jueves, 1 de octubre de 2026

La calle donde los árboles aprendieron a despedir a los muertos

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Creo que todos los habitantes de Medellín alguna vez tuvimos que ver, o al menos escuchar hablar, de la mal llamada “Calle de las Funerarias”. Seguramente conocemos a alguien a quien le hicieron su despedida en alguna de las salas de esta calle, o hemos pasado frente a ellas sin preguntarnos por qué están allí. Para quienes no lo saben, y también para quienes creen saberlo, me refiero a la calle Juan del Corral.

En esta historia me voy a concentrar en el tramo comprendido entre las carreras 59 y 62, un corredor cuya principal actividad terminó siendo el duelo… con el tiempo se convirtió en uno de los principales sectores funerarios de Medellín, pero no siempre fue así.

Antes del boom de las funerarias, que comenzó a hacerse evidente especialmente a partir de la década de 1950, Juan del Corral era una calle residencial y comercial. Todavía quedan habitantes y documentos que permiten reconstruir parte de aquella historia, cuando el sector tenía otra vida y la muerte todavía no había convertido la calle en su territorio.[1]


Por la carrera 62, frente a la Universidad de Antioquia, aparecen las Roystonea regia (La palma real). La identificación que les da la Alcaldía de Medellin en el listado de categorías es el 95, 96 y 97. Por la carrera 59 nos recibe el “árbol 53”. Las cuatro son testigos silenciosos de una transformación que ocurrió mucho más lentamente de lo que hoy imaginamos.

“Árboles y palmas de interés cultural (históricos): 125 candidatos”

Fuente: Alcaldía de Medellín

53

Ficus elástica

Falso caucho

Juan del Corral con la calle 58, separador central

95

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral frente a la Facultad de Medicina, entre calle 62 y 64

96

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral, frente al Parque de la Vida (ejemplar 1)

97

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral, frente al Parque de la Vida (ejemplar 2)

De los árboles 95, 96 y 97 existen datos particularmente interesantes sobre su nacimiento: están registrados como árboles sembrados en 1930.

Pero antes de que llegaran los muertos, allí vivían los vivos. Por entonces, alrededor de Juan del Corral se levantaban las casas de algunas de las familias que participaron en la transformación económica de Medellín: los Olano, los Echavarría, los Escobar, los Toro, los Mejía, los Vásquez y los Ospina. Varias de aquellas antiguas viviendas terminaron convirtiéndose, muchos años después, en funerarias.

La Funeraria Rendón, fundada en 1872, es considerada una de las primeras del país. Su historia comenzó en la Plazuela San Ignacio y posteriormente, a comienzos del siglo XX, se trasladó hacia Juan del Corral, cerca de la avenida De Greiff, en un lugar que posteriormente ocuparía el edificio donde estuvo la Papelería Bolívar.[2]

La Rendón no solamente fabricaba ataúdes. También introdujo en Medellín el coche fúnebre, inicialmente una carroza de tracción animal. La ciudad comenzaba a cambiar la manera de despedir a sus muertos.

Después llegaría la Funeraria Betancur, fundada en 1912, que inicialmente estuvo ubicada en Carabobo y en la década de 1930 se trasladó a Juan del Corral.

Pero la verdadera concentración funeraria se produjo después.

A partir de mediados del siglo XX fueron apareciendo nuevas empresas: Fraternidad, en 1948; Metropolitana, en 1950; la Medellín y la Moderna, en 1951; Imperial, en 1963; San Fernando, en 1964; San Luis, en 1965; la llamada San Ignacio y la Nazareno, en 1966; Campos del Recuerdo, en 1972; Ser, en 1974; San Vicente, en 1980; El Socorro, en 1983; La Esperanza, en 1985; Gómez, en 1986; San Juan Bautista, en 1991; Vivir-Los Olivos y Los Olivos, en 1998, y Cootrafa Social, en 2002.

