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miércoles, 18 de febrero de 2026

El país de las ratas de dos patas

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Le calza al país la sabiduría de los cantos populares que describen el sentir de los pequeños y medianos empresarios y sus trabajadores al ver que sus negocios se desangran y ni los gremios ni el circo político electoral y conformista parecen ser capaces de darles esperanzas reales de subsistencia, pues el problema no son las instituciones sino la falta de carácter y determinación de obrar correctamente de las personas que las operan.

En un país que debería estar multiplicando oportunidades, el horizonte no está claro y el sentir de las personas honestas y del país emprendedor, que uno no se explica como sigue trabajando a pérdida, no es otro que la decepción con la conducción de la cosa pública y la representatividad asociativa.

Diga el lector el nombre de un santo o de un demonio, y le aseguro que acertará. Es exactamente lo que canta Paquita la del Barrio en el bolero “Rata de dos patas”: “Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho, infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija cuánto daño me has hecho. Alimaña, culebra ponzoñosa, desecho de la vida, te odio y te desprecio. Rata de dos patas, te estoy hablando a ti, porque un bicho rastrero aun siendo el más maldito, comparado contigo se queda muy chiquito. Maldita sanguijuela, maldita cucaracha, que infectas donde picas, que hieres y que matas”.

Y veamos qué es lo que causa ese sentimiento de misera indefensión, incredulidad y de odio por los politiqueros y la política, que lleva a quien razona a la desesperanza y al ignorante a vender su conciencia por migajas.

Estamos gobernados por la autocracia de una pila de degenerados que pretenden cambiar la constitución para asegurarse que el poder del Estado se concentre en quienes les sirven a las organizaciones criminales que se financian con el narcoterrorismo, corroen la justicia, violan todas las reglas del Estado de derecho y mantienen la ciudadanía bajo la inseguridad del asecho delictivo que igual mata de hambre, de enfermedad o de un balazo.

Económicamente hay una sola realidad: desconfianza total. Los números no dan, apuntan a la quiebra de los pequeños y medianos empresarios que ya trabajamos a perdida con la consecuente ruina de los ahorros y el freno total de la inversión, la realidad de los indeseados despidos, la pérdida de productividad en el campo y en la industria, la carestía de los productos, los servicios y los insumos afectados por el alza propia de la energía y la movilidad que ya no cuenta con los flujos de compensación, el incremento del lavado, la insostenibilidad futura de las remesas, la adversidad del contrabando y el comercio con una tasa de cambio irreal, y el desastre de sistema tributario que estrangula al contribuyente y resulta insuficiente ante un déficit y un costo de la deuda inmanejables, el despilfarro en gasto y burocracia estatal y la destrucción de las regalías y el sector minero energético que ha sido la locomotora del crecimiento económico.

Y ojo que no digan los candidatos para quedar bien con todo el mundo, que el problema no son las personas sino los acuerdos, cuando son las “ratas de dos patas” las que aquí han firmado los acuerdos falsarios e ilegítimos, la inclusión ilegal de la impunidad en la constitución y todo tipo de bombazos a la legalidad como el desconocimiento de la voluntad popular, la JEP y el “Fast-Track”.

“El conformismo estratégico y el costo político como justificantes de los decretos ilegales de Petro es lo más bajo y peligroso a lo que Colombia ha llegado. Ese argumento compró: Congreso, Cortes, políticos, medios, funcionarios y también el silencio del empresariado”.

Estamos dando vueltas en un remolino sin salida, está todo jugado a una ruleta calibrada para que siempre gane el casino cualquiera sea el número o el color donde pare la pelota, porque la clase tradicional y la emergente que consiente y calla, seguirán gobernando, mandando y mamando, y todo será más de lo mismo, porque hasta que el país no vuelva a reconocer un liderazgo dominante, seguiremos esclavos de componendas y acuerdos entre los torcidos y aquellos que aparentan ser éticos pero que para poder continuar figurando en la vida pública tienen que dar el brazo a torcer a cuenta del contribuyente, del empresario, del trabajador y tristemente del votante.

lunes, 10 de julio de 2023

¿Qué es lo que quiere el pueblo?

