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martes, 19 de agosto de 2025

Proyecto Acta de Alianza por Colombia

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

El mejor homenaje que le podemos hacer a Miguel Uribe y por ende a Colombia y a la religión católica que profesamos, sería que todos esos candidatos y precandidatos que hoy acompañaron sus honras fúnebres firmen un Acta de Alianza por Colombia y que se convierta en el mensaje más claro de unidad, que hoy más que nunca añoramos los colombianos.

Esa acta debe ser pura y simple para que surta los verdaderos efectos de lo que es unirse de verdad, poniendo siempre por delante al interés general sobre el interés particular.

Propongo el siguiente borrador:

Nosotros, los abajo firmantes, obrando en nuestra calidad de candidatos y precandidatos a la presidencia de La República de Colombia, para el periodo 2026 - 2030, considerados como verdaderos opositores al Gobierno de Petro y sus colaboradores, estamos conscientes de la necesidad de conformar una alianza por Colombia, que permita la presentación de un candidato(a) único que compita con el candidato(a) único del pretendido frente amplio del Pacto Histórico, buscando asegurar un triunfo en primera vuelta, con un equipo comprometido en servirle al país en el proceso de reconstrucción que se iniciará el próximo 7 de agosto de 2026 y que requerirá de la participación de las mejores personas de la política y del servicio público del país.

Los abajo firmantes deben ser opositores abiertos al nefasto Gobierno que hoy se empeña en destruir a nuestro país. Independientemente de ideologías, nos comprometemos a luchar unidos:

1. Para impedir las tretas gubernamentales orientadas a obstaculizar las elecciones y prorrogar el periodo actual

2. Impedir las reformas inconvenientes pretendidas a través de leyes y decretos.

3. Participar en la consulta popular que se llevará a cabo en agosto de 2025, donde se escogerá el candidato único que participará en nombre de la oposición en la primera vuelta en junio de 2026.

4. Quien saque la mayor votación, será el candidato a la presidencia y quien saque la segunda votación, a la vicepresidencia.

5. Los candidatos y precandidatos que no salgan escogidos, participarán como candidatos al Senado o Cámara, en las elecciones de marzo de 2026.

6.Todos, a partir de esa consulta, trabajarán incansablemente con sus equipos, en diseñar y posibilitar una rápida recuperación de la seguridad y diseñarán las estrategias para la reconstrucción del país, bajo la dirección de quien gane la consulta.

Acelerar el proceso de alianza por Colombia es posible, ganar terreno es necesario; seguramente saldrán miles de puntos que los firmantes querrán incluir, pero mucha menuda enredaría el acuerdo.

La oposición está de acuerdo en lo fundamental, deben pasar del dicho al hecho, que nuestro señor Jesucristo los ilumine y los llene de desprendimiento, generosidad y amor por Colombia.

viernes, 15 de agosto de 2025

Revolución asesina

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Fortaleza y solidaridad ante el dolor de la injustica a su familia. El senador de la República y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay no murió, lo asesinaron. Lo ocurrido es un crimen de Estado y un delito de lesa humanidad. Todos vimos quien le disparó, pero las circunstancias de todo lo ocurrido tienen un origen en el odio y el resentimiento de la violencia verbal que vitorea desde el poder la impunidad como bien transaccional en favor de la criminalidad.

El mensaje es claro. Advertidos de muerte están quienes quieran ondear las banderas de la legalidad, la justicia y la libertad. Advertidos están quienes sigan la doctrina del hombre que por la vía democrática combatió al crimen organizado en favor de los indefensos.

Despertemos como sociedad, no es cuestión de una elección en manos de un tirano que ya sabe cómo engañar al electorado y al sistema. Es cuestión de entender que el Estado está constituido para proteger a los ciudadanos que cumplen sus obligaciones legales y no a los delincuentes ni a las organizaciones criminales y narcoterroristas, mucho menos a quienes a nombre del pueblo le imponen formas autocráticas al ejercicio del poder.

