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martes, 24 de marzo de 2026

La autoestima de las naciones “Colombia Consciente”

María Cristina Isaza M.

María Cristina Isaza M.

Una tesis que da otra mirada, desde lo holístico, para entender por qué algunos países prosperan y otros se sabotean.

En semana santa de 2025 y enero del 2026, escribí bajo la idea de que Colombia es una nación herida, que debe aprender lecciones para sanar y que su historia particular hace que tengamos un clima emocional colectivo que hay que cuidar. Llegué a la conclusión de que este enfoque se queda corto, pues la lectura que hago de Colombia se puede aplicar a muchas otras naciones con historias de trauma, polarización y relatos de fracaso perpetuo. Países con recursos, talento dormido, riqueza geográfica, pero que parecen condenados a estancarse.

De hecho, todas las naciones tienen una “autoestima” al igual que una “autoconfianza”. Estas son claves para su desarrollo y la superación de desafíos, pues retos a mejorar tienen todas; ya que no se trata solo de progreso económico, también de progreso social y cultural

Así que me pregunté

¿Qué hace que una nación crea en sí misma o desconfíe de su propio potencial?

De ahí nace la autoestima de las naciones. Teniendo a Colombia como inspiración y laboratorio vivo de esta reflexión, pero reconociendo que la tesis es más amplia y no aplica a un solo lugar geográfico.

LA TESIS

Las naciones, al igual que las personas, tienen autoestima y autoconfianza; y esto ayuda a definir su destino.

Por practicidad englobo dentro del concepto autoestima colectiva (nuestra autovaloración, el amor por lo propio) a la autoconfianza colectiva (la confianza en nuestra capacidad de acción). Ambas dimensiones se entrelazan y lo que busco explicar en la práctica es que una nación con una autoestima colectiva sana se valora lo suficiente y tiene niveles de confianza, que le permiten construir y determinar un mejor futuro. El círculo virtuoso ocurre cuando ambas se activan y están alineadas: ¡valemos y podemos! Desde ahí se construyen naciones.

Colombia, en este momento, tiene déficit en las dos. Y no es la única.

LO QUE NO SE MIDE, PERO SE SIENTE

Estamos acostumbrados a analizar los países desde variables externas: crecimiento económico, instituciones, política pública, recursos. Todo eso importa, pero no explica todo: hay países con enormes recursos que no despegan. Y países sin grandes ventajas que logran prosperar.

¿Qué hay en el medio? Algo que no se mide fácilmente, pero que se siente en el ambiente: la forma en que una sociedad se percibe a sí misma.

La psicología lleva décadas estudiando lo que le ocurre a un individuo con baja autoestima: toma peores decisiones, no pone límites, se sabotea justo cuando está a punto de avanzar, elige lo que confirma su baja opinión de sí mismo. La autoestima es la base desde la que una persona actúa en el mundo. Ahora traslade ese mecanismo a una sociedad entera.

Cuando un colectivo comparte creencias negativas sobre sí mismo, como: “somos un país sin remedio”, “el vivo vive del bobo”, “esto es Colombia”; esas creencias no se quedan en el lenguaje. Se convierten en comportamientos, en votos a proyectos populistas, en tolerancia a la corrupción, en fuga de talento, en resignación, en falta de cultura ciudadana y del cuidado, en incapacidad de construir consensos comunes favorables y proyectos que duren más de un período de gobierno.

A eso le llamo autoestima colectiva: el conjunto de creencias, emociones y narrativas que una sociedad sostiene sobre sí misma, y que determinan, en gran medida, lo que esa sociedad es capaz de hacer, elegir y construir No es un concepto abstracto. Es medible en sus efectos: en los índices de confianza interpersonal, en los niveles de desesperanza, en la disposición a emprender, en lo que una sociedad celebra y en lo que castiga. En pocas palabras, es un estado emocional compartido que se refleja, entre otros, en las acciones y frases cotidianas de una comunidad.

¿DE DÓNDE PROVIENE ESTA TESIS?

Llevo más de 5 años analizando el panorama político y social, observando que los países se mueven por ideas y por emociones colectivas que se reflejan en patrones de voto, comportamiento y desarrollo. Si las sociedades se narran desde el fracaso, actúan desde el fracaso.

De ahí la importancia de la mentalidad y de cómo los individuos de una nación la entienden y se ven así mismos.

La psicología social lo ha estudiado hace décadas (la escala de Luhtanen y Crocker mide exactamente cómo las personas evalúan su pertenencia grupal). La psicología junguiana habla del inconsciente colectivo y los arquetipos que operan en naciones enteras. La epigenética muestra como los traumas históricos se transmiten intergeneracionalmente, dejando marcas en la “memoria corporal” de un pueblo. La escala de conciencia de David R. Hawkins aplica niveles vibratorios a campos colectivos: sociedades en culpa, miedo o resentimiento vibran bajo y se manipulan fácilmente; sociedades en valor, decisión o aceptación vibran alto y crean.

La realidad cotidiana lo confirma: Castigamos el brillo, sospechamos del éxito ajeno, externalizamos la responsabilidad. Eso no es casualidad. Es el síntoma de una autoestima colectiva golpeada y debilitada.

LA INVITACIÓN

Colombia es una paradoja: somos un pueblo cálido, amable, creativo, con una energía vital que enamora. Esa calidez, “buena vibra”,  “don de gentes”; además de la biodiversidad única, la creatividad infinita, el talento; coexiste con una narrativa dominante que nos mantiene en niveles bajos: “platanal”, “200 años de olvido”, “injusticia social”, “país de oligarcas y racistas”, “Colombia es muy bonita, pero la llenaron de colombianos”, “culpa de los españoles y los gringos”. No se pretende negar que hay retos, que hay corrupción, desigualdad, pero sí que hablemos de estos retos sobre data real. Colombia ha logrado grandes avances durante su historia y el continuar por una buena senda depende de un trabajo que nos implica a todos. Tenemos el alma para prosperar, pero una narrativa que nos frena. Debemos recordarnos y celebrar todo lo bueno que tenemos. Lo que para nosotros puede ser normal (la amabilidad), realmente es un gran activo que no es tan común en el mundo.

Somos un pueblo de alta vibración latente, pero vibramos bajo cuando nos narramos y entendemos desde las heridas.

Así que la invitación hoy es a que reconozcamos estas cualidades tan especiales que nos distinguen como pueblo, las potenciemos y “saquemos pecho”, para comenzar a elevar nuestra frecuencia colectiva. ¡Brillemos!

lunes, 9 de marzo de 2026

Una mujer y un hombre gay

María Cristina Isaza M.

