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jueves, 5 de enero de 2023

Vigía: de Bolivia a Colombia, ¿el mismo patrón?

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda

Los errores son permanentes. Los terroristas de la primera línea, la dirección del ICBF, los aviones franceses, el anuncio a los cocaleros del Catatumbo, el arribo de armas largas desde México y Brasil, y ahora el desmentido del ELN al decreto presidencial del 31 de diciembre del 2022, parecen marcar un nuevo rumbo de improvisación, incertidumbre y falta de seriedad en este 2023. Algo muy parecido a la situación actual de Bolivia. Veamos.

Los departamentos de la Media Luna Oriental, Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz, un tercio del territorio nacional, con casi la mitad de los habitantes del país y el origen de 70 % de la producción alimentaria, están en rebeldía. La primera vez que visité Santa Cruz de la Sierra comprobé la vitalidad y exuberancia de los “Cambas”, por oposición a la falsa mansedumbre de los “Collas” andinos, etnia a la que pertenece el inca Morales.

El disparador del vandalismo en Santa Cruz y en Cochabamba, ha sido el arresto del gobernador Luis Fernando Camacho, quien logró defenestrar a Morales en noviembre del 2019, esgrimiendo una biblia y una carta de renuncia presidencial redactada por él mismo. Tuvo el apoyo militar. Como en Perú. Tres años después, el pasado 29 de diciembre, Camacho fue sentenciado por un juez de Instrucción Penal Cautelar por Rebelión I (Jeanine Añez fue condenada a 10 años por Rebelión II).

Y la motivación fue el anuncio inicial del gobierno de que el censo poblacional se haría este año, para luego decir que sería en 2023 y después posponerlo para 2024. Todo para ocultar el fraude cuando en septiembre de 2009, una delegación de jóvenes venezolanos chavistas inscribió en quince días a 1.100.000 nuevos votantes: habría más votantes que habitantes.

El ex presidente “Tuto” Quiroga dijo que el presidente Arce “se presta para lavar la cara del fraudulento que se fugó” en referencia a Morales; la diputada Ma René Álvarez, aclaró que la detención de Camacho es un atentado a la libertad y la democracia de todo el país; Rómulo Calvo, líder cruceño, le exigió al presidente que libere al gobernador para “evitar la innecesaria confrontación que su Gobierno pretende instalar”; los líderes cívicos consideraron que la detención del gobernante fue una "transgresión abusiva, ilegal y arbitraria, socialmente inaceptable y moralmente repudiable". El partido de Camacho aseveró que su detención expone al país a una “gravísima situación de violencia” con “insospechadas consecuencias” para el Gobierno. “Estamos enfrentando el gravísimo peligro de convertirnos en un Estado donde prevalezca la dictadura, el abuso y la violencia con un Gobierno que busca imponerse con el terrorismo de Estado”, advirtió la agrupación política Creemos. ¿Suena familiar?

Según Arce, su modelo económico, “social, comunitario y productivo” es la envidia de todos los países vecinos, menos de Colombia, aunque para allá vamos. Y ni qué decir de Cuba, Nicaragua, ni de Venezuela. En Colombia, pareciera estar imponiéndose una izquierda que no entiende la “nueva realidad” económica que rechaza el marxismo-leninismo fosilizado, aunque efectivo. México oficia de depositario de los líderes de la izquierda latinoamericana. Recordemos que hacia allá se dirigía el peruano Castillo hace pocas semanas y con 60 años de violencia interna y como primer país productor mundial de cocaína, el caso de Colombia es emblemático para toda la región. FARC y ELN, campean impunes en territorios de minería ilegal y narcotráfico en Venezuela y en la frontera binacional. Y aunque el “protector” del Táchira ha jurado asegurar este límite, la situación tiende a agravarse.