La importancia de Álvaro Uribe en este siglo sobrepasa la figura del “Gran Colombiano”. Sus formas simples, amables y respetuosas, humildes, pero frenteras y determinadas, tiene un significado tan grande como el de la verdad en la libertad de los seres humanos.

En su concepción ideológica y en los resultados de su obrar como estadista, gobernante y figura pública siempre respetuoso de la ley, de la justicia y combatiente del crimen y las injusticias, se encarna un “demócrata integral” y es ahí donde radica el valor que él y su doctrina representan para el ejercicio de la política en democracia y para el progreso de Colombia y de todos los países de la región.

El legado de Uribe es prueba de que no hay causa perdida en función del progreso mientras haya servidores públicos con vocación ética, dispuestos a luchar contra la pérdida de valores que para nuestras sociedades representa hoy el mal llamado “progresismo”, así en esa lucha haya que dejar la vida por la patria como lo ha hecho Miguel Uribe Turbay, un joven valiente determinado a servir a su país.

Uribe simboliza la confianza del bien común que pretende la participación democrática en el debate ideológico enmarcado en legalidad. La simpleza y el poderío de su doctrina están respaldados por un legado que, aún atropellado por la injusticia y la violencia, le agrega al patrimonio moral de la nación y a toda una Latinoamérica que lo admira y respeta.

Como es lógico el poderío de su verdad despierta la envidia y el odio propios de quienes lo resienten a falta de facultades para obrar de forma correcta.

Por ello parte Miguel Uribe asesinado, y por eso hoy Álvaro Uribe es víctima de quienes tienen que apelar a la mentira y al engaño como única forma de sobresalir a costa de la verdad, de causarle un mal a los demás, a la patria y sin duda al pueblo indefenso que aducen representar desde su usurpación de los poderes del Estado.

Hoy se suma a las manifestaciones de las mayorías que marcharon el pasado jueves 7 de agosto, el dolor de la nación colombiana por la pérdida de uno más de los héroes de la patria a manos de este narcoterrorismo criminal auspiciado por el Estado colombiano.

Hoy se nos revive el terror a todos los colombianos que sufrimos la violencia de los 80 y los 90 y que hoy volvemos a revivir el miedo que causa la indefensión y la pérdida de un valiente, de un padre, de un hermano y un hijo que vio partir a su madre a manos de la misma calaña de asesinos que hoy dominan la nación.

Hoy estamos todos puestos a prueba. Debemos resolver con valor si aún somos una sociedad consciente, pensante y sensible que está harta de la politiquería, del clientelismo y la corrupción, del narcotráfico, la violencia, la inseguridad y el abuso de poder, o si vamos a seguir jugando con la impunidad que solo causa muerte.

Hay que pensar con humildad en la razón por la cual seguimos consintiendo la politiquería clientelista y corrupta, la figuración mediática inmerecida, el enriquecimiento personal o el desfogue de odios y resentimientos, y no le damos la importancia que tienen la legalidad, la ética y la moral, en la formación y ejecución de políticas públicas entendidas como forma de consolidación de la convivencia y el bienestar social.

Sentenciar al presidente Uribe y asesinar a quien pueda representar su doctrina en la conducción del Estado era un trofeo buscado por sus opositores, por quienes se han valido de su bondad para llegar al poder, y por la arrogante mamertería de una oligarquía que hoy se abraza bajo el disfraz del progresismo, con la impune cleptocracia emergente que nos gobierna, para tapar la degeneración institucional y personal en la que ha caído el ejercicio del poder en Colombia.

