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lunes, 28 de septiembre de 2026

Croacia 2

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Seguimos en aquí.

Definitivamente, mientras más descendemos hacia la costa del mar Adriático, más sentimos el impacto del turismo: esa industria sin chimeneas que, además de generar miles de empleos en hoteles, restaurantes, comercios, transporte marítimo, terrestre y aéreo, así como en todas las actividades logísticas y de suministros que implica, se convierte en el motor de la economía de pueblos cuya dependencia de este sector es casi absoluta. Esa dependencia, en mi opinión, los obliga a trabajar en diversificación.

Viajando por carretera desde Zadar —tierra de Luka Modrić, estrella del Real Madrid y de la selección croata— hacia Split, tierra del emperador Diocleciano, nos encontramos con la historia de un curioso emperador que tuvo una sola esposa e hija, y que incluso abdicó del trono, ambas situaciones inusuales en un mundo de excesos de poder.

Diocleciano, soldado de humilde cuna y gran valentía, fue proclamado emperador y construyó un palacio de 30 000 metros cuadrados, con murallas y cuatro puertas: una de oro, otra de plata, otra de bronce y otra de madera. La obra, levantada hacia el año 300 d. C., tardó diez años en completarse. Hoy ese palacio es el centro histórico, cultural, comercial, hotelero, gastronómico y portuario de Split. Allí se concentra el movimiento turístico de millones de personas de todo el mundo, en una actividad intensa durante siete meses al año. Los otros cinco meses, en pleno invierno de fuertes vientos y temperaturas que descienden hasta -3 °C, la economía se paraliza: quien no ahorró, se fregó.

La industria hotelera está conformada en su mayoría por pequeños hoteles alrededor del palacio de Diocleciano. Se reservan por plataformas como Booking, y su costo depende de la categoría. Todo funciona con claves para ingresar a las edificaciones y habitaciones; el pago se realiza previamente con tarjeta. No hay botones: toca subir las maletas por escaleras y caminar, la mejor forma de conocer. Sin embargo, tomamos un tuctuc para recorrer las afueras de la ciudad amurallada y subir al cerro, desde donde se divisa el puerto lleno de embarcaciones y el espectacular mar Adriático en un atardecer que solo compite con los de Cartagena.

El conductor del tuctuc, originario de Bosnia, contó que sus padres lo enviaron a Croacia como niño católico abandonado para escapar del comunismo de Serbia.

A una hora de Split, en ferry, está la famosa isla de Hvar. Pasamos el día en una playa de piedras, donde el agua era tan salada que flotábamos boca arriba sin esfuerzo. Las mujeres en toples se veían normales: es el Mediterráneo. Los acantilados dominan el paisaje, pero la mano del hombre los ha vencido desde antes de Cristo, construyendo murallas, castillos y hoy casas, hoteles y comercios para satisfacer a turistas ansiosos de gastar sus ahorros como clase media predominante en un mundo que ha superado al comunismo fracasado.

En la noche, el show de los guerreros y su monarca Diocleciano nos transportó a los primeros años de la historia después de Cristo.

Estos viajes transcurren a gran velocidad: las jornadas inician temprano y terminan tarde, por lo que requieren preparación física y psicológica. A nuestra edad somos más lentos y a veces creemos que no podremos superar ciertas pruebas, pero para sorpresa de los más jóvenes, lo logramos.

El viaje por tierra continuó: Split–Dubrovnik, cuatro horas. En dos oportunidades, dentro de la agreste topografía, aparecieron valles inmensos cruzados por ríos que permiten el riego de cultivos de frutas variadas. Uvas, naranjas, duraznos y los infaltables olivos dominan el paisaje verde y fértil. Entre los cultivos, casas de esa clase media trabajadora que predomina en la Europa actual, nutrida por el turismo generalizado.

Todo el mundo habla inglés: definitivamente es el idioma universal. En Colombia debemos fortalecer su enseñanza si queremos atraer turismo internacional. Yo medio me defiendo; antes del viaje practiqué con Dana, mi profesora virtual.

En el turismo exitoso hay algo clave: el aseo en los baños. Depende más de quienes los usamos que de quienes los limpian. Incluso es mejor en los baños donde cobran por su uso que en los gratuitos. En este aspecto nos llevan años luz; debemos mejorar para ser más atractivos turísticamente.

La llegada a Dubrovnik estuvo acompañada de vistas espectaculares desde un puente moderno de dos kilómetros sobre el mar: acantilados, pueblos colgados de riscos, fincas marítimas con cultivos de ostras, puertos y marinas llenas de embarcaciones. Trasatlánticos desembarcan allí millones de turistas que gastan en los atractivos de estas ciudades europeas.

Todas las ciudades construidas alrededor de su historia, murallas y castillos invitan al disfrute de su gastronomía y atractivos naturales. Nos sedujo la oferta de visitar las cuevas de aguas azules en las islas cercanas a Dubrovnik. Alquilamos una lancha de 14 pies y emprendimos el viaje en una mañana soleada. Al llegar, nadamos hacia la caverna. Me pasaron a mi nieta de tres años, la abracé con fuerza. Me lanzaron careta y snorkel, pero no intenté cogerlos: no podía soltarla.