Mostrando las entradas con la etiqueta Haití. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Haití. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de enero de 2023

Vigía: Washington, Pekín, Moscú, Caracas y Haití

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda

El International Crisis Group, recomienda hacerles seguimiento a 10 conflictos: Ucrania, Azerbaiyán, Irán, Yemen, Etiopía, República Democrática del Congo, el Sahel, Pakistán y Taiwán. El único país de Latinoamérica y el Caribe en esa lista es Haití, ubicado como octavo. Colombia solamente es mencionado en su relación fronteriza con Venezuela. Tampoco se mencionan Perú, ni Chile, ni Bolivia. Quienes empuñaron las armas legales y legítimas del Estado en contra de las FARC, el ELN, el M-19 y el EPL, se deben sentir frustrados.

Cientos de pandillas controlan más de la mitad del país. Asfixian a la capital, Puerto Príncipe (…). La coalición de pandillas más grande, el G9, está encabezada por el notorio pandillero Jimmy “Barbeque” Chérizier (…) En julio, los enfrentamientos entre el G9 y otra pandilla por Cité Soleil, una empobrecida comuna cercana a Puerto Príncipe, resultaron en más de doscientas personas muertas en poco más de una semana”, dice textualmente el informe de Crisis. En octubre pasado, Ariel Henry, neurocirujano y primer ministro en funciones presidenciales, solicitó apoyo militar extranjero para enfrentar a los gangs pero algunos se oponen a cualquier misión de este tipo, argumentando que solo serviría para empoderar a Henry. Y en medio de este caótico escenario, continúan detenidos nuestros militares retirados, reos del magnicidio de Jovenel Moise en el 2021. Allí siguen en condiciones precarias y en permanente riesgo de hambre y enfermedad, de pronto esperando que alguna potencia decida intervenir en esta empobrecida nación.

El país vecino, República Dominicana, confirmó que para este febrero estarán finalizados los primeros 50 kms de muro fronterizo, en una puja que viene desde la independencia de Haití, en esa Isla de La Española.

¿Rusia y/o China en Haití?

En la intención manifestada por Maduro sobre avanzar en la consolidación de una nueva geopolítica regional” de la mano de sus “hermanos mayores”, Deng Xiao Ping y Vladimir Putin, es poco probable que estos dos países deseen hacerse cargo de Haití, país desinstitucionalizado y abandonado al garete de su suerte.

Maduro dijo en su informe anual de gestión ante la Asamblea Nacional chavista, que “Venezuela se pone al frente de la batalla por la construcción de (…) esa fuerza independiente y soberana que le va a traer más progreso y prosperidad a nuestra patria y a todo el continente latinoamericano y caribeño”. Y dijo que hablo telefónicamente con Alberto Fernández, con Lula da Silva y con Gustavo Petro para lograr que se unan a las propuestas de Moscú y Pekín. Dudoso que Haití se avenga a un eje geopolítico diferente al de Washington en los actuales momentos, mientras otras potencias extracontinentales, como Rusia o China, ahondan su influencia en este continente lleno de recursos naturales y de cristianos (tenemos Papa), a excepción de Haití y otras islas del Caribe, más proclives a la brujería tropical, aunque chinos y rusos están muy activos en Nicaragua y Cuba.

Los principales apoyos económicos y humanitarios con que cuenta este miserable país provienen de Canadá y Estados Unidos quienes, finalmente, son los que manejan la situación en la isla.

(Mercenarios norteamericanos y europeos son frecuentes, como lo retrató “Los comediantes” de 1967, con Richard Burton, en donde los Tonton Macoutes de “Papa Doc” Duvalier son los protagonistas).

jueves, 6 de enero de 2022

Iniciemos el 22 con Haití

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda

El soldado voluntario Mario Antonio Palacios, fue deportado de Jamaica a Colombia y en su escala en Panamá se entregó a las autoridades norteamericanas. A estas horas ya debe estar en Miami. Está señalado de ser parte del grupo de militares retirados que supuestamente ejecutó al presidente haitiano Juvenel Moise el 7 de julio del 2021. Y digo supuestamente, pues la prensa nacional de Colombia, un senador norteamericano y hasta un hijo del mandatario caído, declararon que los militares llegaron horas después de que se hubiera cometido el homicidio. El exprimer ministro Claude Joseph manifestó que a Palacio no lo extraditan a Haití, porque no existe ninguna prueba de su participación en el eventual complot. Un inexperto y asustado magistrado, adelanta el proceso que hasta el momento es poco claro.