Adendo: cantinflescas las explicaciones del mingobierno Prada esta mañana sobre el trino del presidente del alto al fuego bilateral, desmentido por el ELN.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Vigía: ejércitos en transformación

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

En mayo de 2013 murió el general Rafael Videla, en el baño de su celda del Penal Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires, olvidado de sus propios compañeros de armas y de todos aquellos políticos, empresarios y civiles que lo animaron a “enderezar” el rumbo del país, hoy en medio del desastre kirchnerista. Esas son las miserias del poder. En Venezuela, la muerte (¿homicidio?) del general Raúl Isaías Baduel, en la prisión de máxima seguridad de Fuerte Tiuna, presuntamente por covid-19, es una muestra de cómo actúan las dictaduras vestidas de civil mientras escarban la felicidad del pueblo. Esas son las consecuencias de las malas compañías. En Colombia, el general Jesús Armando Arias Cabrales cumple 35 años de condena por los supuestos desaparecidos del Palacio de Justicia, mientras los autores del holocausto disfrutan las prebendas del poder y uno de ellos puntea las encuestas para la presidencia. Así es la pérdida del rumbo moral del país neogranadino.

¿Desaparecen los ejércitos nacionales?

Además de los jefes militares, las instituciones castrenses también están siendo asediadas y afectadas. El miércoles 3 de este mes, en Bolivia, el presidente Luis Arce, de la cuerda del neo inca socialista Evo Morales, ha asumido el control total de los ascensos militares, excluyendo al ministro de Defensa y revocándole atribuciones para sugerir o decretar cargos en las Fuerzas Militares, aumentado de esta manera la injerencia política en la estructura castrense.

Dos días más tarde, en el Perú, el presidente Pedro Castillo ordenó el ascenso a generales de dos coroneles, hijos de un viejo amigo en su tierra natal en Cajamarca. Al negarse el comandante del Ejército por estar ya cerrada la selección, el presidente lo destituyó a él y al comandante de la Fuerza Aérea. Los militares retirados advirtieron en un comunicado, la politización del estamento militar y el proceso de desestabilización que esto significa, tanto como nombrar 10 ministros de Defensa en 100 días de gobierno.

Estos dos recientes hechos, son resultado de la estrategia del Foro de Sao Paulo para convertir los Ejércitos Nacionales de la región, a través de decisiones políticas y de nuevas doctrinas ajenas a las realidades de los países, en guardias pretorianas politizadas que garanticen la perdurabilidad de las camarillas que acceden al poder, como en La Habana desde hace 60 años, en Caracas desde hace 22 y en Managua desde hace 20. La alternancia en el poder, característica fundamental de una democracia, por supuesto que no se contempla en el ejercicio del totalitarismo marxista-leninista-maoísta, del castro-chavismo. Acaba de suceder en Nicaragua.

La “Doctrina Lleras”

Nunca, como en las actuales circunstancias, adquieren relevancia las palabras del presidente Alberto Lleras Camargo, en el Teatro Patria, el 9 de mayo de 1958: "Yo no quiero que las Fuerzas Armadas decidan cómo se debe gobernar a la Nación, en vez de que lo decida el pueblo; pero no quiero, en manera alguna, que los políticos decidan cómo se deben manejar las Fuerzas Armadas en su función, su disciplina, en sus reglamentos, en su personal...". Una clara aplicación de lo que desde 1904, Arthur Bentley había descrito en su teoría de élites y grupos de presión en cualquier gobierno, asignándole a los militares, además de su misión constitucional, un papel de defensa de sus intereses gremiales. Esta tarea, que debería recaer sobre los militares y policías retirados, desafortunadamente los encuentra por estos días dispersos y confusos en medio de una lucha política vinculada al crimen organizado transnacional.

Después de la constitución del 91 y con el nombramiento de los ministros de defensa civiles, la “Doctrina Lleras” se modificó fortaleciendo la subordinación militar al poder civil y demandando de políticos y burócratas nombrados para dirigir la seguridad nacional, un mayor conocimiento de los asuntos pertinentes. Esto, desafortunadamente, no se cumple a cabalidad y la miríada de expertos académicos y teóricos sobre la seguridad pública y la defensa nacional, ha concluido en el poco promisorio escenario colombiano y regional actuales. Y los militares y policías retirados, los veteranos, siguen esperando la oportunidad de aportar su invaluable experiencia.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

¡No es lo mismo!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Acaba de pasar la quincena trágica. A Bolivia regresó, en cuerpo ajeno, el gran cocalero. A diferencia de Chávez, que incrementó el despilfarro secular hasta el total agotamiento de un país que fue riquísimo, Evo apenas recogió la única y efímera bonanza boliviana (petrolera, gasífera y de litio), para malbaratar unos 50.000 millones de dólares en proyectos alocados y en corrupción clientelista y tribal. Ahora, un país mal acostumbrado retorna a la pobreza tradicional, bajo los postulados poco prometedores del socialismo del siglo xxi.