La doctrina de la seguridad democrática es la encarnación de la única esperanza de recuperar la democracia. Como sociedad debemos ser capaces de capitalizar el fracaso de la mal llamada y falsa izquierda que no es más que la mezcla de odios ciegos, resentimientos, envidias, incapacidades de muchos ingenuos e ignorantes que operan bajo la guía de un puñado de figurines macabros que solo entienden de politiquería, de clientelismo, de corrupción y de violencia física y verbal, y que llevan al pueblo engañado al matadero con discursos cargados de la dialéctica ideológica del comunismo asesino.

La muerte de Miguel Uribe y la privación injusta de los derechos de Álvaro Uribe, no mengua la libertad con que su espíritu transita por el camino de la verdad y la corrección amparado por la solidez de sus convicciones.

Por el contrario, lo ocurrido impide que sus ideas sean destruidas. Ambas injusticias inmortalizan el legado de grandeza respaldo en los hechos y logros que componen una doctrina democrática de profundo contenido social, distante de la politiquería y enmarcada en los corazones y en el entendimiento de las personas bien criadas y que mamaron principios y valores éticos dentro de nuestra sociedad.

Uribe es un verdadero guerrero de la libertad y la justicia social que, al igual que Miguel Uribe proviene de una base liberal honrada y honorable. Ambos, uno en nuestros corazones y el otro desde la eternidad, representan la esperanza de sana convivencia dentro del marco de la legalidad y sin que ello mengüe para nada su apego al orden, al deber ser, a la corrección en el obrar.

Es hora de que esta sociedad siga con total determinación el ejemplo de Uribe, quien ha combatido frontalmente el crimen, el clientelismo politiquero y la mediocridad, siempre defendiendo al sector productivo y a toda la condición emprendedora del ciudadano colombiano, sea este empleado o empleador, de quien ha combatido sin tregua todas las actividades ilícitas e ilegales empezando por la droga y el terrorismo y sus nocivos efectos en la sociedad.

Llegó el momento, hoy en 2025 y no en 2026, de que no se permita que el Estado siga engañando al país, patrocinando el crimen y azuzando delincuentes para que eliminen a sus opositores políticos. No permitamos que se siga abusando del significado y la importancia que tiene el ideal de la paz en favor de la impunidad criminal.

jueves, 14 de agosto de 2025

De cara al porvenir: la noria macabra de Colombia

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Tristemente, en medio de un marco generalizado de impunidad, intolerancia y violencia genética, Colombia despide una vez más a otra de sus promesas.

Y no es que hayamos retrocedido 35 años. Es que hemos perdido miserablemente 3 decenios y medio, y nada que aprendemos a vivir, o al menos a coexistir de una manera civilizada. Cada vez más nos empeñamos en tratar de demostrar que somos un proyecto de sociedad fallido. Y a fe que lo estamos logrando.

De una manera respetuosa pero cruda, expongo una lista de chequeo que evidencia entre la realidad y la imaginación como en Colombia se cometen magnicidios, se anuncian magnicidios, se irrespeta la vida humana y no pasa absolutamente nada.

* Diferentes tipos de criminalidades y distintos tipos de violencia ponen en jaque y en ridículo al Estado que impotente ve como pierde presencia en el territorio y lo que es más grave, credibilidad ante los ciudadanos.

* Aparece de cuando en vez un personaje ingenuo y honesto que trata de hacer frente y se atreve a denunciar el orden de cosas.

* Los núcleos criminales y los enemigos políticos comienzan a incomodarse y a preparar su andanada de descrédito y de eliminación.

* Se solicita por parte del personaje ingenuo y honesto que se le asigne o se le refuerce el esquema de seguridad asignado ante el incremento de amenazas en su contra.

* Se comienza a comentar en diferentes círculos que es muy probable que el personaje ingenuo y honesto sea víctima de un atentado contra su integridad.

* Hay cambios inesperados en el esquema de seguridad del personaje ingenuo y honesto.

* En el ambiente se siente que el personaje ingenuo y honesto corre peligro.

* El personaje ingenuo y honesto y su círculo inmediato denuncian el aumento de amenazas en su contra y piden que se refuerce su esquema de seguridad.

