lunes, 18 de septiembre de 2023
Editorial: sucesos de la semana 17
jueves, 31 de agosto de 2023
La gran semana de Petro
Por José Alvear Sanín
Tonificado,
estimulado y fortalecido por una docena de grandes escándalos, Petro acaba de
vivir la más eficaz semana de su gobierno de destrucción institucional, hasta
ahora, mientras sus opositores se hacen los de la vista gorda o consideran como
su principal deber garantizar que llegue en el poder hasta el 7 de agosto de
2026, con la ilusión de que ya solo faltan dos años y 340 días...
En efecto,
en estos siete días, el Gobierno ha logrado:
1. Que
estalle sobre el sistema de salud la deseada crisis proyectada por la
exministra Corcho cuando advertía que era necesario provocarla para eliminar el
actual sistema asistencial. Las tres principales EPS, con trece millones de
usuarios, denuncian su inminente colapso, mientras llega el inevitable de las
demás.
La
respuesta del Gobierno no se hizo esperar. Petro dijo que están bien
financiadas. El minsalud afirmó que, si cierran, mediante un plan de
contingencia sus usuarios serán bien atendidos. El director de Adres habló de
los millones girados a las entidades de salud, mientras se anunciaba un gigantesco
plan de auditoría oficial, seguramente para encontrar algunas deficiencias
contables que permitan hacer creer que las EPS son organizaciones criminales
para desfalcar al Estado.
Las EPS
solicitan interlocución con el Gobierno, para ver la manera de encontrar
soluciones que permitan seguir atendiendo correctamente a los pacientes, pero este,
empeñado en destruirlas, no acepta analizar con ellas los problemas, ni
revisará jamás de manera adecuada el monto de la Unidad de Pago por Capitación
(UPC), de la cual depende la salud financiera del sistema asistencial.
A medida
que el Gobierno agrave deliberadamente la crisis sanitaria, para lo cual basta
con dejar ese sistema sin recursos suficientes, la población aceptará el salto
al vacío en que consiste pasar de un régimen perfectible a uno clientelista, improvisado,
politizado y cargado de ideología extremista, donde finalmente los pacientes
serán tratados por mamos, yerbateros, “médicos cubanos” y los cursillistas
venezolanos, es decir la versión del socialismo del siglo XXI, de los “médicos
descalzos” de Mao, porque el régimen del decrecimiento económico conduce a una
medicina paupérrima, alejada de la ciencia y la tecnología, la única posible
para un país que renuncia a la racionalidad económica, a sus industrias vitales
y al crecimiento del producto, para seguir el iluminado discurso de un orate.
2. Como si
no bastara con quebrar el sistema asistencial, el Gobierno prepara el decreto
que autoriza la “adquisición” exprés de los fundos productivos, basado en un
artículo del Plan Nacional de Subdesarrollo vigente. Con esas disposiciones, a
los agricultores se les retira la gerencia de sus actividades, porque el
control de las explotaciones agrícolas se traslada a alguna dependencia oficial
que determinará lo que se debe (o no) cultivar en todas las fincas y haciendas,
cuyo inventario se realizará antes de determinar para qué sirven, qué deben
sembrar, o si deben permanecer incultas por motivos “ecológicos”, y cuáles
deben ser “vendidas” obligatoriamente al Estado, al precio que este indique, para
luego entregarlas a campesinos, cooperativas o exguerrilleros, para que las
acaben, que es el resultado inexorable de las “reformas agrarias” comunistas,
que hubo que revertir finalmente en Rusia y China, pero que nos han decretado
para gozar de la dignísima hambruna tipo Cuba.
Aquí
tampoco valdrá el pataleo de los gremios agrícolas y ganaderos, engatusados con
las promesas notariales de que Petro no expropiaría, y con la ilusión de que
con él se puede llegar a acuerdos convenientes para el país.
