José Alvear Sanín
La situación fiscal es insostenible y el
gobierno tiene razón en dar prioridad al saneamiento fiscal, pero con la
reforma tributaria implícita en la Ley de Rescate se expone a provocar el
rechazo airado de las mayorías y hasta el estallido social…
Es verdad que ante un hueco fiscal que nadie
sabe si es de 60, 80 u 100 billones de pesos, las medidas son tan onerosas como
urgentes, porque, si “la bomba de tiempo” que dejó Petro no se desactiva antes
de que estalle, el default es inevitable y las consecuencias económicas y
políticas, aterradoras.
Desde luego, el nuevo esfuerzo tributario que
se exige a un cuerpo exhausto de contribuyentes aparece como la fórmula,
tremenda pero necesaria e inevitable, para conjurar la peor crisis económica,
fiscal y financiera de la historia nacional, pero el riesgo que con esa fórmula
corre un gobierno que en buena parte fue elegido bajo la promesa de no aumentar
la carga tributaria, injusta, asfixiante y abusiva, es muy preocupante.
Si el gobierno de Abelardo de la Espriella
fracasa, el futuro de Colombia queda en entredicho y la izquierda falaz,
corrupta y totalitaria, puede repotenciarse electoralmente, con previsibles y
horrorosas consecuencias.
Con razón se preguntará: ¿Cómo sanear la
situación, sin los nuevos y gigantescos recursos tributarios que la crisis
exige?
Claramente sé que la solución no tributaria de
la crisis parece imposible, y sin embargo hay un recurso tan apreciable como
olvidado, las reservas del Banco de la República, actualmente del orden de
67.000 millones de dólares.
No ignoro que el Banco de la República, afortunadamente,
es autónomo, pero esas reservas, que ha administrado muy bien, no son de esa
entidad, sino que pertenecen a la nación colombiana, que requiere hoy con
máxima urgencia de 20 o 25.000 millones de dólares para dejar atrás la herencia
maldita de Petro.
Tampoco desconozco las dificultades técnicas y
jurídicas para poder disponer de esos recursos, pero es mi deber recordar que,
en crisis agudas, bajo Belisario Betancur y luego, en el gobierno de Andrés
Pastrana, fueron superadas con la utilización de partes de las reservas del
Emisor. En la segunda de esas ocasiones, el impecable empleo de las reservas se
ejecutó con la dirección de ese gran ministro de Hacienda que fue Juan Camilo
Restrepo Salazar.
Una operación como la que propongo exige rigor
técnico, para evitar la monetización de equivalente suma en pesos, de manera
que únicamente debe conducir al prepago de deuda pública ruinosa, para
disminuir en gran medida el costo astronómico que exige la actual y aplastante
deuda pública, cuyo servicio, si no se toman medidas urgentes, puede alcanzar
los 140 billones de pesos, el año entrante. Reduciendo esa erogación siquiera a
la mitad, nos podríamos acercar al equilibrio fiscal con mucha mayor rapidez
que con otra exacción tributaria de incierto resultado.
Así como en momentos de crisis familiar hay que
vender el carro, rebajar gastos, apretarse el cinturón y mudarse a una vivienda
modesta, el Estado tiene que enfrentar los hechos, y ninguna de sus
dependencias puede negarse a participar en los sacrificios que exige la
situación.
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