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viernes, 21 de julio de 2023

Bogotá inmóvil

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Recibí copia de un correo del ingeniero Jorge Prieto, ciudadano bogotano, en el que hace un derecho de petición a la Dirección Técnica de Planeación de Movilidad de la Alcaldía de esta capital de la República. En uno de sus párrafos me menciona diciendo que un artículo que escribí hace meses en este muro sobre los problemas de movilidad le hizo tomar conciencia de este delicado asunto.

Expone ampliamente sus argumentos y la sensación que queda al final es que estamos peor que antes. No exagera. Todos los días me desplazo por nuestras calles y compruebo que no miente: estamos en la sucursal de la luna con unos cráteres peligrosos que no solo dañan la suspensión de los vehículos, sino que ya ha cobrado la vida de varios ciclistas y motociclistas. Si estuviéramos en un país desarrollado, las demandas que perdería la Alcaldía le resultarían más caras que el arreglo de sus vías, pero aquí no pasa nada, todo el mundo refunfuña, no protesta, se resigna y aguanta, hasta cuando llegue el próximo estallido social que acabe con media ciudad y el Gobierno de turno se vea obligado a sacudirse de su letargo.

Criticamos entonces el gasto inoficioso, que no la inversión de un montón de aditamentos costosos (ojos de gato, taches, postes plásticos, etc,) que más demoran en instalarse que ser arrancados para robárselos dejando destapados sus anclajes metálicos apenas precisos para pinchar llantas y torcer rines. Les ha dado también por gastar miles de galones de pintura en señalizaciones sobre superficies deterioradas y para inventarse parqueaderos callejeros sin parquímetros, con cobros altos y amenazas de cepos a los que allí se ubiquen y no paguen a tiempo sus estrafalarias tarifas, tan altas o más caras que las de los parqueaderos de verdad, con funcionarios improvisados y altaneros que se sienten plenipotenciarios alcaldes locales. Para poderlos habilitar roban espacio para amplios carriles de ciclo rutas que muchos ciclistas descaradamente no usan y hacen unos trazados para carros propios del Macondo garciamarquiano porque uno de sus corredores lo utilizan, abusivamente, para instalar sus famosos parqueaderos callejeros.

Estamos, pues, en la Bogotá inmóvil, llena de ciclo rutas sin ciclistas, de parqueaderos inventados para buscar plata a como dé lugar, con enormes gastos de pintura y aditamentos que los dañan pronto, con andenes rotos encerrados en polisombras inaccesibles, con calles y avenidas cerradas por meses, obligada reducción de carriles, semáforos electrónicos desincronizados, severos picos y placas que se pueden obviar pagando, etc. Que nos digan entonces la verdad, pero tengo la certeza de que todas estas geniales estrategias son para desincentivar el transporte de particulares. Decisión maravillosa si tuviéramos la alternativa de un transporte público masivo, organizado, eficiente, ágil y decente. No lo tenemos y esto es una anarquía donde no se respetan las señales de tránsito, los peatones se le tiran a los carros de modo amenazante y la gente hace lo que se le da la gana. ¡Qué vaina, pero es la realidad!

viernes, 25 de noviembre de 2022

De todos y de nadie

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Bogotá, como capital de la República, acoge a todos, propios y extraños. Es de todos y a la hora de la verdad: ¡de nadie! Muchos han querido y han logrado ser sus alcaldes, más como trampolín político para su carrera hacia la presidencia que propiamente porque les conmueva o interese su suerte. Saben que si lo hacen bien se les despeja el camino hacia la casa de Nariño.

Pero Bogotá es una cosmópolis enorme e inmanejable que a muy pocos les duele. Rolos, rolos, de esos cachacos auténticos originarios de esta sabana, pocos, pocos. Sus habitantes son en su mayoría la resultante de una simbiosis o, si se quiere, una amalgama de culturas y tradiciones de todas partes. Aquí hay de todo como en botica. Todos quieren usufructuarla, pero pocos están decididos a cuidarla. La modélica cultura ciudadana que uno viera en antaño en otras ciudades aquí ha brillado por su ausencia. La gente despotrica de su desorden, su inseguridad, sus basuras, su caos vehicular, su inclemente clima, todo lo que quieran, pero muy pocos estarían dispuestos a contribuir para sacarla adelante y hacerla bella y grata.

La pared y la muralla son el papel de la canalla, decían los ancestros con razón, sin embargo, una gaminería que pide se les respete ha pintorroteado muros y monumentos. No hay ninguna obra de arte, no hay expresión más allá de su afán de dejar constancia del querer marcar territorios y ensuciar más la ya mugrosa cara que tiene. Se colocan canecas de costoso aluminio para que se depositen allí las basuras y si no se las roban, tiran los desechos por fuera para contribuir a hacer más grotesco el espectáculo. Las torres de señalización se vuelven el tablero de pelafustanes desocupados que borran cualquier vestigio de información. Las estaciones del Transmilenio se vandalizan descaradamente cuando la turba se enardece y sus torniquetes de acceso son ridiculos monumentos que solo utilizan unos pocos, porque todos quieren colarse gratis en sus artículados.

