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lunes, 4 de abril de 2022

Un llamado a los líderes en las instituciones del sector privado

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Mucho cuidado, que la patria no corra con la suerte del ternero aborrecido y abandonado.

No más complaciente mamertería entre muchos miembros circunspectos de la dirigencia gremial, ni más “ANDI pa' arriba y ANDI pa' abajo”. Es hora que las agremiaciones del sector productivo cumplan con su mandato constitutivo, la defensa de los intereses de sus afiliados y sus empleados y del sistema de libertades que les permite trabajar.

El país es viable si se defiende la transparencia, se le exige pulcritud a la justicia y se le aplica sanción social a los privilegios y las concesiones al narcoterrorismo, fuente de corrupción.

Es el momento que los gremios se pongan en la tarea sistemática de explicarle a cada ciudadano, que, aunque seamos un país de ingreso medio con altos niveles de pobreza, esta solo se supera con oportunidades, con una economía creciente y no con las falsas promesas del populismo que ya anuncia a cuatro vientos la destrucción de los vectores de creación de valor.

Somos una nación libre y trabajadora llena de posibilidades, con un manejo económico diligente, un sistema de salud operante, construyendo cada vez mejor infraestructura, que conquistó el sueño de la gratuidad educativa para los más necesitados, con un mejor y más efectivo sistema de subsidios condicionados, que si bien tiene problemas de criminalidad que genera corrupción, esta, tan solo está en manos de unos pocos que desconocen la ley y que hoy apoyan descaradamente las propuestas lisonjeras de quien solo ha vivido por cuenta del Estado y pretende traer a valor presente todo el resentimiento acumulado en su trayectoria guerrillera.

Mucho ojo que ser liberal y tener conciencia social ha sido también la identidad de gente honorable, es algo que no debe confundirse pues difiere mucho de todo lo que bajo un falso ideario esconde ese narco-comunismo parlamentario que disfruta de la opulencia que a cuenta de todos le brinda el Estado.

Hace dos domingos leí un escrito en donde el ideólogo del comunismo de caviar, le daba pasaporte social a la guerrilla, amparada hoy por la activación de todas las formas de lucha para conseguir el poder, a manos de la totalidad de las organizaciones crimínales que operan en Colombia y claro, por Cuba, Rusia, Venezuela y todo el comunismo internacional. 

Escondido tantos años en la casa editorial El Tiempo, en representación del comunismo colombiano, al igual que ocurrió en Marquetalia, ya destapó su juego, consistente en la mamerta validación social de su familia oligarca a la candidatura populista de la guerrilla.

Es “surrealista” la fascinación de los pichones de “El Tío” con el comunismo castrista, inspirada por el cura “in” del entonces, Camilo Torres, que hoy los lleva en medio de su traba pseudointelectual a jugar ruleta rusa con la ideología revolucionaria, la destrucción social y del valor económico. Es patético su empeño de promover desde la burguesía la revolución, que siempre ha sido un sello claro de su conocida y decadente degeneración.

Era de esperarse el endoso a un candidato guerrillero, por quien le maneja la conciencia al diabólico muñeco traidor que engañó en 2010 al electorado enarbolando los postulados doctrinarios de la seguridad democrática, para hacerse al poder y cometer el mayor estupro político conocido hasta hoy.

Actualmente, la estrategia es la misma: Engañó mediante dialéctica demagógica populista. Disfrazar al lobo de abuelita para tragarse a Colombia entera, como si fuera caperucita.

Son guerrilleros activos, el libretista y su candidato, ricos viajeros con visa americana que no pagan nómina y visten pinreles de marca, respaldados por toda suerte de mafias, por las FARC y el ELN. Pero aquí no les pasa nada. Incendiaron el país piloteando la primera línea desde sus curules parlamentarias, y los entes de control los tratan como ciudadanos de mejor derecho. Como si la destrucción de valor y la traición a la patria no fueran conductas punibles. La prueba forense está en la data de cualquier herramienta digital analítica de escucha de la actividad de redes sociales.

Entiendo que ir en contra de una sentencia de la Corte Interamericana que favoreció al alcalde corrupto salvándolo de la flagrancia, en teoría parece complejo, pero es el sistema democrático el que está en juego, es la libertad de toda una nación la que se nos va por el voladero. 

Que nadie se llame a engaño. Como Chávez, Castro, Ortega, Evo, los Kirchner y tantos otros, una vez en el poder, ejercerán la destrucción de valor propia de toda dictadura totalitaria.

No es posible competir en igualdad de condiciones con alguien que nunca ha reconocido ni respetado la ley y está respaldado electoralmente por las armas y el dinero del crimen organizado. Y sin embargo eso es lo que hay.