María Cristina Isaza

¿Podría ser la fórmula que Colombia no sabía que necesitaba para ganar a la extrema izquierda?

Una mujer uribista fuerte + un hombre gay técnico y outsider: ¿podría ser la fórmula histórica que Colombia necesita para barrer con la dañina extrema izquierda en 2026? ¡Posiblemente sí! La dupla Paloma + Oviedo podría ser la más poderosa y unificadora de nuestra historia reciente

- La alta votación de Oviedo permitiría llegar a los votos de  centro, centroizquierda y jóvenes. Como dije en mi último artículo: “sin unión no hay paraíso”. Si no ampliamos espectro, perdemos. Oviedo trae esa luz al final del túnel para sumar votos que no son de derecha, los votos que si hay que buscar! porque aquí lo de menos es pelearnos por los votos de la derecha, pues tenemos claro que nos vamos fijo con el que haga contrapeso al “delfín de las FARC” (mota, cortesía de un amigo)

- Oviedo es un tipazo! Inteligente, con sentido del humor, bueno en esencia , auténtico; y lo más importante: un gran técnico, no ideologizado. Todo un “señor gay” que conecta sin caer en la agenda extrema woke.

- Otras dos cosas de Oviedo: es el “hijo de su mamá”. Esto conecta con muchos colombianos que somos hijos de madres cabeza de familia sin padre presente. Y tiene todo el perfil de outsider: figura no tradicional, sin maquinarias, es un técnico (y por cierto, uno muy bueno) no es político e hipotecó su casa para costear su campaña. Conecta con jóvenes y con los cansados de la política tradicional.

- “Periodicazo” a quienes pidieron el tarjetón de la consulta sólo para hacerlo anular. Eso es “vulgar” como diría la influencers francesa, Maleva. Se parecen a las formas que usan los petristas. Es indispensable mantener la altura.

- Me alegra que Enrique Gómez entrara al senado. Es un hombre con un conocimiento profundo del país, práctico, conoce el detalle, además promercado y desarrollo. Libertario y liberal clásico. Creo que hará un gran papel.

- Tener a las FARC fuera del Congreso es un respiro, una bocanada de aire fresco. Un Congreso más digno y menos curules para la extrema izquierda que destruye al país.

- El CD repunta con fuerza: segunda votación en Senado, primera en Cámara y su candidata gana la consulta. ¡Tripleta!

- Álvaro Uribe Vélez sigue demostrando su capacidad política y su gran poder elector. Sin duda,  ganador de la jornada  

- Impresionante lo de Daniel Briceño, más de 260.000 votos. ¡Estrella en ascenso! 

- Espero que todos los participantes a la gran consulta cumplan su palabra y se unan a la ganadora para trabajar en pro de su candidatura. Ese es el equipo que necesitamos: experiencia, unidad y ganas de salvar a Colombia del petrismo.

- Importante que esta gran consulta haya superado con creces: la votación que obtuvo Iván Cepeda en la consulta de la que salió electo y las votaciones de las consultas de la centro izquierda (Oviedo triplicó a Claudia López ) y la del camaleón Roy Barreras con el impresentable Daniel Quintero (este último se quemó con solo 40.000 votos)

- Indispensable la altura en la campaña. El camino es largo hasta el 31 de mayo. No desenfocarnos del objetivo: que Colombia no continúe en las garras destructoras de la extrema izquierda. Recordar que esto no es de personalismos, es alcanzar el objetivo. Aquí lo importante es generar el ambiente de unión, indispensable para la muy probable segunda vuelta que tendremos, donde deberemos sumar fuerzas.

lunes, 9 de febrero de 2026

Sin unión no hay paraíso

No son personalismos: es sobre el modelo de país. Los mínimos civilizatorios que requerimos.

María Cristina Isaza

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los expresidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.*

Colombia parece empeñada en repetir sus errores. Y lo más inquietante es la incapacidad del espectro político y ciudadano del centro a la derecha para entender la magnitud del momento histórico que vivimos.

El escenario que se está configurando para 2026 lo veo peligrosamente similar al de 2022: egos desbordados, ciudadanos comportándose como barras bravas defendiendo personas en lugar de modelos de país, fuego amigo (entre candidatos y entre equipos) y una profunda incapacidad para priorizar el modelo de país sobre las aspiraciones individuales.

La ironía brutal, es que mientras tanto, el proyecto de izquierda radical ha avanzado, disciplinado, cohesionado y con objetivos claros. (Aunque esa cohesión se fragmentará con la no participación de Cepeda en la consulta, inevitablemente se armará el bloque que rodee a Cepeda y el que apoye a Roy, quien en este panorama es el gran opcionado).

Las similitudes al 2022.

Fragmentados, otra vez:

Por un lado, un centro–centro izquierda que minimiza la amenaza y desprecia el riesgo sistémico, y por otro, un bloque del centro a la derecha fragmentado, ruidoso y más ocupado en atacarse que en construir una mayoría viable para ganar presidencia y tener un buen Congreso.

El resultado es predecible: dispersión del voto, una segunda vuelta favorable al continuismo que ya exacerbó la feria burocrática, que hizo la gran movida irresponsable y populista de un aumento desmedido del salario mínimo (sin importar las consecuencias para el empleo formal e inflación). Además, el candidato del continuismo goza de ser “suavizado” por algunos sectores, a pesar del peligro real que representan sus ideas para la economía de mercado y la democracia (apoyó todas las reformas nefastas de Petro, ve con buenos ojos a Cuba y la Venezuela del chavismo).

En 2022, Rodolfo Hernández logró capitalizar el hastío y pudo desligarse de la etiqueta de “derecha, establecimiento”. Hoy eso no es posible. Abelardo, quien se denomina como “anti establecimiento”, carga con símbolos, amistades, alianzas y estilos que le dificultan enormemente la ampliación hacia el centro y centro izquierda. Y en política, sin ampliación muy difícil la victoria. Le ayudaría buscar una alianza para Vicepresidencia con alguien del centro político. También parece que los candidatos del centro a la derecha (los de la consulta, Abelardo y demás) están concentrados en hablarle al votante de derecha, que es el que tiene más que claro que no quiere continuismo.

El “extremo centro” con su abstención moralista y la renuncia a su responsabilidad histórica.

Hay algo especialmente preocupante en el comportamiento del llamado “centro bien pensante” (también se comporta como un extremo). Ese sector que, ante la disyuntiva histórica, siempre opta por la “abstención moralista”, el voto en blanco o “irse a ver ballenas” antes que asumir una decisión incómoda; aunque lo que esté en juego sea el modelo político y económico.

