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miércoles, 11 de diciembre de 2024

El Politburó colombiano

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Es muy difícil entender cómo Colombia, un gran país a pesar de sus carencias, ha caído en las garras de un individuo de los peores antecedentes morales y penales —desequilibrado, ignorante y perverso—, que en escasos 24 meses ha destruido eficazmente buena parte del tejido económico y legal del Estado, preparando para el país un futuro comparable al de Venezuela...

Lo que no suele considerarse es que Petro y su banda son apenas peones dentro de la ejecución de un designio estratégico minuciosamente ejecutado a lo largo de, por lo menos, medio siglo, por sus verdaderos autores y gestores, al servicio del partido comunista clandestino.

No existe revolución espontánea, sea la francesa, la rusa, o la abortada del “estallido social”, preludio de la llegada de Petro al Gobierno.

La diferencia que aporta el Foro de Sao Paulo a la praxis revolucionaria para la toma súbita, sangrienta y totalitaria del poder, consiste en privilegiar la erosión paulatina de las instituciones, sobre la fracasada acción violenta.

Lo anterior no elimina el principio de la combinación de todas las formas de lucha. Así, hemos visto cómo las guerrillas, incapaces de triunfar militarmente, mediante acuerdos falaces llegan a una desmovilización aparente, a la que sigue una fragmentación táctica, como estamos viendo con la farsa letal de la “paz total”.

La precisión con la que se sigue el plan de demolición indica que Petro sigue instrucciones, porque él no es un estratega ni un pensador, puesto que solo tiene tiempo para fulminar docenas de trinos y otras estupideces, para incontables y absurdos viajes y para el disfrute de su agenda privada en largas ausencias.

Aunque destruir es fácil, la demolición del modelo político y económico, guardando un aparente orden constitucional, exige un movimiento continuo, a la vez sigiloso y presuroso, que implica una dirección permanente, coherente y eficaz, muy alejada de la improvisación alocada de un individuo gárrulo y descobalado.

¿Quiénes, entonces, gobiernan efectivamente a Colombia?

Desde hace algún tiempo se habla del Deep State, el Estado profundo, constituido por el núcleo que ejerce verdaderamente el poder desde una impenetrable sombra.

Con la creación de un partido revolucionario profesional, Lenin introduce en la historia regímenes totalitarios, irreductibles y permanentes. Antes de él, las revoluciones eran transitorias y efímeras. Después de él son estructurales y permanentes, y de ella solo salen los países cuando el Deep State se ve obligado a cambiar el modelo, pero conservando la dictadura, como ha ocurrido en Rusia, China y Vietnam, con diferencias desde luego, mientras Cuba y Norcorea se aferran al estalinismo radical.

El partido, más que por un líder vitalicio, único e incuestionable, es dirigido por un grupo anónimo, omnipotente, inapelable y despótico.

En Colombia opera lo que podríamos llamar un Politburó, que planifica, dirige, coordina y ordena todo lo conducente al objetivo: la revolución...

Ese grupo, o Estado mayor (General Stab), diseñado por Lenin siguiendo las premisas de Vom Kriege, obra de Karl von Clausewitz sobre la planeación militar, está constituido por un número muy reducido de personas que trabajan año tras año, todos los días, para alcanzar el objetivo, mientras las fuerzas democráticas tienen directores efímeros, ocasionales, y muchas veces improvisados, sin mayor versación en la ciencia política ni conocimiento de las estrategias de sus oponentes.

En 1946 se interrogó al jerarca nazi Ernst Kaltenbrunner sobre la toma del poder. ¿Cómo había sido posible que un pequeño grupo de fanáticos se hubiera apoderado de un gran país? Su respuesta fue que, mientas el Gobierno tenía innumerables problemas qué resolver, ellos tenían solo uno: cómo adueñarse del Estado. Eso vale también para el comunismo tropical, cuya finalidad es una sola, ya conseguida en buena parte en Colombia.