* De manera injustificada y silenciosa se realizan cambios en el esquema de seguridad del personaje ingenuo y honesto, el cual es reducido de manera inexplicable.

* En medio de las giras y las actividades políticas, se vive un ambiente de intranquilidad y de zozobra.

* Finalmente, y como si fuera una crónica de una muerte anunciada, ocurre el fatal atentado contra el personaje ingenuo y honesto.

* Como buitres, los medios de comunicación, sin excepción, siempre morbosos, siempre amarillistas, convierten el suceso en una noticia vendedora de rating.

* Comienzan a darse los enérgicos pronunciamientos por parte de todo tipo de autoridades gubernamentales.

* Se declaran 3 días de duelo nacional y la velación y el sepelio se convierten en todo un espectáculo luctuoso.

* Se pide que se baje el tono a las autoridades competentes.

* Se enardece la sensiblería nacional.

* Se reclama por lo frágil del esquema de seguridad al momento del atentado y otros políticos advierten del peligro que están corriendo y reclaman mejores condiciones para continuar con sus actividades proselitistas.

* La inefable Fiscalía General de la Nación y el director de la Policía Nacional anuncian que hay pistas y que se harán todos los esfuerzos posibles para encontrar a los responsables.

* Se anuncia el incremento de operativos y cuantiosas recompensas para quienes den información que permita dar con los responsables.

* Se anuncia con bombos y platillos la captura de un posible participante (usualmente menor de edad), el eslabón número 10 000 dentro de la cadena delictiva que planeó, organizó y perpetró el atentado.

* Se anuncian nuevas pistas y capturas, mientras la indignación crece.

* De manera insólita se reconoce que se han extraviado objetos decomisados a los detenidos, que permitirían algún avance en las investigaciones.

* Misteriosamente se informa de la fuga de uno de los capturados.

* Se pide un gran acuerdo nacional para frenar el odio y la polarización.

* Pasan los días y las investigaciones exhaustivas no avanzan.

* Se anuncia el asesinato de uno de los testigos o colaboradores del atentado recluido en una cárcel de máxima seguridad.

* Mientras tanto se realizan velatones, se organizan eventos donde la gente suelta bombas blancas y aumentan los discursos que promueven aquello de que “los buenos somos más” y que “los malos no pasarán”, teniendo como pancartas de fondo anuncios con el mensaje de “nunca más”.

* Todas las “fuerzas vivas del país” periódicamente se pronuncian repudiando el hecho e invitando a la concordia y aseverando que un hecho tan horrible no puede volver a suceder.

* Se realizan plantones de rechazo.

* Los directores gremiales llaman a la reconciliación.

* Se organizan marchas (que entre otras curiosidades se han convertido en un elemento más del folclore nacional) y los asistentes se visten de blanco y entonan arengas de reclamo y de repudio.

* Se solicita que el crimen cometido sea elevado a la categoría de lesa humanidad.

* Sigue pasando el tiempo y no hay avances significativos en la investigación y las rutinas de siempre van dejando atrás el suceso que si acaso va apareciendo en el horizonte como un recuerdo.

* Pasan presidentes, pasan fiscales, pasan ministros, pasan directores de la Policía y el crimen no se esclarece.

* De nuevo, se consolida la impunidad.

En Colombia un crimen y un escándalo es reemplazado por otro, y así la noria de nuestra historia cuenta y recuenta nuestro fracaso institucional, la ineptitud de nuestras autoridades, la inexistencia de un verdadero sistema de justicia y el espíritu violento que acompaña a los colombianos, agravado por el hecho de una inexistente conciencia geográfica e histórica.

A la fecha, los grandes magnicidios han quedado en la impunidad y nos hemos acostumbrado a eso, quedando solo un creciente inventario de víctimas, de viudas y de huérfanos.