Luego en Chile. Como los pueblos no tienen memoria, la sombra victoriosa de Allende se pasea ahora por Santiago y nadie recuerda el hambre, la violencia y la destrucción del aparato productivo causadas por alguien que prefiguraba a Maduro como economista y a Petro como pensador. Un año de motines “pacíficos”, un metro destrozado, iglesias en llamas y la economía en ruinas, pero la prensa mamerta mundial y los optimistas despalomados de siempre celebran la constituyente gárrula, que descuadernará al país, esterilizará su economía y abrirá las puertas del Estado a la demagogia progre y socialista.

La tragedia de ambos pueblos, por dolorosa que sea, principalmente a ellos afecta, mientras la de los Estados Unidos es de orden universal. Sin embargo, se oyen voces en Colombia en el sentido de que para nosotros da lo mismo Trump o que sea Biden. ¡No, no es lo mismo!, porque con el segundo vendrá un nuevo acomodo, innecesario y vergonzante, con el castro-chavismo, como el de Obama, de consecuencias nefastas para nuestro país, amenazado de un destino similar al del vecino.

Pero ahí no para el asunto. El regreso de la camarilla gestora del nuevo orden mundial afectará a todo el mundo, porque tras del anciano decrépito y logrero y de la abortista pavorosa, se mueven fuerzas descomunales para la destrucción de la familia y la civilización. El “matrimonio igualitario”, el abortismo desenfrenado (hasta el momento mismo del alumbramiento), el feminismo radical y agresivo, la inculturación de la infancia en la ideología de género, el activismo Lgtbi, la persecución religiosa, la reescritura vengativa de la historia y la iconoclastia, son las banderas manchadas del actual partido demócrata.

Y en lo tocante a la preservación de la democracia y de los Estados nacionales, los nuevos inquilinos de 1600 Pennsylvania Ave. estarán más inclinados a resignarse que a oponerse al ascenso chino, mientras su apego por la democracia no pasa del nombre del partido.

Los episodios de fraude que dan origen a este gobierno, así escapen a la calificación judicial politizada e inmediata, no dejarán de inquietar a politólogos e historiadores. La imposible auditoría sobre millones de votos postales inseguros, los numerosos votantes muertos, el recuento sin testigos, los votos destruidos por escrutadores, entre otros acontecimientos, indican hasta dónde se llega en los estertores de la democracia.

Trump, arrogante y antipático, se enfrentó con energía descomunal al nuevo orden mundialista, globalista y masónico. En cambio, nadie sabe quiénes son los verdaderos y secretos amos políticos que regresan al poder en Washington.

Además, no es la primera vez que un anciano reblandecido e incapaz llega a la presidencia de los Estados Unidos. El primero de ellos en representar el mayor poder mundial fue Woodrow Wilson, al salir vencedor de la I Guerra Mundial. Fue reelegido en avanzado estado de demencia senil y los últimos dos años de su gobierno (1919-21) fueron ejercidos por Mrs. Wilson y el secretario de Estado Lansing.

Ahora bien, si Biden se muere o lo incapacitan, Kamala llegará a reeditar de manera aumentada y obediente a la camarilla clandestina, la horrenda presidencia de Barak Obama, para extender por todo el mundo el Nuevo Orden, dictadura debilitante de un Occidente moribundo, incapaz de enfrentarse al ascenso chino y al fundamentalismo islámico.

Con un Vaticano extraviado en la teología de la liberación y con los Estados Unidos en clave progre-globalista, la soledad de los colombianos de bien será agobiadora, pero aunque nos abandonen, no dejaremos la lucha.