¿A quién les interesa?

El magnicidio causó un remezón en las relaciones diplomáticas de los dos países y el gobierno actual solventó el asunto de manera simple, condenando desde el principio a los colombianos involucrados en el hecho, sin ningún tipo de consideración ni discriminación, aunque con el tiempo, se han venido mostrando visos y matices necesarios de entender y aceptar. En lo de Haití están involucrados narcotraficantes, según el New York Times, contrabandistas de armas, intereses de la oligarquía, al decir de la viuda del muerto, magistrados corruptos, poderosas bandas del crimen organizado y empresarios al interior y al exterior de la isla, todo un galimatías de marca mayor que pone en entredicho la noticia inicial de una escuadra de mercenarios asesinos colombianos entrenados por la DEA, la CIA y el Comando Sur. Así Miraflores haga eco de estas especulaciones, sencillamente los hechos no cuadran con las hipótesis.

6 meses después del asesinato a manos de la corrupta policía haitiana, de dos suboficiales colombianos, entre quienes figura el sargento viceprimero Duberney Capador, reclutador de todo el grupo y enlace con la compañía de seguridad privada norteamericana CTU Security con sede en Miami, los 18 detenidos en la penitenciaria nacional de Puerto Príncipe no cuentan con ningún tipo de asesoría legal formal, en franca violación de la Carta Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA. Así lo planteó la Asociación Colombiana de Oficiales Militares Retirados, Acore, en documento escrito entregado en la pasada 51ª. sesión ordinaria de la OEA, organismo del cual es consultor registrado, pidiendo garantías procesales y protecciones especiales durante todo el juicio.

¿Qué dirá Palacios?

Mientras lidiamos con cientos de desplazados haitianos que permanecen días y semanas en Necoclí, Antioquia, del lado de acá, de la frontera panameña, esperando su turno de un mejor futuro, “el asesinato del presidente de Haití está lleno de agujeros negros, de intereses turbios, de clamorosas mentiras ¿Les interesa a los lectores de esta revista averiguarlas? ¿Sienten alguna compasión por el sufrimiento de sus compañeros caídos en desgracia?”, nos reclama la periodista Salud Hernández en su artículo para la Revista anual de Acore del pasado noviembre de 2021, página 64 de la edición 132. La Asociación de Oficiales Retirados, lo manifestó en su comunicado del 8 de julio del 21 y lo evidenció después de que su enviado, abogado y capitán de la reserva Héctor Forero, visitara en la capital haitiana a los detenidos, el 29 del mismo mes.

Con los militares soportando duras condiciones carcelarias, sin ningún tipo de efectiva defensa legal, la Fundación para la Defensa y Representación de la Fuerza Pública y sus Familias, Funderef, dirigida por la abogada Lorena Lázaro Ocampo, desarrolla una intensa campaña en redes sociales buscando no solo recoger fondos para la defensa de los nacionales, sino para explicar por todos los medios posibles los hechos que siguen siendo confusos. Tan enredados como que el pasado 1 de enero el presidente en ejercicio Ariel Henry salió ileso de un tiroteo cuando participaba en el 218 aniversario de la Independencia de ese país en la ciudad de Gonaives. En ese mismo evento, murió un civil y otros resultaron heridos.

Funderef continúa con los esfuerzos logísticos de apoyo a los detenidos, en cabeza de la esposa del teniente coronel Guerrero, oficial retirado más antiguo del grupo, y Acore mantiene dentro de sus prioridades el caso de Haití.

lunes, 23 de agosto de 2021

Comunismo

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Es indiscutible la gravedad de los acontecimientos que vivimos en el mundo por los cambios de gobierno que, uno a uno, suceden en los países de Centroamérica, Suramérica, África, Asia y muchos otros, algunos motivados por temas religiosos como el caso de Afganistán con los talibanes fundamentalistas; en otros, por el solo deseo de poder, caso Haití, y en otros por la penetración de ideologías contrarias a la democracia que han ido permeando la mente de los ciudadanos, modificándola lenta e imperceptiblemente como en Venezuela, Perú, Bolivia y Argentina, que están en manos del comunismo, aunque simplemente lo plantean como países socialistas. Ahí está el gran error de la gente.

