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lunes, 8 de abril de 2024

A la búsqueda de nuestro destino

Por: Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmana

Partíamos, en nuestros últimos dos escritos, de dos significativas premisas: a) Que no podemos permitirnos el lujo de malgastar nuestro tiempo dedicándonos solamente a controvertir todos los disparates del que nos desgobierna, mientras avanza en su tarea de destruir el país, y, b) Que nuestra tarea prioritaria y colectiva debe ser la búsqueda de fórmulas con arraigo popular que nos permitan revertir la catástrofe a la que nos conduce la extrema izquierda.

Para identificar esa salvadora salida a nuestra crisis, forzoso es examinar la penosa coyuntura política desde distintas perspectivas:

1.- Elementos que aglutinan a quienes se oponen al régimen.

2.- Elementos que pudieran distanciarlos.

3. Fortalezas de la camarilla gobernante.

4. Debilidades de la camarilla gobernante.

5. Fortalezas del sector de oposición al régimen.

6. Debilidades de este sector de la sociedad.

1.Elementos que aglutinan a quienes se oponen al régimen.

El primero y de mayor trascendencia es la aspiración mayoritaria de derrocar a Gustavo Petro y recuperar el poder ahora en manos de la izquierda radical. Por su pública notoriedad, no requiere ser demostrada. Basta con repasar la totalidad de los medios escritos, radiofónicos, la televisión, el internet, las redes sociales, etc., para informarse de las multitudinarias marchas de protesta, no igualadas en Colombia por ningún líder político, así como las espontáneas y masivas protestas populares en espectáculos deportivos y otros sitios de concentración de masas con la consigna “Fuera, Petro”.

Un segundo elemento, que no es nada despreciable, es la espontaneidad e independencia de tales manifestaciones de protesta ya que, al revés de lo que ha ocurrido con las organizadas por los asalariados del régimen, no han requerido de ninguna clase de subsidios, viáticos o emolumentos para su participación presencial. Las gentes han expresado su rechazo al régimen de manera libre, sin coacciones de ninguna naturaleza, lo cual significa adhesión a un rechazo colectivo.

Un tercer elemento aglutinante de importancia ha sido la ausencia de la politiquería en las actividades de protesta, evitando de esta manera que alguien se sienta marginado de participar si el origen tuviera un sello partidista.

2. Elementos que pudieran distanciarlos.

La ausencia de resultados a corto plazo causa fatiga o desencanto en algunos que participan del deseo de derrocar al sátrapa, pero quisieran ver inmediatos resultados. Por un lado, el ente encargado de tramitar las acusaciones contra Petro (Comisión de Acusaciones), presionado por la que en Colombia se llama comúnmente “la mermelada”, que no es otra cosa que un vil soborno, ha entrabado el avance del proceso.

De otra parte, grandes sumas de los presupuestos oficiales se dilapidan en campañas publicitarias, compra de conciencias y otros caminos para maquillar la deteriorada imagen del régimen. Tampoco son inmunes los opositores a la andanada de barbaridades, insensateces y extravagancias que a diario lanza el dictador a manera de cortinas de humo para distraer la opinión pública de los temas de fondo, en especial del asunto crucial de su remoción por la vía constitucional. Eso produce disparidad de criterios en cuanto a la forma de manejar la crisis y, por lo tanto, puede devenir en la separación de algunos activistas.

La carencia de una sólida organización con cubrimiento nacional puede permitir que se vayan construyendo islas de opinión sobre la forma de actuar o sobre los puntos esenciales que orienten al movimiento opositor. Hasta la fecha las directrices elementales para la implementación de las marchas son proporcionadas por colectivos de activistas independientes, de carácter cívico, y personal retirado de las Fuerzas Armadas, que, con patriotismo y sacrificio personal, han cumplido eficientemente con este cometido.

3. Fortalezas de la camarilla gobernante.

Cuenta, ante todo, con una misión clara: La toma total del poder con el fin de implantar la revolución comunista en Colombia y la prolongación de la dictadura por el tiempo que considere necesario. Así está consignado en las estrategias del Partido Comunista, en las directrices del Foro de Sao Paulo y en las proclamas de los movimientos guerrilleros que apoyan al régimen. Desconocer este objetivo implica renunciar a toda posibilidad de detener la hecatombe que se avecina.