***

¡Reconstrucción o catástrofe!

jueves, 29 de octubre de 2020

Vigía: China y el drama político regional

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Mientras el Evismo parece retomar el control de Bolivia y Chile entra en una zona de incertidumbre, el choque contra la realidad que está sufriendo el modelo venezolano, debería reventar más pronto que tarde. Tan pronto como las elecciones de EEUU, tan tarde como en Cuba: medio siglo en miseria, aguantando hambre y todavía alabando a Fidel con el cuento chimbo del orgullo nacional.

En esa ruptura, que afectaría a toda la región, China jugará un papel clave. Sin prisa, pero sin pausa, con un discurso amistoso, humilde y con mucho dinero, el imperio asiático avanza en Latinoamérica alejado de la arrogancia y la impetuosidad gringas.

Geoestrategia y mafia

Somos actores de reparto en la lucha entre dos culturas y dos visiones de vida: una de 4.000 años frente a otra de escasos 200. Y de dos tipos de gobierno: uno democrático y otro dictatorial, con un partido comunista en el poder por más de sesenta años y sin remotas posibilidades de alternancia. Esta permanencia, le permite a Beijing planear a largo plazo y con mano firme, sin soportar los vaivenes y sobresaltos propios de democracias con gobiernos e instituciones débiles como en Latinoamérica. A lo anterior, se agrega un fresco espíritu nacionalista chino de grandeza. Banderitas rojas con estrellas amarillas, ondean discretamente en lo alto de sus torres de ingeniería y trasiegan en los overoles y cascos de sus empleados. Los orientales, hormiguean por todo el continente en importantes obras de energía, de infraestructura, de minería y agricultura, y en proyectos críticos de cibertecnología y comunicaciones.

Como en África, el neocolonialismo expansivo chino invierte, presta y empeña, y entonces, calmadamente, exige sus derechos y termina apropiándose de activos vitales de la nación: transporte, puertos, comunicaciones. El principal dolor de cabeza fiscal del Ecuador, por ejemplo, es su deuda con China (US $19 mil millones), adquirida durante el gobierno socialista de Correa. Porque en medio del trasiego económico, la ideología también juega su papel.

Los mayores deudores chinos en el continente son Venezuela (US $67.200 millones) y Brasil (US $28.900 millones). Colombia acaba de entregarle al gobierno chino la mayor obra de infraestructura, el metro de Bogotá (13 billones de pesos, 60 mil empleos) y la explotación de oro más importante del país, en Buriticá (US $10,7 millones de inversión con unos estimados de 3,7 millones de onzas de oro y 10,7 millones de onzas de plata).

El avance geoestratégico de China en el continente se evidencia en sus compras, inversiones, donaciones e influencia en los puertos del Pacífico, desde Lázaro Cárdenas en México, hasta Talcahuano en Chile, pasando por Panamá, nodo articular para Latinoamérica de la nueva ruta de la seda.

Y Bogotá, tradicional gran amigo de Washington, anuncia el desarrollo en el golfo de Urabá, frontera con Panamá, de cuatro puertos, uno de ellos, Sol de Oriente, con fuerte inversión china.

Por el Pacífico sale a los mercados del mundo la mayoría de la cocaína producida en Colombia, en donde participa la mafia china lavando dinero y traficando personas. Y como de gobiernos cooptados por el crimen organizado transnacional hablamos, el asunto político se complica.

China y un eventual brete regional

En Bolivia, que parece volver a manos Evistas y que también está endeudado con el imperio asiático, este desarrolla una veintena de proyectos de infraestructura y se quedaría con las reservas de litio, vital para sus vehículos eléctricos. Chile, con rumbo político impredecible, vende 41% de su cobre a China.

En este escenario, una ruptura en Venezuela llamaría a una intervención, humanitaria o no, principalmente de Colombia y Brasil, ambos con la influencia económica China ya mencionada.

La pregunta es si Beijing y sus importantes intereses económicos en la región, asistirá impávido a una turbulencia regional que ponga en riesgo sus inversiones y su avance estratégico hacia la periferia de su rival y en la cuenca del Pacífico.