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Desde que a Ortega y Gassett se le ocurrió hablar del hombre-masa, manipulado por quienes detentan el poder, se ha aceptado como dogma entre los analistas de estas materias que sólo existen dos clases de personas: las que pertenecen a las élites gobernantes, encargadas de fijar las pautas que las masas deben acatar, de un lado, y, del otro, los integrantes de esas masas ignorantes y sujetas a los dictados de sus dirigentes.

Así se ha comprobado en la historia. Fue a través de la fuerza o del dinero como el poder cayó en las manos equivocadas. Y, con el tiempo, ya no hubo necesidad del empleo de la fuerza, pues fue más eficaz la utilización del dinero para enajenar conciencias, comprar votos, implementar el fraude electrónico y poner los medios de comunicación formales o virtuales al servicio de los asaltantes del poder.

Quedan, por supuesto, marginadas de este juego por el poder, las masas de individuos carentes de recursos. Buen ejemplo de ello lo estamos viviendo en Colombia, aunque, para ser más exactos, el pueblo colombiano ha demostrado ser superior a sus dirigentes cuando está en peligro la supervivencia del país y los valores esenciales que le dieron vida.

Recordemos lo que ocurrió con el acuerdo de La Habana negociado a espaldas del pueblo por el presidente Santos. Para acallar las críticas prometió este que el Acuerdo Final se sometería a la refrendación del pueblo mediante un plebiscito, pero se aseguró de antemano –en forma tramposa– que se obtendría el triunfo del , reduciendo el umbral al irrisorio porcentaje del 13%. O sea, que solamente 4.500.000 votantes definirían la suerte del país. Contó, por supuesto, con el apoyo de las mayorías parlamentarias repletas de políticos corruptos.

Pero no contaban con la rebelión del pueblo contra el montaje publicitario orquestado por el Gobierno, la clase política, los dirigentes privados, la Iglesia Católica (con el Papa incluido) y las organizaciones internacionales manipuladas por la izquierda. 21.233.898 habilitados para votar se abstuvieron de concurrir al llamado de votar y 6.431.376 votaron por el no. En total, 27.665.274 se rebelaron contra la clase dirigente que quería a toda costa imponer un pacto infame.

Lo triste de la historia es que –a pesar de la espontánea y libre expresión de la voluntad soberana del pueblo– esta fue desconocida nuevamente por los delincuentes incrustados en la Corte Constitucional y en el Congreso, que optaron porque mediante una simple proposición se desconociera el resultado del plebiscito.

En similares circunstancias nos encontramos ahora: Una elección espuria, repleta de violaciones a las normas electorales, nos dejó en manos de la recalcitrante y totalitaria izquierda.

¿Qué es lo que quiere el pueblo en estas circunstancias?

Solución a la crisis económica y fiscal. Pretende el régimen acabar con le principal renglón de exportación, los hidrocarburos. Se ha desbordado el gasto fiscal con enormes gastos y crecimiento de la nómina estatal. La economía, bajo la amenaza de expropiaciones, endurecimiento de las normas laborales, aumento de impuestos e inseguridad del país, afronta una crisis irreversible.

Que se termine la inseguridad y el caos que reina en todo el territorio nacional. Con impunidad campean las bandas delincuenciales, los clanes de narcotraficantes, los grupos terroristas y delincuentes de toda laya. La respuesta del régimen es sentarse a dialogar con la criminalidad, conceder impunidad a los bandoleros, compensar a los narcos, corruptos y guerrilleros su apoyo a la campaña presidencial, desarticular las fuerzas armadas y de policía, y legalizar milicias bajo los remoquetes de “guardias campesinas” o “gestores de paz”.

Que se devuelva a trabajadores y pensionados los derechos a un sistema de salud catalogado como uno de los mejores del continente y que el sistema pensional no se modifique para dejar los recursos de la clase trabajadora a merced de la corrupta camarilla que nos gobierna.

Que se ejerza el Gobierno en busca del bien común de todos los colombianos y no en beneficio de los gobernantes y su cuerda de amiguetes.

Ahora, como en octubre de 2016, debemos salir a manifestar, en forma libre y espontánea, nuestro descontento con el régimen.

Acompañemos nuestra protesta con la exigencia de que se respete el Estado de Derecho dándole curso al juicio político por indignidad interpuesto por el abogado José Manuel Abuchaibe ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, contra la campaña presidencial en la que se violaron los topes de gastos determinados por la ley.

