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viernes, 30 de agosto de 2024

Generación de cristal

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

En línea con el filósofo español José Ortega y Gasset, uno es el que es según sus circunstancias, es decir, según el contexto, el lugar geográfico donde nació, creció, la familia que tuvo, la cultura imperante, la escuela donde estudió, los formadores que tuvo, la coyuntura histórica, etcétera.

No creo el cuento de que todo tiempo pasado fue mejor, aunque confieso que, con el correr de los años, y en la medida en que uno se pone viejo, tiende a añorar ese pasado como mejor. Lo simplemente cierto es que ese pasado y el presente que vivimos son y serán distintos. ¿Qué fue o qué ha sido mejor? Vuelve y juega: cada uno habla de cómo le va en la feria.

Por lo pronto evoquemos algunas variables y dejémonos interpelar en cuanto permitirnos reflexionar, dudar, inquirir, no tragar entero:

* El modelo de familia tradicional ha cambiado. No siempre están las figuras materna y paterna. Los actores cambian o sencillamente no están están presentes. El padre que trabaja y trae el sustento y la madre que labora en casa criando los hijos, hoy son exóticos. Pueden estar invertidos en sus roles, o puede que otros suplan esos roles o puede que ninguno esté y no tenga tiempo. Esa realidad de alguna manera marca esas vidas.

* Las familias numerosas y extendidas ya no se ven. Los datos demográficos evidencian que el número de hijos por familia ha decrecido año por año. Las parejas hoy día no quieren tener hijos, uno cuanto más, o ninguno. Más fácil y práctico, además de menos engorroso, tener una mascota. No hay hermanos y eso en algo marca las jóvenes existencias.

* En consecuencia, la familia, primera y principal educadora, ahora delega en la escuela, por no decir endosa, la tarea de formar en principios y valores. Qué tanto lo hace, no lo sé, pero sospecho que ni se raja ni se presta el hacha. La pelota caliente se la tiran unos y otros.

* Marcar pautas, formar, mostrar un camino, exigir disciplina, se considera intrusivo y atentatorio contra el libre desarrollo de la personalidad. Se prohíben y cuestionan, pero como nos lo enseñaron en física básica, todo vacío tiende a llenarse, luego no se permiten esas agresivas y trasnochadas conductas, pero se ofrecen otras, con otros modelos y estereotipos.

* Hay que cuidar y proteger al maximo. Que el niño sufra lo menos posible, que goce del confort que antaño no tuvimos, provéasele de todo lo que necesite. Que no se caiga, que no se ensucie, que no se enferme. La adversidad y los problemas del entorno no deben afectarlo. Como no se le puede brindar afecto, désenle cosas. Hay que darle gusto en todo. No se le puede regañar, no se le puede llevar la contraria, no sea que se traumatice y resienta de por vida.

Es entonces cuando emerge eso que ahora se denomina como la generación de cristal. Una generación delicada y frágil, tanto, que puede quebrarse con facilidad, que puede romperse si se le toca con fuerza. Es bella y transparente y su hechura es hermosa y fina en apariencia, pero demasiado sensible. No aguanta altas o bajas temperaturas. Cualquier sutil impacto puede desmoronarla. Pareciera desechable como todo lo que la rodea.

Por lo pronto, el fenómeno llama la atención. Y como tal no es generalizable, convive con otros modelos. Están ahí, en el mostrador de la vida, se pueden comparar. El hecho es que este mundo que ha evolucionado tanto y goza ahora de tantas cosas maravillosas, paradójicamente se ha tornado difícil y hostil para poder sobrevivir en él. Y creo yo que hay que equipar a las jóvenes generaciones con acertadas herramientas que los ayuden a sortear los nuevos retos. La idea es que no se quiebren o se rompan.

viernes, 19 de julio de 2024

Desamparo de la familia y la niñez

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

En pasadas columnas nos hemos referido a las flagrantes infracciones del régimen al orden constitucional en aspectos de tanto calado como el respeto a la democracia en las urnas, la protección del derecho a la vida, el mantenimiento del orden público, la seguridad de la población, la corrupción, el despilfarro de los recursos públicos, el crecimiento económico, la generación de empleo, la seguridad social, el problema del narcotráfico y la reforma a la justicia. Pero también en la protección de la familia y la niñez, este Gobierno viola el orden constitucional.

