Por: Luis Guillermo
Echeverri Vélez
Ganadero y agricultor. Presidente de la Asociación
Primero Colombia y las juntas directivas de Ecopetrol y la Cámara de Comercio
de Bogotá. Exgerente general de la Campaña Presidencial de Iván Duque 2018 - 2022.
Un llamado a la unidad del sector privado
con el fin de defender la economía de mercado y libertad de empresa.
1. No
nos neguemos al progreso en medio de la era del conocimiento. Seamos más exigentes.
Decía un veterano al mirar desde la montaña
la ciudad de Medellín: “Que jaula más
hermosa, pero qué pájaros”. Y es también, lo que se puede afirmar
categóricamente al pensar en el sistema opresivo que esclaviza 12 millones de
cubanos o la miseria que sufren 30 millones de venezolanos, atrapados entre el
caos del marco totalitario derivado de populismo narco-comunista que domina el
territorio que contienen sus fronteras. El progreso se da con acciones que se
fundamentan en la ejecución de ideas bien concebidas, en el debido
aprovechamiento del conocimiento que hoy tenemos gracias a la convergencia
tecnológica, que no, con críticas y afirmaciones ideológicas. Para Colombia, es
ahora el momento de actuar y desarrollarse, sin dejar que unos pocos decidan de
forma anárquica por la gran mayoría.
Hoy la tecnología asociada al capital
humano y a los recursos naturales de nuestro país, nos pueden finalmente llevar
a la ruta del desarrollo, o disociados, nos pueden llevar a la destrucción. La
elección es nuestra y sobre eso versa este escrito. La ética de trabajo de una
sociedad se mide por su nivel de exigencia profesional.
El espíritu empresarial del colombiano es
inconmensurable. Se ha demostrado durante la dura depresión global por la que
atravesamos. Pero esa tenacidad, determinación y garra laboriosa, requiere el
complemento de la fortaleza institucional y la representación idónea de unidad en
el sector productivo. El estado y los particulares del sector privado no pueden
darse el lujo de avanzar cada uno en direcciones opuestas como producto de unas
discusiones bizantinas (), sobre si algo es de
derecha o izquierda, sacrificando la eficiencia en los resultados en función
del interés general y el bien común, cuando en el fondo quienes discuten y
atacan el sistema, tan solo defienden intereses individuales, espacios
clientelistas o asuntos particulares.
Hemos avanzado mucho en estas dos décadas,
pero algo anda muy mal en la sociedad democrática colombiana, y hay que
ajustarlo. Creo que es un asunto de exigirle a los políticos, de lo cuales debe
ocuparse la propia sociedad, liderada por el sector privado.
¿Por qué en el sector privado, cuando vamos
a contratar un administrador, un vendedor, cuando necesitamos un médico, un
mecánico, un ingeniero o cuando se escoge la selección Colombia para un
deporte, se buscan los mejores profesionales, con la mejor experiencia y además
se les exigen dos exámenes: el de idoneidad y el de conducta?
Sin duda algo está muy mal, y debemos y
podemos corregirlo pronto en el sector público y en su relacionamiento con el
sector privado, suponiendo que el primero debe estar al servicio de la
sociedad. Me refiero a los mecanismos de selección, compensación u oferta de
valor y a las exigencias o responsabilidades que atañen y tienen que cumplir
siete profesiones críticas para la sociedad:
- Los maestros que les enseñan a nuestros
hijos.
- Los legisladores que dictan las normas para
el país.
- Los magistrados y jueces que deben velar
por que se haga justicia.
- Los policías y demás fuerzas armadas que
nos cuidan de la criminalidad y de agresiones externas.
- Las personas que controlan y vigilan al
propio Estado y a los ciudadanos.
- Los administradores nacionales y regionales
del erario público.
- Los comunicadores que tienen la
responsabilidad de informar bien a la sociedad.
2.
¿De dónde sale el dinero con que se pagan los sueldos y con que el Estado paga
las cuentas?
La economía y el sistema sobre el cual
ruedan todos los mercados, representa el sustento de toda sociedad.
¿Qué queda del pobre fruto en el árbol,
después de que lo picotean toda suerte de pájaros?
¿Podrá haber economía sin confianza y sin
seguridad jurídica que otorgue garantías que protejan la inversión?
¿Podrá subsistir una economía donde las leyes
y las reglas las crean una clase política corrupta y alcahueta de un crimen
organizado que se nutre de la anarquía?