Esa movilización debe concluir en la creación de una gran fuerza pluralista e independiente de los partidos políticos, que canalice el descontento nacional y rescate los valores culturales que el régimen materialista pretende destruir para instaurar –sobre las ruinas del país– la ideología marxista fracasada en todos los confines del mundo.

lunes, 27 de marzo de 2023

Del caos provocado al autogolpe

Por José Alvear Sanín

José Alvear Sanín

El país, 221 días después de la posesión de Petro, ofrece el panorama más caótico. Nunca habíamos estado tan mal. Inseguridad, paros, extorsión, asesinato de líderes sociales, crecimiento exponencial de narcocultivos, desarme de la Fuerza Pública y cese unilateral de su actuación, marasmo económico, malas relaciones con gobiernos legítimos y compadrazgo con dictaduras repugnantes. Aquí lo único total es el desgobierno. Mientras el orden público desaparece, Petro habla, twittea y delira, dentro de una incontenible diarrea mental rayana en la chifladura.

Las incontables reformas que presenta son alocadas desde el punto de vista racional, pero eficaces para la desintegración del país. Hasta ahora, la oposición parlamentaria se limita a ofrecer inocuas modificaciones cosméticas a los desatinos del gobierno, lo que les permite pensar a muchos que seguimos viviendo en una democracia constitucional.

Durante estos interminables meses el gobierno avanza estimulando el desorden social, económico, legislativo y moral del país.  Frente a la ilusoria “paz total” pocos se atreven a decir que el camino hacia la verdadera concordia exige fortaleza, en vez de claudicación y entrega. El desarme unilateral del Estado solo conduce al fortalecimiento de las estructuras político-criminales.

El gobierno piensa “negociar” tanto con organizaciones “políticas” (ELN, Farc), como con los grupos de delincuencia común. Con el ELN ya hay frecuentes diálogos erráticos e inconducentes. Con las Farc de “los comunes” la cordialidad es permanente, y con los disidentes habrá también condescendientes conversaciones. Pero ni con el ELN ni con las Farc se llegará a nada, porque Petro sabe que ese no es el camino que conduce a la anhelada revolución.

Cada día es más claro que el gobierno está provocando deliberadamente el caos, para que cuando el país esté absolutamente asqueado y descuadernado se pueda dar el autogolpe de Estado (“el timonazo”), para asumir plenos poderes, cerrar el Congreso y las Cortes, con el loable propósito aparente de restablecer el orden público y contener la barbarie.

Después del timonazo y en medio del subsiguiente sentimiento colectivo que acompaña siempre a quienes quieren eliminar el caos para que retorne la normalidad, estallaría la paz con el ELN, grupo que solo se conforma con el “control del Estado en su totalidad”.

Hace pocos días, cuando esos individuos repitieron ese anuncio, las buenas gentes creyeron, con la revista Semana, que ellos “han dado pocos gestos de querer alcanzar un acuerdo de paz con el gobierno”.

Nada de eso, que es pensar con el deseo y con las categorías de 500 años en los que el Estado ha representado el orden y la legitimidad, porque tanto Petro como los del ELN son marxistas-leninistas inconmovibles, comprometidos con la revolución y teleguiados desde La Habana, esperando el momento propicio para el zarpazo definitivo. Mientras no se entienda que gobierno y ELN están unidos por un común propósito revolucionario, todo el debate político en Colombia es ilusorio. Las diferencias aparentes entre ellos son calculado teatro para desviar la atención mientras prosigue el engaño.

Las fuerzas revolucionarias saben que les falta muy poco para gozar de su macabro sueño. Ya controlan totalmente el Estado y disponen de los infinitos recursos del narcotráfico, mientras las dispersas corrientes de oposición retozan entre dulces sueños electorales de rosados horizontes, en octubre de 2023 y junio de 2026, como si bajo un gobierno comunista pudiera haber comicios libres.

