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miércoles, 30 de agosto de 2023

Solo cosechamos lo que sembramos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Gobernar debe estar reservado para personas capaces de hacer el bien a los demás, de generar seguridad, bienestar, equidad y crecimiento real como función de multiplicar y no de dividir una nación.

La honestidad, integridad, corrección, dignidad y respeto al obrar caracterizan a las personas con clase. La clase nada tiene que ver con el grupo social o económico al que se pertenezca, es lo que diferencia el buen obrar del individuo en todas las actividades, profesiones o círculos sociales, es algo que se tiene porque se mama por igual en un palacio o en un chozo y que sólo emana del buen ejemplo de padres y educadores.

Triste es que el imperio de la ley y la sensatez hayan cedido al de la ignorancia en nuestras naciones. La confusión que emana de la dialéctica populista pretende hoy eliminar las diferencias entre personas de bien y seres de mala condición humana. Esa es la gran falacia que confunde y encubre toda clase de injusticias.

Vemos hoy el narcotráfico internacional, originado desde los países andinos, que es donde se da el cultivo que mata, al comando del desorden y del manejo del miedo en nuestras naciones, totalmente entreverado con un terrorismo inmerso en una actividad política cleptócrata infestada por los preceptos destructivos del socialismo del siglo XXI.

Nuestras democracias están enfermas, y el populismo apalancado en la ilegalidad está apropiado del discurso del cambio revolucionario que siembra odios, causa hambre y miseria a partir de la destrucción de la confianza inversionista y la rápida dilapidación institucional.

Qué efímera se ha vuelto la libertad. El mensaje desde el Ecuador a todos los partidos políticos de la región fue claro: “la conquista y participación en el poder por parte de las organizaciones criminales, es por las buenas o por las malas”.

Los males de nuestra región multiplicados por el narco-comunismo, siguen incrementando los índices de pobreza y miseria, como la peste negra desde Cuba y Nicaragua, se expandieron a Venezuela y ya están pudriendo la riqueza de toda la región, en Colombia, Ecuador, Guatemala y Honduras, sin que escapen Perú, Bolivia, Argentina, Chile y Brasil.

Esto lo corrobora el informe de Latinobarómetro 2023, en el estudio “La recesión democrática de América Latina”, el cual detalla que en la región los niveles de satisfacción están en un 28% en 2023. “Los países que representaron los más altos índices son: El Salvador (64%), Uruguay (59%) y Costa Rica 43%. En Venezuela es apenas un 14% y por detrás se ubicaron Ecuador y Perú. La recesión se expresa en el bajo apoyo que tiene la democracia, el aumento de la indiferencia al tipo de régimen, la preferencia y actitudes a favor del autoritarismo, el desplome del desempeño de los gobiernos y de los partidos políticos”, señala el informe. (Fuente: El Nacional. Jueves 3 de agosto, 2023)

Y en Colombia, contadas las excepciones, parece que poco o nada hemos cambiado en 200 años con relación a aquellos aspectos que se refieren a la indolencia de las personas que conducen lo público en nuestras sociedades. Escribió don Lucrecio Vélez Barrientos "Gaspar Chaverra" en la introducción a su sátira a la Guerra de los Mil Días, titulada "El camino de Palo Negro", fechada el primer día del primer mes del siglo XX: "Ahora lo común es que los que por lo menos deberían haber perdido los derechos políticos, vayan de los campamentos a las cámaras legislativas".

Qué pretendemos cosechar en el Congreso de la República, si lo que sembramos es permisividad con la delincuencia, llevando a los jefes terroristas al parlamento y subsidiando la criminalidad como si fuese una profesión liberal, en lugar de cuidar la semilla democrática de la legalidad y el tesoro que representa la seguridad ciudadana.

Qué esperamos que se pueda cosechar en el Estado en favor de las gentes de la nación, cuando la siembra del electorado fue llevar a la presidencia un revolucionario, en lugar de que la transformación del país dependa de una persona preparada, coherente, seria, sensata y bien intencionada al obrar.

Qué esperamos del país cuando permitimos que el liderazgo partidista esté controlado por un grupo cerrado de figuras adictas al poder que, embriagados en el merecimiento, la vanidad personal y la soberbia, han abusado del privilegio que les ha dado el país. Son las inquinas, envidias y disputas entre los atorrantes y presumidos poderosos y sus cortesanos, lo que nos llevó a donde estamos.