No fue una casualidad que terminaran concentrándose allí. Las razones se fueron acumulando con el tiempo.

El Cementerio de San Pedro estaba relativamente cerca y desde el siglo XIX este sector estaba relacionado con los recorridos de los entierros.

Y había otro elemento que hoy resulta todavía más paradójico: los hospitales. Muy cerca estaban el Hospital San Vicente, la Facultad de Medicina, la Facultad de Odontología, la Facultad de Enfermería, Salud Pública, la IPS Universitaria y diferentes instituciones relacionadas con la investigación y la atención en salud.

Juan del Corral terminó concentrando, casi como una ironía de la ciudad, los lugares donde se intenta salvar la vida y los lugares donde se despide a los muertos. A pocos pasos se encontraba quien luchaba por vivir y, un poco más allá, quien sería despedido.

La iglesia de Jesús Nazareno terminó convirtiéndose en uno de los lugares importantes para las exequias. Cuando las funerarias comenzaron a consolidarse, la iglesia ya estaba allí.

La historia comenzó en 1895, cuando doña Isabel Echavarría impulsó la construcción de una pequeña capilla sobre la entonces avenida Carabobo dedicada a Jesús Nazareno. La obra comenzó el 25 de febrero de 1895 y terminó el 5 de agosto de 1899. Al día siguiente fue trasladada allí la imagen de Jesús Nazareno y se inauguró el templo. Décadas después, en 1941, se colocó la primera piedra de la nueva iglesia. La construcción tomó aproximadamente doce años y fue terminada e inaugurada en 1953. El proyecto fue realizado por el sacerdote y arquitecto vasco Vicente Flumencio Galicia Arrúe, con participación de Luis Llach. La iglesia quedó protegida por su importancia histórica y arquitectónica. Mediante la Resolución 1792 de 2000, el Ministerio de Cultura declaró la antigua ermita y la iglesia de Jesús Nazareno Bien de Interés Cultural de carácter nacional.[3]

Pero hay otro nombre que aparece en esta historia y que, curiosamente, tampoco pertenece a la muerte.

Juan Bautista del Corral y Alonso nació en Mompox el 23 de junio de 1778 y murió en Rionegro el 7 de abril de 1814. En julio de 1813, cuando existía una amenaza militar española, fue elegido presidente-dictador del Estado de Antioquia. El 11 de agosto de 1813 promulgó la declaración de independencia absoluta de Antioquia, rompiendo formalmente la relación política con la monarquía española. Y pocos días después, el 21 de agosto, elevó a Medellín de villa a ciudad. Por eso su nombre quedó ligado a la historia de Antioquia y de Medellín.

En la calle que lleva el nombre de un hombre que ayudó a convertir a Medellín en ciudad que se convirtió en uno de los principales corredores funerarios de esa misma ciudad, hoy están la Funeraria Gómez, Los Olivos, Funeraria Antioquia, San Vicente y Jardines del Renacer, San Juan Bautista, Asociación Santa Clara, Jesús Nazareno, El Socorro, Casa de Funerales Juan del Corral y Funerales Antioquia. De aquellas que nacieron durante el boom quedan pocas, y en medio de todo esto están los árboles.

Hace poco conocí al árbol 53, un Ficus elástico que ha visto pasar buena parte de esta transformación. Y decidí imaginar que me contaba su historia:

“Cuando pienso en mi infancia, no pienso en una calle. Pienso en tierra. Pienso en un lugar que todavía no había adquirido completamente la forma que ustedes conocen.

Después la ciudad comenzó a ordenar el espacio. La avenida Juan del Corral fue tomando forma y, con ella, llegó una idea que habría de cambiar mi vida: un paseo central acompañado de árboles.

En 1932, el Concejo de Medellín autorizó ese paseo arborizado, Quizá yo ya estaba aquí, quizá todavía no. No puedo asegurarlo. Esa es una de las cosas que ustedes tendrán que investigar por mí ya que no tengo fecha de nacimiento.

