lunes, 21 de septiembre de 2026

La dictadura de las redes sociales

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

La época moderna nos ha traído grandes avances que, sin lugar a duda, han simplificado nuestras vidas y facilitado actividades como la del comercio. Es el caso de las redes sociales.

No obstante, cabe advertir que el uso exagerado que ahora se hace de esta herramienta causa tremendos daños en quienes convierten las redes en elemento esencial y casi insustituible de su diario vivir. Al respecto, el Centro para las Adicciones, de Estados Unidos, dictaminó: “El uso adictivo de las redes sociales muestra muchas semejanzas con cualquier otro trastorno de abuso de sustancia”. Menciona, entre otras, la obsesión emocional y conductual en torno a ellas, el incremento del uso a lo largo del tiempo, la aparición de síntomas físicos de abstinencia y de conflicto cuando el usuario no puede acceder a ellas y el regreso a su uso intensivo después de un período de interrupción.

Todos somos testigos de las reuniones sociales o las citas de una pareja en un sitio público supuestamente para interactuar, en las que cada uno se pasa el tiempo chateando en su celular sin mirar siquiera a su contertulio. Más lamentable aún es el poder que las redes han llegado a ejercer sobre nuestros jóvenes. Desde una temprana edad se enganchan a las redes, las cuales influyen en sus mentes todavía en formación más que sus padres. Ya no interactúan ni con su familia ni con amigos de su edad como era habitual en nuestra infancia. No les interesa pasear por la ciudad o por el campo, salir a ver las colegialas, jugar fútbol hasta que oscurezca, y mucho menos, practicar un deporte, una actividad artística o social que le robe tiempo a sus horas de encadenamiento a las redes. Y en el hogar se acabaron los almuerzos y cenas con los padres y hermanos. Cada uno llega de estudiar a encerrarse con su celular o PC en su cuarto, especie de santuario donde no puede ser interrumpido.

Es, ni más ni menos, que una silenciosa dictadura que nos roba nuestros más valiosos tesoros, a saber:

a. Tu tiempo. No te permite cumplir a cabalidad con tus responsabilidades. Estás cautivado por lo que acaba de salir en las redes. Tampoco hay espacio para el tiempo libre que se necesita para cambiar de aire, descansar o dedicarte a lo que verdaderamente te puede hacer feliz.

b. Tu capacidad de decidir. El continuo bombardeo de información va mutando tus propios intereses y maneras de pensar para entronizar los que habitualmente recibes a través de las redes, las cuales se van apoderando de tu voluntad, tus gustos, tus tendencias y acabas decidiendo lo que a diario te piden que decidas. Te conviertes, sin querer ni enterarte, en un esclavo de las redes.

c. Tu identidad. Dejas de ser lo que eres pues las redes te imponen unos modelos de personas exitosas. Empiezas a imitarlas, a lucir como ellas, a modificar tus hábitos, a no creer en nada que no sea apropiado según el parámetro de las redes. Sientes que aún no eres feliz, pero sigues buscando con ansiedad en las redes sin detenerte a pensar que la felicidad no está en lo que adquieras o te ofrezcan sino en tu interior.

Socialmente también se evidencia el daño que causa el abuso de las redes sociales por parte de algunos de sus operadores:

a. El sucio negocio de la prostitución se vale de la atracción del dinero y de los placeres para supuestamente calmar las ansiedades de incautos internautas ofreciéndoles material pornográfico o difundiendo imaginarios negocios para convertirlos en víctimas del tráfico de personas.

b. La sustitución de valores espirituales y de la vigilancia familiar por la adicción a las redes lleva a miles de niñas aún en su etapa de adolescencia a ofrecer sus cuerpos virtualmente en una especie de repulsiva prostitución a distancia.

c. En Colombia, país signado por un polémico enfrentamiento de clases que pretende la toma del poder por parte de la izquierda radical mediante la utilización combinada de todas las formas de lucha, las redes sociales han jugado un papel preponderante difundiendo falsedades para estigmatizar a sus oponentes ideológicos y justificando los crímenes y desafueros cometidos por los representantes de la izquierda en el poder.

d. Ha llegado la maldad de algunos a utilizar las redes para motivar a los adolescentes en las zonas rurales a vincularse a las guerrillas para convertirlos en carne de cañón y escudos humanos conta la acción de las fuerzas del orden. Sabemos que más de 18000 menores han sido reclutados forzosamente, la mayor parte de los cuales han sido torturados y violentados sexualmente, según los testimonios de las víctimas sobrevivientes.