Me impacta ver el multimillonario gasto haciendo ciclorutas, estrechando aún más las angostas calles, colocando miles de costosos taches que las demarcan, separadores y columnas verticales, hectolitros de pintura derramados en el piso con colores diferenciados, todo eso para que los intrépidos ciclistas sigan raudos haciendo cabriolas entre los carros o asustando gente en los andenes y esas lujosas vías que les hicieron, de adorno y a merced de ladrones que se roban lo que pueden. Millones de millones para artefactos inútiles y ni un solo peso para tapar los huecos de la destrozada malla vial. En estos días decían que diariamente se accidentan y mueren motociclistas victimas de caídas en cráteres abísmales. Prefieren pagar las autoridades miles de millones en SOAT, pólizas de seguros y abarrotadas salas de urgencias con jóvenes lisiados de por vida, que gastar en mejorar las vías. Pareciera que cada funcionario quiere lucirse con sus obras, pero que no hay planeación ni coordinación a la hora de ejecutarlas.

Sepultado Carreño y sus normas básicas de urbanidad. Olvidado Mockus el único alcalde que luchó por rescatar esas elementales normas de comportamiento ciudadano. Desterrada la educación cívica de las aulas. Ignorada desde la cuna por padres de familia y desde la escuela por amedrentados educadores… La caótica vorágine capitalina está a la deriva del sálvese quien pueda. Decía el popular Gómez Bolaños en sus libretos: “Y, ahora, ¿quién podrá defendernos?” ¿Algún torpe Chapulín o alguien con coraje, tenacidad y pantalones bien puestos?

jueves, 26 de mayo de 2022

¿Debe el erario pagarle la costosa imagen?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Nadie está en desacuerdo con que un alcalde quiera mejorar su imagen apelando a sus propios recursos. Puede, por ejemplo, antes de posesionarse, tomar algunas lecciones de redacción y correcta pronunciación de las palabras, aprender modales, a vestirse bien, a usar desodorante, a ceder el puesto a las damas y los ancianos, a no romper la bolsita de té para echar su contenido en el agua hirviendo… O dejar el aprendizaje de estos gestos y actitudes para después de la posesión, como tantos debieran hacerlo…

Hasta aquí yo entiendo, pero lo de la imagen ahora se extiende dizque a la proyección de esta en la ejecución del “programa”, en el “acercamiento a la comunidad”, la “socialización de las medidas”, el contacto con las gentes, y así sucesivamente. La “imagen” del mandatario local exige entonces la tutoría permanente a cargo de unos asesores estupendamente pagados y de unas oficinas públicas dotadas de abundante “talento humano” y de enorme presupuesto publicitario.

Los asesores, con frecuencia extranjeros e ignorantes de la idiosincrasia nacional y local, dirigen toda la “estrategia” para hacer del alcalde todo un personaje “nacional”, y para dirigirlo con las instrucciones adecuadas con el fin de contradecir, superar, tergiversar y contrarrestar el descontento ciudadano, o para enervar y obstaculizar la revocatoria cuando esta se les viene encima.

Todas estas labores son costosas, porque los grandes medios de prensa, radio y tv son carísimos, y sin contratar la correspondiente pauta, no se acuerdan de nadie…

Correspondió a Fajardo el mérito de enseñar —al fin y al cabo, fue docente de matemáticas—, cómo un desconocido alcalde “de provincia” se convierte en personaje “nacional”. Durante su muy mediocre Alcaldía, varios miles de millones de pesos se “invirtieron” en los medios, con anuncios, visibles unas veces, o con “espontáneas” entrevistas y costosos publi-reportajes; y con menciones, separatas, comentarios, etc., especialmente en medios capitalinos bien alejados del Valle de Aburrá.

Después del eficaz ejemplo de este “pispo” personaje, en todo el país se disparó el presupuesto publicitario de gobiernos locales. A peor gestión, mayor pauta, porque de las alcaldías se pasa al Congreso o a ministerios y hay que darse a conocer…

Ahora bien, los recientes y titánicos esfuerzos por mejorar la imagen de Claudia López y de Quintero son dignos de consideración.

De la descobalada alcaldesa de Bogotá se sabe que su imagen le cuesta al Distrito más de $ 30.000 millones al año. https://www.semana.com/nacion/articulo/alcaldia-de-claudia-lopez-habria-gastado-mas-de-30-mil-millones-en-publicidad/202222/, pero el peor alcalde que ha tenido Medellín desde su fundación en 1616 no se queda atrás.

Además de la pauta, en estos días, cuando fue suspendido por el menor de sus abusos, se ha sabido que entre el asesor ecuatoriano-brasileño y el colombo-argentino, en los últimos meses van más de $ 900 millones en honorarios. ¡Y la simbiosis entre su bolsillo y la Tesorería le permite a Pinturita viajar a Washington, con nutrido séquito de 10 personas, todos con pasajes y viáticos a cargo del Municipio, a quejarse ante la mamerta Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aunque el proceso se debe iniciar virtualmente!

Además de lo penal (que nadie investiga) y de lo ético (que a nadie preocupa), la orgía propagandística de esos alcaldes es totalmente inútil. El producto es tan malo, que ninguna plata alcanzará para mejorarles la imagen.

