Andrés de Bedout Jaramillo
Seguimos en aquí.
Definitivamente,
mientras más descendemos hacia la costa del mar Adriático, más sentimos el
impacto del turismo: esa industria sin chimeneas que, además de generar miles
de empleos en hoteles, restaurantes, comercios, transporte marítimo, terrestre
y aéreo, así como en todas las actividades logísticas y de suministros que
implica, se convierte en el motor de la economía de pueblos cuya dependencia de
este sector es casi absoluta. Esa dependencia, en mi opinión, los obliga a
trabajar en diversificación.
Viajando por
carretera desde Zadar —tierra de Luka Modrić, estrella del Real Madrid y de la
selección croata— hacia Split, tierra del emperador Diocleciano, nos
encontramos con la historia de un curioso emperador que tuvo una sola esposa e
hija, y que incluso abdicó del trono, ambas situaciones inusuales en un mundo
de excesos de poder.
Diocleciano,
soldado de humilde cuna y gran valentía, fue proclamado emperador y construyó
un palacio de 30 000 metros cuadrados, con murallas y cuatro puertas: una
de oro, otra de plata, otra de bronce y otra de madera. La obra, levantada
hacia el año 300 d. C., tardó diez años en completarse. Hoy ese palacio es el
centro histórico, cultural, comercial, hotelero, gastronómico y portuario de
Split. Allí se concentra el movimiento turístico de millones de personas de
todo el mundo, en una actividad intensa durante siete meses al año. Los otros
cinco meses, en pleno invierno de fuertes vientos y temperaturas que descienden
hasta -3 °C, la economía se paraliza: quien no ahorró, se fregó.
La industria
hotelera está conformada en su mayoría por pequeños hoteles alrededor del
palacio de Diocleciano. Se reservan por plataformas como Booking, y su costo
depende de la categoría. Todo funciona con claves para ingresar a las
edificaciones y habitaciones; el pago se realiza previamente con tarjeta. No
hay botones: toca subir las maletas por escaleras y caminar, la mejor forma de
conocer. Sin embargo, tomamos un tuctuc para recorrer las afueras de la ciudad
amurallada y subir al cerro, desde donde se divisa el puerto lleno de
embarcaciones y el espectacular mar Adriático en un atardecer que solo compite
con los de Cartagena.
El conductor
del tuctuc, originario de Bosnia, contó que sus padres lo enviaron a Croacia
como niño católico abandonado para escapar del comunismo de Serbia.
A una hora de
Split, en ferry, está la famosa isla de Hvar. Pasamos el día en una playa de
piedras, donde el agua era tan salada que flotábamos boca arriba sin esfuerzo.
Las mujeres en toples se veían normales: es el Mediterráneo. Los acantilados
dominan el paisaje, pero la mano del hombre los ha vencido desde antes de
Cristo, construyendo murallas, castillos y hoy casas, hoteles y comercios para
satisfacer a turistas ansiosos de gastar sus ahorros como clase media
predominante en un mundo que ha superado al comunismo fracasado.
En la noche, el
show de los guerreros y su monarca Diocleciano nos transportó a los
primeros años de la historia después de Cristo.
Estos viajes
transcurren a gran velocidad: las jornadas inician temprano y terminan tarde,
por lo que requieren preparación física y psicológica. A nuestra edad somos más
lentos y a veces creemos que no podremos superar ciertas pruebas, pero para
sorpresa de los más jóvenes, lo logramos.
El viaje por
tierra continuó: Split–Dubrovnik, cuatro horas. En dos oportunidades, dentro de
la agreste topografía, aparecieron valles inmensos cruzados por ríos que
permiten el riego de cultivos de frutas variadas. Uvas, naranjas, duraznos y
los infaltables olivos dominan el paisaje verde y fértil. Entre los cultivos,
casas de esa clase media trabajadora que predomina en la Europa actual, nutrida
por el turismo generalizado.
Todo el mundo
habla inglés: definitivamente es el idioma universal. En Colombia debemos
fortalecer su enseñanza si queremos atraer turismo internacional. Yo medio me
defiendo; antes del viaje practiqué con Dana, mi profesora virtual.
En el turismo
exitoso hay algo clave: el aseo en los baños. Depende más de quienes los usamos
que de quienes los limpian. Incluso es mejor en los baños donde cobran por su
uso que en los gratuitos. En este aspecto nos llevan años luz; debemos mejorar
para ser más atractivos turísticamente.
La llegada a
Dubrovnik estuvo acompañada de vistas espectaculares desde un puente moderno de
dos kilómetros sobre el mar: acantilados, pueblos colgados de riscos, fincas
marítimas con cultivos de ostras, puertos y marinas llenas de embarcaciones.
Trasatlánticos desembarcan allí millones de turistas que gastan en los
atractivos de estas ciudades europeas.
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