Las decisiones se adoptan en forma centralizada por quien ejerce la doble calidad de jefe de Estado y cabecilla de la coalición de partidos gobernantes (Pacto Histórico). Los demás entes estatales, grupos políticos aliados y movimientos irregulares (guerrillas, guardias populares y agrupaciones terroristas como las autodenominadas Primera Línea), replican las arengas presidenciales y complementan los parciales golpes de Estado contra las instituciones y la normatividad que adelantan sin pausa los gobernantes. Es un elemento desestabilizador en la lucha entre el régimen y sus opositores.

Mientras en el ámbito opositor se carece hasta de lo más indispensable para sostener la lucha contra el espurio régimen, éste dispone en sus arcas de las cuantiosas contribuciones de organizaciones guerrilleras y terroristas, como ellas mismas lo han confesado, ayudas de gobiernos de extrema izquierda (como el de Maduro), capos de la droga beneficiados por el Gobierno actual con total impunidad y libertad para la explotación del criminal negocio de la droga y, donaciones de contratistas del Estado que apoyaron la campaña electoral del candidato Petro.

No es menor la monumental filtración de los dineros públicos en beneficio político del régimen y de su cabecilla, a través de gastos de todo orden con cargo a los presupuestos del Estado manejados irresponsablemente por antiguos compañeros de armas del M-19 y socios en la infame tarea de destruir el país para construir sobre sus ruinas el estado comunista que sin rubor preconizan. Es otro elemento contra el que habrá que emplear la mayor creatividad en este titánico enfrentamiento.

De la mano de este descomunal músculo financiero, accede el régimen a un cubrimiento general del territorio nacional con sus mensajes, que se repiten por televisión, redes sociales y demás medios públicos y privados. Como es natural, manipulan las mentes de la audiencia hacia la justificación de la revolución que ya está en marcha, la estigmatización de las Fuerzas Armadas y de los contradictores del régimen, el ocultamiento o la impunidad de los escándalos de corrupción denunciados contra la familia presidencial y los funcionarios oficiales, y el adoctrinamiento de las gentes en los perniciosos postulados que ha propuesto el marxismo-leninismo desde su fundación. No es posible olvidar este dañino aspecto si se quiere combatir de verdad al régimen que busca subyugarnos.

4. Debilidades de la camarilla gobernante.

Resulta obvio señalar como su principal debilidad la pérdida de la calle y el espacio público, que fue en el período electoral y durante las experiencias de los “estallidos sociales” escenario natural de la izquierda radical. Hoy, como consecuencia de su pésima gestión y actitud pendenciera, las gentes de todas las clases sociales se han volcado de manera espontánea a las calles de las principales ciudades y a los sitios de reunión masiva (estadios, conciertos) para expresar su grito de batalla ¡ Fuera, Petro! Deber ineludible de quienes nos oponemos al régimen, es seguir ocupando esos espacios con los activistas que pregonan la caída del dictador y de sus cómplices.

No obstante, las inmensas sumas gastadas por el régimen para tratar de obtener una respuesta favorable en las encuestas de opinión, su esfuerzo ha resultado inútil. En la última encuesta de Guarumo-Ecoanalítica (marzo de 2024), la gestión petrista fue calificada de “mala” por el 25,8% y de “pésima” por el 34,5%, para un total de desfavorabilidad del 60.3%. Peor resultó la gestión en materia de seguridad, calificada desfavorablemente por el 71,2% de los encuestados. Es un reflejo de lo que opinan las mayorías de colombianos, de todas las clases sociales a lo largo y ancho del territorio patrio. Por supuesto, gran debilidad que debe ser aprovechada.

Señal inequívoca de la debilidad del régimen fue su contundente derrota para elegir alcaldes, gobernadores, Concejos Municipales y Asambleas Departamentales. Se presentó el Pacto Histórico con candidatos propios o en coalición con otros grupos y puso a su servicio toda la maquinaria gubernamental, con los consabidos apoyos presupuestales, mediáticos, burocráticos, etc.  Para sorpresa de la camarilla gobernante, los colombianos derrotaron ampliamente en las urnas a los candidatos aliados del régimen en todo el territorio nacional. Cabe anotar el hecho sin precedentes de que no existió ninguna organización política que ordenara votar contra el régimen, ya que no existe oposición organizada en Colombia. Fueron los sufragantes quienes, de manera libre y voluntaria, descartaron a los amigos del régimen para elegir candidatos ajenos a la recomendación presidencial. ¿No es ésta le prueba reina de que el pueblo colombiano ha superado a sus propios dirigentes y está preparado para forjar, en forma autónoma, su propio destino?

