José Hilario López Agudelo
Los bosques primarios de los trópicos
húmedos son ecosistemas complejos, especialmente importantes para la
biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima regional
y global.
Los
principales bosques tropicales del mundo se ubican en la zona intertropical,
cerca de la línea ecuatorial. Estos bosques concentran en América del Sur (La
Amazonía), África Central y Occidental (La cuenca del río Congo) y
Sudeste Asiático (Sondalandia y archipiélagos) y Oceanía. De ellos, la cuenca
del río Amazonas es el bosque tropical más extenso y biodiverso del planeta,
seguida por la cuenca del río Congo.
En mi libro Cambio climático e
impacto global. Un marco viable de transición energética para Colombia
(Fondo Editorial EIA, 2024) se muestra como la tala, los incendios y la
degradación del bosque amazónico, son los principales causantes de las
emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), así como de la pérdida de la
biodiversidad en gran parte de Suramérica, con afectaciones extensivas a nivel
global. Estas mismas causas extensivas a los bosques tropicales arriba
referidos contribuyen entre el 10 % y el 33 % de las emisiones
mundiales de GEI. En Brasil y Colombia, los casos más críticos, la tala, los incendios
y la degradación del bosque amazónico generan entre el 40 % y el 50 %
de los GEI. Sobre causas y afectaciones de la degradación del bosque, ver Nota
[1].
Ahora me propongo volver sobre la tala,
los incendios y la degradación del bosque tropical con dos artículos, de los
cuales este es el primero de ellos, con el propósito de aportar nuevos
conocimientos y perspectivas sobre este crucial asunto.
Un reciente informe de Global Forest
Watch titulado “La pérdida de selva tropical se ralentizó en 2025, pero los
incendios representan una amenaza creciente para los bosques de todo el mundo”[2],
autoría de Elizabeth Goldman et al., se centra principalmente en
la pérdida del bosque en los trópicos, ya que es allí donde se produce el 94 %
de la deforestación, es decir, la eliminación de bosques causada por
el ser humano.
Los incendios forestales en un 90 – 95 %
de los casos son provocados por actividades antrópicas, aunque también
intervienen factores naturales y climáticos. Entre las principales causas
antrópicas se incluyen: 1. Acciones intencionadas: quemas para siembra de
cultivos ilícitos y para minería ilegal, ampliación de la frontera agrícola y
potrerización, caza o vandalismo; 2. Negligencias: fogatas mal apagadas,
colillas de cigarrillos, quema de basura y quemas agropecuarias sin control, y
3. Accidentales: chispas de maquinaria, fallas en redes eléctricas o accidentes
en vías.
Empecemos con los países que registran
la mayor pérdida de bosque tropical.
Brasil, el país que posee la mayor parte
de la selva amazónica, registra la más alta deforestación y pérdida de bosque
primario en el mundo. En 2025, según lo señala Global Forest Watch[3],
Brasil perdió 2,6 millones de hectáreas de cobertura arbórea en su selva
tropical húmeda, por causa, en su mayor parte, de incendios, ganadería y
agricultura.
Bolivia es el segundo país con mayor
pérdida de bosque tropical en el mundo. En 2024, el país perdió 1,8 millones de
hectáreas de bosque y el 83 % de esa destrucción corresponde a bosque
primario. Esta cifra triplica la registrada en 2023, cuando perdió 490 000
hectáreas de bosque primario. En su mayoría este incremento se debe a los
incendios forestales sufridos durante 2024.
La República Democrática del Congo (RDC)
alberga una vasta porción de la segunda selva tropical más grande del mundo, y
es el tercer país con
mayor pérdida de bosques tropicales.
Según los registros de Global Forest Watch, entre 2002 y 2025 la RDC perdió 8
millones de hectáreas de bosque primario húmedo, lo que equivale a una
reducción del 8 % de su superficie original. Esta pérdida es atribuible a la agricultura de
subsistencia, la extracción de leña y la tala comercial del bosque. El Instituto de Recursos Mundiales afirma que el crecimiento
demográfico y el desplazamiento forzado, debido a los conflictos bélicos en la
zona, han sido determinantes en los crecientes niveles de pérdida de la
cubierta arbórea.
Camerún, parte vital
de la cuenca del río Congo, desde el año 2000 ha perdido más de 2,2 millones de
hectáreas de cubierta forestal. Sus bosques primarios están amenazados por
redes de tala ilegal, minería, expansión de agroindustrias (caucho y aceite de
palma) y cultivos de cacao.
Indonesia alberga la
tercera mayor extensión de selva tropical del mundo, pero en los últimos 25
años ha perdido cerca de una cuarta parte de sus bosques, con más de11 millones
de hectáreas de bosque primario húmedo talados desde 2002. La deforestación es
impulsada principalmente por la industria del aceite de palma, las plantaciones
de celulosa, la minería y los incendios forestales.
La deforestación en
Laos genera una de las crisis ambientales más graves del mundo. Los bosques
primarios desaparecen a una tasa alarmante (hasta cinco veces más rápido que en
Brasil), impulsada por la agricultura industrial.
La lista continua
con Perú con 160 000
hectáreas anuales arrasadas. Esta pérdida es
impulsada principalmente por la agricultura migratoria, la minería ilegal de
oro y la tala del bosque.
Ecuador perdió cerca
de 240 000 hectáreas de bosque tropical natural entre 2020 y 2024. Las
principales causas de la deforestación son la expansión agrícola y ganadera.
La deforestación
en Colombia, tras dos años de descenso, experimentó un repunte significativo
durante 2024, cuando perdió 113 608 hectáreas de bosque tropical, un
incremento de 43 % frente al periodo anterior. La región amazónica es la
más afectada por la deforestación, impulsada por economías ilícitas y los grupos
armados por fuera de la ley. En 2025, la deforestación en la Amazonía
colombiana alcanzó 72 409 hectáreas. Aunque entre enero y septiembre de
2025 los registros mostraron una reducción del 25 % frente al 2024, los
incendios y una mayor tala de bosques en el último trimestre llevó a un
incremento total en el área deforestada del 6 % anual en esta región.
En la próxima
columna me referiré a la degradación del bosque amazónico por causa de la
deforestación y de los incendios, así como a las políticas conservacionistas
que nuestros países han puesto en acción.
[1] Nota 1. La
degradación del bosque ocurre en zonas aledañas a las áreas deforestadas o
devastadas por los incendios, generada por el llamado “efecto de bode”
resultante de la fragmentación del hábitat, lo que conlleva la pérdida gradual
de la salud, estructura y funciones vitales de la selva. Un bosque degradado,
aunque sigue estando de pie, ha perdido su biodiversidad, su capacidad de
regular el clima y su resiliencia frente a incendios o sequías. Para el
profesor David Lapola de la Universidad de Campiñas (Brasil), la degradación
del bosque amazónico puede llegar a provocar una pérdida de biodiversidad al
mismo nivel de la misma deforestación.