Se repite el mismo patrón: se subestima la amenaza, se relativiza el daño y se acusa a quienes alertan de “extremistas que asustan con el comunismo”. Exactamente el mismo error que cometió buena parte de la élite intelectual venezolana en los primeros años del chavismo.

La historia es terca: los procesos autoritarios no llegan de golpe. Llegan paso a paso. Empiezan reformando la Constitución, debilitando contrapesos, capturando instituciones, destruyendo empresas estratégicas y normalizando el clientelismo.

Decir hoy que “esto no se volvió Venezuela” no es un argumento: es una negación peligrosa. Venezuela tampoco lo era en 1999 (solo hasta el segundo período de Chávez comenzaron las expropiaciones, en 2007 anunció el “socialismo del siglo XXI”, en 2009 se estableció la reelección indefinida, en 2012 comenzó crisis económica, social y política; en 2016 estalló la hiperinflación y comenzaron los éxodos masivos).

*Un proyecto que ya tiene el camino abonado*

El petrismo no está improvisando. Tiene estructura, tiene narrativa y tiene objetivos claros. Ya dieron el primer paso para una Asamblea Nacional Constituyente (ya pueden comenzar a recoger firmas). Ya han presionado al Banco de la República para que emita y aplique políticas no ortodoxas. Ya han promovido que debieran aplicarse controles de precios. Ya han debilitado a Ecopetrol, replicando el mismo libreto con el que Chávez destruyó PDVSA: expulsar técnicos, politizar la empresa y convertirla en fortín burocrático.

Colombia ha resistido, no por “lo bueno del Gobierno”, sino a pesar de él:

* Gracias a instituciones que aún se sostienen.

* A un empresariado resiliente que ha soportado ataques constantes.

* A condiciones macroeconómicas favorables.

* A instituciones que han hecho contrapeso como el Banco de la República, las Cortes y el Congreso (aunque el clientelismo y la corrupción hicieron mucha mella en el último)

*Aquí no es sobre personas, ¡es sobre el modelo!*

Este no es un debate entre nombres propios. Es un debate entre dos modelos de país: uno basado en la libertad de mercado, la institucionalidad y el progreso. El otro, basado en el estatismo, el clientelismo y la desconfianza hacia la empresa.

Un segundo mandato de irresponsabilidad económica y políticas anti empresa podría ser letal.

La elección que no estamos entendiendo

En este contexto, apostar todo a una segunda vuelta es un error estratégico grave: hay presión armada en múltiples territorios (aunque en este sentido nos sirvió la reunión con Trump, quien le puso reglas claras, y ya vimos que ordenó bombardeo al ELN), tienen el poder político, presupuesto… además no olvidemos la posible compra de votos y fraude electoral (en lo que pienso también nos pudo incidir positivamente la reunión con el presidente Trump). La mejor posibilidad real de frenar este proyecto es ganar en primera vuelta, o al menos llegar con una ventaja clara y una coalición sólida.

*Lo diré claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los ex presidentes Gaviria y Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.* Pero unos candidatos (por ejemplo Vicky), se dedicaron al “fuego amigo” a estigmatizar a Abelardo como de “extrema derecha” y a atacarlo constantemente. Por otro lado Fajardo y Abelardo se negaron a participar cuando ya fueron formalmente invitados : Fajardo aludiendo a que la consulta “polariza”, es de “extremos” y Abelardo porque “tiene un mandato popular y la consulta genera gastos innecesarios”. Lamentable…

Hoy podríamos pagar el costo de la falta de cohesión y de no entender el verdadero objetivo. A Venezuela le ha costado 26 años unirse. Ojalá, al menos en segunda vuelta, prime finalmente el país sobre los egos y se rodee al candidato que sea pro mercado, pro seguridad y no simpatizante de las dictaduras cubana y venezolana. Esos son los acuerdos mínimos fundamentales.

Hoy veo con preocupación que, de los candidatos de la gran consulta, solo Paloma ha sido directa en decir que apoyaría a Fajardo o a Abelardo en una eventual segunda vuelta sin el ganador de la consulta. Si estos dos candidatos hubieran sumado a la gran consulta, los demás participantes tendrían que rodearlos y se hubiera bajado un poco el ruido a los ataques y señalamientos que de nada nos sirven hoy. Eso es parte del encanto de este mecanismo.

*Algunas preguntas que deberíamos estar haciéndonos como país:*

¿Cuánto más habría crecido Colombia con un Gobierno comprometido con el progreso?

¿Cuánto hemos dejado de ganar por malas decisiones en el sector minero-energético, clave para la estabilidad fiscal?

¿Cuántos colombianos no han salido de la pobreza por la negligencia del actual gobierno?

lunes, 29 de septiembre de 2025

El costo del permisismo en la narrativa:

María Cristina Isaza M.
María Cristina Isaza M.

Cuando la corrección política mata la verdad

“La tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia” – Karl Popper

“Piedad por el culpable es traición al inocente” – Ayn Rand

La corrección política, presentada como virtud, se ha transformado en el mayor enemigo de la verdad y de la justicia. El permisismo frente a la narrativa woke (progresista), ha permitido que esta se instale casi como un dogma incuestionable, pues bajo la retahíla de dignidad, compasión, justicia social e inclusión (que da una falsa aura de superioridad moral y convierte cualquier desacuerdo en “intolerancia”) se ha conducido al borrado de la responsabilidad, se ha erosionado la meritocracia, distorsionado la justicia, fomentado el odio y se ha terminado por socavar la democracia.

Cuatro dolorosos hechos recientes lo confirman.

1. El asesinato de Miguel Uribe

A punta de corrección política se permitió que el discurso de los “progresistas” penetrara en la sociedad colombiana, incubando resentimiento, victimismo y división. Ideas que desestiman la meritocracia y glorifican el odio llegaron a todos los estamentos y consiguieron normalizar la deslegitimación del adversario. El resultado fue la elección de un gobierno movido por rencores, cuyo presidente, en vez de cumplir su deber constitucional de mantener la unidad, la incendia día tras día desde tarima y redes sociales, hasta llamar a la “guerra o muerte”. Pocos días después, un candidato presidencial fue víctima de un atentado mortal.

2. El asesinato de Irina Zarutska

El progresismo se ha vuelto cómplice de la criminalidad: más compasión por el delincuente que por la víctima. Se multiplican las “segundas, terceras y hasta catorceavas oportunidades” para criminales, mientras el castigo por el acto en sí desaparece. El robo ya no es robo, depende de “quién” lo comete y bajo qué circunstancias. La consecuencia del relativismo es una justicia débil que no aparta a los criminales de la sociedad y, por ende, más víctimas inocentes.