***

Sobre el documental “Reclutadas”, de Juan Pablo Bieri, https://www.youtube.com/watch?v=Lk9vRxwIY6k, sobre los 20.000 y más menores de ambos sexos secuestrados, entrenados para matar, violados y asesinados cuando manifestaban desacuerdo con el acceso carnal o el aborto obligatorio, por parte de las FARC, lo único que comento es que ni los SS nazis llegaron a tales extremos de crueldad, abyección y perversidad. ¡Y el Secretariado en el Congreso! ¡Y su candidato punteando en las encuestas!

viernes, 19 de noviembre de 2021

Caos capitalino

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

La diatriba no es contra la alcaldesa, porque manejar un monstruo de ciudad como esta no es ni será fácil para quien aspire a ganarse tamaño dolor de cabeza. Un solo funcionario, por más bueno que sea, nunca podrá hacer mayor cosa si no es de la mano de la cooperación ciudadana.

Bogotá, como capital del país, es y debe ser una ciudad abierta a todos. No es el pueblo de los rolos, es la capital de la República, es el centro de la nación entera. Esa es su fortaleza, pero también es su mayor debilidad: ser de todos y ser de nadie. Porque aquí todo el mundo se siente con derechos, pero pocos quieren cumplir con sus deberes y así no debe ser.

He vivido y conocido bastante otras ciudades y la gente quiere lo suyo. Lo siente como propio, lo cuida y lo defiende. Bucaramanga y Pasto, por ejemplo, son vivideros muy agradables. Cali era el modelo de ciudad cívica y desde hace algún tiempo comenzó a dejar de serlo, particularmente después del paro es un auténtico caos. Medellín, otro ejemplo, a pesar de su desbordante crecimiento en un valle que ya no aguanta más edificios (el 75% vive en propiedad horizontal) y cuyas estrechas vías no soportan un vehículo más es, sin embargo, todavía, una ciudad con alto nivel de civismo. Ejemplar la cultura Metro: la limpieza y organización de sus estaciones, los vagones impecables, el celo que hay en todos por cuidar este bien común. Hay cultura ciudadana, hay sentido cívico.

Ad portas de entrar en los 60 y debe ser por eso, porque me voy volviendo viejo, no dejo de lamentar que hayan suprimido en el currículo escolar las clases de urbanidad y cívica, comportamiento y salud, educación moral y religiosa y que esté en crisis la de ética y valores. No nos digamos mentiras, ni seamos políticamente correctos, una población maleducada como la que hoy tenemos es germen de muchos males sociales.

La experiencia que yo tengo a diario es que aquí la gente hace lo que se le da la gana. La agresividad de quienes conducen un vehículo es su nota característica pues impera la ley del más fuerte. Así los otros se perjudiquen, se trata de imponerse y hacer sentir su fuerza y poderío. Motociclistas, ciclistas y peatones, literalmente, se lanzan a los carros en actitud retadora y hasta grosera. Se atraviesan, cierran el paso, invaden el carril de velocidad para imponer su ritmo lento, nadie quiere ceder el paso al otro y si pone las direccionales pidiendo cambio de carril más rápido aceleran la marcha para impedirlo. La malla vial da grima y evidencia lo chambones que han sido muchos de los contratistas que la han “arreglado”. Por haber querido desestimular el uso del vehículo con un restrictivo pico y placa, lograron duplicar las ventas de automóviles para tener en casa la otra placa y poder movilizarse.

La inseguridad aumenta y la delincuencia rampante se pasea oronda. El 77 % de los capturados en flagrancia quedan en libertad para seguir haciendo de las suyas. Se sabe que estamos en un país de impunidad, donde desde el ladrón de barrio y el de cuello blanco, hagan lo que hagan, no les pasa nada y, si les pasa, al poco tiempo quedan libres para disfrutar lo robado y seguir cometiendo fechorías.

Desde hace muchos años, no tengo noción de que el pueblo capitalino asegure haber tenido un buen alcalde, todos son juzgados duramente y hay descontento, pero la fiebre no está en las sábanas, tenemos un pueblo inculto y carente de mínimos modales, agresivo y violento, sin sentido de pertenencia y de lo cívico, que exige todo y no aporta nada. Y vamos a estar peor si no hacemos algo pronto para cambiar este panorama. El caos capitalino es evidente. 

martes, 5 de octubre de 2021

De cara al porvenir: obras por emprender

Por Pedro Juan González Carvajal*

Un país lleno de necesidades y de sueños incumplidos, debería darse a la tarea de comenzar de manera sistemática a inventariar y emprender aquellas obras que, por siglos o decenios, estamos a la espera de usufructuar.

Estas obras, se deben hacer por encima de cualquier interés de cualquiera de los múltiples precandidatos que hoy tenemos y deberían ser una carta común de navegación.

Es poco razonable y presentable que no exista una vía de al menos doble calzada continua entre las dos principales ciudades del país: Bogotá y Medellín. No tiene presentación que periódicamente colapse el Puerto de Barranquilla por no contar con un programa permanente de dragado. Hay que esperar a cada invierno fuerte y rezar para que no se rompa el Canal del Dique y volvamos a decir que es necesaria la construcción del Canal de la Mojana para evitar las permanentes y advertidas inundaciones en Sucre.