En este “momento bisagra” para la humanidad, como algún analista lo calificó, o en esta Trampa de Tucídides según Graham T. Allison, el poder chino no pasará desapercibido en el drama político que estamos viviendo en Latinoamérica. China podría convertirse, muy a pesar del Pentágono, en un habilidoso componedor entre países o en la presión económica lo suficientemente fuerte como para marcar el rumbo de la región, ante el desinterés de Washington, ocupado en otros contextos más apremiantes para sus intereses globales. En pocos días sabremos qué dice el Tío Sam sobre este inquietante horizonte. Y veremos cómo juega Beijing en la tragedia venezolana.

En una próxima columna hablaremos de China y el asunto militar en Latinoamérica.

miércoles, 29 de enero de 2020

Envidia de...


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
BoliviaEn La Paz, una de las ciudades más interesantes del mundo, se vienen sucediendo hechos absolutamente deseables.

¿Cómo no sentir envidia de un país donde el robo de unas elecciones se castigó con el derrocamiento de un presidente corrupto?

¿Cómo no sentir envidia de un país donde docenas de cómplices del depuesto mandatario van a ser procesados por los delitos cometidos?

Como colombiano que ha presenciado en los últimos años la entrega del Estado a un grupo narcoterrorista, el robo de un plebiscito, el saqueo del tesoro público, la usurpación permanente de funciones por unas “altas” cortes politizadas y un congreso nauseabundo, no puedo dejar de sentir vergüenza por lo nuestro y envidia de lo ajeno.

Al romper relaciones con Cuba, la valerosa presidente de Bolivia, Janine Añez, nos da ejemplo, mientras seguimos embelesados haciendo carantoñas a una dictadura que nada nos compra, pero se niega a atender nuestra temblorosa solicitud para que extradite a los peores terroristas colombianos; y cuya Embajada en Bogotá —con centenares de falsos diplomáticos— coordina todo el proceso desestabilizador del país, actuación inevitable porque ya ha exprimido a Venezuela, y para sobrevivir tiene que seguir con Colombia.

¡La culebra se mata por la cabeza!... Mientras no comprendamos algo tan sencillo, seguiremos fingiendo que el gobierno cubano es normal, amistoso e inofensivo…

Y del Perú No era muy positivo el clima político en Lima: expresidentes presos; otros, prófugos; uno, suicida; el último, destituido… y un congreso tan atravesado como el nuestro. Allá lo único que faltaba era negociar el Estado, trasladando a Abimael Guzmán, a Elena Iparraguirre, al camarada Artemio y a Víctor Polay, de la Cárcel de Callao al Palacio Legislativo, para no quedarse atrás de Colombia.

Al llegar al poder el nuevo presidente, Martín Vizcarra, consideró necesarias algunas reformas constitucionales, empezando por la de la justicia, para luchar contra la corrupción, que el Congreso a regañadientes tuvo que aceptar, temiendo su disolución. Esta llegará más tarde, el 30 de septiembre de 2019, cuando el presidente, cansado de la obstrucción permanente, la decrete.

Para buscar la gobernabilidad, el señor Vizcarra no pactó con líderes caducos de partidos corruptos, sino que apeló a un pueblo ansioso de actos de gobierno, lo que elevó su aprobación popular, de 34 a 66 %, y que ahora bordea el 77%.

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Según la policía canadiense, “La fuerza de parte de las autoridades no debe ser proporcional; debe ser mayor. Esa es la que conduce al orden público. En cambio, la fuerza proporcional invita al desafío permanente, porque deja a los antisociales en un falso empate, en vez de un castigo real”.

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David Choquehuanca — Seguramente que este candidato de Evo Morales para la presidencia de Bolivia, famoso por su limitación idiomática e intelectual, no es descendiente del Curiaca de Pucará, José Domingo Choquehuanca, quien saludó a Bolívar con el más bello discurso de la historia:

“Quiso Dios de salvajes formar un gran imperio y creó a Manco Cápac; pecó su raza y lanzó a Pizarro. Después de tres siglos de expiaciones ha tenido piedad de la América y os ha creado a vos. Sois, pues, el hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho, y para que alguno pueda imitaros será preciso que haya un mundo por libertar. Habéis fundado tres repúblicas, que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevan vuestra estatura a donde ninguna ha llegado. Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina.