Consagra nuestra Constitución el deber de proteger de manera especial a la familia, como núcleo fundamental de la sociedad y a la niñez, no sólo por su estado de desprotección sino, también, porque representa el futuro de la nación.

Artículo 5. “El Estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad.”

Contraviniendo absolutamente la primacía ordenada por la carta constitucional, se ha dedicado el régimen actual, de inspiración materialista, a patrocinar por todos los medios a su alcance toda iniciativa que atenta contra la vigencia y protección debida a la institución básica de la familia tradicional, compuesta por el hombre y la mujer e instituida con el noble propósito de perpetuar la especie humana.

Se dedican esfuerzos presupuestales y programas oficiales a la difusión de la ideología de género, el cambio de sexo y otras teorías que destruyen el concepto de la familia. Se programan eventos y festividades del “orgullo gay” con financiación oficial y participación de menores de edad. Se reparten cartillas promoviendo la ideología de género en los establecimientos escolares.

Con infracción de tratados internacionales suscritos por Colombia, se promueve el aborto, que permite el asesinato de miles de seres en el vientre materno, con el patrocinio del Estado.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica, del 22 de noviembre del 1969), suscrita por Colombia, que hace parte de nuestro bloque constitucional, estableció:

Artículo 4. Derecho a la vida

“1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.”

La institución del matrimonio, pilar de la familia, sufre también la descomposición que se ha apoderado del régimen, y está siendo sustituida por el remedo de matrimonio entre personas del mismo sexo, que atenta gravemente contra el núcleo básico de nuestra sociedad, la familia tradicional.

Artículo 44. Son derechos fundamentales de los niños: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, su nombre y nacionalidad, tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión. Serán protegidos contra toda forma de abandono, violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos. Gozarán también de los demás derechos consagrados en la Constitución, en las leyes y en los tratados internacionales ratificados por Colombia.

La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores. Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás.”

Las funestas consecuencias del desmoronamiento del núcleo familiar afectan en primer lugar a los hijos, quienes, desde temprana edad, se convierten en víctimas sin derecho a un desarrollo armónico integral y al ejercicio pleno de sus derechos.

Otro de los generadores de desamparo y de negación de los derechos básicos de la niñez es la guerrilla aliada del régimen que nos gobierna. Aún después de haber suscrito el espurio pacto de La Habana, continúa practicándose el reclutamiento forzado de menores y jóvenes por parte del ELN y las FARC, que, como es bien sabido, implica separación de la familia, torturas, obligación de participar en trabajos riesgosos, explotación económica y sexual a los reclutados, tal como ellos mismos lo han narrado dramáticamente ante las autoridades y los medios de comunicación.[1]

Ninguna acción por parte del Gobierno se ha adelantado para erradicar estas bárbaras prácticas, que ya no se aprueban ni en los países menos civilizados. Es, pues, una de las violaciones más execrables a nuestra Constitución que debe desaparecer a la mayor brevedad.

Corresponde a la ciudadanía salir en defensa de lo más preciado, nuestra familia y el futuro de nuestros hijos, para lo cual será necesario el derrocamiento por la vía constitucional del actual régimen, bien sea por el juicio político de que trata el art. 109 de la Constitución Política, o mediante solicitud a las Fuerzas Armadas para que cumplan con su función primordial de devolver el orden constitucional a la República, en ejercicio de los arts. 217 y 218 de la Constitución Política. Asimismo, debemos unirnos los indignados que protestamos contra Petro en una gran fuerza, independiente de las viejas castas políticas que están aliadas con el actual régimen para aprobar sus proyectos a cambio de sobornos, para recuperar el poder y reinstaurar los valores y principios que nos quiere arrebatar este régimen comunista y mentiroso.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Indignación e indignidad

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

No existe vocablo que retrate de manera más precisa el sentimiento que embarga al pueblo colombiano con respecto a sus actuales gobernantes que el de indignación, es decir, “enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”, según la definición de la RAE.

Estamos indignados contra la indignidad de quienes nos gobiernan en el ejercicio de sus cargos, principalmente por el incumplimiento de aquellos deberes constitucionales que juraron cumplir y defender cuando se posesionaron de tan altas responsabilidades.