Qué pena con nuestros hermanos de San Andrés y Providencia, tan manoseados por todos los gobiernos, sin excepción, ya que a estas alturas del partido no cuentan con su apropiada planta de generación eléctrica, ni con su adecuada planta desalinizadora, ni con la ayuda efectiva prometida para su reconstrucción por la afectación del último huracán que pasó por allí.

Qué desfachatez que los gobiernos locales toleren construcciones piratas o invasiones en zonas de alto riesgo.

Qué despropósito que Colombia no tenga una estrategia real para el manejo de las basuras y los residuos de todo tipo.

Es imperdonable que exista una sola escuela pública que no tenga acceso al agua potable y a los servicios básicos.

Debería ser motivo de sanción permanente para el presidente, el gobernador y el alcalde de turno al que se le muera un solo niño por hambre o por desnutrición.

Debe implementarse un plan maestro de conectividad rural alrededor de las veredas y los corregimientos que componen nuestra división político-administrativa rural.

Debe reconstruirse una figura como la del Instituto de Mercadeo Agropecuario, Idema, para garantizar la logística, los precios de sustentación y la posibilidad de que nuestros campesinos tengan una alternativa real y sostenible de producción agropecuaria diferente a la siembra de coca.

Se debe emprender una estrategia continuada para el control de la erosión costera.

Se debe cumplir estrictamente con los planes de mitigación ambiental para las explotaciones mineras formales.

Hay que dar el empujón que sea para reconstruir nuestra red férrea.

Hay que construir al menos un puerto en el Pacífico.

Debe construirse la red de oleoductos y gasoductos necesarias para evitar la circulación de carro tanques y disminuir la probabilidad de desabastecimiento de las principales ciudades por motivos de catástrofes naturales o temas de orden público.

Hay que implementar un plan adecuado de construcción de puertos secos.

No echar al olvido la posibilidad de construir el Canal Atrato Truandó, emplear la órbita geoestacionaria, y desarrollar los puntos triples (lugares donde coinciden más de 2 fronteras) y las puntas de crecimiento (Territorio propio que se introduce en territorio de otro país).

Se debe apuntalar el desarrollo de las ciudades fronterizas.

Sacar del ostracismo a Tumaco, Ciudad Bolívar, Aguablanca, Buenaventura, a los barrios más pobres de cada ciudad capital, al Departamento del Chocó y a todos los departamentos denominados anteriormente como Territorios Nacionales.

Acabar con el mito de la inaccesibilidad por parte del Estado al Catatumbo, a Sumapaz, a ciertos territorios del Arauca, del Bajo Cauca Antioqueño, del corredor Nariño-Cauca-Putumayo y del corredor Meta-Caquetá, entre otros.

Hay que hacer que nuestro territorio continental y marítimo no le quede grande al Estado, como lo denuncia el decir de que “en Colombia hay más territorio que Estado”.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Espías rusos al servicio del régimen venezolano

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Hace casi dos años, en Bogotá, la Estambul de Latinoamérica, me preguntaba qué tenía Colombia para espiarle. Muy poco, casi nada, argumenté entonces. Pero hace pocos días, dos espías rusos, uno del SVR (Servicio de Inteligencia Exterior) y otro del GRU (Servicio de Inteligencia Militar) fueron expulsados del país.

El Colombia, hay oficializadas más de una docena de agencias extranjeras de información, de inteligencia, entre otras la CIA, NSA, FBI, DEA, naturalmente, el DGSE francés, el MI6, en CNI español, el BDN alemán, la Mossad, el SCRS canadiense, la ABIN brasileña, y por supuesto el G2 y el SEBIN, sin mencionar los agregados militares y las agencias privadas, subcontratadas por gobiernos. Actualmente, según cuentas no oficiales, la embajada rusa en Bogotá registra 43 diplomáticos, 23 de los cuales serían agentes de inteligencia, número muy crecido para un país que no produce tecnología de punta en lo militar, ni en lo cibernético, ni en lo químico, nuclear o biológico, ni nunca ha tenido vocación armamentista. Extraño que ahora la embajada rusa exponga a sus funcionarios en labores de desestabilización en un país suramericano, tarea que han venido cumpliendo desde los sesenta sus subalternos cubanos y permanentemente su aparato propagandístico. Pareciera que se repiten episodios de la Guerra Fría, cuando el espía de la KGB Nicolai Sergueievitch Leonov suministraba recursos y coordinaba los entrenamientos en los países soviéticos de la dirigencia comunista de las FARC. O cuando la periodista Helina Rautaavara, intercambiaba informaciones con el bandolero “Chispas”, miembro del PCC.

Y es que las agencias de seguridad del Estado ruso van al grano: en el 78, en Londres, asesinaron al desertor Georgi Markov, inyectándole una dosis letal de ricino, chuzándolo “accidentalmente” con un paraguas en una nalga. Y hace dos semanas, un agente de la FSB (Oficina Federal de Seguridad) reveló que al opositor Victor Navalny, le colocaron agente nervioso Novichok “en los calzoncillos”, en agosto de este año. La prensa occidental carga a los servicios secretos de Putín las muertes del diputado Yushenkov en 2003, del exespía Litvinenko, con polonio-210, y de la periodista Politkóvskaya en 2006, de la activista Estemírova y la cronista Babúrova en 2009, y del exministro y líder opositor Nemtsov en 2015. El exespía Skripal y su hija, sobrevivieron un intento de asesinato en 2018, también con Novichok, producido solamente en Rusia.

