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martes, 13 de enero de 2026

La Crónica: impacto de la caída de Maduro en nuestra patria

Rafel Uribe Uribe
Rafel Uribe Uribe

La caída de Nicolás Maduro nos obliga a replantear el rumbo de las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela, y desafía a ambos países a profundos retos y oportunidades.

Tras décadas de relaciones marcadas por la influencia del chavismo se abre un periodo de incertidumbre en materia de seguridad. La estrategia fracasada de la “Paz total” se verá aún más comprometida ya que durante más de veinte años, el régimen venezolano brindó refugio y apoyo logístico al ELN y las FARC, facilitando su accionar. La pérdida de ese respaldo obligará a estos grupos a redefinir su organización lo que aumentará la violencia en zonas fronterizas estratégicas como el Catatumbo y Arauca, intensificando la pugna por el control de nuevas rutas del narcotráfico y la minería ilegal tenderá a reemplazar los ingresos de la coca. La llamada de ‘Iván Mordisco’ a una unión mafiosa de los grupos ilegales no es gratuita, se encamina a fortalecer y defender estos negocios de los que se nutren.

En el plano migratorio, se vaticina la posibilidad de un retorno masivo de los tres millones de venezolanos que actualmente residen en Colombia. No obstante, la gran incertidumbre política asociada a la transición en Venezuela demorará el reencuentro familiar.

El panorama económico, por su parte, se presenta ambiguo. Una eventual apertura de Venezuela al mercado internacional tiene el potencial de dinamizar el comercio bilateral, beneficiando a ambas economías. No obstante, la reactivación de los sectores petrolero y gasífero del país vecino que durante un tiempo controlarán los Estados Unidos, supone un reto para Colombia que se verá forzada a revisar a fondo su estrategia y soberanía energética.

Por último, el cambio de régimen en Venezuela repercute de lleno en el escenario político colombiano, sobre todo a las puertas de las elecciones presidenciales de mayo. La relación de algunos candidatos con el chavismo adquiere un peso decisivo y añade un nivel adicional de polarización a la campaña electoral.

En definitiva, estamos ante una coyuntura histórica que exige lucidez y acción. El pulso de las candidaturas descritos en Semana ubica los dos candidatos con mayores opciones a solo el espacio de error en las encuestas para la primera vuelta. Iván Cepeda sigue peligrosamente cercano de quienes defienden la democracia, mientras Sergio Fajardo sin chance alguno de llegar a la presidencia, distrae el 9,4% de los votantes.

¡O despertamos, o nos despiertan!

El Rincón de Dios

Profecía de María Esperanza de Bianchini, sierva de Dios: “El gran enfrentamiento de las potencias comenzará en Venezuela”. https://www.instagram.com/reels/DTROAH0DcOx/ Este video lo explica en detalle.

miércoles, 16 de octubre de 2024

La hipocresía ambientalista y la depredación de la biodiversidad

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Cuando la vaca sinvergüenza abandona la cría, llegan los cuervos y lo primero que hacen es sacarle los ojos al ternero, robándole así a la naturaleza la esperanza de una nueva vida.

Mientras las naciones en vía de desarrollo demandan soluciones a sus problemas socioeconómicos, después del narcoterrorismo, no hay nada más destructivo e hipócrita que un movimiento político o una burocracia internacional adueñados de agendas minoritarias o de causas universales con fines de lucro y protagonismo ideológico.

Colombia debe cuidar con esmero la naturaleza y su inmensa diversidad. Que no nos ocurra lo mismo del ternero abandonado con el gran tesoro escondido en la exuberancia de todo nuestro territorio: la riqueza genética de nuestra biodiversidad de la cual depende todo el sistema tropical-andino y la supervivencia y sostenibilidad de la Amazonía, del planeta y la civilización.

Pero y ¿qué es la diversidad biológica o biodiversidad? Simplemente es la gran variedad de información genética de todo lo viviente, su ADN o las partículas que lo integran. Y la buena noticia es que Colombia y Brasil son los dos países con más concentración de biodiversidad en el mundo.