Como señala con claridad William Mulligan en su obra “Ser un estoico”: “Si no asentamos nuestros cimientos sobre una filosofía moral, sea la que sea, acabamos viviendo a través de la cultura popular de las redes sociales”.

Concluyo con un llamado a los amables lectores para que iniciemos una tarea de responsabilidad frente a los hijos para evitar los daños que el abuso de las redes sociales pueda causar en su conducta y en su personalidad. Limitemos el tiempo y las aplicaciones que pueden utilizar. Vigilemos su uso del tiempo, procurando que lo dediquen a actividades formativas, no degenerativas. Demos ejemplo nosotros mismos, limitando el uso del celular aquello relacionado con nuestra profesión o que nos ayude a ser mejores cada día. Estoy seguro de que reaccionaríamos drásticamente contra alguno que pretendiera causar daño a nuestra mascota. ¿Por qué permitimos que desconocidos amparados en las redes sociales roben a nuestros hijos sus tesoros más preciados: su tiempo, su voluntad, su identidad, su felicidad?

jueves, 17 de septiembre de 2026

La vejez de La Bastilla

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Entre quienes tuvieron y quienes todavía esperan.

Hay calles que envejecen con la ciudad. Y hay otras que parecen envejecer antes que nosotros.

En mis recorridos por el centro de Medellín siempre termino pasando por el Pasaje La Bastilla, sobre la carrera 48, entre la avenida La Playa (calle 51) y Colombia (calle 50), y lo atravieso casi sin preguntarme qué ocurrió allí antes de que llegáramos nosotros.

Hoy uno encuentra libros, vendedores, loterías, cafés, gente que pasa con afán y hombres y mujeres que parecen haber aprendido a esperar. Esperar al cliente, esperar que alguien compre un libro, esperar una llamada, esperar, incluso, que un hijo pregunte cómo está uno.

Quizás por eso últimamente miro este pasaje de otra manera. Ya no solamente como un lugar del centro, sino como una especie de sala de espera de la vejez de Medellín. Hay hombres que llegan temprano y permanecen allí durante horas, mujeres que conversan con alguien que conocen desde hace años, rostros que uno vuelve a encontrar cada semana, como si la ciudad les hubiera asignado una silla.

Me retumba una pregunta que resulta más incómoda que la propia historia de la calle: ¿en qué momento una ciudad deja de cuidar a sus viejos y empieza simplemente a acostumbrarse a verlos?

Hace unos días vi a Juan, el mimo. Su rostro estaba pintado de blanco. Sobre cada mejilla tenía dibujada una lágrima. Sin embargo, Juan estaba animado. Feliz, incluso. Hablaba de lo que había conseguido, de las cosas que había podido hacer, de ese pequeño territorio que se ha construido a fuerza de permanecer en la calle.

Era extraño verlo. Un hombre disfrazado de tristeza que parecía estar más feliz que muchos de los que caminaban a su alrededor. Quizás esa sea una de las contradicciones del centro: uno puede pintarse dos lágrimas en la cara y, aun así, sentirse acompañado, mientras otros, con el rostro limpio y la ropa planchada, cargan una soledad que nadie alcanza a ver.

La Bastilla tiene algo de eso, porque antes de ser la calle de los libros y las loterías, fue un lugar donde Medellín se sentaba a conversar.

En 1919, Hipólito Londoño Mesa compró el establecimiento ubicado en el sector de Junín con La Playa y lo transformó en un café que en 1920 abrió sus puertas como Café La Bastilla. El nombre hacía referencia a La Bastilla de París, convertida en uno de los grandes símbolos de la Revolución Francesa.

La ironía es que la revolución de aquella Bastilla ocurrió en París. La de Medellín ocurrió alrededor de una taza de café. Aunque, para ser justos, también hubo aguardiente, cigarrillos, discusiones, política, literatura y muchas horas de conversación.