En el año en curso, espías rusos han sido expulsados de 6 países europeos, mientras Estados Unidos anunció la clausura de sus dos últimos consulados en Rusia, Vladivostok y Yekaterinburg. Pareciera una estrategia de amplio alcance que incluiría el evento de Colombia, amigo de siempre de Washington. Entre varias especulaciones, algunos explican la expulsión de los rusos de Colombia, por un documento del Comité de Espacio, Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (“Rusia intenta influenciar los mercados domésticos de energía de US, aprovechando los medios sociales”). En Colombia no se necesita que los rusos hagan eso. Aquí hay suficientes mentecatos comunistas, mamertos ignorantones, idiotas útiles y oportunistas, aplicando las directrices de políticos “en busca de la paz”, que promueven la protesta social contra el fracking y todo lo que sea tecnología energética, prefiriendo la leña para cocinar, como en Venezuela.

El crimen organizado transnacional (cocaína, minería ilegal, tráfico humano y otros ilícitos) sería un interés común de todas las agencias foráneas de inteligencia en el país. Pero en asuntos de inteligencia criminal, nuestra policía, la DEA y la Interpol se llevan las palmas. Si se trata de infiltrar, penetrar e influenciar esferas políticas, económicas y militares, mejor que espías son los lobistas que aquí abundan. Y los chinos, más sutiles y mañosos, dan cátedra al respecto a la Casa Blanca y al Kremlin.

Que buscan influenciar las elecciones del 2022, es muy probable. Esa inevitable guerra cibernética ya la testearon durante las elecciones del 2018, cuando se registraron más de 60 mil ataques a la página de la Registradora Nacional, rastreados hasta Venezuela y Ucrania.

La presencia y actividad de todos estos “espías” en Colombia, solo tiene una explicación razonable: la inmediata vecindad con Venezuela y el plan en curso de Miraflores para desestabilizar la región.

viernes, 28 de febrero de 2020

Movilidad caótica


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Cada vez más admiro a la mayoría de nuestros ciudadanos que a diario gastan entre dos y cuatro horas para trasladarse entre sus lugares de vivienda y de trabajo. No sé si se ha hecho un cálculo técnico para contar esas horas, multiplicarlas por miles y calcular en cuestión de números cuánto le cuestan al país esas desperdiciadas horas-hombre de trabajo. Horas que podrían medirse también como horas-calidad de vida; horas-descanso; horas-productividad; horas familia…

No se necesita que caiga un fuerte aguacero que inunde las vías por un alcantarillado taponado para que el tráfico colapse. Todos los días hay embotellamientos, eso que llamamos trancones o tacos. La malla vial desde el origen está mal trazada y resulta rota, estrecha e insuficiente. La semaforización electrónica no está sincronizada. Motociclistas se atraviesan por doquier, los ciclistas no usan las ciclorutas y los peatones desafían a los vehículos lanzándose a la calzada sin el menor asomo de prudencia o cuidado.

El pico y placa fue una medida restrictiva que en Bogotá fracasó. En otras ciudades observo que funciona racional y sensatamente porque al hacerla flexible y rotativa, mejora la movilidad sin que la gente se vea motivada a adquirir otro vehículo, resultando realmente pedagógica. En la capital se cometió el craso error de hacerla fija en sus días y radical en su horario: el negocio fue para los concesionarios que dispararon sus ventas pues el número de vehículos se duplicó. Para colmos, una estúpida idea alienta a pagarle al fisco el derecho de poder circular sin restricciones. Entonces uno se pregunta si efectivamente el problema era disminuir el número de coches circulando o de plata para alimentar la corrupción y pervertir la normativa.

Se ha querido controlar la velocidad y se advierte la detección electrónica de la misma. Las cámaras fotográficas se exhiben amenzantes con la expedición de foto comparendos. La tortuguesca dinámica cotidiana, ahora se ve ralentizada con restricciones absurdas: obligar a andar a 50 kilómetros cuando perfectamente se podría ir a 70 en los pocos corredores viales donde todavía podría hacerse. Más ridículo lo que viví en esta semana en alguna de nuestras carreteras: siendo de doble calzada obligan a los conductores ir a 30 o 40 kilómetros, cuando podría ser a 80 o 90 cuanto más. Lo ridiculo además estriba en que los conductores obedecen en tanto pasan las cámaras, porque después aceleran a fondo para recuperar el tiempo perdido. Mejor y más inteligente ejemplo lo que vi en el Túnel de Oriente que comunica a Medellín con Rionegro en 18 minutos y donde la velocidad aumentó de 50 a 60 como mínima y de 60 a 70 como máxima.

Tenemos, pues, una caótica movilidad. Bogotá fue declarada hace poco a nivel mundial como la ciudad donde sus ciudadanos pierden más tiempo a diario para trasladarse. Como ya estamos acostumbrados a ello, se nos volvió paisaje y no nos emancipamos, pero es una realidad absurda y completamente dañina. El no haber previsto y construido con tiempo un organizado sistema masivo de transporte nos tiene en estas. Sin duda, un reto grande no solo para la administración distrital sino también para el gobierno nacional pues, al fin y al cabo, esta es la capital, puerta de entrada al país y supuesto referente de desarrollo. No lo es ahora y no le queda más alternativa que serlo en el inmediato futuro. ¡Ojalá!

sábado, 25 de enero de 2020

Mensajes de las administraciones frente a los paros


Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Hay que encontrar la fórmula que evite los paros tan frecuentes a que nos quieren acostumbrar, con mucha creatividad, como lo están haciendo nuestros gobernantes en el ámbito municipal y nacional.

