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martes, 10 de septiembre de 2024

Suficiente ilustración

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Como se estila en cualquier corporación, pública o privada, cuando hay abundantes razones para adoptar una decisión colectiva, debe llamarse a suspender tanta garrulería para entrar en materia y poner fin a la deliberación con una decisión final.

No cabe la menor duda de que ya los colombianos estamos en posesión de suficiente información para concluir que ha caído el país en manos del peor equipo de gobierno que hemos tenido en nuestra historia: Unos fanáticos de extrema izquierda que, junto con sus aliados y compañeros de lucha, exhiben amplia experiencia criminal en campos como el del terrorismo, la guerra de guerrillas, el narcotráfico y la corrupción. No es extraño, en consecuencia, encontrar en los altos cargos del Estado, oscuros personajes sin méritos para desempeñarse en la labor encomendada, pero con antecedentes criminales, investigaciones en proceso y relaciones con individuos de la peor calaña.

Sabemos de sobra cuáles son las intenciones del régimen: destruir nuestro sistema de valores y nuestra cultura, para construir sobre sus ruinas un estado totalitario de corte comunista, ateo y materialista al estilo de los que se tomaron a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Es el mismo comunismo que, después de fracasar en el ámbito mundial, se esconde ahora bajo el alias de “socialismo del siglo XXI”. No nos sigamos engañando, no estamos frente a una confrontación política cada 4 años para manejar el país, cambiar los rostros en los carros oficiales o manejar el presupuesto. Se trata ahora de definir qué clase de sistema político, económico y social tendrá el país en el futuro, cuáles serán sus principios y valores, qué clase de derechos seguirán siendo respetados y cuáles no. Ya lo tenemos claro, aunque pretendamos obviarlo. No pequemos de ingenuidad.

Dos años han bastado para aclarar que el propósito de Petro y su camarilla no es el bienestar del pueblo ni la solución de sus necesidades, sino atornillarse en el poder y poner en marcha la revolución materialista que se ha impuesto para obligarnos a participar de la miseria y la esclavitud que viven nuestros hermanos bajo el yugo del “castro-chavismo”.

No obstante estas claras premisas, seguimos como títeres bailando al compás que nos dicta el sátrapa. Ya somos dos terceras partes de colombianos los que manifestamos rechazar este régimen del oprobio paro nada efectivo hacemos para salir del abismo.

A veces leo algunos comentarios que expresan: “es que Petro cree que somos bobos”. Yo no creo que lo seamos, pero sí actuamos como tales.

Porque si tenemos un enemigo en el Gobierno, empeñado en destruir al país, en desconocer las normas constitucionales y en gobernar sólo para sus amigos de la criminalidad, ¿por qué no nos hemos puesto de acuerdo en una acción eficaz, constitucional y pacífica para destituirlo?

Dos alternativas tenemos para lograrlo si abandonamos la indiferencia, los egocentrismos y la pereza:

Primera.- Apelar a la cúpula militar para que, de conformidad con los artículos 217 y 218 de la Constitución, las Fuerzas Militares y de Policía ejerzan de inmediato la función primordial que les imponen las normas constitucionales y la naturaleza de sus instituciones, consistente en restablecer el orden constitucional violado por el régimen actual desde su misma elección y durante el ejercicio del poder.

Segunda.- Solicitar encarecidamente a los directores de los partidos políticos ajenos al Pacto Histórico y a los miembros de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, la tramitación en forma expedita e inmediata del juicio de indignidad contra quien ocupa ilegalmente la Presidencia, por violación de los topes de gastos en la campaña presidencial, teniendo en cuenta todas las evidencias que de forma legal se han aportado al proceso.

lunes, 22 de enero de 2024

La campaña del siglo

Héctor Hoyos Vélez
Por Héctor Hoyos Vélez

Se ha vuelto costumbre en los poderosos en Colombia, que burlen la Constitución, la ley y la voluntad popular. ¡Pero ya no más!

Acabamos de evidenciar que los funcionarios de las instituciones electorales desde el poder central burlaron la voluntad de los ciudadanos de revocar al exalcalde de Medellín, de la misma forma que evidenciamos la burla descarada del plebiscito, y así como nos gobierna un presidente contra la voluntad de millones de colombianos, que fuimos víctimas de la violación de la Constitución al violar los topes de su campaña y negociar con el hampa beneficios a cambio de financiación y votos.