Sembramos odios y resentimientos porque la casta política tradicional y sus allegados han abusado del poder para hacerse a un estilo de vida fastuoso que no proviene del sudor de su frente sino de favorecimientos indebidos e incluso de conductas delictivas que lejos están del buen ejemplo al que deben estar obligados, y por ello estamos cosechando miseria representada en más odio y resentimiento social.

Sembramos mal crianza y permisividad, y cosechamos una colección de mediocres indolentes y miserables que sienten que el poder del Estado es materia heredable. La ley debe ser para todos incluidos los jefes de Estado y sus familiares. Que el que la haga, la pague. No podemos seguir protegiendo tiburones que van disfrazados de delfines por ser ese el ejemplo que mamaron.

No hay derecho a que los medios les tapen su inmundicia, ni a que el poder se convierta en disculpa protectora de la ostentación del mando en manos de criminales que delinquen abierta y descaradamente desde las más altas posiciones del Estado.

Cómo podemos pretender que se haga justicia cuando el poder judicial se convierte en actor mediático y deja de ser honesto, libre, igualitario, equilibrado e implacable.

Como clase dirigente tenemos lo que nos merecemos. Duro, pero así es. Y si no nos unimos con un propósito nacional de transformación y progreso, y no corregimos de raíz estos errores, seguiremos en lo mismo de siempre, sin lograr convertirnos en una sociedad culta y educada, justa y generadora de oportunidades.

Señores, lo que mata la esperanza de la nación y las oportunidades para sus gentes indefensas, es que los escándalos de los privilegiados son reales.

Tristemente muchas conductas se ocultan con suma hipocresía tras silencios que se utilizan de tapadera para un obrar pernicioso que se vale además de calumnias que destruyen el buen nombre de los pocos seres honorables que aún tienen la actividad pública y privada.

Antes, quienes voluntaria o involuntariamente sufrían el peso de la indignidad, renunciaban dando la cara, demostrando su clase, y así fuese injusto el escándalo primero estaba su honor, como fue el caso de don Marco Fidel Suarez, hombre culto, formado a pulso, que naciera en una choza en Hato Viejo y llegara hasta la presidencia del país, donde sufrió la maldad propia de apátridas traidores.

Después no lloremos si los cuervos que creamos nos sacan los ojos a cuenta del mejor postor. Da vergüenza ver como gran parte de los líderes políticos defienden a quienes quemaron la dignidad de la nación para hacerse al poder y los gremios productivos se muestran genuflexos mientras sus asociados tragan azotes.

Estamos a portas de una guerra civil que del campo llega a las grandes urbes engendrada desde el espurio obrar Estatal; perniciosa o tácitamente avalado por los mismos líderes que no fueron capaces de defender la institucionalidad en el 2021 y por el contrario con su indiferencia permitieron que se pilaran las formas democráticas y el honor de unas fuerzas armadas hoy amenazadas por el poder de fusiles ilegítimos, plenamente representados en el parlamento y en las más altas posiciones del Estado.

miércoles, 27 de julio de 2022

¿Lamentación o voluntad de recuperación?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

La revolución en Colombia no empezó el pasado 19 de junio, ni comenzará el próximo 7 de agosto. Se ha venido incubando, desde hace por lo menos medio siglo, en las aulas universitarias; ensangrentó los campos a partir de 1959, y después de incontable violencia obtuvo, en 2016, el regalo de una supra constitución que le permitió infiltrar todos los poderes públicos y gozar de un gobierno de transición hasta 2022.

Podríamos seguir indefinidamente considerando el plan estratégico que ha llevado al poder al comunismo, lo que no es el propósito de esta crónica.

A partir de la posesión de Petro avanzará, a velocidad creciente, la sustitución del modelo económico de la libre empresa y el respeto de las libertades individuales, por el colectivismo y el despotismo, seguramente con efusión de sangre, represión y hambruna, hasta completar el ciclo nefasto de 20, 40 o 100 años…

Lo que los colombianos vamos a perder es aterrador. Si el comunismo se consolida aquí, en comparación lo de Venezuela será un juego de niños.