3. El asesinato de Charlie Kirk

Gran orador, brillante en el debate y capaz de desmontar las incoherencias de la izquierda woke. No pudieron vencerlo en argumentos y lo silenciaron a la fuerza. Su asesinato expone la verdadera cara de muchos de quienes se autoproclaman “tolerantes”: celebran la violencia cuando se ejerce contra quienes piensan distinto. Siempre advertí que el progresismo es más peligroso que el populismo: mientras el populismo puede mantener algún grado de coherencia y pragamatismo, el progresismo es irracionalidad pura, sostenida en fantasías (al igual que el comunismo), resentimientos y promesas imposibles.

4. El fraude del ministro de “igualdad”

Lo advertimos: sembrar histeria en torno al género, la auto-percepción y los pronombres terminaría volviéndose contra las mujeres, pues fácilmente la identidad performativa puede convertirse en estrategia política. Vimos como el ministro Florián se escudó en identificaciones “no binarias” para reclamar cuotas de género que correspondían a mujeres. Las mismas feministas y los “aliados” que han promovido términos como “personas menstruantes” (borrándonos de un plumazo a las mujeres), que escriben “lxs o elles” para ser “inclusivxs”, no patriarcales y que han aplaudido la confusión de los límites biológicos, hoy ven cómo nos arrebatan los derechos que pretendían defender, usando sus propios argumentos. El progresismo no libera, destruye.

Algunas conclusiones

El abuso de palabras como “nazi”, “fascista”, “racista”, “misógino” y otras, ha vaciado estos conceptos de sentido, y peor aún, el resultado de clasificar todo como odio y de usarlas tan olímpicamente, ha sido todo lo contrario: incubar el odio real, pues se socavó el debate y la discusión basada en hechos y datos… entonces si alguien dice que una mujer trans, no es mujer… ¡intolerante, claro que es mujer!, fin de la discusión, porque con “intolerantes” no discuto. Además, si eres “nazi”, puedo justificar el matarte.

Por otro lado, cuando se relativiza un crimen por la identidad del criminal o su historia de vida y no se juzga el acto en sí, se entierra la igualdad ante la ley. Cuando en Estados Unidos se vuelve “incorrecto” perseguir a los ladrones de tiendas, lo que se fomenta no es la equidad, ni la justicia sino más crimen y una pérdida completa de valores. Y cuando se persigue el debate con acusaciones morales en lugar de argumentos, lo que emerge es la reacción contraria: misoginia, racismo y rechazo a las minorías.

Todos estos casos muestran que confundir compasión e inclusión con permisividad y relativismo solo infantilizan y debilitan a la sociedad.

Con decepción veo que muchos de los mismos promotores de este delirio, son críticos de sus consecuencias y buscan remediarlo a su manera, mientras siguen considerando, por ejemplo, en el caso colombiano, que un partido como el CD es de “extrema derecha”, cuando fue el partido que advirtió constantemente del desastre que se avecinaba, que ha sido coherente en su oposición y que ha defendido nuestra democracia de los ataques del Gobierno actual. Algunos pretenden marginarlo, mientras ellos, los “políticamente correctos”, siguen creyendo en su superioridad moral e intelectual y son incapaces de reconocer sus errores sobre como ese discurso que promovieron, ha traído consecuencias nefastas en la sociedad.

La corrección política no está creando sociedades más justas, sino sociedades hartas, resentidas y dispuestas a girar hacia extremos (extremos reales). Ese es el precio del permisismo y de silenciar el debate: exacerbar el mismo monstruo que se dice combatir.

Los ciudadanos no podemos seguir siendo espectadores pasivos. Si permitimos que la corrección política defina la justicia, la moral y el debate público, terminaremos viviendo en sociedades donde la verdad y el orden son castigados y la mentira premiada. Perderemos libertades y la brújula moral y ética, al no distinguir el bien del mal.

Es hora de recuperar el valor de la palabra clara, de exigir justicia que castigue al crimen sin relativismos, de defender la meritocracia y de no dejar que nos arrebaten la democracia disfrazando la censura de tolerancia. La responsabilidad es nuestra: o hablamos hoy con firmeza y defendemos la verdad, o mañana no tendremos derecho a hablar y seguiremos gobernados por la mentira, mientras se imponen extremos reales que pretenda devolvernos a épocas donde la misoginia, el racismo y la homofobia reinen.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Modelo educativo Raíces y alas

María Cristina Isaza
María Cristina Isaza

Una propuesta para recuperar la brújula del país y crear el “Colombian Dream”

Colombia atraviesa un punto de quiebre. La inseguridad aumenta, la corrupción se normaliza y la desesperanza se extiende (8 de cada 10 jóvenes sueñan con emigrar, en vez de soñar con el “Colombian Dream”). Pero más allá de las cifras de homicidios, pobreza o desempleo, el verdadero problema es más profundo: hemos perdido la brújula moral y ética que orienta a las sociedades prósperas.

Sin esa brújula, nos quedamos atrapados en un círculo vicioso: corrupción tolerada, violencia justificada, victimismo como excusa y facilismo como aspiración. Y mientras tanto, seguimos esperando que aparezca un líder mesiánico que resuelva lo que solo puede cambiarse si los colombianos decidimos asumir nuestra responsabilidad.

La salida no está en un nuevo caudillo ni en más programas asistencialistas. Está en una revolución educativa y cultural que forme ciudadanos responsables, con propósito y preparados para el mundo que vivimos. Una transformación que combine tres ejes:1. Educación basada en ética y valores (como los promovidos por la filosofía estoica). 2. Educación en el ser y su propósito y 3. Competencias para la cuarta revolución industrial. De esto se trata Raíces y alas.

Cultura ciudadana y cultura del cuidado

No hay prosperidad posible sin cultura ciudadana. Países donde la gente respeta la fila, cuida el espacio público, cumple las normas y rechaza la trampa son países que progresan más allá de sus recursos. La verdadera riqueza no está solo en el subsuelo, sino en la manera en que nos comportamos los unos con los otros.

En Colombia necesitamos rescatar esa cultura ciudadana: entender que el bien común empieza en las pequeñas decisiones diarias, que el respeto a la norma es la base de la confianza social y que la convivencia exige responsabilidad individual y corresponsabilidad.

