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viernes, 3 de junio de 2022

Todavía se pueden robar la Presidencia

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El inesperado éxito del ingeniero Rodolfo Hernández en las elecciones del pasado 29 de mayo tonificó al país y un aire de esperanza lo está oxigenando.

El ingeniero está hablando muy bien, sorprendiendo a los que nunca lo habíamos oído. Su escueto e incontrovertible discurso refleja lo que el país quería oír desde hace años. Tres días después de la primera vuelta es indudable que Rodolfo Hernández va a ganar en las urnas...

El 29 de mayo no se repitió el fraude monumental del 13 de marzo. Muchos teníamos un chocorazo electrónico para dar por ganador al candidato del autodenominado Pacto Histórico. En cambio, la ausencia, ese día, de fraude, ha dado credibilidad a última hora a una Registraduría que sigue siendo indigna de confianza.

He ahí el punto central. A junio 1° aún se desconocen los verdaderos resultados de las elecciones para Congreso y el famoso (o los varios) algoritmos siguen ocultos. Están, sin embargo, vivitos y coleando, y basta con apretar un botón para que el 19 de junio el candidato narco-castro-chavista gane por 10.000, 50.000 o un millón de votos...

¡Se ha dicho que quien escruta electrónicamente elige!

Avanzamos entonces hacia la elección definitiva, confiando con supina ingenuidad en un registrador indigno, cuestionado y que ha dado incontrovertibles pruebas de parcialidad y compromiso con las fuerzas revolucionarias.

Imaginemos por un minuto el escenario atroz del fraude electrónico e indetectable. Diez minutos después de proclamar la Registraduría al que sabemos, multitudes incontenibles exigirán el “respeto” por los resultados favorables al terrorismo, la ignorancia, el narcotráfico y el acuerdo de paz con el ELN. Nada se está haciendo para impedir el monumental fraude electrónico, que puede dar lugar a la más aterradora y criminal revolución de la historia.

Los secuaces actuales del perverso candidato del comunismo, reforzados ahora por los que llegan de la nauseabunda cáfila fajardista, constituyen un movimiento extremista cuya elección nos llevaría inexorablemente a lo de Venezuela, o quizá a lo de los jemeres rojos, porque sus propuestas delirantes y criminales a nada bueno pueden conducir...

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Si el ingeniero nombra esta semana cuatro o cinco grandes ministros en las carteras clave... puede arrasar en las urnas.

martes, 29 de marzo de 2022

En garras del registrador y Fecode

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El país ya conoce la magnitud del fraude que representan los 489.000 votos que le aparecieron súbitamente a Petro.

Como el registrador, después de reversar su inicial aceptación del reconteo exigido por las circunstancias, se empeña en no modificar los inconsistentes y viciados resultados, de la poca confianza en los escrutinios hemos pasado a la incredulidad total sobre su validez.

Restablecer la confianza en los resultados electorales ya no será posible entonces, antes de la elección presidencial, si este registrador permanece en el cargo y el escrutinio lo realizan Gregg (empresa estrechamente vinculada con Santos) e Indra (controlada por el gobierno social-comunista español), con la colaboración de varios subcontratistas igualmente confabulados.

Los ciudadanos amantes de la legalidad y del derecho no entendemos la resignación del gobierno y de casi todos los movimientos políticos frente a una organización electoral proclive al candidato castro-chavista de las FARC, del ELN y del Foro de Sao Paulo.

Pues bien, la logística, el cómputo y el escrutinio de las elecciones este año cuestan unos 1.3 billones de pesos mal contados. Las cifras astronómicas que reciben los sospechosos contratistas, escogidos a dedo, en vez de garantizar el escrutinio imparcial y confiable han conducido a lo contrario, la pérdida absoluta de la credibilidad en el sistema electoral.

En el mundo actual ha aparecido un nuevo y colosal negocio: el manejo y escrutinio electrónico de las elecciones, apresurado e incontrovertible. Basta con algunos algoritmos para proclamar a los vencedores pocas horas después del cierre de las urnas… ¡Y apelación a los infiernos!

Un verdadero Kartell (SmartMatic y Dominion principalmente, con sus franquicias en muchos países, como Gregg e Indra en Colombia), está privatizando la función electoral. Estos colosales negocios, corruptos y aberrantes, seguirán extendiéndose por el mundo. En Colombia han avanzado escandalosamente y ya no temen mostrarse a plena luz del día.

Pero si la Registraduría apesta, el tema de la selección de jurados es también muy preocupante.

Todos sabemos de la orientación comunista y revolucionaria de la tal Federación Colombiana de Educadores (Fecode) y de su compromiso militante con la candidatura de Petro.

Antes de la elección de Congreso se conocieron manifestaciones de ese sindicato en favor del Pacto Histórico, y de la “actitud vigilante” que se encarecía a los miembros de ese “colectivo” en su actuación como jurados de votación, pero no se publicaron —desde luego— las instrucciones impartidas para la correspondiente actuación en la elaboración de las actas y formularios de cada mesa.

