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lunes, 29 de marzo de 2021

Inadmisible

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Estoy aterrado, impresionado… es la primera vez en mi historia de vida, que no es poca, que las encuestas de esta última semana, final del mes de marzo de 2021, a catorce meses de las elecciones para la Presidencia de Colombia se muestra como favorito a Gustavo Petro, y por ende, no sé si estoy desvariando o el país está perdiendo las perspectivas de la realidad, porque el señor Petro, no puede ser presidente de Colombia, no porque yo lo considere así, sino porque su trayectoria como guerrillero, sus antecedentes como gobernante, sus actuaciones personales, llevan a que lo considere inviable para ocupar el cargo. No tiene la empatía frente al sector empresarial del país, no es confiable en su forma de gobernar, es un ególatra, impredecible y sin respeto por la institucionalidad de la República de Colombia.

Espero que esa encuesta vaya cambiando con el trascurrir de los días y meses previos a la elección, tiempo en el que los ciudadanos podrán reflexionar y cambiar de opinión sobre lo que se vendría para nuestro país bajo el gobierno de este personaje, a quien ni sus propios compañeros que tuvieron la oportunidad de trabajar con él y conocerlo a puertas cerradas, repetirían una experiencia como esa. No concilia con nadie, no respeta ideas, lo único que sirve es lo que él diga y eso lo vivieron en la época que fue alcalde de la ciudad de Bogotá. (gobierno que fue un fracaso).

El problema que tenemos en Colombia, es que no tenemos memoria, algunos por que la callamos creyendo que de esa manera borramos el sufrimiento, otros por comodidad y otros esperando que actúen por ellos y así quienes no vivieron esa época los llamados milenios y la generación Z, están siendo manipulados, comiendo cuento, por quiénes hicieron tanto daño en ese momento, Petro y sus secuaces, que les lavan el cerebro. Estos jóvenes lamentablemente no conocen la historia de nuestro país, no se las enseñaron en el colegio, ni sus padres, no sufrieron las consecuencias del narcotráfico, de la violencia guerrillera, ni las muertes de miles de ciudadanos que no hacían parte del conflicto, ni del dolor de las familias que cubrían con sus cuerpos  sus muertos en cada ataque guerrillero, ni les contaron de las minas que cegaron la vida de soldados de Colombia y de campesinos inermes en el campo, es pues una historia sin recuerdo, sin respeto, porque hoy se ignora y no se repudia.

Cada familia de Colombia tiene una pérdida, un dolor que no se olvida, sufrimos la muerte de un padre, hermano, hijo, pariente o amigo cercano, nadie se salvó, aun hoy, nos duelen los recuerdos, no hemos superado los traumas, porque no solo es muerte, sino el impacto psicológico que padecimos en ese momento, las bombas, secuestros y daños materiales ocasionados por esas acciones que hacían difíciles la vida diaria.

Si la juventud se tomara el tiempo de escuchar a quienes vivieron y vivimos ese momento, se darían cuenta de que fue la época más sangrienta que sufrió nuestra Colombia amada y de ese sufrimiento es culpable y parte activa Gustavo Petro. La gente no cambia y como decían los abuelos “genio y figura hasta la sepultura”.

A la gente se le olvida que este personaje mentiroso patológico, no respeta la democracia, la atacó, se fue lanza en ristre contra ella, formo parte del M19, y tiene en su haber la triste historia del Palacio de Justicia que conllevo a la muerte de honorables magistrados y civiles que perecieron allí.

El grupo guerrillero del cual el hacía parte apoyado por el narcotráfico pretendía hacer rendir a la democracia y tomarse el poder para gobernar con los narcotraficantes que les pagaron por esa toma y borrar los expedientes que los condenarían.

Alguien podría creer, que quien ha vivido toda su vida en la ilegalidad pueda tener los valores y principios para gobernar un país que está hastiado de la inmoralidad y la injusticia, sería como entregarle un banco a un ladrón.

Este señor como presidente, no generará empleo, por el contrario, se perderá, los empresarios saldrán corriendo de Colombia, no solo los nacionales sino el capital extranjero, no habrá un sistema de seguridad social integral porque si no hay empleo, no hay seguridad y el desempleo subirá a niveles superiores al 50% y se iniciará una estampida de ciudadanos desesperados deambulando por todo el territorio de América, conllevando miseria y desamparo.

No se nos olvide que ya este esquema de socialismo del siglo XXI, se está viviendo en otros países con único resultado de generar miseria, pobreza, vandalismo y hambre y esto es lo que prevalece; analicen si nuestro país vecino está generando riqueza o miseria, pregúntense ustedes por qué huyen los propios ciudadanos venezolanos, arriesgando su vida en la selva antes que vivir en el régimen que quiere toda Suramérica. Tontos e ilusos son los que no se dan cuenta de ello.