Junto a ella, urge promover una cultura del cuidado. Cuidar de uno mismo (salud física y mental), de los demás (familia, comunidad) y de lo común (espacio público, instituciones, recursos naturales). No se trata de ambientalismo extremo ni de moralismos, sino de responsabilidad práctica: aprovechar nuestras riquezas naturales con buenas prácticas (explotación responsable, desarrollo regenerativo para cumplir los sueños de Colombia), proteger el orden urbano, respetar la autoridad legítima y valorar el tejido social como patrimonio.

El aporte del estoicismo: disciplina y carácter

El estoicismo enseña que no podemos controlar todo lo que ocurre, pero sí cómo respondemos. Para un país acostumbrado a culpar al Estado o al pasado, este mensaje es crucial: ¡la transformación empieza en el contenido del carácter individual y depende de nosotros hoy!

Necesitamos volver a enseñar valores estoicos como:

* Responsabilidad personal y corresponsabilidad: cada acción tiene consecuencias, pensar en el impacto en el entorno.

* Disciplina: no hay libertad sin orden y esfuerzo sostenido.

* Autocontrol: dominar impulsos y ser honestos en la toma de decisiones.

* Justicia y deber: respetar la ley, cumplir la palabra, entender que el bien común está por encima de la conveniencia personal.

* Resiliencia positiva: no resignarse al dolor, sino aprender de él y usarlo para crecer.

Cultivar la virtud desde la primera infancia, ya que los niños sientan las bases de su carácter y valores desde sus primeros años de vida. Es importante formar ciudadanos fuertes, menos manipulables y más conscientes de su rol en la sociedad. La enseñanza de la ética, los valores morales y el buen comportamiento social, deben volver a ser eje transversal en la educación.

Educación en el ser

La falta de sentido vital y propósito colectivo es una de las grandes enfermedades de hoy: padres excesivamente alcahuetas, permisivos e indulgentes que no enseñan de límites, constancia, responsabilidad, deberes, etcétera, derivan en jóvenes sin propósito que terminan atrapados en drogas, ideologías divisivas (woke), problemas de salud mental o la apatía. Una educación transformadora no solo transmite información: ayuda a los niños a descubrir que su vida tiene un sentido y un valor único. También a descubrir sus dones, lo que les da un propósito personal y de servicio positivo en la sociedad.

Hablamos de forma práctica: gratitud, autoconocimiento, servicio, reconocimiento de la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Un joven con un fuerte sentido de identidad y con raíces firmes cimentado en valores positivos no necesita la aprobación de las bandas delicuenciales del barrio, ni cae en la trampa del populismo. Su brújula interior lo hace más fuerte que cualquier ideología de moda. Jóvenes creativos con autoconocimiento y conectados con su centro (con equilibrio emocional), tienen más carácter, confianza y autoestima. Además, son más flexibles y resilientes, cualidades necesarias en un mundo que cada vez cambiará a mayor velocidad, lo cual exige constante “reinvención”.

Preparar para la cuarta revolución industrial

Mientras el mundo se transforma a toda velocidad, la educación colombiana sigue anclada en paradigmas del pasado. Nuestros jóvenes deben prepararse para un entorno de inteligencia artificial, automatización y competencia global. Eso exige enseñar:

* Pensamiento crítico, comprensión lectora y análisis racional, para distinguir hechos de propaganda.

* Competencias digitales y éticas, para usar la tecnología como herramienta y no como dependencia.

* Creatividad y emprendimiento, para generar riqueza en lugar de esperar subsidios.

* Habilidades blandas: comunicación, liderazgo, trabajo en equipo (colaborar), adaptabilidad (importantísima para un mundo que cada vez cambia más rápido).

* Meritocracia y cooperación, donde el éxito se mida por esfuerzo y talento.

* Bilingüismo

La revolución educativa debe unir valores y competencias: carácter firme con habilidades modernas.

Lecciones de otros países

No estamos condenados al atraso. Países que enfrentaron crisis más graves lograron transformarse.

* Corea del Sur: más pobre que Colombia en los años 50, apostó por la educación rigurosa y la cultura del esfuerzo. Hoy es potencia tecnológica.

* Singapur: sin recursos naturales, construyó una sociedad próspera con civismo, bilingüismo y meritocracia.

* Estonia: tras la independencia soviética, apostó por lo digital y la formación ciudadana. Hoy es líder mundial en gobierno electrónico y educación.

* Alemania: del colapso total en 1945 pasó al “milagro alemán” gracias a disciplina, formación técnica y memoria responsable.

En todos los casos, la clave fue la misma: formar ciudadanos responsables, disciplinados y preparados para el futuro.

Resultados esperados

Una revolución educativa y cultural de este tipo tendría resultados concretos en la vida de los colombianos:

Salud mental y bienestar: menos depresión, ansiedad y consumo de drogas en adolescentes. Mayor autoestima, propósito y resiliencia positiva.

Convivencia y cultura ciudadana: reducción del bullying y violencia escolar. Jóvenes más cooperativos y conscientes de su papel ciudadano.

Educación y rendimiento académico: mejores resultados en Pruebas Saber y PISA. Menor deserción escolar. Más acceso a educación técnica y superior.

Seguridad y prevención: menos reclutamiento, disminución del microtráfico y mayor rechazo a la ilegalidad. Nuevos referentes positivos para jóvenes.

Superación pobreza: más emprendimientos juveniles, habilidades para la cuarta revolución industrial, inserción laboral más rápida y efectiva.

Cohesión y amor por Colombia: más jóvenes dispuestos a construir su futuro aquí.

Una política de Estado, no de Gobierno

Esta transformación no puede depender del partido de turno. Debe convertirse en política de Estado: sostenida, blindada y de largo plazo. Corea, Singapur y Estonia lo lograron porque hubo consensos básicos sobre educación, cultura ciudadana y preparación tecnológica.

Colombia necesita un pacto mínimo: educar en valores, propósito y competencias modernas. Ese debe ser el legado de cualquier presidente que asuma en 2026, más allá de colores políticos.

El llamado

Tenemos talento, recursos y ubicación estratégica. Nos falta carácter colectivo. Este se forma con valores, fortalecimiento del ser (propósito, ¿para qué?) y educación pertinente.

Raíces y alas no es un programa más: hablamos de la condición para que Colombia sea cívica, segura, innovadora, justa y próspera. La verdadera libertad solo es posible con orden, responsabilidad y ciudadanos con propósito.

La gran revolución educativa, nos devolverá la brújula moral, sembrará ciudadanos que no toleren la corrupción ni los populismos. Debe ser un pacto nacional adoptado en 2026, pues Colombia no aguanta más improvisación y división. Necesitamos un norte común claro.

