamos impactados y expectantes de qué manera 8 terroristas palestinos habían ingresado a la villa Olímpica en Múnich y secuestrado a la delegación israelita en sus habitaciones.

Múnich, Manhattan y El Callao

Todo terminaría mal 21 horas más tarde, cuando la operación Sinnenschein fracasó en su intento de rescate y 17 personas fueron asesinadas, entre ellas 11 atletas judíos, 5 terroristas y un policía alemán. Septiembre Negro, se llamó el grupo extremista palestino de este episodio y el noveno mes de nuestro calendario gregoriano, quedó impreso con letras de sangre. Los asesinos fueron cazados uno por uno por las fuerzas de seguridad israelita en la operación Cólera de Dios, que sirve de argumento de la película “Múnich”, dirigida por Steven Spielberg. “Se hizo justicia”, me chatea un buen amigo desde un kibutz.

Lo de Manhattan, casi 30 años después de lo de Múnich, cambió muchas cosas de nuestro mundo. La profunda herida en el orgullo nacional norteamericano aún ronda como fantasma cada 11 de septiembre, al tenor de la monódica lectura de nombres de seres humanos inocentes, sacrificados por fanáticos a un dios inclemente y sanguinario. Después de dos décadas y 6.4 billones de dólares gastados en la subsecuente guerra contra el terrorismo, el mundo sigue siendo un lugar inseguro y la incertidumbre ronda por las cuatro esquinas entreverado en pandemia, clima y sectarismos.

Por confluencias del destino, a las 04:00 horas de este mismo sábado 11, en el Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la base naval de El Callao, falleció alias “presidente Gonzalo”, la “Cuarta espada del comunismo”, profesor de filosofía y fundador de “Sendero luminoso”. Y es que, si los extremistas de Al Qaeda asesinaron en Nueva York tres mil ciudadanos en 102 minutos, Abimael Guzmán asesinó 30.000 peruanos, algunos dicen que fueron 70 mil, en poco más de una década, en los 80. Estaba próximo a cumplir 89 años, cumpliría 29 de su cadena perpetua y murió asfixiado en los efluvios pulmonares de su maoísmo. ¿Se hizo justicia?

Preocupan ahora los vínculos de varios ministros y funcionarios del nuevo presidente Castillo con esta banda narcoterrorista que, en mayo pasado, asesinó a 16 adultos y niños, como advertencia a los votantes por la Fujimori.

Nuevo terrorismo

En nuestro obituario revolucionario también septiembre tiene su historial, que sería largo enumerar. Baste mencionar en 1983 la toma de Cutufí, Apure, frontera con Colombia, por parte del ELN, banda que este mismo sábado 11, asesinó a 5 e hirió 6 soldados colombianos en Saravena, Arauca, frontera con Venezuela. No esperemos justicia.

En el 2021, hay un elemento nuevo que marca la diferencia entre Múnich, las Torres Gemelas y tantos otros eventos terroristas mayores ocurridos en esta calenda: las redes sociales. La razón por la que el terrorismo catastrófico del 9/11 no se ha repetido es porque otras tácticas, hasta ahora, han funcionado mejor, más rápido y mucho más barato”, dice Emerson T. Brookings de Digital Forensic Research Lab (DFRLab). La “caída de Kabul”, por ejemplo, no fue solo un asunto militar de barbudos misántropos y radicales con muchos muertos como se pronosticaba: las redes sociales jugaron un papel importante en esta nueva derrota septembrina del imperio norteamericano y están siendo una herramienta sustancial en el diseño del “nuevo proyecto islámico” talibán. Y no mencionamos tecnologías nuevas que están cambiando rápidamente no solo al mundo sino al mismo ser humano, tales como inteligencia artificial, algoritmos, realidad virtual amplificada, conexiones 6G, criptomonedas, etc., que hacen que las subametralladoras y los carros bomba parezcan artificios bélicos medievales, desafortunadamente aún activos y efectivos.