Esa muy mala costumbre lleva implícita la corrupción en el ejercicio de la autoridad en las instituciones del nivel central, que afectan la armonía política en todo el país. Negarle la voluntad al pueblo libre de Antioquia es una afrenta imperdonable del Estado colombiano a los ciudadanos antioqueños. Además de que se pudo evitar el daño a la ciudad de un alcalde que saqueó las finanzas de Medellín, hemos perdido la confianza en las instituciones colombianas lo que sí es de la mayor gravedad.

Estas artimañas, sumadas a la experiencia del plebiscito por la paz que solo ha dejado un enorme costo, grande impunidad, inversión de valores donde los buenos son los terroristas y los villanos nuestros héroes de las fuerzas armadas, ningún resultado en la justicia y en la reparación de víctimas, la misma o peor violencia en consonancia con el crecimiento del narcotráfico, etcétera, rebosan el nivel de tolerancia del pueblo en general afectado por la inseguridad generalizada.

Por lo anterior, los hechos sucedidos en la campaña presidencial denunciados en la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara, donde ya se ha originado el proceso del juicio al presidente, suscitan un gran interés en la opinión pública porque encuentra en el ordenamiento constitucional la posibilidad de frenar el reiterado atropello.

La campaña ciudadana para presionar al Congreso y retirar del cargo al presidente, es la más importante de lo corrido del siglo, porque confluye en ella no solo el descontento popular con un Gobierno contrario a la identidad nacional, sino que se trata de defender la Constitución.

La Constitución del 91 que nos rige, se logró como un gran acuerdo nacional de paz, después de muchos años de conflictos internos y de la reintegración a la sociedad de grupos rebeldes que la propiciaron y participaron en su construcción; llegar a ella costó muchos años de sangre, dolor y vidas. Luego, desconocerla y violarla tan gravemente como para que el Gobierno se soporte en las vías de hecho, significa un retroceso político que genera como mínimo mayor violencia, división o mayor polarización e incluso fraccionamiento de la integridad territorial, y lo peor, el país puede resbalar hacia la dictadura de las vías de hecho. La vigencia de la Constitución es el mayor compromiso, el mayor deber de los ciudadanos. ¡Esta sociedad colombiana entera tiene que defender la Constitución!

La identidad nacional, el amor a la libertad, el respeto a nuestra historia, a nuestra cultura, a nuestra tradición democrática, a nuestras fuerzas armadas y de policía, a nuestras creencias y tradiciones, el fundamento de la ley, la democracia y el equilibrio de poderes, y la garantía de la prosperidad al amparo de la libre empresa, son los valores que están protegidos en la Constitución y que están siendo ultrajados y amenazados por corrientes ideológicas que este Gobierno representa. Hoy vemos enfrentamientos entre el presidente y el fiscal general por las pretensiones presidenciales de subordinar la justicia; magistrados de las Altas Cortes buscando amparo en Naciones Unidas ante hostigamientos desde Presidencia que incluyen cuestionamientos a disposiciones de la Corte Constitucional y ofensas al mismo Congreso de la República, todo lo cual debilita la institucionalidad.

Por consiguiente, el cumplimiento de la Constitución tiene que ser el factor de unidad de todos los pueblos libres de Colombia. El juicio al presidente es el comienzo de la recuperación de la ley y el orden, y el fin de los abusos contra la voluntad del pueblo colombiano.

lunes, 28 de agosto de 2023

Gallinazos del mismo árbol

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

La más acertada descripción de la actual política colombiana es la del campesino que dice: “De día los gallinazos se pelean la carroña, pero por la noche duermen en la misma rama”.

¿Cómo es posible que Petro continúe en el palacio de Nariño después de la siguiente docena de escándalos recientes?

1. La niñera-correo, que lleva valijas en aviones charter entre Caracas y Bogotá.

2. Las maletas llenas de billetes, de dueño desconocido, de las que se pierde una, rumbo al apartamento de la Sarabia.

3. La confesión de Benedetti de que ingresaron $15.000 millones en la campaña Petro, 30% como mínimo sobre los topes.

4. El empleo delictuoso del polígrafo, para averiguar por cierta plata.

5. El “suicidio” del coronel Dávila.

6. La confesión del primogénito de Petro sobre el robo de una suculenta parte de los “aportes” de personajes cuestionados, para la campaña de su papá.