Las nuevas administraciones de Bogotá y Medellín están utilizando estrategias nuevas, a las que toca darles tiempo para ver resultados.

Yo leo así los mensajes que están mandando:

Cuando él secretario de gobierno de Bogotá se coloca en la mitad de la manifestación y habla con la policía y luego con los manifestantes, está diciéndole a todos que el diálogo pacífico se puede.

Cuando el alcalde de Medellín hace presencia inmediata en el hotel donde los vándalos están haciendo daños, limpia y levanta los símbolos patrios, está diciéndole a todos que el diálogo pacífico se puede.

Cuando la alcaldesa de Bogotá, saca una medición comparativa de víctimas y daños, de los últimos paros, está diciendo que el diálogo pacífico se puede.

Cuando el gobierno nacional, le dice al comité de paro, que del 100% de lo solicitado, solo queda un 13% por trabajar, porque lo otro, o no se puede o ya quedó implementado, está diciendo que el diálogo pacífico se puede.

A esto debemos sumarle la inconformidad de cerca del 80% de los colombianos que no queremos seguir perjudicados con los paros, que preferimos trabajar, vivir tranquilos y que no queremos llegar a extremos ni enfrentamientos físicos con los manifestantes.

Manifestantes que al igual que los gobernantes de diferentes ideologías, tampoco están de acuerdo con los violentos, ni con los encapuchados, independientemente de dónde vengan, todos queremos que sean detenidos, enjuiciados y encarcelados, porque no queremos seguir padeciendo las torturas a que nos someten, ni los daños a nuestra infraestructura, ni las consecuencias que están desacelerando nuestra economía, nuestra generación de empleo.

Cada vez los manifestantes racionales, responsables, van menos a las manifestaciones, no quieren seguir siendo utilizados por los revoltosos violentos, encapuchados.

Si todo lo anterior hace que no tengamos más paros y sí mucho diálogo, las novedosas estrategias habrán triunfado, de no ser así vendrá lo peor, el enfrentamiento entre manifestantes e infiltrados, con los que no queremos más paros y sus nefastas e incómodas consecuencias.

No conozco al alcalde Quintero Calle, conozco a varios parientes, descendientes de la línea de don Chicho Calle, conozco a casi todos sus asesores que estuvieron inclusive en el empalme. Son personas de excelentes calidades humanas y profesionales, distinguidísimos en los sectores público y privado, con representación en el gabinete municipal.

Entiendo que hasta miembros del Centro Democrático tienen representación en el gabinete.

Hay que darle tiempo al alcalde, a su gabinete y a sus asesores.

Que el Espíritu Santo los ilumine, para bien de la ciudad y sus habitantes.

viernes, 16 de agosto de 2019

Entre el semáforo y el túnel


José Leonardo Rincón, S. J.*


José Leonardo Rincón Contreras
Alguien hizo la comparación y me quedó dando vueltas. Mientras en la capital del país con rueda de prensa, bombos, platillos y gran despliegue en las redes sociales se anunciaba la puesta en marcha de semáforos con contador regresivo, en Medellín se inauguraba el túnel más largo de Latinoamérica que conecta a la capital de la montaña con el aeropuerto de Rionegro en solo 20 minutos.

Lamentable, por no decir vergonzosa, la fiesta bogotana haciendo alharaca de unos recién instalados semáforos que, en la población de El Paujil, en Caquetá, funcionan desde hace varios años, así como se usan desde hace muchos años en otras varias ciudades de Colombia. Qué cortedad y qué poquedad para una ciudad de más de 8 millones de habitantes, por cierto, con muy pocos rolos auténticos.

Motivo de alegría y orgullo, la fiesta paisa con la apenas ayer inaugurada obra de infraestructura realmente maravillosa. Acabo de pasar por allí. He observado también dos videos que la muestran desde la bocatoma en la vía Las Palmas, pasando por varios viaductos, algunos de ellos curvos, con vías nuevas, hasta llegar al túnel de 8 kilómetros, para tener finalmente la salida casi ad-portas del aeropuerto. Con antelación se había anunciado que el costo del peaje sería razonable, de modo que mucho se ha ganado con este nuevo aporte al país. Qué ganas, qué empuje, qué garra para hacer el sueño realidad. No es regionalismo, es amor por su tierra.

En Bogotá, después de 60 años, sigue la discusión sobre el metro: que si elevado, que si subterráneo, que si mejor el contaminante Transmilenio por la Séptima, que si el vetusto tren de cercanías… ahí lo están pensando.  Cada alcalde hace sus estudios, sus cálculos, su presupuesto y cuando va a arrancar, se le acabó su tiempo. Vendrá su sucesor a hacer lo propio, y así sucesivamente en el eterno retorno.