Basta mirar a Venezuela para ver cómo será nuestro futuro, siempre con elecciones fraudulentas y partiditos juguetones, mientras se consolidan y perpetúan el voraz crepto-lumpen en el poder y la más aterradora miseria en el país.

lunes, 17 de mayo de 2021

La verdad

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Creo, con razones de peso, que surgen del análisis realizado a la información de prensa, radio, redes sociales y noticieros, y a observar en forma directa a los manifestantes, que la verdad sobre lo que realmente está sucediendo en Colombia es que no hay una causal nueva, que sea diferente a la que vive cualquier país del mundo en la actualidad y que sirva para explicar de fondo la violencia con la que se están realizando las expresiones populares y las masivas actividades vandálicas que tienen en jaque a todo el territorio nacional.

Es cierto que en Colombia hemos avanzado más en la búsqueda de bienestar para los ciudadanos que en otros países del mundo. De eso no se habla, no se muestran indicadores, ni se compara con cifras de esos lugares, pero en salud la cobertura es alta, el Sisbén protege a más de cinco millones de personas, y sus beneficiarios son atendidos en los mejores hospitales y centros de salud. Además, el sistema de seguridad social integral exige la vinculación de los trabajadores y sus familias a este sistema, lo que nos permite afirmar que, si sumamos al trabajador tres miembros de su familia y son once millones (11.000.000) de personas con trabajo formal, estaríamos hablando de cuarenta y cuatro millones (44.000.000) de personas con protección en salud. Así podemos mostrar el buen resultado de la salud para los colombianos, aunque obviamente hay problemas de atención rápida y oportuna, que es y debe ser objeto de análisis para mejorarla, y de corrupción en algunos centros de asistencia, la cual se debe combatir, eliminar y sancionar.

En educación hasta el bachillerato es gratuito, y a partir de ahora será también la educación universitaria gratuita para los estratos 1,2 y 3; gran avance, esperemos que la deserción no sea alta y por ende los estudiantes deberían cesar el paro y reintegrarse a la universidad.

En el tema del trabajo, las centrales obreras, no aportan soluciones a los problemas, crean dificultades y llevan a que las empresas paren, pierdan clientes, se interrumpan los procesos y avance el desempleo. El Estado debe promover la creación de fuentes de trabajo a todos los niveles, en los municipios, en las ciudades y el agro, incentivar la creación de empresas nuevas, apoyar a los emprendedores.

En el deporte, cada vez más a través del Ministerio se promociona, incentiva y apoya lo que nos trae alegrías ya que ha generado campeones en todas las diversas modalidades. Aquí también se puede lograr avances significativos con escuelas de formación, que impidan que la juventud caiga en la droga, porque si se mantienen ocupados estudiando y haciendo deporte venceremos la pereza, la desigualdad social y podrán tener una buena calidad de vida. El deporte asegura esta posibilidad de mejoramiento económico.

En vivienda. El Ministerio ha venido realizando una gestión encaminada a dotar de vivienda digna a miles de colombianos, falta aún bastante, pero es una gestión que no para, lo hacen bien y no tengo conocimiento de signos de corrupción en esos contratos.

Estos son los principales ítems promotores del cambio social que lidera el gobierno actual y que los anteriores también los impulsaron. El Estado no ha parado de buscar soluciones mes tras mes, pero no se le puede olvidar a ningún ciudadano que venimos de un año largo de cuarentenas por la covid-19, con más de 80 mil muertos, casi tres millones de afectados y que, pese a esa adversidad, el gobierno atiende emergencias, da ayudas a los empresarios con las nóminas, extiende plazos de pago de créditos, y demás obligaciones tributarias que se tienen en el país, cumple con su deber constitucional y lo hace mejor que en otros países. Pero no basta, piden más y más, no se da apoyo a la institucionalidad y se sale a un paro nacional, sin sentido, sin razón, solo por el mandato de un señor de izquierda que quiere llevar al país al caos, para decir que será el salvador y obtener el voto ciudadano; daño inmenso el que está promoviendo y lo peor es que los ciudadanos no se dan cuenta del juego de la izquierda que promueve en América Latina el caos y el desorden.

No existen razones lógicas, ni válidas para continuar en paro, deben cesar de hacer daño a las ciudades, de incendiar, lesionar a más de 800 policías, a generar vandalismo y muerte de sus propios compañeros, más de 30 muertos y miles de heridos… si eso es un triunfo, pues los dirigentes del paro tienen un problema mental, eso es odio, rencor e incapacidad para vivir en sociedad.