Volviendo a septiembre, queda para el registro que también el 11 de ese mes, en 1973, el mando militar bajo la dirección del general Augusto Pinochet, asaltó el poder en Santiago y reversó el avance comunista en Chile. Episodios de septiembre, mes asignado a Vulcano.

lunes, 2 de agosto de 2021

Se habla mucho, se acierta poco

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Todos, en algún momento de la vida, hablamos más de la cuenta, y cometemos errores de los cuales podemos arrepentirnos. Por ello, lo mejor es la prudencia en cada comentario que hacemos, no atacando al otro, ni descalificándolo, o juzgando sin necesidad, de ahí que se diga que la prudencia hace verdaderos sabios.

Pero las redes sociales han incrementado las salidas desfasadas de las personas, opiniones terribles, sin fundamento, agresivas, groseras que hacen ver lo peor y lo que pretenden demostrar del otro, genera, al contrario, una mala opinión de la persona que emite el comentario.

En días recientes leí en las redes un comentario de una señora que ejerce un cargo público y es secretaria de Cultura de un municipio del Atlántico. No digo su nombre ni el municipio donde presta el servicio, para no estigmatizarla, pero ella se dará cuenta la ofensa que disparó, del daño que hizo, y el dolor que género. En mi opinión excedió con su lenguaje el respeto por los demás y atacó de forma inusual al gremio de los músicos que representan a un grupo importante y valioso del país. Son ellos los que nos alegran la vida con sus letras, interpretaciones y ejecuciones, que nutren la cultura artística de Colombia, que dan la vida por el ritmo que representan y que, además, han sido, tal vez, el grupo humano que más ha sufrido por causa de la pandemia, al no poder estar en eventos, conciertos o pequeñas presentaciones, afectándose de una manera notoria su economía familiar.

Es, además, más grave que quien emitió esa opinión ejerza el cargo de secretaria de Cultura, agravante a su conducta porque no es una persona extraña a las expresiones artísticas, por el contrario, los representa, los debe proteger generando opciones de mejoramiento de las condiciones de vida y no a través de las redes descalificándolos y casi que expresando una amenaza soterrada contra ellos. Es lamentable que profesionales, personas que tienen familias y amigos se expresen así de los demás. En Colombia, no se puede permitir que las redes sirvan para expresar opiniones irreverentes y ofensivas que dañan a las personas, que afectan su dignidad y su honor.

La expresión textual que emitió la funcionaria pública dice así: “Estoy pensando que otra vida seguramente fui asesina serial de músicos y por eso he tenido tantos problemas con esos bichos en esta vida”.

Es terrible que se expresen así de las personas que trabajan dignamente por tener una buena calidad de vida, su actividad no debe generar violencia verbal y casi que con seguridad ella misma canta y baila la música de ellos.

Sería magnifico que la funcionaria de esta historia se disculpara, públicamente en la misma forma en que agredió al gremio de la música; sería lo más prudente, por lo menos reconocer el error y así aminorar el impacto negativo que generó en la mente de muchas personas, que convirtieron viral esa opinión.

Estoy convencido de que ella, es buena persona, que simplemente utilizando las redes se excedió, no calculó las consecuencias de su frase y quiso hacer algún tipo de chiste de mal gusto. Si fuera lo contrario, es decir, si quiso de frente ofender, no merece ser funcionaria pública, ni menos secretaria de Cultura.

Lo que debemos procurar, y esto sí es un mensaje para quienes contraten personas para un determinado cargo, es que cumplan con los requisitos para desempeñar la función, y que tengan sensibilidad y tacto para tratar a los demás. Es pues un mensaje de vida. Respeto por los demás y por ello, en este caso, dignificamos al músico y le damos valor a la música.

jueves, 13 de mayo de 2021

Vigía: indígenas, redes sociales y zozobra en Colombia

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda

Con 2,78 millones de colombianos descendidos a la pobreza extrema y 3,6 millones a la pobreza, como consecuencia inmediata de la pandemia del coronavirus chino, el plato está servido para los truculentos profetas, los falsos redentores y los sociópatas de siempre. Jóvenes, en su mayoría de la clase media, se han convertido en idiotas útiles de avezados propagandistas, agitadores no tan jóvenes y de hábiles manipuladores de redes sociales. Gracias a ellos, la emoción y no la razón está arruinando a Colombia, un país que durante más de sesenta años soportó el ataque de bandas de la izquierda extrema manteniendo su debilitada democracia, a pesar de todo.