3. Como si
lo anterior fuera poco, el ministro de Hacienda ya ha destinado 1.2 billones de
pesos para la incorporación de los 100.000 “jóvenes de paz”, que, a las órdenes
del Ministerio de la Igualdad, van a integrar nuestros futuros “colectivos
bolivarianos”.
Desde
luego, ese programa costará mucho más de lo previsto, porque un millón mensual
es una cifra menor al salario mínimo, y falta calcular las prestaciones
sociales de ese inmenso contingente.
Por otro
lado, muy pronto la vinculación a ese programa dejará de ser transitoria y
limitada a muchachos sin antecedentes penales, procedentes de sectores
amenazados por la pobreza, la exclusión o el riesgo de explotación sexual, para
convertirse en la fuerza de choque que hace posible la revolución, que solo se
logra con el fusil y el terror...
Ahora bien,
mientras se avanza hacia ese enorme plan de milicianización, 32 coroneles de la
Policía, hartos, piden la baja...
***
Finalmente,
Petro afirmó no estar enfermo, y cuando el país esperaba que iba a estar
visible toda la semana, se volvió a perder más de un día para disfrutar de su
“agenda privada”, descrita por él a Coronel como “el tiempo que requiere
para sus equilibrios”, es decir el 22% del que lleva gobernando.
***
Y en la
semana que empieza, desde luego, con el escándalo habitual, esta vez el de los
654 millones recibidos para la campaña de una misteriosa empresa llamada
Varvill, se avanzará para:
1. Establecer
la inmovilidad laboral y eliminar la libertad empresarial, mediante un proyecto
ampliado de reforma laboral, que los pusilánimes gremios están “dispuestos” a
concertar con el partido comunista, que dirige el Ministerio del Trabajo.
2. Los
decretos que excluyen en los territorios indígenas y afro toda minería técnica
y moderna, para asegurar la tranquila explotación de la que hasta ahora
llamábamos “ilegal”, especialmente del oro.
3. La
reforma de la Educación, que entrega el sector a Fecode, para consolidar el
imparable descenso académico que condena al país al subdesarrollo cultural y
sempiterno.
***
¡Más rápido
y furioso no se puede ir... y faltan 152 semanas antes de que en un país devastado
empiece el segundo periodo de Petro!
martes, 22 de agosto de 2023
De cara al porvenir: las cosas por su nombre
Por Pedro Juan González Carvajal
En medio de la “reformitis” en la cual estamos
viviendo, le toca el turno a la educación, con un proyecto de ley estatutaria “por
medio del cual se regula el derecho fundamental a la educación y se dictan
otras disposiciones”, y la reforma la Ley 30 de 1992, por la cual se
organiza el Servicio Público de Educación Superior, pero se pasa por un lado de
la Ley 115 de 1994 o Ley General de Educación.
El pasar del concepto de servicio público al de
“derecho fundamental y bien común”, es más que plausible.
Sin embargo, al leer las propuestas
preliminares alrededor del proyecto de ley, se llega fácilmente a la conclusión
de que otra vez perderemos una oportunidad histórica para tocar el almendrón
del tema de la educación en nuestro país, pues de lo que se está hablando no es
de una “reforma a la educación”, sino de una “reforma administrativa de Gobierno
y de financiación de la educación superior con énfasis en lo público”, lo
cual es muy importante pero no contempla asuntos académicos y pedagógicos que
servirían de soporte, ahí sí, a una verdadera reforma educativa, mirada de
manera integral como “sistema educativo” que incluya desde los primeros niveles
de parvulario hasta los posdoctorados, pasando por todos los niveles y
modalidades disponibles.
Hoy las universidades se quejan del mal
producto que entregan los colegios y estos sostienen que entregan un buen
producto a la sociedad ¿Por qué no nos sentamos a conversar a ver qué es lo que
pasa? ¿Cómo garantizar equidad e igualdad en calidad entre la educación urbana
y la rural?
Claro que, para poder pensar en algo serio,
como sociedad debemos responder a estas dos preguntas básicas: ¿cuál tipo de
ciudadano queremos tener? y ¿a qué nos vamos a dedicar económicamente como
país?