Tardíamente se empieza a despertar del letargo inducido en que han tenido a la ciudadanía, y por tanto, las gentes comienzan a preguntarse por el culpable, o los responsables, de la caída en el abismo: que si la Iglesia, copada por la teología marxista “de la liberación”; que si los medios, manipulados por activistas mamertos; que si los partidos, corrompidos por insaciables políticos venales y voraces; que si la inactividad del Centro Democrático, incapaz de lanzar a tiempo un candidato viable; que si el presidente Duque, cumplidor del “acuerdo final”; que si el ingeniero Hernández era un “candidato manchuriano”; que si fue el fraude electrónico…, y así, sucesivamente, se suceden los más inquietantes interrogantes.

Si la revolución colombiana dura veinte años, ya aparecerá un abate Berruel, o un Monsieur Thiers, para trazar los primeros y monumentales frescos, pero si dura sesenta o más años, algún día tendremos un Pipes o un Figes para escribir la historia completa y científica de la tragedia.

En fin, no conviene adelantarnos a los historiadores del futuro, ni quedarnos en la lamentación desgarradora de la leche derramada, que es muchísima… Si no se presenta una resistencia nacional, con voluntad inmediata de recuperación, veremos también como matan la vaca de la economía nacional para que no vuelva a haber leche.

Como ya hemos dicho, la “moderación” de Petro solo es para la exportación y los medios fletados, porque los nombramientos de activistas fanáticos indican que sus propuestas alocadas no encontrarán obstáculos en la chusma legislativa que acaba de instalarse el 20 de julio en el Capitolio.

El ahorcamiento tributario, la cancelación petrolera, la politización de la policía, la demolición del sistema de salud, la reforma agraria regresiva y precolectivista, la desaparición de las garantías a la propiedad rural, la capitulación ante el ELN, y el “perdón social” para las bandas, estarán listas para enero de 2023, inicio de la fase febril e incendiaria de la revolución.

Ante la inminencia de tantas y tan terribles amenazas no caben ni la queja ni la resignación. Nunca hubo comparable necesidad de un líder, hombre o mujer, que levante la bandera de la recuperación nacional y estimule la diaria y eficaz resistencia de todo el pueblo para impedir la destrucción del país y la consolidación de la dictadura totalitaria.

En torno a esa figura que el país reclama no puede haber juegos de la vieja política clientelista y logrera —la que produjo la elección de Petro—, sino un entendimiento generoso y patriótico, sin regateos, ambiciones egoístas ni juegos de poder.

Pronto será tarde, si el país no despierta y comienza a luchar desde hoy por su recuperación moral e institucional, sin esperar milagros en las elecciones territoriales del próximo año. Esos comicios para escoger gobernadores y diputados, alcaldes y concejales, no se ganarán sin un propósito político nacional enérgico, porque con esfuerzos desarticulados e inconexos no detendremos la cosecha de “Pinturitas” que necesitan para ahogar cualquier vestigio democrático.

lunes, 9 de marzo de 2020

Muertos y más muertos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
En Colombia somos prolíficos en biodiversidad, tenemos dos mares, costa por casi la mitad de los límites territoriales, en general un gran territorio lleno de riquezas minerales, vegetales y fauna, en fin, somos privilegiados en todas partes.

Lamentablemente también somo un país lleno de conflictos sociales, de violencia, producimos paracos, guerrilleros, bandas criminales y generamos a gran escala masacres. Son grupos que se comportan como verdaderos creyentes, no en Dios, sino en que consideran que fuera de su verdad, mando y orden no existe nada más, que se puede disponer de la vida de un semejante por que es contrario a su pensamiento, que la tierra que les gusta, si no se la venden se muere o los desplaza, y así sucesivamente. En cada pueblo se cuentan historias como las de aquel paraco que decía que en ese pueblo las mujeres vírgenes tenían que ser de él, antes que de otro. Son locuras infames, las que las comunidades han vivido y soportado por años y años, y la solución no se ve.

Debo poner el grito en el cielo sobre este y otros asuntos que agobian a los ciudadanos diariamente. Hoy, menos que nunca se entiende, porque venimos de un proceso de paz, largo, tedioso, que dividió al país antes que unirlo, que las cicatrices del conflicto no se cierran, por el contrario, se ahondan con cada muerto, violación o crimen incluyendo el secuestro. Es decir, ninguno de los delitos que se cometían se terminaron, simplemente al inicio del posconflicto se disminuyeron, pero la violencia volvió a recrudecer y hoy es un nuevo flagelo que nos azota, persigue y genera dolor y muerte.