Recuperemos nuestra brújula moral, eduquemos con pertinencia y hagamos de la cultura ciudadana y del cuidado un motor transformador.

martes, 24 de junio de 2025

No es momento de recriminar, es momento de sumar conciencias

Cristina Isaza
Cristina Isaza

Columna para un país que despierta

Este domingo miles de colombianos salimos a las calles para rechazar el atentado contra el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, rechazar la ola de violencia que ha vivido el país durante esta semana y, además, para solidarizarnos con las víctimas, tanto civiles como de la fuerza pública, alcanzadas por la violencia terrorista.

También fue un acto simbólico en el que expresamos nuestra preocupación por la salud de la democracia y la libertad de nuestro país, puestas en jaque por los terroristas, y por el propio presidente, quien pretende pasar por encima de la Constitución. Muchos de esos colombianos que se sumaron a las marchas, apoyaron al presidente Petro, pero hoy están expresando su decepción, su indignación o su desconcierto. Algunos lo hacen en voz baja. Otros ya se atreven a alzarla públicamente. Lo hacen con dolor, porque se sienten engañados, porque creyeron en algo que no fue.

Y es aquí donde, quienes advertimos el peligro y sabíamos que un Gobierno Petro era un “salto al vacío” para nuestra tradición republicana, debemos tener altura. No caigamos en la tentación de decir: “te lo advertí”, “ahora sí te diste cuenta”, “ingenuo”, etcétera.

Ese tipo de frases no construyen, por el contrario, alejan y dividen. Alimentan el ego, pero debilitan el propósito común: defender la democracia.

Tampoco se trata de desconocer los malos precedentes que sembramos y que como sociedad hemos tolerado, como el desconocimiento del resultado del plebiscito en 2016 y los innumerables acuerdos de paz, cada vez cargados de mayor impunidad. Hay que aprender de los errores cometidos, pero para avanzar.

Por eso les digo: no es momento de recriminar, es momento de sumar. ¡Está en juego nuestro país!

Hoy no es momento de revanchismos, sino de madurez, pues más que nunca Colombia necesita unión entre quienes, vengan de donde vengan, compartimos un mismo propósito: defender la democracia, el Estado de derecho y las instituciones. Ya no más división. Recordemos cómo nos unimos alrededor de propósitos en el año 2002 con el liderazgo del presidente Álvaro Uribe Vélez. Seguir dividiendo sería imitar el ejemplo de Santos cuando nos clasificó entre “amigos” y “enemigos” de la paz o replicar lo que lleva haciendo Petro y su proyecto político, ahondando en el resentimiento y en el odio de clases, géneros, razas, etcétera.

No importa si antes pensaron distinto y votaron diferente. Si hoy despertaron y defienden la libertad, el orden, la verdad y el respeto a la Constitución, son aliados. Y deben ser escuchados, respetados e integrados: atraerlos con argumentos hacia unas ideas prácticas, fundamentadas en el sentido común, los hechos y los datos; las cuales no suenan tan bonitas como las pintadas por ideologías utópicas, pero llevan a mejor puerto. Debemos articular redes ciudadanas que integren a los “nuevos conscientes”, visibilizar una narrativa positiva y encontrar unos puntos mínimos que nos unan en torno a una visión conjunta de la Colombia que queremos.

Hoy, quienes despiertan del hechizo populista no deben encontrar burlas y recriminaciones violentas, sino brazos abiertos y respeto por reconocer el error, además porque con frecuencia, los conversos terminan siendo los mejores difusores de los desaciertos de las políticas totalitarias. Cuando está en riesgo lo esencial, las diferencias políticas pueden posponerse.

La historia está llena de personas que rectificaron a tiempo, de ciudadanos que cambiaron de opinión con valentía, de líderes que pasaron de la ingenuidad a la conciencia. Ejemplos de ello son: George Orwell, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, André Gide, Thomas Sowell, entre muchos otros casos.

La reconstrucción y la transformación positiva de Colombia no se hará desde la venganza ni la humillación. Se hará desde el sentido común, la generosidad estratégica y la conciencia del peligro que enfrentamos.

Hoy debemos enfrentar unidos el peligro que representa el proyecto autoritario que quiere normalizar el caos, destruir los contrapesos, perseguir a los jueces, callar a la prensa, ahogar a las empresas, destruir el sistema de salud, desmoralizar la fuerza pública y dejar al país en manos de los violentos… pues si no se hace lo que el presidente quiere… entonces “guerra a muerte”.

Hoy no se trata de tener razón. Se trata de no perder la República. Porque defender la democracia no es ser de “izquierda”, de “centro”, ni de “derecha”, es ser un humano consciente y responsable.

Hoy celebro esta Marcha del Silencio y el hecho de que el país se una en torno a causas comunes no partidistas. Unidos contra la violencia y el totalitarismo, no los unos contra los otros.

Gracias Miguel por unir a un país herido, por darnos esperanza, por hacernos “pellizcar” en medio del letargo.

Y aprovecho para recordar a tu madre, la valiente Diana Turbay, quien fue enfática en no sacrificar el futuro del país y ceder a la presión narcoterrorista por su liberación.

viernes, 18 de octubre de 2024

El modelo democrático está en crisis

María Cristina Isaza
María Cristina Isaza

Repensando el sistema, democracia tecnócrata,

Creo que, si hubo alguien con una visión aguda y realista sobre el sistema democrático, fue Winston Churchill quien nos dejó reflexiones profundas, como:

“La democracia es el peor sistema de gobierno, excepto por todos los demás que se han inventado”.

“El mejor argumento contra la democracia, es una conversación de 5 minutos con el votante promedio”.

“En una democracia, la gente obtiene el gobierno que se merece”.

Los tiempos cambian y lo necio, sería no movernos al ritmo del cambio. La crisis de las democracias es mundial, no se escapan ni las más estables, como las de los países europeos o la de Los Estados Unidos.

En la democracia más estable de Latinoamérica, Colombia, también vivimos esta crisis: hoy gobierna un presidente que militó en la guerrilla, que además desestabilizó de manera violenta al país para promover su discurso de división y “antisistema”, movió la “línea ética” durante su campaña, y mientras gobierna, socava las instituciones democráticas y llama a sus seguidores a la calle.

Causas de la crisis democrática actual

* Los cambios acelerados que vivimos en los últimos años: al igual que la Revolución Industrial trajo grandes cambios en los sistemas políticos, y durante esta, se expandió el sistema democrático y los derechos políticos de las personas; hoy que vivimos la cuarta revolución industrial, con cambios dramáticamente más acelerados; con mayor razón que se necesita de un sistema político que se adapte a estas nuevas realidades.