No creo equivocarme si pienso que el Politburó colombiano está constituido por cinco expertos: el embajador de Cuba en Bogotá, un habilísimo jurista, un militar renegado, un publicista genial y un cura apóstata. No conozco, obviamente, sus nombres, pero “por sus frutos los conoceréis”.

Quien quiera ignorar, dentro de la “corrección política”, la existencia de un partido comunista clandestino y de un plan revolucionario en acción permanente, no puede entender la dinámica política que nos conduce al abismo.

***

Presentamos a Rafael Nieto Loaiza nuestra sincera condolencia por la desaparición de su padre, Rafael Nieto Navia, ilustre profesor, internacionalista, y comentarista siempre lúcido sobre los grandes temas colombianos.

lunes, 24 de julio de 2023

Buscando el ahogado aguas arriba

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

No es el momento de llorar sobre la leche derramada, como anotábamos en columna anterior. Pero sí es preciso identificar en qué nos seguimos equivocando, para adoptar un rumbo que nos conduzca de manera eficaz a la derrota del espurio régimen Petrista y al rescate de los valores que han caracterizado nuestra cultura.

Nos enfrentamos a una batalla cultural, no a una simple confrontación partidista

Todavía, a pesar de las contundentes realidades que muestran a las claras que en Colombia está en marcha la estrategia del Foro de Sao Paulo para convertirnos en otro país esclavo del comunismo castro-chavista, algunos siguen pensando –y actuando– como si nos encontráramos en un libre juego democrático entre los amigos y los enemigos de Petro.

En consecuencia, la única propuesta que se les ocurre para rescatar a Colombia del abismo en que está sumida es ganar las próximas elecciones regionales, en las que no se define el futuro del país sino la elección de gobernadores, alcaldes, concejales y diputados departamentales.

Si existiera un monolítico movimiento comprometido en la salvación de Colombia, con una adecuada organización capaz de seleccionar candidatos coherentes con ese objetivo, habría un mínimo de esperanza. Pero la experiencia nos indica que, a partir de la Constitución de 1991, los partidos fueron reemplazados por empresas electoreras, que permiten a cualquiera que esté interesado en acceder al manejo de los presupuestos, contratos y de la burocracia estatal, conseguir el aval de cualquier partido para satisfacer sus apetitos de poder. Ningún papel tiene ni la ideología ni la coherencia doctrinal del candidato.

Cunde una supina ingenuidad en quienes suponen que no se repetirá el fraude por cuenta de la Registraduría, bajo la presión de la camarilla comunista instaurada en el poder. La compra de votos, la coacción armada en gran parte del territorio nacional, los oscuros manejos en los softwares empleados para el conteo de votos a espaldas del pueblo, la violación de los topes de gastos en las campañas y todos los artilugios utilizados en las campañas para el Congreso y la Presidencia volverán a arrojar los resultados que convengan al régimen de la extrema izquierda.

Derrocar el espurio régimen es el prioritario objetivo

Es prácticamente imposible cambiar la funesta orientación política que está destruyendo a Colombia, mientras permanezca Petro, o su vicepresidente, al frente del Ejecutivo. Si la Constitución del país brinda la oportunidad de destituir a presidente por indignidad para ejercer el cargo, todos a una, como en Fuenteovejuna, deberíamos apoyar la denuncia formulada por el jurisconsulto José Manuel Abuchaibe ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes por violación de los topes de gastos fijados por la Ley en la campaña por la Presidencia.

Es bien significativo el hecho de que multitud de ciudadanos comunes y corrientes se han solidarizado con este juicio político para derrocar a Petro, mientras que los dirigentes políticos de partidos que dicen estar en oposición guardan sospechoso silencio frente al tema. ¿Es que existe algún oscuro pacto con el sátrapa para no hacerle daño?

No desconocemos las dificultades que la fórmula del juicio político encierra, dado el nivel de corrupción de nuestra clase política. Hacia el futuro debemos acometer la reforma a fondo de nuestro sistema político para corregir las falencias de nuestra débil democracia.