El lugar se convirtió en uno de los puntos de encuentro de la intelectualidad de Medellín. Por sus mesas pasaron Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Efe Gómez, Ricardo Rendón y otros escritores, artistas y periodistas.

No sé si aquellos hombres alcanzaban a imaginar que, cien años después, alguien estaría caminando por el mismo sector tratando de entender qué había quedado de aquella ciudad.

Eran otros personajes, otros tiempos, otra Medellín.

Hoy la pregunta es quiénes son los nuevos personajes de La Bastilla.

Porque los muertos ilustres de la calle ya tienen nombre en los libros. Los nuevos personajes, en cambio, están sentados frente a nosotros y casi nadie escribe sobre ellos: el vendedor que lleva treinta años ofreciendo libros; el hombre que todos los días compra un café o un trago; la mujer que vende lotería y conoce de memoria los números de sus clientes; el viejo que espera una llamada de un hijo que hace semanas no llama; el hombre de las canas que todavía viene a conversar porque en su casa nadie conversa con él.

Al hablar con muchos de sus continuos visitantes, hay una palabra que aparece en el ambiente y que me llama mucho la atención. Una palabra que, además, encontré registrada en una crónica sobre el centro de Medellín: “Tuvo”.

A este sector también se le ha conocido como la calle del Tuvo.

El nombre no parece ser un invento reciente. Sus habitantes repetían historias de lo que alguna vez habían tenido: “yo tuve una casa”, “yo tuve una finca”, “yo tuve un carro”, “yo tuve una empresa”. La misma crónica describía cómo el lugar había cambiado desde los tiempos en que La Bastilla era frecuentada por comisionistas, oficinistas y banqueros.

Y entonces entendí algo.

La palabra no era solamente un tiempo verbal. Era una biografía. Tuvo. Una palabra que habla de lo que estuvo y ya no está. De la casa que se perdió, del negocio que cerró, de la familia que se fue, de los amigos que dejaron de llamar, de la vida que alguna vez parecía estar en otra parte.

Quizás por eso La Bastilla tiene algo de espejo. Porque si uno la mira con suficiente atención, no solamente encuentra personas mayores. Encuentra historias que alguna vez fueron distintas.

Y eso me hace pensar en la vejez.

No en la vejez como enfermedad ni como estadística, sino en esa otra vejez que se instala lentamente en una calle y que uno empieza a reconocer en las canas, en las conversaciones repetidas, en las manos quietas y en esa costumbre de permanecer.

Hay quienes llegan porque tienen algo que vender; otros, porque tienen algo que apostar; otros, porque tienen un libro. Y otros, quizá, porque no tienen otro lugar donde estar.

Tal vez por eso quiero escribir sobre la vejez de este pasaje, o sobre esa calle del Tuvo que aparece cuando uno comienza a conversar con quienes la habitan.

Porque mientras la ciudad sigue hablando de renovación, transformación, movilidad y espacio público, hay personas que solamente están intentando encontrar un lugar donde alguien las escuche.

Más que hablar de los cien años de la calle, quiero hacer una pregunta: ¿cuántos años tiene la soledad de quienes todavía vienen todos los días a ella? Y entonces la calle deja de ser solamente La Bastilla. Se convierte en una pregunta sobre nosotros. Porque una ciudad puede renovar sus calles, cambiar sus fachadas, llenar sus pasajes de libros y convertir sus viejos cafés en memoria. Pero hay algo que no se arregla con cemento.

La soledad no se pavimenta, la vejez no se remodela, y una llamada de un hijo no la puede hacer ninguna alcaldía. Quizás Medellín ha aprendido a atender muchas cosas. Lo que todavía no sabe es cómo atender esta tristeza.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Conversatorio con Liliana Botero Van Cleff


En esta conversación con Antonio Montoya, la abogada de la Universidad de Medellín y consultora empresarial Liliana Botero Van Cleff cuenta cómo llegó al mundo del vino tras vivir cerca de diez años entre México y Francia. Allí se formó como sommelier y, en 2011, fue invitada a integrar la Confrérie des Chevaliers du Tastevin, en Borgoña, de la que afirma ser la única representante en Colombia. Aunque el vino es para ella una pasión y un hobby, comparte su conocimiento sobre catas, maridajes, aromas y las condiciones que permiten apreciar cada variedad.

