lunes, 21 de septiembre de 2026

La otra Cali

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

La Cali bella, modelo de civismo y comportamiento ciudadano que conocí por allá en 1977, ha cambiado mucho. Todavía en 1993 cuando comencé a vivir en la Sultana del Valle por dos años seguía siendo una ciudad modelo en muchos aspectos, aunque ya los cinturones de miseria concentrados principalmente por los lados de Siloé y el distrito de Aguablanca eran muy fuertes. El estallido social, años después, causó estragos y la urbe quedó medio destruída. Cuando estaba recuperándose de nuevo, sobreviene el terremoto dejando a su paso una ola de muertes, destrucccion y afectaciones no solo económicas sino también psicológicas. La gente quedó paniqueada.

Decidí hacer mi primera visita como director de Fe y Alegría a esta región porque también fue la más afectada por el movimiento telúrico. Tres personas directamente relacionadas con nosotros perdieron la vida y varias de nuestras infraestructuras sufrieron daños de consideración. Tenía que venir no solo a saludar y presentarme sino, también y, sobre todo, a agradecer lo que nuestro equipo de trabajo realiza allí y a expresar nuestra solidaridad y cercanía.

Desde temprana hora comencé a visitar nuestros centros y vaya sorpresa conmigo mismo al visitar Casa Freire, un antiguo colegio que ahora alberga 32 muchachos de todo el país que han sido arrebatados de las garras de la guerra y que aquí están protegidos, estudiando y entrenándose como potenciales jugadores del fútbol profesional. Al verlos no pude contener el llanto. ¡Qué bella es Fe y Alegría!, cuánto bien se hace con iniciativas cómo estas, sorprendente el compromiso radical de los equipos de trabajo, cuán hermosos todos esos niños de entre 2 y 5 años bajo el amparo del movimiento del corazoncito, qué alegría contagiosa la de sus gentes. Visité el colegio Fray Luis Amigó con un equipo de dirección mínimo pero desbordado de carisma y afecto. También estuve en Las Palmeras y Santa Mónica dos hogares infantiles preciosos que atienden 400 niños.

La primera jornada concluyó en la sede de Madre Alberta, una edificación que nos fue confiada en comodato y que sufrió importantes afectaciones en sus techos y estructuras. Allí pude verme con el personal de todas las sedes alrededor de una eucaristía convocada para encomendar a nuestras víctimas del terremoto y otros seres queridos que fallecieron recientemente. Me sorprendió una señora que perdió a su esposo el día de la tragedia y también al P Javier Giraldo a quien considera como amigo muy especial de su casa. En su dolor fue conmovedor ver cómo consolaba a otra joven víctima. La solidaridad en medio del sufrimiento ha sido proverbial.

La segunda jornada fue más corta pero no menos impactante. Visitar la sede del que hasta 2018 fuese el colegio de La Pedregosa, entre la Buitrera y Polvorines, fue muy doloroso. Del otrora hermoso colegio no quedan sino ruinas, invasores aprovecharon que secretaría de educación no mandó más estudiantes para invadir el terreno, parcelarlo y engañar a la gente diciendo que Fe y Alegría estaba haciendo negocio. La gente enardecida acabó con todas las construcciones. Increíble. Luego estuve en las oficinas que tenemos en la plaza de Caicedo. Tres espacios excelentemente bien situados pero vacíos. Dónde trabajaran 14 personas hoy no va nadie. La regional pujante de antaño hoy está venida a menos. El infeliz discurso de que la educación contratada es para privatizar la educación nos ha hecho un daño inimaginable. Nuestra organización concebida para apoyar la educación pública en la mejora de su calidad está siendo aniquilada porque ya los corruptos que piden coimas, ya los gobiernos ideologizados no quieren que estemos ahí. Y la gente nos quiere, reclama nuestra presencia, desea que estemos allí.

Visitar la otra Cali fue la ocasión propicia para corroborar que este país no tiene más alternativa que educar bien a sus niños y jóvenes si quiere tener futuro promisorio. ¡Y hacerlo con los más pobres y vulnerables, todavía mejor! Fe y Alegría está para esa noble misión, pero vamos a necesitar de mucha ayuda para cumplir el propósito.