Pero es fundamental ahora enfrentar con decisión el objetivo prioritario de derrocar al tirano para eliminar el primer obstáculo en la reconstrucción de nuestra sociedad.

No busquemos el ahogado río arriba. Apliquemos el sentido común y echemos mano de las herramientas que nos otorga la Constitución. Después será el momento de reestructurar toda nuestra organización política para erradicar de ella la corrupción, la compra de votos, el fraude electoral y el remedo de la democracia.

miércoles, 20 de julio de 2022

SSXXI: “Moderación” en la recta final

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Quien no comprende el concepto de internacionalismo proletario no entiende cómo se juega la geopolítica en América del Sur, donde avanzan impetuosos los movimientos del Foro de Sao Paulo, mientras retroceden las desarticuladas fuerzas democráticas. Los primeros están dirigidos y coordinados por La Habana; las segundas no interesan a Washington, que las deja al garete.

Como telón de fondo no puede ignorarse la inocultable lucha por la hegemonía entre las superpotencias. Detrás de Beijing aparecen Moscú, Teherán, Pyongyang y La Habana, en primera fila; y en las sombras, incontables grupos terroristas, entre los cuales las FARC y el ELN, de absoluta obediencia castrista, que en Colombia son actores fundamentales del tal Pacto Histórico.

El triunfo de Petro debilita a los Estados Unidos y fortalece a China en el tablero mundial. Falta solo Brasil para que toda América Latina gire en la órbita imperial de Xi Jinping.

Paso a paso avanza comicialmente el comunismo desde el Río Bravo hasta la Patagonia. En todos nuestros países, el electorado está desorientado por los medios infiltrados y una Iglesia proclive a la teología de la liberación. Además, los órganos electorales han sido cooptados por la izquierda y dotados de software preparado al efecto. Así ha sido siempre en Venezuela, luego en Perú, y probablemente ya lo es en Colombia…

Estamos en presencia de un hecho nuevo: la llegada electoral al poder de movimientos comunistas, que supera en eficacia la toma violenta que siempre intentaban.

Para preparar elecciones se actúa cautelosamente con el fin de no asustar al electorado de los distintos países, porque los acontecimientos en uno de ellos influyen en los demás, al estilo de vasos comunicantes.

Hace un año (julio 28/ 2021) fue reconocido como presidente del Perú, desestimando todas las denuncias de fraude, un pobre diablo, marioneta de Vladimir Cerrón, jefe indiscutible del comunismo en ese país.

Como para 2022 estaban previstas elecciones cruciales en Chile, Colombia y Brasil, en Perú se adoptó la “moderación”. El Sombrerón no propuso nada radical o revolucionario, que pudiera alarmar a los chilenos, los colombianos y los brasileños, para dar la sensación de que nada cambia, que la elección de un candidato comunista no implica contagio venezolano.

Esa “moderación” tuvo efecto en Chile, donde fue elegido en marzo 11 de 2022 un chisgarabís, cuyo gabinete de extrema izquierda nada significativo ha hecho, con tres propósitos: 1. Tranquilizar con su “moderación” a los colombianos, para no perjudicar las posibilidades electorales de Petro. 2. No inquietar a los brasileños, y 3. No arriesgar la ratificación de la grotesca nueva Constitución de Chile, el 3 de septiembre.

Una vez posesionado Petro tendrá que afectar “moderación” para no perjudicar a la izquierda en el referendo chileno y no poner en peligro el triunfo de Lula en las elecciones brasileñas, el próximo 2 de octubre.

Ahora bien, si Bolsonaro es derrotado: 1. El predominio chino en el mundo se asegura, y 2. Caerán las caretas en Santiago, Lima y Bogotá, para pasar a la etapa plenamente revolucionaria en toda la región.