Soberanía del pueblo

Se lee en el art. 3º. de la Constitución Política: “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece”. Pero ocurre que la voluntad del pueblo fue desconocida abiertamente a través del monumental fraude cometido en las elecciones presidenciales, tanto en la propia votación como en el conteo de votos realizado a espaldas del pueblo por contratistas cuestionados internacionalmente y utilizando programas que no fueron probados previamente. Se violaron numerosas normas electorales, entre ellas las que fijan los topes para los recursos que ingresaron a la campaña.

Unidad y convivencia

En el preámbulo de la Constitución Política se establece como uno de sus fines el de “fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la convivencia. Son fines esenciales del Estado “asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”, tal como lo dispone el art. 2º. ibídem. Ocho meses después de la posesión la unidad nacional ha estallado gracias a la política de estigmatización a la oposición, del odio de clases y de la venganza que ha desatado la camarilla gubernamental. No se puede hablar de convivencia donde sólo hay hostigamiento a quienes se atrevan a oponerse al gobierno.

Derecho a la vida

Como es obvio, asegurar la vida y la paz de los integrantes de la Nación es uno de los objetivos consagrados en el preámbulo de la C.P. Reza el art 2º. ibídem, inciso 2: “Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”. Según el art 11 ibídem, “el derecho a la vida es inviolable”. De conformidad con el art. 22 A, “se prohíbe la creación, promoción, instigación, organización, instrucción, apoyo, tolerancia, encubrimiento o favorecimiento, financiación o empleo oficial y/o privado de grupos civiles armados organizados con fines ilegales de cualquier tipo”. En lugar de dar cumplimiento a esta obligación prioritaria, quien ahora ejerce la Presidencia se ha dedicado a impedir la acción de las Fuerzas Militares y de Policía, encargadas de proteger la vida y los bienes de los ciudadanos, mientras alienta la formación de “gestores de paz”, “guardias campesinas” y otros grupos de vándalos como los de la “Primera línea” que destruyeron parte de los cascos urbanos en el pasado reciente. Fue uno de estos colectivos el que secuestró a policías y civiles, y degolló a un agente del orden, mientras el presidente prohibía que los agentes fueran auxiliados y uno de sus ministros calificaba el secuestro y el asesinato como un “cerco humanitario”. ¿Se necesitan más evidencias de esta flagrante violación a la Constitución?

Derecho al trabajo

Señala el citado preámbulo como otro de los objetivos fundamentales asegurar a los nacionales el trabajo dentro de un marco que garantice un orden político, económico y social justo. Como fundamento del Estado consagra el artículo 1º. de la Carta, el trabajo y la solidaridad de las personas que integran la República. Establece el art 25 ibídem: El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas”.

La acción gubernamental se ha orientado precisamente en contravía de este mandato constitucional. Mediante la teoría del decrecimiento y la ideología marxista de persecución al capital, se han dedicado a la destrucción del sistema económico, obstaculizar la inversión privada y conducir a la ruina al empresariado, fomentando así el desempleo. Tras la reforma tributaria se empeñan ahora en una regresiva reforma laboral que, como dijo una de las ministras, no tiene por objeto crear empleo. Por supuesto que no. Ya un alto porcentaje de empresarios han anunciado que tendrán que reducir sus nóminas de trabajadores para poder sobrevivir.

Seguridad social

Se consigna en el artículo 46 ibídem: “El Estado, la sociedad y la familia concurrirán para la protección y la asistencia de las personas de la tercera edad y promoverán su integración a la vida activa y comunitaria”.

“El Estado les garantizará los servicios de la seguridad social integral y el subsidio alimentario en caso de indigencia”.

Con base en el artículo 48 de la Carta, la seguridad social debe organizarse “en sujeción a los principios de eficiencia, universalidad y solidaridad”. Agrega esta norma: “El Estado, con la participación de los particulares, ampliará progresivamente la cobertura de la seguridad social”. Tajantemente establece: “No se podrán destinar ni utilizar los recursos de las instituciones de la seguridad social para fines diferentes a ella”. En inciso aprobado por el Acto Legislativo 1 de 2005 ordenó: “El Estado garantizará los derechos, la sostenibilidad financiera del Sistema Pensional, respetará los derechos adquiridos con arreglo a la ley y asumirá el pago de la deuda pensional que de acuerdo con la ley esté a su cargo. Las leyes en materia pensional que se expidan con posterioridad a la entrada en vigencia de este acto legislativo, deberán asegurar la sostenibilidad financiera de lo establecido en ellas”.