¿Podrá mantenerse una economía sin estar soportada
por una actividad privada productiva, dinámica y sana?
¿Podrán los ciudadanos independientes hacer
empresas que a su vez generen los empleos necesarios para que las familias
puedan mercar y comer, pagar un techo, transportarse al trabajo y educar a sus
hijos, bajo un régimen populista-socialista o comunista?
¿Cómo van a hacer quienes están dedicados a
predicar el odio de clases y a criticar el sistema económico de libre empresa y
mercados, para que, los casi 50 millones de colombianos, vivamos y prosperemos
de cuenta del Estado?
¿Cómo se sostiene el Estado y paga la
deuda, si la empresa privada no produce lo suficiente para pagar los impuestos
y realizar una utilidad apropiada?
¿Por qué solo veo en las propuestas
populistas la clara amenaza de un totalitarismo que tras la máscara de un
discurso socialista galopa en el enflaquecimiento, producto del divorcio
ideológico absoluto entre la boca, la cuchara y la comida? Esto es, entre el
empleo, la empresa y la inversión privada.
3. La
culpa no es del país. Todos tenemos diversas culpas, responsabilidades y
obligaciones.
No culpemos a Colombia, y menos desde
Madrid o Miami. Pensemos en tanta gente buena e indefensa que no es capaz de
defenderse de unos pocos indolentes que han resuelto, después de inculpar y
echar al celador, convivir en la misma casa con los ladrones, tras haberlos
entrado ellos mismos por la puerta de la cocina. Todos los que queremos a
Colombia debemos poner nuestro mejor esfuerzo para ayudar con acciones a crear
soluciones, evitando agresiones, quejas y criticas. Asumamos cada uno nuestras
obligaciones y responsabilidades cívicas y personales.
4.
Colombia es asunto de todos. Trabajemos unidos por un mejor futuro.
Colombia es asunto de todos y tenemos que
hablarlo y conversarlo entre nosotros personalmente, no en las redes plagadas
de información y noticas falsas, ni dejándonos llevar al huerto enmalezado por
la especulación mediática a la cual atendemos en matiné, vespertina y noche.
Pongámonos a trabajar, hablemos y
conversemos en familia sobre la familia, sobre lo que es correcto y lo que no
lo es. Hablemos sobre el futuro con libertad y progreso. Si no lo hacemos,
entre trabajadores y empresarios, entre familiares y amigos, nos puede pasar
que elijamos bebernos la cicuta populista que hoy controla naciones hermanas
que padecen bajo el yugo de las falsas formas democráticas que se nutren del
desfalco de la hacienda pública, del terrorismo y del negocio de la droga.
Es el momento en que cada empresa, cada
familia, cada trabajador que goce de un salario estable, sea que devengue del
Estado o del riesgo que asuma su empleador, elucubre y diferencie entre el
sistema que le paga el sueldo y las cuentas, y el de aquellos que acuden al
discurso populista aludiendo justicia social, pero que no son capaces de
explicar con qué ingresos pagará el Estado el vale de todos los ciudadanos.
5.
Apoyar al presidente, es apoyar a Colombia. De ello depende la reconstrucción y
la reactivación económica.
Colombia tiene hoy un gran presidente. Está
al comando del país un líder culto que ni dice ni hace bobadas, es honesto,
inteligente, trabajador, digno, respetuoso, tiene carácter sin hacer alarde de
ello, y es poco dado a los abusos de poder que ya vivimos.
Es con él, con el que tenemos que trabajar
todas las personas, con la intención de sacar a Colombia lo mejor librada
posible al final de la gran depresión económica global por la que atravesamos.
Como sociedad debemos apoyar a Duque, construir con él, en lugar de dejar que
unos pocos destruyan nuestros sueños.
Ya es hora de dejar de culpar a Uribe de
todo lo que ocurre en el país. ¿Eso qué tanto aporta? Es responsabilidad
nuestra como clase dirigente no dejar que se le niegue en Colombia, como
ocurrió en Venezuela, el futuro a tantos jóvenes, y es algo que está en
nuestras manos, no descuidemos los colegios ni las universidades.
Tenemos la obligación patria de ayudar al
presidente a construir en medio de las dificultades que vivimos. Supermán solo
existe en las películas. Pero tenemos un muy buen presidente y su éxito o su
fracaso es el de todos. Dejemos por un momento de lado el clientelismo y la
enfermedad de poder y pongámonos a trabajar sin especular.