Nada más sencillo que llenar las planillas con datos trucados, que se remiten a la Registraduría para ser computados y escrutados con el software de los contratistas.

Como de las filas de Fecode procede la inmensa mayoría de los jurados de votación, todo se puede esperar. Hay multitud de planillas E-14 fraudulentas, que a pesar de ser objetadas siguen contabilizadas a favor del Pacto Histórico.

Si a pesar de todo la democracia colombiana sobrevive con la elección de un candidato respetable, lo primero que habrá que hacer será proponer la reforma constitucional necesaria para depurar el organismo electoral y desmantelar el monopolio electoral de Fecode. Los 300.000 y más jurados de las mesas deben proceder de todos los sectores sociales del país. Así como la patria es de todos, las elecciones también deben ser de todos.

La total autonomía funcional y presupuestal de la Registraduría la ha convertido en un foco de corrupción inadmisible, y tal vez en el único elector del país.

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¿De dónde, si no de Fecode, salieron los 67.000 “voluntarios” que, coordinados por el señor Álvaro Echeverri Londoño, dizque “salvaron” los 489.000 votos que aparecieron en tres días? Mientras tanto, los demás movimientos carecen de estas bien entrenadas formaciones que prefiguran los “colectivos bolivarianos”.

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Dos perlas de Fecode:

¡Uribe, paraco, el pueblo está verraco!, cántico que resuena en tantas aulas infantiles

¡Y la niña de doce años, en La Unión (Antioquia), hija de una amiga, que le dice su mamá que vote por Petro, porque el profesor les enseñó que ese es el candidato bueno!

domingo, 6 de febrero de 2022

Proponemos

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En Colombia las cosas no funcionan bien porque las tres ramas del poder, la ejecutiva, legislativa y judicial, son lentas, paquidérmicas; no actúan a tiempo y dejan al garete la decisión sobre los temas de importancia para el país ya que se dedican únicamente a lo cotidiano. Así ocurre con el estudio, discusión y aprobación de leyes fundamentales y con las reformas que se requieren; pasan los meses, los años y no pasa nada, diluyen en el tiempo el tomar el toro por los cuernos y empoderarse definitivamente del buen rumbo del país.

Violando la justicia así está sucediendo con temas vitales de los ciudadanos. La Registraduría Nacional, el Consejo Nacional Electoral (CNE), la justicia, entidades del Estado, diluyen limitando al ciudadano en el ejercicio de sus derechos surgidos de la Constitución Nacional. Ejemplo claro lo es la figura de la revocatoria, en la ciudad de Cúcuta se aplaza la fecha de votación, en la ciudad de Medellín, con todo tipo de argucias, también dilatan la decisión de fecha para votar, es decir, todas las instituciones torpedeando un derecho ciudadano, y, además, lo más horrible es que se presentan tutelas que se ganan y a pesar de ello vuelven e interponen más; esas son acciones temerarias que afectan la institucionalidad y se pierde el respeto por la ley.

Soy un convencido de que el ejercicio del debate es bueno para el país, que con un instrumento jurídico como la revocatoria, el pueblo puede ejercer su poder para decidir si el camino iniciado por un alcalde cualquiera va en contra del plan de trabajo presentado en la campaña o no convence al ciudadano. En ambas situaciones se debe respetar la posición del pueblo y por ende quien ostenta el poder no puede ni debe ética y moralmente impedir el desarrollo de esa actividad del constituyente primario.

Por ello, y ante tanta dilación para la certificación que se requiere para fijar fecha de votación, están surgiendo ideas que tienden a demostrar que el poder ciudadano está por encima de aquellos que quieren impedir su ejercicio y eso lo observo con beneplácito. Yo lo coadyuvo, no me da temor expresarlo de frente. Esa idea consiste en proponer a los ciudadanos efectuar de manera simbólica una votación, un sábado o domingo, con jurados, cumpliendo las formalidades que se requieran, invitando a todos para que se expresen con base en la siguiente pregunta así: ¿SÍ o NO está usted de acuerdo, con la revocatoria del alcalde? El resultado sería una muestra de lo que el pueblo quiere. Si gana el SÍ, para el alcalde sería una muestra palpable del sentir ciudadano que le estaría diciendo que no debe continuar, aunque esa votación no tenga la fuerza legal, si tendría incidencia moral, y si gana el NO, tendríamos que aceptar esa decisión y esperar el final del periodo con resignación, solicitándole que cambie su forma de gobernar; sería una simple petición.

Lo que conlleva esa ceremonia de salir a las urnas, ir a los mismos lugares donde se ejerce el derecho o cerca de ellos, porque seguramente no nos los prestan para esa votación, es una enseñanza para cualquier gobernante ya sea alcalde, gobernador o presidente, en la que claramente se demuestra que no se puede gobernar a espaldas del pueblo, y que este, el pueblo, decide, al final del cuento, su propio camino.