Carecen los representantes del régimen de cualquier freno moral ético o legal en su fanático propósito de mantenerse en el poder. Por ello emplean todos los instrumentos, lícitos o ilícitos, en contra de la sociedad y de los ciudadanos. De allí que sus actuaciones se caractericen por una permanente violación de la Constitución y las leyes, estrategia que los conducirá, tarde o temprano, al estruendoso fracaso de sus planes. Tanto la Justicia nacional como la internacional tienen competencia para impedir que se arrase con la Legalidad, el Estado de Derecho y el Respeto a la Democracia. Asimismo, en nuestra “Ley de leyes”, la propia Constitución Nacional, consagra con meridiana claridad la obligación constitucional de las Fuerzas Armadas de garantizar el orden constitucional y proteger la soberanía de la Nación en cabeza de su legítimo titular, el pueblo. (Ver artículo 217 de la C.P.)  Velar por la vigencia y el acatamiento de ese invaluable tesoro que nos ha costado miles de vidas humanas es nuestra inaplazable misión.

4. Fortalezas del sector de oposición al régimen

Como es apenas natural, las debilidades del régimen pasan a ser fortalezas de la oposición al mismo, las que podemos resumir así:

a)    Estamos identificados en el objetivo de derrocar al régimen petrista y en reconstruir los programas, instituciones y políticas que han sufrido la acción demoledora y dañina del actual régimen. A manera de ejemplo, los sistemas de salud y de pensiones, el régimen laboral, la fumigación de cultivos de coca, el control del orden público en zonas dominadas por la guerrilla y por los carteles de la droga, la errónea política de freno a las exportaciones de hidrocarburos, etc.;

b)    Nos acompaña la mayor parte de la población, que ha demostrado en las urnas, en las encuestas, en las calles, en los eventos masivos y en las redes sociales que está contra Petro y contra su gestión y rechaza su pésima gestión;

c)    Actuamos dentro de los principios del Derecho natural, respetamos la Constitución y la Ley, y nos manifestamos pacíficamente, respetando la vida y los derechos de los demás ciudadanos y evitando cualquier acto de violencia en contra de la infraestructura pública y privada. Es una fortaleza moral y jurídica que no puede atraer sino el apoyo de las buenas gentes de Colombia, que son, por fortuna, la mayoría; y,

d)    Actuamos con independencia de los líderes políticos, que han permanecido al margen del esfuerzo que, con el respaldo de la Constitución, se viene intentando para lograr la separación de Petro del cargo de Presidente . Esa independencia de todo grupo político nos beneficia en momentos en que la credibilidad de la clase política ha llegado a su más bajo nivel.

5. Debilidades del sector opositor

Preciso es señalar los siguientes factores para superar las debilidades actuales de la oposición al régimen:

a)    Objetivos. - Es necesario complementar el objetivo principal de la fuerza opositora (derrocar a Petro y reconstruir el país) con unos puntos básicos, que se han convertido en aspiraciones vitales para las gentes de Colombia y que acelerarían el crecimiento del apoyo popular,

b)    Organización. -El capital humano, comprometido en los citados objetivos principales, debe ser canalizado, orientado y asesorado por un grupo directivo que lo convierta en una fuerza estable, capaz no sólo de movilizarse con éxito en las calles, sino también acceder al poder por la vía del sufragio y, desde allí, implementar la reconstrucción moral, jurídica, económica y gubernamental de la Nación;

c)    Financiación. - Frente al descomunal músculo financiero del régimen y sus aliados, hay que agudizar la creatividad y crear un sistema que permita arbitrar recursos suficientes para sufragar los gastos indispensables de la campaña;

d)    Comunicaciones. - Consecuencia del punto anterior, se requiere implementar un moderno plan de comunicaciones, actualizado con las tecnologías de punta en materia de comunicaciones para que los mensajes de la campaña lleguen de manera rápida y a un bajo costo a la mayoría de los potenciales sufragantes.  No podemos hacer política en el siglo XXI con prácticas del siglo XIX;

e)    Liderazgo. - No se ejercerán liderazgos personales que tantos fracasos han dejado en el pasado. Se diseñará un esquema, según el cual tendremos coordinadores a nivel de células, barrios o veredas, municipios, departamentos con un ente coordinador a nivel nacional.   Con base en los logros obtenidos por cada uno se podrán escoger por votación interna los jefes o directores en cada nivel y así llegar hasta el nivel central o nacional. Es la aplicación del sistema de méritos que debiera regir en el Estado. 