Yo solamente puedo decir que, desde entonces, la historia de esta avenida quedó unida a la de sus árboles. Y eso, para mí, es importante. Porque una ciudad puede cambiar de nombre, de edificios y de vehículos. Pero mientras haya un árbol en el mismo lugar, alguien todavía puede decir: aquí hubo una historia.

Durante un tiempo no fui un árbol de funerarias. Eso vendría después. A mi alrededor hubo casas de familias importantes de Medellín. Algunas tenían un piso, otras, dos, y se adornaban con jardines, ventanas y fachadas que miraban hacia la calle.

La ciudad todavía parecía creer que podía crecer sin destruir completamente lo que había construido antes.

Yo veía entrar y salir familias, empleados, hombres con sombrero, niños, mujeres, personas que probablemente nunca imaginaron que, muchos años después, sus casas serían reemplazadas, transformadas o utilizadas para otros propósitos, y yo seguía creciendo.

La historia del sector funerario tenía raíces antiguas, así como las mías, pero no llegaron aquí todas de una vez. Primero fueron unas pocas. Después fueron más. Comenzaron a instalarse, las casas se adecuaron en Juan del Corral y la calle fue adquiriendo una reputación que nadie había planeado cuando plantaron los árboles.

Pero también vi cambiar la manera de despedir a los muertos. Antes había otros rituales. Después aparecieron los automóviles fúnebres, luego llegaron las salas de velación y nuevas formas de entender la muerte. Y la calle aprendió a convivir con sus ceremonias fúnebres.

Hoy la gente pasa frente a mí con el teléfono en la mano. Algunos me miran, otros no. Hay quienes fotografían mis ramas. Otros esperan el cambio del semáforo.

Los carros siguen pasando, las funerarias siguen haciendo parte de la historia de la avenida, los hospitales continúan recibiendo pacientes. La ciudad sigue creciendo. Y yo sigo aquí.

No sé cuánto tiempo me queda. Ustedes creen que la ciudad les pertenece porque la construyeron, nosotros sabemos que solamente están de paso”.

Y quizá por eso, cuando uno camina por Juan del Corral, debería mirar un poco más arriba.

Porque mientras nosotros vemos una calle de funerarias, los árboles todavía pueden estar viendo otra cosa. La ciudad que alguna vez estuvo aquí, la ciudad que pasó, y la ciudad que, sin darse cuenta, todavía sigue pasando.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Conversatorio con Cristian Halaby

 

En el nuevo “Conversatorio de la Semana”, Antonio Montoya H. conversa con Cristian Halaby, empresario y dirigente gremial, sobre su visión de Colombia, la participación ciudadana, el futuro del sector empresarial y laboral, los retos de la industria del plástico y la necesidad de construir un país con mayores oportunidades. No dejes de verlo. Cristian Halaby Fernández es un empresario antioqueño con más de 25 años de trayectoria en los sectores químico, plástico y manufacturero. Economista y politólogo de la Universidad de Pepperdine, en California, y magíster en Liderazgo Positivo y Estrategia de IE University, en España, ha ocupado cargos directivos en empresas de productos químicos y plásticos y actualmente está vinculado a BYCSA y NEXU. Su trayectoria también se ha destacado en el ámbito gremial: ha presidido la Cámara Ambiental del Plástico, que reúne a empresas del sector, y el Comité de Químicos y Agroquímicos de Fenalco Antioquia, además de participar en juntas directivas de organizaciones empresariales. Es fundador de ECOBYC, iniciativa orientada al desarrollo de empaques sostenibles, y ha promovido temas como la economía circular, la innovación y la biodegradación de plásticos. En 2023 incursionó en la política como candidato a la Gobernación de Antioquia y, en julio de 2026, recibió de la Asamblea Departamental la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo, Grado Plata, como reconocimiento a su trayectoria y liderazgo.

martes, 29 de septiembre de 2026

El orbe entre una borrachera de poder y terrorismo

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Está el globo entero confundido entre la realidad física y la virtual; ambas manipuladas por estrategias comunicacionales, polarización extrema, algoritmos y código maligno, terrorismo y una incontenible borrachera de poder.