Si en todo el empresariado y la institucionalidad, no nos ponemos las pilas y defendemos el sistema exigiéndole a políticos y funcionarios hacer su trabajo de modo que la ley actué contra el hampa, puede quedar Colombia al igual que nuestros países vecinos: Como el ternero aborrecido por la vaca ladrona que lo abandona, vivo pero condenado a perecer a picotazos en manos de buitres y de hienas insaciables en su ambición de medrar, una vez conquisten el poder.

 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Nos toca cambiar

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Si no queremos ni comunismo, ni socialismo, ni castro chavismo, nos toca cambiar rápido y trabajar duro.

Los gobiernos nacionales, departamentales y municipales, entendidos como los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, deben presentar y poner en práctica un plan de economía de guerra, para encontrar la mayor cantidad de dinero vía ahorros, economía en todo tipo de gastos, reduciéndose los sueldos altos para que nadie gane más de $15.000.000 de pesos mensuales, incluido el sector privado, acabar con gastos y vehículos de representación, pensando en que lo que le ahorremos al Estado puede salvar vidas.

Todos nos debemos convertir en veedores de la buena y útil disposición de los dineros públicos, desafortunadamente las costosas entidades de vigilancia y control no han podido y entre todos tenemos que cuidar los exiguos recursos.

Se debe pagar como salario mínimo legal vigente la suma de $1.000.000 mensuales; la jornada laboral debe ser de 40 horas semanales, comprometiéndose los trabajadores a mejor su productividad, para la sostenibilidad de la medida.

La flexibilidad laboral para contratos por horas, días, labor, etcétera, debe ser amplia y se deben flexibilizar y facilitar las posibilidades de despido de los trabajadores que no quieren trabajar.

Se debe establecer una ruta clara, fácil y rápida de tributación; entiendo que está construida hace muchos años y se debe poner a funcionar.

Se debe propender por todos los medios incluir, ojalá a todos los colombianos, en la formalidad.

Se debe tener un inventario muy claro de las personas y familias que requieren Sisben, subsidio de desempleo, familias y jóvenes en acción, etcétera, para que estos recursos lleguen a donde deben llegar, buscando impedir estar en el sector formal, por ser más cómodo el sector informal.

Los partidos políticos y las iglesias, especialmente la nuestra, la católica, deben ser más asistencialistas sociales, formando roperos, bancos de alimentos, grupos de ayuda en educación, construcción de caminos, viviendas, etcétera, inclusive impulsar emprendimientos y negocios; tienen que pasar de ser los intermediarios empleadores del Estado, a verdaderos trabajadores de sus adherentes, copartidarios y amigos; que usted valla a un directorio político, a una iglesia y lo atiendan, le ayuden a solucionar su problema.

La justicia debe ponerse al día, hacer un plan de choque, no sé si deben ser 20 o 30 jueces por cada 100.000 habitantes, pero necesitamos pronta y cumplida justicia, para poder descongestionar las cárceles y buscar mejores condiciones, por lo menos más rehabilitadoras de la gran cantidad de presos que hay en el país y hacerle frente a la creciente delincuencia.

Seguramente habrá que hacer mucho borrón y cuenta nueva en muchas materias, que se han convertido en actividades normales, formales, legales e ilegales, para que puedan llegar a la legalidad, a la formalidad, generando empleos flexibles pero dignos, mejor dicho, abogados y economistas deben encontrarle una rápida salida a este crecimiento imparable de la economía de la informalidad.

El cuidado del agua, del medio ambiente y de la fauna en general debe ser remunerado, como los guardabosques de otras épocas.

El desarrollo del potencial agropecuario del país debe obedecer a planes, tipos, épocas, especies y semillas de siembras y cultivos, mucha capacitación y apoyo para que prime lo orgánico.

Se podría quedar uno acá enumerando mil cosas por hacer, pero todo depende de la voluntad de cambio y el acelerador que se le ponga, si no lo hacemos rápido, el terreno estará abonado para la llegada del comunismo, del socialismo, del castro chavismo y ya será muy tarde reaccionar.

Pienso qué hay que canalizar esfuerzos, muchas entidades haciendo lo mismo, que podrían unir sinergias para mayores rendimientos en los mejoramientos de calidad de vida.

Hay que apoyar a este gobierno, pero tiene que ser mucho más austero, más eficiente.