Miremos el panorama actual, la guerrilla del ELN, creció en número de combatientes, algunos de las FARC, regresaron al conflicto armando disidencias, el control territorial es hoy un grave problema para las comunidades, las bandas criminales crecen en las ciudades, la JEP, camina lento, todo el mundo quiere entrar en esa jurisdicción, pero nadie ha sido condenado pronta y eficazmente por ella, mucha diligencia, declaraciones y nada de fallos, y llevamos tres años de la celebración del acuerdo.

El problema, claramente puedo decirlo, está fundamentado en la ausencia del Estado en las comunidades; cuando hablo del Estado hablo de la justicia, de la salud, trabajo, educación, recreación… así sucesivamente podría enunciar más y más ausencia del Estado que conlleva a que los ciudadanos pierdan la fe y resuelvan sus conflictos y necesidades con base en sus propios criterios ya sean buenos o malos.

Es ahí donde surgen las bandas criminales que se adueñan del territorio y que se convierten en la ley y el orden, imponen el terror no existiendo más el imperio de la ley. Todo ello se ve en el Chocó, y en el sur del país: Caquetá, Guainía, Vaupés, Vichada, Amazonas, y en otras regiones más específicas como Tumaco y barrios de las grandes ciudades.

Esta anarquía debe controlarse, sino entraremos como en los tiempos de la Conquista en América, y de los vaqueros del viejo oeste americano a que los ciudadanos creen sus propias formas de defensa y ahí sí viene el caos.

jueves, 16 de mayo de 2019

Narco elenos y la inseguridad en Medellín


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Está aún por verse si el muerto encontrado en una nevera la semana anterior, es la “firma” de alguna de las más de 100 bandas que delinquen en Medellín y el Valle de Aburrá. El año pasado fueron varios cadáveres envueltos en sábanas blancas: killing by signature. Medellín, además de ciudad innovadora y sede para Latinoamérica de la cuarta revolución industrial, integra a su realidad un crimen juvenil urbano parecido al de México, Río, Buenos Aires, Lima, Caracas y otras capitales del continente. El 41% de los capitalinos opinan que estamos mal en seguridad pública, la peor percepción desde 2008, a pesar de los esfuerzos del alcalde por publicitar una idea exitosa en este aspecto, y se proyecta un registro de 26 homicidios por cien mil habitantes hacia finales de este año. El microtráfico es el principal combustible de esta violencia.

Existe, además, la probabilidad de vínculos entre estos grupos narco criminales con células del ELN, preparadas para lanzar algún tipo de ofensiva terrorista urbana, cuando lo consideren adecuado y oportuno, desde Cuba y Venezuela, y lo analicen conveniente sus quintacolumnistas. Esta alianza entre jóvenes gatilleros de ambas narco estructuras, sería gravísima para Medellín y la creciente población desplazada y desempleada venezolana, agudizaría la perspectiva.

Ya Antioquia, el departamento de mayor valor estratégico de Colombia, el único con tres brigadas militares en su territorio, está siendo afectado por la tenebrosa alianza Caparrapos-ELN confrontando al mexicanizado Cartel del Golfo, mientras la Oficina se unta de Hezbolá y de mafia italiana. Los expertos en seguridad y defensa del Bloque de la Reserva Activa de Antioquia- BRANT-, consideran que el Modelo Integral de Gestión Local, se quedó corto para lidiar con el problema y recomiendan un acuerdo estratégico entre Medellín, el Área Metropolitana y Antioquia, que contenga y eventualmente reduzca el creciente deterioro de la seguridad. Un organismo regional superior, advierten los especialistas, deberá armonizar, coordinar y supervigilar los objetivos y metodologías, no solo de las tres entidades político-administrativas mencionadas, sino articular a Córdoba, Bolívar y Chocó, y enlazar todo el proyecto con Panamá. Planes aislados e independientes serán ineficaces frente a un adversario transnacional y organizado, para quien las gobernanzas desconectadas son su mayor ventaja. “Están enfrentando una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas (…) Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos globales”, como denuncia en una polémica entrevista alias Marcola, capo brasileño.