En otros, como Colombia, están cercándonos por todas las formas posibles, desde la guerra con las disidencias de las FARC y el ELN, desde la educación con Fecode, desde los gobiernos, con las alcaldías que han ido obteniendo con resultados perversos, pero ahí están, con la instigación al paro nacional, a los bloqueos y al desabastecimiento. Es pues una clara, ordenada y sistemática lucha contra la democracia.

Por todo ello, debemos ser enfáticos en defender la democracia, nuestro sistema de gobierno, que puede avanzar y contribuir cada vez más a ser mejores a nuestros ciudadanos, obteniendo calidad de vida, trabajo, salud y seguridad, eso sí, combatiendo a los bandidos que nos perjudican como los corruptos que roban el erario; a ellos todo el peso de la justicia, rápido y sin dilaciones.

Uno de los propios problemas de la democracia, que los hay, es el de dejar que desde la educación se dañe la mente de nuestros jóvenes ya sea en el bachillerato o en la universidad. No obstante, creo que todos aquellos comunistas y socialistas de pacotilla, que predican el cambio de sistema y de gobierno no les ha tocado perder su libertad, ni su capacidad de crear empresa, ni de desarrollar su intelecto; no han perdido la opción de tener bienes propios, pero pronto les sucederá y lograrán entender que los tienen como idiotas útiles permeando la mente de la juventud para después darles un empujón y dejarlos a un lado, como paso en Nicaragua, Venezuela, Bolivia y otros muchos otros países del mundo.

Lo que no entiende la gente, los ciudadanos, es que el comunismo, “es una doctrina económica, política y social basada en el pensamiento marxista que defiende una organización social en la que no existe:

a. La propiedad privada.

b. La diferencia de clases.

c. Los medios de producción están en manos del Estado.

d. Se supone que el Estado distribuye los bienes de manera equitativa y según las necesidades”.

Miren bien, que de forma expresa los coloque en renglón independiente: los cuatro numerales, cambian de un tajo la forma en que vivimos: es así como la industria pasa a manos del Estado y este, simplemente la pierde porque no invierte, no tiene interés en mejorar y crear compañías, solo en sacarles el dinero y luego dejarla en manos de los trabajadores que no tienen cómo hacerla producir, es decir el caos completo.

La propiedad privada desaparece, el Estado es dueño de todo, no hay incentivo para el ser humano, su creatividad colapsa y el Estado decide por él, es decir quedamos como seres inertes, sin rumbo ni motivación, y obviamente las clases sociales desaparecen; por lo bajo todos estaremos iguales, habrá la clase dominante de los gobernantes y los demás estaremos en la olla.

Sí señores, ese es el comunismo, sistema que no prosperó, que se derrumbó con la caída del muro de Berlín, y Rusia entendió que el sistema fue fallido y tuvieron que cambiar, aunque aún les falta. China comprendió que si no cambiaba también fracasaría y hoy es próspera; en ambos países su pretensión inicial se modificó y hoy son países ricos en los que la propiedad privada existe.

El socialismo promulga que “la propiedad y la administración de los bienes de producción sean de las clases trabajadoras con el fin de lograr una organización de la sociedad en la cual exista igualdad política social y económica”.

Vendrán también otros interesados como los talibanes; posiblemente no tengan entrada en América, pero son persistentes y no se sabe nunca con ellos. Y si allí, en Afganistán, por segunda vez regresan al poder estableciendo un gobierno basado en su interpretación extrema de la ley islámica, no faltarán otros fundamentalistas que quieran lo propio con Colombia.

Señores ciudadanos colombianos, no dejemos que nos cambien sin luchar, sin dar la batalla. Podemos lograr una Colombia mejor en democracia y con pujanza, si entendemos en que aguas están pretendiendo que entremos. Viva la democracia, viva nuestra historia.

jueves, 29 de julio de 2021

Vigía: contratistas y mercenarios

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Para el afán amarillista de tantos comunicadores ansiosos de rating, ningún titular puede ser más atractivo que el del asesinato de un presidente de una isla del Caribe a cargo de unos mercenarios colombianos. Y no solo es rating: el hecho entra al arsenal de argumentos políticos contra la desajustada democracia colombiana. Basta oír las declaraciones del robótico canciller venezolano.