Van a continuar y dicen que la única razón de la reunión con el gobierno, “es para que les den garantías para la integridad de quienes están protestando, que haya una desmilitarización y que se ordene la suspensión del uso excesivo de la fuerza y armas letales por parte del Esmad”, petición que tiene un solo objetivo, más caos y miseria, más muertos y heridos y así incentivar a la revuelta general y tumbar el gobierno.

Pues no, debemos proteger la institucionalidad, al gobierno del presidente Duque, a la democracia y derrotar a quienes solo quieren un país en llamas, envuelto en la miseria y hambre como el país vecino.

viernes, 14 de mayo de 2021

Al meollo del asunto 2, propuestas

Pedro Juan González Carvajal
José Leonardo Rincón, S. J.*

Ahora entendí lo que es la viralidad. Un modesto artículo semanal, sin más pretensión que comunicar a mis amigos lo que pienso, de pronto resulta acogido por una multitud que se identifica con esas ideas. Tamaña responsabilidad en la actual coyuntura, porque se trata de aportar y construir, ofrecer luces y generar esperanza, cuando todo parece perdido, oscuro y sin futuro.

Una crítica constructiva que recibí fue esta: “muy bueno, muy claro, hace pensar, pero no propone nada”. Me sentí retado entonces no solo a criticar, sino también a ofrecer pistas sobre cómo llegar al meollo de la crisis estructural que vivimos, sin buscar chivos expiatorios y más bien siendo proactivos. Estamos sobrediagnosticados y se requiere menos discursos y más gestión. Es el cuarto de hora para el liderazgo auténtico. Me quejaba de la ausencia de liderazgo y no es verdad que no haya. Líderes sí hay, sí existen. El problema es que se quiere ser políticamente correcto y muchos son esclavos de mantener su rating de popularidad, evitando posturas que los comprometan pues corren el riesgo de quemarse. Por eso esta es la hora de los grandes retos para gente noble y con grandeza de espíritu. Líderes que afronten los problemas, llamen las cosas por su nombre y se sienten a dialogar sin agendas ocultas, con trasparencia y con vocación de servir a la patria.

He visto propuestas concretas para ir a ese meollo. Me ha gustado que la gente piense y se exprese propositivamente. Hay puntos donde convergemos todos. Eso es importante porque hay que dejar de lado los intereses egoístas y mezquinos. Me preocupa sí que el tiempo corra y los diálogos no avancen. Protestas sí, bloqueos no. Reitero mi rechazo al saqueo, el vandalismo y la violencia, pues es como escupir hacia arriba. Hay que construir, no destruir.

Me he detenido en el listado de temas que el Comité de Paro y los rectores de las universidades más importantes del país han planteado. Comparto sus propuestas:

* Rescate ético: la vida es sagrada. Honestidad y transparencia como estrategia frontal contra la corrupción en todas sus manifestaciones. Cumplir el mandato popular. Los mejores líderes deben conducir y recuperar las instituciones.

* Estado de derecho: reformar el Congreso en cuanto a composición, tiempos y costos; recuperar la credibilidad en la justicia impoluta y eficiente, que impida la impunidad. No más asesinatos de líderes sociales, derecho a la divergencia y la protesta, fuerza pública no represiva.

* Fortalecimiento de la democracia: equidad de género y respeto a la diversidad. Mayor participación ciudadana: escuchar las voces de los estudiantes y cumplir los compromisos pactados.

* Economía. Presupuesto que invierta en los temas neurálgicos: menos para defensa y más para salud, educación, justicia. Sistema pensional razonable. Reforma tributaria justa, Recorte en el gasto público.

* Acuerdos de paz: implementarlos, cumplirlos, no hacerlos trizas. Avanzar en nuevos diálogos.

* Educación de calidad y para todos, con currículos integrales, gratuita o de bajo costo para estratos 1 al 3. Mantener al menos por una década la inversión sistemática en ella.

* Salud para todos, concebida como derecho, no como negocio.

* Ecología: cuidado de la casa común, del agua que necesitamos, de especies animales en extinción y de evitar acciones destructivas como deforestación, explotación minera indiscriminada y contaminación.

* Tema agrario: restitución de tierras, apoyo agrícola al campesino, precios justos, incentivos que motiven invertir en el campo.