La resignación se convierte en complicidad mientras el miedo y el odio se apoderan de la población y el Gobierno de turno como cabeza conductora temporal del Estado, hace maromas y trata de mantener un forzado equilibrio tratando de aparentar y de simular que manda, que tiene el control de la fuerza y de las armas, que controla el territorio y que, sobre todo, tiene la confianza y el respaldo de los ciudadanos, confianza y respaldo que ya se están desvaneciendo llegando a límites insostenibles.

Paz en la tumba de Miguel Uribe Turbay.

lunes, 16 de junio de 2025

No más hipocresía: ¡llamemos a las cosas por su nombre!

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

El profundo dolor que nos embarga por el horroroso atentado en contra del senador Miguel Uribe Turbay no puede impedirnos pensar con serenidad sobre el futuro de nuestro país, agobiado por la violencia y el terror bajo el yugo del corrupto régimen social comunista.

Entendemos que la mayoría de los colombianos, atribulados por el impacto del miedo y la impotencia frente a la tiranía, se refugien en un solo clamor por la unidad frente a esta infame tragedia y en la oración, tabla insustituible de esperanza para nosotros los creyentes.

Lo que no podemos es callar frente a la hipocresía de quienes ahora condenan el execrable atentado, a pesar de haber mantenido una permanente hostilidad contra quienes se oponen a su dañina gestión, tildándolos de nazis, fascistas, oligarcas, asesinos y hampones. Como expertos en la lucha revolucionaria, conocen que es esta la mejor vía para incendiar los ánimos y conseguir la reacción violenta de los más fanatizados.

Su discurso de odio y de estigmatización a todo el que no comulgue con sus demenciales iniciativas se ha ido intensificando ante la derrota del proyecto de consulta popular en el Congreso, el rotundo fracaso del paro nacional convocado para el 28 y 29 de mayo, el abandono de sus huestes que ya ni con amenazas de despido a los funcionarios ni con el pago de gratificaciones a los marchantes salen a respaldar tan desprestigiado Gobierno, y la profusa sucesión de escándalos  que involucra a 12 funcionarios del régimen y a entidades como el Congreso, el Ministerio de Hacienda, la Unidad de Riesgos, y muchas más.

Como es bien sabido, la izquierda radical, fiel a la cartilla marxistaleninista, no tiene ningún freno moral, ético o legal para utilizar todas las formas de lucha, todos los medios ilícitos, inclusive el asesinato, para aferrarse al poder. Su condena a la violencia no deja de ser una simple trampa, una mentira más, una herramienta de uso común para mantenerse en el poder. Ya se intuía este desencadenamiento de la violencia desde las amenazas de Petro al Congreso, “libertad o muerte”, o su aparición en la plaza pública con una espada y la bandera de la muerte. A buenos entendedores, pocas palabras bastan. Ya no le queda a Petro otro argumento para continuar en el poder distinto al del terror, tarea a la cual ha dedicado gran parte de su perversa existencia.

¿Cómo atajar este proceso de descomposición ahora que el tirano se ha quitado la máscara?

Ciertamente no nos es permitido en esta hora de angustia y de dolor permanecer impasibles, como si no nos importara la destrucción del país. Todo el mundo habla de defender la institucionalidad, pasando por alto que la mayor parte de las instituciones están al servicio del aprendiz de dictador. Quien debe tomar la iniciativa y levar a cabo la recuperación del orden, la convivencia, la normalidad es cada uno de nosotros. Es la oportunidad para lograr esa ansiada unidad que parecía lejana, coartada por la ambición y el egoísmo imperante por encima de los intereses de la patria.

¿Cuál es la solución a tan tremendo desafío?

1. Reunámonos alrededor del juicio por indignidad que cursa en la Comisión de Acusaciones de la Cámara por violación de los topes financieros, infracción que acaba de reconocer el Consejo Nacional Electoral en proceso adelantado contra el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa. Presionemos a los congresistas para que cumplan con su deber de tramitar el juicio con celeridad y tener en cuenta la decisión que en la materia ha tomado el Consejo Nacional Electoral, con la llamada a juicio puede ser separado del cargo el infractor.