La “moderación” de Petro es, desde luego, falaz, si oímos al cuarteto de ministras (Cultura, Salud, Agricultura, Ambiente), pero mientras los partidos tradicionales cooperen con él en el sainete venal del acuerdo nacional, su gobierno conservará la fachada de normalidad institucional, hasta desembocar en la Constituyente requerida para la asunción de todos los poderes, que reclama la revolución, imperativo vital e inexorable del individuo llamado a crear el nuevo orden colombiano en clave marxista-leninista.

miércoles, 9 de febrero de 2022

¿"Honorable senador" o...?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Desde hace años en Colombia hay una palabra especialmente tabú: “comunista”, que precisamente por ser tabú no se puede aplicar a los que lo son. Cuando ellos se camuflan para desorientar al electorado, si mucho se los puede llamar “progresistas”.

En esas condiciones, el candidato castro-chavista —que por tanto lo es también de Fecode, Asonal judicial, la JEP, las FARC y sus pseudodisidencias, el ELN, la comisión de la “verdad”, el Partido Comunista aparente y el clandestino, el Foro de Sao Paulo, la legalización de los narcocultivos y la teología de la liberación—, es descrito habitualmente, en todos los medios, como el aspirante de centro-izquierda a la presidencia.

Con ese apelativo y con los guantes de seda con los que se lo trata, el “doctor” Petro, el “honorable” Petro, se ha convertido en un político normal que ya no asusta a nadie, ni siquiera al Nuncio Apostólico, que por su formación teológica tiene obligación de conocer que entre catolicismo y comunismo no puede haber entendimiento, y que preferir el segundo al Evangelio es traición propia de los discípulos de Judas.

Como nadie recuerda su nutrido prontuario como terrorista, ni su asesoría a Chávez como “economista”, ni su Alcaldía caótica, gárrula y dilapidadora, ni las bolsas de billetes, ni sus diarias mentiras sobre su patrimonio y su salud, podrán votar por él, desde los asesinos hasta las piadosas señoras de la Acción Católica parroquial…

Dos hechos recientes demuestran el clima de indolencia moral que impera:

1. Semana, a pesar de su aparente viraje hacia el centro y la objetividad, nos advierte que el modelo económico y social no corre peligro con ninguno de los candidatos. Con Petro, a juicio de esa publicación, solo se verá una mayor intervención del Estado, en especial en el área de la salud.

2. El director del Partido Liberal oculta cada vez menos sus preferencias por Petro en la segunda vuelta, como tampoco las disimulan la madre de los logreros Galán, la loquita de Ingrid y el señor Fajardo, entre muchos otros.

Ese clima se refleja en las encuestas —que todavía habrá que presumir veraces—, que desde hace ya como dos años vienen consolidando en la opinión la idea de que Petro es imparable…

Según la última de Guarumo, el candidato comunista alcanza el 31% en la primera vuelta, frente a 14% del Equipo Colombia y 10% entre los provectos señores de la “Esperanza”…

Ahora bien, si al pueblo colombiano le recordaran lo que inexorablemente llegará tras una presidencia de Petro, otra sería su suerte electoral. Pero mientras se oculte lo que nos espera si triunfa, sus posibilidades aumentan.

No hay un solo colombiano que no conozca la aterradora tragedia de los venezolanos. Todos los hemos visto mendigando y los encontramos a diario reemplazando a los colombianos más pobres en los oficios más humildes, aumentando el desempleo de nuestra gente, y, sin embargo, en la actual y definitiva campaña electoral Venezuela es invisible e innombrable.

Ahí está el ejemplo chileno. En ese país no se trató el tema venezolano y ya regresaron a La Moneda los nostálgicos del precursor de Maduro, el fatídico presidente comunista Allende, el del desorden, el derrumbe económico y la hambruna.

Nadie en los medios masivos, ni en los políticos, parece dispuesto a increpar a Petro, a recordar lo que hizo y aconsejó en Venezuela, ni a volver sobre su pasado sombrío y criminal, amparado por la prescripción, aunque su verdadero programa nos conduciría inevitablemente a ser una segunda Venezuela.