Que nuestro señor Jesucristo nos ilumine, nos dé las fuerzas suficientes, el valor y la tranquilidad para enfrentar toda la problemática y poder evitar la llegada del comunismo, del socialismo y del castro chavismo. Pero eso sí, esto depende de todos los colombianos, especialmente de los más poderosos, si es que quieren conservar el poder, si no, lo van a perder.

viernes, 3 de mayo de 2019

No hay peor ciego...


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
En los relatos evangélicos se narra la curación de ciegos, una tarea que Jesús tuvo clara como misión desde aquella mañana que le tocó leer en la sinagoga el texto de Isaías: “…devolver la vista a los ciegos…”. Ahora bien, más allá si efectivamente hizo tan prodigiosos milagros, me parece que la cuestión no era de ceguera física (que bien podría serlo también) sino, sobretodo de ceguera espiritual, porque aún algunos viendo, no ven o no quieren ver. Con lo cual cobra fuerza el adagio popular: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Tengo, pues, la impresión de que los ciegos espirituales en este mundo son más que los que realmente adolecen de esta física limitación. Lo que pasa en Venezuela nos sirve de ejemplo. Que el dictador Maduro diga que las multitudes que emigran hacia la frontera con Colombia se prestan para hacer un video que desacredita su régimen, es porque está cegado por su ambición de poder. Que el presidente ruso se ponga de lado de tan criminal personaje que usurpa la presidencia es porque no quiere ver lo que no le conviene para su estrategia geopolítica frente a Trump. Que nuestro embajador en la OEA, el tristemente célebre señor Ordóñez, salga a decir que los venezolanos que buscan refugio en los países de Latinoamérica lo hacen con el oscuro propósito de exportar la revolución izquierdista Castro chavista, es porque no quiere ver lo que realmente está pasando, paranoico en su godarria. Que haya algunos que sigan creyendo que los modelos cubano o venezolano bolivariano de revolución son ideales para superar los problemas de nuestros países, es porque trasnochados ideológicamente no quieren ver las infelices desgracias que traen consigo. Y quienes, en el otro extremo, crean que el ideal es nuestro perverso sistema capitalista neoliberal, que precisamente llevó al vecino país donde está, es porque son ciegos indolentes ante las realidades de inequidad, injusticia y exclusión que genera.

Entonces, la ceguera es la real incapacidad para ver lo que el resto ve de manera evidentemente contundente. No es limitación eventualmente física, es la negación de la realidad, es la resistencia a aceptar las cosas como son, es el bloqueo o estancamiento conceptual que lo hace anclarse tercamente en posiciones equívocas, es la cerrazón de las puertas del corazón y la mente frente a otras perspectivas o miradas, es la soberbia prepotente que no acepta como válida o mejor la posición o planteamiento del otro.

Lo que pasó en esta semana en el Congreso no se olvidará por lo bochornoso, por lo vergonzoso. Es otro ejemplo de cegueras abiertamente deliberadas. Este poder legislativo ha sido proverbial en hacer gala de los comportamientos más ruines y mezquinos, expresión de ambiciones a veces ocultas, a veces descaradamente manifiestas. Quienes están enceguecidos por sus odios recalcitrantes, afanes de revanchismo y de venganza, sólo quieren ver muertos o podridos en la cárcel a sus enemigos. Para ellos no puede haber paz, sólo guerra y más guerra. Es su proyecto político, es su negocio rentable. Otros, cegados por su codicia de poder y de prebendas económicas, se subieron al carro de la victoria esperando su dosis de mermelada y cuando no se la dieron se bajaron, en una clara demostración que son veletas eternas que se mueven al vaivén de las conveniencias. No tienen principios, sólo intereses egoístas. Ponen la paz y sus acuerdos como pretexto, cuando en realidad les vale un rábano. Mañosos todos, dilataron a más no poder las votaciones en innecesarias discusiones eternas e insulsas para generar cansancio y desgaste y finalmente salirse con la suya. Se retiraban del recinto, se declaraban impedidos, rompían el quórum, traicionaron electores y bancadas. Ciegos todos frente a un pueblo harto de conflictos bélicos, de desplazamientos, de masacres, de hambre y desempleo. No lo ven, no les importa.

La ceguera, pues, está al acecho, es un mal inminente. Comienza con cortedad de visión y con miopía y va creciendo hasta llegar a la ceguera extrema. A todos nos afecta. A todos nos hace tropezar y caer. Solo la verdad y la luz de quien es La Luz y La Verdad, puede sanarnos. A ese Señor habremos de decirle: ¡Haz que yo vea!, que no nos hagamos los ciegos frente a lo que vemos como realidad incuestionable y sabemos que es verdad irrebatible. De lo contrario, si ciegos nos dejamos conducir por otros ciegos, todos nos iremos irremediablemente al hoyo.