7. La colaboración económica, no declarada, del clan Torres, para dicha candidatura.

8. La colaboración para la investigación de la justicia, por parte de Nicolás, desde su palaciego apartamento, hasta que llegue la nueva fiscal general.

9. La inasistencia de Benedetti a la citación de la Corte Suprema.

10. La financiación ilegal de la campaña de Santos, que tuvo en Petro el apoyo más eficaz.

11. Las ausencias habituales de Petro a los compromisos más solemnes e importantes, porque prefiere el disfrute de su “agenda privada” durante días enteros[1].

12. El torrente diario e incesante de sandeces, impertinencias, mentiras, propuestas insensatas, y hasta amenazas de chantaje, que expele el viajero que ocasionalmente recala en Bogotá.

Por vía de comparación llamo la atención sobre la caída de Boris Johnson debido al escandaloso party con sus colaboradores en el number ten, para compartir, durante la pandemia, unas copas —que pagaban de sus propios bolsillos—, cuando dichas reuniones estaban prohibidas para todos los ciudadanos.

Ahora bien, Petro está ahora más tranquilo que nunca, porque se abren paso dos vías de pensamiento:

1. Que el hijo dijo que su papá no conocía los aportes del turco ni del otro contrabandista, el de los cigarrillos.

2. Que dizque todos los presidentes han superado los topes, porque estos son insuficientes para la compra necesaria de la mayoría de votos.

Además, el próximo nacimiento del primer hijo de Nicolás, redime a este como padre, porque ha prometido criarlo...



[1] Sin embargo, vale la pena advertir que, en la agenda privada, Petro solo se daña a sí mismo, mientras en la pública perjudica a todo el país.

Ahora bien, en cualquier país —europeo, asiático, de África u Oceanía, y hasta de América Latina—, bastaría con un solo escándalo parecido para causar la destitución del gobernante, pero en Colombia únicamente el doctor Andrés Pastrana Arango se ha pronunciado en ese sentido. Los demás jefes políticos guardan silencio, pero uno de ellos ha ido más allá por la senda ignominiosa de la desvergüenza.

El doctor César Gaviria Trujillo ha dicho que existe el deber de asegurar que Petro termine el período, lo que significa que tendremos que aceptar que, en los próximos tres años, Colombia sea entregada al ELN y convertida en un narcoestado totalitario —propósito inmodificable de Petro, Antonio García y Gabino—, gracias a la nueva Constitución, que está redactando, con poder vinculante, el Comité Nacional de Participación, donde los revolucionarios tienen 74 de los 80 escaños.

Si Petro llega hasta el 2026, tendrá tiempo suficiente para convertirnos en una nueva Venezuela, y de reelegirse. En estos últimos días avanzan ELN y FARC hacia el control territorial de grandes extensiones; el gobierno empieza a reclutar los “jóvenes de paz” y se va a expedir un decreto, para iniciar su “reforma agraria” con la expropiación exprés de los fundos productivos, prefacio de la hambruna inevitable bajo el comunismo.

Entre tanto, a golpes de soborno y mermelada, avanzarán en el Congreso las reformas tóxicas en pensiones, trabajo y salud, a las que se sumarán la educativa y la judicial, con leves retoques sugeridos por los caciques tradicionales, para hacernos creer que seguimos dentro del orden constitucional.

¡Cuánta razón asiste al campesino!, porque los gallinazos de todos los partidos, después de hablar paja de día, duermen en la misma rama de la corrupción moral, política y administrativa, que acabará con el país.

viernes, 11 de agosto de 2023

Abandonemos nuestros errores históricos

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Se atribuye a Cicerón la conocida frase de que “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”.

Desgraciadamente, Colombia es un típico ejemplo de las naciones que parecen haber olvidado la suya, pues cada vez reincidimos en los fatídicos errores que nos han sumido en el estado de descomposición integral que padecemos.