Si el listado de problemas es enorme, otro tanto son las propuestas para darles respuesta. Hay que hacerlo. No valen los paños de agua tibia, ni buscar ganarles a los otros. Hay que ceder y conceder, pero nunca retroceder. Hay que pensar en grande. La historia nos juzgará por haber hecho bien las cosas También en el juicio final nos van a evaluar no tanto por lo que pensamos, sentimos, dijimos, las buenas intenciones que tuvimos. Lo que cuenta fue lo que hicimos. Es nuestra hora.

martes, 16 de febrero de 2021

De cara al porvenir: mucho cuidado

Pedro Juan  González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Solo con la inteligencia y la capacidad de síntesis que poseen los caricaturistas, Consuelo Lago, a través de su extraordinario personaje, la “Negra Nieves”, sentencia: “Los países inteligentes no deben vender su luz, ni su agua, ni su aire, ni su tierra a los extranjeros”.

Obviamente esto aplica para los países inteligentes, que se supone cuentan con ciudadanos inteligentes, lo cual no es nuestro caso.

Se encendieron las alarmas por la oferta que públicamente lanzó Ecopetrol a través de los medios de comunicación de comprar el total de las acciones de ISA.

Aun cuando esta propuesta puede presentarse como una jugada maestra por parte del gobierno para que una entidad pública compre a otra entidad pública para no perder el control, esto en el fondo no es completamente cierto.

Ya hemos vendido un porcentaje significativo de Ecopetrol. Cuando se habló de vender a ISA, hubo reacciones fuertes en contra de esta iniciativa, pues esta empresa maneja una actividad estratégica y fundamental para el ejercicio de la plena soberanía nacional.

Ahora bien, si Ecopetrol se queda con ISA y luego el gobierno de turno quiere vender otro porcentaje de Ecopetrol, pues estará vendiendo una parte proporcional de ISA, lo cual es un excelente juego de triangulación, ya que, por ley transitiva, vendiendo parte de una, se tiene acceso a las dos por parte del comprador y en contra de los altos intereses nacionales.

Las voces autorizadas deben pronunciarse a tiempo, pues “después de ojo sacado, no vale Santa Lucía”.

El escenario energético mundial está cambiando a un ritmo vertiginoso, que trata de compensar la demora histórica en el reemplazo de los combustibles fósiles.

Para el caso de Colombia, la mayoría de los países del mundo dejarán de utilizar carbón antes de la mitad de este siglo, lo cual nos obligará a ser nosotros los consumidores del recurso propio, sobre todo ante la oportunidad y la necesidad que se tiene, ya que Colombia se quedará sin gas natural antes de 2 decenios.

El crecimiento del empleo de las energías alternativas, el hecho de que en pocos años el valor de la energía eléctrica será igual al de la energía no convencional, el abaratamiento de los carros eléctricos y el mejoramiento de las baterías en eficiencia y costos, así como la popularización por costos del uso domiciliario de panelerías solares, harán que se dé una verdadera revolución entre los consumidores de energía que somos todos, al pasar de consumidores a prosumidores de energía.

Pasando a otro asunto, un gobernante verdaderamente serio, no emplea los cargos diplomáticos ni los cargos técnicos como el de codirector del Banco de la República, para pagar favores políticos o para favorecer a sus simpatizantes. Si así lo hace, pues muestra y evidencia su falta de jerarquía para poder ser considerado como un verdadero estadista.

Así mismo en lo local, debemos aprender que candidatos que no estén respaldados por partidos políticos verdaderamente conformados, con plataformas y cuadros administrativos adecuadamente consolidados, no deben llegar a los cargos de alcaldes o gobernadores, pues no tienen con quien trabajar y se llenan de gente indudablemente buena y en algunos casos preparada, pero absolutamente inexperta, lo cual lo lleva a tener que traer funcionarios de otros lugares geográficos o a nombrar personas para que aprendan mientras se desempeñan en el cargo. Una ciudad y un departamento no deben servir como escenario de práctica ni de entrenamiento para los funcionarios tempranamente designados.