Botero destaca el crecimiento de la cultura del vino en Antioquia y propone dar mayor visibilidad a los productores locales, pues su trabajo puede generar empleo y reconocimiento internacional. Como ejemplo, menciona un viñedo de Olaya que conoció en un concurso en Bruselas y que, según relata, ha recibido numerosas medallas. Su consejo para quienes empiezan a explorar este universo es sencillo: el mejor vino no es necesariamente el más costoso ni el más famoso, sino el que mejor se ajusta al gusto de cada persona.

martes, 15 de septiembre de 2026

De cara al porvenir: desarrollo fronterizo

Pedro Juan Gonzalez Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

1. Contexto general

Colombia tiene 6342 kms de frontera terrestre. Las ciudades fronterizas han sido tratadas como “periferia” y no como “puertas”. Resultado: informalidad mayor al 60 %, contrabando, migración desordenada y PIB per cápita 40 % menor al promedio nacional. La estrategia debe pasar de “muro” a “bisagra”: convertir cada ciudad en hub logístico, cultural y de servicios para su país vecino.

Sería más que necesario y oportuno que el nuevo gobierno acometiera lo que es apropiado para impulsar estas zonas estratégicas.

2. Frontera con Venezuela - 2219 km

Cúcuta, Norte de Santander

Vocación: hub logístico y de maquila binacional. Puente natural hacia el lago de Maracaibo. Posible interconexión con el Pacífico colombiano a través de gasoductos y oleoductos.

Obra ancla: Zona Económica Especial Binacional en el área de Ureña - Cúcuta más Centro Logístico en Cenabastos. Reabrir ferrocarril Cúcuta - Puerto Santander.

Impacto rápido 2026 - 2027: Distrito de salud para atención a migrantes más simplificación aduanera 24/7 en puentes Simón Bolívar y Atanasio Girardot.

Meta: Formalizar 30 000 empleos de comercio transfronterizo.

Arauca, Arauca

Vocación: despensa agroindustrial y puerto fluvial sobre el río Arauca.

Obra ancla: puerto multimodal de Arauca más pavimentación total vía Tame - Arauca. Dragado del río para conectar con el Orinoco.

Impacto rápido: distrito de riego para arroz y cacao más universidad técnica agropecuaria binacional.

Meta: Exportar 100 000 ton/año de alimentos al Estado Apure.

Puerto Carreño, Vichada

Vocación: puerto sobre el Orinoco y puerta a la Amazonía - Orinoquía.

Obra ancla: puente sobre el río Meta más puerto de carga Puerto Carreño. Pavimentar vía Puerto Gaitán - Puerto Carreño.

Impacto rápido: zona franca agroforestal más interconexión eléctrica desde Meta.

Meta: ser la alternativa fluvial a Buenaventura para el centro del país.

Maicao, La Guajira

Vocación: hub comercial y energético con Zulia.

Obra ancla: Parque eólico, más línea de transmisión binacional, más modernización de la aduana Paraguachón.

Impacto rápido: mercado binacional formal con moneda digital más distrito de confecciones wayúu.

Meta: reducir contrabando 50 % vía formalización.

3. Frontera con Brasil - 1645 km

Leticia, Amazonas

Vocación: capital de la triple frontera amazónica. Turismo científico, bioeconomía y seguridad.

Obra ancla: Aeropuerto 24 horas con pista ampliada más malecón trinacional Tabatinga – Leticia - Santa Rosa. Puerto de carga sobre el Amazonas.

Impacto rápido: Centro de Investigación en Biodiversidad con Brasil y Perú más visa amazónica única para turistas.

Meta: 200 000 turistas/año y 500 investigadores residentes.

4. Frontera con Perú - 1626 km

Puerto Leguízamo, Putumayo

Vocación: puerto amazónico sobre el río Putumayo y nodo de conservación.

Obra ancla: muelle de carga más carretera Puerto Leguízamo - La Tagua - Pitalito pavimentada. Conecta Putumayo con Huila sin dar la vuelta por Mocoa.

Impacto rápido: escuela taller de construcción naval artesanal más laboratorio de productos no maderables.