P.S.- En próxima entrega terminaremos el análisis e incluiremos nuestras conclusiones. Son bienvenidas las sugerencias u observaciones de los amables lectores.

 

jueves, 7 de diciembre de 2023

Oposición integral o claudicación

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

La noticia sobre la aprobación en la Cámara de representantes del proyecto petrista para acabar con nuestro sistema de salud, confirma algo que todos sabemos aunque algunos carecen del valor para reconocerlo: que sigue en marcha el proyecto revolucionario de la extrema izquierda para convertir a Colombia en un Estado estatista, totalitario y comunista.

Para conseguirlo, apela la camarilla gobernante a medios lícitos e ilícitos: el descarado soborno a los congresistas, y el ocultamiento de los verdaderos propósitos del proyecto cuales son el empobrecimiento general de la población, el apoderamiento de los abultados recursos del sistema de salud por parte de los burócratas de turno y la creación de una frondosa nómina cuyo costo será impagable por el fisco.

Mientras ello ocurre, posan de opositores al régimen los mismos que permanecen en las sesiones proporcionando el quórum necesario para que el funesto proyecto reciba aprobación por parte de la coalición gobernante y de los beneficiarios del soborno.

Una de las peores tragedias que nos golpea es precisamente la falta de una oposición integral para enfrentar un enemigo que carece de límites morales y está dispuesto a traicionar al país para perpetuarse en el poder, como se lo han enseñado en las cartillas marxistas-leninistas.

El corazón del pueblo colombiano late apresuradamente para oponerse a la catástrofe en la que se encuentra inmerso; así se demuestra en las encuestas, en las marchas de protesta, en los gritos de “Fuera, Petro”, que resuenan en los estadios, y en las urnas electorales, donde se propinó una derrota monumental a los candidatos afectos al régimen en las elecciones territoriales.

Pero ello no es suficiente. El sátrapa mantiene el control de Congreso gracias al tóxico poder del dinero. Continúa adelante con su treta de aprobar en los “Comités Nacionales de Participación” todo lo que será refrendado en el anunciado acuerdo con el ELN, sin que hasta ahora los caciques políticos digan “esta boca es mía”. ¿Será que también les han llegado las mieles del soborno? Con toda la razón afirma el destacado escritor Eugenio Trujillo Villegas:

 Colombia se ha convertido en dos países diferentes. Uno es el de las élites empresariales y políticas que claudican, que no hacen nada para salvar el País, que están conformes con la situación y que prefieren esperar a que este mandato de horror se termine. Y la otra Colombia, la verdadera Colombia, es la que se enfrenta con valor al desmantelamiento progresivo del Estado de derecho, a la imposición de esa farsa que llaman “paz total”, y a las medidas que se toman para desmantelar el desarrollo económico y empresarial del país.” (La Linterna Azul).

No hay otra solución, queridos contertulios, que dar el paso al frente con una oposición cerrada, a fondo, sin cobardes concesiones ni hipócritas diálogos.

Si los dirigentes gremiales y empresariales quieren conservar sus inversiones, recuerden que ello sólo se logra si ternemos un país libre que respete la dignidad de la persona humana, la libre empresa y la propiedad privada. Así, que les recomiendo dejar sus negocios en manos de sus subalternos, mientras se dedican con toda su capacidad a detener el proceso destructivo de nuestra sociedad.

A quienes han detentado por décadas el poder político les corresponde ahora salir a la palestra y conducir un gran movimiento unificado de oposición cerrada al régimen totalitario que nos desgobierna. Se terminó ya el tiempo de los sanedrines y del Gobierno detrás del trono. No se debe aprobar ni un solo proyecto, ni una proposición, que venga de este corrupto y criminal régimen. O nos salvamos todos o nos condenamos todos a la esclavitud comunista que ya otros vecinos nuestros viven con horror.

Rodeemos a los dirigentes de los grupos de veteranos, a los movimientos cívicos, a quienes organizan las marchas, y apoyemos su labor con nuestro aporte. Cada uno de nosotros recibió talentos que debe, en esta hora crucial, poner al servicio de la noble causa de derribar el régimen y reconstruir a Colombia. No desmayemos. Ni un paso atrás.

Quiero terminar con estas sabias palabras de Winston Churchill:

«Un hombre hace lo que debe a pesar de las consecuencias personales, a pesar de los obstáculos, peligros y presiones y eso es la base de la moral humana. Ha llegado la hora de esos hombres. Ojalá, además, sea una conducta contagiosa.»

miércoles, 12 de abril de 2023

¿Qué nos pasa?