Extranjeros y redes sociales

Ya lo señalaron 41 asociaciones de militares retirados quienes en un comunicado advirtieron: “rechazamos cualquier intervención extranjera, provenga de donde provenga, que, a través de redes sociales o medios cibernéticos, apoye las acciones de perturbación y desestabilización del país y difunda falsas informaciones para crear un ambiente internacional hostil al gobierno elegido democráticamente y a las fuerzas armadas legítimas y legales de Colombia”. 24 horas después de este pronunciamiento, Bogotá expulsó al primer secretario de la embajada de Cuba por actividades indebidas. Hace cuatro meses expulsó a dos espías rusos, el año pasado expulsó a varios agentes del Sebim y la Dgcim venezolanas, y también a miembros del G2 cubano. La presencia de activistas venezolanos en las células de terrorismo urbano es frecuente, según los informes policiales.

Si algo identifica la actual turbulencia colombiana, es la guerra cibernética y de medios, característica fundamental de una guerra de quinta generación. Mentiras convertidas en realidades a golpe de repetición, como lo recomendaba Goebbels y utilizando las redes sociales, tecnología que ha cambiado la alienación colectiva. La mamertería parasitaria de organismos internacionales, que no es poca, desinteresada en el destino de estos países accesorios a los intereses de las potencias, repite sin rubor los titulares de videos mentirosos y noticillas amañadas en documentos y declaraciones oficiales que crean matrices de opinión dañinas para el país.

La propia ONU, la OE, la Unión Europea, el Parlamento alemán, el New York Times y los matasietes de siempre como Vivanco, Borrel, Menchelon, Bachelet y otros, han desconocido ramplonamente a los patrulleros asesinados a cuchillo, de las instrucciones de “ofrecerles café con veneno” a los policías, del intento de quemarlos vivos en su cuartel. La simplificación bizca de lo que está en desarrollo, forma parte de la estrategia de desestabilización.

Como nunca, las redes y los medios han sido los protagonistas de la protesta de una sociedad agobiada por el desempleo y la pobreza, pero manipulada por una minoría violenta que logró venderle al mundo la imagen de un gobierno dictatorial y una policía masacradora de inocentes, algo muy alejado de la realidad.

La experiencia de Cali

El sitio y la toma de Cali, por parte de “mingas” indígenas y sus guardias paramilitares, además de células armadas del ELN y activistas extranjeros, es solo el ensayo de una táctica callejera de pequeños grupos sembrando la zozobra ante las miradas impotentes de policías y soldados, con sus armas inutilizadas por magistrados cómplices o jueces despistados, ausentes de la realidad.

Mientras los ciudadanos desesperados ven sus residencias, bienes y comercios vandalizados, caciques prevalidos de su “indigenismo” y con su característica tozudez, se movilizan en lujosas camionetas último modelo, blindadas y escoltados por congéneres armados. Tiranuelos coloridos llegados de feudos establecidos sobre los cultivos ilícitos de coca más grandes del mundo. Observadores anotan que la amenaza de fumigación de su negocio, es el verdadero motivo de sus desafueros.

Otro aspecto capital que señalan los militares y policías retirados en su comunicado es la advertencia de “graves riesgos de rechazo social violento por parte de la gran mayoría de ciudadanos cansados de tantos actos violentos absurdos que están causando desabastecimientos, crispación, aumento de la crisis pandémica y muertes”. Contra esas minorías que están arruinando la vida de millones, ya se ven asomos de reacciones comunitarias violentas que podrían terminar en una confrontación civil mayor, con consecuencias que pueden ser terribles y de largo aliento para toda la región.

Pero la izquierda no cede. Sus capataces, desde sus lujosos apartamentos y fincas, ven fracasar la retoma del poder que se inició con el asalto a las calles a finales del 19. Un año después y pandemia de por medio, en Chile no es claro que la izquierda vaya a obtener su constitución socialista; en Perú, la balanza se inclina fuertemente hacia la Fujimori; en Bolivia, el evismo perdió bases electorales en más provincias de las esperadas y en Ecuador no cuajó el regreso de Correa. Queda Colombia, la “joya de la corona”. El asedio a su sociedad y el ataque a sus fuerza militares, tiene que continuar so pena de un fatal ostracismo político del imbecilismo comunista, socialista.