Como lo consignó la misión de sabios convocada por Duque en 2018, en nuestra pródiga biodiversidad y su genética reside el futuro de la nación. Pero las conclusiones de aquella gran misión fueron víctimas de la pandemia y luego de los buitres del hipócrita ambientalismo promovido por el progresismo, la politiquería, los egos y los discursos, sin posibilidad de convertirse en realidades concretas amparadas por políticas de Estado.

Aquí con la falsa ilusión de paz, el Gobierno se dice ambientalista y animalista, pero permite al narcoterrorismo, la devastación causada por la minería ilegal, los ataques a la infraestructura energética, la deforestación de la selva tropical húmeda para sembrar coca y producir cocaína que depreda la biodiversidad y mata los ríos, la fauna, genera violencia y cercena tantas vidas.

La mayor virtud del trópico es que se puede auto regenerar en tan solo dos temporadas de lluvia, pero aquí permitimos la deforestación de la selva tropical húmeda y somos predadores de especies animales y vegetales en vía de extinción, cuando podríamos reproducirlas en sus propios hábitats mitigando la huella ambiental que siempre genera el desarrollo.

Colombia debe congregar al mundo para desarrollar responsablemente nuestro gran potencial humano y natural, y salir del violento caos social, ambiental, migratorio y democrático en el que nos tiene sumido el narcoterrorismo que hoy nos gobierna entreverado en una clase política corrupta, congraciada con una dirigencia empresarial arrodillada y complaciente.

Al igual que en el caso del combate al narcotráfico y el terrorismo, el enfoque debe empezar por la “corresponsabilidad internacional”, y no por imposiciones restrictivas que en otras naciones no se cumplen, y terminan institucionalizando el saqueo de la riqueza genética de nuestra biodiversidad y en la expropiación ilegal de nuestros recursos minerales.

La inversión internacional debería estar volcada sobre Colombia permitiendo que sea aquí donde se creen muchos centros de investigación aplicada como el IICA, Cenicafé, Cenicaña y los que tenía programados Ecopetrol, dentro de su estrategia de adaptación al cambio climático y de transición energética ordenada, de modo que los réditos económicos y la propiedad intelectual se queden en Colombia para poder financiar nuestro desarrollo como una sociedad del conocimiento.

Esto no es una crítica, es un llamado de atención para que en lugar de narconovelas que patrocinan la apología del delito, se invierta en proyectos como la destrucción de la narrativa mediática de la “falsa imagen de moda glamurosa” mediante la cual el cine mundial promueve la utilización de drogas y cocaína.

Estamos aún lejos de aprender a conservar mitigando, “producir conservando y conservar produciendo”, de permitirnos explotar técnicamente y con la debida mitigación y compensación, nuestros minerales para generar los ingresos que demanda educar y desarrollar un país. Aquí en lugar de reforestar masivamente, reciclar más y desarrollar más capacidad de generar energías limpias, nos anotamos a ruletas rusas como el tratado de Escazú, y nos sometemos a las conclusiones ideologizadas de macabros entes como la Comisión de la Verdad o la JEP.

Si tuviéramos un Gobierno serio, el mundo financiero podría venir a invertir en el diseño, creación e implementación de políticas de Estado y estrategias comprensivas y multidimensionales que, utilizando tecnologías como la vigilancia satelital en tiempo real, lleven a la erradicación total en el mediano y largo plazo del origen de la cocaína en Colombia, al sellar la selva tropical húmeda para terminar con la deforestación, la colonización, el desarrollo sin mitigación, y la producción y tráfico ilícito de cocaína que sólo generan violencia, miseria y muerte.

Aquí terminamos con la selva tropical húmeda para sembrar coca, sacar maderas duras, y no combatimos la minería ilegal, no protegemos los páramos, no fomentamos la cultura de la siembra de nuevas forestas, ni permitimos que nuestras selvas se regeneren por sí mismas. Se vive en Colombia, la mayor hipocresía ambiental que haya existido a cuenta de las organizaciones criminales narcoterroristas y de un populismo político corrupto que con fines electorales y pecuniarios se adueñó de la bandera verde que nos pertenece a todos los colombianos.