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador

Recibí la sabia observación de uno de mis habituales contertulios en el sentido de que gran parte de la hecatombe que afecta al pueblo colombiano desde hace siete meses radica en la general indiferencia de los buenos ciudadanos frente a esta monumental adversidad.

Surge, como es obvio, la obligada pregunta:

¿Qué nos pasa a los colombianos?

¿Acaso carecemos de la mínima capacidad para comprender la magnitud de la tragedia que dejó de ser una amenaza para convertirse en una cruel realidad?

¿Es que la manipulación de nuestras mentes a través del adoctrinamiento político y de la avalancha publicitaria de la extrema izquierda nos ha producido una ceguera irreversible?

¿Qué nos pasa a los colombianos que permitimos la entrega del poder a una banda de delincuentes comandada por un terrorista, secuestrador y asesino apodado Aureliano?

¿Qué nos pasa a los colombianos que permanecemos impasibles mientras se produce el desmoronamiento de la fuerza pública, mediante el retiro forzado de más de un centenar de altos oficiales, y la complicidad del Estado para que las tropas sean irrespetadas y secuestradas, y sus integrantes asesinados, mientras uno de los ministros califica estas asonadas como “cercos humanitarios”?

¿Qué nos pasa a los colombianos que guardamos cómplice silencio con la destrucción de nuestro aparato productivo mediante la persecución a la propiedad privada, los obstáculos a la generación de empleo, el aumento de la tributación y de los costos laborales, y el fomento de la invasión de tierras y del ataque a las empresas privadas desde el propio Gobierno?

¿Qué nos pasa a los colombianos que agachamos borreguilmente la cabeza mientras el régimen tiránico de la izquierda radical destruye el sistema de salud, se apodera de las pensiones y sume al pueblo en la miseria mediante una inflación pauperizadora?

¿Qué nos pasa a los colombianos que enterramos la cabeza en la arena como el avestruz, mientas la cuadrilla de sinvergüenzas que se tomó el poder arrasa con el presupuesto a través del gasto incontrolado y los escándalos de los funcionarios y sus familias?

¿Qué nos pasa a los colombianos que ya no nos importan ni siquiera los más preciados de nuestros derechos, el derecho a la vida y la protección de nuestros bienes, en un país donde reina la violencia, la protección al narcotráfico, la impunidad para los bandoleros y la inseguridad de la población?

¿Qué nos pasa a los colombianos que hemos abandonado hasta nuestros valores más elementales, nuestra fe en Dios, nuestro amor a la patria, nuestra obligación de defender la familia, nuestra democracia, nuestro Estado de derecho, nuestra libertad y dignidad como seres humanos?

miércoles, 15 de enero de 2020

"... no lo vamos a entregar..."


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Acaba de reiterar el doctor Álvaro Uribe Vélez: “el país no se lo vamos a entregar a la izquierda extrema”. La anterior es una declaración de la mayor importancia en un país que ya se acostumbró a la entrega del Estado. Falta, entonces, entregar el país…

Por eso, la determinación del expresidente de seguir luchando no constituye una declaración banal ni rutinaria. Toda su vida política ha respondido al deber de preservar la democracia y el estado de derecho. Estamos en presencia de un líder, el único que tenemos, dispuesto a proseguir en la línea de su destino. Esta es una llamada imperiosa dentro de un combate a la vez ideológico y fáctico, que viene suspendido por parte del gobierno y la clase política, mientras los enemigos de la democracia y de la sociedad no descansan: unos organizan paros, manifestaciones y mingas; otros inhiben la acción legislativa; otros se hacen recibir para presentar centenares de peticiones imposibles, otros dictan fallos prevaricadores; otros escriben infundios que resuenan por redes y emisoras; otros indoctrinan desde el kínder hasta los postgrados; otros desinforman a los extranjeros; y así, ad náuseam.

En la política, la transacción y la componenda predominan. En sí, eso no era alarmante cuando los actores —liberales y conservadores— discrepaban en los detalles, pero estaban unidos por los principios inalterables de la civilización política, plasmados más en el sentimiento colectivo que en la propia Carta; pero ahora, transigir y componer es imposible, porque entre las ideas democráticas y el marxismo-leninismo no existen, ni pueden existir, consensos.

Mientras una primera y comodona parte cree posible coexistir civilizadamente con la otra, la segunda, en cambio, solo se conformará con el aplastamiento de la primera.