Mientras la globalización avanza como proceso objetivo y práctico de interconexión en función de la profundización del conocimiento, el poder local que circunscribe siempre la política y el terrorismo se nutren de las formas “progresistas” antagónicas y contradictorias que genera la anticultura globalista.

Cada día en todo el mundo se hace más sutil y compleja la diferenciación entre la importancia de la firmeza en el ejercicio del poder público institucional soportado en la legalidad y el deber ser y los aportes privados versus los abusos éticos y jurídicos por parte de quienes tienen la responsabilidad de velar por una debida gobernanza.

En la vida las cosas no deben hacerse a las patadas, porque la propia vida termina devolviendo la patada. Para eso hay normas que regulan la coercibilidad del Derecho y determinan cómo hacer cumplir la ley con igualdad, firmeza y autoridad, sin necesidad de hacer alarde de ello ni convertir el cumplimiento del deber en espectáculo.

El poder es una fuerza altamente adictiva que crea dependencia, distorsiona el sentido común y condiciona el entendimiento a la sensación de estar trepado en el Olimpo. Su ejercicio termina fácilmente en el despropósito del autoritarismo tan propio de los extremismos ideológicos que ignoran el deber de mantener el orden legal bajo formas que generen respeto y credibilidad entre los representados. Todo exceso de poder desborda los límites de las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, y resulta en opresión haciendo sentir omnipotentes e infalibles a quienes no lo saben ejercer con humildad y consideración.

Y sin duda vive el planeta bajo el asecho constante del terrorismo. Especialmente el de las organizaciones criminales globales y locales, que sin duda alguna tienen que ser combatidas por quienes ostentan el poder Estatal, pero sin caer en el error de ejercer terrorismo de Estado, algo a lo cual apelan con frecuencia los autoritarismos extremos e ideologizados y las ambiciones desmedidas de individuos, sus camarillas en el poder público y privado, los conglomerados tecnológicos con acceso a la manipulación de los mercados, y algunos “billonarios” y autócratas endiosados. Todos incapaces de anteponer el interés general a sus propios intereses individuales.

Ni los sistemas democráticos ni las economías libres pueden funcionar bajo la presión que ejerce el terrorismo, que tiene que ser rechazado de plano. Con el terrorismo no puede negociarse nada, pues la violencia asimétrica ejerce siempre su dominancia sobre una nación, su sociedad y sus instituciones públicas, mixtas o privadas. El valor de las democracias lo destruye el terror que imprime la criminalidad, provenga este de la generación de violencia ideológica, religiosa, mediática o económica, se ejerza por medio de organizaciones criminales delictivas, por medios propagandísticos, por el cibercrimen digital o por abuso político que genere terrorismo de Estado.

Todas las formas de terrorismo crean daños a la individualidad humana, a la familia, a la convivencia, a la economía y la salud física y mental de la sociedad, y generan grave alteración del orden político, económico y la convivencia mundial.

Es característica del “progresismo” socialista del Siglo XXI la impunidad frente al terrorismo político, religioso o económico, el irrespeto de los gobernantes a la dignidad del ser humano, al intelecto de los ciudadanos y en particular al mandato que asumen; por ello, ninguna forma autoritaria debe transgredir las jerarquías organizacionales que soportan la razón de ser de los pactos sociales ni del espíritu asociativo, sea mixto, público o privado.

Está la civilización abocada a abordar cambios que pasan de lo dogmático a la plenitud del conocimiento y el entendimiento de la naturaleza, y hay que hacerlo sin perder los parámetros éticos que soportan la esencial importancia del debido respeto a la institucionalidad privada por parte de sus propios directivos, y de los “servidores públicos”.