Importantísima la congregación de la COP-16, pero, el país debe estar vigilante y atento con la “negociación del establecimiento de un mecanismo multilateral para el acceso, distribución y reparto justo y equitativo de los beneficios derivados del uso de secuencias digitales de recursos genéticos que conforman la biodiversidad”, pues ello tiene serias implicaciones importantes para la conservación y el desarrollo sostenible en áreas ricas en recursos naturales como los Andes, las selvas tropicales y toda la Amazonía.

Se debe llegar a acuerdos que protejan y multipliquen nuestra biodiversidad en lugar de auspiciar que se la regalemos a una desalmada comunidad internacional que terminará contribuyendo a su exterminio que ya aquí adelanta el incipiente, ideologizado y politizado ambientalismo criollo que encubre organizaciones narcoterroristas.

Que, por el afán de esparcir el virus de la vida por las estrellas, no resultemos entregando a cambio de espejismos el futuro de nuestra propiedad intelectual y nuestra soberanía a la ONU, a ONG’s y multinacionales bucaneras que ahora llegan a Colombia de la mano de una amalgama incomprensible de funcionarios que representan la más hipócrita versión del ambientalismo.

Que no se repita la historia de los saqueos económicos y culturales a manos del indolente globalismo progresista que siempre nos vio como un laboratorio social y hoy se enfoca en nuestra gran riqueza biológica y mineral.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Antagonismo en las exportaciones colombianas

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Nuestro comercio de exportación ha sido siempre más bien débil. De la monoexportación cafetera, que hizo posible el despegue inicial de nuestra economía, pasamos por varias etapas hasta llegar a la actual y dominante de los combustibles, porque hasta septiembre de 2022 estos representan el 56.2 % de nuestras exportaciones legales, es decir US $ 24.779 millones, frente a un total de US $ 43.823 millones.

Al lado de los combustibles, las exportaciones menores son, principalmente, manufacturas, 19.7 % y productos agropecuarios, 20.6 %.

En 2022 las exportaciones de petróleo y carbón aumentaron 84.9 % sobre el año anterior, mientras las exportaciones menores crecieron un 34 %.

No ha sido entonces malo el año 2022 en la parte visible de nuestro comercio exterior, que se divide actualmente en dos sectores. La realidad es que bajo Petro se perfila un antagonismo alarmante: El sector minero-energético, legal, dinámico, en buena parte de propiedad estatal, sostén de la Tesorería y generador de la mayor parte de las divisas reconocidas, es aborrecido por el Gobierno, que lo estigmatiza mientras con sus políticas estimula implícitamente el renglón ilegal, invisible y criminal de los narcóticos.

Nadie sabe cuánto vale la exportación de cocaína y otros psicotrópicos, ni qué parte de sus astronómicos ingresos regresa a Colombia.

Partamos de la base de que las exportaciones de petróleo todavía superan las de cocaína, pero también existe la posibilidad de que pronto, a medida que marchiten lo minero-energético, el sector narcóticos se convierta en la principal fuente de divisas del país.

En términos generales la devaluación del peso —terrible para el país—, solo tiene un aspecto favorable, la posibilidad de que ocasione aumento de las exportaciones agropecuarias y manufactureras, porque el volumen de las exportaciones de crudo y carbón no es sensible a la tasa de cambio.

No debemos tampoco desconocer que la devaluación favorece especialmente a los exportadores de narcóticos, el valor de cuyos insumos es pequeño, y su rentabilidad, por tanto, inmensa, crecerá aún más. Ya lograron de facto la legalización.

Si la cocaína es menos nociva que el carbón, el petróleo y las gaseosas, ¿por qué no legalizarla? ¿Convendría sustituir los dólares del petróleo por los de la cocaína?

Con estos y otros planteamientos perversos, la presión por convertir el narcotráfico en una actividad normal es alarmante. Si eso se logra, Colombia se convertiría, al lado de Afganistán y Myanmar, en un completo narcoestado, execrado justamente por el resto del mundo.

Ahora bien, los exportadores de cocaína, que con la devaluación han visto un astronómico incremento de sus ingresos en divisas fuertes, no están interesados en la revaluación del peso. Al contrario, mientras más se devalúe nuestra moneda, mayores utilidades dará su infame negocio.