* El auge de los populismos (el populismo, es tanto causa, como consecuencia de la crisis).

* La proliferación de fake news.

* La saturación de información y electores cada vez menos informados, más manipulables.

* El mal entendimiento de la participación ciudadana, con la proliferación de movimientos ampliamente financiados por “maestros titiriteros”, que venden narrativas de caos, desesperanza, división y miedo, para desestabilizar democracias y “pescar en río revuelto” o aplicar experimentos de ingeniería social, como lo sucedido en Chile y Colombia con los “estallidos”. Un ejemplo de gran maestro titiritero es George Soros con su Open Society.

* La ideologización y falta de independencia en los medios de comunicación.

* El entendimiento del Estado, como un solucionador de problemas de la vida cotidiana de los ciudadanos.

* La falta de soluciones reales a problemas estructurales.

* La falta de legitimidad de partidos y políticos que responden a intereses particulares.

* Unas sociedades facilistas e infantilizadas, llenas de “emperadorcitos” que creen que merecen todo solo por existir y piensan más en derechos que en deberes.

* El dejar de velar por temas fundamentales como seguridad, libertad, desarrollo económico (que afectan a la mayoría) por atender temas de nichos, por los réditos políticos y la moda (la tiranía de las minorías)

* El actual desprecio a la meritocracia, a la responsabilidad individual y al talento (fenómenos como Bad Bunny).

* El adoctrinamiento político progresista, en todas las esferas, que denota carencia de pensamiento crítico y sentido común. Este, además, promueve en exceso la indignación como medio de presión.

* Decisiones gubernamentales, tomadas desde la ideología: más que evidente hoy en nuestro país. También en gobiernos y corporaciones de otros países, donde se han tomado una serie de malas decisiones por falta de pragmatismo y seguir una agenda progresista.

* La crisis de valores en occidente que socavan algunos de los valores fundamentales de la democracia, como: la seguridad y el orden (tanto físico, como jurídico), la libertad responsable y la igualdad ante la ley (lo recalco, al apelar al pensamiento de Nietzsche de que el ser humano no es naturalmente igual).

* El socavamiento de las instituciones democráticas desde adentro.

* El clientelismo: que favorece a unos pocos sobre el bienestar de la mayoría.

Necesitamos más capitalismo consciente.

Coincidiendo con los planteamientos de Churchill frente a la democracia, pienso que la respuesta hoy es fortalecerla y pasar a un modelo democrático de avanzada, en el que haría una fusión entre el modelo de elección democrático y el modelo tecnocrático, una “democracia tecnócrata”, en la que confluyan: la elección popular, los datos y la evidencia, los técnicos preparados, y el uso herramientas tecnológicas y de innovación (IA, IoT, Block Chain, etcétera.)

Algunas generalidades de la “democracia tecnócrata”

* El uso de tecnología facilita la participación ciudadana en los procesos de gobernanza. Se pueden hacer consultas más frecuentes sobre temas de gran impacto para el país, como reformas estructurales.

* Uso de la innovación y la tecnología para la eficiencia en los procesos.

* Resolver problemas estructurales del país como inseguridad y superación de pobreza.

* Favorece el desarrollo de un sistema económico de libre mercado proclive al arribo de inversión, en el que florezca el desarrollo sostenible, la superación de pobreza, que permita a los individuos prosperar (promueve la iniciativa y creatividad de la gente) y en el que se garanticen los derechos de propiedad, la flexibilidad laboral, el acceso de financiamiento (en el caso particular de Colombia, comenzando por revivir a una moribunda bolsa de valores, para que las empresas se financien directamente de los ciudadanos, la verdadera democratización de la riqueza), etcétera.

* Menos ideología e intereses particulares y políticos. Más evidencia, datos y hechos para la toma de decisiones en pro de la mayoría.

* Promover educación de calidad en las áreas demandadas por el mercado, ajustada en tiempos, facilidad de acceso con herramientas tecnológicas. Habilidades tanto duras como blandas, especial énfasis en razonamiento crítico, análisis racional, habilidades de comunicación, comprensión lectora, idiomas, valores y cívica.

* Este sistema ayuda a disminuir notablemente la burocracia, para tener un Estado más pequeño y austero. A su vez, esto se traduce en menos corrupción.

* Para la implementación de este modelo, es deseable y completamente compatible un sistema descentralizado con autonomía de las regiones, pues la concentración de poder es inmanejable y así se acerca el poder al ciudadano, siendo más acertadas las decisiones locales que se tomen, las inversiones que se hagan y se facilita el control ciudadano con la formación de veedurías independientes que vigilen el uso correcto de recursos (Controlar la corrupción).

* Se necesita fortalecer sistemas de transparencia y rendición de cuentas.

* Crear comités de expertos independientes, como la CREG (Sería de gran ayuda que existiera un comité de estas calidades por ej. para la definición anual de la UPC y tendríamos menos dolores de cabeza con la desfinanciación del sistema de salud).

* Mejores sistemas para la detección de fakes y montajes.

* Modernizar el sistema judicial, para disminuir niveles de impunidad.

* Uso de herramientas tecnológicas para combatir delincuencia.

* La privacidad del ciudadano y cuidar de su libertad, debe ser el propósito #1.

* Con ejercicios juiciosos de prospectiva, promover la construcción de “acuerdos fundamentales” de largo plazo, con una visión conjunta de país y así entrar en un ciclo de “mejora continua”. En el caso de Colombia, tenemos la imperante necesidad de superar más de una década de estancamiento económico, donde el PIB per cápita se mantiene en los 6.500USD aproximadamente.

* Países de inspiración: Estonia, Suiza y Corea del Sur.

Estas son “pinceladas” del modelo que pienso puede ayudar a superar la crisis democrática actual. Es un tema tan complejo y profundo, que no se abarca en unas pocas palabras de un artículo, pero esbocé las principales consideraciones. ¡Espero sus comentarios!

Pd: Ante las últimas declaraciones del presidente Petro, las regiones deben prepararse para un eventual intento de autogolpe, en el que el mismo presidente sea quien siembre el caos en el país.

Se necesita una red de cooperación entre los diferentes gobernadores y alcaldes para actuar conjunta y ordenadamente, y es indispensable tener un marco jurídico de acción. Además, contar con el compromiso y lealtad de la fuerza pública y de las cortes para la defensa de la Constitución y de que prevalezca el orden.