Sin tener estos qué y para qué claros,
pues seguiremos teniendo discusiones interminables alrededor de los cómo
y los con quién, privilegiando la forma sobre el fondo.
Como el Gobierno puede ser testarudo, pero no
bobo, me imagino que este trámite de reforma se hará con guantes de seda, pues
eso de alborotar estudiantes y profesores no requiere mucho esfuerzo, pues
siempre estarán prestos para protestar y alimentar las dispendiosas y
abundantes “mesas de trabajo”, sabiendo que cada que quieran pues paralizan el
país.
Es tan complejo el tema que involucra, de
manera directa, en su trámite en el Congreso nacional a 3 comisiones
constitucionales de Senado y Cámara:
La Comisión Primera o de Asuntos Constitucionales
por incorporarse recientemente la intención de presentar un Proyecto de Ley
paralelo de carácter estatutario para meter en un solo canasto todo lo
que está disperso correspondiente al tema educativo.
La Comisión Tercera o de Hacienda y
Crédito Público por requerir del visto bueno del Ministerio de Hacienda por las
implicaciones de recursos y presupuestos que la reforma requiere.
La Comisión Sexta que incluye entre
otros varios asuntos el tema de educación y de ciencia pues el tópico central
es la educación, al menos en nomenclatura como se expuso anteriormente.
De igual manera, así como en el proyecto de
reforma brillan por su ausencia los asuntos académicos y pedagógicos, así mismo
no se toca la estructura de fondo del paquidérmico, anquilosado y anacrónico
Ministerio de Educación Nacional y sus órganos cercanos, sumidos en los
trámites y en la burocracia, acabando de un tajo con principios como los de eficiencia,
oportunidad y pertinencia.
Otra entelequia es que, bajo el supuesto de la
gratuidad en la educación superior, pues entonces hay que acabar con el Icetex.
Recordemos que en Colombia el pretenciosamente
llamado “Sistema de Educación Superior” es mixto, compuesto por instituciones tanto
públicas como privadas y existen segmentos poblacionales que requieren del
crédito educativo bajo esquemas privilegiados.
Es importante observar la no aplicación del
concepto de igualdad con respecto a los diferentes actores del Sistema Mixto de
Educación Superior en lo que corresponde, por ejemplo, a la devolución del IVA,
a los aportes al SENA y a la representación en los distintos órganos de
gobierno de la educación superior a nivel nacional.
De igual manera se deben establecer mecanismos
que eviten la competencia de entidades como el SENA (que puede llegar a
alcanzar un robustecimiento invasivo con estas reformas) y las Cajas de
Compensación Familiar quienes, con recursos de todos, fundan instituciones de Educación
Superior que compiten con sus aportantes.
Ahí vamos pues, de tumbo en tumbo, tratando de
que todo cambie para que todo siga igual.
martes, 13 de junio de 2023
De cara al porvenir: las cosas al derecho
Por Pedro Juan González Carvajal*
Estoy plenamente de acuerdo en que se deben
hacer reformas sobre los temas más cruciales y sensibles de la sociedad
colombiana, pero deben hacerse bien hechas.
El estar bien hechas, implica aprovechar lo
bueno de lo existente, corregir lo corregible de lo actual e incorporar lo
nuevo que ha de servir para mejorar. Reformar no es sinónimo de tierra arrasada.
El estar bien hechas implica tener una
construcción de la propuesta de proyecto de reforma apoyados por quienes saben
del tema y por quienes lo manejan y lo han de manejar.
Además, antes de presentar el proyecto de
reforma al Congreso, debe haber sido socializado de manera pedagógica y contar
con el aval de las autoridades académicas reconocidas del asunto, debiendo contar,
además, con la viabilidad financiera dada por el Ministerio de Hacienda, los
expertos en el tema, y los legitimadores profesionales, políticos y sociales.