Todo el que tenga un encargo de gobernanza pública, institucional o privada, debe entender la diferencia entre lo legal y lo ilegal, lo ético y lo incorrecto, la libertad y el libertinaje, y respetar toda la institucionalidad social asociativa que en paralelo a las formas de las estructuras públicas republicanas, constitucionales y democráticas, representan la mejor forma de convivencia conocida.

De cara al porvenir: reflexiones geoestratégicas de Francisco José de Caldas

Pedro Juan González Carvajal

Teniendo presente la enorme ignorancia y la gran desinformación que la mayoría de los ciudadanos tienen sobre las características particulares del territorio que hoy es Colombia, bueno es traer de la memoria y hacerle un gran reconocimiento a nuestro gran sabio y prócer de la Independencia, Francisco José de Caldas.

Para Francisco José de Caldas, el entonces Virreinato del Nuevo Reino de Granada poseía una situación geográfica excepcional y estratégica. En su obra publicada en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, argumentó que el territorio combinaba una enorme variedad de climas y riquezas naturales en cortos espacios gracias a la cordillera de los Andes.

Puntos clave del pensamiento de Caldas

* Ventaja comercial y de posición: destacó que la ubicación central del país facilitaba la comunicación interna y el comercio exterior, potenciado por la conexión natural que ofrecían el istmo de Panamá y la región del Chocó para unir ambos océanos.

* La diversidad climática: sostuvo que la diversidad de pisos térmicos y paisajes crecía de forma vertical por la altitud andina, lo que determinaba la flora, los recursos económicos y las formas de vida de los habitantes.

* Visión americanista: defendió que el estudio del trópico americano requería sus propios criterios científicos y de observación local, alejándose de las miradas estrictamente europeas para entender el verdadero potencial de desarrollo de la nación.

Para el sabio Caldas la Geografía es un pilar fundamental del conocimiento, prerrequisito para poder tratar de manejar lo económico, lo político y lo social dentro de un territorio y con los otros territorios del planeta.

Sostenía que: “Los conocimientos geográficos son el termómetro con que se mide la ilustración, el comercio, la agricultura y la prosperidad de un pueblo. Su estupidez y su barbarie siempre son proporcionadas a su ignorancia en este punto. La geografía es la base fundamental de toda especulación política, ella da la extensión del país sobre el que se quiere obrar, enseña las relaciones que tiene con los demás pueblos de la tierra, la bondades de sus costas, los ríos navegables, las montañas que lo atraviesan, los valles que estas forman, las distancias recíprocas de las poblaciones, los caminos establecidos, los que se pueden establecer, el clima, la temperatura, la elevación sobre el mar de todos los puntos, el genio y las costumbres de sus habitantes, las producciones espontáneas y las que pueden domiciliarse con el arte. Este es el grande objeto de la geografía”.

De igual manera decía que: “La posición geográfica de la Nueva Granada parece que la destina al comercio del Universo. Situada bajo de la Línea a iguales distancias del México y California por el Norte, como del Chile y Patagonia por el Sur, ocupa el centro del nuevo Continente. A la derecha tiene todas las riquezas septentrionales. A la izquierda todas las producciones del mediodía de la América. Con puertos sobre el Pacífico y puertos sobre el Atlántico … Mejor situada que Tiro y que Alejandría puede acumular en su seno los perfumes de Asia, el marfil africano, la industria europea, las pieles del Norte, La Ballena del Mediodía y cuanto produce la superficie de nuestro globo … Convengamos, nada hay mejor situado en el viejo ni en el Nuevo Mundo que la Nueva granada”.

En medio de la lucha independentista, su trabajo científico no fue valorado ni respetado por los españoles, a pesar de las solicitudes, reclamos y súplicas que desde diferentes sectores se hacían para preservar su vida y su trabajo científico.

Pensamientos sobre la ciencia y la patria

* Enseñar a ver la patria con ojos de ciencia: el gran ideal de Caldas era que la libertad dependía de conocer y estudiar el propio territorio americano.