6. La
democracia colombiana no puede darse el lujo de cuestionar la legitimidad del
gobierno.
Que no haya duda. El país trabajador y
honrado tiene presidente legítimo. Es nuestro deber apoyar al gobierno en su
batalla igualitaria por crear una cultura de la legalidad, por la generación de
empleos dignos a partir del emprendimiento, y construir una sociedad de
oportunidades, en medio del momento más difícil que ha tenido nuestra
civilización desde la depresión económica que hace nueve décadas llevó al mundo
a una devastadora guerra mundial.
No debemos como sociedad seguir
contemplando esos “pájaros” incapaces de ver más lejos de sus propios intereses
destructivos, cuervos que hoy tratan de picotear la legitimidad del gobierno
democráticamente electo y quieren derrocarlo por envidia, angurria y mezquindad.
No podemos seguirnos negando el progreso mediante la productividad sostenible y
responsable oponiéndonos a la explotación legal de los recursos naturales e
ignorando el gran daño que le causan las actividades ilegales a nuestra
naturaleza y diversidad ambiental.
7.
Dejemos atrás el individualismo y la mezquindad, y dediquémonos a construir
entre todos.
Es el momento de dejar a un lado el
oportunismo individualista y realmente pensar en el progreso de 50 millones que
dependen de que hagamos las cosas con corrección y seriedad. Que seamos capaces
de aplicarle una fuerte sanción social a quienes contribuyen al desorden
anárquico tras las naguas del libertinaje aparentemente democrático. El futuro
de la libertad en el país depende de la entereza y determinación con que hoy
defendamos nuestra economía, los principios de libertad, orden y democracia,
las reglas éticas, la legalidad, la imparcialidad de la justicia, y el
emprendimiento en función de mayor equidad, que es, el marco conceptual en el
cual se fundamenta el trabajo del presidente que tenemos.
8.
Como ciudadanos tenemos una obligación de respetar valores y principios
fundamentales.
Pensemos como nación, en la importancia de
hacer respetar los valores y los principios que componen el pacto social. No
podemos parar la actividad económica y productiva y pretender cambiar la
constitución y las leyes cada que una minoría siente que sus derechos están por
encima de los de toda la nación.
La sociedad no puede seguir perdiendo el
tiempo entre quejas y protestas que disfrazan intereses particulares. Es
cuestión de exigir comportamiento cívico, de cultura, prioridades,
consideración y respeto por los demás. La violencia no puede ocultarse más en
el derecho de la protesta pacífica, cuando está le abre paso a quienes cercenan
otros derechos y libertades. Hablemos de ello, con los hijos, con los
compañeros de los hijos y con los maestros en la escuela, con socios, clientes,
proveedores y empleados, con los amigos, los socios y hasta con los extraños
que se crucen en nuestro camino.
9. Todos
sabemos bien qué es lo correcto, no nos dejemos asustar ni manipular de unos
pocos.
Despertemos de la pesadilla, no nos
quedemos espantados entre temores y miedos, salgamos de la trampa de la falsa
ilusión de una paz que han querido imponernos con engaños y artilugios
legislativos y falacias dialécticas, mientras van sembrando más odio y más
violencia, donde no hay cultura ni respeto por la legalidad. Atención, que hoy
son los delincuentes, quienes le marcan la pauta a quienes nos juzgan y a quienes
legislan, y los que tienen embaucados a algunos de quienes opinan diariamente
de lo divino y lo humano, lo cual hacen, con el fin de sembrar caos, terror y
anarquía.
10.
Primero están las ideas y las razones que las personas.
En lugar de dedicarnos a la especulación
sobre egos y aspiraciones políticas personales cuando aún estamos en estado de
emergencia real, la discusión no debe ser por un nombre para el 2022, debe
centrarse en las ideas que vamos a apoyar y en el rumbo que debe tomar el país,
en la necesidad de que la nación cuente con un sistema de libertades y
actividades económicas sanas y dinámicas; que otorguen garantías a la inversión
y orienten a la generación de empleo y crecimiento.
11.
Es el momento de exigirle a quienes elegimos, y escoger entre la democracia o
el populismo.