Díganme ustedes señores lectores, qué es lo que ofrece este candidato guerrillero para Colombia, además de violencia, desempleo y desarraigo, será que este hombre acompañado con voltearepas como Benedetti, y Roy Barreras, podrá encauzar a Colombia por senderos de crecimiento y estabilidad, lo dudo.

Benedetti, yo, desde el interior de Colombia y concretamente desde Medellín, lo considero un tránsfuga, un hombre que no genera confianza, es desleal y advenedizo, que se ha paseado impávidamente por todos los sectores políticos colombianos generando burlas, desconfianza y poca aceptabilidad.

Y el otro, el del Valle, Roy Barrera, ambos fracasados, quieren ampararse bajo cualquier sombra, en este caso la de Petro. Serán entonces confiables, ¿por que como dice el adagio popular “vaca ladrona no olvida el portillo”. Solo quieren protagonismo y mantenerse en la imagen pública a toda costa.

Hoy le pido a Colombia, a todos los grupos que la conformamos, a los empresarios, a los ciudadanos del común, a los trabajadores, a los funcionarios públicos, a los estudiantes, a las mujeres, a los campesinos, a las familias que no arriesguen por lo menos a soñar con un futuro digno a su estabilidad económica, que no lleven a Colombia, a su país a la debacle social, porque allí caeremos todos y no tendremos salvación, solo Petro y sus secuaces se beneficiaran del caos.

Los invito a que me crean, compartan conmigo y sus amigos porque yo no estoy en campaña, soy un ciudadano como ustedes que si estoy viendo el panorama social y económico que se viene, atrevámonos y defendamos la institucionalidad, la democracia, me preocupa y duele la indiferencia con que se está tomando esta problemática.

Les pido que me acompañen pidiendo que la justicia opere, que el Congreso disminuya y que el ejecutivo actué y que todos nos apersonemos de nuestro futuro.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Vigía: malos gobiernos y nuevos uniformes


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Cansada de un evismo que, a pesar de mostrar logros económicos significativos, se erigió mesiánico y tramposo en las urnas, la ciudadanía boliviana revalidó su NO a la reelección con prolongadas protestas callejeras, violencia y vandalismo. Inesperadamente, la policía se unió a las manifestaciones contra del caudillo y entonces el estamento castrense, sin personalismos —no veo ningún general o coronel boliviano encabezando un “gobierno de transición"— le “sugirió” al presidente constitucional dejar el poder. Es entendible. Serían ellos, los militares, la última instancia a la que recurriría el gobierno para restablecer el orden y saldrían probablemente a disparar, para lo cual han sido equipados y entrenados. Después, serían abandonados a su suerte por los mandatarios que les dieron la orden y cargarían con toda la responsabilidad como masacradores y asesinos.

Recordemos el caso del Palacio de Justicia en 1985 en Bogotá. Ese fatal juego lo conocen muy bien las nuevas generaciones de militares que no son tan tontos para caer en la misma trampa de irresponsables élites políticas. Sin embargo, los mandos actuales entienden el gran descontento que muestran las encuestas con las llamadas democracias, urgidas de seguridad y orden como prerrequisitos ineludibles para cualquier proyecto de progreso y desarrollo. Comprendiendo el sentimiento popular y sin ambicionar ni el poder, ni el protagonismo de sus generaciones anteriores y a contrapelo de los discursos políticos de uno y otro espectro, finalmente en sus sables reside el rumbo de los países latinoamericanos aceptando su papel estabilizador ante la incapacidad e ineficiencia políticas. Por otra parte, son también los fusiles los que sostienen contra viento y marea a dictaduras como las de Maduro, Ortega, Castro, y sus respectivas bandas.

Lo de Bolivia es ejemplarizante. El viejo modelo golpista latinoamericano está virando a una nueva función de los militares y a una nueva dimensión de la policía. México parece derivar en la misma dirección. Chile y Ecuador tienen las opciones abiertas.

En Colombia, como abrebocas al paro nacional del 21 de noviembre, un senador, impúdicamente y con torcida retórica, utilizó un bombardeo legal, legítimo y bajo los parámetros del DIH, para vender la imagen de una “masacre de niños” por cuenta de las fuerzas militares. El parlamentario abonó a la desinstitucionalización del país, recabando el negativo de los militares en las encuestas, sin mencionar el positivo, que ronda el 70%, convirtiéndolos desde hace más de una década en la institución de mayor confiabilidad en Colombia.