* La utilidad del saber: en sus cartas de súplica al poder español defendió que sus descubrimientos en física, astronomía y botánica debían servir al progreso del conocimiento humano.

Frases históricas asociadas a su muerte

* "¡No se le venda los ojos a quien muere por la patria!": sus últimas palabras antes de enfrentar el fusilamiento el 29 de octubre de 1816 en Bogotá.

* "España no necesita sabios": la lapidaria respuesta atribuida al mando español (general Pablo Morillo o sus oficiales) al rechazar los pedidos de clemencia para salvar su vida científica.

¡Loor y gloria para nuestro gran compatriota!

lunes, 28 de septiembre de 2026

Editorial: Sucesos de la Semana No. 164


En este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional, entre ellos los debates y cuestionamientos sobre el papel de la ONU, el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, la reunión con Delcy Rodríguez, la situación de seguridad en Colombia y la crisis de Colpensiones. Además, anticipa su análisis sobre el proyecto de ley de sometimiento de grupos criminales y las recientes decisiones de la JEP. Los invitamos a ver este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana” en El Pensamiento al Aire.

Croacia 2

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Seguimos en aquí.

Definitivamente, mientras más descendemos hacia la costa del mar Adriático, más sentimos el impacto del turismo: esa industria sin chimeneas que, además de generar miles de empleos en hoteles, restaurantes, comercios, transporte marítimo, terrestre y aéreo, así como en todas las actividades logísticas y de suministros que implica, se convierte en el motor de la economía de pueblos cuya dependencia de este sector es casi absoluta. Esa dependencia, en mi opinión, los obliga a trabajar en diversificación.

Viajando por carretera desde Zadar —tierra de Luka Modrić, estrella del Real Madrid y de la selección croata— hacia Split, tierra del emperador Diocleciano, nos encontramos con la historia de un curioso emperador que tuvo una sola esposa e hija, y que incluso abdicó del trono, ambas situaciones inusuales en un mundo de excesos de poder.

Diocleciano, soldado de humilde cuna y gran valentía, fue proclamado emperador y construyó un palacio de 30 000 metros cuadrados, con murallas y cuatro puertas: una de oro, otra de plata, otra de bronce y otra de madera. La obra, levantada hacia el año 300 d. C., tardó diez años en completarse. Hoy ese palacio es el centro histórico, cultural, comercial, hotelero, gastronómico y portuario de Split. Allí se concentra el movimiento turístico de millones de personas de todo el mundo, en una actividad intensa durante siete meses al año. Los otros cinco meses, en pleno invierno de fuertes vientos y temperaturas que descienden hasta -3 °C, la economía se paraliza: quien no ahorró, se fregó.

La industria hotelera está conformada en su mayoría por pequeños hoteles alrededor del palacio de Diocleciano. Se reservan por plataformas como Booking, y su costo depende de la categoría. Todo funciona con claves para ingresar a las edificaciones y habitaciones; el pago se realiza previamente con tarjeta. No hay botones: toca subir las maletas por escaleras y caminar, la mejor forma de conocer. Sin embargo, tomamos un tuctuc para recorrer las afueras de la ciudad amurallada y subir al cerro, desde donde se divisa el puerto lleno de embarcaciones y el espectacular mar Adriático en un atardecer que solo compite con los de Cartagena.

El conductor del tuctuc, originario de Bosnia, contó que sus padres lo enviaron a Croacia como niño católico abandonado para escapar del comunismo de Serbia.

A una hora de Split, en ferry, está la famosa isla de Hvar. Pasamos el día en una playa de piedras, donde el agua era tan salada que flotábamos boca arriba sin esfuerzo. Las mujeres en toples se veían normales: es el Mediterráneo. Los acantilados dominan el paisaje, pero la mano del hombre los ha vencido desde antes de Cristo, construyendo murallas, castillos y hoy casas, hoteles y comercios para satisfacer a turistas ansiosos de gastar sus ahorros como clase media predominante en un mundo que ha superado al comunismo fracasado.