Es el momento de que la sociedad unida
exija lo que es correcto y rechace todo lo que no lo es. Quienes trabajan en la
comunicación social, sin menoscabo alguno de su derecho a la libertad de expresión,
deben obrar con conciencia de la importancia que tiene su apoyo al sistema que
los mantiene, pues en un régimen totalitario e incluso en un populismo
democrático, son ellos las primeras victimas de la censura propia que los caracteriza.
Los empresarios que generamos empleos
formales y dignos, no podemos dejar el destino del país en las manos de unos
pocos que, de profesión exclusivamente políticos, en medio de su individualismo
y condición de amancebamiento con la anarquía, son prisioneros de la
degeneración intelectual que produce el hecho de que todo se los han entregado
fácil en la vida. No podemos darnos el lujo de que Colombia caiga en la trampa
populista y se eche a perder el sistema que por dos siglos nos ha dado
libertad.
Estamos ante el momento más complejo en
nuestra historia. Demostremos que, esta Colombia no es un plátano al servicio
de los “pájaros”, y que el espíritu libre de sus gentes de bien no está a la
venta, ni va a dejarse meter entre la trampa de la gran cárcel populista.
12.
El país ha cambiado y hay que abrirles espacio a los mejores de las nuevas
generaciones.
Hay que hacer a un lado los protagonismos
de quienes ya tenemos caducada la licencia de conducción. El país no puede
seguir dependiendo de quienes bien o mal ya le prestaron sus servicios y viven
reclamando espacios, huérfanos de poder y hambrientos de figuración y
protagonismo en una Colombia que cambió. Su función es dar guía y consejo, no gestionar
contratos y repartir laburos estatales.
El país hoy, más que nunca, cuenta con más
personas profesionales, capaces y educadas en todos los sectores económicos,
técnicos y científicos. Tenemos profesionales serios, que se formaron con
esfuerzos y se hicieron a pulso y se merecen un espacio al que no debe serle usurpado
por quienes creen que Colombia hace parte de sus derechos familiares
hereditarios, y que no deben dejarse tampoco engañar por las promesas del
discurso de aquellos que solo pretenden el poder para hacer lo mismo que han
criticado toda la vida.
Colombia tiene unos comunicadores
extraordinarios, y es hora de que sean ellos quienes transmitan el mensaje de
esperanza y progreso, y que no cunda el pesimismo que imprimen quienes se
quedaron anquilosados en la suspicaz y mañosa práctica de la entelequia con que
titulan, sin cumplir con la responsabilidad de analizar el verdadero contexto.
13.
Reconozcamos nuestros errores, enmendémoslos, pero sin permitir que nos engañen
más unos pocos apóstoles del oportunismo y de la ilegalidad.
Vivimos la inevitable consecuencia ética de
“haberle vendido el alma al diablo” por interpuestas personas, al negociar con
la delincuencia narcoterrorista. No puede pasar por normal, que alguien que
ostente una dignidad, utilice su posición para tejer con lisonja y engaño la mentira
en función del enriquecimiento fácil, de una cultura mafiosa que ha permeado
buena parte de la política nacional, las cortes, los entes de control, los
gremios y muchas instancias administrativas; ni que sea normal, que se escondan
en la libertad de expresión unos pocos personajes que, por ideología o
resentimiento, manipulan por dentro algunos medios de circulación nacional y
redes sociales, dándole protagonismo al hampa sobre el difícil obrar de la ley.
14.
Hemos sido por 200 años una nación libre, democrática y fiscalmente respetuosa
y disciplinada.
Colombia tiene que defenderse unida y
contener al interior de su sociedad y en sus fronteras, el incendio que hoy arde
por todo nuestro vecindario.
15. Pensemos
con inteligencia como nación; obremos pensando en Colombia con la camiseta
puesta.
Dejo sobre la conciencia del lector estas
dos últimas frases que le aprendí a mi padre, un hombre que quiso a Colombia y
luchó por ella especialmente por el sector productivo nacional.
- “Si el balance social del país es bueno, el balance de las empresas será
bueno”. (FEC)
- “Inteligente es aquel que aprende de los errores de los demás sin tener que
cometerlos él mismo”. (FEC)
“La expresión "discusiones
bizantinas" designa a todo tipo de discusiones largas que
enzarzan indefinidamente a sus participantes en largas diatribas sin sentido
para el común de las personas, y sin que tales discusiones puedan resolverse
jamás porque versan sobre cosas etéreas que nadie puede probar en un sentido u
otro”. (etimologías.net)