¿Será que aprendemos?

domingo, 5 de abril de 2020

Lo bueno y lo malo


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Continuar hablando de la pandemia causada por el covid 19 y de la cuarentena en nuestra tierra es repetir historias ya conocidas, noticias y augurios positivos o negativos. Al pasar los días este asunto que nos tocó vivir, que nos llegó casi que de sorpresa permite reflexionar y tiene necesariamente que dejar enseñanzas a todos nosotros, en cuanto a la forma en que veíamos el planeta tierra, inmenso y dividido por territorios, y liderado por seres humanos de ideologías diferentes, que se creían y siguen creyendo que son mejores que los demás. Controlan unos a sus ciudadanos con fiereza y muerte, otros con respeto y dignidad por sus congéneres, pero a ambos les tocó entender que no hay poder absoluto, que ellos no son la salvación y que deben entender que con la naturaleza no se juega, que la vida da giros impredecibles y que de un día al otro los que están arriba pueden quedar abajo y no se requiere sino que un suceso extraño, poco corriente ocurra y haga cambiar las costumbres y pensamientos de los pueblos.

Nosotros hemos actuado con respeto por la norma, hemos acatado las decisiones de los gobernantes, inicialmente, en forma parcial, las ordenes de los alcaldes y luego en forma unificada las del gobierno central, entendiendo que se actuó a tiempo, con presteza y diligencia. Por eso la curva de la pandemia se va controlando y no se ha congestionado el sistema de salud.

Hemos acatado el pico y cédula para mercar, para utilizar el servicio público, y evitar congestiones.

Las empresas grandes han aportado dinero y equipos, y mantenido el empleo porque tienen caja para hacerlo.

El gobierno ha sido proactivo y ha ayudado a algunos sectores de la sociedad, pero ha sido negligente frente al llamado social de los artistas de Colombia que son muchos, muy importantes y valiosos para la convivencia, la cultura y el disfrute social.

Las pequeñas y medianas empresas también acataron la orden de cuarentena, unos han podido pagar sus nominas y otros no, porque el factor caja es vital para lograr que ellos cumplan con ese objetivo. Siguen manteniendo el empleo sin pago y con la esperanza de reintegrarlos al trabajo. Unos y otros recurren al malabarismo económico y se sostienen con el fiado, tarjetas de crédito si las tienen, y con la esperanza de la reactivación. Otros han tenido que recurrir a sacar a los trabajadores a vacaciones anticipadas ayudándose así para que cuando regresen ya puedan prestar el servicio constantemente.

Los 22 millones de trabajadores informales, están viviendo de los subsidios del Estado, de las ayudas de familiares y amigos, pero hasta cuándo podrán hacerlo; estos días para ellos han sido infernales acompañados del sufrimiento de sus hijos, esposas y parientes cercanos porque ellos sí tienen solidaridad entre ellos, se acompañan y comparten lo que tienen.

Todos por la razón o por la necesidad, entendemos que el abrazo, el beso, el saludo de manos, ya son cosas del pasado; que debemos lavarnos las manos muchas veces en el día y que la higiene general es necesaria en la cotidianidad si queremos evitar la propagación del virus. Esto cambia drástica y dramáticamente el comportamiento ciudadano.

Ahora bien, hemos aprendido de las dificultades y han surgido cosas buenas en el entorno familiar y en la solidaridad general, pero no podemos seguir en cuarentena, porque lo que ha sido bueno se convierte en un grave problema de subsistencia ciudadana, de caos y de violencia. Estamos teniendo brotes de robos, ataques a vehículos de alimentos, indisciplina en algunos sectores de las ciudades, falta de dinero para alimentación y entonces ello puede conllevar al efecto contrario, un despelote social con lo que se pierde la tarea que el gobierno y los ciudadanos estamos haciendo para mitigar los efectos de contagios múltiples que colapse el sistema de salud.

Es, además, necesario que el gobierno entienda que los estudiantes y mayores de 70 años, deben seguir en cuarentena por su vulnerabilidad, pero los otros debemos salir a trabajar con cuidado, con lo aprendido y continuar la vida.

El 85% de los municipios de Colombia no tienen casos de contagio, abramos esos municipios para que allá, la vida tenga normalidad. Deben mantenerse cerradas las fronteras y organizar el transporte de alimentos.

Las grandes ciudades, deben generar formas de ingreso, establecer días de trabajo por cédula y turnos en las empresas y negocios. Es necesario que reactivemos la economía, de lo contrario tendremos pandemia y crisis económica; todo tiene su límite para lograr el resultado, esa justa medida es la que tendrá que evaluar el gobierno para evitar el colapso.