Durante más de 60 años, Colombia soportó el asedio de la extrema izquierda que buscó llegar al poder a balazos, asesinando civiles, magistrados, policías y militares, dinamitando vías y oleoductos, activando carros bomba. No logró su propósito, aunque hoy en día persiste en su malogrado empeño a cargo de los mismos matasiete de siempre, las FARC y el ELN. El dique que impidió tal desafuero, fueron principalmente las fuerzas militares, el Ejército Nacional, que desde hace 200 años viene defendiendo a costa de su sangre un sistema de libertades y de desarrollo. Cualquier otra explicación sobre el fracaso del proyecto marxista-leninista, es política.

Los militares y policías colombianos mantienen un gran reconocimiento en el ámbito mundial debido, precisamente, a su experiencia, disciplina y formación; miles de ellos, representan dignamente al país, en diversas latitudes en donde son respetados y apreciados, y varios retirados son los responsables globales de la seguridad de importantes multinacionales. No son mercenarios, de acuerdo con la Convención Internacional sobre el mercenarismo de las Naciones Unidas; son contratistas, término genérico utilizado para quienes se emplean en los asuntos relacionados con la seguridad pública y privada, y los asuntos de la defensa nacional.

Otras profesiones y especialidades también emplean el mismo término, contratistas. Ingleses, franceses, israelíes, norteamericanos, sudafricanos, campean en este empresarismo legal y legítimo que ofrece perspectivas económicas gratificantes para quienes, una vez de regreso a la vida civil, seleccionen esta opción entre muchas otras, pues entre los militares retirados se encuentran cientos de abogados, médicos, ingenieros, docentes, empresarios y pocos políticos. Y los militares neogranadinos, a pesar de todo y lo de Haití, siguen siendo una de las instituciones más apreciadas por los colombianos y respetadas por las demás nacionalidades.

Los militares retirados, con todo, son miembros de un gremio mirado con odio o sospecha por los detractores y malquerientes de la institucionalidad, pero también con esperanza y confianza por empresarios, ciudadanía, organizaciones sociales y muchas instancias gubernamentales.

Los mercenarios han existido, existen y existirán, en tanto la guerra y el conflicto sigan siendo parte de la naturaleza y la civilización humanas. Baste revisar nuestras guerras de Independencia y en años recientes, la presencia de mercenarios británicos, israelíes y norteamericanos en la región. En el caso de los militares retirados colombianos en Haití, de confirmarse definitivamente su participación consciente y activa en el asesinato de Moïse, sería el primer caso claro y evidente de mercenarismo colombiano, aclarando que también existe el mercenarismo a cargo de ciudadanos no militares según la misma convención de la ONU. Además, los actores del Crimen Organizado Transnacional, en pleno esplendor actualmente, convergen en este embrollo para generar mayor confusión.

Al caso de Haití, se agrega el involucramiento de un capitán retirado en el atentado en contra del presidente Duque, algo difícil de explicar y que genera serias dudas sobre los mecanismos de contrainteligencia interna de las FFMM. Parecieran estos hechos, indicios del desbarajuste moral en que entró el país desde que los acuerdos habaneros concluyeron con el quiebre del régimen democrático, después del plebiscito del 2016. Dura tarea la de recuperar la moral pública, justo en estos momentos de crisis económica, agravada por el desastre educativo en que Fecode ha sumido a los jóvenes de hoy, que deambulan con celular, sin historia ni lógica, embriagados de odio y resentimiento. Ya lo hemos advertido: un nuevo ciclo de violencia se está iniciando y reiteradamente los colombianos tendrán que confiar en sus soldados para que los protejan y contengan a los estalinistas aupados desde Venezuela, que insisten en lograr el poder a punto de AK 47, porque por votos no lo lograrán.

Pero, cualquiera que sea la discusión y más allá de titulares, el daño que han causado a la imagen de Colombia los militares retirados presuntamente involucrados en el magnicidio de Haití, es irreparable.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Colapsos


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Dícese de colapsar algo: paralización o disminución importante del ritmo de una actividad. O destrucción o ruina de un sistema, una institución o una estructura. Me quedo con la segunda acepción.

En 1945 cesó el mayor holocausto de la historia, ese segundo capítulo de un conflicto mundial que segó la vida de por lo menos 60 millones de personas. Ese tan increíble como absurdo afán de unos cuantos locos fascistas de querer dominar el mundo buscando su uniformidad bajo su férrea disciplina, de buscar una raza humana perfecta y pura, de lograr doblegar voluntades a la del caudillo, de someter a todos bajo la fuerza bruta, de alinear y alienar a todos con un mismo modelo, de negar la mínima capacidad de crítica o pensamiento autónomo. Ha sido un sistema cuyos estertores de muerte todavía se escuchan. Hay rezagos porque hay nostalgias y añoranzas de mano dura.