1. La violencia

Desde que nos independizamos de la corona española, nos convertimos en enemigos de nuestros propios compatriotas, merced a la lujuria por el poder. Los partidos, al servicio de la codicia, se enfrascaron en fratricidas guerras civiles y en una cruel violencia que duró hasta el siglo XX. Con el acuerdo denominado “Frente Nacional” se logró poner fin a este fanatismo estéril. No obstante, este remanso de paz no fue duradero, pues pronto, con el advenimiento del comunismo y la aparición de las guerrillas, patrocinadas principalmente por la dictadura cubana, surgió “la lucha de clases”, en cuyo nombre se instauró en nuestra patria el más sanguinario y cruel terrorismo que hayamos conocido.

Dos bastiones se opusieron al asalto al poder que pretendía el marxismo-leninismo: de un lado, nuestra institución familiar, que ha mantenido las tradiciones espirituales de nuestro pueblo y, del otro, el patriotismo de la fuerza pública, que durante 6 décadas ha ofrecido el sacrificio de la vida e integridad personal de sus soldados y policías para defender la soberanía de la Nación y garantizar la seguridad de su población.

Somos el único país del mundo donde ha fracasado la guerrilla con más recursos a su alcance (el producto de la cocaína, el negocio más rentable de la tierra), en un territorio montañoso y selvático propicio para la “guerra de guerrillas”, y con el apoyo de países vecinos que le han servido de refugio (Venezuela, bajo la tiranía de Chávez y Maduro, y Ecuador en la administración de Correa).

En lugar de proteger esos magníficos bastiones, se ha plegado nuestra clase política ante la izquierda radical para atacar la institución de la familia, mediante normas a favor de la ideología de género, el aborto, la corrupción de los menores y la educación orientada hacia el materialismo marxista. Igualmente, se implantó la política de desmantelamiento progresivo de la fuerza pública, llegando al recorte del presupuesto necesario para subsistir, a la decapitación masiva de la cúpula militar, al acuartelamiento de los efectivos para impedirles actuar, al secuestro y la pública inmolación de soldados y policías con la aquiescencia del Gobierno, y a la equiparación de los militares y policías con los tenebrosos narco-terroristas de las FARC.

Por el contrario, los “capos” de la droga son premiados con impunidad y protección, y a los cabecillas de los grupos guerrilleros se les otorga la investidura de parlamentarios y el disfrute del enorme presupuesto aprobado para sus actividades mediante el espurio acuerdo de La Habana.

Ahora, ante la indiferencia de la llamada “oposición constructiva”, se dedica el Gobierno de turno a armar irregulares e inconstitucionales colectivos denominados “gestores de paz”, “guardias campesinas o indígenas”, “primeras líneas”, que no son otra cosa que milicias  para sustituir a la legítima fuerza pública.

2. El narcotráfico

El ilícito comercio de estupefacientes se ha convertido en la más depredadora actividad delictiva, ya que, además de ser el combustible de las guerrillas, ha contaminado todos los estamentos sociales del país, corrompiendo a funcionarios de todas las ramas del poder y sentando un pésimo precedente para nuestra juventud: Que el crimen sí paga y que el dinero fácil sustituye al trabajo y al esfuerzo personal.

El crecimiento del cultivo y la exportación de cocaína solamente pudo detenerse bajo la administración del presidente Álvaro Uribe Vélez. Según informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), las hectáreas sembradas de coca eran 62.000 en 2010, “el nivel más bajo de cultivo de coca en lo que va corrido de siglo”. ¿Qué pasó en las administraciones de Santos y Duque? Se suspendió la fumigación aérea con glifosato y el bombardeo de campamentos y laboratorios, se prohibió la extradición de los narcotraficantes, se establecieron subsidios a los cocaleros y se consideró el narcotráfico como delito conexo al delito político. La Unodc registró 204.000 hectáreas sembradas con coca en 2021, récord histórico hasta esa fecha, con un incremento del 229% sobre la cifra de 2010. La proyección para 2023 es que tengamos 300.000 hectáreas de coca, ya que continúan vigentes los beneficios a los cocaleros y la falta de acción preventiva del Gobierno, y, gracias a “la paz total”, tanto el ELN como los carteles de la droga recibirán todo el apoyo a su ilícito negocio.

3. La corrupción

Es un mal endémico que todos los políticos se comprometen a combatir mientras buscan el apoyo del electorado. Pero es lo cierto que cada vez el mal crece a pasos agigantados y ha invadido todos los niveles del Estado y todas las ramas del poder.

Sin embargo, los votantes siguen eligiendo candidatos que luego de ser elegidos, son protagonistas de sonados escándalos.