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“La mayoría somos más”, Daniel Quintero, flamante alcalde de Medellín.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Paro nacional en un mundo convulso


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Dos artículos, recientemente leídos, de Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs, confirman lo que hace 15 días escribí aquí sobre “Colapsos”. En efecto, al narrar el derrumbamiento de los sistemas fascistas y comunistas, también hablé de la inminente caída del capitalismo neoliberal. Lo que está pasando en todo el mundo, no solo acá, afirman estos connotados analistas económicos estadounidenses, es la expresión de un total agotamiento frente a un sistema que ha venido prometiendo prosperidad, pero que en sus resultados lo único que ha evidenciado es la ampliación de las brechas sociales por la pésima distribución del ingreso. Se necesitaría ser muy tonto para pensar siquiera que estos señores son de izquierda y están agitando las masas para la revolución comunista. No. Son reconocidos hombres de las ciencias económicas que objetivamente han visto con preocupación cómo, el metarrelato de la gran ideología capitalista, finalmente, ha sido decepcionante.

Cita Sachs los casos de París, Hong Kong y Santiago de Chile, ciudades tan prósperas como exitosas, donde el ingreso promedio per cápita es de los mejores del mundo, pero donde, en contraste, se sienten menos libres para adquirir lo que desean. Por eso, no parecería sensato que, por un simple aumento del pasaje del metro, en el caso chileno, se arme semejante alboroto en este país latinoamericano que, supuestamente, está mejor que todos. En realidad, el ingreso es “promedio”, pero eso no quiere decir que efectivamente todos reciban tal cual tan jugosa suma (18 mil dólares anuales, es decir, 61,2 millones de pesos colombianos al año, o sea 5,1 millones mensuales), cifra por supuesto de la que aquí estamos bastante lejos… El asunto, ya lo vemos, es que unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Riqueza sí, pero mal distribuida. Eso es lo que envenena la gente.

Dice Stiglitz: “Estamos experimentando las consecuencias políticas de este enorme engaño: desconfianza en las élites, en la «ciencia» económica en la que se basó el neoliberalismo y en el sistema político corrompido por el dinero que hizo todo esto posible”.

El mundo está convulsionado eso es claro. La gente está harta de manipulaciones y mentiras, vengan de donde vinieren, derechas de Trump, Macron, Bolsonaro o Piñera, o de izquierdas de Erdogan, Maduro, Ortega o el recién caído Evo, para “ribetearlas” grosso modo. Lo que extraña y realmente sorprende es su ceguera, su terquedad y su indolencia. Viendo lo que ven, sabiendo lo que saben que pasa, se hacen los ciegos, los sordomudos y no hacen nada efectivo para que las cosas sean distintas. Tarde que temprano pagarán caro su tontería. Lo saben, la historia con decenas de ejemplos se los ha advertido y no quieren entender.

Colombia no es la excepción. Económicamente estamos mejor que los otros países de la región, pero, políticamente, no estamos mucho mejor que el resto. La paz que debería habernos catapultado, como ya se estaba avizorando al ser admitidos en la OCDE, por ejemplo, ha sido el karma que hemos tenido que padecer por la mezquindad de dos líderes tan polarizantes como nefastos. Si. Los dos. El daño que le están haciendo al país no tiene nombre. Los odios y los rencores son alimentados minuto a minuto por los no menos infames áulicos de sus cortes. Parecieran ser tan distintos, pero en el fondo son todos igual de dañinos. Cualquier evento es aprovechado por unos y otros para llevarnos irracional e irremediablemente a la debacle y al caos.

Ya lo dije el otro día aquí: que haya protestas no debe reprimirse, pero que estas sean manipuladas para generar disturbios, destrucción y, por ende, represión, falsos positivos y muerte, eso no tiene perdón. Más indignación aún causa que tan cínicos y siniestros señores de la muerte le hayan comenzado a agregar el ingrediente religioso. Eso era lo que faltaba, usar las creencias religiosas también para aumentar odios viscerales. Solo falta que añadan motivos de orden étnico, racial, de clase social y de género para llegar a lo que ellos quieren: un todos contra todos, donde todo vale. Llevar a Colombia a un nuevo desangre, para ellos erguirse como caudillos salvadores. Lo más triste: ver cómo logran convertirnos en sus sumisos seguidores con cero conciencias críticas, cero análisis. Simplemente somos dos bandos en confrontación y los que no están en nuestro bando, porque piensan diferente, hay que rechazarlos, excluirlos y odiarlos. ¡Increíble a dónde nos están llevando!