Todas estas previsiones constitucionales son las que el actual gobierno se quiere pasar por la faja mediante la reforma pensional, para apoderarse de los ahorros de los trabajadores para sus futuras pensiones, y gastarlas para cubrir el déficit fiscal originado en el descomunal despilfarro de los dineros públicos.

Derecho a la justicia

Asimismo, se refiere el preámbulo a la garantía de la justicia, la igualdad y la libertad para los nacionales. Entre los fines del Estado señala el art. 2º. “garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes garantizados en la Constitución”. De conformidad con el art. 6º ibídem, los servidores públicos son responsables por infringir la Constitución y las leyes y por omisión o extralimitación en el ejercicio de sus funciones.

Dice el artículo 197 de la Carta: “No podrá ser elegido presidente de la República o vicepresidente quien hubiere incurrido en alguna de las causales de inhabilidad consagradas en los numerales 1, 4 y 7 del artículo 179”. Y en el artículo 179 se lee: “No podrán ser congresistas:

1. Quienes hayan sido condenados en cualquier época por sentencia judicial, a pena privativa de la libertad, excepto por delitos políticos o culposos”.

Pesa sobre el jefe de Estado la responsabilidad por esta larga cadena de violaciones a la Carta Magna. No es aceptable que descargue tal responsabilidad en sus ministros, los cuales en su gestión son flor de un día. En cada asunto, el Gobierno lo conforman el presidente con el respectivo ministro.

Pero, además, no es de poca monta, la inhabilidad que arrastra el señor Petro para ostentar el cargo de jefe del Estado. Es un hecho incontrovertible que cometió un delito diferente a los de carácter político y a los culposos. ¿Por qué no hicieron efectiva esa tremenda inhabilidad? ¿Es que Petro está por encima de la Constitución que el resto de los colombianos estamos obligados a cumplir? ¿Vale más la trampa y el engaño, el soborno y la indignidad que el correcto cumplimiento de las leyes?

Dignidad de la persona humana y familia

Entre los principios fundamentales registra el artículo 1º. de la C. P. “el respeto a la dignidad humana. En el art 5º. ibídem se lee: “El Estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad”. Dispone la Carta en su artículo 42: “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla”. En el art 67 se dispone: “La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia.” Y más adelante agrega: “Corresponde al Estado regular y ejercer la suprema inspección y vigilancia de la educación con el fin de velar por su calidad, por el cumplimiento de sus fines y por la mejor formación moral, intelectual y física de los educandos”.

Como personas humanas nos sentimos indignados por la falta de respeto a nuestros derechos por parte de un Estado al que sólo interesa cambiar a la fuerza tanto nuestro modelo económico como nuestro patrimonio cultural, nuestros principios, valores y creencias, con el objeto de construir sobre las ruinas de nuestra sociedad otra república comunista, contraria a nuestro legado histórico. Este indigno Gobierno pretende destruir la familia, violando el mandato de la Constitución, fomentando la enseñanza de la ideología de género, el aborto indiscriminado, la eutanasia, el matrimonio entre personas del mismo sexo y todo lo que destruya la esencia de la familia que la Constitución ordena proteger. ¿Vamos a permitir la destrucción de nuestra sociedad sin ejercer nuestros derechos?

Tema de gran preocupación para los padres y las madres es el de la educación de nuestros hijos. ¿Qué les están inculcando estos profesores comunistas de Fecode? ¿Por qué los estudiantes de Colombia tienen tan malos resultados en las pruebas internacionales? ¿Por qué se permite que corrompan sus mentes con la idea anticientífica e inmoral de que no nacemos hombres o mujeres, sino que podemos escoger el sexo, como cuando uno escoge unos zapatos o elige seguir a un equipo de fútbol? Ni siquiera las normas constitucionales sirven para que este indigno gobierno cambie la orientación de la educación.