Nada hemos hecho para modificar nuestro sistema político diseñado para favorecer estas corruptas prácticas.

La norma que permitió las listas abiertas en los candidatos a corporaciones públicas dio a los partidos políticos la naturaleza de empresas electoreras: Se asocia un grupo de amigos e inversionistas para la conquista de un trocito del poder. Al conquistarlo, premian a los inversionistas que sufragaron la campaña con contratos donde la corrupción se lleva la tajada más apetitosa.

No existen normas que exijan un estudio minucioso de los antecedentes penales y disciplinarios de los aspirantes a ser elegidos. Tampoco se establecen requisitos mínimos de estudios que permitan un ejercicio idóneo de sus funciones.

Todos los cargos públicos se proveen libremente sin consideración a la honestidad, conocimientos y experiencia del aspirante; sólo se tiene en cuenta su amistad con el que lo nombra o su identidad política con el grupo gobernante.

Hay demasiado libertinaje para la contratación “a dedo”, que permite otorgar contratos sin licitación o mediante procesos que no se ajustan a la legalidad.

Las contralorías regionales hacen parte de la corrupción, pues su designación depende de los grupos políticos dominantes que van a ser “controlados” por sus compañeros de equipo electoral. Debieran ser eliminadas.

Nuestro pecado en esta materia es por omisión. Mucho bla, bla y de aquello nada. Hay que cambiar todo el sistema de contralorías por unas auditorías privadas contratadas por licitación y unos zares anticorrupción con el exclusivo fin de recuperar las pérdidas que sufran los fiscos y promover las investigaciones penales contra los presuntos responsables.

4. El desconocimiento de la democracia y del estado de derecho

Ante la indiferencia de la sociedad, ha hecho carrera la viciosa práctica de desconocer la voluntad del pueblo. Para darle visos de legalidad al claudicante acuerdo de Santos con los narcoterroristas de las FARC se convocó a un plebiscito en 2016 para votar SÍ o NO a la refrendación popular del acuerdo. Para asegurarse de su aprobación, se rebajó el umbral requerido al ridículo porcentaje del 13% (4.536.992 votantes). La Corte Constitucional, al reglamentar el plebiscito dijo expresamente : “ …si el plebiscito no es aprobado, el efecto es la imposibilidad jurídica de implementar el Acuerdo Final…”.

Pues el pueblo mayoritariamente votó en forma negativa : 6.431.376 votantes que representaron el 50,21% de la votación. Además, 21.233.898 se abstuvieron de atender a la convocatoria del Gobierno para que concurrieran a dar su voto por el SÍ. En total, 27.665274 no apoyaron al Gobierno en ese humillante pacto.

Pero no se conformó el Gobierno farc-santista con la derrota y, mediante una proposición absolutamente inconstitucional aprobada en el Congreso, este sustituyó al pueblo soberano para dar al acuerdo la refrendación que se le había negado en el plebiscito.

No paró allí el puntillazo a la democracia, pues, a renglón seguido, la Corte Constitucional sentenció: “… tras la expresión ciudadana es legítimo que el proceso continúe y concluya en virtud de las competencias de una o más autoridades instituidas que le pongan fin…”

No se necesita ser un experimentado jurista para calificar este exabrupto como el más vituperable prevaricato en toda nuestra historia jurídica.

Sin que aquí pase nada, se modificó de manera ilegítima la Constitución y se volvió trizas el Estado de Derecho. ¿Por qué nos quejamos de lo que ahora nos pasa?

Igualmente sucedió con la última elección presidencial. Se denunciaron irregularidades en la contratación de empresas para asesorar a la Registraduría; se interpusieron miles de quejas por lo acontecido en la jornada electoral; se denunciaron los softwares adquiridos por la imposibilidad de verificar sus resultados; se solicitó recuento de votos en mesas donde se presentaron irregularidades. En suma, son las elecciones más cuestionadas de nuestra historia democrática, pero ni las autoridades electorales, ni el Gobierno, ni las entidades de vigilancia y control, permitieron una revisión para dar un mínimo de transparencia a la justa electoral.