Esperamos opiniones, para que todos participen en la construcción de esta propuesta, proponiendo cuál sería la mecánica del proceso si es favorable o la opinión si no la consideran viable, antes de continuar impulsando esta decisión ciudadana de ir a las urnas como una muestra de desobediencia civil.

martes, 16 de noviembre de 2021

De cara al porvenir: inconsistencias

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

En el país del sí pero no, que es nuestra querida Colombia, ya no causan ni admiración ni espanto las situaciones que se presentan de manera permanente y que se alejan cada vez más de la lógica elemental o de la sindéresis fundamental con la cual un conglomerado humano que se dice civilizado debe actuar y comportarse.

Algunos de nuestros variopintos ejemplos recientes cubren varias realidades:

La primera, en un país que se dice por fin que está preocupado por la deforestación, se reconoce que 1.200.000 personas todavía tienen que emplear leña para suplir sus necesidades energéticas básicas, lo cual a todas luces es un exabrupto (El Colombiano, lunes 25 de octubre de 2021).

Pareciera que, con unos pocos billones de pesos, de los muchos billones que se pierden por corrupción, podríamos llevar energía eléctrica a todos los municipios que hoy no la tienen, con su impacto positivo para corregimientos y veredas que es donde se establece la verdadera Colombia rural.

Otra situación absurda es la discusión pública entre la autoridad del registro civil y la autoridad de información del país. Registrador nacional y director del DANE, entran en una discusión pública insulsa, pero preocupante, por una diferencia de casi 5 millones de habitantes en Colombia, lo cual afecta negativamente la credibilidad del censo electoral ante la proximidad de unas elecciones signadas por la polarización y la desconfianza.

Abunda el número de precandidatos a la Presidencia de la República, pero hay escasez enorme de propuestas, de posturas y mucho menos de compromisos. La mediocridad es enorme y la presentación de programas inteligentes y viables brilla por su ausencia.

El delicadísimo tema de Hidroituango se está volviendo más cansón que una telenovela mexicana de las malas. De importancia estratégica para el país, puede llevarse por delante la reputación y la estabilidad financiera del Municipio de Medellín, de Empresas Públicas de Medellín y de la Gobernación de Antioquia. No cicatrizadas aun completamente las heridas que dejó en la relación Nación - Antioquia la construcción y esquema de financiación del Metro de Medellín, ahora caemos en esta nueva y lamentable situación. Después los paisas bobos o soberbios nos quejamos porque dizque el resto de Colombia no nos quiere o nos tiene envidia. (¿Envidia de qué?).

Ni qué hablar del panorama judicial donde expresidentes, exgobernadores, exalcaldes, exparlamentarios, exfuncionarios públicos y funcionarios de todos los niveles en ejercicio están a la espera de resolver sus situaciones jurídicas.

Está bien que una investigación no se le niega a nadie, pero esta situación que se volvió parte del paisaje, raya en lo absurdo. Lo costoso es el deterioro de la imagen de las distintas instancias judiciales, que, gracias a los tejemanejes de los respectivos acusadores y defensores, entran en verdaderas contradicciones y confrontaciones, que no benefician a nadie, pero sí le hacen perder credibilidad a nuestra resquebrajada administración de justicia.

Las escenas y las situaciones observadas en las transmisiones de las sesiones del Congreso Nacional dan en muchos casos, ganas de llorar. ¿Cómo debo votar? Le pregunta un honorable representante a la Cámara a la presidenta de la Cámara de Representantes en plena votación y a viva voz…. Y la presidenta le dice qué hacer y cómo votar. ¡Qué vergüenza! ¡Qué dolor de patria!

Las denuncias de la existencia de obras inconclusas denominadas como “Elefantes blancos” a lo largo y ancho del país, denunciados por el contralor general en sus múltiples viajes y por el noticiero CM&, todos los lunes, no pueden quedarse ahí. ¿Quién asume las investigaciones? ¿Cómo asegurar su culminación? ¿Ya están investigando y castigando a los responsables? ¿Las investigaciones si llegan a algún lado? ¡Amanecerá y veremos!

No cabe de la dicha el Gobierno Nacional por la captura del líder del denominado Clan del Golfo y eso está bien. Para quienes no tienen memoria, o no tienen por qué tenerla, lo mismo sucedió con Pablo Escobar, los Rodríguez, el Mono Jojoy, Reyes y otros tantos y finalmente… ¡no pasa nada!

Pan y circo era la máxima romana cuando el César veía que el pueblo presentaba algún descontento por alguna causa. En Colombia los subsidios hacen las veces de pan, y payasos para el circo, pues abundan. Lástima que nos hayan tocado payasos tan malos.