Protección a los niños

El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia. En el art 44 se consagra: “Son derechos fundamentales de los niños: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, la alimentación equilibrada, su nombre y nacionalidad, tener una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor, la educación y la cultura, la recreación y la libre expresión de su opinión. Serán protegidos contra toda forma de abandono, violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos. Gozarán también de los demás derechos consagrados en la Constitución, en las leyes y en los tratados internacionales ratificados por Colombia”.

Es tal el desprecio de este indigno gobierno que ni siquiera le preocupa que cientos de niños sean secuestrados por las guerrillas, o por los narcotraficantes aliados del Gobierno o por los colectivos irregulares que ahora son protegidos por el Estado. ¿Tampoco esta norma les interesa cumplir porque su objetivo es perpetuarse en el poder a cualquier costo?

El bien común

Otro principio reconocido en el art 1º. ibídem es “la prevalencia del interés general”, vale decir del bien común. Entre los fines esenciales, al tenor del artículo 2º. de la C. P., están los de “servir a la comunidad” y “promover la prosperidad general”. Según el art 58 de la Carta, “Se garantizan la propiedad privada y los demás derechos adquiridos con arreglo a las leyes civiles, los cuales no pueden ser desconocidos ni vulnerados por leyes posteriores”.

Nada más lejos de los intereses que trabajar por el bien común, servir a la comunidad o promover la prosperidad general. Está de por medio su objetivo principal: convertir a Colombia en un estado comunista, pauperizar a la población para poder manipularla mediante la entrega de miserables subsidios, desmoronar las fuerzas militares y de policía para que no haya nadie a quien pedir ayuda, perpetuarse en el poder mediante la repetición del fraude y la compra de votos, destruir a la familia y corromper las mentes de los niños.

Sólo nos puede salvar, en esta tenebrosa coyuntura lo que aconsejaba Maritain: “… una gran asamblea de hombres de buena voluntad, conscientes de la unidad moral que subsiste, a pesar de todo…”

domingo, 16 de abril de 2023

Soñando el país que queremos

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Es posible que muera antes de lograr convertir mi sueño recurrente de muchos años en una realidad, que no es otro que ver a Colombia, nuestro país, salir de la violencia, de la muerte, la venganza y el odio. Quiero verlo transformándose en lo contrario: amor, respeto, tolerancia y crecimiento, alejándose de ese sino trágico que nos acompaña posiblemente desde la época de la Conquista y que se fue enquistando en los genes de nuestra raza, que nos impide ver las cosas y solucionarlas de una manera diferente. Nadie escapa a esa herencia maldita, que arruga y aniquila nuestras vidas; por eso, a violencia física y moral la debemos erradicar en todas las esferas sociales de nuestra tierra.

Lo expreso frecuentemente en reuniones y en mis opiniones cotidianas, trasformar el país es imposible lograrlo desde arriba, ese proceso debe iniciarse desde el hogar, el colegio y la universidad, claustros que hoy lamentablemente tienen muchos estudiantes, que deambulan por las aulas, sin interés real por cambiar costumbres y comportamientos. También, ese cambio, debe darse en los amigos de barrio, de empresa o sociales, allí, surge la solidaridad, la amistad y posiblemente la compañía para toda la vida.

Los gobernantes en general, ya sea el mismo presidente, los ministros, gobernadores y alcaldes, si no tienen un amplio y basto sentido social cimentado en valores no lograrán nada, porque sin ellos caen en la corrupción, la ambición y el desastre. Podría poner casos específicos de gobernantes perversos desde la moral, el conocimiento y en el desarrollo de sus planes de trabajo, que al final han traído solo miseria, angustia y desesperación.

Como me diría un hombre de principios, positivo como el que más, hay que trabajar con lo que tenemos, y por ello atendiendo esa sugerencia planteo algunas soluciones simples y lógicas, pero efectivas que, si todos nos comprometiéramos a ejecutarlas desde ya, iniciaríamos el cambio, no basado en promesas si no en comportamientos, y ellos nos llevarán a la transformación social que es el objetivo mayor. Por ello diría que podemos iniciar el cambio así:

* En el hogar, padres cariñosos, respetuosos, que enseñen valores, que los inculquen, que inspiren amor, pero a la ves tengan autoridad y disciplina, que comprendan que la tarea de acompañar a los hijos es la que dará resultados posteriores, porque ellos se comportarán igual y sintiéndose queridos responderán positivamente, tendrán creatividad y desarrollarán sus aptitudes serenamente. No a los padres violentos, celosos, que convierten el hogar en un ring de boxeo, odio y muerte.