Por lo mismo es probable que para ellos sea preferible no aumentar mucho el tonelaje exportado mientras siga la incesante devaluación del peso colombiano, gracias a las obsesiones del Gobierno, que deliberadamente los favorece mientras golpea los sectores legales de la economía con reformas tributaria, agraria, laboral y sanitaria, que en nada impactan las actividades de los narcóticos y la minería ilegal.

jueves, 18 de julio de 2019

El corredor estratégico del norte


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
El corredor estratégico del Norte y sus ramificaciones es una franja territorial desde la frontera venezolana hasta Panamá. El comandante de la Séptima División lo describe: “arranca en Catatumbo y recorre Santander, sur de Bolívar, norte de Antioquia, Bajo Cauca, sur de Córdoba, Urabá y norte del Chocó. En toda esa región se da la lucha por el control ilegal para sacar las rentas ilícitas y de extracción ilícita de minerales hacia Venezuela, al mar Caribe por el golfo de Urabá o al Pacífico por el norte de Chocó”. Este espacio, agregó, se articula en Norte de Santander con el que controla el ELN en Venezuela y que va hasta las fronteras con Brasil y Guyana.

En este corredor del crimen, Medellín es la ciudad capital, el cerebro; el Bajo Cauca es el corazón, el motor, el núcleo dinamizador de narcotráfico: minería ilegal, extorsión y otros delitos, e Ituango es uno de varios puntos críticos. La desactivación de la Fuerza de Tarea Nudo de Paramillo, no fue lo más adecuado, según mi perspectiva.

El Clan del Golfo, principal actor en este escenario, confronta rivales como la manguala ELN-FARC, caparros, pelusos, etcétera, con los cuales habrá alianzas, desavenencias, arreglos, guerra a muerte, acuerdos, al vaivén de los apetitos de cada jefe de turno.

Las dirigencias políticas regionales se han quedado cortas en el entendimiento y necesaria coordinación para apoyar el esfuerzo de la Fuerza Pública para desvertebrar esa avenida que no trae progreso, pero sí mucho dinero, no construye país, pero sí alcabalas, y aplica la doctrina narco marxista-leninista de plata o plomo, a discreción.

Antioquia y Medellín registran preocupantes estadísticas en seguridad: homicidios aumentando en un 13.48%, el mayor número de desaparecidos del país, cultivos ilícitos, minería ilegal, extorsión generalizada. Los planes de seguridad del futuro alcalde de Medellín, deberán ser armonizados con los del área metropolitana y con los de Antioquia, que a su vez deberá coordinar los suyos con los de los departamentos que integran este corredor del norte.

Las apuestas por una Medellín “smart city” 24 horas, por un departamento interconectado y turístico, y tantos otros proyectos de progreso y bienestar, se desarrollarán con éxito solamente si se consolida la seguridad. Y esto pasa por participación ciudadana y académica en los asuntos de la seguridad pública, por tecnologías de “security” interconectadas a través de diversas fronteras internas y externas, y lideradas por expertos. Esperamos las propuestas de los candidatos.

miércoles, 3 de julio de 2019

La tolerada minería ilegal


José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Antes de tocar este tema digamos que, en la práctica, frente a los cultivos ilícitos se ha recorrido el camino que va de la tolerancia al fomento y de este a la legitimación. Si se puede cultivar legalmente una parcela de 3.5 hectáreas, si la aspersión aérea con glifosato le está prohibida al gobierno, si la erradicación tiene que ser voluntaria y pactada por escrito entre autoridades y cultivadores (y estos últimos sí pueden usar el Roundup para combatir las plagas), nada tiene de extraño que tengamos más de 200.000 hectáreas de coca; que representemos el 70% de la producción mundial de cocaína; que el narcotráfico rivalice con el petróleo por el primer lugar en las exportaciones; que sus jefes tengan garantizadas impunidad y curules; que sea el primer generador de divisas y que fije el tipo de cambio.

Esa enorme agroindustria fue deliberadamente defendida, protegida y estimulada durante la presidencia de Santos, y ahora se prepara judicialmente su legalización, porque si se autoriza por sentencia el consumo público de estupefacientes, aun en presencia de niños, esas sustancias no pueden seguir siendo prohibidas, porque, además —colijo— propician el “desarrollo de la personalidad” y su comercialización genera abundante empleo informal urbano.