En la noche, el show de los guerreros y su monarca Diocleciano nos transportó a los primeros años de la historia después de Cristo.

Estos viajes transcurren a gran velocidad: las jornadas inician temprano y terminan tarde, por lo que requieren preparación física y psicológica. A nuestra edad somos más lentos y a veces creemos que no podremos superar ciertas pruebas, pero para sorpresa de los más jóvenes, lo logramos.

El viaje por tierra continuó: Split–Dubrovnik, cuatro horas. En dos oportunidades, dentro de la agreste topografía, aparecieron valles inmensos cruzados por ríos que permiten el riego de cultivos de frutas variadas. Uvas, naranjas, duraznos y los infaltables olivos dominan el paisaje verde y fértil. Entre los cultivos, casas de esa clase media trabajadora que predomina en la Europa actual, nutrida por el turismo generalizado.

Todo el mundo habla inglés: definitivamente es el idioma universal. En Colombia debemos fortalecer su enseñanza si queremos atraer turismo internacional. Yo medio me defiendo; antes del viaje practiqué con Dana, mi profesora virtual.

En el turismo exitoso hay algo clave: el aseo en los baños. Depende más de quienes los usamos que de quienes los limpian. Incluso es mejor en los baños donde cobran por su uso que en los gratuitos. En este aspecto nos llevan años luz; debemos mejorar para ser más atractivos turísticamente.

La llegada a Dubrovnik estuvo acompañada de vistas espectaculares desde un puente moderno de dos kilómetros sobre el mar: acantilados, pueblos colgados de riscos, fincas marítimas con cultivos de ostras, puertos y marinas llenas de embarcaciones. Trasatlánticos desembarcan allí millones de turistas que gastan en los atractivos de estas ciudades europeas.

Todas las ciudades construidas alrededor de su historia, murallas y castillos invitan al disfrute de su gastronomía y atractivos naturales. Nos sedujo la oferta de visitar las cuevas de aguas azules en las islas cercanas a Dubrovnik. Alquilamos una lancha de 14 pies y emprendimos el viaje en una mañana soleada. Al llegar, nadamos hacia la caverna. Me pasaron a mi nieta de tres años, la abracé con fuerza. Me lanzaron careta y snorkel, pero no intenté cogerlos: no podía soltarla. 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Croacia 1

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Es un país muy turístico, con unos 3 800 000 habitantes, menos que nuestro departamento de Antioquia. Sus campos inmensos, sembrados de maíz en terrenos planos y totalmente mecanizados, reflejan un ingreso per cápita que convierte a Croacia en un país poco desigual, habitado por personas con gran cultura ciudadana. En las calles se observa muy poca fuerza pública; en cambio, abundan extensiones de bosques bien cuidados y perfectamente delimitados para el turismo, con aforos regulados por días y horas, de modo que las infraestructuras en madera —sobre todo los caminos— soporten el peso y el tránsito de los visitantes. No se ve basura ni basureros en los recorridos: la gente respeta los entornos, carga sus desechos, incluso los excrementos de sus perros, hasta encontrar estaciones distantes unos 5 o 6 kilómetros, donde pueden depositarlos correctamente o acudir al baño para satisfacer necesidades fisiológicas.

Durante el recorrido pensábamos en el Parque Arví, en Guatapé o en las playas y tantos lugares hermosos de Colombia, donde la basura pulula aun cuando se instalan contenedores y existen comparendos con multas por arrojar desechos.

Este país fue azotado por las guerras mundiales y por el nefasto comunismo. Todavía quedan huellas, como la red de túneles en Zagreb, donde se protegían de los bombardeos. En verano, esos túneles ofrecen un frescor reconfortante. Uno supondría que los olores a orina serían predominantes, pero no: el lugar se mantiene limpio y sin olores, aunque sí aparecen diminutos zancudos que se pegan a la ropa, sin picar ni molestar.