Ese silencio culpable sobre lo que es y significa Petro, y la falsa y pusilánime cortesía con la que se lo trata, nos llevarán al abismo. Con candidatos debiluchos y con debates donde no se toleran expresiones fuertes, afirmaciones contundentes ni enérgicas réplicas en los escasos minutos que se reservan para cada candidato, no se preserva la democracia. ¡A la serpiente hay que darle en la cabeza, para que no nos pique en el calcañar!

***

Inquietudes

¿Qué se está haciendo para motivar a los abstencionistas?

¿Qué seguridad ofrece una Registraduría que a hurtadillas delega sus funciones en firmas cuestionables?

¿Será capaz el registrador de responder verazmente al oportuno cuestionario del Comité Electoral del Foro Atenas?

¿Hasta dónde es aceptable que Fecode cope los jurados de votación y les imparta consignas?

jueves, 17 de septiembre de 2020

Vigía: de nuevo, ¿se está cocinando algo?

John Marulanda
Por John Marulanda*

Bogotá, principalmente, sufrió la semana anterior algunos efectos de un plan de desestabilización regional o “brisita bolivariana” diseñado por el Foro de Sao Paulo y aplaudido por del Grupo de Puebla, en donde nos representan el expresidente Samper, Clara López y otros.

Aprovechando la genuina indignación ciudadana contra la brutalidad policial, células o colectivos de jóvenes comunistoides, aplicaron viejas técnicas de turbamulta. La ciudad capital ya ha experimentado perturbaciones de este tipo, desde el bogotazo del 9 de abril de 1948, pasando por las protestas de 1977. Dos noches de disturbios y destrucción intentaron desprestigiar ante la opinión pública a la Policía Nacional y sembrar el desconcierto y la desmoralización al interior de la institución centenaria. La alcaldesa, histérica, sindicó a los policías de asesinos. El hombre de la bolsa con billetes, Petro, llamó al incendio. Sin embargo, la ciudadanía salió espontáneamente a recuperar sus estaciones de policía incendiadas y a formar cordones humanos de protección para sus patrulleros. Casi una semana después, Bogotá sigue funcionando sin mayores tropiezos y en muchas ciudades del país, manifestaciones públicas a favor de la policía han ido creciendo.

Lo nuevo en estos viejos y repetidos episodios, es la manipulación de redes sociales que amplifican virtualmente los hechos creando zozobra e intranquilidad, a lo cual se agrega la neurosis general causada por la pandemia y un cuerpo policial escaso y agotado. Otro elemento muy peligroso, es la presencia de activistas venezolanos. “Actúan como los colectivos venezolanos”, dijo un jefe de la policía. Y circula en redes un supuesto plan “Libertad latina”, que aparentemente estaría movilizando cientos de chavistas-maduristas en apoyo a los grupos narcoterroristas interesados en nuevos disturbios. Nada raro en medio de un millón y medio de migrantes del hermano país que deambulan por nuestras ciudades. Se preparan nuevas protestas, promovidas por sindicatos de trabajadores, “cívicas y pacíficas”, como dicen desde hace sesenta años y apoyadas por las FARC y otros partidos de la izquierda maluca.

Mientras avanza el proceso de desestabilización de Colombia y nos alistamos para enfrentar otra intentona petrista, en Miraflores, el general Padrino aumenta sus contactos con el Kremlin, en lo que Rafael Poleo señala como un rol de representación de los intereses de Putin en Venezuela”, pues “…un cambio político en Venezuela requiere un acuerdo al menos tácito entre Estados Unidos y Rusia. Es posible que Padrino permanezca algún tiempo en el Ministerio de Defensa, sobre todo si el cambio es negociado, como lo fue el chileno”.