* En el colegio, disciplina, orden, respeto, tolerancia y valores, y los resultados se verán, formarán hombres y mujeres para servir sin egoísmo y con dedicación desde la profesión arte u oficio que escojan. No debemos olvidar que se requiere volver a traer a las aulas el pénsum de historia, geografía, ética, que enfocará a los estudiantes en la realidad en la que viven y en la responsabilidad de trasformar la sociedad para mejorar las condiciones de los ciudadanos. No dar cabida a los acosadores, violadores, torcidos de mente y espíritu. Entiendan que si hay control y seguimiento a los estudiantes no prosperará la maldad y de allí huirán quienes promueven el mal.

* En la universidad, se debe buscar encauzar en el proyecto de vida que quieran desarrollar, en encontrar el sentido de vida y de profesión, cualquiera que esta sea, pero que tenga pertinencia con las necesidades de la región donde viven.

* En el trabajo, respeto, solidaridad, trabajo en equipo y sentido de pertenencia.

Miren como son actividades que no requieren que el gobernante nos las enseñe, se necesita valor para actuar con honorabilidad, sin robar, sin pretender el beneficio personal y con mucho sentido social.

Dirán que esto es carreta, que no se logrará nada, pero, me aferro a pensar diferente, a entender que el problema está en la raíz, en el origen y que aún podemos encauzar el desarrollo social de este país.

Por otro lado, en cuanto a formas de obtener resultados desde abajo, creo que si empezamos por los municipios podremos ver avances sustanciales rápidamente y es una tarea que le corresponde a los gobernadores, siempre y cuando tengan capacidad de liderazgo, que se conviertan en los impulsores del cambio partiendo de:

* Construir o reparar las sedes de las escuelas o colegios, tener profesores bien formados, bien pagados, aulas de clase con internet, impartiendo clases de geografía, historia y civismo. También, enseñando desde los inicios de su formación artes u oficios que puedan aprovechar en su vida adulta.

* Construir o reformar centros de salud que permitan atender las necesidades de los habitantes, dotados de equipos adecuados, con médicos y enfermeras bien pagados.

* Cuarteles de policía bien dotados, que protejan a los ciudadanos, que inspiren respeto y que apoyen a los alcaldes en labores preventivas que eviten el robo, la violencia y la muerte.

* Alcaldes preparados, que entiendan su responsabilidad, que sean inspiradores para que los habitantes se contagien y apoyen el trabajo, que no estén aislados de los ciudadanos. Deben liderar ante los propietarios de tierras y fincas las alternativas para cultivar dando trabajo a los campesinos, evitando la miseria y el hambre.

* Medio ambiente protegido, con cuidadores de ríos y quebradas, pagados por el municipio, que limpien, siembre árboles y cuiden las cuencas.

* Empleados de la rama judicial, con sentido de pertenencia, que rápida y eficazmente cumplan con su función, que no llenen los anaqueles de expedientes, dilatando la aplicación de justicia.

* Ciudadanos, serios, empoderados de su domicilio, que trabajen y aporten al municipio, que lideren procesos de emprendimiento que generen empleo y calidad de vida.

* Promover la cultura, con bibliotecas virtuales o físicas, tener espacios para la danza, la música, el teatro y también el deporte motivando la competencia sana entre los barrios, o colegios. Así se evitan el ocio, el vicio, y en general, se cuida a la juventud, teniéndola ocupada.

Respetados lectores, todo esto no es cuento, ni algo iluso, pidamos que los gobernantes se comprometan a cumplir con su función que no es otra cosa que cuidar, proteger, incentivar y motivar a la comunidad.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Sentido de nación es lo que falta (Editorial)

El doctor Antonio Montoya H., en esta nueva editorial, enfoca su análisis sobre la unidad nacional entendida como el sentimiento que nos une. Debemos respetar y aprovechar con responsabilidad los recursos que cada región nos ofrece, enmarcados en la legalidad y entender la importancia de la familia como el gran motor para continuar construyendo las bases de una gran nación gracias a una educación de calidad, que mire nuestra historia, nuestra geografía y nuestros valores.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Ciudadano