En Medellín, la cosa es diciendo y haciendo. El metro funciona hace décadas y parece inaugurado ayer. ¿Lo han visto? Sus estaciones perfectamente limpias, sus vagones impecables, la cultura ciudadana, la cultura metro, se ha venido construyendo y consolidando. No son solo las dos líneas que van desde Niquia hasta Caldas y de San Antonio hasta San Javier. Son las escaleras eléctricas, los teleféricos, el tranvía desde el centro hasta más arriba de Buenos Aires, los buses, el sistema todo, integrado y funcionando. ¡Es una espiral ascendente!

Bogotá es de todos y es de nadie. A ella llega todo el mundo en búsqueda de oportunidades, pero nadie se siente bogotano y menos aún tiene el sentido cívico para quererla y cuidarla. Es simultáneamente su grandeza de ciudad cosmopolita, efectivamente rica en alternativas, plural y abierta para todos, pero es también su karma y su lastre. Es un monstruo gigante y desordenado que no ha contado con la suerte de contar con buenos alcaldes. El uno fue tan honesto, tan honesto que lo único bueno que hizo fue tratar de inculcarnos valores ciudadanos, fracasando en su propósito porque ninguno posterior le siguió la onda. El otro fue y ha sido un realizador de obras, pero su arrogancia lo distanció de la gente. El otro con su ego político subido y crecida soberbia demostró ser mejor orador en el senado que alcalde ejecutor. Vendrá la gritona o el delfín aún biche, o el mejor de los hijos de Galán treinta años después.

Medellín con su calurosa primavera, que más parece ardiente verano, ha sufrido los peores rigores de la guerra por el narcotráfico, las bandas delincuenciales y todos los actores armados. Ha sabido sobreponerse en medio del más escabroso caos. Su gente, naturalmente colaborativa y solidaria, suma y multiplica. Con todo, la cultura del dinero fácil también ha hecho sus estragos pues pervirtió los ancestrales valores religiosos y volvió mediocres a muchos que nunca lo fueron por generaciones. El sentimiento regionalista ha sido el motor que no los ha dejado claudicar. Sus gobernantes suelen sobreponerse a sus animadversiones tratando de trabajar juntos.

Dos ciudades, dos realidades, dos actitudes ante la vida. En tanto para unos el semáforo es su gran logro, para otros el túnel es apenas un peldaño más hacia la realización de grandes sueños. Amo estas ciudades: en una nací en la otra me crie. Me alegran sus triunfos y me duelen sus reveses. Pero en lo que hoy les compartí, definitivamente las diferencias son muy grandes todavía. La cuestión no es solo de pasión, es también de convicción y de decidida gestión. Menos discurso y más acción.

sábado, 23 de marzo de 2019

La Estambul de Latinoamérica


Por John Marulanda*

John Marulanda
¿Qué hay que espiarle Colombia? En asuntos de defensa nacional, no mucho. Luego de que Santos desmantelara el DAS y redujera al mínimo los recursos de la inteligencia militar, el máximo nivel de confidencialidad que se maneja es: la discreción personal. Hoy, casi todo secreto se puede comprar. La poca tecnología que se emplea, es prestada a EUA, a Inglaterra o comprada a proveedores que venden los mismos equipos, y mejorados, a nuestros potenciales rivales. En la inteligencia criminal, los principales casos de corrupción nos los revelan el FBI, la DEA, la CIA o el MI5, las pruebas se filtran a la prensa y los acusados se ponen a disposición de una justicia nada confiable, o lo que es peor, en manos de la espuria JEP.

Aunque la contrainteligencia está en manos de funcionarios voluntariosos pero inopes, en menos de tres meses, se han descubierto un iraquí vinculado al extremismo islámico en cercanías a la Brigada de Fuerzas Especiales en Melgar, un cubano merodeando la base aérea de Palanquero, venezolanos espiando el Comando Aéreo de Transporte Militar en Bogotá y la base Naval de Puerto Carreño, además de diplomáticos maduristas manteniendo contacto con las FARC y el ELN. Cuba, de probada y nefasta experiencia en espionaje, posee el dosier de todos quienes desfilaron por sus instalaciones durante los entreguistas diálogos con los narcoterroristas farianos. Grabaciones secretas, fotos, videos, documentos, reposan en los archivos del G2, que, de acuerdo a la conveniencia, serán compartidos con el Sebin y la DGCIM venezolanos y con el DID nicaragüense, organismos descendientes de la Stasi alemana comunista.

Los agentes e informantes del G2 campean por el país, analizando las dinámicas sociales del momento, planeando escándalos desestabilizadores, hilando contactos, filtrando noticias, ayudando a caotizar al país mientras las células de Hezbola lavan dinero y acumulan información sobre potenciales blancos. Los rusos se benefician de este escenario y USA participa protegiendo sus intereses geoestratégicos regionales. Así las cosas, USA, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán, Inglaterra, Hezbola, China y Turquía por los laditos, convierten a Bogotá, por su excepcional ubicación frente al problema venezolano, en la Estambul de Latinoamérica, recordando la importancia de esta capital turca durante la Guerra Fría.

Ojalá la frontera colombo-venezolana no se degrade a la Siria de la región.

viernes, 15 de marzo de 2019

Medidas decepcionantes


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón
Dejo claro de entrada que comparto al ciento por ciento el llamado que el Papa Francisco nos hace en Laudato Si respecto de la protección del medio ambiente como una prioridad y que cuidar esa casa común es nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y las futuras generaciones.