Meta: mover 50 000 ton/año de carga hacia Iquitos y Manaos.

5. Frontera con Ecuador - 586 km

Ipiales, Nariño

Vocación: hub logístico andino y de turismo religioso - comercial.

Obra ancla: Centro Binacional de Atención en Frontera CEBAF Rumichaca II, más doble calzada Pasto - Rumichaca terminada, más zona franca de servicios.

Impacto rápido: corredor turístico Santuario de Las Lajas - Tulcán más tren ligero Ipiales - Tulcán.

Meta: pasar de 3M a 6M de cruces/año y que 40 % sea carga de alto valor.

San Miguel, Putumayo

Vocación: puerto petrolero y agrícola sobre el río San Miguel.

Obra ancla: variante San Francisco - Mocoa terminada más puente internacional San Miguel nuevo.

Impacto rápido: clúster de derivados de chontaduro y sacha inchi para Ecuador.

Meta: ser la salida rápida de Putumayo hacia Esmeraldas.

6. Frontera con Panamá - 266 km

La principal obra conjunta pendiente es la terminación del tramo faltante de la Carretera Panamericana que tiene una extensión entre 100 y 160 Kms entre Yaviza en Panamá y Lomas Aisladas en Turbo, Colombia.

Acandí / Capurganá, Chocó

Vocación: turismo binacional de selva y playa más seguridad migratoria.

Obra ancla: muelle turístico internacional más vía Titumate – Balboa - Yaviza. Antioquia y Chocó llevan 100 años sin conectarse por tierra.

Impacto rápido: hospital de segundo nivel en Acandí más estación migratoria con USAID y Panamá.

Meta: ordenar el flujo del Darién y captar 100 000 turistas/año de alto gasto.

Juradó, Chocó

Vocación: pesca industrial y conservación del Pacífico binacional.

Obra ancla: Aeropuerto regional más muelle pesquero de aguas profundas.

Impacto rápido: planta de frío para atún y pesca blanca más acuerdo pesquero con Jaqué, Panamá.

Meta: exportar 5000 ton/año de pesca formal.

7. Frontera Insular San Andrés y Providencia

Caso especial y atención particular merecen San Andrés y Providencia junto con los Cayos que configuran el Archipiélago, ya que se encuentran a una distancia entre 720 y 775 Kms de la Colombia continental, y más cerca de Nicaragua a unos 220 Kms, país con el cual hemos tenido dificultades históricas en términos de delimitación de fronteras marinas y submarinas y con quien hoy tenemos casos abiertos ante la Corte Internacional de La Haya.

En noviembre 19 de 2012 la Corte Internacional de La Haya falló a favor de Nicaragua y Colombia perdió 75 000 kilómetros cuadrados de mar, es decir un poco más que la extensión del departamento de Antioquia que tiene 63 000 kilómetros cuadrados.

Componentes principales del archipiélago:

* Islas mayores: San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

* Cayos e islotes principales: Serrana, Serranilla, Albuquerque, Roncador, Quitasueño, Bajo Nuevo, y Cayo del Este y Sudeste.

* Extensión: El departamento abarca una pequeña superficie terrestre de unos 52,5 a 57 km², pero incluye una enorme extensión marina protegida como la Reserva de Biosfera Seaflower.

La Reserva de Biosfera Seaflower en Colombia tiene una extensión aproximada de 180 000 a 300 000 kilómetros cuadrados (18 a 30 millones de hectáreas), dependiendo de la delimitación técnica y el área marina total considerada en el mar Caribe.

La inclusión cultural, social, política y económica del Archipiélago con la Colombia continental, así como una presencia efectiva del Estado, es requisito básico para consolidar la relación inalienable e innegociable que existe entre todos los colombianos a nivel continental e insular.