Se comprobó, mediante una simple comparación matemática entre el tope de gastos fijado por la ley a las campañas y el monto ingresado a la campaña de Gustavo Petro, que este violó la ley al gastar más de lo autorizado. Esto, sin contar otros eventos conocidos con posterioridad, como el de los honorarios del asesor español que contrató cerca de 90.000 testigos electorales, o los 15.000 millones que confesó Benedetti haber recaudado para la campaña, o los millones que el hijo y la nuera del presidente ingresaron fraudulentamente a los fondos de la campaña. Es, a todas luces, una elección ilegítima que debe ser anulada de inmediato.

5. Enseñanzas de la historia

Este sucinto recuento de nuestros errores políticos nos debe imponer un cuestionamiento colectivo: si somos lógicos cuál debe ser nuestro propósito: ¿persistir en los errores que nos han conducido a la hecatombe que vive la patria en todos los órdenes, o, por el contrario, abandonar esas erróneas actitudes y empezar a reconstruir el país?

Sin lugar a duda, debemos ser conscientes de la necesidad de enmendar las equivocaciones cometidas y emprender de inmediato la tarea de derrocar el tiránico régimen que se ha tomado el poder en forma ilegítima. Tenemos el derecho a intentarlo a través del juicio político que otorga a los ciudadanos la facultad para destituir a quienes fueron elegidos con violación de la Constitución y la Ley.

Pero no nos es permitido dejar la nación al garete para volver a caer en otras deplorables situaciones como las que hemos atravesado.

Es necesario que nos unamos todos los que nos duele la patria en una gran fuerza, independiente de la corrupta clase política, para que corrijamos los defectos de nuestras instituciones e instauremos por fin la vigencia de la verdad, la justicia, el estado de derecho, la verdadera democracia, la familia como piedra angular de la sociedad, el respeto a la propiedad privada y a la libre empresa, la solidaridad con la fuerza pública, la fraternidad con la población más vulnerable, y el bien común integral como objetivo de la administración pública.

Son suficientes estas nobles causas para dejar atrás el egoísmo y el afán de protagonismo y que podamos unir nuestras voluntades los “colombianos al rescate” que Colombia reclama. Si lo logramos, nada ni nadie podrá derrotarnos.

miércoles, 7 de junio de 2023

¿Nos merecemos estos gobernantes?

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Aterrorizada se encuentra la mayoría del pueblo colombiano al conocer los registros de audio de conversaciones entre altos funcionarios del desvergonzado régimen que nos gobierna, Armado Benedetti, exembajador en Venezuela y Laura Sanabria, jefe del Gabinete de Gustavo Petro. Sólo atinamos a preguntarnos: ¿Cómo llegamos a tener semejante clase de gobernantes?

Salvo los criminales que conforman la corte del déspota y sus compinches guerrilleros, vándalos y narcotraficantes, las gentes honestas del país se encuentran horrorizadas ante el cúmulo de perversidades, turbios manejos y ausencia del más mínimo decoro, que se percibe al interior del alto Gobierno.

1. Lo primero que salta a la vista es que sí se saltaron todos los topes económicos en la campaña y, por lo tanto, el Congreso debe destituir de su cargo al presidente-guerrillero. Preguntamos a la Registraduría: ¿Están debidamente registrados en las cuentas de la campaña los quince mil millones que consiguió Benedetti? Oigan lo que dice: Ajá marica, yo hice cien reuniones (...), 15.000 millones de pesos, es más, si no es por mí, no ganan”.

“Nadie me deja tirado tres horas ahí, un man que hizo cien reuniones en una campaña política, un man que consiguió 15.000 millones, y ahora… que busqué toda la plata y tú lo sabes más que nadie, pa que se fueran a los hoteles, para que se viniera para acá y todo lo demás”.

Y, agrega a continuación: yo fui el que organicé todos los votos, hijueputa, en la Costa, todos, hijueputa, sin que pusieran un peso y además esa plata se fue para el Pacífico. ¿Quién ve eso ahora? Nada. ¿O es que quieren que diga, hijueputa, quién fue el que puso la plata? No me jodan la hijueputa vida, no me jodan la vida”.

“En el momento en que yo diga quién dio la plata aquí en la Costa, yo sé que es esa mondá, tú que no sabes un culo de historia, lee cómo empezó el hijueputa [proceso] 8.000 y por qué empezó, ahí está la clave de todo lo que te va a pasar, y si tú crees que es un chantaje, cree que es un chantaje, es una respuesta a una forma de hijueputas de ustedes, es una respuesta a una hijueputada, no es chantaje todavía”, le aseguró Benedetti a la que era la mano derecha de Petro. Y le insistió: “Vamos a ver qué tal que uno diga quién fue el que puso la plata aquí en la Costa… jum…”.