lunes, 20 de enero de 2020

La tecnología al servicio de la comunidad


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El mundo gira y gira imperceptiblemente cada segundo y el hombre, cada día y cada noche, avanza. En 70 años la humanidad ha tenido logros como nunca en la historia, en investigación, educación, ciencia y tecnología, en medicina, etcétera. Es tan rápido y vertiginoso que si nos descuidamos un poco quedamos lejos de esos avances. Hoy la información, el conocimiento y el desarrollo para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos es cada día más avanzado y va en ocasiones en contravía de lo establecido, de los privilegios, de los monopolios. En general, podemos afirmar, que el modo tradicional de interactuar en la sociedad es totalmente diferente a como se hacía unos años atrás frente a lo que tenemos hoy, en 2020.

Quién se podría haber atrevido a vaticinar que los cambios surgidos por causa del celular, WhatsApp, chat y otras formas cambiaría la comunicación entre amigos y la familia, pasando de la conversación directa, mirándonos a los ojos, a la comunicación a distancia en la que no se alcanza a disfrutar lo que se vive en el instante por estar con la mente y el espíritu en otro lado. En muchos casos esto genera dependencia, aislamiento y por ende a la pérdida de contacto con los demás lo que ha llevado a que, en muchos lugares como restaurantes, conciertos, conferencias y teatros, se solicite apagar los equipos durante el tiempo que se esté en el lugar, para incitar a las personas a que palpen la realidad y compartan la conversación y el diálogo que origina lo que allí se vive.

Ahora bien, a pesar de lo anterior no podemos negar ni desconocer lo que los avances nos han ayudado en conocimiento, información, contactos y negocios. Nos podemos comunicar vía celular sin o con un mínimo costo con cualquier lugar del mundo, ahorrando en viajes y correos tradicionales, asegurando eficiencia y eficacia y logrando desarrollos para las empresas o para los emprendedores individuales. Ponernos a pensar en ello es una maravilla, no hay distancia que nos impida vernos, negociar y conocer lugares, no tenemos fronteras, ni cercas que nos detengan.

La tecnología irrumpió de tal forma que las empresas, para desarrollar su actividad en un país, no tiene que tener su domicilio social allí, ni pagar impuestos, ni siquiera conocer a sus trabajadores, lo cual genera serias dificultades, pero no por ello se debe rechazar.

Debemos ser entonces creativos para buscar solucionar los problemas, no generando otros. Me refiero a las aplicaciones que surgieron a través del internet como las de Rapi y Uber, y otras que hoy no están en el ojo del huracán. Siendo claro y preciso, me voy a referir al caso de Uber, que llegó a competir con el servicio de trasporte que usualmente prestaban los taxis y más que ellos las empresas que los agrupan. Su sistema brindó seguridad, confianza, atención y respeto al usuario y con ello se ganaron valoración por un lado y animadversión por el otro. Los taxistas paralizan el país para que la aplicación no opere y que ellos continúen siendo los reyes del trasporte, que continúe cobrándose inmensas cantidades de dinero por un cupo y que, entre otras cosas, no hay legislación sobre ese valor del cupo. En síntesis, que el monopolio del servicio se mantenga entre los que hoy lo prestan. No puedo demeritar a muchos honorables servidores que son conductores de taxis, buenas personas, trabajadores y honestos, y que hoy tienen el reconocimiento laboral, es decir están vinculados con todos los beneficios que otorga la ley, lo que hace 15 años no ocurría y que aún, en algunos lugares no se cumple. Pero se avanzó, se corrigieron abusos de los dueños de los vehículos y hoy tenemos conductores con mejores condiciones para prestar el servicio.

Por consiguiente, invito a que el gobierno estudie, analice y dé solución a esta forma de operar. Deben conversar con los propietarios de Uber para lograr que esta empresa se vincule a Colombia, no solo para obtener ganancias, si no pagando impuestos y buscando que sus trabajadores estén protegidos laboralmente, lo cual no impedirá que obtengan beneficios económicos, por cuanto el volumen en el servicio, ya legalizados, les puede generar mejores rendimientos.