Entretanto se intensifican estos contactos geoestratégicos Moscú-Caracas-US; Brasil ordenó a sus militares prepararse para una intervención en un “conflicto regional” y está movilizando a la frontera con Venezuela cientos de soldados y misiles Astros 2020, de 300 km de alcance. Y el secretario de estado norteamericano Pompeo inicia una gira por la periferia venezolana visitando, precisamente, la frontera brasileño-venezolana, Surinam, Guyana que están estrenando presidentes y Colombia, en donde su visita marcará el inicio de ejercicios militares combinados aeronavales conjuntos USA-Colombia. Por supuesto que el Sebim y la Dgcim desplazarán más agentes para que en conjunto con los del G2, registren la visita. ¿Está en desarrollo algo que no sabemos o es simple presión sicológica para que la camarilla de Miraflores de un paso en falso o se avenga a una negociación? O a lo mejor, análisis cargados de deseos y fantasías de paz y tranquilidad.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Las decisiones de los pueblos son sagradas


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
En Colombia las mayorías decidimos nuestros gobernantes locales, quienes se convierten en los gobernantes de todos y los que no votamos por ellos tenemos la obligación de aceptarlos como nuestros gobernantes.

Yo personalmente no me voy a llenar de amargura, ni de negativismo, ni a perder tiempo pensando en que llegó el Castro - Chavismo, el comunismo, el socialismo del siglo 21, el pacto de São Paulo financiado por Soros. Yo no voy a acelerar los trámites ante las autoridades españolas para lograr su nacionalidad porque ni siquiera los inicié, teniendo la línea de sangre que me lo permitía.

Yo le creo al discurso de los nuevos gobernantes, me ha parecido de mano tendida, me ha parecido que se van a entender muy bien con el presidente Duque, me ha parecido que la juventud, la inclusión, la tolerancia, el sentido social, el emprendimiento, la ecología, el transporte público eléctrico, Hidroituango, la educación, la salud, el empleo, la ayuda a la satisfacción de las necesidades más apremiantes de los más pobres, la lucha contra la corrupción, la austeridad y transparencia en el manejo de los escasos recursos estatales, estarán en las agendas nacionales, departamentales y municipales.

Yo no me voy a poner a llorar y a morir de la rabia por que ganaron jóvenes, independientes, que surgieron desde abajo con mucho esfuerzo y hoy nos van a gobernar.

Yo, desde mi posición de abuelo jubilado, me pongo a disposición para servir en lo que pueda ser útil, pero tengan en cuenta que tengo compromisos como servidor de Emaus, caminante por las montañas de Antioquia del grupo de los Jubilosos, integrante de la tertulia del Sheraton, participante de todos los foros y conferencias a los que me inviten, cuidador y amigo de mi pequeño nieto, de mi esposa y mis amigos, visitante permanente de mi anciana y querida madre, mensajero y chofer de la familia, entre otras ocupaciones. Mejor dicho, no hay nadie tan ocupado como un jubilado en ejercicio.

Seguiré rezando todos los días para que nuestros gobernantes no pierdan el norte del interés general, para que mantengan autocontrolados sus egos, para que le den la importancia requerida a sus familias, como ejemplo de su importancia como núcleo de la sociedad, para que no caigan en el desafortunado juego excluyente y dañino de la polarización que quieren mantener algunos integrantes del Centro Democrático y de la Colombia Humana, polarización que ya pasó de moda, que ya no queremos las mayorías. Deseamos es que todos trabajemos en los temas importantes y urgentes del país, con el ingenio y la verraquera que nos distingue, un país que entre más lo recorro, a pie, en bicicleta, a caballo, en carro, más me enamoro de él, porque es absolutamente hermoso y su gente absolutamente querida y auténtica.

Estoy absolutamente convencido de que juntos podemos avanzar, no más delincuencia, no más corrupción, no más abusos a mujeres y niños, que nos distinga la unidad, la generosidad, la solidaridad, así mejoraremos la calidad de vida y encontráremos la felicidad.

Así leo yo el mensaje del pueblo en estas recientes elecciones. Ojalá todos estemos de acuerdo y ayudemos a nuestros gobernantes, que suponemos no van a ser inferiores a los retos que enfrentarán, con la valentía, honradez, austeridad y dedicación que ofrecieron en sus campañas.