Pero quiero también expresar mi descontento como ciudadano por las decepcionantes medidas que en esta ciudad se han tomado, aparentemente tan oportunas (en realidad, tardías), tan acertadas (en realidad, desenfocadas), tan justas (en realidad, inequitativas), tan efectivas (en realidad, tan dañinas). Me explico.

El problema no es nuevo, por supuesto. Lo grave es que los remedios que se han aplicado han resultado peores que la enfermedad. Cuando apareció la restricción vehicular, no se hizo invocando la protección del medio ambiente, sino porque la ciudad se había vuelto intransitable. Y lo que a estos “genios” de la administración distrital se les olvida es que si ha habido un desaforado aumento del parque automotor es porque al no existir un buen servicio masivo de transporte público, la gente anhela comprarse un carro con tal de evitarse el caótico e inseguro medio existente. No sé si ustedes saben que un solo concesionario de vehículos en Bogotá vende al día 60 carros y que se está vendiendo hoy día una moto cada minuto. Datos preocupantes por no decir escandalosos.

Además, olvidan adrede, por no decir que se hacen los de la vista gorda, el proveer un sistema masivo, eficiente y organizado, como el que tienen las grandes ciudades, pero que no pareciera merecer un pueblo como estos con más de 8 millones de habitantes. Hacer el metro les ha quedado grande a nuestros burgomaestres, incapaces de sacarlo adelante, indolentes y negligentes por ya más de 60 años, soberbios personajes sin políticas de Estado que despilfarran miles de millones en estudios que serán desechados luego por el siguiente alcalde de turno.

Recién se inventó la restricción vehicular denominada “pico y placa” la gente entendió que era necesaria y aunque no les permitía usar su carro un día a la semana, comprendieron que había que aceptarla por el bien ciudadano. A nuestros “genios” se les ocurrió entonces la brillante idea de hacer más fuerte la medida extendiéndola un día más. Ahí la gente no aguantó y el remedio fue peor que la enfermedad, porque se optó entonces por tener otro carro cuya placa terminara en el número diferente al que ya se tenía. En tanto, nunca se plantearon medidas radicales y de fondo. El metro siguió en veremos y los concesionarios hicieron su agosto. El sistema de Transmilenio colapsó y el SITP aunque arrancó, nunca fue eficiente.

Este Alcalde reelegido, quien ya se había lucido con el fiasco de las troncales desbaratadas en sus lozas, rechazó lo que hizo su antecesor respecto del metro subterráneo y se le está acabando ya su mandato sin haber logrado nada tampoco con su propuesta del metro elevado. Peor aún, ha fortalecido el sistema que se inventó, no sé con qué intereses, volviendo a comprar desastrosos articulados diesel, descartando los eléctricos que en Santiago de Chile curiosamente sí funcionaron, y pretende dañar la carrera séptima, introduciendo estas moles contaminantes, alterando el paisaje de la vía bogotana más tradicional, sencillamente porque no se le ha ocurrido que, ante un nuevo fracaso del metro, un tranvía eléctrico y ligero, causaría menos impacto y daño ambiental.

Lo que ahora me llama la atención es que la venta de vehículos para diciembre pasado había bajado un 5% y de pronto este año “descubrimos” que el aire de la capital está contaminado y se ve necesario tomar fuertes medidas de restricciones vehiculares de día entero. Se han hecho dos ensayos para testear el pueblo. Los comerciantes protestan, menos los concesionarios que han visto cómo vuelven a incrementarse sus ventas… ¡qué curioso!, ¿verdad? De nuevo, el remedio peor que la enfermedad. Lo curioso es que anuncian drásticas medidas, milagrosamente el aire se mejora y los benévolos funcionarios reducen un día la sanción porque ya se mejoró el aire… pero no sacan de rodaje sus contaminantes buses del sistema…

Y los “genios” de la movilidad siguen luciéndose. Las motos son un enjambre inmanejable. Para ellos prácticamente no hay restricciones, no pagan peajes, invadieron los corredores viales, se atraviesan por doquier, no hay quien los controle. Por supuesto que ellos están felices porque les sale más barato hacer cabriolas en las calles que pagar Transmilenio donde se tenían que aguantar las colas infinitas, el chalequeo y el manoseo. Hay cada vez más motos porque la gente está harta del pésimo transporte público urbano.

Y los “genios” de la movilidad siguen luciéndose. Como además son ecologistas y amantes del ejercicio saludable en una ciudad contaminada, se inventaron que Bogotá es la capital mundial de la bicicleta y han decidido estrechar aún más las ya congestionadas e infartadas vías, reduciéndolas de tamaño para que pasen unos cuantos ciclistas. No se les ocurrió trazar su invento por vías alternas que pocos carros transitan. No. Tuvieron que hacerlo por vías arterias, para mortificar a los conductores de carros y exponer más a los ciclistas. ¡Son realmente maravillosos!

Vamos a ver qué se siguen inventando nuestros geniales exponentes de la movilidad criolla. Seguramente seguirán yéndose por las ramas en vez de ir a las raíces del problema. Y quizás así continuemos otros 60 años.