Croacia es un país católico, como gran parte de Europa, donde predominan las antiguas catedrales. La de Zagreb, actualmente en restauración, es imponente y hermosa, a pesar de las estructuras que la cubren durante el proceso. Algo similar ocurre en Colombia, donde las reconstrucciones tras el reciente terremoto implican también restauraciones, con el consecuente doble costo.

Las ciudades se descubren caminando. Encontramos el funicular más pequeño del mundo: un recorrido de 66 segundos por 66 centavos de euro cada tiquete. También visitamos el Museo de las Relaciones Rotas, con cartas que narran miles de historias de rupturas, casi todas por esa fea costumbre de ver primero los defectos ajenos antes de corregir los propios.

En la soledad de las calles durante un domingo de verano, destacaban los almacenes de calzado de cuero hecho a la medida y las corbatas. En Croacia se dice que inventaron esta prenda, que hoy vuelve a imponerse en Colombia, otorgándole altura e importancia a los actos gubernamentales, donde se porta con elegancia y solemnidad.

Los embutidos de carne asados a la parrilla, en diferentes presentaciones y sabores, forman parte de su comida tradicional, al igual que el estofado de oso y la trucha asada.

En un país donde el turismo asciende a 20 000 000 de personas al año —casi siete veces su población— el desempleo es mínimo (2 %). Más del 30 % de los ingresos dependen del turismo, por lo que una catástrofe natural o una pandemia pondrían a Croacia en serias dificultades.

En Karlovac, ciudad pequeña y tranquila, estudiaron figuras como el sabio de la electricidad Nikola Tesla. Quienes han cursado ingeniería eléctrica o electrónica saben de quién hablamos. Aunque Tesla no inventó los vehículos que llevan su nombre, su legado inspiró la empresa Tesla, posteriormente adquirida por Elon Musk, quien hoy honra al gran inventor con carros eléctricos, satélites de comunicación, robots, cohetes y próximamente hasta celulares. En Karlovac visitamos el museo que honra su memoria.

Camino a Rastoke, nos encontramos con la pequeña Plitvice. Allí almorzamos trucha asada y estofado de oso, bajo un calor impresionante que nos llevó a refrescarnos en charcos bajo un viaducto, donde los croatas de la región se asoleaban y bañaban sus blancas y casi transparentes pieles.

Dormimos en Plitvice, en un hotel en medio de la nada, con techos muy inclinados. Al llegar, me golpeé la cabeza y casi pierdo el poco pelo que me queda. Madrugamos para el recorrido más importante del paseo, con todo lo necesario para un pícnic en el bosque, que mitigó el cansancio de los 6 kilómetros de caminata por senderos de madera rústica, bordeando lagos de aguas azules y cascadas que ofrecían un paisaje de paz y tranquilidad. Nuestra nieta Atenas, recién cumplidos 3 años, recorrió todo por sus propios medios. Luego del pícnic, subimos interminables escaleras de piedra hasta el transporte que nos regresó al hotel. El Parque Plitvice colmó nuestras expectativas con creces.

Salimos temprano hacia Zadar, ciudad costera sobre el mar Adriático cuya historia se remonta al año 50 a. C., con fuerte influencia romana visible en columnas y construcciones de la ciudad amurallada, al estilo de Cartagena. Muy codiciada, Zadar ha pertenecido a Venecia, Viena y Francia, y ha sido bombardeada innumerables veces. Hoy, su malecón está repleto de turistas de todas las nacionalidades, que disfrutan los sonidos del órgano tocado por las olas del mar y las luces de los paneles solares dispuestos en una gran brújula en el piso. No se ve un solo policía: los turistas se manejan solos y lo hacen bien, mientras pequeños equipos de limpieza recogen la basura.

Me imagino un malecón similar en Cartagena, con rueda de Chicago incluida, incrementando el número de turistas de todo el mundo, como ya ha sucedido en el malecón de Barranquilla y la ciénaga de Mallorquín.