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

No es cualquiera. Recurriendo a la definición de la Real Academia Española, debemos entender que ciudadano es “una persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a su vez a sus leyes”. Esto conlleva a que la sociedad comprenda que vivir en un país, tener cédula de ciudadanía, tener derechos y obligaciones no es cualquier cosa, y si no miremos alrededor del mundo y encontramos que por causa de las guerras civiles, las dictaduras y los abusos de los gobernantes se ven miles y miles de personas desplazadas, inmigrantes sin pasaportes, sin identidad, deambulando por territorios vecinos como ánimas en pena, sufriendo, subsistiendo y sin arraigo, sin empleo y dependiendo de la caridad. Esos eran ciudadanos de un país, con derechos y obligaciones, y cayeron en la desgracia social por causa de unos ilusionistas mentirosos y populistas que prometieron el oro y el moro y solo salieron ganando ellos y su banda de criminales aliados.

En Colombia, desde el nefasto día en que se retiraron del pensum académico de los colegios las clases de ética, urbanidad, historia y geografía, iniciamos el camino de la decadencia social. Ninguno o casi ninguno de nuestros jóvenes sabe dónde está parado, no se ubica en el mundo, no conoce nuestra historia y menos la de otras regiones; caímos en la inmediatez de las redes sociales, que no educan, ni forman en valores, ni enriquecen con orden a quienes están pegados de ellas.

Preguntémosle a cualquier persona qué entiende por ciudadano y casi les puedo garantizar que no tienen precisión de su significado, ni cercano están.

Aunque escribo esto con tristeza y desazón, quiero pensar que aún es tiempo de corregir estos problemas, que volvamos al arraigo, al conocimiento y al sentido de pertenencia que representa un verdadero ciudadano.

Propongo varios temas específicos que nos podrán ayudar a que el término ciudadano, resurja de las cenizas y se convierta en un verdadero sentido de la nacionalidad, a saber:

a.    La familia, como el núcleo principal de nuestro diario vivir. Entender el papel del padre y la madre, las responsabilidades en el hogar y fuera de ella como familia, es decir como parte de un grupo activo por el que hay que responder, apoyar y superar las adversidades, es pues un sentimiento de solidaridad hermandad y liderazgo.

b.    Los valores, aquellos que nos permitirán soportar el dolor, nos darán la fuerza para actuar respetando al otro, y tendremos presente que la lealtad, el respeto, el amor y el trabajo nos darán la posibilidad de ser mejores y superar las dificultades.

c.    El trabajo, si respetamos el trabajo que tenemos, aprovechando las oportunidades laborales que se dan por la formación y la educación las empresas sobrevivirán, mantendrán el ingreso de muchos ciudadanos y las nuevas generaciones tendrán opciones de vida.

d.    El orden y la disciplina, sin estos dos, no existirá la posibilidad de que un país, una ciudad o un grupo humano prospere. Si diariamente no actuamos ordenadamente, hacemos que las leyes se cumplan, que los contratos se respeten, que la palabra se honre, que se dignifique al semejante y se le dé valor a la vida, el camino estará perdido, serán más las dificultades y tropiezos que el éxito.

Todo esto para buscar que entendamos que equivocamos el camino, que en el hogar no hay orden, ni disciplina; cada uno de los miembros de la familia tira por su lado, no existe una comunión de intereses y eso lleva a que los jóvenes caigan fácilmente en las garras de los astutos y hábiles promeseros, que no creen en la familia, el orden, la tradición y el respeto por los demás; ellos acabarán con el país y se reirán de los que los apoyaron; no cumplirán ni darán nada a cambio, es el resultado de la falta de identidad, por no saber que tienen, perderán todo.

Los ciudadanos, los que acatan la ley y creen en el orden, están llevados, son violentados, no los dejan trabajar, ni disfrutar en un restaurante, ni caminar con tranquilidad, ni asistir a tiempo al trabajo, en fin, ellos que soportan la economía, la salud y la prosperidad de un pueblo, son hoy los marginados porque las autoridades no existen, son alcahuetas, irresponsables y corrompidas.

Tenemos que dar el brinco, responder con solidaridad, liderar nuevas estrategias encaminadas a recuperar la tranquilidad ciudadana, invocando primero a las administraciones municipales y a la justicia. Solo lo lograremos actuando con severidad, unidos en defensa de la institucionalidad y la democracia.