Pienso que estamos en alerta naranja, mejor ser precavidos.

jueves, 1 de agosto de 2024

Lecciones de Venezuela

María Cristina Isaza
María Cristina Isaza

Lo primero, es que para muchos de nosotros era esperado todo lo que sucede: que ganara Edmundo y que Maduro cometiera fraude y no reconociera el resultado.

Yo solo espero que en Colombia no tengamos que trasegar por 25 años de socialismo. Para esto, veo 10 puntos claves, 10 lecciones que nos da el país hermano.

Ñapa: ¡constituyente! Esta fue la llave para implementar legalmente el desastre en Venezuela. En Colombia debemos estar alertas con los aires de constituyentes por parte del Gobierno Petro.

1. En mi concepto, la más importante: oposición desunida. Si en algo nos debemos concentrar hoy es en que, por medio del mecanismo de consultas, se escoja a un candidato único de centro derecha y derecha para presidenciales 2026. Los empresarios que apoyan a políticos y demás personajes con deseo de aspirar, el único mensaje que deberían enviarles es que apoyan a los que se unan en un gran frente para elegir a un candidato único. No dar alas y recursos a deseos individualistas.

2. Una fuerza pública corrupta al servicio del tirano y no de la constitución y el pueblo. No podemos permitir que esto nos pase en Colombia, de ahí la importancia de campañas y acciones dirigidas a que la fuerza pública respalde la Constitución y defienda a los colombianos del terrorismo y hampa. ¡La ciudadanía y su fuerza pública unidos!

3. Estar esperando que actúe la comunidad internacional y no empoderarse la ciudadanía para terminar con el tirano. Necesitamos una ciudadanía consciente, activa, que “evangelice” y se movilice, por esta razón es necesario fortalecer el activismo ciudadano en pro de la libertad. Otro factor, la indiferencia de muchos que abandonaron el país sin “dar la pelea” o se “atornillaron” al régimen por conveniencia.

4. Los millones de conciencias compradas con subsidios: se traducen en personas incapaces de defender la libertad, porque son esclavos y siervos de una limosna estatal.

5. El fortalecimiento de los colectivos chavistas. Es urgente organizar la defensa de nuestros territorios y barrios de los grupos al margen de la ley y primeras líneas.

6. Gobiernos locales entregados al régimen. Por eso en Colombia es tan importante respaldar a nuestros mandatarios locales (gobernadores y alcaldes) que claramente están apartados de las políticas nefastas de Petro.

7. Permitir que el Gobierno tuviera acceso a más poder y recursos, además de la destrucción del tejido empresarial (en Colombia se traduce, permitir que pasen reformas como la de pensiones que da recursos al Gobierno, que el Gobierno acceda a burocracia y recursos por medio del sistema de salud y que pasen una reforma laboral antiempresa).

8. Un sistema judicial cooptado. En Colombia debemos rodear a las altas cortes, que han sido un muro de contención y estar atentos a lo que sucede en estos organismos.

9. La falta de medios de comunicación imparciales y opositores. Debemos apoyar a nuestros medios de comunicación y fortalecerlos.

10. La falta de veedurías y control ciudadano. Una ciudadanía responsable, vigilando el uso de los recursos de todos y denunciando irregularidades, como el exitoso caso de la veeduría ciudadana Todos por Medellín.

La corrupción es el principal medio por el que los tiranos extienden sus tentáculos. Es imprescindible la denuncia ciudadana y aplicar la “sanción social” a todos los que se dejen comprar (por ejemplo, congresistas en el caso de Olmedo López).

martes, 23 de julio de 2024

Por qué deberían apoyar la reestructuración

María Cristina Isaza
María Cristina Isaza

Palabras dirigidas a los colectivos feministas sobre la Secretaría de la Mujer

¿Sabían que, durante siglos, las mujeres hemos sido las encargadas de sanar y cuidar de la salud en nuestras comunidades? ¿Que estas mujeres fueron las primeras médicas de Occidente? ¿Que, según el DANE, del total del tiempo que dedica la población colombiana a proveer cuidados directos no remunerados para otros integrantes de sus hogares, 76.2% lo proporcionan las mujeres y 23.8% los hombres? ¿Que unas 800.000 mujeres en nuestro departamento se dedican al cuidado?

Mi nombre es Cristina Isaza y hoy, como vocera de Mujeres por Colombia, quiero compartirles por qué me alegra que esta administración reconozca las labores del cuidado, busque retribuirlo y que la Secretaría de la Mujer amplíe funciones y se transforme en la Secretaría de la Mujer y el Cuidado.

Durante siglos, las mujeres nos desempeñamos como comadronas, enfermeras, farmaceutas, alquimistas y consejeras.

Transmitíamos nuestros conocimientos de generación en generación, visitábamos enfermos y creamos la medicina popular y comunitaria. Las antecesoras fueron llamadas brujas y fueron perseguidas, pero seguimos siendo las guardianas de la salud.

En la alquimia, la energía femenina está conectada con el cuidado: somos sacerdotisas y curanderas.

Hoy la violencia económica es una realidad en muchos hogares y muchas veces esta violencia económica desemboca en otras violencias.

Remunerar las labores de cuidado permitirá a más mujeres ser libres y no depender completamente de otros.

Aplaudimos que esta secretaría esté planteando reconocer nuestro trabajo.

La retribución nos aliviaba la carga y brinda oportunidades para capacitarnos en otras áreas y profesiones, si así lo queremos.

Pensar en las mujeres no se traduce solo en discursos bonitos, secretarías y cargos, sino en acciones concretas que se derramen y beneficien a las mujeres más necesitadas de nuestra sociedad.

En el siglo XXI, las mujeres cuidadoras y sanadoras ya no son perseguidas como brujas. Nos reconocen y remuneran por nuestra labor. Es un derecho ganado por las luchas de las mujeres.

En una sociedad que no ha exaltado el cuidado, no lo ha valorado y se da por hecho que lo hagamos, qué bueno que llegue una administración que lo replantee y exalte.

Yo actualmente no soy cuidadora, pero soy empática con mis congéneres que sí lo son, por eso solo puedo celebrar esta decisión que nos hará más libres. Nos dignifica el que hoy se les reconozca su gran aporte, nos empodera. Esta es una conquista social más, un avance.

Esta transformación en la secretaría nos ayudará a cerrar brechas.

Pensemos en cómo usar los recursos ahorrados en burocracia, para que programas sociales lleguen a quienes cumplen este importante rol en nuestro departamento y el camino a la equidad.

Así que desde Mujeres por Colombia damos la bienvenida a la Secretaría de la Mujer y el Cuidado, completamente compatible con nuestra historia y esencia.