Estrategia transversal para todas las ciudades:

a. Marco legal: ley de fronteras que cree “distritos especiales fronterizos” con régimen tributario 5 %, visa especial, y autoridad única de frontera.

b. Infraestructura. el 80 % del problema es conectividad. Priorizar: aeropuertos 24 horas, puertos fluviales, pasos fronterizos 4.0 y energía estable. Sin eso, no hay inversión.

c. Capital humano: SENA Binacional en cada ciudad más universidad con doble titulación. El arraigo evita que el talento emigre.

d. Seguridad: no es militarizar. Es formalizar. Donde hay empleo y Estado, no hay espacio para ilegales. CEBAF + DIAN + Migración + Policía fiscal integrados.

e. Identidad: festivales binacionales, moneda local fronteriza y TV/radio pública compartida. La frontera debe sentirse orgullosa, no olvidada.

Estrategia de financiación: 40 % Obras por Impuestos, 30 % cooperación binacional, 20 % regalías de asignación regional, 10 % APP. Costo estimado del plan: $18 billones a 10 años. Retorno: 1.8 % PIB adicional por año vía comercio y turismo.

Conclusión: La deuda histórica con las fronteras es tratarlas como orilla. El desarrollo de Colombia está en sus bordes. Cada ciudad fronteriza debe pasar de ser “patio trasero” a “sala de negocios” con sus vecinos. Si Cúcuta, Leticia e Ipiales despegan, el país entero se mueve.

Son tantas las variables comunes que compartimos, que pensar en una Zona Franca formal entre Cúcuta y San Antonio del Táchira y otra entre Ipiales y Tulcán, no es una idea traída de los cabellos, siempre y cuando los asuntos de seguridad sean resueltos por Colombia.

De igual manera el aprovechamiento de las redes fluviales conjuntas merece atención aparte.

La deforestación del bosque tropical, parte 1

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Los bosques primarios de los trópicos húmedos son ecosistemas complejos, especialmente importantes para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima regional y global.

Los principales bosques tropicales del mundo se ubican en la zona intertropical, cerca de la línea ecuatorial. Estos bosques concentran en América del Sur (La Amazonía), África Central y Occidental (La cuenca del río Congo) y Sudeste Asiático (Sondalandia y archipiélagos) y Oceanía. De ellos, la cuenca del río Amazonas es el bosque tropical más extenso y biodiverso del planeta, seguida por la cuenca del río Congo.

En mi libro Cambio climático e impacto global. Un marco viable de transición energética para Colombia (Fondo Editorial EIA, 2024) se muestra como la tala, los incendios y la degradación del bosque amazónico, son los principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), así como de la pérdida de la biodiversidad en gran parte de Suramérica, con afectaciones extensivas a nivel global. Estas mismas causas extensivas a los bosques tropicales arriba referidos contribuyen entre el 10 % y el 33 % de las emisiones mundiales de GEI. En Brasil y Colombia, los casos más críticos, la tala, los incendios y la degradación del bosque amazónico generan entre el 40 % y el 50 % de los GEI. Sobre causas y afectaciones de la degradación del bosque, ver Nota [1].

Ahora me propongo volver sobre la tala, los incendios y la degradación del bosque tropical con dos artículos, de los cuales este es el primero de ellos, con el propósito de aportar nuevos conocimientos y perspectivas sobre este crucial asunto.

Un reciente informe de Global Forest Watch titulado “La pérdida de selva tropical se ralentizó en 2025, pero los incendios representan una amenaza creciente para los bosques de todo el mundo”[2], autoría de Elizabeth Goldman et al., se centra principalmente en la pérdida del bosque en los trópicos, ya que es allí donde se produce el 94 % de la deforestación, es decir, la eliminación de bosques causada por el ser humano.

Los incendios forestales en un 90 – 95 % de los casos son provocados por actividades antrópicas, aunque también intervienen factores naturales y climáticos. Entre las principales causas antrópicas se incluyen: 1. Acciones intencionadas: quemas para siembra de cultivos ilícitos y para minería ilegal, ampliación de la frontera agrícola y potrerización, caza o vandalismo; 2. Negligencias: fogatas mal apagadas, colillas de cigarrillos, quema de basura y quemas agropecuarias sin control, y 3. Accidentales: chispas de maquinaria, fallas en redes eléctricas o accidentes en vías.

Empecemos con los países que registran la mayor pérdida de bosque tropical.

Brasil, el país que posee la mayor parte de la selva amazónica, registra la más alta deforestación y pérdida de bosque primario en el mundo. En 2025, según lo señala Global Forest Watch[3], Brasil perdió 2,6 millones de hectáreas de cobertura arbórea en su selva tropical húmeda, por causa, en su mayor parte, de incendios, ganadería y agricultura.