2. Solicitemos a los partidos políticos y precandidatos opuestos de verdad (no de palabra) al régimen petrista se unan en un “frente patriótico”, coalición electoral que solicitaría al Consejo Nacional Electoral la convocatoria de una consulta popular para la designación de un candidato único de la coalición, por el cual votarían todos los colombianos que no estén de acuerdo con la continuación del régimen castro chavista de Petro. Existe ya un proyecto para constituir la coalición con la participación de un grupo significativo de ciudadanos, en el cual se incluyen dirigentes empresariales y gremiales, veteranos y reservistas de la fuerza pública, grupos activistas en las redes y en las marchas de protesta contra Petro, grupos de damnificados con las funestas decisiones y omisiones del régimen, etcétera.

miércoles, 11 de junio de 2025

Por más compasión

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Las noticias no son alentadoras, y sí, muchos dirán que eso siempre ha sido así. Sin embargo, hay momentos, como el que estamos viviendo en el mundo, en los que la realidad se vuelve más densa, más cruda, y todo parece llegar al mismo tiempo.

En Colombia, el país aún se sacude con el cruento atentado al precandidato Miguel Uribe. En Los Ángeles, los enfrentamientos contra inmigrantes siguen creciendo como si migrar fuera un crimen. En Gaza, el hambre no tiene pausas. En Ucrania y Rusia, la guerra sigue su curso, como si la paz fuera una leyenda antigua. Algunas de estas tragedias llevan años, otros días, pero hoy, todas conviven al mismo tiempo, nos golpean de frente. Los medios informan, comentan, saturan… Y nosotros, poco a poco, lo volvemos paisaje. Lo que hoy estremece, mañana será archivo. Lo que hoy enciende alertas, mañana será olvidado.

En 2016, el Dalai Lama escribió con Desmond Tutu El libro de la alegría. Habla de los ocho pilares[1] que componen ese estado tan esquivo. El séptimo: la compasión. Dice: A lo largo de tres mil años, las tradiciones espirituales han cambiado e incrementado, pero casi todas comparten un mensaje común: el amor, la compasión, el cuidado del otro.”

La etimología de esta palabra también nos habla: compasión viene del latín compassio, de com-pati, que significa literalmente: “sufrir con”. No mirar el dolor desde lejos. No narrarlo, sino acompañarlo.

Puedo entender por qué esa palabra “compasión” es tan urgente para este momento. No basta con saber lo que ocurre, hace falta “dolerlo” (sentirlo como propio, de manera física o emocional).

En Colombia nos falta compasión, a veces, mucha. Nuestros escritores la han sabido nombrar, incluso cuando no usaron la palabra:

García Márquez, en El amor en los tiempos del cólera:

“Lo comprobó con la compasión de los hijos a quienes la vida ha ido convirtiendo poco a poco en padres de sus padres...”

José Eustasio Rivera, en La Vorágine:

“Don Clemente sintió por ellos tal compasión, que resolvió darles el alivio de la mentira.”

Tomás Carrasquilla y José Félix Fuenmayor no la nombran directamente, pero en sus páginas está la compasión viva, cuando el dolor, la miseria y la injusticia desnudan el alma de sus personajes.

Hoy, en medio del ruido y la prisa, en medio de tanta tragedia convertida en dato, la compasión no debería ser un lujo, sino una urgencia colectiva.

Esa palabra, que alguna vez pareció cursi o tibia, es la que puede salvarnos de volvernos piedra. Por eso, hoy más que nunca, más compasión. ¿Qué tan compasivo eres?


[1] Son cuatro de la mente: perspectiva, humildad, humor y aceptación, y cuatro del corazón: perdón, gratitud, compasión y generosidad.