Además, su gran mentor, el expresidente Santos, nuevamente se apresura a declarar que “como esa guerra se ha perdido”, procede la legalización de los psicotrópicos. Por eso me estremezco pensando que se prepara otro fallo torticero y perverso para completar la conversión de Colombia en un narcoestado pleno, siguiendo el derrotero de las fundaciones de Soros, que tienen a nuestro nobel de paz en su directorio. No es de extrañar la revelación del plan para “la industrialización de la coca como motor del futuro desarrollo de Colombia”, propuesto por los señores de la Open Society.

El camino recorrido desde la sentencia infame de Carlos Gaviria, pasando por la reciente de sus dos discípulas en la Corte Constitucional, hasta llegar a la banalización de la cocaína como droga menos perjudicial que el azúcar, es espeluznante. Con amplia base laboral, ingentes ingresos, amplia representación parlamentaria y patrocinio judicial, la narcoindustria va en camino de conquistar a Colombia, con las consecuencias de degradación en el interior y ostracismo internacional.

El auge y el desarrollo de esta terrible peste demuestran hasta dónde las FARC en sus dos vertientes, la bogotano-parlamentaria y la rural-armada, han llegado a dominar la política colombiana y a reducir a la impotencia al gobierno en esta área. ¡Por la paz hay que tolerar las actividades, droga y minería ilegal, donde las guerrillas tienen participación determinante, bien sea como productores o como protectores armados, solos o asociados a carteles mexicanos…!

Es conveniente repasar esta triste historia, no sea que de la tolerancia actual pasemos también a la legalización de la minería ilegal. La mitigación del impacto ambiental de la minería y la extracción de petróleo ha conducido a los estados a exigir la explotación técnica más avanzada de esos recursos. Pero, por desgracia, por su elevado costo, con frecuencia las multinacionales mineras y petroleras prefieren operar en países con laxas políticas ambientales. En Colombia, en vez de preocuparnos por la correcta explotación de esos recursos, se está imponiendo un clima contrario a toda gran minería de minerales e hidrocarburos, hasta llegar a predicarse la exclusión completa de fracking, en vez de exigir el sometimiento de esas explotaciones a las más rigurosas normas de protección ambiental.

La sustitución del petróleo por el aguacate es la fórmula infalible, seductoramente verde, para la futura y digna miseria en el paraíso colectivista. Paradójicamente, mientras se estigmatiza la gran minería que puede ser amigable con el entorno, nada se hace contra la producción “artesanal” del oro y el coltán, que, curiosamente, tienen el mismo patrocinio de las FARC y el ELN, lo que explica la tolerancia de los gobiernos frente a esa actividad depredadora.

Vastos territorios se han convertido en espantosos eriales y la vida ha desaparecido de ríos antes caudalosos y fecundos. De la combinación de la retroexcavadora con el mercurio y el arsénico depende la nueva gran industria minera de Colombia. Del oro hay muy pocos datos, mientras lo del coltán permanece en la más profunda oscuridad.

Nuestro país compite ahora con China e Indonesia por el primer lugar entre los países que ocasionan mayor contaminación por mercurio y arsénico.

En Londres, el presidente Duque acaba de declarar que es urgente combatir la minería ilegal. Como esa tolerancia no puede continuar, el combate debe ser contundente. Bastaría con destruir todos los equipos y detener a todos los mineros, en una operación súbita y fulgurante, antes de que los capos de esa mortífera y depredadora industria ordenen a sus amanuenses de las “altas cortes” que blinden la minería ilegal con garantías similares a las que rodean la narcoindustria.

***

El Partido Verde debería llamarse Partido Sandía, porque apenas es verde por fuera pero por dentro es rojo. Eso explica su imperturbable silencio frente al crecimiento de los narcocultivos, el consumo de narcóticos y la degradación ambiental ocasionada por la destrucción de las selvas, la minería ilegal y el gigantesco derrame de crudo ocasionado por la voladura de oleoductos, todo esto en ejercicio del sagrado “derecho de rebelión”.