Bolivia es el segundo país con mayor pérdida de bosque tropical en el mundo. En 2024, el país perdió 1,8 millones de hectáreas de bosque y el 83 % de esa destrucción corresponde a bosque primario. Esta cifra triplica la registrada en 2023, cuando perdió 490 000 hectáreas de bosque primario. En su mayoría este incremento se debe a los incendios forestales sufridos durante 2024.

La República Democrática del Congo (RDC) alberga una vasta porción de la segunda selva tropical más grande del mundo, y es el tercer país con mayor pérdida de bosques tropicales. Según los registros de Global Forest Watch, entre 2002 y 2025 la RDC perdió 8 millones de hectáreas de bosque primario húmedo, lo que equivale a una reducción del 8 % de su superficie original. Esta pérdida es atribuible a la agricultura de subsistencia, la extracción de leña y la tala comercial del bosque. El Instituto de Recursos Mundiales afirma que el crecimiento demográfico y el desplazamiento forzado, debido a los conflictos bélicos en la zona, han sido determinantes en los crecientes niveles de pérdida de la cubierta arbórea.

Camerún, parte vital de la cuenca del río Congo, desde el año 2000 ha perdido más de 2,2 millones de hectáreas de cubierta forestal. Sus bosques primarios están amenazados por redes de tala ilegal, minería, expansión de agroindustrias (caucho y aceite de palma) y cultivos de cacao.

Indonesia alberga la tercera mayor extensión de selva tropical del mundo, pero en los últimos 25 años ha perdido cerca de una cuarta parte de sus bosques, con más de11 millones de hectáreas de bosque primario húmedo talados desde 2002. La deforestación es impulsada principalmente por la industria del aceite de palma, las plantaciones de celulosa, la minería y los incendios forestales.

La deforestación en Laos genera una de las crisis ambientales más graves del mundo. Los bosques primarios desaparecen a una tasa alarmante (hasta cinco veces más rápido que en Brasil), impulsada por la agricultura industrial.

La lista continua con Perú con 160 000 hectáreas anuales arrasadas. Esta pérdida es impulsada principalmente por la agricultura migratoria, la minería ilegal de oro y la tala del bosque.

Ecuador perdió cerca de 240 000 hectáreas de bosque tropical natural entre 2020 y 2024. Las principales causas de la deforestación son la expansión agrícola y ganadera.

La deforestación en Colombia, tras dos años de descenso, experimentó un repunte significativo durante 2024, cuando perdió 113 608 hectáreas de bosque tropical, un incremento de 43 % frente al periodo anterior. La región amazónica es la más afectada por la deforestación, impulsada por economías ilícitas y los grupos armados por fuera de la ley. En 2025, la deforestación en la Amazonía colombiana alcanzó 72 409 hectáreas. Aunque entre enero y septiembre de 2025 los registros mostraron una reducción del 25 % frente al 2024, los incendios y una mayor tala de bosques en el último trimestre llevó a un incremento total en el área deforestada del 6 % anual en esta región.

En la próxima columna me referiré a la degradación del bosque amazónico por causa de la deforestación y de los incendios, así como a las políticas conservacionistas que nuestros países han puesto en acción.



[1] Nota 1. La degradación del bosque ocurre en zonas aledañas a las áreas deforestadas o devastadas por los incendios, generada por el llamado “efecto de bode” resultante de la fragmentación del hábitat, lo que conlleva la pérdida gradual de la salud, estructura y funciones vitales de la selva. Un bosque degradado, aunque sigue estando de pie, ha perdido su biodiversidad, su capacidad de regular el clima y su resiliencia frente a incendios o sequías. Para el profesor David Lapola de la Universidad de Campiñas (Brasil), la degradación del bosque amazónico puede llegar a provocar una pérdida de biodiversidad al mismo nivel de la misma deforestación.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 162


En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. comenta asuntos de interés nacional e internacional: las acusaciones por presunta corrupción de la familia del exalcalde Quintero, en Medellín, la seguridad en Colombia, el avance de la ultraderecha en Europa, los riesgos de la inteligencia artificial y la relación con Estados Unidos. También examina la preocupación por el abastecimiento de agua y energía ante el fenómeno de El Niño. No dejes de verlo.