Hace 30 años pude ver lo que nunca creí poder ver en mi vida, acostumbrado como estaba a la guerra fría propiciada por dos bloques en conflicto: capitalismo y comunismo, dos gigantes que se repartían peleados el mundo. Por eso, ser testigo de la caída del muro de Berlín, ese muro infame que cual cortina de hierro, después de la Segunda Guerra Mundial, dividió Alemania, media Europa y al mundo en Este-Oeste, fue una noticia extraordinaria. La opresión del sistema comunista llegó a su final. La gente se hartó de no poder vivir en libertad, de no poder expresarse auténticamente, de tener que consumir lo que el régimen decidiera, pero, sobre todo, de vivir injusticias e inequidades en un aparato que proclamaba igualdad para todos, claro, donde “unos eran más iguales que otros”, al decir de Animal Farm. Sobreviven algunos de tan fracasado y mentiroso modelo.

En 2001, sin pretensiones proféticas, al ver caer las torres gemelas en Nueva York, sobrepasado el shock de tan inverosímil como imperdonable acto terrorista que cobró miles de vidas, lo primero que se me ocurrió reflexionar fue que con esa caída se daba inicio al comienzo del fin del sistema capitalista. Ese sistema tan bellaco y cruel como los otros, donde nos creemos libres, pero estamos esclavizados por el afán consumista, donde se dice que hay libertad de expresión, pero se persigue y desaparece al que piensa diferente, donde no hay ni igualdad ni equidad porque unos pocos trabajan y la mayoría pobre, al decir de los ricos, es una partida de vagos y perezosos; donde la justicia es para aplicarla según dineros y conveniencias. Apenas era el comienzo, porque lo que hemos vivido estos años, pero particularmente estas últimas semanas, revela a todas luces un malestar generalizado, un cansancio y un hastío que está llegando a sus límites. No en vano las protestas y las marchas por doquier.

En el Manifiesto al servicio del personalismo, Enmanuel Mounier, hace varias décadas, denunciaba ya a esta trilogía de sistemas que por atentar contra la dignidad de la persona eran (y son) realmente inhumanos. Uno a uno, han venido derrumbándose. Poco a poco todos han ido colapsando. No podría ser de otra manera. Es verdad que de todos hay todavía rezagos que se niegan a ser superados y pasar a la historia. Pero sus días están contados. Es un fenómeno que los filósofos de la llamada posmodernidad definen como el fracaso de las ideologías, la crisis de los meta-relatos, el desenmascaramiento de esos discursos falaces que un día ilusionaron masas populares enteras, pero pronto produjeron desazón y desencanto. En el fondo son lo mismo, así como en la fiesta de disfraces se arropen con atuendos diferentes.

Las manifestaciones en Chile (modelo de “prosperidad” latinoamericana), Ecuador, Haití, España, Francia, Líbano, Hong Kong, México, Brasil, Venezuela, Turquía, por no listar todos los países, algo están indicando, algo grave está pasando. Los clamores populares se escuchan. El Papa Francisco lo viene cantaleteando desde hace años, el reciente Sínodo de los Obispos, a propósito de sus reflexiones sobre la Amazonia, lo ha corroborado. Hasta el mismo Secretario General de la ONU ha llamado la atención a los gobernantes por su indiferencia ante lo que la gente pide. Por eso, el “mea culpa” público que ha hecho Sebastián Piñera, el presidente de Chile, no puede reflejar mejor el temor ante su propio colapso, pidiendo perdón por no haber hecho a tiempo las reformas sociales que el pueblo reclamaba. Como dice Perales en su canción: “quizás para mañana sea tarde”.

Y lo que pasó y está pasando en Colombia, igualmente es muy indicativo. ¿Será que hay gente con dos dedos de frente, capaz de interpretar lo que está pasando?, ¿las marchas estudiantiles?, ¿los resultados de las elecciones, donde los mayores perdedores son los polarizantes? Quizás algunos quieran ver, quizás quieran escuchar… no sea que para mañana sea tarde y acontezca un nuevo colapso.