Démosle fuerza y sentido a la palabra ciudadano.

viernes, 17 de enero de 2020

Manzanas podridas

José Leonardo Rincón,S.J.*

De pequeño, a los adultos les oía decir que las buenas manzanas las dañaban las podridas. Aludían, por supuesto, a la convivencia humana y buscaban prevenirlo a uno respecto de las malas amistades, es decir, aquellos coetáneos  o personas mayores que uno, con notable ascendiente, pero que pudieran ser de negativo influjo. 

No era cuento. Efectivamente, en el colegio o en el barrio, no faltaban los “amiguitos” que eran auténticas “caspas”, esto es, perezosos, vagos, que se habían volado de la casa por desobedientes con sus padres, tramposos en los exámenes, viciosos que invitaban a sus fumatas, ladronzuelos de dineros en sus casas o de pequeñas cosas en la tienda del barrio, inductores sexuales que a su corta edad no solo tenían acceso a revistas pornográficas sino que también ya visitaban prostibulos... Estos jóvenes personajes, carentes de hogar y de afecto, rebeldes con toda clase de autoridad, eran insoportables e inmanejables y así, sin lugar a equívocos, se fueron convirtiendo en malandros y delincuentes. Creo que muchos, si no lo hemos vivido de cerca, ciertamente lo sabemos de otros.  Recuerdo en una comuna de Medellin, donde trabajé siendo novicio, el caso de una familia donde los muchachos ya delinquían de pequeños, luego formaron su “banda” que años después ganó reconocimiento en el mundo del crimen.

Quizás haya historias menos dramáticas que no necesariamente ocurren en sectores populares o de clase media. Como dice el comercial: pasa en las películas, pasa en la vida real, pasa en las mejores familias. En todas partes hay “hijos calaveras”, “ovejas negras”, “manzanas podridas”. Si por allá faltaba afecto y presencia de los padres, por acuyá sobraba en los tales “hijos de papi”, exceso de consentimiento, alcahueteria y falta de exigencia y disciplina.  En ambas situaciones falló la familia y muy probablemente la escuela no pudo compensar sus carencias. De la sociedad, menos podría esperarse.

De manera que cuando ya entrados en años, vemos lo que vemos, no deberíamos sorprendernos. Estamos cosechando de lo que hemos venido sembrando y cultivando. Todos esos fenómenos sociales que nos escandalizan y duelen son producto de una sociedad fallida, de un tejido social deshecho, de una “cultura” del atajo, de la trampa, de la mentira y la mediocridad, donde los “vivos” y avispados son los que mandan la parada, son reconocidos y exaltados y están al frente de esa corrupción generalizada que se ha instalado ya como paisaje en nuestro país.

Con la salida del General Comandante del Ejército, se puso en evidencia una red de malas prácticas, comportamientos que de tiempo atrás, por otras acciones (falsos positivos, chuzadas ilegales, etc.), también venían siendo cuestionados. No es del talante militar obrar así. El honor radica en la férrea rectitud, de modo que mancillarlo es atentar contra un valor esencial de la carrera. Algo similar podría decirse de la Policía donde el Dios y Patria, debería marcar la pauta pero donde no faltan redes corruptas de diverso orden que afectan la institucionalidad. 

Pasa en todas las instituciones y todas las ramas del poder público. Pasa también en las organizaciones privadas que antes se preciaban de impolutas. Pasa en la Iglesia Católica con todos esos escándalos propiciados por sus jerarcas y clero que la han herido gravemente y también en otras iglesias convertidas en lucrativos negocios. Pasa en el mundo del deporte, la cultura y el espectáculo. En todas partes “se cuecen habas”, nadie está exento, muchos tenemos “el rabo de paja”. 

Las manzanas podridas están ahí y amenazan el frutero entero.  Podar, sanear a tiempo, es tarea larga y dispendiosa. Por eso me preocupa tanto que se destruya la familia como célula fundamental del tejido social pues es en la cuna donde se aprenden los principios y valores. Por eso me preocupa que en el mundo de la educación, por encima de la formación humana integral, primen otros intereses, quizás válidos, pero no esenciales. Y para no alargarme más, la pregunta de Perogrullo: “¿Quién le pone el cascabel al gato?”.