El valor del mutuo respeto en lo asociativo

Luis Guillemo Echeverri Vélez
Luis Guillemo Echeverri Vélez

“Quien no se respeta a sí mismo honrando su palabra nunca respeta a los demás”. En todo tipo de sociedad el entendimiento entre las partes depende esencialmente del equilibrio que garantiza el mutuo respeto; en las sociedades privadas, en lo público-privado y lo institucional, lo demás termina en problemas y generación de pérdidas para todos los interesados.

Guillermo Echavarría Restrepo, el mejor agricultor que he conocido en mi vida, descendiente de hombres de la talla de héroes nacionales como el visionario e innovador empresarial don Guillermo Echavarría Misas y el expresidente Carlos Eugenio Restrepo Restrepo; fue mi primer socio en agricultura cuando aún éramos dos adolescentes y el día que resolvimos sembrar en compañía me dio la primera y más importante lección empresarial que he recibido en mi vida cuando me dijo:

“Primo, (la forma, en que por nuestra entrañable amistad desde que gateábamos juntos nos hemos tratado en la vida) cuando uno se asocia con alguien para que eso funcione bien, solo existe una manera, que cada uno sea el que cuida de los intereses del otro, usted cuida los míos y yo cuido los suyos, de lo contrario lo que estamos haciendo es crear un problema en lugar de asociarnos para generar un buen negocio”. Así convenimos y nos dimos la mano sin que mediara tinta ni papel alguno más que el honrar la palabra y jamás tuvimos una sola diferencia, nunca una desconfianza, un sí, ni un no, cada uno cumplió a rajatabla mientras la vida nos permitió vivir en el mismo pueblo, sembrar la tierra, dar empleo y generar valor en compañía.

Todas las sociedades, las que integran las naciones mediante los pactos sociales y las que fundan los particulares dentro de las reglas que establece el Estado de derecho, parten de un principio fundacional y esencial: hay asociación cuando cada socio cuida de los intereses del otro. Lo demás deja de ser una sociedad y pasa a ser un conflicto de intereses encontrados escondido tras la necesidad o conveniencia temporal de cada parte, donde no existe el espíritu asociativo y tarde o temprano florece el germen disociativo.

Como hay honradez en la sociedad entre dos jóvenes agricultores que se dan la mano bajo esa máxima asociativa de que “somos socios si tú cuidas lo mío y yo cuido lo tuyo”, hay engaño cuando se aúnan intereses encontrados disfrazados de sociedad y lo más probable es que van a terminar mal. Eso lo deben entender las juntas directivas de los gremios y los gobiernos de los Estados al reconocer que la sostenibilidad de todo pacto social que representa los principios fundacionales de una nación y en especial los que enmarcan los sistemas de las libertades democráticas en repúblicas independientes, pues deben partir del principio fundamental y hermético de que: “se da la existencia del Estado para que cuide los intereses de la sociedad, no de los individuales de los gobernantes de turno ni de los partidos políticos, y es la sociedad representada en los gremios productivos que pagan los impuestos y en todos sus entes asociativos, quien debe velar por los intereses del Estado en representación de la nación, y no por los intereses individuales de sus dirigentes, o las empresas individuales que representan”.

El valor del espíritu asociativo debe estar representado en la búsqueda conjunta del Estado y los gremios y asociaciones de un propósito común de país que nos conduzca por la vía del desarrollo social, económico y cultural, y que nos permita a todos tener una mejor calidad de vida, una buena convivencia y sin duda un mayor bienestar colectivo.

Si desconocemos el sentido y el valor del mutuo respeto asociativo e institucional entre lo público y lo privado, como se debe comprender el equilibrio y la procura del mutuo beneficio fundamentado en la plena confianza entre dos amigos que se dan la mano con el firme propósito de ayudarse uno al otro, lo que vamos a seguir generando es el caos y el empobrecimiento colectivo que siempre resulta cuando alguien abusa de la confianza conferida, algo muy común cuando el poder inevitablemente se le sube a la gente a la cabeza.