¿Si esto se cumpliera, quien se atrevería a
interponerse? Los argumentos de crítica deberían ser muy sólidos y muy bien
documentados y soportados.
Imaginemos que el proyecto de reforma a la
salud tuviera el aval de todas las Facultades de Medicina del país y el
acompañamiento en su diseño de los actores anteriormente mencionados. Yo no sé
usted amable lector, pero yo la apoyaría sin ningún tipo de reservas ni de duda.
Ahora bien, ¿por qué las facultades de medicina
del país no presentan por iniciativa propia un proyecto de reforma a la salud?
Con el debido respeto esto demuestra falta de compromiso de la Academia y un
incomprendido entendimiento de lo que es la participación social en las
decisiones del país.
¿Por qué los gremios económicos y las cámaras
de comercio y por qué no, los sindicatos, no presentan sendos proyectos de ley,
el uno para una necesaria reforma laboral y el otro para el impulso y la
generación de empleo?
¿Por qué las universidades a través de sus
gremios y asociaciones, acompañados de los representantes de los otros niveles
educativos no asumen la responsabilidad y el compromiso de presentar un
verdadero y concienzudo proyecto para reformar la educación? ¿Necesitamos que
se convoque a “comisiones de sabios” que usualmente son personajes muy
importantes que en la mayoría de los casos no saben nada de educación y mucho
menos de pedagogía y cuyos informes o recomendaciones finales no han servido
para nada?
Algunos definen la inteligencia como la
capacidad para entender, enfrentar y resolver problemas. Una invitación para
que las universidades, la sociedad y las empresas le ayuden al Estado y se
comprometan en la solución de los grandes problemas de la colectividad,
proponiendo y actuando, no solo criticando y teorizando.
Si en gracia de discusión ya supiéramos cuál es
el tipo de poder judicial que se requiere para enfrentar estos nuevos tiempos,
¿por qué no le pedimos asesoría a la OCDE o al país del mundo que sea líder en
el funcionamiento de su aparato de justicia para elaborar y presentar un proyecto
de ley para reformar la justicia, que tan necesario e importante es?
Ejemplos como los anteriores serían aplicables
para temas como la reforma pensional, la reforma agraria, la reforma minera, la
reforma política, entre otras varias que debemos sacar adelante a ver si por
fin somos capaces de adentrarnos a la modernidad y poder participar con alguna
probabilidad de éxito de la globalización y logramos establecer reglas de juego
equitativas que promuevan la igualdad y el bienestar de los ciudadanos en
Colombia.
En esto debemos hacer un detente y hacer una
reflexión seria que nos permita entender que no podemos seguir esperando que el
Estado a través del Gobierno de turno tome la iniciativa para enfrentar todos
los problemas y todos los temas habidos y por haber. La nuestra es una
Constitución Política entre cuyos pilares fundamentales está el de la participación,
pero todos estamos recostados a lo que proponga el Gobierno y ahí sí, enfilar
baterías para tirarle piedras a cualquier propuesta presentada.
La democracia participativa nos pone una vara
muy alta y pone en evidencia la carente cultura política y el débil ejercicio
de la ciudadanía que hoy tenemos en Colombia y su frágil democracia.
Si seguimos haciendo más de lo mismo con los
mismos métodos tradicionales, pues ahí no hay nada que hacer.
William Ospina nuestro excelso escritor y agudo
crítico de la realidad nacional advierte que las reformas, si de verdad son reformas
pertinentes, no es posible que sean tramitadas objetivamente por el Congreso
Nacional, pues allí están representados los poderes tradicionales a quienes el tema
de las reformas no les resulta cómodo.
Recordemos esta sentencia de Maquiavelo: “No
hay nada más difícil e ingrato de intentar que cambiar el orden de las cosas,
pues se tendrá como enemigos a todos aquellos que han triunfado con las
condiciones actuales y como defensores tibios a quienes no tienen nada que
perder con el cambio”.
Ahí les dejo “ese trompo en la uña”.
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