Luis Alfonso García Carmona
La época moderna nos ha
traído grandes avances que, sin lugar a duda, han simplificado nuestras vidas y
facilitado actividades como la del comercio. Es el caso de las redes
sociales.
No obstante, cabe
advertir que el uso exagerado que ahora se hace de esta herramienta causa
tremendos daños en quienes convierten las redes en elemento esencial y casi
insustituible de su diario vivir. Al respecto, el Centro para las
Adicciones, de Estados Unidos, dictaminó: “El uso adictivo de las redes
sociales muestra muchas semejanzas con cualquier otro trastorno de abuso de
sustancia”. Menciona, entre otras, la obsesión emocional y conductual en
torno a ellas, el incremento del uso a lo largo del tiempo, la aparición de
síntomas físicos de abstinencia y de conflicto cuando el usuario no puede
acceder a ellas y el regreso a su uso intensivo después de un período de
interrupción.
Todos somos testigos de
las reuniones sociales o las citas de una pareja en un sitio público
supuestamente para interactuar, en las que cada uno se pasa el tiempo chateando
en su celular sin mirar siquiera a su contertulio. Más lamentable aún es el
poder que las redes han llegado a ejercer sobre nuestros jóvenes. Desde una
temprana edad se enganchan a las redes, las cuales influyen en sus mentes
todavía en formación más que sus padres. Ya no interactúan ni con su
familia ni con amigos de su edad como era habitual en nuestra infancia. No les
interesa pasear por la ciudad o por el campo, salir a ver las colegialas, jugar
fútbol hasta que oscurezca, y mucho menos, practicar un deporte, una actividad
artística o social que le robe tiempo a sus horas de encadenamiento a las
redes. Y en el hogar se acabaron los almuerzos y cenas con los padres y
hermanos. Cada uno llega de estudiar a encerrarse con su celular o PC en su
cuarto, especie de santuario donde no puede ser interrumpido.
Es, ni más ni menos,
que una silenciosa dictadura que nos roba nuestros más valiosos tesoros,
a saber:
a. Tu tiempo. No te permite
cumplir a cabalidad con tus responsabilidades. Estás cautivado por lo que acaba
de salir en las redes. Tampoco hay espacio para el tiempo libre que se necesita
para cambiar de aire, descansar o dedicarte a lo que verdaderamente te puede
hacer feliz.
b. Tu capacidad de
decidir.
El continuo bombardeo de información va mutando tus propios intereses y maneras
de pensar para entronizar los que habitualmente recibes a través de las redes,
las cuales se van apoderando de tu voluntad, tus gustos, tus tendencias y
acabas decidiendo lo que a diario te piden que decidas. Te conviertes, sin
querer ni enterarte, en un esclavo de las redes.
c. Tu identidad. Dejas de
ser lo que eres pues las redes te imponen unos modelos de personas exitosas.
Empiezas a imitarlas, a lucir como ellas, a modificar tus hábitos, a no creer en
nada que no sea apropiado según el parámetro de las redes. Sientes que aún no
eres feliz, pero sigues buscando con ansiedad en las redes sin detenerte a
pensar que la felicidad no está en lo que adquieras o te ofrezcan sino en tu
interior.
Socialmente también se
evidencia el daño que causa el abuso de las redes sociales por parte de algunos
de sus operadores:
a. El sucio negocio de
la prostitución se vale de la atracción del dinero y de los placeres para
supuestamente calmar las ansiedades de incautos internautas ofreciéndoles
material pornográfico o difundiendo imaginarios negocios para convertirlos en víctimas
del tráfico de personas.
b. La sustitución de
valores espirituales y de la vigilancia familiar por la adicción a las redes lleva a
miles de niñas aún en su etapa de adolescencia a ofrecer sus cuerpos
virtualmente en una especie de repulsiva prostitución a distancia.
c. En
Colombia, país signado por un polémico enfrentamiento de clases que pretende la
toma del poder por parte de la izquierda radical mediante la utilización
combinada de todas las formas de lucha, las redes sociales han jugado un
papel preponderante difundiendo falsedades para estigmatizar a sus oponentes
ideológicos y justificando los crímenes y desafueros cometidos por los
representantes de la izquierda en el poder.
d. Ha llegado
la maldad de algunos a utilizar las redes para motivar a los adolescentes en
las zonas rurales a vincularse a las guerrillas para convertirlos en carne
de cañón y escudos humanos conta la acción de las fuerzas del orden. Sabemos
que más de 18000 menores han sido reclutados forzosamente, la mayor parte de
los cuales han sido torturados y violentados sexualmente, según los testimonios
de las víctimas sobrevivientes.
Como señala con
claridad William Mulligan en su obra “Ser un estoico”: “Si
no asentamos nuestros cimientos sobre una filosofía moral, sea la que sea,
acabamos viviendo a través de la cultura popular de las redes sociales”.
Concluyo con un llamado
a los amables lectores para que iniciemos una tarea de responsabilidad frente a
los hijos para evitar los daños que el abuso de las redes sociales pueda causar
en su conducta y en su personalidad. Limitemos el tiempo y las aplicaciones
que pueden utilizar. Vigilemos su uso del tiempo, procurando que lo
dediquen a actividades formativas, no degenerativas. Demos ejemplo
nosotros mismos, limitando el uso del celular aquello relacionado con
nuestra profesión o que nos ayude a ser mejores cada día. Estoy seguro de que
reaccionaríamos drásticamente contra alguno que pretendiera causar daño a
nuestra mascota. ¿Por qué permitimos que desconocidos amparados en las redes
sociales roben a nuestros hijos sus tesoros más preciados: su tiempo, su
voluntad, su identidad, su felicidad?