Tenemos los colombianos el derecho a saber quién fue el que puso la plata. ¿Fue Maduro o fue algún capo de la mafia?

2. Es consciente Benedetti que lo que hicieron entre todos es una cadena de delitos de proporciones gigantescas y por eso amenaza con delatarlos si no atienden sus aspiraciones: lo que te voy a decir no es una amenaza (...), veo que esto me puede emputar, pateo hijueputa, y ahí nos caemos todos hijueputa”.

“Con tanta mierda que yo sé, pues nos jodemos todos, sí, ustedes me joden a mí, yo los jodo a ustedes, pero se caen las Torres Gemelas. (…) A Osama Bin Laden, cuando tumbó las Torres Gemelas, le importaba una mondá la imagen y si lo iban a matar o no lo iban a matar, pero tumbó las Torres Gemelas”.

“Laura, tú me conoces a mí. [Mira] el cuento del tigre, al tigre hay que dejarle una salida porque, si no, se tira encima de las personas. Y tú sabes que yo soy tigre que, sin salida, de pronto me tiro encima de las personas”.

“No te estoy amenazando, pero ahora sí te amenazo, hijueputa, a ti y al presidente, ¿oíste? No te estoy amenazando, pero si tú quieres que te amenace, yo salgo y cuento todo lo que sé. Que sé bastante para acabar con el mundo, ¿oíste? Con el de ustedes y con el mío”.

“Tienes huevo al decirme que amenace al presidente. ¿Quieres esa pelea? ¿Quieres esa puta pelea? ¿Dime cuándo la quieres? Hazle, pues, dale. En vez de tratar de reconocer el error y tratar de enmendar las cosas, tú lo que quieres es pelea, hijueputa, ¿me estás usando? Dale, hijueputa, se acaba el mundo tuyo, el mío y el de todo el mundo (...), todo el mundo, hijueputa”.

“No es mamando gallo, no es amenaza, porque tú me conoces. Yo no me voy a dejar mamar gallo, Laura, te lo juro por la vida de mis hijos que no pasará nunca, nos hundimos todos, nos acabamos todos, nos vamos presos, acabamos toda la hijueputa verga”.

“En serio, Laura, bájale a la mamadera de gallo, no respondo, una vez que dispare, hijueputa, nos ahogamos todos. Te lo juro”.

“Hijueputa, si no, nos jodemos todos, no me jodas más, dame una hijueputa solución”

3.- Cabe resaltar también el concepto que los más allegados tienen del guerrillero-presidente a quien lo retrata Benedetti así:

“Petro puede ser un hijueputa, y es hijueputa y lo conocimos hace un año, que entre otras cosas tú no querías que lo apoyáramos”.

“Laura, yo sé que a ti no te gusta que te den consejos, pero voy a intentar. El presidente sale como un loco ayer y juega con una vaina de víctimas y tal, para una vaina de política de cuatro niñitos, ¿verdad? Resulta que hoy queda ya claro que eso no es así, entonces sale la Aeronáutica, como si fuera de otro gobierno, de otro país, jodiendo al presidente”.

“A ver, Laura, no sé si me expliqué bien o no, vi el Twitter de que el man lo borró, quedó como un loco, como un huevón, tratando de sacarles partido político ayer a unos niños y que además no los han encontrado (...)”.

4.- Por último, le enrostra Benedetti a la Sarabia que fue escogida para el alto cargo por la señora Alcocer por una oscura razón que no se atreve mencionar en el audio, pero que ya corre por todos los mentideros del país, dadas algunas inclinaciones de la Alcocer: “tampoco te escogió Petro, te escogió Verónica, y ya sabes por qué”.

Solamente queda por preguntar a mis compatriotas:

¿Nos merecemos este tipo de gobernantes?

¿En qué abismo de degradación y de iniquidad hemos caído?

¿No es ya hora de reaccionar como una sola voluntad y dedicarnos de lleno a desalojar a este impresentable de la Casa de Nariño y devolver la dignidad a una sociedad humillada por una banda de malandrines?