Debemos tener la mente abierta, pensar distinto y vendrán las soluciones. La solución no es retirándose del país, invitamos al gobierno a buscar salidas y a Uber a ser receptivos y que contribuyan a la solución concertada.

domingo, 12 de enero de 2020

El instagramer


Por Andrés de Bedout Jaramillo

Andrés de Bedout Jaramillo
Desde hace como dos meses me propuse intentar aprender a entender y utilizar el Instagram para mandar mensajes a quienes me siguieran, contándoles lo que veía y sentía en mis recorridos caminando y en bicicleta.

Todavía no he podido entender varias cosas del funcionamiento de Instagram, me da brega ser corto en las grabaciones, me da brega hacer grabaciones bonitas, me da brega retransmitirlas, a veces no me suben, me hacen caer en cuenta que las personas escriben comentarios que se deben responder, en fin, en este mundo de los sistemas de información, las posibilidades son muchísimas, inclusive ya como que me acerco a los 300 seguidores, pero no sé cómo mirar esas mediciones, ni cómo aumentar mis seguidores, lo único que sé es que me entretengo mucho, dedicando un porcentaje del tiempo de mis recorridos, mostrando y contando, lo que veo, lo que se, lo que averiguo y lo que siento.

Aquí las cosas salen como quedan, no hay tiempo de libretos preparados, aquí la mente tiene que ser rápida, las ideas súper resumidas y no se puede perder tiempo en cuidar la imagen ni la voz; al fin y al cabo, uno está es haciendo ejercicio y se muestra en caliente. Alguien me dijo que tratara de reposar antes de autograbarme, para no salir agitado, he tratado de hacerlo, pero me enfrío para el ejercicio que estoy haciendo, pierdo mucho tiempo descansando, lo que hace que me demore más en los recorridos, recorridos que traen sorpresas, que se expresan, según el estado de ánimo que uno tenga, mejor dicho, esto lo obliga a uno hasta a manejar el estado de ánimo, que es bien cambiante, por lo menos el mío.

Otras personas me dicen que debo ser instagramer de todos los días, de todos los temas, mejor dicho, de exponer lo que me sucede todos los días en mensajes muy cortos, de segundos, lo que me obligaría a ser más arriesgado en mis relaciones interpersonales. Tocaría involucrar a otras personas y como esto es tan espontáneo no habría tiempo de preguntarles si quieren o no, es exponerse a que la gente comente. Pienso que lo voy a intentar, al fin y al cabo no estoy haciendo nada malo y me puede servir para atreverme a saludar a personas que conocí y no veo hace tiempo, a entablar una rápida conversación. Hoy andamos tan a la carrera, que no hay tiempo ni para saludar, no obligamos a nuestras mentes a recordar nombres y no nos atrevemos a que el viejo amigo que no vemos hace tiempo nos recuerde su nombre y menos a recordarles nuestro nombre.

Ser o por lo menos tratar de ser instagramer requiere de mucho olfato, de mucha velocidad, de mucha atención. Yo me estoy atreviendo a intentarlo, voy a seguir intentándolo, me sirve como terapia, me gusta cuando me encuentro a la gente, a los amigos, a los familiares y me comentan que me siguen o por lo menos que me han visto en el Instagram, inclusive los invito a que me sigan. Bajen Instagram mi sitio es @andresdebedout de pronto les gusta y me comentan para yo sentir la fuerza de ustedes para mejorar y continuar en este reto.

Esta historia se las cuento en este artículo que muy amablemente me publican en el blog de El Pensamiento al Aire en el que llevo más de un año escribiendo semanalmente y en el blog La Linterna Azul, donde llevo como dos meses, y me hace muy feliz que la gente me lea, pienso que envío mensajes que pueden ser útiles a otros, todo esto me hace sentir vivo, me hace sentir integrado y sirviendo todavía a la comunidad.

Que el Espíritu Santo me siga iluminando, en mi vida familiar, social y en mis intentos de bloguero e instagramer.

sábado, 4 de enero de 2020

Saludos desde El Pensamiento al Aire


Queremos invitarlos a ustedes, queridos lectores de nuestro blog, a que nos sigan en todas nuestras redes sociales, con el fin de que no se pierdan nada del contenido y las entrevistas exclusivas que prepara nuestro equipo para ustedes. Gracias a esto, podrán no sólo leer nuestras opiniones sino también participar, debatir e incluso entretenerse un buen rato.

El Pensamiento al Aire y todo su equipo, les desea un buen inicio de año y esperamos seguir contando con ustedes.

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