Pues bien, la tragedia colombiana es que, aun a corto plazo, no es posible preservar la democracia si el gobierno tiene que permanecer sometido por una supraconstitución, adoptada contra la voluntad popular para asegurar el predominio de un grupúsculo que apenas consigue, si mucho, 50.000 votos en un país de 48 millones…

Si no se desgarra esa camisa de fuerza, la única gobernabilidad posible será la del gobierno de transición, es decir, caer en la tentación que ronda la administración Duque desde su comienzo.

Por tanto, hay que celebrar con máxima cautela la posible llegada del gabinete de Cambio Radical y el Partido de la U. Si esa nueva alineación entra para fortalecer las fuerzas democráticas, ninguna noticia sería mejor; pero como ninguna de esas clientelas ha desmentido su compromiso visceral con el tal Acuerdo Final, existe el riesgo de que, en vez de fortalecer, vayan a minar la administración, conduciéndola por la senda fatal de “la transición”, la entrega total.

Nunca una “buena administración” ha sido inconveniente, pero ahora lo que Colombia reclama es gobierno. ¿Será posible pasar de gestor a líder?

La administración actual es buena, pero ¿qué sentido tendría mejorar el país, si a la vuelta de 30 meses se le acabase de entregar a la extrema izquierda?

***

¿Cómo encaja dentro de la economía naranja una “bebida funcional con ganoderma y otros extractos de frutas del Pacífico”, de uso ancestral, para el tratamiento de cáncer de seno, cérvix y cerebro, producida por el Laboratorio Selvacéutica, de Quibdó, de propiedad de la doctora Mabel Torres, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de la República de Colombia?

jueves, 26 de diciembre de 2019

Definitiva resignación o enérgica recuperación


Por José Alvear Sanín*

“Cuando un peligro se aproxima, dos voces hablan en el alma del hombre con la misma fuerza: una, pide que reflexione sobre la calidad misma del peligro y la manera de evitarlo. La otra dice que es demasiado penoso, demasiado duro, pensar en los peligros cuando no es posible prevenirlos ni evitarlos, de manera que es mucho mejor volver la espalda a las cosas penosas y pensar en las agradables”.

—Lev Nikolaievich Tolstoi. Guerra y Paz. II parte. Cap. 17

José Alvear Sanín
La mayor parte de la población, en cualquier país, ignora los complejos detalles de la economía y la política. Las gentes viven, entonces, el día a día, distraídas por el fútbol y la farándula. Esa situación normal es saludable, porque no puede pedirse a la masa el análisis reservado a las élites. Mientras la economía asegure alguna prosperidad y sea esperable un crecimiento futuro, los países siguen su vida habitual.

En Colombia, por obra de la narcoindustria, conservamos un cierto equilibrio precario, que permite el funcionamiento del país. Sin embargo, ha llegado el momento de percatarnos de que esta aparente normalidad enmascara una profunda inquietud. Nos hemos resignado a vivir a la espera del batacazo, porque todo el mundo, de manera fatalista, mira hacia el horizonte 2020-22 sin optimismo.

La iniciativa política se ha convertido en monopolio de una extrema izquierda que no encuentra reacción en una sociedad desanimada y en un gobierno abúlico, por decir lo menos. En ese clima opera en condiciones ideales una fuerza revolucionaria incansable, que sigue un plan estratégico bien estructurado y mejor financiado.

Domina en las Cortes, el Congreso, los medios, la educación, y hasta en la Iglesia. Las gentes captan esta situación y por eso se resignan, esperando la inevitable caída del régimen dentro de dos años y siete meses.

Sin duda alguna, el de Petro habría sido el agresivo gobierno “de transición”, pero el de Duque ha resultado ser el de la indecisión y el acomodo, y hasta se puede pensar que, a pesar de la elocuencia oficial, el presidente adelanta un gobierno de transición suave y silencioso…

El único apoyo que le queda al gobierno es el de quienes aspiran a vivir hasta esa fecha aterradora como si nada estuviera pasando. Pero nada hay más perjudicial que negarnos a reconocer que el país va por el camino hacia la aniquilación económica y social.

Por eso es necesario detener esa carrera, con el gobierno, sin el gobierno o contra el gobierno.

Como la situación no da espera, el propósito de año nuevo es el de sacudirnos, porque a partir del 1° de enero hay que reunir las fuerzas familiares, patrióticas, productivas y morales del país, en un creciente movimiento de recuperación nacional. El país no puede esperar por más tiempo la aparición de un líder para esa inaplazable tarea colectiva.

¡Los tiempos de los diagnósticos han pasado y ha llegado el de la acción!