Me preocupa el paro del 21, no por encarnar una legítima protesta que debería ser contra un sistema inequitativo e injusto, sino porque los polarizadores lo están aprovechando en beneficio de sus sucios intereses. Y las masas, ciegas e irracionales, se están dejando llevar de narices al abismo. Vuelvo y pregunto, ¿será que hay todavía gente con dos dedos de frente y con autoridad moral y reconocido liderazgo para evitar el infierno que se nos avecina?, ¿estamos todavía a tiempo?

Colofón: Nuestros Obispos, a propósito del paro nacional reflexionan: “El cansancio y el descontento que están manifestando ciertas movilizaciones ciudadanas, revelan problemas graves que no hemos podido superar y que tienen su origen y su expresión en la corrupción, la inequidad social, el desempleo y la imposibilidad de amplios sectores para acceder a los servicios básicos de alimentación, salud y educación. Estas movilizaciones son un derecho democrático, cuando son expresión de libertad y responsabilidad ciudadana. Para que tengan verdadero sentido deben apuntar al bien común y no prestarse a intereses personales o de grupos, ni a la implantación de ideologías o propósitos ajenos a la vida de nuestras comunicadas” (# 2 y 3 del Comunicado 039 del 14-11-2019).

jueves, 14 de noviembre de 2019

Vigía: malos gobiernos y nuevos uniformes


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Cansada de un evismo que, a pesar de mostrar logros económicos significativos, se erigió mesiánico y tramposo en las urnas, la ciudadanía boliviana revalidó su NO a la reelección con prolongadas protestas callejeras, violencia y vandalismo. Inesperadamente, la policía se unió a las manifestaciones contra del caudillo y entonces el estamento castrense, sin personalismos —no veo ningún general o coronel boliviano encabezando un “gobierno de transición"— le “sugirió” al presidente constitucional dejar el poder. Es entendible. Serían ellos, los militares, la última instancia a la que recurriría el gobierno para restablecer el orden y saldrían probablemente a disparar, para lo cual han sido equipados y entrenados. Después, serían abandonados a su suerte por los mandatarios que les dieron la orden y cargarían con toda la responsabilidad como masacradores y asesinos.

Recordemos el caso del Palacio de Justicia en 1985 en Bogotá. Ese fatal juego lo conocen muy bien las nuevas generaciones de militares que no son tan tontos para caer en la misma trampa de irresponsables élites políticas. Sin embargo, los mandos actuales entienden el gran descontento que muestran las encuestas con las llamadas democracias, urgidas de seguridad y orden como prerrequisitos ineludibles para cualquier proyecto de progreso y desarrollo. Comprendiendo el sentimiento popular y sin ambicionar ni el poder, ni el protagonismo de sus generaciones anteriores y a contrapelo de los discursos políticos de uno y otro espectro, finalmente en sus sables reside el rumbo de los países latinoamericanos aceptando su papel estabilizador ante la incapacidad e ineficiencia políticas. Por otra parte, son también los fusiles los que sostienen contra viento y marea a dictaduras como las de Maduro, Ortega, Castro, y sus respectivas bandas.

Lo de Bolivia es ejemplarizante. El viejo modelo golpista latinoamericano está virando a una nueva función de los militares y a una nueva dimensión de la policía. México parece derivar en la misma dirección. Chile y Ecuador tienen las opciones abiertas.

En Colombia, como abrebocas al paro nacional del 21 de noviembre, un senador, impúdicamente y con torcida retórica, utilizó un bombardeo legal, legítimo y bajo los parámetros del DIH, para vender la imagen de una “masacre de niños” por cuenta de las fuerzas militares. El parlamentario abonó a la desinstitucionalización del país, recabando el negativo de los militares en las encuestas, sin mencionar el positivo, que ronda el 70%, convirtiéndolos desde hace más de una década en la institución de mayor confiabilidad en Colombia.